5.- Espinas.

A primera hora de la mañana del lunes siguiente, Ginny, después de compartir un intenso entrenamiento junto a sus compañeras de las Holyhead Harpies en las instalaciones del equipo, regresó a los vestuarios rápidamente y sin esperar a las demás, agotada, pero no lo suficiente, como habría deseado, para que su mente no andase revuelta todavía con la noticia estrella de aquel día en la revista Corazón de Bruja: "Cho Chang, única y magnífica heredera del imperio empresarial creado por su padre,—el magnate de los negocios que ha hecho su fortuna mediante la comercialización de pociones prefabricadas, Huang Chang—, fue sorprendida ayer en una de las más selectas y prestigiosas boutiques de moda del Londres muggle más exclusivo y elegante, eligiendo el vestido de boda que lucirá en su inminente enlace con el heroico, guapísimo y triunfador Harry James Potter, flamante Director del Departamento de Seguridad Mágica del Reino Unido. Aunque todavía la famosa pareja no nos ha proporcionado una fecha para la boda, preguntada ayer la señorita en cuestión, ella nos ha insinuado que esta podría celebrarse dentro de un mes, si no menos".

El artículo que tanto le había perturbado continuaba con una sarta de especulaciones sobre el empresario Huang Chang, sobre la boda y sobre la vida personal de Cho y de Harry, bien surtido de un montón de fotos de la rica y poderosa morena, a solas o rodeada de sus mejores amigas, mientras "nadaban" entre un montón de vestidos de boda pertenecientes a una de las mejores firmas de la alta costura mundial.

— ¡Maldito Harry! —gritó para sus adentros, enfurecida—. ¡Y maldita yo! ¿Por qué demonios no he dejado de pensar en ti ni un puñetero día de mi vida, si eres la peor persona que una puede echarse a la cara? — Apretó los puños con fuerza, mientras caminaba, furiosa, sin atender realmente a su camino, intentando liberar todo el dolor y la rabia que el esfuerzo físico no se había llevado consigo. ¿Por qué —¡Demonios del infierno! — vas a darle a ella lo que no quisiste darme a mí? ¿Qué te hice yo para que deseases no tener jamás un hijo conmigo y ahora "te mueras" por tener "decenas" de hijos con ella, como pregonas a diestro y siniestro en todos los periódicos mágicos del país?

— ¿Puedo preguntar a quién se refiere? — Una voz masculina, atractiva y bien modulada, se hizo escuchar frente a ella por sorpresa.

Inmediatamente, Ginny dio un respingo acompañado de un salto involuntario que apunto estuvo de hacerle caer; no se había dado cuenta de que la última pregunta la había pronunciado en voz alta, llena de amargura; y muchísimo menos de que, si hubiese continuado caminado sin haber sido alertada de su presencia, se habría dado de bruces con el hombre que parecía andar, a su vez, a su encuentro. Él, sin embargo, había frenado en seco, al escucharle, y le observaba fijamente desde la corta distancia que aún los separaba; no había intentado impedir su caída. Ella hizo valer su espléndida forma física para no darse de bruces con el duro suelo, aunque no pudo evitar parecer, por un momento, un pajarillo tratando de emprender su primer y torpe vuelo.

— Eso no es de tu incumbencia, "heroico, triunfador y flamante Director del Departamento de Seguridad Mágica del Reino Unido" —ella respondió al hombre en tono acusador, clavando en él una mirada asesina, una vez recompuesta. Se olvidó premeditadamente de la palabra "guapísimo", como rezaba el maldito artículo que había leído aquella mañana, nada más recibir la edición semanal de la revista Corazón de Bruja, pues lo último que habría deseado era parecer interesada por él en ningún sentido.

Harry James Potter enarcó una ceja, gesto característico en él cuando recibía una respuesta inesperada, o que no le cuadraba en absoluto; y aquella, acompañada de la pregunta que acababa de escuchar hacía tan sólo un momento, había hecho saltar todas sus alarmas.

— Oh, sí lo es, cuando es más que probable que el incidente acaecido hace tres días en el estadio de quidditch esté directamente conectado, al menos en parte, con una posible relación amorosa entre usted y Merlín sabe quién; y de la que usted va a ponerme al tanto inmediatamente, si quiere que mi Departamento impida que este se repita— él afirmó, autoritario, haciendo gala de su mayor frialdad.

Ginny lo miró con los ojos como platos, atónita.

