Disclaimer Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, la trama es únicamente mía. Queda prohibida la copia parcial o total de la historia.


Alice Maggo – Whitlock: HAHAHA sí, el niño es de Edward. Sabrás más cosas enseguida. Gracias por tu Reviews.

Jupy: Veamos ahora que pasará. Gracias por leerme y por tu review.

Ly Rococo: ¿Cómo puedes odiar a Bella si siempre la maneje algo seria? JAJAJA De hecho nació de 8 meses y medio, Bella ya estaba a punto de llegar a los nueve meses. Las explicaciones ahora las veras. Pues es que no puedo decirte, eso le quitaría el chiste a la historia. Gracias por leerme peque, y muchas gracias por tu review.

Mónica Teposte: Eso lo veras enseguida. Gracias por leerme y por tu review.


¿Si no es una cosa es otra verdad? Me quede sin internet. Perdón por la tardanza.


Capitulo 6. Lo que son las cosas

Jasper POV

Es hora de revelar el secreto. ¿A qué secreto se refería Edward?

Bella se le quedo mirando a Edward con mi hijo entre sus brazos. Ian seguía llorando, por lo que Bella lo estaba arrullando.

―Sigo esperando una respuesta. ―Los mire a ambos. ―¿A qué secreto se refiere Edward?

―Jasper, yo….

—Jasper, lo mejor será tener esta conversación abajo. ―Dijo Edward interrumpiendo a mi esposa. —El niño está demasiado inquieto, deja que Bella lo duerma y te explicaremos todo.

No dije nada, solo me les quede viendo y me di la media vuelta para bajar a la estancia de mi casa. Edward venía siguiendo mis padres. Ambos tomamos asiento, uno enfrente del otro mientras descendía Bella. Ella bajo diez minutos después… Y se sentó junto a Edward. Esté le tomo de la mano.

—¿Alguien me podría explicar que pasa aquí?

Ambos suspiraron. —Lo que pasa es que… Bella y yo… Bella y yo estamos juntos.

—¡¿Cómo que juntos? —Sentía la furia crecer dentro de mí.

—Jasper, —Dijo Bella muy nerviosa. —Yo, yo me enamore de Edward y somos pareja desde hace casi dos años.

—¡¿Qué? ¿Cómo pudiste hacerme esto Bella?

—De la misma forma que tu se lo hiciste a ella. —Edward pasó su brazo por la cintura de Bella. —Y te pido que no alces la voz, por favor.

Los fulmine con la mirada. —Mira Edward, ahorita no me digas nada. Estoy tratando de procesar la información. —Respiré unas cuantas veces más.

—Edward y yo jamás quisimos lastimarte, Jasper. En ese tiempo tu me tenias muy abandonada y Edward estaba ahí. Sin darnos cuenta, nos empezamos a enamorar perdidamente.

—Y de ese amor… —Continuo Edward. —De ese amor, nació Ian.

—¿Cómo? —Ese realmente había sido un golpe bajo.

—Ian es hijo de Edward y mío, Jasper.

Ya no aguantaba más. Me levante y avente de una patada la mesa que nos separaba. —¿Cómo pudiste hacerme eso, Bella?

Los dos se habían levantado justo antes de que la mesa se estrellara contra la chimenea. Edward siempre protegiéndola.

Bella quiso acercarse a mí, pero Edward se lo impidió. —Jasper, todo se me salió de las manos. Me entere de que estaba embarazada y te lo dije porque pensé que era tuyo, pero después, —dio un paso hacia mí, pero yo me retiré un dos pasos más— pero después haciendo cuentas, y por descuido podría decirse, no cabía duda que el niño era de Edward.

—Es que… eso lo entiendo Bella, —La miré dolorido— Tu sabes todo lo que hemos pasado, el embarazo, el nacimiento, todo hasta ahora. ¡Pudiste haberme dicho! —Me lleve las manos al cabello.

—Jasper tranquilízate. —¿Cómo Edward me pedía calma en este momento? Justo en este momento en el que me enteraba que Ian no era mi hijo.

