Disclaimer Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, la trama es únicamente mía. Queda prohibida la copia parcial o total de la historia.
Montengo24: No creo que Rosa y Jasper fueran a formar una pareja en el sentido más romántico que tú dices, pero bueno, es algo que veremos ahora.
Ly Rococo: Así es, es amiga mía. La amo mucho. Y bueno, es cierto que Alice merece ser feliz, pero bueno, no se me hace que sea algo limpio. Diego debió jugar limpio. Si te creo que hayas hecho eso con tus amigos, por cierto, feliz cumpleaños. Ya sé que ya fue pero el detalle es lo que cuenta, y este capítulo te lo dedico a ti.
Jupy: Eso es algo realmente complicado, pero como no le faltan muchos capítulos a la historia, pero los hare algo interesante.
Tarde por la Universidad.
Capítulo 8. Agua y Aceite.
Jasper POV
—¿Me harías el grandioso honor de permitirme ser tu esposo? ¿Quieres ser mi esposa?
Todos, incluida Rosa y yo, jadeamos de sorpresa. Diego me había dicho que no jugaría limpio, pero no pensé que fuera a hacer eso. El bastardo supo dar un buen golpe, solo esperaba que mi Allie dijera que no.
Mire el rostro de mi pequeña diseñadora, y no había más que sorpresa en su faz. Ella tampoco se esperaba esto. Rosa tomo mi mano bajo la mesa con una clara intensión de que me calmara, no sé qué expresión tenía en este momento pero no debía ser una agradable. Mire a mi amiga y su angustia se veía reflejada en sus ojos, devolví la vista a mi pequeña aferrándome a mi esperanza.
—Entonces, ¿qué dices princesa?
Se notaba que Diego estaba igual que yo esperando la respuesta.
Alice miro hacia el público y sin dar explicación salió corriendo por el escenario. Un sonoro respiro se escucho por toda mi mesa. Mis amigos y yo lo habíamos contenido a expensas de esa respuesta, por ahora, estaba claro que Alice no había negado la propuesta, pero tampoco la había aceptado.
Diego corrió tras Alice, y Charlotte, junto con Rosmmy en brazos dieron por concluido el desfile e inicio la after party. Rosalie se levanto para ir por Rosmmett.
—Eso estuvo cercas. —Rosa soltó mi mano y me fije que se la había dejado en un tono rojizo de tanta fuerza que ejercí en ella.
—Perdona.
Negó inmediatamente. —No es nada, güero.
—Creo que deberías ir a buscar a Alice, —La voz de Rosalie atrajo mi atención. Arrullaba a Rosmmy que poco a poco empezaba a adormecerse. —Según escuche, está encerrada en un camerino y ni Diego ha podido lograr que le abriera.
—¿Crees que a mi si me quiera abrir? —Pregunte dudoso.
—No pierdes nada con intentarlo, —Me sonrió Emmett tomando la mano de su mujer. —¡Anda, Ve!
Mire a mi amiga y le sonreí a medias. —Perdón por dejarte a solas.
—¡Blah! ¡Pamplinas! —Hizo ademanes con la mano. —Iré a ver que me encuentro por ahí, después de todo, esto es una fiesta.
Bese su mejilla y le susurre unas gracias. Enseguida salí corriendo hacia los vestidores. No me costó trabajo encontrar donde era que Alice se había encerrado. Todas las modelos y Diego mismo se encontraba alrededor de esté.
—Alice, preciosa, ábreme la puerta por favor. —Decía Diego pegado a la puerta mientras tocaba al mismo tiempo. —Vamos a hablar.
No obtuvo respuesta alguna.
Apreté mi mandíbula y cerré mis manos en puños a tal grado de que mis nudillos se pusieron completamente blancos. La rabia crecía dentro de mí hasta que fije mi mirada en la puerta blanca. Alice se encontraba mal, y yo egoístamente solo pensaba en mí y en todo el rencor que sentía por ese que se decía novio de Alice.
No sé a ciencia cierta lo que paso, pero el enojo y la frustración que sentía por Diego desaparecieron momentáneamente. Poco a poco las modelos y encargados empezaron a despejar el camerino.
—Alice, ¡por favor ábreme! —Lamentaba Diego aun en la puerta.
—Con eso no lograras que te abra.
