3.- Casi todo por discernir.

- ¡Niña mía! – la tía Tessi corrió a auxiliar a su sobrina favorita, temiendo que su cuerpo hubiese sufrido un ataque de algún tipo y su vida corriese peligro.

Ginny no halló aliento suficiente como para poder tranquilizar a la mujer con palabras, pero tomó su mano con fuerza y se la llevó al rostro, para lograr que la otra la mirase y poderle tranquilizar con su mirada.

La tía Tessi, ya más calmada, mantuvo fijamente la mirada de Ginny con preocupación.

- ¿No me han engañado mis ojos? ¿Era él quien te ha acompañado a casa? ¿Pero cómo es eso posible? – quiso saber.

- Tía… él… él… yo… él… - Ginny por fin comenzó a balbucear, alterada. – Dios santo… - se llevó ambas manos al rostro y, por un momento, lo cubrió con ellas. – Podría haber pasado algo terrible en el estadio de quidditch, y en cambio él… ha sido como un bálsamo, tía – afirmó, devolviendo a su tía una mirada llena de admiración por el auror quien, cabezota, se había empeñado en escoltarle.

- ¿De qué me estás hablando, muchacha? ¿Qué ha sucedido en el estadio de quiddich? Y ahora que caigo, ¿por qué estás tú aquí a estas horas? El partido no ha hecho más que comenzar – la tía Tessi preguntó, extrañada.

- Él asegura que los mortífagos no han tenido nada que ver en ello pero… todo el mundo ha creído que ellos iban a atacarnos en cualquier momento, cuando las seis marcas tenebrosas han aparecido de la nada en los aros del campo.

Su tía se tapó la boca con una mano para no gritar. ¿Mortífagos de nuevo? No quería ni pensar en que una pesadilla tal como la que habían vivido bajo el yugo del Señor Oscuro, pudiera volver a repetirse siquiera.

- No ha pasado nada, tía; ni siquiera lo que parecía inevitable. Él se ha adueñado de la situación en apenas unos segundos, nadie ha sufrido un ataque mortífago, finalmente, y lo creas o no, tras todo el terror inicial que la gente ha vivido, ha abandonado el estadio como si nada hubiese sucedido. Jamás había visto nada semejante – concluyó, aún alucinada. – Él es…

- ¿Él es…? – la tía Tessi insistió, ávida de que su sobrina terminase la frase que estaba pronunciando.

- Impresionante… - la pelirroja afirmó, sumida en una envolvente ensoñación.

Pero al darse cuenta de lo que acababa de decir, la pequeña de los Weasley sacudió la cabeza con ímpetu, enfadada consigo misma.

- Tonterías. Él es el próximo Director del Departamento de Seguridad Mágica; así que no ha hecho más que su trabajo – concluyó con voz firme, intentando autoconvencerse de ello.

- Ya… - la mujer negó con la cabeza, mostrando cierta exasperación. – Y escoltarte a casa también ha sido parte de su trabajo – añadió con retintín.

- Por supuesto. Cada jugador ha sido acompañado fuera del recinto por un auror, para garantizar su seguridad. Él se ha visto obligado a acompañarme a mí, cuando yo me he negado en rotundo a aceptar cualquier escolta. Y he de decir que, para ello, se ha mostrado arrogante, cruel y sumamente desagradable – concluyó con cara de triunfo.

- Pues cuando se ha marchado de aquí, yo tan sólo he visto dolor y tristeza en su semblante – la mayor afirmó con serenidad.

Por un instante, Ginny miró a su tía con sorpresa; pero pronto desechó cualquier idea que le pudiese venir a la cabeza debido a aquellas palabras.

- Sea como sea, tía, el partido ha quedado suspendido indefinidamente, hasta que el Departamento de Seguridad Mágica aclare todo lo sucedido en el estadio. No he podido hablar con mi entrenador, pero supongo que el próximo lunes a primera hora tendré que acudir a las instalaciones donde entrenan las Holyhead Harpies para continuar con la rutina oficial del equipo. Hasta entonces, sólo quiero apartarlo todo de mi mente; absolutamente todo – recalcó para silenciar los pensamientos que sabía que su tía estaba teniendo una vez más. – Sólo quiero disfrutar este fin de semana con James. ¿Dónde está?

