8.- Cercanía y distancia.
El domingo por la mañana, Harry tomaba una taza de café, sentado en el sillón de su despacho, pensativo. Stacy había regresado de Canadá al despuntar el alba, con noticias inquietantes; y a pesar de ser un día festivo, había ido a ver a Harry a su hogar para ponerle al corriente de ellas, pues aunque él no se lo hubiese confesado a ella ni a nadie, la auror sabía perfectamente cuánto Ginevra Weasley seguía significando en su vida. Le ofreció un nombre: Gordon Levenau, perteneciente a un antiguo jugador estrella de los Meteories, cuya vacante, precisamente, Ginny fue a cubrir cuando el hombre cayó en desgracia debido a graves problemas con el alcohol. Según Stacy, el hombre había intentado volver a hacerse un hueco en el equipo convirtiéndose en manager de Ginny, y también en su pareja sentimental; ambas ofertas que la pelirroja había rechazado de pleno en varias ocasiones. Los compañeros de Ginny en los Meteories, así como el propio entrenador, habían contado a la auror que Gordon no había cesado en sus pretensiones hasta el mismo día en que ella se marchó de Canadá definitivamente; después de ello, el hombre desapareció y no volvió a saberse de él, ni en el equipo ni tampoco en su familia o en su más que reducido círculo de amistades (esto último lo había comprobado Stacy por su cuenta). Todo aquel a quien había preguntando por él, lo había definido como un hombre con aires de grandeza, irritable y obsesivo, con un gran problema con el alcohol que no hacía más que agravar su conducta irascible, maleducada e impertinente.
Definitivamente, era el candidato perfecto para haberse trasladado al Reino Unido con el fin de continuar acosando a Ginny; y si bien en Canadá sus pretensiones habían quedado en simples propuestas que ella había rechazado con total libertad, en Inglaterra podían haberse convertido perfectamente en amenazas cargadas de muerte, al haberse visto obligado a seguirla; si no podía someterla, si no era capaz de volver a brillar por encima de quien, a su modo de ver, había sido culpable de su desgracia por haber ocupado el puesto que sólo a él correspondía por derecho, acabaría con ella—Harry pensó, preocupado—. El problema era que él no podía ponerse en contacto con nadie del Ministerio de Magia que pudiese confirmar o negar la entrada de semejante individuo en el Reino Unido, por ser día de descanso. Aún así, se había dedicado a enviar sendos pergaminos con un requerimiento de información, al responsable del Departamento de Cooperación Mágica Internacional, y a su subordinado en el Departamento de Seguridad Mágica, encargado de dirigir la vigilancia de todos los paraderos de los magos y brujas con residencia en Gran Bretaña. A primera hora del lunes, sin duda obtendría las respuestas; lo que no garantizaba, por otro lado, que si el hombre hubiese entrado en el país de un modo encubierto, se hubiese podido descubrir y controlar dicho acceso ilegal. Y para agravar la situación, el dueño del equipo de las Harpies no cesaba en la presión ejercida, tanto a él como a Kingsley, al Wicengamot o a cualquiera con suficiente autoridad como para poder complacerle, que se permitiese al equipo volver a entrenar; alegando que iba a perder la próxima liga, o que no alcanzaría los primeros puestos, siquiera, si sus jugadores no se preparaban lo suficiente como para poder afrontarla con garantías; algo que podía llegar a arruinarlo e incluso a hacerlo desaparecer. Él iba a poder negarse; pero temía que el Wicengamot, finalmente, le obligaría a ceder.
No paraba de dar vueltas en su cabeza a todo el asunto, cuando el inconfundible ruido producido por el acceso de alguien a la casa a través de la Red Flu le sobresaltó. Aún así, no se molestó en ir hacia la chimenea, situada en el comedor, para ver quién acababa de llegar; si era amigable, fuese quien fuese, sabría dónde localizarle—Teddy ya se encargaría de ponerle al día pues, sin duda, ya habría ido corriendo, lleno de curiosidad infantil, a ver quién era el inesperado visitante—Harry sonrió para sí al pensar esto último. Y si no era amigable, simplemente, no habría sido capaz de entrar, pues las defensas que el hogar de los Potter poseía, eran las más modernas, potentes y bien definidas de todo el Reino Unido.
