6.- Dos gotas de agua.

Nada más despuntar el alba de la mañana del martes, James salió de su cuarto de puntillas; iba pertrechado con ropa de viaje y una pequeña mochila que contenía todo lo que a él le parecía "vital" para la supervivencia en un entorno hostil: una linterna; una buena provisión de grageas de todos los sabores de Bertie Bott, que había rescatado del cajón "secreto" de su madre —no secreto para él, puesto que hacía meses que lo había descubierto, aunque no lo hubiese confesado— y que ella le había confiscado un día en que a él le salió una gragea de sudor y apunto estuvo de morirse de asco, con lo que se pasó casi una hora llorando en brazos de su madre; un montón de varitas de regaliz (ya que no tenía varita verdadera, algo era algo—pensó); su tesoro más preciado —unos omniculares que su madre le había regalado antes del primer partido de quidditch que él presenció y en el que ella, por supuesto, participó como miembro de los Meteories—; un pequeño monedero de piel de moke —que había tomado "prestado" a su madre— y que contenía todo su patrimonio (dos galeones, ocho sickles y diez knuts; que debían durarle a lo largo de toda su aventura—se obligó a recordar); y por supuesto, montones de galletas, de ranas de chocolate, y una poción para curar heridas que había tomado del botiquín casero la noche anterior (esta por si acaso, aunque deseó con todas sus infantiles fuerzas no tener que verse obligado a llegar a usarla).

No había podido dormir durante toda la noche —había imaginado una y otra vez, como había hecho tantas miles de veces desde que era capaz de recordar, cómo sería recibir el cariño de su padre, abrazarse a él, tener, por fin, un papá…— esperando el momento en que había decidido que se escabulliría de la casa para marchar en busca de su padre. Su plan había sido, desde el principio, marcharse el lunes; por la mañana no había podido ser porque la tía abuela Tessi no se había dormido ni un solo momento —como solía hacer de vez en cuando debido a los achaques de su edad— y su madre, por la tarde, en cuanto regresó a casa después de su entrenamiento, se empeñó en pasar el resto del día con él y no perderlo de vista durante un segundo siquiera; algo que a él había agobiado por completo. Amaba a su madre más que a nadie en el mundo, y le encantaba recibir sus abrazos y sus besos —hubo de admitir de mala gana, pensando que los "hombres" como él no reciben abrazos y besos de sus mamás—, pero no durante demasiado tiempo seguido, ni a todas horas; algo que ella, aquella tarde, pareció no entender. Había notado que su madre se había mostrado muy rara: preocupada, inquieta y nerviosa… pero también, a ratos, como sumida en una nube de algodones y de rosas mágicas color perla, de las que él jamás le había escuchado hablar antes. Ya se le pasaría, suponía; o más bien, eso esperaba; aunque si ella descubría su pequeña "excursión", ya podía darse por castigado para el resto de su vida.

Así que, casi un día más tarde de lo previsto pero manteniendo el mismo plan trazado en un principio, y más asustado de lo que estaba dispuesto a admitir, James bajó las escaleras con sigilo y se dirigió a la cocina —saldría por la puerta trasera sin que nadie se enterase—. Con las primeras luces del día no podía ver demasiado bien por dónde andaba, por lo que al bajar la última escalera, se acercó demasiado a la barandilla y terminó tropezando con una pequeña mesita auxiliar que siempre había estado junto a ella, pero que él no había recordado a tiempo. Algo cayó al suelo, haciendo un pequeño ruido que a él le pareció un redoble de platillos en toda regla; se apresuró a recoger el objeto, largo y delgado, e inmediatamente se dio cuenta de que lo que tenía entre manos no era más que la varita de la tía Tessi, que la mujer había dejado olvidada, una vez más, en el primer lugar de la casa que se le había puesto por delante. La sopesó entre las manos, observándola con insistencia, pensativo; hasta que en un arrebato de osadía, que él confundió con prudencia, la acomodó también en su mochila; si iba a salir al mundo más solo que la una, mejor andar protegido, se auto convenció.

Ya lo tenía todo, incluso una varita de verdad —que había olvidado que tenía prohibido poseer y usar hasta su más que lejana todavía entrada en Hogwarts, el colegio de Magia y Hechicería más famoso del Reino Unido; y que aunque esto no hubiese sido así, por su puesto, no habría podido usar ante muggles, de todos modos. Más seguro de sí mismo al sentirse tan preparado para su extraordinario viaje, entró en la cocina de puntillas y caminó hasta el fondo, donde le aguardaba su puerta a la aventura.

De pronto quedó paralizado como una estatua: inesperadamente, una figura que no logró identificar —pues en la semipenumbra no pudo distinguir el rostro de la persona que vio; aunque estuvo completamente seguro de que no se trataba de su madre, o de la tía Tessi, porque ellas eran bastante más altas, y la tía Tessi mucho más gruesa que quien tenía ante sí— se coló en la cocina por la puerta que él tenía que haber usado para salir; muy despacio, con suma cautela, lo que indicó a James que, efectivamente, el intruso no debía ser más que un vulgar ladrón. Aprovechando que el intruso parecía estar más ocupado en no toparse con nada que hiciese ruido que en vigilar que no le descubriesen, James se acercó a él desde la izquierda, amparado en las sombras; sacó la varita de la tía Tessi y sin pensarlo ni un segundo, apuntó al otro con ella.