- Él se ha acostado ya, completamente rendido; ha cenado pronto y, por una sola vez, ha decidido no esperarte; imagina si debe estar cansado.

Ginny asintió con la sonrisa que siempre aparecía en su semblante al pronunciar aquel nombre: "James"; un nombre que debería estar odiando con todas sus fuerzas, pero que tanto amaba, al igual que a los dos hombres poseedores de él. En público, fuese este quien fuese, incluso ante su tía, jamás aceptaría que aquel nombre era mucho más que un nombre bonito; era un desesperado intento de cercanía… de eternidad.

- ¿Tú has cenado? – preguntó a su tía con una sonrisa cariñosa.

- La verdad es que no he podido, debido a los nervios; temía cómo te sentirías al comparecer hoy ante el mundo que dejaste atrás.

- Ha sido genial durante lo poco que ha durado – ella intentó responder con naturalidad, aún sonriendo.

- Me alegro. Anda, levántate de ahí y acompáñame a la cocina; calentaré la cena- la tía ordenó, mientras comenzaba a darle la espalda para dirigirse ella misma a la cocina.

- Claro – Ginny aceptó mientras intentaba levantarse; no recordaba que todavía yacía en el suelo, es más, no sabía cómo, ni cuándo, había llegado allí.

¿Qué cómo se había sentido? Había querido morir por dentro para no sentir tanto dolor – se dijo para sí con tristeza. Pero eso era algo que tampoco confesaría jamás.

~~o&0O0&o~~

Nada más regresar al Minsterio de Magia, Harry reunió a todos los aurores que habían participado en la protección del evento de quidditch.

- Vuestro comportamiento ha sido ejemplar – dijo antes que nada, en reconocimiento al buen trabajo llevado a cabo por todos ellos. – Siento deciros que nadie se irá de aquí esta noche, nadie, sin que haya quedado confirmada o descartada la implicación de los mortífagos en lo que hoy ha sucedido. No podemos permitirnos que mañana, en cuanto salgan a la calle las ediciones diarias de los principales periódicos, cunda una falsa alarma entre los magos si, como yo mantengo, los mortífagos no han tenido nada que ver en esto. Así que más vale que tengamos una noticia alternativa que ofrecer o, si me equivoco, dispongamos de información suficiente para asegurar una gestión controlada de la crisis.

- ¿Qué propones, jefe? – uno de sus subordinados tomó la palabra, dispuesto a todo lo que él les pudiese pedir; al igual que todos los demás.

- Primero y principal: dos de vosotros, escoltad "amistosamente" a Draco Malfoy hasta aquí. Si los mortífagos han violado el pacto alcanzado entre ellos y el Ministerio de Magia, su cabecilla debe saberlo y pagar por ello. Tú no, Ron – ordenó a su mejor amigo, quien ya se disponía a partir en cumplimiento de aquella tarea. – He dicho "amistosamente"; que de buenas a primeras él te encuentre a ti, o a mí, requiriéndole para escoltarle al Minsterio de Magia, no sería más que una abierta declaración de guerra.

El pelirrojo rezongó por lo bajo, pero asintió; ya habría otro momento más propicio para buscar la vuelta a aquel maldito pendenciero.

- Ron, Samuel y Jackson: poneos en contacto con Azkabán, que os confirmen en qué fecha se hizo efectiva la salida de prisión de Augustus Rookwood debido a su enfermedad en estado terminal. Y después quiero una crónica completa, minuto a minuto, de dónde ha marchado él nada más salir de la cárcel, qué ha hecho y con quién ha hablado. Finalmente, interrogadle; pero no seáis muy duros con él.