Como había previsto, pronto unos nudillos golpearon la puerta de su despacho con insistencia. Él se acomodó en el sillón tranquilamente y respondió:
— ¡Adelante!
Para su alegría, sus dos mejores amigos, Ron y Hermione, entraron en tromba; y para su sorpresa, lo hicieron con cara de pocos amigos.
—No puedes hacerlo—Ron le recriminó secamente, mientras tiraba la edición matinal de El Profeta ante él, encima de la mesa.
— ¿El qué? ¿Leer el periódico? Entonces, ¿para qué me lo traes? —Harry objetó, ofreciéndole una sonrisa divertida.
—Ja, ja— su mejor amigo le rió la gracia de un modo irónico—. No puedes casarte con esa mujer—afirmó, tajante.
—No, no puedes—Hermione afirmó también, rotunda, clavando en Harry su mirada más reprobadora.
Harry echó una ojeada a los titulares del periódico, e inmediatamente supo de qué iba el asunto: "Matrimonio del año, el próximo treinta y uno de julio" era el titular principal, bajo el que figuraba una foto en primer plano de una más que sonriente y satisfecha Cho Chang. "¿Será víbora?" —él no puedo evitar pensar para sí mismo—"Ha elegido como fecha de nuestra boda el día de mi cumpleaños". Sin poder evitarlo, pensó en qué distinto habría sido si hubiese sido Ginny quien hubiese elegido esa fecha como el día de su boda con él. Pero se obligó a desechar esa idea rápidamente; no había empeñado su palabra con Ginny Weasley—ni ella deseaba que lo hiciese, como había quedado sobradamente demostrado—sino con Cho Chang; y su palabra cumpliría.
—Vamos, chicos… Sabíais que este día llegaría…—objetó con una amable sonrisa.
—Sí, y jamás hemos estado de acuerdo con ello. Pero ahora no puedes casarte con ella; no sin haber aclarado las cosas con Ginny, al menos—Ron le prohibió, tajante.
—Por supuesto que he de dejar las cosas claras con ella; él no puede seguir viviendo de esta manera. Pero eso no significa que, para lograr que la situación mejore, yo deba dejar a Cho.
Ron y Hermione se miraron entre ellos, por un momento, si comprender; para observar a Harry después, suspicaces.
— ¿De quién estás hablando? —Hermione preguntó, temiendo haber hallado un gato encerrado.
— ¿De quién estáis hablando vosotros? — el moreno intentó disimular con candidez, dándose cuenta de que había bajado la guardia al haber hablado de más.
—Ah, no, Harry; no vas a tratarme como a un idiota. Si no confías en mí, dilo claro, y punto—Ron le reprochó, sintiéndose ofendido.
— ¿Pero a ti qué te pasa? —Harry contraatacó, extrañado por su desmesurada reacción.
—Mi hermana no me cuenta las cosas; tú no me cuentas las cosas… No confiáis en mí; pues bien.
Harry suspiró, rendido.
—No sé qué no habrá querido contarte tu hermana; pero tienes razón. Tú y Hermione sois mis mejores amigos, mis hermanos. No puedo ocultaros nada. No sé cómo contaros esto pero… Merlín…—se mesó el cabello, nervioso; —Tengo un hijo, un hijo de Ginny y mío—añadió, al ver que la pareja le miraba sin comprender. —Se llama James, tiene cuatro años, y es el niño más maravilloso del mundo—concluyó con emoción.
Ahora sí que los ojos de sus dos mejores amigos se fijaron en él, desorbitados, y sus bocas abiertas como las de peces faltos de oxígeno.
— ¿Que cómo lo he sabido? No por Ginny, desde luego. Teddy y James se pusieron en contacto de un modo accidental, hace unos pocos días, cuando Teddy intentó hablar con Ginny para que volviese conmigo, y James, por su lado, intentó encontrarme cuando me reconoció por una foto que vio en El Profeta. Desde entonces, no hay día en que yo no halle el modo de pasar un rato con mi hijo, a espaldas de tu hermana, por supuesto. Tengo intención de hablar con ella cuando el asunto de su acosador quede resuelto, para reconocer a James como hijo legítimo mío. El resto es historia.
