7.- Nada hará desaparecer el dolor.

A pesar de la terrible amenaza que pesaba sobre su cabeza debido al demente que se había empeñado en perseguirla —y en amenazar, por ende, a todo aquel relacionado con ella de un modo u otro—, y que por ello no se habían convocado más entrenamientos de las Harpies desde el pasado lunes, Ginny estaba pasando una semana maravillosa; desde ese lunes, en que Harry la acompañó a la Madriguera y la entregó a su madre con tanto tacto, ella no había dejado pasar una tarde siquiera en que no se hubiese presentado allí de nuevo a conversar con su madre, con su padre —quien, al verla, apunto había estado de echarse a llorar como un colegial debido a la emoción y que la había envuelto en montones de besos y de abrazos— y también con su hermano George y con su esposa, Angelina; todavía no había podido ver al resto de sus hermanos, así que la tarde del jueves, al encontrarse de nuevo con Ron allí, y también con Hermione, la alegría fue monumental; ambos llegaron acompañados de Teddy, el ahijado de Harry, pero Ginny no pudo saludar al niño porque, cuando ella llegó a La Madriguera, él se hallaba haciendo la siesta. No temía por la seguridad de James, por dejarle tan sólo a cargo de la tía abuela Tessi, pues se había esforzado tanto en ocultarle y en protegerle durante toda su vida, que era imposible que alguien, excepto la propia tía abuela Tessi, pudiese conocer su existencia; no se puede intentar dañar aquello que no se sabe que existe — se repetía a sí misma a modo de cantinela para lograr tranquilizarse.

— ¿Me acompañas a dar un paseo? —Ron pidió a su hermana, con voz amable, hacia el final de la tarde.

— Me apetece mucho, pero ¿Hermione no se molestará, si no la incluimos en él? —Ginny quiso saber, dubitativa.

—Tranquila; ella y yo vivimos juntos; puede tenerme a su lado siempre que quiera; además, tiene mucho que hablar con Angelina.

— ¿Y eso? — No le había parecido raro que Hermione tuviese gran complicidad con su cuñada, pues ambas siempre se habían llevado a las mil maravillas; sino que su hermano lo hubiese dicho con semejante suspense.

—Ninguna de las dos me ha contado nada; pero sospecho que Angelina se ha enterado hace muy poco de que está embarazada; y las dos están preparando algo especial para que ella le de la noticia a George—él respondió en voz baja, para asegurarse de que no podía ser escuchado por ninguna de las aludidas.

— ¿En serio? ¡Eso es genial!

— ¡Chsssssss! ¡Baja la voz, enana! —él gritó casi sin voz, haciendo un gesto brusco con la mano. Ginny sonrió, al escuchar de nuevo el apodo cariñoso que su hermano había usado con ella durante su niñez.

— ¿Pero cómo lo sabes? — preguntó en el mismo tono.

—Nunca subestimes las dotes detectivescas de un auror. Bueno, ¿nos vamos? — Ella asintió con un cabeceo.

Minutos después, ambos caminaban en silencio, tranquilamente, bordeando el pantano anexo a La Madriguera. Ron pensó mucho en cómo abordar a su hermana con la pregunta que deseaba hacerle, y al final se decantó por la sencillez; cuantas menos vueltas diese al asunto, mejor.

—Harry está muy preocupado por ti—Ron afirmó, de pronto, logrando que Ginny le mirase con ojos desorbitados por la sorpresa. — Ginny, por favor, aunque no estés totalmente segura de quién puede estar intentando dañarte, danos al menos una pista; te lo ruego.

—Él no tiene porqué estar preocupado por mí; él y yo no somos absolutamente nada—en cambio ella respondió, a la defensiva.

—Bien. Pues el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica del Excelentísimo Ministerio de Magia del Reino Unido está preocupado por las amenazas contra tu integridad física, que estás recibiendo últimamente—él respondió con el mismo tono—. ¿Te vale así? Joder, Ginny, déjanos ayudarte; no nos lo pongas difícil—le pidió, frustrado.

—Yo no os lo pongo ni fácil ni difícil, Ron; simplemente, no tengo nada que decir.

—Pues quizá cuando lo tengas ya sea demasiado tarde; ojala no arrastres en tu caída a nadie a quien ames de verdad—le deseó con tristeza—. Me vuelvo a La Madriguera. — Dio media vuelta e hizo intención de marcharse por donde había venido; pero Ginny lo detuvo cogiéndole por una mano.

—Lo siento; pero es que… cuando Harry está de por medio en cualquier asunto, siempre… tengo sentimientos encontrados—se disculpó, con voz agotada.

—Sinceramente, Ginny: no tendrías porqué, ya que fuiste tú quien lo dejaste a él con un palmo de narices. Tú has hecho lo que te ha dado la real gana con tu vida, y él está haciendo lo mismo con la suya. ¿Qué problema hay? — Al escucharle, ella bufó con desdén.

—Todavía no me acostumbro a lo cínicos que él y tú podéis llegar a ser. ¿Qué habría pasado, Ron, si yo me hubiese quedado con Harry? —comenzó a alzar la voz, más y más nerviosa por momentos. — ¿Qué habría sido de mí con él?