— ¿De qué demonios me estás hablando, Potter? —preguntó a su vez, de malos modos, insistiendo en tutear al auror, como un modo de provocar su ira, a pesar de que este había dejado bien claro que no estaba dispuesto a hacer lo mismo con respecto a ella.

Por toda respuesta, él alargó a la pelirroja un trozo de papel doblado por la mitad, que ella se negó a coger.

— Puede cogerlo con tranquilidad; no oculta huellas dactilares, ni veneno de ningún tipo; El Cuartel General de Aurores ya se ha encargado de analizarlo a conciencia. Es un anónimo llegado al Ministerio de Magia, a mi nombre, esta misma mañana—él explicó —. "Morirás si vuelves a intentar frustrar mis planes, Potter; y ella morirá si no se doblega a su único destino, que es pertenecerme. Su nuevo equipo la repudiará, el Reino Unido por completo la odiará y el mundo entero la hundirá, si ella no se aviene a brillar bajo mi luz; su vida y la de todos sus seres queridos se convertirá en un auténtico infierno si ella no me entrega su alma; como debió haber hecho desde un principio". —leyó en voz alta, clara y firme.

Ginny le arrebató el anónimo de las manos y lo releyó una y otra vez, incrédula. Por un momento, temió conocer el origen de aquella amenaza, aunque le pareció imposible que las cosas hubiesen llegado tan lejos; y desechó la idea con rapidez.

— ¿Por qué has supuesto que se refiere a mí? — ella quiso saber. Una punzada en su corazón le hacía sentir que él no se equivocaba al suponerlo; pero se empeñó en desecharla también.

— Ninguna de sus compañeras es nueva en su equipo; y tampoco lo es ninguna de las jugadoras del equipo de los Cannons—él explicó sin ofenderse. — El sabotaje perpetrado al partido de quidditch el pasado viernes no tenía por objeto más que sabotear la presentación de usted como nueva estrella del quidditch inglés; y de paso, llevarse unas cuantas vidas de espectadores inocentes por delante; a pesar de que esto último, gracias a mis hombres, no se consiguió. Así que se lo preguntaré una vez más: ¿qué loco se ha traído usted de Canadá, o cree que ha abandonado allí, capaz de hacer lo que hizo el pasado viernes, y mucho más, si no consigue lo que quiere de usted? ¿O debo buscarle en artículos de los periódicos del país, tal y como le he escuchado a usted decir hace unos momentos? ¿Es inglés, entonces?

— ¡Yo no he traído a nadie! ¡Ni he dejado a nadie! ¡Ni estoy con nadie! ¡Soberbio arrogante! —le gritó sin contemplaciones, ofendida—y pasó por delante de él hacia el vestuario como una exhalación, cuidando de que su piel no rozara con la de él ni un milímetro siquiera.

Una vez se hubo quedado solo, Harry exhaló con frustración; decidió que daría a la mujer unos minutos para que desinflase el ataque de indignada ira que ella misma había desatado. Pero necesitaba una respuesta e iba a lograrla, y ya no por ella —aunque tenía bien claro que su Departamento debía protegerle de todo mal, de todo ataque, como a cualquier ciudadano mago o bruja del Reino Unido— sino por las miles de vidas que habían corrido peligro en el estadio, y que podrían volver a hacerlo en la próxima ocasión, incluso sufrir un ataque, si el Departamento de Seguridad Mágica no lograba atrapar a tiempo al demente, o dementes, que habían maquinado aquella agresión.

Ginny entró en los vestuarios del equipo como alma que lleva el diablo; agradeció que las demás jugadoras se hubiesen entretenido jugando un pequeño partido de entretenimiento en el que ella se había negado a participar, porque no se sentía capaz de disimular la infinita turbación que le había producido la presencia de Harry allí; y mucho más la dura y alarmante conversación que ambos habían mantenido; —bueno, que él ha mantenido, se dijo para sus adentros; porque lo que tú has hecho no ha sido más que gritarle y ser agresiva con él. ¿Y qué? Puede que ahora no, pero se lo ha ganado con creces—. Pero hubo de aceptar que en esa ocasión él tan sólo intentaba ayudarle, nada más; y ayudar a las miles de personas que, si fuese cierto lo que acababa de contarle, podían haber sufrido por su culpa.