- ¿Que no seamos muy duros? ¡Merece todo lo que le pase! ¡Por Merlín! – Ron protestó, exaltado; el hecho de que Augustus Rookwood hubiese trabajado como infiltrado en el Ministerio de Magia, concretamente en el Departamento de Misterios, hería el orgullo del pelirrojo.

- Por Dios, Ron, se está muriendo – Harry le recordó con tristeza. – La piedad es una de las principales diferencias entre ellos y nosotros.

- Tienes razón; pero no me gusta ni un pelo tener que andar con paños calientes con ningún mortífago, sea quien sea y por el motivo que sea.

- A mí tampoco, ya lo sabes – Harry respondió con voz cortante. – A partir de mañana voy a poner vigilancia a las "viejas glorias"; Draco mantiene a raya a los mortífagos más jóvenes, y cree hacerlo también con los más veteranos; pero yo nunca las he tenido todas conmigo. Bien; voy a mi despacho, a reunirme con Kingsley y con el Ministro de Magia – concluyó con seriedad. – En cuanto tengáis novedades, por pequeñas que sean, avisadme.

- Así se hará.

Sin decir una palabra más, Harry se encaminó hacia su despacho y entró en él, cerrando la puerta tras de sí. Hacía más de media hora que dos hombres le aguardaban dentro, tal y como él había dicho a sus subordinados, y ambos habían aprovechado el tiempo para tomar sus propias decisiones sobre lo que estaba sucediendo.

- Debemos acelerar el traspaso de poderes, tanto de mí hacia Kingsley como nuevo Ministro de Magia, como de él hacia ti, como nuevo Director del Departamento de Seguridad Mágica – el más mayor de ambos afirmó, convencido. – Yo ya no cumpliré los ochenta años – sonrió, divertido, - y aunque sigo estando en plenas facultades, sé que no es esa la imagen que transmito a los magos, fuera del Ministerio de Magia – dicho esto, su voz adoptó una completa solemnidad -. Ahora, más que nunca desde que terminó la Segunda Guerra, el mundo mágico necesita líderes jóvenes, capacitados y fuertes, con fama de emplear mano firme para resolver cualquier problema; esos líderes, sin duda, sois vosotros dos – aseguró a sus dos interlocutores.

- Yo estoy de acuerdo con él, sobre todo en lo que a ti respecta, Harry – Kingsley Shacklebolt dijo al recién llegado, totalmente convencido. – Si de mí depende, el mundo mágico amanecerá mañana contigo como nuevo Director del Departamento de Seguridad Mágica.

- Y contigo como nuevo Ministro de Magia - el mayor aseguró, volviendo a sonreír. - Además, ambas noticias harán que lo sucedido hoy pase a un discreto segundo plano; o que al menos, no cope todas las conversaciones del día.

Por un momento, Harry quedó pensativo, evaluando las implicaciones de lo que ambos acababan de anunciar.

- Estoy de acuerdo con ello. Quiera yo o no quiera, sigo representando un icono de la lucha contra los mortífagos; que yo esté al frente del Departamento de Seguridad Mágica dará más tranquilidad y serenidad, aunque tan sólo sean aparentes, a la mayoría de magos y brujas; y eso, más que nada, es lo que necesitamos ahora – el auror aceptó, conforme. – Si yo aseguro, cuando tenga la certeza total de ello, que los mortífagos no están implicados en lo que ha sucedido hoy, todos me creerán.

- ¿Tan seguro estás de ello, Harry? – el Ministro de Magia cesante quiso saber, preocupado.

- Casi totalmente; el modus operandi de los mortífagos no coincide con lo que hemos visto hoy en el estadio de quidditch; a los cinco segundos de haber aparecido la primera marca tenebrosa he sabido que ellos no tenían nada que ver con el asunto; si ellos hubiesen convocado esa marca, no habría pasado ni un segundo siquiera hasta que hubiese muerto el primer mago o bruja, fulminado por un Avada Kedavra. Y eso no les conviene, en absoluto. A los cinco segundos siguientes, mis hombres y yo habríamos caído como una plaga sobre sus puntos de reunión conocidos, sus hogares y familias… y Azkabán se habría llenado hasta rebosar con ellos. Prometieron una vida pacífica, siempre y cuando se respete su particular modo de vida, y lo cumplirán. De todos modos, he hecho que traigan a Draco para asegurarnos.