—No me pidas que me calme, ¡Porque no puedo hacerlo! —Le grite. Empecé a caminar de un lado a otro totalmente desesperado. —Me duele, ¿sabes? Yo llegue a adorar a Ian, cada día trabajaba para darle todo a él, ¡seguía contigo por él! —Los mire y Bella estaba a punto de llorar. —¡¿Cómo es posible que a mí me reclamaras porque estuve con Alice?, que no te haya dicho la verdad cuando estabas en el hospital, ¡si tú hiciste algo peor! —Ella no pudo más y se refugió a llorar en los brazos de Edward. —No solo me engañaste, lo cual te lo perdono pues yo te lo hice también y no creas que me siento orgulloso por ello, pero tú me hiciste creer que Ian era mi hijo. ¡Mi hijo Bella!

—Jasper perdóname.

—Bella no le pidas disculpas. —Le retracto Edward.

—Todo esto hubiera sido más fácil si tú no me hubieras engañado con esto. —Proseguí. —Perdí a Alice porque yo me auto-flagelaba y sabía que debía permanecer con mi esposa y mi hijo, y ahora resulta que no tengo ni uno de los dos. —Me reí para aguantarme las ganas de llorar, pero las lágrimas me ganaron. —No es justo Bella. —Me senté llorando en el sofá. —No es justo.

Bella se sentó a mi lado ante la atenta mirada de Edward. Sabía que pensaba que en mi estado podría lastimar a Bella, pero yo nunca haría eso. Bella, a pesar de todo me dio toda su vida, y yo no supe aprovecharla.

—Jasper, yo no quiero que me odies —Sollozó junto a mí—. No quiero que me odies, pero ahora que sabes la verdad entenderás que no puedo quedarme, que no podemos quedarnos aquí mi hijo y yo. —La voltee a mirar—Yo amo a Edward y el a mí y a nuestro hijo, por eso nos iremos de la casa.

¿Y ahora que se supone que debía decirle? ¿Cómo rayos la detenía si yo mismo venía a decirle que me iba de la casa? Que yo tenía la intención de pedirle el divorcio.

Me limite a asentir mientras Bella se levantaba.

—Gracias por comprender, Jasper. —No le conteste nada a Edward tampoco, solo repetí el acto que con Bella. Edward camino escaleras arriba de seguro para alistar sus maletas.

Ahora entendía por qué Bella no quería que registráramos aun al niño. Pero ahora, ¿ahora yo que hacia?

Me dedique a sollozar de nuevo mientras ellos se iban. Me levante y camine a la pequeña vinatería que teníamos, me prepare un whisky y lo bebí de golpe. Otro más. Ya iba por mi quinto trago cuando ambos bajaron de las escaleras con mi hijo en brazos.

—Ya nos vamos, Jasper. —Edward cargaba las maletas mientras Bella cargaba a Ian.

De nuevo solo asentí y bebí un trago más. Edward se adelanto todo sereno hacia la puerta y la mantuvo abierta. Bella me miro de nuevo con lastima y culpa en los ojos, abrigo bien a Ian y camino a la puerta.

—Bella… —La aludida se detuvo antes de cruzar por el umbral. —Quiero el divorcio.

No me respondió enseguida, pero no paso desapercibido para mí que volteo mirar a Edward y este le sonrió. —Está bien.

—Vámonos. —Le susurró Edward y ambos se fueron dejándome totalmente solo.

No sé en qué momento perdí la inconsciencia pero cuando desperté la casa parecía que un huracán había pasado por ahí, seguro había sido víctima de mi furia; y la resaca que me cargaba era la consecuencia de que mi vinera estuviera totalmente vacía.

Pero lo que más me dolió es que siguiera solo, totalmente solo, sin Bella, sin Ian y claro, sin Alice. Solo era como me merecía estar.

Alice POV

Desde que había dejado a Bella en el Hospital junto con Jasper, no había vuelto a saber de la Familia Hale. Lo único que me había enterado es que ambos habían tenido un pequeño varón. Ahora me encontraba en Paris en la semana de la Moda acá, lo cual me venía estupendo, pues necesitaba distraerme y olvidar a Jasper, o al menos mitigar el dolor que aun me causaba su recuerdo.

—Alice, necesito tu opinión en esto.

—Claro que si, Nataly. —Le sonreí y revise el diseño que tenía entre sus manos. Lo mejor era enfocarme a lo que debía y olvidar o al menos hacer a un lado los recuerdos de Jasper. Aunque aun me preguntaba a diario como estaba. ¿Se miraría como padre de la misma forma en la que me lo imagine? De seguro el niño era igual a él.