Un profundo sentimiento de egoísmo había comenzado a abrirse paso entre toda la frustración y la irá que había sentido, mientras comenzaba a despojarse de las protecciones que llevaba sobre el uniforme de las Harpies, cuando al mirar a una de las paredes, distraída, casi se le paró el corazón: alguien, sin duda aprovechando que la totalidad del equipo se hallaba en el capo entrenando y que ninguna medida de seguridad había sido adoptada allí, se había colado en los vestuarios y había escrito en letras grandes y mayúsculas, de un rojo ferruginoso que parecía sangre: "BRILLARÁS A MI SOMBRA; O MORIRÁS".

No sabía si era sangre realmente el material usado para escribir semejante amenaza, pero no se acercó a la pared para intentar comprobarlo; en cambio, corrió hacia su taquilla movida por un impulso —no sabía bien si para hallar algo con qué borrar aquella aberración, si para encontrar algo que le diese cierta "seguridad" con la que reponerse antes de correr hacia el equipo para alertarle de su hallazgo, o simplemente como primera opción para alejarse de ello—abrió la puerta de su taquilla con ímpetu, a pesar de sus manos temblorosas, y nada más hacerlo, el horror que se presentó ante ella arrancó un alarido histérico de su garganta. Las lágrimas inundaron sus ojos en una marea incontrolable, y se tapó la cara con las manos, incapaz de continuar viendo aquel horror; se dio la vuelta con ímpetu e intentó correr bien lejos de allí, a pesar de que no era capaz de ver nada en absoluto. Se hubiese dado de bruces contra la pared más cercana, si unos brazos fuertes no la hubiesen sostenido y una calidez que transmitía toda la serenidad que a ella le faltaba no se hubiese apoderado de su alma. Durante unos segundos, sollozó como una niña pequeña y desvalida, mientras Harry, quien la arropaba entre sus brazos, contemplaba, lleno de asco y de indignación, la macabra escena que se mostraba ante ambos.

Alguien había decapitado un augurey, o fénix irlandés, como era comúnmente conocido, lo había desmembrado, y se había dedicado a sujetar cada parte del mutilado cuerpo, cabeza incluida, en la parte interior de la puerta de la taquilla de Ginny, en una postura macabra y obscena. Y con parte de la sangre derramada, que yacía salpicada por doquier, había escrito bajo él: "MORIRÁS, PEQUEÑO FÉNIX", sin duda refiriéndose a la jugadora.

—Vámonos de aquí– Harry pidió a Ginny, intentando obligarle a caminar para que le acompañase fuera de los vestuarios, sin dejar de protegerla entre sus brazos.

—Hay una infinita crueldad en lo que han hecho, Harry; un infinito sadismo—ella respondió, entre sollozos.

—Lo sé. Pero te juro que nadie te dañará, Ginny; yo no lo permitiré—él dijo con voz firme; aunque su corazón sangraba por una nueva herida, una más. —Salgamos—repitió; y por fin ella se dejó llevar, abrazada aún a él con todas sus fuerzas.

Una vez se hubieron encontrado totalmente fuera del edificio, Harry estrechó a la chica en un último abrazo y después la soltó suavemente; la tomó por la barbilla e hizo que ella lo mirase directamente a los ojos.

—Esto déjamelo a mí, Ginny—dijo con autoridad, pero con voz tranquilizadora— ¿Te encuentras mejor?

Sin que ella pudiese responder, ya todas sus compañeras de equipo, incluso el entrenador, habían rodeado a ambos, alarmados por el estado lamentable que parecía mostrar la jugadora.

—¿Qué ha pasado? —Winona Wood abrazó a Ginny nada más llegar, protectora, intuyendo que algo terrible había sucedido a su compañera.

—¿Estás bien, Ginny? —Harry preguntó una vez más, insistente.

—Sí, Harry; no te preocupes. Ha sido tan sólo el susto. Ese pirado ha insinuado que la próxima vez hará lo mismo conmigo—ella afirmó, ya más serena.

—Te juro que nadie te dañará—él repitió con firmeza, clavando su mirada segura en los ojos de ella. Muy a su pesar, Ginny asintió, conforme, pues aunque habría deseado odiarle con todas sus fuerzas, por traidor, había descubierto que seguía confiando en él, como siempre había hecho hasta que escuchó de sus labios aquellas malditas frases, el día en que, por ello, había decidido abandonarle.

—Que nadie, absolutamente nadie, entre en ese edificio—ordenó a todos los allí reunidos, con voz tajante.

—¿Pero qué demonios ha sucedido? —Live Meier, la capitana, exigió saber.