- Ha sido muy buena idea – el Ministro de Magia afirmó, conforme. – Nos vamos, pues, para que tú puedas mantener una "conversación amistosa" con él. Voy a enviar lechuzas a las sedes de los principales periódicos para magos y brujas, haciéndoles partícipes de los dos nuevos nombramientos; y de paso, les pediré que se mantengan a la espera hasta que tú les envíes, esta misma noche, un mensaje con una explicación razonable de los acontecimientos acaecidos en el campo de quidditch.

Harry asintió, dispuesto a cumplir la orden de su inmediato superior.

Y los dos hombres salieron de la estancia para continuar con su conversación en el despacho que ocupa el Ministro de Magia.

Pocos minutos después, la figura de Stacy Borrows, una de las aurores de confianza de Harry, se asomó por la puerta del despacho del nuevo Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, después de haber llamado a la puerta; aunque no esperó la autorización para entrar.

- Draco Malfoy está aquí – anunció secamente, dedicando a Harry una mirada inquieta.

- Hazle pasar – él ordenó con rapidez.

A pesar de que, en su fuero interno, habría deseado hacerle esperar eternamente, - no, mejor, hacerle arder en el infierno – aceptó en recibirle rápidamente, en aras de las "cordiales relaciones" entre el grupo de mortífagos redimidos que él acaudillaba, y el Ministerio de Magia; y en el fondo, por el respeto, por pequeño que este fuera, que sentía por él.

Eran los modales del rubio lo que más le enervaba, algo que pudo comprobar inmediatamente que Malfoy se hizo notar en el cuarto; entró con aires de grandeza, dejándose caer en la silla que había frente a la mesa de despacho de Harry como si aquella oficina fuese su feudo personal, y no aquel lugar donde trabajaba el hombre que podía encarcelarlo de por vida si lo considerase necesario.

- ¿Qué tripa se te ha roto ahora, Potter? – Draco Malfoy preguntó al auror con arrogancia mientras le dedicaba una mirada condescendiente.

Antes de responder, Harry le devolvió una mirada fría y serena, cargada de advertencia, que logró inquietar al otro, a pesar de que hubiese puesto todo su empeño en no mostrarlo.

- Yo de ti, me guardaría la pavonería para quienes pudiese impresionar – Harry dijo sin inmutarse. - ¿Os habéis portado mal, Draco? – preguntó a su vez, hablando al rubio como si de un niño se tratase, a sabiendas de que aquello lograría molestarle todavía más.

El mortífago cerró los puños con fuerza, airado y ofendido; pero pasados unos segundos, optó por preservar sus propios intereses, en vez de dinamitar todo lo que él y su "grupo" habían logrado con tanto esfuerzo tras el final de la Segunda Guerra.

- Sabes perfectamente que no hemos sido nosotros quienes hemos montado el numerito en el partido de quidditch de esta tarde; sí, sé a qué viene todo esto – el rubio respondió con cansancio. - ¿Por qué me has traído aquí, entonces?

- Sé que no habéis sido vosotros, pero necesitaba que tú me lo confirmases – Harry respondió, mostrando cierta amabilidad en la voz, ahora que el otro había bajado los humos.

Draco asintió, indicando que comprendía la situación.

- ¿Cómo van las cosas por tu entorno? He de confesar que tu padre y sus viejos compañeros de andanzas me preocupan; no pierden oportunidad de provocar al Ministerio de Magia, siempre que pueden.

- Mientras vosotros cumpláis vuestra palabra de no entrometeros en nuestros asuntos, siempre y cuando estos afecten tan sólo a nosotros, todos nosotros cumpliremos la palabra dada – Draco prometió, solemne, y en parte indignado por la desconfianza en su palabra de caballero que esta mostrando su mayor adversario.