Lydon de enderezo completamente, recuperando la expresión que tenía en el rostro.
—¿Tu qué haces aquí? —Espetó—.
—Me entere de que Alice estaba encerrada y vine a ver en que podía ayudar.
—¡No necesitamos tu ayuda! —Me grito Diego adelantándose unos cuantos pasos. —Ya debes de estar muy feliz, ¿verdad?, Alice no ha aceptado mi propuesta de matrimonio.
—A decir verdad, si me alegra. —Rasque mi frente caminando el mismo número de pasos que había dado Diego. —Pero tampoco me pone muy feliz que digamos, conozco a Alice y que haya salido corriendo no quiere decir que ya te dijera que no. Eso es lo que realmente me molesta.
Una risa hosca salió de la garganta de mi enemigo número uno. —¿Te das cuenta de que me estás dando esperanzas de que Alice, al fin de cuentas, acepte ser mi esposa?
—No, Diego, no te confundas. —Le sonreí— Te estoy diciendo que Alice es muy volátil, tendrías que conocerla muy bien como yo para saber que puede cambiar de opinión, cualquiera que sea su respuesta, así como se que por más que le toques la puerta y le digas palabras lindas, ella no abrirá esa puerta.
—¡¿Tienes un mejor plan, genio?! —Enarco una ceja.
Sonreí. —La verdad sí, pero necesito que te largues.
—Nunca. —Dijo firme—.
—¿Tienes miedo de que te robe a Alice?
Sus ojos se entrecerraron con sospecha y sus labios se tensaron hasta hacerse una fina línea. Debo admitir que esta clase de cuestiones y sus consecuencias en la mente de Diego, me hacían llenarme de regocijo.
—Alice no se iría jamás contigo.
—¿Entonces de que te preocupas? —Disimule mi disgusto. —Lárgate.
Él todavía dudo un momento, pero al final vi su indecisión de irse o no. Dio media vuelta y pronuncio:
—Estaré cerca, Whitlock.
Estaba de más decirle que eso lo sabía, así que espere a perderlo de vista, voltee y suspire. Esto no era nuevo, Alice lo hacía cuando vivíamos en Forks, y siempre era yo quien lograba sacarla de su escondite.
Camine hasta la puerta y me senté en el suelo recargándome en ella. Toque dos veces. Era como volver al pasado, cuando Alice y yo éramos unos adolescentes y nadie se imponía entre nosotros, más que esa puerta que nos separaba.
—Alice… —Hable suavemente. El sonido de la fiesta se escuchaba a lo lejos, por lo que no me preocupo mucho que Alice me escuchara. Incluso sabía que Alice había escuchado claramente lo que Diego y yo hablamos. — Soy Jasper, ¿Estas escuchándome?
Espere unos minutos cuando, desde adentro, se escucho un toque en la puerta. Sonreí instantáneamente. Así de fácil era nuestro método de comunicación.
—¿Puedo entrar? —Dos golpes sonaron casi inmediatamente. Eso era realmente lo que esperaba.
—¿Te sientes mal? —Tres golpes dudosos sonaron en la puerta. Uno golpe, sí; dos golpes, no; tres golpes, no sé. Alice no sabía si se sentía bien o no.
—Yo tampoco sé si me siento bien o mal, pero quisiera poder platicar contigo. —Insistí. —¿Puedo entrar? —Esta vez ningún golpe se escucho. —Prometo no decir algo que te incomode, solo quiero platicar contigo, como cuando solo éramos amigos en Forks, ¿Recuerdas?
Un golpe.
—¿Entonces puedo entrar? —Otro más.
Mi sonrisa se ensancho y me levante. Espere unos minutos antes de comprobar realmente si la puerta podía abrirse o no. Pero cuando lo intente, estaba abierta.
—Voy a entrar. —Dije en voz alta avisándole. El camerino estaba como si nadie estuviera dentro, solo yo, aunque en un pequeño sofá estaba el abrigo de alguien, y en un perchero junto al closet estaban pequeños accesorios.
El closet. Ahí estaba Alice. Camine lentamente y me senté en el piso, recargándome en la pared junto a la puesta de esté. No dije nada, me tome mi tiempo, toda la habitación olía a Alice, ese perfume a rosas que siempre usaba. Cuando estuve a punto de hablar, ella lo hizo primero.