—Alguien ha dejado una amenaza contundente contra la señorita Weasley en los vestuarios—Harry se limitó a responder—. Y aunque no creo que exista peligro inminente, ni para ella ni para el resto del equipo, es necesario que un grupo de aurores examine, documente y retire dicha amenaza antes de que nadie de ustedes pueda regresar a él. También nos encargaremos de disponer las medidas protectoras necesarias para prevenir que ese lamentable acontecimiento se repita; o cualquier otro de índole amenazadora.

—Pero si han puesto patas arriba el vestuario, yo debo limpiarlo y adecentarlo—el viejo señor Lyren Meier, el utillero que el equipo había tenido desde hacía más de dos décadas, declaró, con voz lastimera.

—Tranquilo, señor—Harry dirigió al hombre una mirada amable—; también nosotros nos encargaremos de eso—le aseguró. —Yo voy a custodiar el recinto hasta que mis hombres reciban el mensaje de alerta y se hagan cargo de la investigación. En cuanto ellos la asuman, yo me marcharé—informó al entrenador del equipo, quien asintió, conforme—. Sugiero que, por el momento, todo el mundo se marche a su casa, excepto usted, por si mis hombres le necesitan para que les aclare alguna cuestión sobre las instalaciones, y Ginevra, con quien necesito mantener una breve conversación. Y que se suspenda toda actividad del equipo hasta nueva orden.

— ¿Tan grave es? —el entrenador quiso saber, más y más preocupado por momentos.

—Al menos, puede llegar a serlo. Y el Departamento de Seguridad Mágica no expondrá a ningún mago o bruja a riesgo alguno de un modo consciente.

—Ya habéis escuchado al Director del Departamento de Seguridad Mágica, chicas. Marchad a casa; yo mismo os convocaré para el próximo entrenamiento en cuanto este lamentable suceso haya terminado—el entrenador ordenó a sus jugadoras—; también usted, Sr. Meier. — El utillero rezongó algo por lo bajo, pero acató la orden de su superior, así como las demás jugadoras.

Winona Wood no se marchó sin antes volver a dar un abrazo de apoyo a su nueva compañera, que la pelirroja agradeció desde lo más profundo de su corazón, pues necesitaba alguien cercano, una amiga, en quien apoyarse.

—Voy a recoger y guardar las pelotas de juego; si me necesita, estaré al otro lado del campo—dijo a Harry, y se marchó, intentando dar toda la intimidad posible a la conversación que el auror iba a mantener con su nueva jugadora estrella.

— ¿Vas a contarme de una vez a quién debo buscar, Ginny? —Harry preguntó a la chica, traspasándola con una mirada severa, una vez los demás se hubieron marchado.

— En serio, Harry; no sé quién ha podido ser tan vil como para hacer todo esto—ella respondió, destrozada.

—No lo sabes, pero lo sospechas—él dijo con voz acusadora, sin dejar de traspasarla con la mirada. Ginny se negó a responder—. La vida de tus compañeras, de tus seguidores, de tus seres queridos, está en juego—le recordó sin compasión. Volveremos a hablar de esto. Por el momento, en cuanto me releven aquí, voy a acompañarte a casa de nuevo; no puedo poner en riesgo tu vida. Ella asintió, derrotada; no se sentía con fuerzas para continuar oponiéndose al sentido común que el auror había mostrado en todo momento.

—Llévame a La Madriguera, por favor, Harry—ella pidió finalmente. — El hombre la miró con ojos desorbitados pero asintió, conforme.

Sin decir una palabra más, Harry se encargó de hacer llegar al Cuartel General de Aurores un mensaje solicitando que cuatro de sus mejores hombres se personasen en el campo de entrenamiento de las Holyhead Harpies; y en cuanto estos llegaron y les dio las órdenes e indicaciones oportunas, usó su diestra capacidad de traslación para que él y su protegida se hallasen ante la puerta de La Madriguera en cuestión de segundos. Al llegar, hizo sonar sus nudillos contra la vieja puerta de madera que tan bien ambos conocían, sin pensarlo dos veces; cuando Molly Weasley abrió la puerta, le dedicó una maternal sonrisa.

—Hola, pequeño—lo abrazó con cariño.

—Hola, Molly—la abrazó también, y le dio un pequeño beso en la mejilla. —No puedo quedarme, pero vengo acompañado de alguien a quien seguro que usted está deseando ver.

— ¿Quién, hijo? —ella quiso saber, curiosa. Fue entonces cuando Ginny se hizo notar; había permanecido oculta discretamente tras la espalda de Harry, sintiendo cómo todo su cuerpo temblaba, lleno de moción; y el auror había sabido darse perfecta cuenta de ello, así que, sin preguntar, estaba actuando como intermediario para suavizar la situación.