—No des ni un paso más, si no quieres que te fría los sesos—amenazó con la voz más grave que pudo conseguir. No sabía qué significaba "freír los sesos", ni siquiera tenía claro qué eran los sesos; pero cuando un policía se lo dijo a un ladrón en una película muggle (de la que vio un trozo sin permiso de su madre), se dio cuenta de que el ladrón se había asustado de verdad; así que la usó en su propio beneficio.

Tal y como había previsto, el intruso dio un fuerte respingo, acompañado de un pequeño salto; miró a todos lados, buscando el origen de aquella voz, y cuando James salió de las sombras y se encaró con él, varita en ristre, casi se le saltan los ojos de las órbitas por la impresión.

— ¡Ah! ¡Harry! ¿Qué magia oscura es esta? ¿Quién te ha convertido en un niño de nuevo? — Teddy Lupin quiso saber, sin dejar de mirar al otro como si estuviese viendo un fantasma. — ¿Y qué haces aquí?

James enarcó una ceja, pero no permitió que el otro le confundiera —pues él mismo ya había pasado por una situación parecida al ver a su padre por primera vez en la foto de El Profeta— y mantuvo firme su varita.

— ¿Tú conoces a mi padre? ¿A Harry? ¿Harry James Potter? ¿De qué le conoces? —preguntó a su vez, sin contemplaciones.

— ¿Tú… no eres Harry?

—Está claro que no.

— ¿Pero esta no es la casa de Ginevra Weasley, entonces? — Teddy quiso saber, más y más confuso por momentos.

—Ella es mi madre. Dime de qué conoces a mi madre y a mi padre, o te juro que te frío los sesos—amenazó de nuevo, acercando más su varita a Teddy.

— ¡Ah! —el chico gritó de nuevo—. ¿Tú eres hijo de Harry y de Ginny? —quiso confirmar, atónito.

— ¿Pero quieres dejar de gritar de una vez, pedazo de burro? Vas a despertar a mamá y a la Tía Tessi. — Si le pillaban por culpa de ese niño panoli, nunca se lo perdonaría; ni hallaría una nueva oportunidad para salir de la casa sin ser vigilado, pues su madre ya haría todo lo posible y lo imposible porque así fuera.

—Yo dejo de gritar, si tú bajas la varita y dejas de amenazarme con freírme nada en absoluto—Teddy respondió del mismo modo.

—Vale—bajó la varita, tal y como había prometido, pero no la guardó en la mochila.

—Vaya… tengo un hermano… —Teddy comentó, alucinado. Ahora fue el turno de James de abrir los ojos como platos.

— ¿Tú también eres hijo de Harry James Potter?

—No; Harry es mi padrino; pero es el único padre que yo he conocido en toda mi vida. Mis padres murieron nada más nacer yo.

—Oh… lo siento — James respondió, compungido.

—No pasa nada; Harry ha hecho que nunca me falte el cariño.

James bajó la cabeza con tristeza y Teddy se dio cuenta enseguida de que sus palabras habían afectado al chico.

—Harry debe conocerte—le aseguró. James levantó la cabeza rápidamente y volvió a mirar a Teddy, ahora confuso.

— ¿Quieres decir que él no sabe que existo?

— Puedo asegurarte que no.

— ¡Eso es mentira! —gritó; pero pronto se acordó de que no debían descubrirle, y volvió a bajar la voz—. Eso es mentira. Mamá siempre me ha dicho que él se marchó para protegernos, a ella y a mí—aseguró, tozudo.

—Yo no sé qué te habrá dicho tu mamá; pero yo sólo sé que fue ella la que dejó a mi padrino de la noche a la mañana, sin darle ninguna explicación.

—No se te ocurra meterte con mi mamá, o lo pagarás bien caro— hizo ademán de volver a alzar su varita y el otro levantó los brazos, conciliador.

—Yo no me meto con tu mamá; sólo quiero que ella vuelva con Harry para que él no se case con la estirada esa. — Quedó pensativo por un momento. — Tenemos que ver a Harry; él se pondrá muy contento cuando te conozca y nos contará toda la verdad. Cuando os reunáis, seguro que él ya no quiere casarse con ella.

— ¿Con quién? —James no tenía ni idea de lo que el otro estaba diciendo.

—Ya te lo contaré. Ahora tengo que irme; ya he gastado demasiado tiempo del que tenía para que no me pillaran. Te recogeré aquí mismo mañana por la tarde para ir a ver a Harry.

— ¿A qué habías venido aquí? — James le miró de un modo aún suspicaz.

—A que tu madre me contase porqué nos abandonó sin decir nada.

— ¡Otra vez con eso! —inmediatamente se tapó la boca con las manos, dándose cuenta de que había vuelto a gritar.

—Bueno, lo que sea. Ya te he dicho que Harry nos contará la verdad. Te recojo mañana a las cuatro; que no se te olvide.

James asintió, rotundo; al parecer, había hallado no sólo un modo de llegar hasta su padre sin correr peligros, sino un nuevo y extraño "hermano"; se sentía entusiasmado.

—Eres raro, pero me caes bien—dijo al mayor, ofreciéndole una amplia sonrisa, por fin.