Suspire de nuevo y despeje mi mente de cualquier cosa que me llevará a pensar en Jasper.

Estaba a punto de terminar el desfile de mi línea de ropa, la exclusivísima línea "Fée de la Lumière" Por el hecho de que toda mi línea estaba inspirada en el color blanco.

Me preparaba para salir así que me cambie con un sencillo vestido blanco, sin escote, solo un bordado igual de sencillo y a la mitad de mi muslo, con unos pequeños botines color terra. Todo sumamente sencillo, eso también era parte que caracterizaba a mi línea de ropa.

La after party había sido igual un éxito, todo iba estupendo hasta que….

—El desfile ha sido estupendo, —escuche una voz a mi espalda y voltee sonriendo. Frente a mí se encontraba un hombre bastante alto, de tez morena, algo fornido y musculoso, el cabello negro y unos ojos amielados realmente hermosos. Eso sin dudar que sus espesas pestañas y sus cejas pobladas, hacía que sus facciones tomaran una forma realmente atractiva. —Pero hubiera sido mucho mejor, si la diseñadora nos hubiera complacido con su presencia, modelando alguno de esos excelentes vestidos.

—Realmente no se me da muy bien lo de modelar. —Sonreí. —Yo diseño, no modelo.

—Es una lástima. —Tomó mi mano y beso mi dorso sin despegar su mirada de la mía. —Diego Lydon, mucho gusto.

—Alice Cullen. El gusto es mío.

—Y dime Alice, ¿quieres una copa?

—Me encantaría. —Diego llamo al camarero y tomo dos copas de champagne, para pasarme uno. —Gracias.

—¿Te importaría si charlamos un rato?

—Por supuesto.

No tenía un mejor plan que hacer, así que me dedique a charlar con Diego toda la noche.

Para al final de la fiesta resulto que Diego y yo teníamos muchas cosas en común. El era un gran empresario, hermano de la famosísima, Charlotte Lydon modelo principal de mi línea de ropa, le gusta el futbol, los domingos tranquilos, prefería una vida fuera de la farándula y aunque no era muy fanático de la moda, acompañaba a su hermana a cada evento, pues la unión familiar era muy importante para él.

Diego era una mina de oro y se notaba su interés en mí, en cada gesto que me demostraba, sin rayar el exceso claro está.

Cercas de las tres de la madrugada, me sentía más alegre de lo normal.

—Creo que es hora de retirarme. —Dije dándole el último trago a mi copa de champagne.

—Linda, creo que se te pasaron las copas. —Le sonreí a Diego. ¿En realidad era tan atractivo como lo miraba ahora? ¿O era el champagne actuando en mi sistema?

—¿Podrías llevarme a mi casa? —Hipé.

Diego me sonrió levantándose. —Claro linda.

Tome su mano y con toda la cordura que me quedaba camine hacia la salida, necesitaba que nadie me viera en este estado por que sería parte de las revistas amarillistas y eso jamás me lo permitiría.

Gracias a Diego salí victoriosa de este evento. Mucha gente permaneció en el evento, ya mañana preguntaría la hora en la que había finalizado, por ahora lo único que quería era llegar a mi cuarto.

Subimos al automóvil de Diego, un precioso Interceptor Ford color tornasol y lo arrancó rápidamente.

—Vivo en el 16 de la Avenida Charles Floquet, —suspire—.

Diego manejo sin problema a mi casa. Bajo y se apresuró a abrirme la puerta. El aire de la ventanilla abierta había provocado que mis mareos aumentaran.

Tomé la mano que Diego me ofreció. —Te afecto de más, ¿verdad cielo?

—Eso creo. —Me reí demasiado feliz. Di un tras-tapié en la entrada pero logre abrir la puerta. —Muchas gracias por traerme hasta mi casa.

—No fue nada linda, —me sonrió— pero, ¿segura que estas bien?

—Lo estoy.

Quise recargarme en el marco de la puerta, pero calcule mal y casi caigo.

—Lo mejor será que entres de una vez.

—Sí, yo también lo pienso. —Me adelante para despedirme de beso en la mejilla, pero nuevamente calcule mal y termine besándole los labios.

Extrañamente no me separe de él, y obviamente Diego no hizo nada para apartarse, es más, acunó mi rostro entre sus grandes manos besándome a su placer, deslizo su mano por mis brazos y la coloco en mi espalda pegándome a él.