— ¿Que qué habría sido de ti? ¡Yo te lo diré! ¡El mismo día en que tú te marchaste sin decir adiós, él te habría puesto un anillo impresionante en el dedo anular de tu mano izquierda y te habría pedido matrimonio! ¡Empezando por ahí! ¡A partir de entonces, lo que tú hubieses querido! ¡Se moría por ti, Ginny! — él le reprochó, enfadándose también.

— ¿De qué narices me estás hablando, Ron? ¡Si le escuché decir de qué modo me estaba tomando el pelo, que jamás se casaría conmigo ni tendría hijos conmigo! ¡Y tú le reíste la gracia!

— ¿Pero tú te has vuelto loca, o es que el golpe de una bludger te ha afectado al cerebro? ¡Ese mismo día él iba a pedirte que te casaras con él! ¡Pero si me enseñó el anillo, incluso!

— ¡Supongo que un anillo acabado en un gran pedrusco que iba a incrustarme en todo el corazón! — ella gritó aún más, desatada. — ¿Quieres ver lo que te dijo? ¿Y lo que tú le respondiste, señorito amnésico por conveniencia? ¿Me seguirás mintiendo cuando te golpee con la verdad en tus mismas narices? ¡Puedo mostrarte esa conversación completita en un pensadero cuando te apetezca! ¡Ahora mismo, si quieres!

— ¡Ahora mismo va a ser! — Cogió de la mano a su hermana con tanta fuerza que les dolió tanto a ella como a él, y tiró de ella para arrastrarla tras de sí de forma impetuosa.

— ¿Qué crees que estás haciendo?

—Papá tiene un viejo pensadero en el cobertizo. No te echarás atrás ahora, ¿verdad, hermanita? — la miró con burla, provocativo.

—P-por supuesto que no. — Ella no esperaba tener que enfrentarse a aquel recuerdo de nuevo, y mucho menos en presencia de su hermano mayor; si le dolía en lo más hondo de su corazón cada vez que recordaba las malditas palabras que escuchó en boca de Harry, muchísimo más le dolería tener que revivir la situación. Pero se armó de valor y siguió a su hermano de buena gana; por fin iba a ponerlo en su lugar, y por ende, a Harry, en cuanto Ron le fuese con el cuento de que ella conocía, absolutamente, toda la verdad.

En cuanto los dos llegaron al viejo cobertizo que Arthur mantenía siempre repleto, principalmente, de artilugios muggles que se dedicaba a estudiar y a modificar mágicamente para adaptarlos a sus necesidades, Ron se dirigió directamente hacia una enorme y vieja caja, cubierta de telarañas, que parecía contener dentro de ella algo tanto o más viejo aún. Con cuidado, él apartó todos los trastos que obstaculizaban el alcance de la caja y después la arrastró hasta el centro del cobertizo, inclinándola con cuidado de lado a lado, mientras tiraba de ella, para facilitar la tarea.

—Siempre me han fascinado estos trastos—Ron respondió a la pregunta que Ginny todavía no le había formulado pero que agitaba su mente—; cuando papá no puede pillarme, suelo escabullirme a este lugar para echar un vistazo a todos los cachivaches muggles que tiene; así lo encontré; lo he probado; todavía funciona. — Desembaló el viejo pensadero con paciencia, para no dañarlo, lo limpió de polvo por el exterior lo mejor que pudo, y se asomó dentro para comprobar que la luz blanca y brillante que debía contener se arremolinaba y separaba sin cesar, señal inequívoca de que las runas y símbolos tallados en la piedra, por la parte externa del cuenco, seguían intactos y cumplirían correctamente su función. —Bueno, cuando quieras, hermanita—instó a su hermana con sarcasmo.

—Tú lo has querido. — Inmediatamente, Ginny sacó su varita y la acercó a sus sienes; se concentró, y poco a poco extrajo un hilillo de plata, que depositó lentamente sobre la luz blanca, arremolinada ahora en el centro del pensadero. —Cuando quieras—invitó a su hermano del mismo modo en que él lo había hecho con ella, dándole paso con un gesto amable de la mano. Ron, completamente seguro de sí mismo, de Harry, y de lo que iba a ver, sumergió su rostro en la vorágine creada por la luz. Inmediatamente, las figuras de Harry y de sí mismo coparon su visión.

Como te lo cuento, Ron—Harry aseguró a su mejor amigo y continuó con voz altiva: Me la estoy tirando porque es una fiera en la cama, ni más ni menos; pero ni la quiero, ni me importa. El día en que ella ya no me ponga cachondo, la echaré de mi vida tal y como entró; sin hacer ruido.

No me jodas—Ron respondió, mirándolo con los ojos desorbitados y sin poder evitar comenzar a reír.

Y aún hay más—continuó con la misma voz que había usado un momento antes—: ¿Tener hijos con ella? ¡Debería estar loco para tener hijos! ¡Yo soy único! ¡Irrepetible! ¿Malas copias de algo perfecto? ¡Ni de coña!

Por un instante, ambos amigos rompieron a reír sin parar.