—Tú a mí también—le devolvió la sonrisa, divertido—. Por cierto, ¿cómo te llamas?

—Soy James. —Al escuchar aquel nombre, el mayor sonrió aún más, alegremente. — ¿Y tú?

—Yo soy Teddy. Hasta mañana, entonces.

—Te esperaré.

Ese momento fue ideal para poner fin a aquel extraño encuentro porque, segundos después, la tía Tessi hizo su entrada en la cocina, bostezando. Inmediatamente, James tiró la mochila que había llevado a la espalda al rincón más oscuro y apartado del cuarto, y fingió estar buscando algo para desayunar.

—Me ha parecido escuchar voces—la mujer mayor aseguró, parpadeando para terminar de despertarse.

—Habrás oído la tele—James se apresuró a mentir—; no podía dormir y he estado pasando el rato viendo dibujos animados muggles, hasta que me ha entrado hambre y he venido a la cocina.

—Eso será, sin duda—aceptó ella sin pensar mucho en el asunto—Pero no deberías andar por ahí en medio de la noche; los niños deben descansar. ¿Has desayunado ya?

—No, tía; Mamá todavía no se ha despertado para ponerme el desayuno y no me apetece volver a beber leche fría—le dedicó una carita adorable con la que se la metió en el bolsillo por completo. Ella le rodeó con sus regordetes y fuertes brazos y le estampó un sonoro beso en la mejilla.

—Anda, bichito; siéntate a la mesa, que voy a prepararte un buen desayuno—. Y le soltó, empujándole suavemente hacia allí.

Él asintió con una amplia sonrisa.

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Mientras, en su despacho del Departamento de Seguridad Mágica, Harry había convocado a Ron y a Stacy Borrows para darles indicaciones de los próximos pasos a seguir en el nuevo rumbo que la investigación de los sucesos acaecidos en el estadio de quidditch había tomado.

—Por el momento, vuestra misión va a ser recopilar toda la información que os sea posible sobre la vida personal de Ginevra Weasley durante su estancia en Canadá: qué tipo de relación mantenía con sus compañeros y compañeras de trabajo y con su entrenador, con quién se relacionada fuera del trabajo y hasta qué punto, sus hábitos… todo. Entrevistaos con todo aquel que tenga algo que decir, dejadles hablar libremente, incluso escuchad sus propias impresiones, o los rumores que circulasen entre la gente con la cual ella se relacionó—Harry ordenó a ambos claramente.

—Es una pena que ella se niegue a proporcionarnos ninguna información; no sé si es consciente del riesgo que está corriendo—Stacy se lamentó.

—Creo que todavía no lo es—Harry respondió, pensativo—. No es que no nos quiera proporcionar información, es más que ella misma no cree que puedan ser ciertos sus propios temores; lo vi en sus ojos ayer. Y por supuesto, en el momento en que cambie de parecer y esté dispuesta a guiarnos, no será a mí a quien acuda para "conversar" —terminó con ironía; aunque su voz iba acompañada también de cierto tono de amargura. Además de Ron, por ser el hermano de Ginny, Stacy también estaba al tanto del pasado que unió a Ginny y a Harry, por tratarse de una buena amiga que ambos chicos habían hecho, con el tiempo, fuera del trabajo.

—Ya sabéis lo cabezota que mi hermana puede llegar a ser; intentaré sonsacarle todo lo que pueda en su propio beneficio; pero no puedo prometeros nada—Ron añadió, cabreado. Harry asintió, conforme.

—Creo que va a ser mejor que Ron se quede en el Reino Unido y que se encargue de coordinar las investigaciones que se van a llevar a cabo aquí, y de paso insista con Ginevra sobre la conveniencia de que nos cuente lo que sabe; o lo que sospecha—Stacy caviló en voz alta—. Yo sola puedo encargarme de las pesquisas en Canadá; recordad que tengo familia allí y que conozco el país y sus costumbres casi a la perfección; no me resultará difícil ganarme la confianza de los Meteories y de cualquier otro que tenga algo que contarme, para que me hablen con total libertad; además, una cara bonita siempre suelta más la lengua que una barba sin afeitar—concluyó con picardía, guiñando un ojo a Ron. A lo que Ron le miró con cara de reproche.

—Quizá tengas razón… Bien, ve tú a Canadá y sé lo más rápida posible con tus pesquisas; la vida de Ginevra Weasley corre peligro; y quizá también la de toda la gente a su alrededor, desde sus compañeras, a sus seguidores, o a su propia familia—Harry ordenó a la mujer—. Y tú, Ron, agota todas las vías de investigación aquí y sírvenos de enlace con ella; yo no voy a cruzármela de nuevo, a no ser que resulte estrictamente necesario.

—Joder, Harry, para no querer saber nada de Ginny, hasta ahora no has hecho más que "cruzártela" —Ron no pudo evitar hacerle notar.

Justo en el momento en que el pelirrojo decía aquella frase, la puerta del despacho de Harry se abrió sin previo aviso y la figura de Cho Chang entró por ella mostrando una cara risueña, que inmediatamente se nubló al escucharla.

Harry había dedicado a su mejor amigo una dura mirada de reproche por lo que acababa de decir, que trasladó a su prometida nada más verla.