—Wow.

—Sí, wow. —Me contesto Diego justo antes de besarme de nuevo. Pero esta vez, la poca cordura y el recuerdo de Jasper hizo que me separara de él.

—Lo siento, —Dije bajando el rostro— sí quiero, pero no debo.

Di un paso hacia atrás y entonces lo vi. No sé bien en qué momento había pasado, pero mis dedos habían desordenado un poco su cabello cuando estuvimos besándonos. Se miraba aun más sensual de lo que ya era, pero Jasper apareció en mi cabeza y no pude seguir.

Diego sonrió y acaricio mi rostro. —Descuida linda, no pasa nada.

¡Carajo! Hasta la borrachera se me había bajado.

—Discúlpame, de verdad.

—No tengo nada que disculparte, Alice. —Me sonrió negando con la cabeza para después tomar mis manos entre las de él. —Pero me encantaría conocerte más, ¿te parece si almorzamos mañana en la mañana? —Sonrió dulcemente—.

—No estoy segura, mañana tendré una resaca enorme y lo último que querré es salir de la cama.

Diego rio sin ninguna preocupación. Era una risa que se contagiaba.

—Con más razón deberías aceptar mi propuesta. —Lo pensé seriamente. —Por favor, te prometo que solo será un desayuno de amigos.

—Vale, está bien, Diego. Pasa por mí a las 10:00 am.

—Aquí estaré puntual princesa. —Me sonrió y beso mi mejilla. —Descansa mucho.

—Tú también y gracias de nuevo por traerme a mi casa.

—Cuando quieras.

En cuanto Diego subió a su auto, entre a mi casa y me recargue en mi puerta. Me guste o no, me había encantado el beso de Diego.

Me metía a bañar antes de ir directo a la cama, después de todo Diego vendría por mi temprano. Mi alarma sonó a eso de las nueve de la mañana, sentía que apenas había tocado mi almohada cuando ya había despertado. Necesitaba un café expreso cuanto antes.

Me metí a la regadera, y a las 10 de la mañana en punto, se escucho el timbre de la puerta. Los pasos de la Señora Bree, mi ama de llaves, se escucharon decididos al ir a abrir la puerta. Ella ya sabía que Diego pasaría por mí, por lo que lo llevo a la estadía.

—Buenos días, linda. —Sonrió al verme— ¿Cómo has dormido?

Diego beso de nuevo el dorso de mi mano. —Pues no descanse nada, pero ya no podía seguir acostada. —Me puse mis gafas de sol— ¿Nos vamos?

Diego me ofreció el brazo y salimos de mi casa rápidamente.

Me había puesto un hermoso vestido azul cielo con detalles negros, unas sandalias de tiras y un adorable sombrero negro, todo lo que me tapara del el sol, lo adoraba en este momento.

Diego abrió la puerta de su auto ayudándome a subir.

—¿Se puede saber donde desayunaremos? —Pregunte segundos después de que partiéramos.

—Aquí cercas, en el Restaurant "Les Ombres", es uno de mis favoritos y seguro te encantara.

La verdad es que ya conocía el restaurant, muy bello, con excelente vista de la ciudad, lo mejor es que cercas se encontraba un pequeño pasaje donde se me apetecía caminar después de esto.

El desayuno con Diego fue realmente divertido, se la desvivió por hacerme reír todo el rato y eso me encantaba. Ya no recordaba la última vez que había reído tanto. En ese instante un flashazo con el rostro de Jasper atravesó por mi cabeza y mi corazón dolió.

—¿Te encuentras bien, Alice?

Trate de sonreír pero no pude. —Sí Diego, solo me acorde de algo.

—Pues ese algo me sonó a que tiene nombre y apellido. —Tomo un sorbo de café. —¿Quieres contarme?

—Es una larga historia, Diego. —Suspire.

—Yo no tengo nada mejor que hacer, ¿y tú?

Le conté a Diego todo lo que había pasado con Jasper, desde cómo nos conocimos, la separación, el rencuentro y todas sus consecuencias. Jamás se lo había podido contar a alguien neutro, y creo que lo que necesitaba era sacarlo de mi sistema, no encerrarlo más, sino simplemente librarme de ello, y Diego pareció la mejor opción, se que quizás apenas lo conozco y no de la mejor manera, pero Diego me transmitía tanta paz, tanta confianza, que no dude enseguida contarle mis estúpidos traumas amorosos.