Poco a poco, la imagen se fue difuminando, hasta abandonar a Ron a merced de la agitada luz. Él retiró la cabeza del pensadero y miró a Ginny en silencio, muy serio; durante unos cuantos segundos que a ella parecieron eternos no dijo nada; ni se movió; tan sólo la miró, tan serio que hasta provocaba temor; así que ella, al contrario de lo que había planeado hacer nada más él terminase de presenciar la escena, fue incapaz de burlarse de su confianza en Harry, ni siquiera de recriminarle nada en absoluto.

—Tienes toda la razón; Harry dijo esas mismas palabras. ¿Que cómo lo recuerdo? Ni Harry ni yo seremos capaces de olvidar aquel día jamás, por tu abandono—le aseguró, la voz llena de dolor. — Ella lo miró con cara de triunfo y acusación en la minada. —Ahora me toca a mí—él anunció, sin más. Y de un modo solemne, extrajo de su mente su propio recuerdo, lo depositó en el pensadero ágilmente, una vez hubo retirado el de su hermana y embotellado convenientemente en uno de los frascos que la gran caja también había contenido en su interior, y con un gesto premeditadamente sereno la invitó a mirar. Tanta serenidad, tanta confianza en sí mismo, hicieron que las más profundas convicciones de Ginny con respecto a lo sucedido hacía cinco años se tambaleasen peligrosamente; pero pronto se recompuso gracias a su inmensa fuerza de voluntad, y al rencor tanto tiempo contenido. Sin miedo, sumergió su bello rostro en la luz blanca, dispuesta a soportar cualquier cosa que pudiese presenciar, pues, ¿qué podía ser peor que lo que ya había vivido?

Inmediatamente, Ginny pudo distinguir el pasillo que conducía al Cuartel General de Aurores, en el segundo piso del Ministerio de Magia; al igual que Ron había hecho con el anterior recuerdo que ella le había mostrado. Harry acababa de llegar corriendo por el pasillo, mientras Ron lo aguardaba con cara de pocos amigos.

Hola, colega—Harry saludó a su mejor amigo, palmeándole la espalda alegremente nada más alcanzarle.

¿Serás capullo? ¡Me has dejado solo en el Cuartel General de Aurores, a merced de Kingsley! ¡Todo el papeleo de la misión de Francia era para los dos, cabronazo! ¡Y tú te lo has pasado por el forro de lo que yo te diga! —Ron le reprochó, mirándole con cabreo.

Te lo compensaré, Ron; te lo juro. Pero no podía dejar pasar ni un solo minuto más sin ir a la joyería que el señor Abbot tiene en el Callejón Diagon, sabiendo que el anillo de compromiso para Ginny que le encargué ya estaba terminado—le explicó con semblante culpable. —Desde que Abbot me ha enviado una lechuza esta mañana avisándome de que ya podía pasar a recoger el dichoso anillo en cuanto quisiera, no he hecho más que dar vueltas a la cabeza con el asunto; si no iba a recogerlo, te juro que de un momento a otro explotaría—sonrió, bobalicón, mientras le mostraba, embelesado, el contenido de una pequeña cajita. Al ver la preciosa y perfecta joya, engarzada en un aro de oro exquisitamente labrado, Ron soltó un silbido de admiración.

Mi hermana te tiene sorbido el seso, atontado—; el pelirrojo se burló, sonriendo también—. Va a encantarle. Pero como vuelvas a hacerme esto, buscaré el modo de devolverte el favor— añadió, mordaz.

Te lo compensaré—prometió de nuevo—. Oye, ¿sabes a quién he encontrado de camino a la joyería?

Ni lo sé, ni me importa; pero temo que no voy a poder evitar que tú me lo cuentes.

Deja el cabreo ya, Ron; de verdad que te lo compensaré. Me he encontrado, nada más y nada menos, que con Michael Corner.

¿Corner? ¿Ese no fue el noviete de Ginny que al principio siempre te seguía, pegado a ti como una lapa?

El mismo—Harry afirmó alegremente.

¿Y qué tiene de especial haberte encontrado con él?

¿Recuerdas que hace meses se rumoreó que salía con Marietta Edgecombe, la "dama de los vientos"? — Aquel apodo lo inventaron Ron y él hacia años, en Hogwarts, debido al daño que causó su chivatazo a la profesora Umbridge sobre el Ejército de Dumbledore.

Sí; la tristemente soplona; pobre chica, no nos portamos nada bien con ella por lo que pasó con el Ejército de Dumbledore; a su familia no le habría ido nada bien si ella no hubiese confesado—Ron recordó con tristeza.

Tienes razón; pero eso no es a lo que vamos. Cuando le he preguntado, por cortesía, cómo marcha su relación con Marietta, si van a casarse y a formar una familia pronto, él me ha respondido que ella no es más que una triste y patética marioneta en sus manos.

¿De qué va el tontolaba ese? ¿Eso te ha dicho? — Ron quiso saber, incrédulo.

Como te lo cuento, Ron—Harry aseguró a su mejor amigo y continúo con voz altiva: Me la estoy tirando porque es una fiera en la cama, ni más ni menos; pero ni la quiero, ni me importa. El día en que ella ya no me ponga cachondo, la echaré de mi vida tal y como entró; sin hacer ruido.