—Te he dicho en muchas ocasiones que no quiero verte aquí, a no ser que la urgencia sea tan grande que no sea humanamente posible evitarlo—le recriminó, molesto—; en el trabajo no tengo tiempo para temas personales, Cho.

— ¡Le he escuchado alto y claro, Harry! ¡No puedo creer que te estés relacionando de nuevo con esa ramera que te abandonó! —ella respondió a voz en grito, airada, sin importarle quién pudiese llegar a contemplar la escenita de celos que acababa de montar.

Él, al escucharle insultar a Ginny de aquel modo, sintió cómo un arrebato de ira se apoderaba de todo su autocontrol, colmando el vaso de su paciencia; se puso en pie con malos modos y si su mirada matase, Cho habría caído fulminada allí mismo, en un solo segundo.

— ¿Quién cojones le ha dejado acceder al Cuartel General de Aurores? —se encaró con Stacy y con Ron, bramando; pero la pregunta iba dirigida al Cuartel General en pleno—. ¡Os he ordenado mil veces que no le dejéis entrar! ¡Ni a ella ni a nadie! ¡Quien quiera reunirse conmigo para tratar temas de seguridad, que pida una cita en la administración del Departamento de Seguridad Mágica y exponga su caso! ¡Y según la urgencia de su problema, yo le daré una fecha de reunión en la sala de visitas! ¡Los temas que se tratan aquí no son de la incumbencia de nadie ajeno al Cuartel!

—No seas tan duro, Harry; sabes que ella no es "cualquiera"; a los chicos les sabe mal no dejarla pasar cada vez que viene en tu busca… —Stacy reprochó a su jefe, haciéndole notar que era de su propia prometida de quien estaban hablando, con ella delante, por cierto.

— ¿Qué somos, la élite del Ministerio de Magia o unos simples colegiales? ¡Aquí se viene a trabajar! ¡Sin contemplaciones! —bramó todavía más, si era posible—. ¡Sacadla de mi vista! ¡Y como vuelva a repetirse una situación semejante, con ella o con quien sea, habrá consecuencias! —habló conscientemente de que todo el Cuartel General de Aurores en pleno había escuchado sus gritos a la perfección.

El rostro de Cho había enrojecido como la grana; se sentía humillada hasta la saciedad, tanto, que fue incapaz de pronunciar una palabra más, siquiera; sin perder la altivez que la caracterizaba, dio la espalda a los tres aurores y se marchó por donde había venido, con paso digno; a sabiendas de que, si a alguno de los aurores congregados en el Cuartel se le ocurría facilitar a El Profeta, a Corazón de Bruja o a quien fuera, siquiera la parte más pequeña de lo que allí acababa de pasar, su humillación sería tan grande que daría pie a semanas enteras de chismorreos, burlas y especulaciones.

—Joder, tío, tan sólo por ver la cara que ha puesto ha valido la pena el chorreo que acabas de echarnos—Ron dijo alegremente. Stacy dirigió a Harry una amplia sonrisa, también; ninguno de ambos tenía a la caprichosa mujer en gran aprecio. — Aunque creo que, en esta ocasión, te habrías pasado un poco con ella, si no fuera por cómo ha tratado a mi hermana; pero eso es personal.

—Ambos tenéis órdenes que cumplir—él respondió secamente, sin abandonar la mirada llena de dureza—. Y lo he dicho absolutamente en serio: la próxima vez que alguien entre por esa puerta sin avisar y sin ser un auror del Cuartel, espero que el mundo se esté cayendo en pedazos; o quien le haya permitido la entrada lo pagará bien caro. Sabéis que muchas de las investigaciones que llevamos aquí, la mayoría de la información que aquí se maneja, pueden crear alarma pública, y mucho más si caen en manos equivocadas; no trabajáis con maestros de escuela, con panaderos o con tenderos; sino con mortífagos, con terroristas, con desequilibrados, con asesinos…

—Somos conscientes de ello, Harry; no volverá a ocurrir—Ron habló por él y por todos sus compañeros.

—Lo sé—el Jefe dijo sin más—. No en vano todos sois los mejores compañeros con los que cualquiera pueda desear trabajar—. También sus últimas palabras fueron escuchadas por el resto del Cuartel, pues la puerta del despacho no había vuelto a cerrarse en ningún momento.

Stacy y Ron le dirigieron una última sonrisa de aprobación, y se marcharon a cumplir con sus propios cometidos. Y Harry continuó con su trabajo con la puerta abierta, pues jamás la cerraba a no ser que estuviese manteniendo una conversación privada con alguno de sus hombres o con algún visitante que, por supuesto, había sido previamente autorizado a entrar en él.

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A las cuatro en punto de la tarde, Teddy esperaba como un clavo junto a la puerta de la cocina de la casa de James; había puesto sumo cuidado en no ser visto por nadie del interior de la casa y estaba seguro de haberlo conseguido. Suspiró, esperando que al chico no se le hubiese olvidado el acuerdo que ambos habían alcanzado la mañana anterior. Pero no fue así; apenas cinco segundos después, James abrió la puerta con sigilo y se escurrió por ella.

—He tenido que esperar a que la tía abuela Tessi se durmiese en el sofá—el pequeño explicó—; mi mamá ha salido y no volverá hasta tarde; últimamente siempre lo hace.

— ¿Y tu tía abuela no te echará de menos? —Teddy quiso saber, preocupado.