- ¿Todos? – Harry insistió con retintín.

- Todos, Potter. Sé que piensas que no soy capaz de mantener a raya a la generación de mi padre, él incluido; pero no es así. Ellos son los primeros en valorar la tregua que yo he conseguido para todos nosotros; sin los acuerdos que yo firmé en nombre de todos los mortífagos, jamás podríamos llevar la vida que nos gusta llevar; aunque sea a costa de aislarnos del resto de los magos y brujas para lograrlo. Ellos odian a los sangre sucia tanto como lo hago yo; pero no van a emprender una nueva cruzada contra los mestizos a costa de sus propias vidas, o bajo pena de prisión, una vez más. Se conforman con no admitir en su propia sociedad a individuos indeseados – Draco afirmó con una sonrisa. – Vosotros no metáis vuestras narices en nuestros asuntos, que nosotros no las meteremos en los vuestros.

- ¿Hasta cuándo, Malfoy?

- Hasta que yo lo diga – Draco se cubrió de nuevo con un manto de arrogancia; pero bajo él, había verdad en sus palabras.

- El Ministerio de Magia mantendrá su palabra – Harry prometió, solemne.

- Entonces, los mortífagos mantendrán la suya. ¿Existe alguna razón más, Potter, para que yo tenga que estar aquí casi a media noche, en vez de en la cama con mi esposa? – el otro preguntó con sorna.

- No, Draco, no la hay. Gracias por venir.

El rubio miró a Harry con ojos desorbitados por la amabilidad de estas últimas palabras; pero si hubiese sabido cuánto el auror envidiaba al mortífago en aquel mismo momento, por poseer una mujer a quien amar, una familia a la que regresar noche tras noche, no habría podido evitar sentir pena por él.

~~o&0O0&o~~

Una vez la presencia de Draco Malfoy desapareció del Ministerio de Magia, Ron entró en el despacho de su jefe con cara de pocos amigos.

- Augustus Rookwood ha marchó a su antigua casa directamente, nada más salir de Azkabán, y no ha hablado con nadie desde entonces, excepto con su casera, una mujer tan entrada en años que lo único a lo que aspira es a vivir en paz hasta que las arrugas la aplasten. Y nadie más ha salido de Azkabán desde entonces, ni lo hará en breve – Ron resumió a su jefe.

- Lo imaginaba; pero tenemos que descartar todas las posibilidades, por pequeñas que sean.

Ron asintió, conforme.

- Mira que odio a ese tipo – el pelirrojo afirmó con desdén, refiriéndose a Malfoy.

- Sabes que él jamás ha sido santo de mi devoción; pero he de reconocer que tiene lo que hay que tener para lidiar con esa panda de integristas que lidera – Harry reconoció, pensativo.

- Bueno – añadió. – Confirmado que los mortífagos no han tenido nada que ver en lo de esta tarde. Voy a redactar un comunicado, que enviaré a El Profeta y a los demás periódicos, comunicando este hecho, y que, a pesar de que el Departamento de Seguridad Mágica no tiene aún indicios de quién o quiénes han podido perpetrar tal atentado contra la comunidad mágica, no cesará en sus pesquisas hasta lograrlo; y que pronto tendrán más noticias. Espero que con esto y con el nombramiento exprés de Kingsley y el mío en nuestros nuevos cargos, podamos mantener la situación controlada hasta que logremos esclarecer los hechos y apresar a los culpables.

- ¿Qué es eso de nombramiento exprés? – Ron preguntó, observando a Harry con suspicacia.

El moreno asintió, devolviéndole una mirada alegre que el otro interpretó sin lugar a dudas.

- ¡Tío! ¡Felicidades! – por impulso, abrazó a su mejor amigo, emocionado. - ¡Ve a contárselo a todos los demás! ¡Ahora mismo!