Ron y Hermione estaban tan sorprendidos e impresionados, que no fueron capaces de pronunciar palabra alguna hasta pasados unos minutos, cuando habían comenzado ya a aceptar la noticia, auque aún no la habían podido digerir.
—Dios mío… —Ron se vio capaz de decir, acariciándose la barbilla, pensativo—. ¿Y aún así piensas casarte con Cho? —se encaró con él, acusador.
— ¿Y qué puedo hacer, si no? He empeñado mi palabra, Ron.
— ¡Al cuerno con tu palabra!
— ¿Pero qué demonios estás diciendo? Si pierdo mi honor, ¿qué me queda, entonces? — Harry le reprochó. — ¡Además, Ginny no me quiere! ¡Jamás me ha querido! ¡James no fue para ella más que el fruto de un lamentable accidente! ¡Aunque ahora lo adore!— argumentó a voz en grito.
— ¡Y una mierda, Harry! ¡Ella nos escuchó hablar de Michael Corner y creyó que eras tú quien piensa todas aquellas gilipolleces! ¡Por eso se marchó!
— ¿Pero qué cojones tiene que ver Michael Corner en todo esto? —Harry volvió a gritar, fuera de sí.
—Tranquilízate, Harry—Hermione le pidió, tomándole de la mano, mientras acariciaba su mejilla con cariño. — ¿Recuerdas una conversación que tú mantuviste con Ron, hace casi cinco años, el mismo día en que pretendías pedir a Ginny que se casase contigo?
—Recuerdo haber puesto a ese tipo en su lugar, sí; con el tiempo, me enteré de que Marietta le plantó al pie del altar, tanto que él había jurado que jamás se casaría con ella; no le estuvo mal, no… Pero una conversación… — Calló, pensativo. — Ahora que lo dices, sí… hablé con Ron sobre cómo Michael la trató… pero… ¿Qué narices tiene que ver todo eso con Ginny, o con lo que pasó? ¿Y mucho menos con James, que aún no había nacido siquiera?
—Ginny no me ha contado esto, pero después de lo tú que acabas de confesarme, estoy convencido de que durante esa conversación que tú y yo mantuvimos, sobre Corner y sobre cómo él trataba a Marietta, ella llegó al Ministerio de Magia a darte la noticia de que estaba embarazada. Y se encontró escuchando, por casualidad, la peor parte de nuestra conversación; la malinterpretó, y en vez de darte la feliz noticia, te plantó con un palmo de narices, pensando en que tú jamás querrías al hijo que ambos ibais a tener. ¿Recuerdas que tú escuchaste un ruido en el pasillo, al que no dimos importancia?
—Por amor de Dios, Ron… ¿Qué estás intentando decirme? —Harry cogió a su mejor amigo por los hombros y enfrentó su mirada, estupefacto.
—Que Ginny huyó de ti pensando que acababa de descubrir que lo vuestro no era más que una farsa, precisamente en el momento en que acababa de enterarse de que iba a darte un hijo—el pelirrojo respondió, muy serio—. ¿Comprendes ahora, Harry? Ella siempre te ha querido.
Harry soltó a su amigo y se llevó ambas manos a las sienes, superado por el demoledor impacto de todo lo que le había contado Ron. Comenzó a caminar por el cuarto de un lado a otro, nervioso, sin parar, durante lo que a la pareja le pareció una eternidad; pero ninguno osó interrumpirle, pues sabían que tan sólo él podía asimilar todo lo que acababa de descubrir. Cuando ya parecía que había perdido la razón, sin dejar de caminar con la mirada desenfocada, Harry se detuvo frente a sus amigos, y declaró, tajante:
—Sea como sea; Ginny no confió en mí, ni siquiera para echarme en cara lo despreciable que yo habría sido, si realmente ella hubiese tenido razón. Ella tomó su decisión, y yo he tomado la mía. James es mi hijo, y así lo haré saber al mundo, pese a quien pese. Y mi matrimonio con Cho es un hecho. No tengo más que decir.
—Por favor, Harry; no puedes acabar así—Hermione le suplicó, llena de pena y de tristeza.