—… Y bueno, él tuvo a su hijo y ya no supe nada de los Hale. —Tome otro sorbo a mi café. —Yo viaje a París, pero debo regresar a New York cuanto antes, deje pospuesta una línea de ropa infantil y debo ultimar detalles.

—¡Vaya! —Fue todo lo que atino a decir al terminar mi relato.

—Sí, ¿ahora comprendes mi situación?

—La comprendo totalmente. —Se quedo pensativo unos segundos. —¿Y no planeas luchar por él?

—No, no tiene caso. —Conteste resignada. —Jasper desde un principio escogió a su esposa, y de igual manera nunca quise terminar con su familia. Solo me duele y me da mucho coraje de que el no tuvo los pantalones para terminar conmigo y tuve que hacerlo yo.

—Pues… si te soy sincero, me alegro que lo hayas hecho. —Lo miré confundida. —Si. Tú te mereces alguien enteramente para ti, y como dijiste, que no volteara a ver quien los veía cuando se besaran. No tengo el gusto de conocer al tal Jasper, pero desde mi punto de vista, es un poco hombre, cómodo y sufrido a la vez. —Baje la mirada algo avergonzada.

—Jasper no era así, no sé qué paso.

Diego levanto mi rostro delicadamente desde mi mentón.

—Hey, preciosa, no bajes la mirada. No debes apenarte por lo que paso. Fueron las circunstancias nada más.

—Circunstancias que yo acepte, Diego.

—Si, tienes razón, pero, ¿sabes? —me sonrió— envidio a Jasper.

—¿Cómo es eso? —Fruncí el ceño ligeramente. ¿Acaso a él le gustaba tener amantes? Quizás sea eso, Diego es muy atractivo.

—No me mal interpretes, a mi no me gusta hacer lo que ese tipo hizo. —se rio— pero le envidio el hecho de que tuvo a una mujer tan grandiosa y perfecta como tú a su lado. —Acaricio mi mejilla y me sonrió de nuevo. —Mira Alice, creo que se nota bastante que me interesas, ¿no?, pero comprendo que con todo lo que has pasado no quieras saber nada de relaciones personales con los demás hombres, a menos que sean meramente profesional, ¿Me equivoco?

—En lo absoluto.

—Eso pensé. —rio de nuevo y tomo mis manos. —Quisiera… Quisiera que me dieras la oportunidad de… conocerte más a fondo —acaricio el dorso de mi mano derecha—, y no me refiero en el modo empresarial, sino a la Alice Cullen, persona. Esa dama encantadora que aun con resaca se ve hermosa. —Eso me sonrojo totalmente— ¿Me darías la oportunidad de intentar conocerte mejor?

Me la estaba pensando mucho, pero la verdad era para pensarse mucho. Dios sabe que amo a Jasper, pero Diego me escucha, es todo un caballero, no me juzgo por lo que paso, y a pesar de todo, quiere intentar algo más conmigo. Debo estar loca para rechazarlo, es oro puro.

Suspiré. —Está bien, Diego. Pero no te prometo nada.

—Con el hecho de que me des la oportunidad de estar cerca de ti me es más que suficiente.

Le sonreí satisfecha. El desayuno volvió a ser divertido. Realmente Diego era un caballero hecho y derecho. Me platico de sus negocios y de cómo haber decidido viajar al desfile de su hermana había sido lo mejor que le había pasado hasta ahora. Diego sin duda era mucho de lo que alguna vez pedí y sobre todo, porque me tendría paciencia.

Me había autoimpuesto salir con Diego, mas por mi misma que por él. Aunque tenía razón, debía dejar atrás el pasado y tratar de conocer más personas, y por el momento, conocería a Diego en lo que se refiere.

Había pasado un mes más desde mi residencia en Paris. Mes en el que Diego había sido totalmente encantador conmigo. No había día en el que no me diera algún detalle, y para detalle no me refiero a joyas ni lujos. Sus detalles iban más allá de eso, me regalaba flores, organizaba picnics, me mandaba mensajes, me regalaba libros, incluso me llamaba para darme los buenos días y las buenas noches aunque nos acabásemos de ver. Era demasiado encantador para ser verdad.