—¿Qué haces aquí?
Esa pregunta me había sacado de balance.
—Tú me invitaste Alice. —Conteste algo confundido.
—No, yo no te invite. Solo invite a Emmett y a Rosalie, y rigurosamente le pedí que no te comentara nada.
Eso había sido un golpe muy duro, por lo que no respondí. Me daba cuenta que Diego había sido quien me mando la invitación a nombre de mi pequeña. Todo este plan de que asistiera y viera que le pedía matrimonio a Alice había sido su idea.
Alice se había dado cuenta de lo mismo. —Me... me gustaron tus rosas. Gracias.
Eso me había hecho curar un poco, las heridas que tenia. —Ese era el propósito.
El silencio se hizo presente de nuevo.
—Alice, ¿puedo hacerte una pregunta?
—Ya la hiciste. —Eso hizo que me riera un poco—.
—Sí, pero me refería a otra. —Me acomode en mi lugar. —Es algo que quiero saber.
—Adelante.
No dije nada inmediatamente. Sabía que era lo que quería preguntar, pero la respuesta quizás me dolería demasiado.
—Tu… —suspire— Lo que te pregunto Diego… ¿Aceptaras ser su esposa?
Le di su tiempo, aunque cada maldito segundo que pasaba me estaba matando lenta y dolorosamente. Hasta que al final la escuche suspirar.
—Eso aun no lo sé. —Solté el aire que había retenido. —No estuvo bien que Diego me haya preguntado eso delante de todos, y menos en un evento de suma importancia para mí, como lo es el desfile de caridad. La presión de todas sus miradas, esperando a que dijera un "sí" me hizo huir despavorida.
—Alice… no aceptes. Yo aun te amo.
—Jasper no empieces. —Me contesto en un susurro.
—Está bien, no diré nada, pero al menos deja que te explique cómo pasaron las cosas. Quiero que sepas que quiero estar contigo.
—¿Para qué Jasper? Yo ya no quiero ser tu amante.
—¡Es que no serias mi amante! —Sentí como la puerta se movía. Había asustado a Alice. —Perdóname, me altere un poco, es solo que… no serias mi amante Alice, serias mi pareja.
—¿Tu pareja, Jasper? ¡Tú tuenes una familia! Una mujer y un hijo por el que ver. —No lo pude evitar y me reí. —¿Qué?
—Nada, Allie, solo que yo no tengo una familia… Bella y yo hace meses nos divorciamos.
—¡¿Y tu hijo?! —.
—Eso precisamente es lo que quiero explicarte.
Le conté todo. La traición de Bella con Edward al hacerme creer que Ian era mi hijo. Que lo de su infidelidad lo comprendía, me lo merecía incluso, pero que me ilusionaran de esa forma es lo que me había dolido mucho mas. Y que cuando al fin supe algo de ella, pensé que ahora si seriamos felices, pero jamás me imagine que volviera a New York con Diego.
—Vaya…
—¿Ahora entiendes porque quería hablar contigo tan desesperadamente? —Rectifique mirando hacia la puerta. —Solo quería que supieras lo que había pasado y pedirte una oportunidad, y si después de eso tú ya no querías saber nada de mí, lo comprendería, pero no podía quedarme con esto dentro de mí antes. —No hubo respuesta alguna— Soy un idiota, Alice.
Rápidamente me levante cuando la puerta del closet empezó a abrirse.
Alice tenía la cara hecha un mar de llanto. —Perdóname Jasper.
—No tengo nada que perdonarte, Alice.
La rodee con mis brazos y la deje que llorara todo lo que necesitara. Incluso yo también llore, ambos lo necesitábamos.
—Ya no llores Alice, estaremos juntos.
Inmediatamente sentí como su llanto crecía y negaba con la cabeza. —No Jasper, tú y yo nunca estaremos juntos.
—No digas eso, yo te amo. —Le dije tomándola de los hombros y viendo sus grandes ojos que ahora estaban rojos de tanto llorar.