— No creo; a menudo, cuando me canso de ver la tele muggle, me voy a mi habitación y me encierro allí a leer, o a hacer lo que sea; ella está acostumbrada a que lo haga. Mientras el rato en que yo esté fuera no sea demasiado largo, no habrá problema.

—Pues vamos. — Los dos chicos comenzaron a caminar lejos de allí, con precaución de que la tía abuela Tessi, si es que hubiese despertado, no pudiera descubrirles.

— ¿Sabes usar la Red Flu? — Teddy preguntó a James, sin dejar de caminar.

— ¿Qué es la Red Flu?

—Si no sabes qué es, es que no la conoces. Tranquilo, yo te enseñaré cómo funciona. Usaremos la Red Flu que un amigo de mi padrino, de tu padre, tiene instalada en su chimenea; él vive en este mismo lugar, ha sido una suerte.

— ¿Y él no se chivará a nadie de lo que estamos haciendo? — James objetó, alarmado.

—Tranquilo; él es profesor en Hogwarts y normalmente vive en el Colegio; así que no usa su casa casi nunca.

—Ah…

Pronto llegaron a una pequeña y acogedora casita cercana a la de James; entraron en ella sin problemas —pues Teddy conocía dónde el amigo de su padrino guardaba la "llave de emergencia", como él la llamaba— y se plantaron ante la chimenea en cuestión. Teddy alargó a James una pequeña y vieja cajita y le indicó que la abriera.

— ¿Qué es?

—Los Polvos Flu que nos llevarán a casa de Harry. — El otro lo miró, alucinado.

— ¿Esto nos llevará con mi papá? ¿Cómo?

—Tú coge un pellizco de polvos, métete en la chimenea y échatelos con fuerza por encima, y di exactamente y con voz clara a dónde quieres ir; ellos te llevarán.

— ¿En serio?

— ¿Tú qué crees? Oye, me estoy jugando el pellejo tanto como tú.

—Está bien… — Ni corto ni perezoso, cogió un buen puñado de aquellos polvos, se metió en la chimenea y gritó—: ¡Quiero ir a casa de mi papá!

Inmediatamente, Teddy sacó de un tirón a James de la chimenea, entre una polvareda que casi los ahogó, y un ruido atronador; evitó por los pelos que el chico fuese transportado a Merlín sabía dónde.

— ¿Pero estás loco? — le reprochó con cabreo.

— ¡No he hecho más que lo que tú me has dicho, idiota!

— ¡Los Polvos Flu no saben quién es tu papá, atontado! ¡Te he dicho que digas exactamente a donde quieres ir! ¡Podrías haber aparecido en el Callejón Knockturn, por ejemplo!

— ¿Y qué, si ese Callejón Nocturno, o como sea, me deja cerca de mi papá?

—No te enteras de nada— Teddy sacudió la cabeza, dándole por perdido—. A ver, di exactamente esto: "A la casa de Harry James Potter, en Godric´s Hollow" ¿Me has entendido?

—Perfectamente, no soy idiota—James respondió, sintiéndose ofendido. Se metió de nuevo en la chimenea, volvió a echarse un buen puñado de Polvos Flu que casi le hicieron estornudar, y con voz alta y clara ordenó: "A la casa de Harry James Potter, en Godric´s Hollow". Teddy asintió, conforme, mientras el niño desaparecía entre la humareda, y poco después le siguió, pronunciando la misma frase.

Uno tras otro salieron de la chimenea entre toses. Rápidamente, Teddy dio un rápido vistazo al mobiliario de la casa donde ambos habían aparecido, para asegurarse de que todo había salido bien.

—Perfecto; ahora tan sólo tenemos que esperar a Harry; no tardará en llegar porque le he pedido que hoy viniese antes a casa; le he puesto como excusa que Molly no puede cuidarme hasta tarde como hace siempre. Él trabaja siempre hasta muy tarde, pero si necesito algo importante, siempre me hace caso; vendrá.

—Él te quiere mucho…

—Tanto como te querrá a ti en cuanto te conozca—Teddy lo tranquilizó con una sonrisa.

— ¿Estás seguro?

—Segurísimo.

— ¡Teddy! ¿Eres tú? — Se oyó una inesperada voz desde la cocina de la casa. — ¿Dónde estabas? Acabo de bajar de tu habitación y no te he encontrado.

— ¡Jolines! ¡Ya está aquí! — el niño no pudo evitar gritar, totalmente cogido por sorpresa.

—He venido un momento a ver cómo estás; tendré que volver a marcharme, así que te llevaré con la tía Hermione, que esta tarde tiene libre en el Ministerio de Magia y…—había dicho la voz mientras se acercaba hasta el comedor, donde ambos niños se encontraban; pero al entrar en él y fijarse en ambos, de repente la voz enmudeció. Harry James Potter se había detenido bruscamente, había quedado mudo, y observaba al pequeño niño que tenía ante sí casi como si hubiese visto junto a él a su propio padre; miraba y miraba, sin poder creer lo que veía. De pronto, el cristal del vaso de zumo que el hombre había sostenido con la mano izquierda estalló en mil pedazos, derramando todo el líquido sobre él; los diminutos trozos de cristal se clavaron en la mano de Harry, que comenzó a sangrar con profusión; su mano izquierda había apretado el vaso con tantísima fuerza, sin darse cuenta, que había terminado por romperlo.