Molly, al reconocer a su hija menor, casi se vio obligada a dejarse caer sentada en el suelo por la fuerte impresión; pero Ginny se apresuró a sostenerla, sin dejar de sonreír. Inmediatamente, madre e hija se estrecharon en un fortísimo abrazo, lleno de sentimientos.

—Veo que mi presencia ya no es necesaria aquí—Harry anunció con voz suave—. Aquí existen poderosas medidas de seguridad para proteger a todos los miembros de la familia, así que estarás bien; pero Ginny, te ruego que, cuando desees regresar a tu casa, pidas que alguien te acompañe allí; o si no es posible, avísame y yo te acompañaré; evitemos que, en la medida de lo posible, te halles sola; al menos por el momento. Y ve pensando en que dotemos a tu propio hogar con las mismas medidas de seguridad de que disfrutan tus padres.

—Gracias, Harry, lo pensaré; no será necesario que me escoltes; alguno de mis hermanos, o mi padre, me acompañarán de regreso a casa.

Él asintió con un leve movimiento de cabeza, y dedicando una cariñosa sonrisa a Molly, se marchó. Ginny no pudo evitar emitir un hondo suspiro, sin darse cuenta, sintiendo que Harry acababa de irse y ya lo echaba de menos.

—Por fin todas mis plegarias han sido escuchadas—Molly dijo con pasión, agradecida, sin dejar de abrazar a su querida hija—. ¿Pero cómo tú aquí? ¿Y con Harry? No puedo salir de mi asombro. Pero pasa, hija, pasa; esta es tu casa.

—Gracias, mamá. No sé por dónde empezar—Ginny afirmó, preocupada.

—Empieza por donde quieras; Ron ya nos ha avisado, a tu padre y a mí, de que vendrías, pero no te esperábamos hasta esta tarde. — Incluso ya ambas acomodadas en uno de los sofás, Molly se negó a dejar de abrazarla. Y en el fondo, a Ginny le encantaba. —Tu padre se morirá de alegría cuando te vea. Él está trabajando en el Ministerio de Magia en este momento; ¿vas a quedarte a esperarle?

—No puedo, mamá; ahora tan sólo he venido para avisaros de algo… ¡Por Merlín! ¡Acabo de llegar y no hago más que causaros problemas!

— ¿De qué estás hablando, hija? —Molly la observó, mudando su semblante alegre por otro preocupado—. ¿Qué sucede? ¿Está relacionado con Harry? ¿Por eso él estaba aquí, contigo?

—En parte. Tengo miles, millones, de cosas que contaros; pero lo que más me urge es poneros en alerta: desde que he comenzado a jugar en las Holyhead Harpies, algún loco se ha empeñado en hacerme la vida imposible; incluso ha llegado a amenazar con hacer daño a mis seres queridos. Eso es lo que he venido a pediros, mamá, que os protejáis; ya tendremos tiempo de ponernos al día; pero lo principal es vuestra seguridad.

— ¿De qué me hablas, pequeña? ¿Quién se ha atrevido a amenazar a mi hija querida? ¡Como yo le ponga la mano encima, va a saber lo que es bueno! —la mujer sentenció con indignación. Ginny no pudo evitar abrazarse a su madre de nuevo con todas sus fuerzas, y comenzó a llorar, emocionada.

—Os he tenido abandonados durante casi cinco años, y cuando regreso, lo primero que encuentro es todo tu cariño. ¡Gracias!

— ¿Pero qué dices, mi niña? Esta es tu casa, nosotros somos tu familia; aquí siempre serás bienvenida, así tardes en venir cinco años o cincuenta— acarició el pelo de su hija con la mayor de las ternuras—. Y sin dar explicaciones que no desees dar.

— ¿Ron te ha contado la conversación que él y yo mantuvimos ayer? —quiso saber, avergonzada.

— Tranquila, hija; nadie en esta casa va a presionarte. Lo único que queremos es saber de ti, apoyarte. No necesitas marcharte de nuevo para hacer lo que quieras con tu vida; eres una mujer hecha y derecha.

—Eso pensaba yo; pero al regresar, nada está resultando ser como yo esperaba.

—Bueno… A veces, eso es lo bonito de la vida—volvió a acariciarle el pelo con deleite, enternecida.