No me jodas—Ron respondió, mirándolo con los ojos desorbitados y sin poder evitar comenzar a reír.

Y aún hay más: ¿Tener hijos con ella? ¡Debería estar loco para tener hijos! ¡Yo soy único! ¡Irrepetible! ¿Malas copias de algo perfecto? ¡Ni de coña!

Por un instante, ambos amigos rompieron a reír sin parar.

¿Qué ha sido eso? Harry dejó de reír repentinamente y se giró hacia su espalda, escrutando hacia el final del pasillo. Juraría que he escuchado un ruido.

No sé, tío; yo no he oído nada y tampoco se ve a nadie ahí. ¿Cómo puede existir alguien tan imbécil? Preguntó, continuando con la conversación que ambos mantenían ¡Pero si él no es más que un pobre diablo! — Ron dijo, aún entre risas.

Alguien capaz de hacer daño a una persona de esa manera, la quiera o no la quiera, desde luego que lo es—Harry respondió, repentinamente serio—. Estoy por averiguar dónde vive Marietta, ir a verla y contarle todo lo sucedido; lo malo es que ella no me creerá, y aún menos si soy yo quien vaya a su casa a poner verde a su adorado novio; pienso que avisarla no servirá para nada más que para que se aferre a ese desgraciado con más fuerza, si cabe.

Tienes razón; pero… ¿qué hacemos, entonces?

He hecho lo único que podía hacer, Ron: he dejado bien claro a Corner que, como yo me entere de que ha causado daño, el que sea y sea como sea, a Marietta, me encargaré de convertir su vida en un infierno. Puede que me haya jugado mi carrera como auror al intentar asustarle con una amenaza semejante; pero no podía quedarme de brazos cruzados. Ojala sirva para algo.

¡Joder, tío! ¿Cuándo dejarás de comportarte como el gran protector de los más débiles y desvalidos? Algún día, ese comportamiento te pasará factura, te lo puedo asegurar—Ron le reprendió de un modo paternal.

Lo sé, tío. Pero, ¿qué podía hacer?

¡No habértelo cruzado! ¡Mierda! ¡Y haber estado donde debías estar! ¡Haciendo papeleo conmigo para Kingsley! — Harry rió, divertido por el cariñoso arrebato de furia del pelirrojo.

Dejemos el tema, porque este va a ser el día más feliz de mi vida, cuando esta misma tarde pida a Ginny que se case conmigo. Y te aseguro que nada, absolutamente nada, va a poder empañar mi felicidad. — Ron negó con la cabeza cómicamente, dándole por perdido.

Anda, atontado; ve al despacho de Kingsley; te estaba buscando para comentarte no sé qué de una nueva misión. Ojala te mande a capturar gnomos de jardín y yo pueda deshacerme de ti durante unos días, al menos—bromeó, recuperando su alegría.

Eres el mejor amigo que yo hubiese podido desear—Harry confesó, dándole un repentino abrazo.

Y tú el mejor cuñado, ¿qué digo?, ¡el único!, al que yo permitiría casarse con mi hermana, que yo pudiera desear. — Le devolvió el abrazo mucho más emocionado de lo que intentaba hacerle notar.

Y ambos amigos entraron de nuevo en el Cuartel General de Aurores, entre risas de complicidad.

— Y tenía razón: absolutamente nada empañó el día que, pretendidamente, debió ser el más feliz de su vida. Que alguien se lo mandase a la mierda dejándole más tirado que una colilla, eso es otro cantarRon declaró con voz de derrota, en cuanto Ginny hizo ademán de abandonar la escena que él acababa de mostrarle—. No confiaste en él, que te amaba con todo su ser; ni en mí, que soy tu propio hermano; ni siquiera para echarnos en cara lo que acababas de escuchar, aunque sólo fuese para que ambos tuviésemos una mínima oportunidad de defendernos—se lamentó—. Te he mostrado la verdad, la creas o no; a estas alturas, a Harry debería importarle ya una mierda todo el daño que le causaste, porque nada hará que el dolor que sintió desaparezca; y tú, mucho menos que eso. ¿Cómo debo sentirme ahora, Ginny? ¿Y qué culpa tuvieron nuestros padres, nuestros hermanos, en lo que tú creíste que era una traición? ¿Por qué cojones nos abandonaste de esa manera? ¡Supimos de ti casi un año después, cuando un periódico canadiense anunció a bombo y platillo que tú jugarías en su liga de quidditch con los Meteories! — la acusó, ahondando aún más en la herida. Por un momento quedó en silencio, aguardando una reacción por parte de ella que no llegó. — Así que déjate de paranoias y de orgullos heridos de una puñetera vez y para siempre y permítenos, a Harry y a mí, que te ayudemos—le pidió una vez más, tajante.