— ¡Padrino! ¡Estás sangrando! — Teddy le hizo notar, alarmado.

— ¿Q-qué?

— ¡Tu mano, padrino! ¡Está sangrando mucho! — Harry le miró sin comprender, hasta que, por un segundo, desvió la mirada hacia donde debería haber estado el vaso de zumo.

— ¡Por Merlín! — gritó, sorprendido—. Hijo, por favor, ve a traerme el botiquín que hay en el cuarto de baño—pidió a Teddy con voz tranquilizadora.

— ¿Estarás bien?

—Lo estaré—le dirigió una cálida sonrisa—. ¡Epìskey! —dijo con voz firme inmediatamente después, tras haber sacado su varita de uno de los bolsillos de su chaqueta y haberla dirigido hacia su mano herida. Inmediatamente, las heridas que no conservaban un trozo de cristal dentro y no eran demasiado profundas, curaron sin problemas. James lo observó con ojos desorbitados, alucinado— ¿Aquel era su padre? ¿Aquel hombre que ni siquiera se había inmutado por un montón de cortes que sangraban de su mano como un torrente? ¿Cuando él mismo se habría desmayado? En verdad él era todo un héroe, como su madre tantas y tantas veces le había asegurado; le dirigió una tímida sonrisa, que pronto se tornó en otra llena de determinación.

—Sé quién eres—James dijo a Harry, mirándole con tanta seriedad y seguridad, que impresionó a su padre.

—Y yo sé quién eres tú; aunque no sepa tu nombre; porque… Dios mío… eres clavadito a mí, y también a tu madre…—Harry le aseguró con una sonrisa emocionada—. ¿Puedo saber cómo te llamas?

—James— el pequeño respondió con orgullo. Durante unos segundos, Harry no se vio capaz de pronunciar palabra por la emoción que lo embargaba.

— ¿Puedo abrazarte, James? Tranquilo, que lo haré con la mano derecha; no te mancharé de sangre—Harry le aseguró, viendo la duda que había aparecido en los ojos del chico que, por primera vez, había quedado paralizado al igual que su padre hacía unos segundos.

Por sorpresa y sin decir palabra, James corrió hacia su padre y se abrazó a él con todas sus fuerzas —Harry se había agachado ya para recibirle entre los brazos— y comenzó a llorar como un desesperado.

—Tranquilo, ya pasó, ya pasó…—le aseguró una y otra vez, mientras lo abrazaba con fuerza con su mano derecha —. James, ya pasó.

— ¡Te necesito! ¡Te necesito tanto! —el niño gritó entre sollozos que no podía contener.

— Lo sé; ahora me tienes y jamás te abandonaré; te lo juro—. Aguardó a que el pequeño, poco a poco, se fuese serenando, sin dejar de abrazarlo con todo su cariño; y aprovechó para ir serenándose él también, pues su corazón amenazaba con salirse de su pecho—. ¿Te encuentras mejor? — James asintió con un cabeceo, sin dejar de abrazarle. — ¿Sabes que mi padre se llamaba como tú? — el niño lo miró, aún más alucinado—. Y mi segundo nombre también es ese.

—Ya lo sé—James respondió, sintiéndose más y más orgulloso por momentos. —Tu mano—señaló la mano de su padre, repentinamente preocupado.

—Tranquilo, ahora mismo la curaremos—le dedicó una amplia sonrisa—. ¿Mamá sabe que estás aquí? — James negó con la cabeza, avergonzado; Harry intuyó que a Ginny no le habría hecho demasiada gracia de ser así; es más, que ni siquiera le habría dejado ir a ver a su padre, de haber sabido lo que el niño pretendía hacer, y le agradeció con todo su corazón lo que había hecho, y a Teddy también, pues tenía bien claro que él había tenido mucho que ver en el asunto; pero ya tendría tiempo de aclarar los detalles con ambos después—. No se lo contaremos por el momento, ¿te parece? Tú y yo nos veremos en secreto hasta que mamá esté preparada para saberlo—. James asintió con fuerza, entusiasmado.

Teddy entró en el cuarto con el botiquín y James, nada más verlo, se apartó de su padre rápidamente para que él pudiese terminar de curarse la mano herida. Harry dirigió a ambos una amplia sonrisa, para tranquilizarles, y se dedicó a extraer, uno por uno, los pequeños cristales que todavía quedaban incrustados en alguna de las heridas de su mano; tras ello, ejecutó un nuevo Episkey que curó la mayoría de las heridas, excepto aquellas que habían resultado ser bastante profundas, que no pudieron curar del todo, así que las desinfectó y vendó, dando después el asunto por zanjado.

—Bueno, ya está—les dijo, despreocupado.

— ¿No te duele? — James le preguntó, sin convencerse.

—Un poquito, pero pronto pasará. Bueno, pareja de vándalos, antes de nada, los dos vais a darme el abrazo más fuerte que hayáis dado en vuestras vidas—. Teddy y James le sonrieron alegremente, mucho más tranquilos. — Y luego vais a explicarme con pelos y señales cómo os habéis conocido, y cómo habéis urdido el plan de venir aquí a espaldas de Ginny.