— ¿Quién ha dicho que estoy acabado? Pienso hacer mi vida; ir hacia delante; el pasado, pasado está.
—Eres un desesperante cabezota—Hermione le acusó, furiosa—y se marchó con paso airado por donde había venido.
—Piénsalo, Harry, piénsalo. Chang no merece que tú mantengas tu palabra—Ron le pidió una última vez, a la desesperada. —No intentes volver con Ginny, si no quieres; en el fondo pienso que ella tampoco lo merece; aunque tu hijo, sí; pero no te arruines la vida casándote con alguien a quien no amas.
Iba a salir del cuarto también, cuando un golpe sordo atrajo la atención de ambos; una lechuza acababa de posarse en el alfeizar de la ventana y había comenzado a golpear el cristal con una pata, intentando hacerse notar. Inmediatamente, Harry fue a abrir la ventana para permitir que el hermoso animal entrase en la casa, y al hacerlo, la lechuza se posó en su brazo con descaro, clavando en los ojos de él una mirada de invitación para que cogiera el pergamino que, cuidadosamente plegado, llevaba atado a una pata.
Harry pensó, en un primer momento, que se trataba de la respuesta dada a alguno de los mensajes que él mismo había enviado; pero se recordó que aquello, en domingo, era prácticamente imposible. ¿De qué debía tratarse, entonces? Una repentina inquietud se apoderó de sus sentidos y tomó el pergamino con impaciencia, aunque cuidando de no dañar a la majestuosa ave, que nada más verse liberada de su encomienda, emprendió el vuelo lejos de allí, sin esperar nada a cambio. Harry desenrolló el pergamino con manos nerviosas, lo leyó una primera vez mentalmente, para luego volverlo a leer en voz alta:
"Acude tú solo, dentro de una hora, a la dirección que te indico; si osas ignorar mi orden, mucha gente morirá; y te juro que esta vez no vas a poder evitarlo"
La nota finalizaba con una dirección, que Harry reconoció inmediatamente como situada a las afueras de Londres.
— ¿Por qué ese tipo te cita a ti, y no a Ginny, para reunirse con él? — Ron quiso saber nada más Harry hubo terminado de leer la nota, extrañado.
—Porque sabe que yo soy el mayor obstáculo entre ella y él; tanto como Director del Departamento de Seguridad Mágica o como antiguo "amante" de Ginny. Además, yo fui quien frustró sus planes el pasado viernes, en el estadio—Harry argumentó con sencillez.
—Sé que vas a acudir a la cita; y no vas a hacerlo solo—dejó bien claro.
—Si convoco de urgencia a un escuadrón del Cuartel General de Aurores, él lo sabrá; todavía no sé cómo, pero sé que lo sabrá. No puedo arriesgarme a hacerlo.
—Pero nos tienes a Ron, y a mí—Hermione afirmó, rotunda. Había regresado en busca de su novio, al ver que él no la seguía.
—No puedo poneros en peligro— preocupado, él negó también con la cabeza.
— ¿Qué peligro ni qué crup muerto? Yo soy auror, Harry, y he de decirte que uno de los mejores; —el otro sonrió al escucharle, totalmente de acuerdo— y quien se meta con Hermione, sinceramente, la lleva clara.
—Sé que es una trampa; pero tengo que ir.
—Lo sabemos, y te apoyaremos—Hermione aseguró—. Y quizá podamos enterarnos, de una vez, de quién está intentando hacer la vida imposible a Ginny.
—Eso ya lo sé; se llama Gordon Levenau, y aunque todavía no tengo pruebas de lo que afirmo, mi intuición me lo dice.
— ¿Cuántas cosas más has pensado ocultarme? —Ron le reprochó, molesto.
—Esta no te la estaba ocultando, Ron; es sólo que acabo de enterarme; Stacy me ha dado el informe de sus pesquisas esta misma mañana, antes de que llegaseis vosotros.
—Joder con algunos domingos, que más parecen lunes—el otro replicó con fastidio. Harry no pudo evitar sonreír.
—Voy a llevar a Teddy con Molly; le diré que él se quedará a comer, pero que yo, lamentablemente, no puedo hacerlo, como había prometido. Intentará coserme a preguntas, pero esta vez se quedará con las ganas de obtener respuestas—Harry explicó, mostrando una nueva sonrisa.