Ginny no podía hacer más que permanecer de pie, completamente estática, en silencio. ¿Que si había algo peor que lo que había vivido ya? Sintió que la oleada de culpabilidad, de dolor, de impotencia y de frustración que estaba arrasando su cuerpo y su alma por completo, desde luego lo era; muchísimo peor. Su mente giraba a una velocidad vertiginosa que no era capaz de controlar; raudos pensamientos pasaban ante ella y quedaban en la distancia, apelotonados unos sobre otros en una maraña que no podía descifrar; pensaba rápidamente y, sin embargo, era incapaz de pensar.

— ¡Dime algo! ¡Ginny! ¡Lo que sea! ¡Prefiero escuchar cualquier cosa a ese tozudo silencio! — Ron le exigió, impaciente.

— ¡Tú no sabes nada! ¡Necesito pensar! — ella tan sólo fue capaz de gritar; salió del cobertizo a todo correr, sin mirar atrás; le daba igual a dónde le llevasen los pies; sólo quería pensar.

— ¿Nada de qué? ¡Ginny! ¡Por favor! ¿Ni siquiera ahora vas a confiar en mí?

— ¡No me sigas, Ron! ¡Necesito pensar! —repitió con tanta firmeza, que su hermano no pudo más que doblegarse a aquella petición.

— ¡No te alejes de La Madriguera! —gritó en un último y desesperado intento por protegerle, sin saber si ella, realmente, había podido escucharle, pues parecía que sus pies le llevasen en alas del viento.

Palabras inconexas caían a peso sobre el ánimo de Ginny, hundiéndolo sin remedio: "Amor"; "Inocente"; "Distancia"; "Perdido"; "Tiempo"… No pudo hilvanar pensamientos completos, de tan conmocionada como estaba; hasta que se topó de lleno con el seto que protegía el Jardín De Los Sueños Rotos —como ella se había empeñado en bautizarlo días atrás. Un atisbo de esperanza iluminó su corazón; allí hallaría paz; allí todo se arreglaría; allí el mundo sería indulgente con su pecado… Entró en él casi a trompicones e inmediatamente una oleada de inmensa calidez, de bienvenida, la arropó sin pedir nada a cambio; sí, allí podría pensar.

Aunque no había llegado a aquel lugar en su busca, la rosa color perla le aguardaba depositada con mimo sobre el suelo del cenador; como cada día, como todos los días… junto a una caracola grande y hermosa que, nada más ser contemplada, invitaba a llevársela al oído para escuchar el sonido del atemporal océano. Ginny tomó ambas; la rosa, la llevó a su pecho; la caracola, a su oído; la cercanía de su misterioso y galante anfitrión no sabía bien porqué, pero ella, desde un principio, imaginó al dueño de aquel maravilloso lugar como hombre, y no como mujer se escuchó tras el rumor del mar, del viento…

—Tú me comprenderás; debes comprenderme—ella lanzó al viento de nuevo. Pero en esta ocasión, nadie hubo quien pudiese escucharla.

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Aquella misma tarde, Harry regresó a su hogar a última hora agotado, preocupado y frustrado; Stacy todavía no había regresado de Canadá con pista alguna sobre la identidad del presunto agresor de Ginny; las investigaciones enfocadas al Reino Unido no mostraban mejores avances y Ron no había obtenido, todavía, nada de la puñetera pelirroja que había irrumpido de nuevo en su vida para llevarle por la calle de la amargura; nada de nada. ¿Cómo aquella rebelde mujer había sido capaz de descubrir, y más, de penetrar en su jardín oculto? Desde que lo construyó, Harry lo había dotado de las mayores y mejores medidas de camuflaje, de disuasión y de expulsión que había sido capaz de imaginar. ¡Y ella lo había alcanzado sin más! Aquel pensamiento lograba perturbarle más que cualquier otro que pudiese tener.

Mientras mudaba su ropa de trabajo por un pantalón y una camiseta más cómodos, pensó en Teddy: el niño debía estar esperándole en casa de Ron y de Hermione Hermione se había empeñado en cuidar de él mientras le durasen las vacaciones que había tomado en el trabajo, excitado y más que preparado para emprender la apasionante aventura de aquella noche: reunirse de nuevo con su hermano James. Harry le había prometido que, entrada la noche, le permitiría acompañarle a visitar al niño; y para la ocasión, había preparado todo un encuentro para los tres, lleno de sorpresas y de risas. Pasara lo que pasase después, mientras de Harry dependiera, aquellos dos niños iban a sentirse los más felices del mundo; día tras día; se lo había jurado a sí mismo y así lo cumpliría. Y cuando la amenaza que pesaba sobre Ginny hubiese desaparecido, pensaba hablar seria y claramente con ella; no iba a permitir que James se quedase sin padre; nunca más.

Salió de su cuarto pensando en todo ello y ya se dirigía hacia las escaleras, cuando el sonido del timbre llamó su atención; no esperaba a nadie, así que, intrigado, bajó las escaleras que le llevarían hacia la planta baja de la casa y se encaminó hacia la puerta; al abrirla, recibió el rostro de Cho, mimoso y compungido.

— ¿Puedo entrar? —la mujer preguntó con recato.