—¿Enserio tienes que ir a New York?

—Enserio debo ir. —Le sonreí al teléfono. — Cuando nos conocimos te lo dije.

—Sí, —dijo con la interlinea— pero no pensé que fuera tan pronto, al menos, ¿me dejaras acompañarte al aeropuerto?

—Sí así lo deseas.

—Lo deseo. —Contesto. —¿Paso por ti en una hora?

—Me parece bien. Te veo en una hora. Cuídate.

—Cuídate, Allie.

Colgamos y me dispuse a empacar. El ama de llaves me ayudo a hacerlo también.

—Le encargo la casa, Señora Bree.

—Pierda cuidado, niña. Se la cuidare como siempre.

—Se que así será. —El timbre sonó en el piso de abajo. —¿Puede abrir? Debe ser Diego.

—Por supuesto, niña.

Cerré la última y las baje con cuidado. Diego me esperaba en el borde de la escalera, en cuanto me mira subió a ayudarme.

—Te lo agradezco.

—No es nada preciosa. —Las puso en la salida y me beso suavemente. Aun no me acostumbraba a hacerlo, pero definitivamente, era un excelente besador. —¿A qué hora es tu vuelo?

—En una hora exactamente. —Dije mirando el reloj. —Así que será mejor irnos.

Diego asintió y saco mis maletas. Nos despedimos de la Señora Bree, la cual amablemente me dio su bendición. Ella me recordaba a mi madre, siempre cuidándome.

El tiempo había pasado rápido y ya era de tomar mi vuelo de regreso a la Gran Manzana.

—Te voy a extrañar. ¿Cuánto te quedaras allá?

—Aun no lo sé Diego, pero espero no tardarme más de uno o dos meses. ¿Y tú?

Diego tenía que viajar a varios países por negocios de su empresa, negocios que no podía posponer.

—Aun no lo sé, pero espero que no mucho.

Diego me beso de nuevo y en eso anunciaron nuevamente mi viaje.

—Tratare de visitarte.

Tome mi pequeño neceser y le sonreí. —Cuídate mucho, nos vemos pronto.

—Nos vemos pronto cariño.

Le di un último beso y camine a mi terminal. Estaba nerviosa por volver a New York, seguro que el recuerdo de Jasper aun me seguía.

El vuelo de regreso me dejo bastante cansada, apenas había llegado y el tráfico de esta jungla de asfalto empezaba a agobiarme de nuevo. Había olvidado lo que era moverse en New York.

Dos días fue lo que me costó tomar el ritmo de esta ciudad, pero ya llevaba más de un mes aquí. Caminaba rumbo a mis oficinas realizando una serie de llamadas con los distribuidores y encargados de más. Las entregas se habían retrasado y necesitaba una explicación contundente.

Venia distraída cuando choque contra un hombretón, el cual me tumbo al suelo.

—Discúlpeme señorita —Tuve un pequeño Deja vú que me erizo la piel. —¿Alice?

Y eso me puso los pelos de punta pero gracias a Dios no era quien pensaba. —¿Emmett?

—Si pequeña, soy yo, Emmett Masen. —Me ayudo a levantarme y a sacudirme. —¿Cómo has estado? Disculpa el choque, venía distraído.

—No te preocupes, yo venía igual.

—Te invito un café, ¿gustas?

—Por supuesto. —Sonreí.

Emmett siempre me había agradado. Era un hombre muy simpático, aunque no me pasaba por desahogado con quien trabajaba y sobretodo que esa misma persona, era su mejor amigo y el amor de mi vida.

—Entonces acabas de volver de Paris.

Asentí bebiendo un poco de té helado. —Hace como un mes. Mi estadía allá se extendió por… cuestiones de trabajo. —No pensaba contarle de Diego. — Ya sabes, desfiles de moda y esas cosas.

—Comprendo. ¿Y volviste por lo mismo?

—Sí, —Me reí alzando mi teléfono— me voy unos meses y todo es una locura.

—Suele pasar. —Emmett rio conmigo. —¿Vas a prolongar tu viaje?

—Yo creo que sí, hasta ahora no eh podido resolver ningún asunto pendiente, pero espero hacerlo pronto. Y como está próximo el desfile de caridad, me quedare uno o dos meses más en la Ciudad.