¿Qué tenía de bonito que el hombre más odioso del planeta, pero el único hombre al que amaba y al que, probablemente, amaría nunca, se mostrase como su más fuerte vínculo con la seguridad en sí misma, el equilibrio y la cordura? —se preguntó para sí, sintiéndose perdida. En aquel momento, se dio cuenta de cuantísimo había extrañado los abrazos de su madre y sus buenos consejos; un motivo más que la acercaba a la conclusión de que, el haberse marchado del Reino Unido tal y como lo había hecho, no fue más que un tremendo error.

—Quizá sí me quede para ver a papá; en casa no me esperan hasta principios de la tarde—declaró sin pensar.

— ¿Te esperan? — Molly no pudo evitar preguntar; se había prometido que ninguna pregunta saldría de sus labios, pero aquella frase de su hija le había dejado completamente intrigada. ¿Tendría novio, quizá? Ginny le dedicó una pequeña mirada de reproche, pero no dijo nada; y su madre tampoco le reclamó una respuesta.

—Voy a salir a dar un pequeño paseo, mientras papá regresa a comer—respondió, en cambio.

—Pero Harry ha dicho…

—Harry no tiene porqué enterarse—le dedicó una sonrisa cómplice—. Además, nadie sabe que estoy aquí; él me ha traído directamente usando ese maldito poder que siempre ha controlado como el mejor: la traslación. Y no, no me líes con Harry—silenció la próxima pregunta de su madre, que había intuido claramente—; él me está protegiendo por el tema que te he comentado, del pirado que se dedica a hacerme la vida imposible; nada más; sabes perfectamente que yo le dejé hace cinco años porque no quiero saber nada de él; y que él ahora va a casarse con Cho. Fin del asunto.

—Está bien, si es lo que quieres.

¿Lo que quiero? — Ella pensó con ironía—. Lo que quiero es que él me jure que me ama, y que ama a nuestro hijo; que para él no existe en el mundo nada más importante que nosotros dos; o que él, al menos; exactamente lo que jamás va a suceder. Así que dejemos las cosas como están.

—Gracias, mamá; nos vemos dentro de un ratito—abrazó a su madre una vez más y se puso en pie, caminó hasta la puerta y salió por ella con paso decidido. Necesitaba un poco de tiempo para asimilar todo lo sucedido aquella misma mañana, incluido el inesperado reencuentro con su madre; y sabía que ella, a pesar de el infinito cariño y perdón que le había demostrado de un modo tan incondicional, lo necesitaba también.

Tampoco nadie, o al menos creía estar segura de ello, conocía su actual domicilio, y muchísimo menos la existencia de su hijo; por lo que James, al menos por el momento, estaría a salvo, siempre que ella fuese capaz de llegar o marcharse de su hogar con la mayor discreción posible; tal y como había hecho Harry.

Era perfectamente consciente de que, desde su primer reencuentro con el auror, el profundo agujero de negrura que la distancia entre ambos le había dejado, se había agrandado de un modo exponencial; sentía un vacío terrible, desolador, que tan sólo él era capaz de llenar, sin siquiera sospecharlo, cada vez que ambos se encontraban. Se dijo que debería aprender a vivir con ello, porque no estaba dispuesta a evitar la presencia de Harry de un modo premeditado —su orgullo y dignidad se lo impedían—; aunque el tema de James era otro cantar; con el tiempo ella presentaría al niño a su familia materna —se moría por hacerlo; imaginaba la inmensa felicidad que él llevaría a los maltrechos corazones de sus padres, que habían sufrido tanto por su culpa, aún sin pretenderlo—y si James los visitaba de vez en cuando, era más que probable que en una de esas visitas se diese de narices con la presencia de Harry, ya que él era uno más en la familia Weasley. Por eso ella se había marchado, porque todo, cualquier cosa, que supiesen los Weasley y que incumbiese a Harry, inmediatamente él iba a saberlo también. Y después de haber rechazado a su hijo, aún sin saber de su existencia, tal y como él lo había hecho, no estaba dispuesta a permitir que James sufriese humillación alguna por parte de su propio padre. Una vez revelase a su familia la existencia de James, les exigiría que ocultasen a Harry todo rastro de él, y que se comprometiesen a que, fuese como fuese y a costa de lo que fuese, o de quien fuese, él jamás supiese que existe. Esa fue su primera decisión tomada durante aquel paseo.

Últimamente había cogido el preocupante hábito de andar distraída, perdida en sus propios pensamientos de un modo tan profundo, que no se daba cuenta de lo que tenía ante sus narices, hasta que prácticamente se había topado con ello; eso mismo fue lo que le sucedió con un impresionante y majestuoso seto que, ella juraría que sacado de la nada, había aparecido justo delante suyo para impedirle el paso por completo.