—Tú misma, Cho—él respondió con voz desapasionada; pero se apartó para permitirle el paso; hecho que ella inmediatamente aprovechó, mostrándole una encantadora sonrisa. —No puedo atenderte durante mucho rato; esta noche tengo un compromiso. — Ella le miró con suspicacia, pero decidió no hacer comentario alguno al respecto para no empeorar la tensa situación que se había creado entre ambos el día anterior, en el Cuartel General de Aurores.

—He venido para disculparme; ayer debí confiar en ti y no decirte lo que te dije delante de todos tus compañeros—aceptó, contrita.

—No, Cho; simplemente, ayer no debiste venir al Cuartel General de Aurores; te lo he dicho millones de veces; el trabajo es el trabajo, y todo lo demás queda fuera de él; incluso tú—Harry le reprochó duramente. —Lo que pienses sobre Ginevra Weasley y sobre mí, me trae sin cuidado; al igual que ella.

—Pero cariño… me moría por verte… —ella objetó, animada por las últimas palabras que él había pronunciado. Besó sus labios sensualmente, provocativa.

—A mí también me agrada verte; pero no allí—él mantuvo firme su postura; la rodeó con su brazo derecho y fue él quien le besó. Ella se abrazó a su pecho, encantada.

— ¿Entonces todo está bien entre nosotros? — Realmente, la pregunta que le reconcomía por dentro no era esa, sino "¿Nadie va a filtrar a los medios de comunicación el ridículo que me hiciste pasar?"; pero no era prudente ni oportuno formularla. Desde luego, por el momento absolutamente nadie le había dicho echado nada en cara sobre los bochornosos sucesos del día anterior en el Cuartel General de Aurores, así que confiaba en que, finalmente, nadie los contara.

—Si para ti todo está bien, para mí lo está.

—Perfecto, entonces. Ahora ya puedo decirte lo que fui a comentarte ayer; me gustaría que tú y yo adelantemos nuestra boda—declaró alegremente. Harry la observó enarcando una ceja.

— ¿Y eso?

—Me muero por poseerte—la morena ronroneó, zalamera. Aunque para sus adentros, se recordó que el día anterior no había querido comentarle nada de nada, tan sólo llegó con la intención de pavonearse ante todos los compañeros de Harry en el Cuartel; la única verdad era que la inesperada y repentina irrupción de Ginevra Weasley en la vida de Harry de nuevo, le había hecho saltar todas las alarmas. No estaba dispuesta a perder la mayor oportunidad de su vida por brillar entre las personas que ella consideraba la élite social más respetada y admirada de magos y brujas, así que era mejor prevenir que curar. —Cuanto antes lo compartamos todo, mejor.

— ¿Incluso a mis hijos, Cho? ¿Y cuanto antes tengamos descendencia, también mejor? — La pregunta tomó a la mujer totalmente por sorpresa, algo que no pudo disimular ante Harry. Normalmente, se afanaba por ocultar el infinito asco que le producían los niños, tanto la idea de tener hijos propios, como los ajenos; sobre todo ese fastidioso Teddy, a quien pensaba quitarse de encima en cuanto Harry y ella se casasen, enviándolo al internado más estricto y más alejado del Reino Unido que fuese capaz de encontrar. Pero en esa ocasión no fue capaz de esconderlo en su totalidad.

—P-por supuesto, cariño. — Le besó una vez más.

—No veo ningún inconveniente—él aceptó, tras un largo silencio—. Haz como quieras; pero encárgate tú de disponerlo todo para la boda; yo tengo demasiado trabajo en el Ministerio de Magia.

—Ningún problema. ¡Tendremos la boda más sonada y espectacular que se haya visto jamás! —ella anunció, entusiasmada. Pero Harry no añadió palabra alguna, algo que ella pareció no notar. —Bueno, me marcho ahora, cariño. Voy a dar la gran noticia a mis padres. ¡Se morirán de alegría! Nos vemos mañana, entonces.

—Hasta mañana—él se despidió con una sonrisa distante.

—Hasta mañana, mi vida—ella dijo también— y corrió hacia la puerta como si hubiesen salido alas a sus pies.

Al quedar a solas, Harry emitió un hondo suspiro; hubo de aceptar que su vida era un auténtico desastre; cada vez más; pero la de sus dos hijos no lo sería jamás; se repitió, dispuesto a cumplir su promesa a toda costa. Esperaba que, al menos, la fecha elegida por Cho le diese margen para resolver el asunto del acosador de Ginny, y con ello poder llegar a un acuerdo con ella sobre la presentación oficial de James, ante todo el mundo mágico, como su hijo legítimo que era. Estaba seguro de que Cho, a pesar de su interés por agradarle en todo, se iba a llevar una sorpresa monumental con la llegada de James a sus vidas, que le trastornaría los planes por completo; pero tendría que aceptarle, al igual que había hecho con Teddy; o todo entre ella y él se habría terminado prácticamente antes de empezar.

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Pasadas las diez de aquella noche, el cristal de la ventana de James comenzó a sonar con un leve repiqueteo de nudillos. El niño, completamente despierto y alerta a la espera de aquel sonido, se levantó de la cama como movido por un resorte situado bajo él, y corrió a abrir la ventana con cuidado de no hacer ruido para no alertar a su madre ni a la tía abuela Tessi.

