-"Morinaga… ¿estás bien?"- preguntó una voz. Alexander estaba cerca de mi rostro, chasqueo sus dedos y me miró confuso. –"¿Estás enfermo? Te fuiste durante unos minutos mientras te comentaba sobre tu trabaja, solo pude ver tus ojos viéndome de una manera extraña además que de repente tu rostro se coloreo de un rojo intenso. ¿Estás caliente?"- Sacudí mi cabeza, podía sentir mi entrepierna aún cálida con una incómoda erección de por medio, voltee a ver a Alexander y estaba completamente calmado. Su escritorio estaba acomodado… ¿qué rayos había pasado? En lo que intentaba encontrar la respuesta, busqué una manera de disimular mi erección y sonreí con nerviosismo. –"¿Caliente? ¿Eh?"- pregunté vacilante. –"Sí, Morinaga, ya sabes, fiebre."- Podía ver la confusión en su rostro, sus cejas estaban fruncidas. Acercó su mano y me tocó la frente, -"Pues, estás algo caliente pero no creo que sea fiebre, como quiera deberías ir a la enfermería. Parecías un muñeco, simplemente observando. ¿En qué estabas pensando?"- preguntó.
"Oh, en nada, sólo que me mostrabas tu cuerpo y después inevitablemente teníamos sexo aquí en la oficina, tú me penetrabas y yo gemía de placer."
-"En nada importante, ¿aún tenemos el almuerzo hoy?"- intenté desviar el tema.
-"Si te sientes bien, por supuesto. Vendrá tu amigo, ¿me imagino? Encontré un restaurante cerca que podría gustarle, honestamente no sé sus gustos y se ve un poco…exigente entonces espero sea de su agrado ya que hay una gran variedad de comida. Espero venga de mejor humor."- dijo con una sonrisa.
-"Sí, no hay problema. Bueno, tengo que seguir ya sabe, trabajando. Las cosas no se hacen por si solas."- me reí nerviosamente, podía notar que a Alexander no le hacía ninguna gracia lo que yo decía y tenía razón, estaba hablando de una forma rápida, confusa y casi infantil. Rápidamente me levanté y abandoné su oficina. Suspiré de alivio al no estar en presencia del hombre. No podía creer había imaginado todo, no entendía que me pasaba. No estaba privado de sexo, supongo estas fantasías al estar despierto sólo ocurrían a personas privadas de algo, personas que desean algo demasiado que lo personifican. ¿Yo deseaba a Alexander? Al parecer mi cuerpo lo hacía. No podía controlar mis pensamientos ante Alexander, era algo meramente fisiológico, supongo Senpai lo entendería si le contara. Sí, el entendería que hay personas que se atraviesan en nuestras pupilas y tenemos fantasías sexuales con ellos…
No. No creo que lo entendería, me lanzaría miles de maldiciones y probablemente algún objeto y volveríamos al punto de partida: diría que todos los homosexuales son promiscuos. Me intimidaba estar junto con él y Alexander, no sabía cómo iba a reaccionar estando con el hombre que amaba y el hombre quien me deleitaba visualmente.
Por supuesto, el amor que sentía hacía Souichi no se podía comparar ni intercambiar por un cuerpo pero me sentía como un adolescente con miles de mariposas en el estómago, me sentía lleno de opciones. Para nada despreciaba el cuerpo de Souichi era hermoso, pero delicado. Alexander por el contrario tenía un cuerpo más fornido y atlético. Souichi había ganado la lotería genética nunca lo había visto esforzarse por cuidar su físico, en cambio, Alexander se veía empeñaba un buen tiempo trabajándolo. Decidí dejar de pensar las cosas, faltaban todavía cosas por hacer antes de encararme con los dos.
¿Era normal esto? Aun estando enamorado… ¿sentir un odioso deseo físico hacía alguien más? No era que Senpai no fuera un buen amante, pero quizás en mi mente necesitaba alguien más aventurero, más abierto a hacer otras cosas, alguien que no pareciera me estuviera haciendo un favor. Aunque la última vez con Senpai fue maravillosa, pero era aún gentil, era delicado, lo que yo había imaginado con Alexander era más atrevido. ¿Sería buena idea comentarlo con Souichi? Decirle que quizás estaría bien ser un poco más… ¿agresivos? Me sentía vulnerable, si decía algo que no convenciera a Souichi los avances que él había tenido hacía la relación se vendrían abajo, conociendo sus celos haría una teoría en la cual yo lo engañaría a diestra y siniestra con mi jefe, abogaría que no tomo sus acciones ni sentimientos en cuenta. Yo no era una mala persona –ni lo soy- pero habían pasado ya tantas cosas entre Senpai y yo que a veces sentía era un ritual y ya sabía el desenlace. Supongo tenía que tener más fe a esta nueva oportunidad y mantenerme al margen con Alexander, sabía que mi cuerpo podría traicionarme con copas de alcohol o siquiera el roce del hombre. Tenía que alejarme de él en lo que mi mente se tranquilizaba y se daba cuenta de la pésima idea que era fantasear con mi jefe. Podía sentir múltiples emociones, emociones de desastre, emociones de felicidad, era un lio por dentro. Lo bueno es que tenía un trabajo que me exigía distraerme de mis problemas emocionales, si no, me volvería loco. Ya había fantaseado antes, con Souichi de hecho, pero jamás había sido negligente y sobre todo, no me había disociado de esa manera enfrente de alguien.
Suspiré. Ya veríamos que pasaría a la hora del almuerzo con Alexander y Souichi. Ya conocía los defectos de Souichi así que sólo faltaba que Alexander hiciera malas movidas o fijarme en aspectos desagradables de él o su físico (que lo dudaba bastante porque realmente era un hombre muy atractivo) para decirme a mí mismo –"Solo fue una fase."-