—¡Estupendo! —Grito Emmett haciendo que muchos voltearan a vernos. —Digo, me refiero a que es genial que a pesar de los contratiempos puedas resolverlos pronto, y más cuando se te cargara el trabajo pronto.

—Así es. —Y como si fuera obra del destino mi celular comenzó a sonar. —¿Me permites?

—Por supuesto.

Me levante del lugar dejando a Emmett unos segundos. Tía había tenido nuevamente problemas con los distribuidores, las telas no habían sido las que pedimos y con la presión del desfile de caridad teníamos la presión al tope. Nuevamente, Alice salvaría el día.

Regrese muy avergonzada con Emmett.

—Me tengo que ir, Emmett. Surgieron problemas con los distribuidores y necesitan mi ayuda urgentemente.

—Claro, no te preocupes por mí, Alice. —Tome mi bolso y mi abrigo cuando dijo eso.

—¿Después nos vemos, si? Ahora me tengo que ir.

—Claro, anda, ve.

Le di un beso en la mejilla y salí casi volando hacia mis oficinas. Espero que todo esto no se complicara.

Por suerte los encargos y pendientes que tenía se resolvieron de inmediato. Solo había sido una confusión de papeleo y mis telas estaban en la central de los distribuidores, ahora solo era cuestión de que me las trajeran.

Me tumbe en mi enorme silla giratoria cerrando un poco los ojos. Había sido una mañana agotadora. Los pleitos, las confusiones, el encuentro sorpresivo con Emmett, y los recuerdos, empezaban a hacer meollos en mi estado emocional.

No sé bien cuanto tiempo me la pase así, hasta que sentí unas grandes manos haciéndome un masaje. Espera, ¿haciéndome un masaje?

Me levante de golpe algo asustada y quien tenía enfrente de mí no me lo esperaba. Sin duda las sorpresas en este día no terminaban.

—Hola preciosa, ¿me extrañaste?

—Diego, —Salte a sus brazos. Claro que lo había extrañado. Aunque nuestra relación no era de lo más normal, le apreciaba y sentía un cariño especial por él. —Claro que te extrañe, niño.

—Eso me pone muy feliz. —Y me beso. Había extrañado sus besos por más raro que sea. Diego me hacía sentir segura cada que me besaba.

Parte de la mañana nos la pasamos platicando, poniéndonos al día de lo que había pasado hasta el momento en nuestros viajes. A Diego le encanto el sofá que se encontraba en mi oficina por lo que pedimos unos cafés y unas galletas mientras llegaba la hora de la comida.

Ambos nos colocábamos nuestros abrigos para salir a algún restaurante cuando un escándalo procedente del pasillo nos desconcertó.

—¿Qué estará pasando? —Pronuncio Diego.

Pero no hubo tiempo de contestar, pues mi puerta se abrió, revelando de donde procedía el escándalo.

Ángela venia tras Jasper, quien sin llamar a la puerta había entrado a mi oficina con demasiada confianza para mi gusto. Dicho. Este día aun me tenía muchas sorpresas.

—Alice. —Dijo en un susurro haciendo que cerrara mis ojos aguantando el golpe a mi corazón.

—Señorita Cullen yo se lo juro que quise impedir su entrada, pero se me adelanto, no pude detenerlo.

Ángela estaba muy agitada y su habla era demasiado rápido para mi gusto. —No te preocupes Angie, vuelve a tu puesto, yo me encargo del Señor Hale.

No pude evitar la mueca que realizo Jasper al llamarlo por su apellido, ni el gesto que hizo Diego al conectar el apellido con lo que yo le conté.

—Diego…. —Dije sin más una vez que Ángela se retiro. —Te presento al Señor Jasper Hale. Jasper, te presento a Diego Lydon, —Ambos estrecharon sus manos. —Mi novio.

Y justo en el momento en el que dije esas dos palabras, la tensión de hizo palpable.


Muy bien chicas, Tenemos nuevos personajes y situaciones, ¿Qué les pareció? ¿Odian a Bella y a Edward? ¿Odian a Alice? ¿A Jasper? ¿Quizás a Diego? No los odien, todos son víctimas de su propia realidad y de mi mente retorcida.

Perdonen por la tardanza, pero como dije arriba, me quede sin internet unos días.

Espero sus Reviews con sus opiniones.

Nos vemos pronto.

Besos

Luna.