—Te estaba esperando—dijo a su padre nada más verle. Por toda respuesta, Harry le ofreció una amplia sonrisa desde la escoba que había usado para elevarse hasta allí. — ¿No vas a entrar?

—Lo veo algo arriesgado—Harry respondió alegremente—. Además, Teddy nos está esperando ya en un lugar muy especial; tengo preparado algo para vosotros dos que os va a entusiasmar.

— ¿En serio? — Su padre asintió sin dejar de sonreír. — ¿Pero cómo vamos a ir allí?

—Sube a mi escoba. — Alargó los brazos hacia él para recibirle; pero el chico no lo tenía tan claro.

—Yo no puedo montar en escoba todavía; me lo ha dicho mami—objetó, dubitativo.

—Con papá, sí. ¿Confías en mí?

—Sí—respondió, asintiendo fuertemente con la cabeza.

—Entonces, no tienes nada que temer.

Completamente convencido y confiado, James se agarró a los brazos de su padre con fuerza, mientras él lo depositaba sentado a horcajadas en la escoba, en cabeza. Pronto ambos se vieron cubiertos por la Capa de Invisibilidad de Harry, que él había mantenido cubriendo la mayoría de su cuerpo y de la escoba mientras ambos conversaban.

— ¿Preparado?

—Sí; pero ¿seguro que puedes ver con esta capa por encima? ¿No nos toparemos con algo?

—Tranquilo; la retiraré en cuanto nos hayamos alejado suficientemente de la casa.

Un minuto después, ambos surcaban el aire a buena velocidad, entre cómplices sonrisas, atravesando la noche en dirección a un bosque cercano al pueblo donde Ginny y James estaban viviendo. Al divisar desde lo alto un claro rodeado de enormes y frondosos árboles, Harry comenzó a perder altura, frenando poco a poco su descenso.

—Ya hemos llegado—Harry anunció, nada más tocó con los pies en el suelo.

— ¿No me has dicho que Teddy iba a estar aquí? — James se extrañó, al no ver a nadie dentro del claro. Por toda respuesta, Harry emitió un quedo silbido, que repitió varias veces en una secuencia concreta; poco después la figura de Teddy se perfiló bajo las estrellas. Los dos chicos se miraron con alegría, contentos de encontrarse de nuevo.

Harry se tumbó sobre la hierba boca arriba, tranquilamente, e indicó a cada uno de ellos que hiciesen lo mismo, uno a cada lado.

—Esta noche hay lluvia de estrellas—con un dedo, señaló hacia el cielo, sonriente—; y como la luna está en fase menguante, es un momento ideal para verlas. Quizá hasta veamos una gran estrella fugaz—comentó, esperanzado—. ¿Estáis preparados para pedir un deseo? — Los dos asintieron con la cabeza, entusiasmados. — Abrazaos a mí, que hace un poquito de frío.

De este modo dejaron transcurrir el tiempo, James y Teddy abrazados a Harry, quien rodeó también a cada uno con un brazo; ninguno de ellos pensaba más que en disfrutar de aquel mágico momento, lejos de todo, lejos del mundo, ellos tres y nadie más.

— ¡Mira! —James apuntó al cielo, de pronto. — Un pequeño punto de luz, seguido de otro, y otro más, atravesaron el firmamento, veloces.

— ¡Ahí hay más! —Teddy añadió después, encantado.

— ¿Podemos pedir un deseo por cada estrella que veamos? —James quiso saber, alucinado. Harry rió, mirándole con ojos divertidos.

—Bueno… en teoría sí; pero yo de ti esperaría a ver pasar una estrella que me parezca lo suficientemente especial como para confiarle mis deseos más importantes para mí. No hay que ser avaricioso—respondió, solemne.

—Vaya…—James respondió, admirado.

—Y algo muy importante: no podéis contar a nadie el deseo que hayáis pedido, o no se cumplirá.

Una hora pasó rauda como las mismas estrellas que con tanto gusto estaban contemplando; Harry, sintiendo que ya era hora de enviar a ambos a la cama, y muy a pesar de su propio deseo, dio la excursión por concluida.

— ¿Qué haremos mañana? —James quiso saber, expectante.

—No puedo haceros trasnochar día tras día, señoritos; aunque estéis de vacaciones—su padre revolvió el pelo a ambos, quienes rieron, divertidos. —Mañana tan sólo yo vendré a darte un beso de buenas noches y te dormirás como un niño bueno.

—Jo… —los dos protestaron al unísono, como un coro bien afinado; y él no pudo más que volver a reír; deseaba, desde el fondo de su corazón, que Teddy y James se llevasen bien, que llegasen a quererse como hermanos. Parecía que no iba a ser difícil conseguirlo.

—Si os portáis bien, el sábado haremos otra escapadita. ¿Os parece?

— ¡Bien!

—Despedíos ya. Teddy, vuelve a ocultarte en el escondite que yo te he preparado hasta que yo regrese a recogerte; por nada del mundo salgas de ahí hasta que yo vuelva a por ti. Mientras, yo llevaré a James de regreso a casa.

—Hasta el sábado—Teddy ofreció su mano derecha a James para que él la estrechara.

