Souichi decidió pagar por la comida, yo me rehusé pero ante la testarudez del hombre mejor me limité a seguirle la corriente.
-¿Qué tienes? ¿Hice algo malo?- pregunté.
Me volteó a ver con una mirada sarcástica, -No sé qué hiciste, no me interesa…- sorprendido, lo tome del brazo y lo paré en seco, -¿Esto es por mi jefe? No tengo ninguna relación con él si eso es lo que te está molestando. ¿Es eso lo que te enfada? Uno no simplemente toma decisiones de la nada, menos tú.-
-Me da gusto Morinaga que estés tan acomodado aquí. Ciertamente no extrañas lo que era tu hogar. Tu jefe, puedo ver es muy amable al contrario de mí. Dime, ¿cómo me soportaste por tanto tiempo? ¿Ah? Siempre supuse eras un idiota, pero ahora lo afirmo. Sólo un idiota podría estar soportando tratos como los míos.- dijo mientras bajaba la mirada, podía ver se sentía avergonzado. Tome su rostro, lo levanté y lo miré directamente a los ojos. –No es una persona idiota la que soporta las cosas, es una persona enamorada.- Sus ojos se humedecieron, podía ver como las esquinas de sus orbitas color miel se llenaban de agua, podía ver como se resistían a salir, me entristecía ver como Souichi intentaba con toda su voluntad evitar que hicieran un camino sobre su rostro, pero era inevitable, su rostro se llenó de un rastro salado. Me abrazó, un abrazó lleno de nostalgia como si no nos hubiéramos visto en años, como si fuéramos antiguos amantes reuniéndose después de una larga espera. No me importo en ese momento si Souichi no me quería para el resto de su vida, yo quería estar con él aquí y ahora. El futuro parecía imposible pero el presente mostraba posibilidades.
-Te amo, eso no ha cambiado. Mi voluntad ha flaqueado, pero el amor que siento hacía ti no se va de un día al otro o de un mes al otro. Eres mío, Senpai. Eres mío aunque no lo quieras admitir, aunque no lo quieras aceptar. Pero sé que tu corazón confía en mí, y eso es amor. Las palabras son sólo creencias que el cerebro procesa, eso es lógica, no es amor. Pero cuando siento tu cuerpo, cuando beso tus labios, sé que confías en mi…- Senpai rompió el abrazo, me miro con su rostro empapado en lágrimas y me tomo fuertemente para acercar su rostro al mío. Me besó en medio de la calle sin importarle nada, ni la gente, ni los carros , me besó con pasión, nuestras lenguas jugando una guerra y conociéndose de nuevo, nuestros labios saboreando el sabor de cada uno, sus manos acariciaban mi cabello y podía sentir la desesperación de Senpai. Senpai quería más, pero no sabía cómo pedirlo, no sabía cómo admitir que…realmente estaba enamorado de mí.
-Morinaga…no sé qué es lo mejor para mí. Eso me hace un completo imbécil…-
-No, sé que es difícil pero tienes que tomar una decisión en algún momento de tu vida. No podría funcionar esto, el que un día me quieres al otro me alejas. Sea lo que elijas, tienes que hacerlo pronto.-
-Quiero seguir disfrutando mi estancia aquí, sé te he causado problemas y lo lamento. Quizás mañana podamos ir a almorzar con tu estúpido jefe y veré realmente que quiere el pedazo de…-
-Souichi, cálmate.- dije con una sonrisa al interrumpirlo, -simplemente es mi jefe y ya. No necesitas atacarlo ni a mi protejerme de él, puedes bajar la guardia aunque me gustan tus celos, debo admitir. Yo sólo tengo ojos para ti.-
Me miro incrédulo y siguió caminando, yo caminaba detrás de él a la par. ¿Sería verdad esto? ¿Sería que Senpai se decidiría por mí? Su amor ya lo tenía, lo podía sentir, pero su compromiso…eso aún estaba en el aire.
Al llegar al apartamento cada quien se vistió y arregló para dormir, había sido un día cansado y mañana había que madrugar. Finalmente pude recostarme en la cama y estirar el cuerpo, miraba al techo y pensaba en todas las posibilidades que tenía, me sentía como un niño pequeño decidiendo que regalo abrir primero. Pero, siempre había un truco escondido, a veces escogíamos el regalo más grande por su envoltura llamativa pero resultaba tener el premio menos bonito, en cambio, el de la envoltura humilde era el regalo más preciado, el que tenía más valor y así me sentía con Senpai, para mí él era el regalo más llamativo pero temía que al final, la recompensa fuera menor y todo por evitar aventurarme a un nuevo mundo con otra persona.
Alguien tocó a mi puerta tímidamente, la puerta se abrió y vi a Souichi asomando su rostro tímidamente, sus mejillas estaban sonrojadas. Llevaba el cabello suelto y una pijama verde, dio unos pasos hacía mi cama y se sentó a la orilla de esta. Sin mirarme me preguntó -¿Puedo dormir contigo hoy?- Yo sonreí, lo tome de la cintura y lo recosté junto a mí. Ambos nos miramos a los ojos, siguió un beso ardiente de esos que te dejan sin respirar, metí mi mano por debajo de su camisa y poco a poco bajaba, podía sentir la suavidad de su piel y el rastro de vello fino que comenzaba en su ombligo, finalmente mi mano siguió el recorrido por el cuerpo de Senpai hasta que se aventuró a bajar por debajo del resorte de su pijama.
Él no se resistía. Sólo escuchaba como intentaba contener sus gemidos pero era inevitable se escaparan de sus labios.