—¿Y de que sirve eso? —Me pregunto— De que sirve si tu y yo siempre hemos sido como agua y aceite, Jasper. —Comenzó a caminar por el pequeño camerino, llorando, explicando. —Cada que vemos la posibilidad de estar juntos, siempre pasa algo que nos separa. En Forks, mis padres; cuando nos volvimos a ver aquí en New York, tu matrimonio; Y ahora que estas divorciado, mi relación con Diego. Por más que siempre queramos mezclarnos no podemos, como el agua y el aceite, ¿ves?, tu y yo nunca podremos ser felices juntos.
—No digas eso Alice.
—¡Lo digo porque es la verdad! —Tomo su bolso y se coloco su abrigo. —Lo mejor será que yo me case con Diego y que tú me… y que nos olvidemos el uno al otro.
Salió apresurada del camerino y me dejo ahí totalmente helado.
Lentamente salí del cuarto para volver a donde mis amigos, mi caminar era lento, aun me encontraba en shock. A lo lejos mire a Rosa platicando con un tipo, en sus rostro se miraba que la estaba pasando bien con él. Por otro lado Rosalie y Emmett bailaban con Rosmmy, la cual, claramente no había conciliado el sueño, ¡Que daría por tener una familia como Emmett! Y aunque no lo quisiera pensar, si yo no me hubiera topado jamás con Alice, probablemente yo estaría haciendo lo mismo con Bella, y no aquí sentado como el buen perdedor que era.
—Güero, ¿Qué paso?
Rosa había llegado a mi lado junto aquel tipo, pero ni importancia le tome.
—Hable con Alice, y ella… ella dijo que me amaba….
—Pero esa es una buena noticia, Jasper.
Negué y comencé a llorar de nuevo. —¡Ella se casara con Diego, Rosa! Aunque me ame, ella se casara con Diego.
Me abrazo y comencé a llorar mas.
Después de eso… no hice más que salir de ahí.
Otra vez había entrado en un estado catatónico. Me había refugiado en el trabajo, no salía con nadie, no veía televisión, pues la boda de Alice con el empresario Diego Lydon era la noticia del momento. En todos lados decían que los dos formaban la pareja perfecta y que sin duda, la boda seria de ensueño. Estupideces, viles y llanamente estupideces. Solo yo y mis amigos sabíamos la verdad. Todo lo que hacía era encerrarme en mi mismo.
—¡Bueno! Ya es suficiente Jasper, necesitas distraerte. —Dijo Rosa harta de mis negativas para comer.
—Lo estoy haciendo Rosa, con mi trabajo.
—Sabes mejor que yo que eso no es distraerse. —Dijo mirándose las uñas. Y de repente me miro con emoción. —Tengo que presentarte a alguien!
—Rosa, no pienso salir con ninguna chica. —Conteste tecleando mi ordenador.
—Si no es una chica, tarado, es… alguien que conocí.
Le mire enarcando una ceja. —Pensé que no querías conocer a nadie. Que querías disfrutar de la vida y ser libre y esas cosas.
—Sí, pero… ¡Ah, eso que importa! Él me gusta, yo le gusto; él tiene sexo y yo también, así que, qué más da.
Me reí sin poderlo evitar. —Si sexo era lo que querías me hubieras dicho.
—No eres de mi estilo, güero.
Hice una mueca fingiendo dolor. —¡Auchs! Eso dolió.
—Perdón. —Hizo una mueca.
—Tranquila, solo era una broma —le sonreí—, pero claro que me gustaría conocer a ese alguien especial tuyo.
Eso le devolvió la sonrisa. —¿Te parece si nos vemos para comer mañana a las cuatro, en el café de siempre?
—Me parece perfecto. Ahí nos vemos.
Rosa en poco tiempo se había convertido en mi mejor amiga y si ahora ella quería presentarme a quien era su pareja, yo no me opondría a conocerlo; aunque eso signifique que el derroche de amor, me duela a mí.
Al día siguiente ya me dirigía a mi cita con Rosa. Llegue escasos minutos de retraso. Cuando entre, en la mesa del rincón logre escuchar la risa de mi amiga, me ayudo a localizar.
—Perdón por el retraso.
—Descuida güero, —Me sonrió mi amiga sujeta fuertemente del brazo de quien me presentaría. —Toma asiento por favor. —Hice lo que me pidió—. Mira Jasper, te presento a George Santarelli, mi novio; George, te presento a Jasper Hale, mi mejor amigo.