—Hasta el sábado—James respondió, estrechando la mano de Teddy con la suya; inesperadamente, se abrazó al chico con cariño, sin decir palabra; ninguno de ambos la dijo, pero el abrazo fue mutuo por ambas partes.

Harry, subido ya a su escoba, acomodó a James delante de él, y tal y como habían llegado al claro, hicieron el camino de vuelta. Con sigilo, Harry depositó al niño en la seguridad de su cuarto, sano y salvo; no pretendía acompañarle, pero no pudo evitar desmontar de su escoba y entrar también, tras él; iluminó la habitación levemente con su varita y esperó a que el niño se pusiese el pijama y se metiese en la cama, en silencio, para poder arroparle.

—Descansa, pequeño gran hombre—Harry deseó a su primogénito con cariño, y se dispuso a marcharse.

—Papá…

— ¿Qué, hijo?

—Creo que te quiero—James confesó, mirándole muy serio.

—Y yo a ti—volvió sobre sus pasos para besar su frente—. Hasta mañana.

— Hasta mañana.

Inesperadamente, una luz se coló por la rendija de la puerta de la habitación, seguida de una voz preocupada. Harry apagó su varita de inmediato.

—James, ¿aún estás despierto? —la voz de Ginny se hizo notar, del otro lado.

Rápidamente, Harry se cubrió por completo por la Capa de Invisibilidad, en el momento preciso en que Ginny abrió la puerta del cuarto.

—Me ha parecido ver una luz y juraría que te he oído hablar con alguien—ella dijo a su hijo, observando cada rincón de la habitación, alarmada. — Detuvo su charla bruscamente y quedó estática; para sorpresa de James, inhaló aire con los ojos cerrados.—Ese aroma… —añadió, pensativa— ¿Harry? — Él apunto estuvo de dejar caer la Capa de Invisibilidad por la sorpresa, pero contuvo la respiración y dio un paso atrás con sigilo cuando ella extendió su mano derecha hacia el frente, para no ser descubierto. —Merlín bendito… estoy obsesionada—se lamentó un momento después, y sonrió a su hijo con cariño — ¿Con quién hablabas? —preguntó, suspicaz.

—Estaba contándome a mí mismo en voz alta el cuento que tú me contaste el otro día—James dijo lo primero que se le ocurrió.

— ¿El de Babbitty Rabbitty y su Cepa Carcajeante?

—Ese—él asintió, convencido.

—Bueno; mañana te lo contaré de nuevo, si tanto te gustó. Pero ahora a dormir— le dio un beso cariñoso en la mejilla, que el niño devolvió igualmente.

—Sí, mami.

—Hasta mañana.

—Hasta mañana, mami.

Ginny salió del cuarto, cerrando la puerta tras ella. Y Harry exhaló con fuerza, aliviado. James iba a comentar algo, pero su padre se llevó un dedo a los labios indicándole que guardase silencio, o su madre volvería; dio un nuevo beso al pequeño en la frente y se marchó por donde había venido.

— ¿Qué vas a hacer ahora? — James escuchó que la tía abuela Tessi preguntaba a su madre desde el fondo del pasillo.

— ¿Qué puedo hacer, tía, si yo misma me cerré no sólo todas las puertas, sino todas las ventanas con él? — Ginny respondió, abatida.

— ¿Y con vuestro hijo? Él tiene derecho a conocerle y a ejercer de padre con él.

—Ya lo sé… — no pudo escuchar nada más, pues ambas mujeres se habían alejado demasiado de su habitación.

Aquella noche, los sueños de James estuvieron plagados de estrellas brillantes y de deseos alegres; los de Teddy de los abrazos cálidos de una mamá cariñosa y dulce; los de Ginny, del dolor causado por miles de espinas que se clavaban en su pecho, provenientes de hermosísimas rosas color perla; y los de Harry, de la calidez dulce y sensual de los besos de cierta mujer pelirroja.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Antes que nada, quiero deciros que durante el capítulo anterior, mi mundo personal se ha llenado de soles, de nueve maravillosos soles, para ser concretos, que me han dejado nueve reviews para alegrarme el fin de semana y cargarme las pilas a tope.

Mis nueve soles, a quienes agradezco sus reviews desde lo más hondo de mi alma son:

GLLNMR

cinthi68, quien también ha añadido el fic a sus favoritos y a sus alertas (¡GRACIAS!)

vulkaskull

Mauricio

hanna27

Krisy Weasley (mi amiga en fanficiton desde hace tanto tiempo; eres un cielo)

Gelygirl

Celtapotter

Maria

Para vosotros nueve, mi más profundo cariño por haber dado por bien empleado el perder parte de vuestro tiempo escribiéndome vuestros mensajes. Espero seguir a la altura.

Y también agradezco de todo corazón a quienes han añadido este fic a sus favoritos y/ó a sus alertas: tenchi001, Palitha, Loverbooks, .Baggins, bengie29 y BueMaker.

Ya me contaréis qué os ha parecido el rumbo que van tomando los acontecimientos.

Un abrazo muy fuerte y hasta muy pronto, espero.

Con cariño.

Rose.