¿Un seto aquí? ¿En medio de un pantano y casi de ninguna parte? —su mente inquirió, atónita. — Pero al mirar a su alrededor, comprobó que no era tan sólo un seto, sino toda una mansión impresionante y ajardinada, la que se mostraba ante ella, allá donde la mujer fuese capaz de abarcar con la vista. — ¿Quién será el loco que ha construido semejante edificio en un lugar como este? ¿Sería consciente, cuando lo hizo, del inmenso dineral que supone mantener todo este vergel en medio de un pantano? Seguramente, sí, porque no parece de ayer, precisamente. Hay cada loco por ahí suelto…—sentenció, riendo para sí.

Intentó marcharse por donde había venido, pero algo en aquel edificio, en el seto que le había cortado el paso, exactamente, la atraía sin remisión; una magia llena de promesas, de añoranza, de calidez… No era un hechizo que la obligase a continuar hacia él, a no marcharse; era más bien… necesidad, la que la impulsó a seguir, hasta toparse de frente con aquella maraña de hojas y ramas tan exquisitamente dispuestas.

—Me estoy volviendo loca—dijo en voz alta, buscando un atisbo de cordura—. ¿Qué hago aquí, pegada a un arbusto como si la vida me fuese en ello? ¡Si aquí no hay nada! — Acompañó aquella afirmación de un brusco gesto de su mano hacia delante para afianzarla, y cual no sería su asombro al comprobar que no hallaba obstáculo alguno para atravesarlo. Había hallado una especie de pasaje, sin pretenderlo, construido a través de la magia, sin duda, que prometía conducirle hasta lo que fuese que existiera del otro lado. ¿Iba a arriesgarse a comprobar qué era aquello que la atraía desde allí, cual canto de sirena? Indudablemente, sí; ella jamás había sido de las que se amedrentan por tan poco. Y en el fondo, se moría por comprobar qué llamaba su atención con tanto poder e insistencia.

Así que se lanzó hacia el pasaje que había hallado de un modo tan inesperado, sin preocuparse por el supuesto roce de hojas y ramas, que podían haber llegado incluso a desgarrar su piel, y su carne; pues de algún modo sabía que nada de eso iba a suceder, como así fue. Pronto se halló a la entrada de lo que parecía ser un idílico lugar plagado de…

— ¡Por Merlín! —gritó, emocionada. — ¡Son mis rosas favoritas! ¡Creía que ya no existen en toda Inglaterra! ¡Cuanta belleza reunida en un lugar tan pequeño! ¡Es como si estuviese soñando! ¡Esto es simplemente…! ¡Genial! El cenador en el centro, los coquetos banquitos rodeándolo, el inmenso seto protegiendo este prodigio… ¡Amo este lugar! —volvió a gritar como una niña rebosante de entusiasmo.

Paseó entre los magníficos rosales con cuidado de no aplastar la infinita variedad de flores, a cual más hermosa, que crecían alrededor de estos, acarició los pétalos de las rosas color perla, majestuosas, sin atreverse a cortar ninguna para quedársela como recuerdo, pues hacerlo le parecía un auténtico sacrilegio. Y sin darse cuenta, lloró; con cada roce de aquellos pétalos sedosos, con cada paso que daba entre ellos, con cada mirada a su alrededor… Todo allí evocaba una melancolía dolorosa, una tristeza infinita, una añoranza desgarradora… tales como las que acompañaban a su propio corazón día y noche, sin descanso, desde que había echado a Harry de su propia vida. Sintió como si aquel lugar fuese una prolongación de sí misma, un refugio para su propio corazón maltrecho. Pero algo le decía que había sido hecho para otro ser, para otro cuerpo y otra mente tan cercanos a los suyos… ¿Quién debía ser el propietario de aquella maravilla? Se moría por conocerlo.