—Mucho gusto en conocerte George. —Sonreí sincero.
Se miraba un buen tipo; algo robusto, de tez morena como Rosa, los dos compartían una enorme sonrisa y sin duda, ambos se querían.
—El gusto es mío, Jasper.
La plática fluyo muy amena. No me paso desapercibido la forma en que George contemplaba a Rosa, como si ella fuera su ancla en el universo. No pude evitar sentir envidia. Sentía envidia de cómo la miraba, pero no en ámbito romántico, sino que de esa misma manera deseaba mirar yo a Alice, y que ella me mirara a mí. Pero sabía que nunca podría.
En un momento que George paso al sanitario tuve una platica exprés con Rosa.
—¿Podrías cambiar la cara por favor?
—¿Cuál cara? —Replique.
—Esa, de picardía. —Me reí.
—Cómo quieres que te vea si es lo que me transmites. —Se sonrojo— Le quieres.
Negó inmediatamente. —No sé, no lo amo, o al menos aun no, pero siento cosas muy fuertes cuando estoy con él. Me hace muy feliz.
Tome su mano sobre la mesa y le sonreí. —Me alegro por eso, cariño.
—¿Y tú? ¿Cuándo serás feliz?
El recuerdo de Alice me paso por la mente. —Eso… eso aun no lo sé.
Rosa y yo no pudimos seguir nuestra conversación, George había vuelto.
La tarde paso rápido. Rosa y George se despidieron de mí pues al parecer tenían un evento de parte de George.
Yo me quede un rato más en el restaurant. Me sumí en mis pensamientos: Alice. No hacía nada más que pensar en ella, como siempre. Pague y me fui.
Otros dos meses pasaron. Dos largos meses que se me habían ido, como agua entre los dedos. Y que desgraciadamente, me acercaban a ese día que tanto despreciaba: La boda de Diego Lydon y Alice Cullen.
Solo una semana faltaba para esa fecha, me imaginaba todos los preparativos de la boda, el vestido de Alice, los adornos de mesa, el banquete; todo, absolutamente todo elegido por mi pequeña.
—¿Y no piensas hacer nada? — Me cuestiono Emmett en mi oficina.
—No sé a qué te refieres, Emmett.
—No te hagas el tonto, Jasper. —Me quito los documentos que revisaba. —Sabes a lo que me refiero.
—No le veo el chiste a esta discusión, Emmett. —Me recargue en el respaldo de mi silla y me cruce de brazos mirándole. —Ella decidió casarse con él y yo no puedo hacer nada.
—Bonitas chingaderas, Jasper. —Espeto mi amigo totalmente frustrado. —Alice estará disponible hasta el momento que diga ese maldito sí en esa maldita iglesia, pero tú no pretendes hacer nada.
—Es que no le veo el caso, Emmett, ella ya decidió por ambos, ¿Qué más puedo hacer?
—Am... No sé, que tal, ¿empezar a decidir por ti? —Me le quede mirando sin decir nada. —Mira Jasper, yo sé como amas a Alice, he sido testigo de ese amor durante años, incluso antes de que volviera a tu vida. ¡Dios sabe que si me pasara lo mismo con Rosalie, lucharía por ella hasta que estuviera a mi lado y feliz! No dejes ir tu felicidad por una tontería, los dos se merecen ser felices juntos.
—Es que… —Me lleve las manos al cabello totalmente desesperado. — Ya no se qué hacer, Emmett. Te juro que lo he intentado todo, y como me dijo Alice, parecemos agua y aceite, siempre que queremos estar juntos algo pasa y nos separa de nuevo.
—Pues entonces váyanse juntos a donde nadie pueda separarlos.
—¿Y el trabajo y todo lo demás?
Emmett le resto importancia. —Olvídate de los deberes, para eso estoy yo, y supongo que Alice tiene quien se encargue también.
La idea de fugarme con Alice a un lugar donde pudiéramos ser felices me atraía de sobre manera. ¡Y lo haría! Buscaría a mi pequeña y la convencería de que nos merecemos una última oportunidad.
—Lo haré, Emmett… ¡Lo hare!
—¡Ese es mi amigo!
Pero no pude encontrarla, toda la semana la estuve buscando, incluso Rosa me ayudo a hacerlo, pero se la negaron porque estaba de vacaciones y organizando su boda, por tal motivo no atendía a nadie.