Ellos le dieron no un abrazo, sino montones y montones de ellos; y las explicaciones vinieron después. Harry les escuchó en silencio, atónito; cada cual había urdido el mismo plan por separado, con motivos distintos aunque similares en el fondo, y el destino había acabado uniéndoles. Lo que le pareció una auténtica locura, y así se lo hizo saber aunque no les regañó con dureza, fue que Teddy hubiese inducido a James a usar los Polvos Flu siendo él tan pequeño y sin haber aprendido a usarlos bajo la supervisión de un adulto.

—Perdónanos, por favor—Teddy le pidió, arrepentido, aunque orgulloso de cómo había acabado todo aquel asunto.

—Estáis perdonados; pero prometedme que no haréis nada más que os ponga en peligro, aunque sea por un motivo que os parezca el mejor del mundo—les exigió. Los dos asintieron fuertemente con la cabeza.

—Papá… — James comenzó a hablar, sin decidirse a hacerlo del todo.

—Dime, hijo.

—Mamá me ha contado un montón de veces que tú te marchaste para protegernos, a ella y a mí; pero tú no me conocías antes de ahora… ¿Ella me ha mentido? No puedo creer que ella me haya contado una mentira—negó con obstinación.

—No, hijo; ella no te ha contado una mentira; lo que ha hecho es contarte lo que sucedió, de un modo algo… distinto, para protegerte—Harry aseguró—. Al fin y al cabo, lo que ha hecho es protegerte, al igual que te contó; y si yo te hubiese conocido, te habría protegido de todos los modos que existen, también; porque tanto para ella como para mí, tú eres lo más importante.

—Entonces, ¿tú dejaste a mamá para protegerla a ella también?

—Por lo que veo, mamá se marchó para protegerse; lo que queda por saber, es de qué; de quién ya lo tengo claro.

— ¿De quién, papá?

Teddy intentó decir algo en contra de Ginny, pero Harry lo silenció con una mirada de advertencia.

—De todo aquel que pudiese causarle mal, a ella o a ti—respondió tranquilamente.

— ¿Y por qué tú no nos acompañaste?

—Porque ella creyó que sería mejor que no lo hiciese.

—No lo entiendo…

—Bueno, yo no lo entiendo muy bien, tampoco; pero en cuanto yo pueda hablar con mamá, estoy seguro de que ella nos dará un excelente motivo que justifique lo que ha hecho; así que no se te ocurra juzgarla, jovencito, porque ella jamás haría nada que pudiese causarte daño; es la mamá más buena del mundo, y te quiere más que a su propia vida; estoy seguro de ello—le aseguró.

—Ya lo sé… ¿qué es juzgar, papá? — James le mantuvo la mirada, algo confuso. Harry rió, encantado; sabía, desde lo más hondo de su corazón, que iba a amar a aquel niño más que a nada en el mundo, exceptuando a Teddy y a la propia Ginny, a quienes amaba por igual.

—Juzgar es… pensar que una persona ha hecho algo bueno o malo, normalmente que ha hecho algo malo, sin escuchar a esa persona explicar porqué lo ha hecho. Después, cuando escuchas lo que esa persona tiene que decir, en muchísimos casos las cosas no son tan malas como parecen.

—Mi mamá es buena; nunca haría nada malo—el pequeño aseguró, convencido.

—Veo que lo tienes claro, como debe ser, y me alegra. Así que no te preocupes por nada, que todo se arreglará, ¿entendido? — le revolvió el moreno pelo; algo que el niño rechazó, molesto. Y Harry volvió a reír. — Ahora voy a llevarte de vuelta a casa, sin que mamá nos descubra, y llevaré a Teddy con la tía Hermione. ¿Está claro, par de traviesos?

—Una cosa, papá. ¿Por qué no has ido a buscar a mamá en todos estos años? —James insistió, escrutando a su padre con la mirada.

—A ver, pequeño—Harry dijo, cogiendo a su hijo en brazos y haciendo que ambas miradas se encontrasen a la misma altura— ¿Qué haces tú cuando alguien, por lo que sea, no quiere estar contigo y se marcha?

—Yo no quiero estar con alguien que no quiere estar conmigo. Pero mamá sí que quiere estar contigo. ¡Yo lo sé!

— ¿Te lo ha dicho ella? —Harry quiso saber, mirándolo con sorpresa.

—No, pero lo sé; cuando está sola, siempre está triste, y se cree que no la veo… Menos ayer, que estaba como loca con no sé qué de unas rosas color perla… se pasó la tarde hablando de esas rosas y no hacía más que sonreír; es muy raro…—el niño miró a su padre, esperando una explicación; pero Harry se limitó a sonreírle con candidez, haciéndose el desentendido.

—Ten paciencia, pequeño; todo se arreglará; te lo prometo.

— ¿Volverás con ella? —James quiso saber, esperanzado.

—No puedo prometerte eso; — dirigió una mirada severa a Teddy, que bajó la cabeza, avergonzado — pero te prometo que, de ahora en adelante, tendrás a tu padre y a tu madre. Ahora deja de preguntar ya, que si mamá te pilla fuera de casa, te matará; y a mí también, por permitirlo. — sonrió; pero el niño, nada más imaginarlo frunció el ceño. — A casa, se ha dicho.