Pasado un tiempo allí que sintió maravilloso, sus pasos erráticos la condujeron al mismo centro del jardín, al cenador; subió las escasas y gráciles escaleras que la llevarían al centro del pequeño y coqueto edificio, y al hacerlo, sintió tanta tristeza allí… Hubo de exhalar con fuerza para armarse de valor y no marcharse corriendo para dejar de sufrir. Toda aquella belleza no era más que una profunda y a la vez maravillosa pesadumbre. Ojalá fuese capaz de curar las heridas de la mente tan atormentada que había creado tan bello sueño… y de que esa mente curase las suyas propias. Había comenzado a desearlo tanto…

Algo, depositado en el suelo justamente en el centro del cenador, claramente con sumo cuidado, llamó poderosamente su atención: una bella rosa color perla, quizá la más bella entre la infinita belleza que en aquel jardín había hallado, yacía solitaria, pero supo que no abandonada. Y el corazón le dio un vuelco al sentir que era aquella preciosa flor, aquella rosa cortada, la que había reclamado no que ella la poseyese, sino poseerla a ella. Y sin pensarlo la tomó entre sus manos con delicadeza, aspiró su evocador aroma, acarició sus sedosos pétalos… la amó desde lo más profundo de su alma. Entonces, un sentimiento de repentina urgencia se apoderó de todo su ser, instándole a marcharse de allí fuese como fuese, y cuanto antes mejor. Por un instante, se planteó si abandonar de nuevo la rosa o llevársela con ella; pero la apretó contra su pecho, protegida por el hueco de sus manos, y la raptó; aquella maravilla había sido creada para ella. Mientras se alejaba de aquel mágico lugar como alma que lleva el diablo, supo que volvería; una y otra vez; lo haría.

En ningún momento se había dado cuenta de que, ocultos entre las sombras más oscuras del jardín, unos bellos y masculinos ojos del más puro color esmeralda, habían observado cada uno de sus movimientos con una mirada tan profunda como el infinito mar, atónitos, pero embelesados; acompañados de una agitada respiración incapaz de serenarse.

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A muchísima menor distancia de allí como Ginny y Harry hubiesen supuesto siquiera, y mucho menos hubiesen deseado, un hombre joven y bien parecido se retorcía ambas manos, nervioso, oculto en una vieja casita que, hasta hacía tan sólo un momento, podía haber sido suya; pero que en absoluto lo era. La poción multijugos que había hecho servir aquel mismo día le había abandonado mucho antes de lo esperado, lo que le hizo suponer que, como llevaba observando desde hacía tiempo, cada vez que la usaba sus efectos eran menos duraderos; un contratiempo que debería tener muy en cuenta, si no deseaba ser descubierto mucho antes de lo previsto.

—Has firmado tu sentencia de muerte, Potter—dijo, con la mirada fija en la nada.

—Y tú entrarás al redil, Weasley; con él fuera de combate, lo harás; no te quedará más remedio.

Una vez más, se concentró en revisar y comprobar el suministro de cabello que todavía le quedaba, procedente del cadáver que se pudría inexorablemente desde el sótano de la casi ruinosa edificación; no le quedaba demasiado; aquel viejo estaba más calvo de lo que en un principio había parecido—se lamentó.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Aquí estoy, con un nuevo capítulo que comienza a meterse ya de lleno en la historia y que va perfilando algunas respuestas a preguntas planteadas desde el principio, como porqué Ginny abandonó a Harry del modo en que lo hizo (falta saber el argumento de la otra parte implicada, jeje; no es oro todo lo que reluce); y hace su aparición estelar el supuesto "malvado" por primera vez. Pero... ¡Por fin! El gran protagonista es el jardín de los sueños rotos. Pienso dar bastante rapidez al fic, así que preveo que este no supere los once o doce capítulos.

Y lo más importante para mí, los agradecimientos:

— A Celtapotter por su review al anterior capítulo (no veas cómo te lo agradezco).

— A zafiro potter por haberse unido a la lectura del fic, por su review, y por esa pregunta que dejó en el aire (espero que tus dudas se vayan disipando ya, al menos en parte).

— A vulkaskull, por haberme dejado un review que me da tantos ánimos para continuar, y por haber añadido el fic a sus alertas.

— A Gelygirl, que sigue el fic desde el principio y que, como siempre me ha dejado un review al anterior capítulo (eres grande).

— A DevilHimeLily, por haber añadido el fic a sus favoritos y a sus alertas.

— A KamiiLupinBlack, por haber añadido el fic a sus favoritos.

— a Maria twilighter, por haber añadido el fic a sus favoritos.

— A willy 008, por haber añadido el fic a sus favoritos y a sus alertas.

— A Darkshion, por haber añadido el fic a sus favoritos y a sus alertas.

— A Holatu, por haber añadido el fic a sus favoritos.

— A dany16, por haber añadido el fic a sus alertas.

Y no me queda nada más que decir, excepto esperar que este capítulo os haya gustado lo suficiente como para que decidáis continuar leyendo el fic.

Hasta muy pronto.

Rose.