Rosalie también trato de localizarla, pero no pudo conseguir una cita para verla, solo la invitación a ese dichoso evento.
No me quedaba otra cosa más que esperar el día de la boda.
Y dicho y hecho ese día aliste todo, no me iría de esa boda sin Alice, pero tendría que aceptar irse conmigo. A la fuerza, nada me lo perdonaría.
Me levante temprano y subí una pequeña maleta a mi automóvil. Me arregle y partí directo a la Iglesia. Rosalie me había dicho que la misa sería algo discreto, a las afueras de New York, a Alice siempre le gusto lo discreto.
Una hora después había llegado. Por lo que me tope ahí, después de todo no sería algo discreto. Muchos invitados, demasiados. Esperaba colarme a la fiesta. Estaba de suerte, la parte trasera de la iglesia no estaba vigilada; salte la barda y por una ventana me cole hacia la iglesia, desde donde entre podía divisar la espalda de los invitados y los guardias que mantenían el control del evento. Había entrado a lo que parecía un despacho, con cuidado me cole por el pasillo y empecé a escuchar voces femeninas, todas muy animadas. Di vuelta en una esquina y las vi salir de una habitación.
—Alice se ve preciosa…. —Las escuche pronunciar. Era, sin duda, mi día de suerte.
Me colé a la habitación, no sin antes percatarme de que Alice estuviera sola, cerré la puerta y le mire, no había duda, estaba preciosa.
—¡Wow!
Alice dio media vuelta y me miro, traía un hermoso vestido ceñido a su cuerpo de color blanco y beige, en el pecho se le formaba ligeramente una forma de corazón donde había pedrería incrustada; era largo, bastante, la cola estaba perfectamente esparcida por el suelo. Su peinado era simple, en un sujetado y decorado solamente con una peineta.
—Jasper, ¿Qué haces aquí? —Pregunto alarmada—.
—Te ves hermosa, Allie.
El sonrojo proclamo como suyo su rostro y agacho levemente la mirada. —Gracias.
Camine hacia ella y la sujete de las manos.
—Linda vine por ti. —Su expresión fue de sorpresa al verme directamente a los ojos. —Toda la semana estuve buscándote y cómo no he logrado hablar contigo me atreví a brincarme toda la seguridad y venir a buscarte.
—Pero Jasper… Me voy a casar en algunos minutos.
La frustración se apoderaba lentamente de mí. —¿Me amas o no?
—Jasper, yo….
Bese a Alice sujetándola de los brazos y arrimándola fuertemente hacia mí. Dios sabe cuánto había extrañado el sabor de sus labios. Le robe tiempo al tiempo y mordisque disfrutando de los besos de Alice.
—Responde —susurre entre sus labios—, ¿me amas o no? —.
—Claro que te amo, Jasper, siempre te he amado y siempre te amaré.
—Entonces vámonos, Alice. Vamos a donde quieras, solos tú y yo. Iniciemos una nueva vida, juntos, sin que nadie nos separe. —Vi la duda en sus ojos y entonces comprendí— ¿Lo amas a él también verdad?
Mi tono de voz sonó menos triste de lo que realmente estaba. Triste no era como me sentía pero era una buena forma de explicarlo.
—Le quiero, a Diego lo quiero mucho. —Soltó después de algunos minutos de silencio. —Ha estado conmigo todo este tiempo, dándome su apoyo incondicional, dándome el amor que no me supiste dar… —Eso había sido otro golpe bajo—. Pero… me iré contigo. No puedo soportar un minuto más estar lejos de ti, Jasper.
La euforia se apodero de mí y la alcé gritando de alegría. —Te amo, princesa.
—Y yo a ti, Jasper.
No me percate de que alguien había entrado hasta que escuchamos que alguien cerraba la puerta.
—¿Me estoy perdiendo algo?
Diego nos miraba recargado en la puerta.
Hola chicas perdón por tardarme pero lamentablemente la universidad me absorbe, pero aquí les dejo el capitulo.
¿Qué les pareció? Debo decirles que a la historia solo le queda un capitulo mas y el Epilogo.
Espero sus opiniones en el botoncito que ya saben.
Nos vemos pronto!
Besos.
Lunna.