Y así lo hizo; pero en esa ocasión usó su poder de desaparición y aparición para llevar a James de regreso, sano y salvo, al hogar de Ginny. Al llegar junto a la casa, hizo que ambos se cubriesen con la Capa de Invisibilidad, y acompañó a su hijo justo donde Teddy lo había recogido. James abrió la puerta con cuidado —comprobó que, contra todas las indicaciones que le había dado su madre la tarde anterior, esa puerta no estaba cerrada con llave, tal y como él la había dejado al marcharse— y antes de pasar dentro y cerrarla tras él, miró a su padre, preocupado.

— ¿Volverás? —le preguntó con mezcla de temor y de esperanza.

—Todos y cada uno de los días de mi vida; te lo prometo. ¿Cuál es la ventana de tu cuarto? — James señaló una de las ventanas del piso superior, con una mano. — Espérame cada noche; tocaré con los nudillos a tu ventana con cuidado para que tú me abras. Pero por nada del mundo, nada en absoluto, se te ocurra emprender una aventura como la que has vivido hoy. ¿Está claro?

—Sí, papá. — Harry le dio un abrazo de oso, que el niño devolvió, emocionado.

—En cuanto entres, cierra la puerta con llave. Hasta mañana, hijo.

James se despidió con un gesto de la mano y, en absoluto silencio, desapareció tras la puerta de la cocina, con el corazón latiendo desbocado por la emoción. Harry usó la desaparición de nuevo para recoger a Teddy en Godric´s Hollow y llevarlo junto a Hermione, tal y como había acordado con su mejor amiga; en el fondo de su corazón, sintió que el mundo tenía un nuevo significado para él: lleno de vida, de amor y de esperanza.

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Unas horas después, Ginny, en secreto, accedió de nuevo al jardín de los sueños rotos; fue directa al cenador, como si una fuerza extraña le atrajese hacia él con infinita fuerza; al alcanzarlo, subió las pequeñas escaleras con desesperación, llegando al centro de la edificación en cuestión de un momento: allí estaba, una nueva rosa color perla cortada cuidadosamente para ella, y junto a esta… halló un pequeño y delicado pájaro de papel, que al tomar entre sus manos con mimo, rompió a volar con alegría, dio varias vueltas alrededor de ella y, finalmente, volvió a posarse en sus manos abiertas, para pertenecerle por siempre. Sabía que tanto la rosa como aquella hermosa ave de papel habían sido depositados allí para que ella los tomase, los poseyese; y supo también que, quien quiera que fuese dueño de aquel maravilloso paraíso, sabía perfectamente que ella lo había descubierto; y por lo que parecía, le agradaba ese hecho.

—Gracias, mi galante anfitrión—lanzó al viento, con la esperanza de que sus palabras llegasen a los oídos correctos. Muy cerca de ella, entre las sombras del atardecer, Harry musitó un "gracias a ti" con voz queda que se llevó el mismo viento, aquel que condujo a ambos allí por primera vez.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

¿Qué os ha parecido este capítulo, además de largo :P ? Lo siento por haberlo hecho tan largo, pero es que si no voy alargando los capítulos un poco, no puedo contar casi nada de lo que quiero contar, y la historia no avanza al ritmo que yo deseo que lo haga. Así que ruego me perdonéis por este mamotreto que os he traído hoy.

Por fin Harry y James ya se han encontrado... ¿Que deparará el futuro a estos dos? ¿Qué pasará con Ginny? ¿Y con Cho? ¿Qué nueva maldad habrá planeado el acosador de Ginny? ¿Y quién es? ¿Quién está intentando sabotear a Teddy en Hogwarts, y hacerle la vida imposible?Todavía quedan muchísimas cosas por decir y muchas sorpresas por dar... Así que permaneced atentos, jeje.

Por si no ha quedado suficientemente explicado durante el capítulo, cuando Harry dice a su hijo que él también sabe quién es, se refiere a que ha deducido quién es por el inmenso parecido que el niño tiene con Ginny y con él mismo; al verle, para él queda claro como el agua; aunque jamás le haya visto antes, ni supiera hasta ese momento, siquiera, que existe.

Como comentario personal al capítulo, os diré que he disfrutado a tope escribiendo las escenas que protagonizan Teddy y James; me he divertido mucho con ese par de vándalos, como los ha llamado su padre cariñosamente. Y también he disfrutado mucho con la escena de Cho; en este fic la imagino como a una mujer que forma parte de los "nuevos ricos", a quien se le ha subido el dinero y la repentina fama que le viene a través de su padre a la cabeza; quien muere por un momento de gloria, de protagonismo, de glamour... Y que tan sólo por eso quiere permanecer al lado de Harry: por el caché que le da estar con él; por nada más. Él lo sabe perfectamente, pero está tan quemado con el amor, que cree poder pasar de él sin contemplaciones; pero todos los "golpes" que reciba en este fic, pondrán de nuevo su vida patas arriba, y también sus más profunda creencias.

Mis agradecimientos más profundos:

- A mis tres soles, que han iluminado mi vida llenándola de alegría, a través de sus reviews al capítulo anterior: vulkaskull, Celtapotter y Gelygirl.

- A hanna27, lylu potter y PatDarcy, que la han iluminado también, al añadir este fic a sus favoritos.

La actualización, espero que pronto.

Un abrazo.

Rose.