- En cuanto termine de hablar contigo – Harry sonrió, agradecido; pero pronto su semblante se llenó de seriedad. – Ron… sabes a quién he escoltado esta tarde hasta su casa…

- Lo sé. Tú y ella…

No pudo terminar la frase, pues Harry alzó una mano, cortándole la frase por completo.

- Ni una palabra, Ron – Harry ordenó a su mejor amigo con voz que no admitía réplica. – Toma – en cambio le alargó un papel doblado por la mitad, que Ron tomó de su mano, mirándolo con curiosidad.

Al leer en él una dirección del Reino Unido y no reconocerla en absoluto, miró a Harry con cara de haberse perdido algo.

- Es su dirección. Hoy no has podido hablar con ella debido a todo lo que ha sucedido; quizá sea mejor que haya pasado así. Ve a verla, hablad en un lugar discreto y tranquilo; cuanto antes mejor.

- Gracias… - el pelirrojo tan sólo pudo musitar, emocionado.

Y guardó cuidadosamente el pequeño papel en uno de los bolsillos de su chaqueta, cual oro en paño.

- Ojalá este asunto de la Marca Tenebrosa se resuelva cuanto antes, y yo pueda mantenerme alejado de ella, cuanto más, mejor – Harry deseó, con voz ausente.

- Si nuestra relación con Ginny se normaliza, te verás obligado a cruzarte con ella en La Madriguera de vez en cuando; sobre todo, mientras mi madre continúe cuidando de Teddy durnate el verano – Ron respondió, reflexivo – cuando tú no lo torturas con la presencia de esa arpía de tu novia.

- Bueno, ese es ahora el menor de mis problemas – Harry zanjó el tema, fingiendo que no había escuchado la pulla que Ron le había lanzado. - Salgamos a comunicar todas las novedades a nuestros compañeros – palmeó la espalda de Ron con familiaridad. – Y sobre lo de ella, no quiero saber absolutamente nada; tan sólo que finalmente tus padres han logrado ser felices de nuevo; nada más.

Ron asintió con tristeza, y ambos hombres salieron del despacho, dando la conversación por terminada.

~~o&0O0&o~~

Una hora después, la media noche sorprendió a Harry arrodillado, en su jardín secreto, destrozando con furia una rosa color perla, que hasta hacía nada había sido una bellísima y majestuosa princesa en aquel lugar de ensueño; el llanto lo asaltó de nuevo sin darle opción a poder evitarlo.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Hola a todos.

Ya sé que hace tiempo que no actualizaba, pero entre el trabajo y la semana de vacaciones que he pasado fuera de casa, no me ha resultado posible hacerlo antes de hoy. Aún así, voy a publicar este capítulo sin haber podido revisarlo tranquilante, para no alargar más la situación; así que si detectáis muchas faltas de ortografía o gramática, o demasiada repetición de la misma palabra en vez de usar sinónimos, ruego me perdonéis.

Agradecimientos:

- a GLLNMR - por el review recibido en el capítulo 2. Espero que este te guste, aunque para tu gusto haya tardado demasiado en actualizar.

- a Guest - por el review recibido en el capítulo 2.

- a Krisy Weasley - por el review recibido en el capítulo 2.

- a anatripotter - por el review recibido en el capítulo 2.

- a Celtapotter - por el review recibido en el capítulo 2, y por añadir el fic a sus favoritos y a sus alertas.

- a Gelygirl - por el review recibido en el capítulo 2.

- a Alioth Akane - por añadir el fic a sus favoritos y a sus alertas.

- a chiisitax - por añadir el fic a sus favoritos y a sus alertas.

- a cieloskie - por añadir el fic a sus favoritos y a sus alertas.

- a maicolpotter861027 - por añadir el fic a sus favoritos y a sus alertas.

- a phan0 - por añadir el fic a sus favoritos.

- a Fanny Taka - por añadir el fic a sus alertas.

- a ginnyandharry´s love - por añadir el fic a sus alertas.

Espero que os haya gustado este capítulo.

Un abrazo a todos.

Rose.