—Mi madre no es tonta; enseguida intuirá por dónde van los tiros.
—Lo sé. Estad preparados para cuando regrese. Los tres iremos a por ese maldito, y que sea lo que tenga que ser.
Ambos asintieron, conformes, y Harry fue en busca de Teddy para acompañarle a La Madriguera.
~~o&0O0&o~~
Apenas cuarenta y cinco minutos después, Harry, Ron y Hermione se ocultaban entre las sombras de un pequeño callejón situado a pocos metros frente al pequeño almacén donde Levenau, presuntamente, había citado a Harry. Situado en uno de los barrios más modestos de las afueras de Londres, el pequeño edificio parecía no ser mucho más que una pequeña caseta de hormigón, de tejado plano y sin ventanas, al parecer con tan sólo una entrada y salida a ras de suelo. Nada más verla, Ron supuso que, probablemente, tuviese otra salida al tejado, por donde podría resultar relativamente fácil una rápida escapada si se disponía de la complexión física adecuada para saltar de tejado en tejado durante varios cientos de metros.
—Entraremos por arriba—Ron declaró, resuelto.
—No vamos a entrar los tres; él no nos lo permitirá—Harry objetó, convencido—. Y no creo que a ninguno de nosotros le sea posible usar la puerta del tejado; él no es tonto, no se dejaría tender una emboscada tan sencilla; a no ser que alguna trampa nos esté esperando allí. Pero no; quiere un enfrentamiento conmigo, quiere el "trofeo" para poder llevarlo ante Ginny y afirmar que nadie, absolutamente nadie, es más grandioso que él, para obligarla a ceder. Así que, definitivamente, no podremos entrar por arriba.
— ¿Y qué hacemos, entonces? —Hermione preguntó, pensativa.
— ¿Llamar a la puerta, quizá?
—No estarás hablando en serio, Harry—ella le sermoneó, atónita.
—Bueno… es lo que espera. Usaré la puerta principal, aunque intuyo que no será necesario llamar; estará abierta para que él pueda acecharme dentro, donde más le convenga.
— ¿Cuál va a ser nuestra estrategia?
—Usar algo de parafernalia. En cuanto entremos, emplead hechizos de luces y sombras, explosiones o desconcierto; hagamos que el terreno que tan bien él conoce se vuelva a nuestro favor.
Ambos asintieron, enarbolando sus varitas mientras los tres cruzaban la calle. Lo que Harry no les había dicho, era que, o mucho se equivocaba, o ninguno de los dos sería capaz de traspasar la entrada siquiera; la trampa había sido creada para él, y sólo para él; y para él sería. El agresor habría contado con que él no llegase solo, a pesar de haber sido advertido de que no lo hiciese; y sin duda alguna, habría tomado las medidas pertinentes para que el resultado se acercase al máximo a sus expectativas. Aún así les dejó hacer; si se sentían mejor creyendo que iban a poder protegerle, no iba a ser él quien diese al traste con esa esperanza. Agradecido en el alma por tener los mejores amigos que una persona pudiese desear, fue el primero en alcanzar la puerta, dispuesto a todo.
Ron y Hermione se apostaron uno a cada lado de la vieja puerta de metal, mientras Harry, con suma cautela, asía la herrumbrosa manivela y la giraba para poder entrar. Tal y como había esperado, la puerta se abrió sin oponer resistencia alguna; el juego había comenzado. Caminó despacio; un paso, otro… hasta internarse en la oscuridad de la nave por completo. Fue entonces cuando escuchó un fuerte grito a varios metros frente a él:
—"Imperturbable"
Esta única palabra resonó en su mente; y al escucharla, supo que se había quedado completamente solo; pues la única barrera que aquel hechizo podía conjurar, era en la misma puerta que él acababa de atravesar. Efectivamente: la más negra oscuridad se adueñó de lugar por completo y ni Ron ni Hermione pudieron seguirle; tampoco fue capaz de escuchar los gritos, golpes y hechizos que en ese mismo instante los dos estarían lanzando sobre la impenetrable barrera; pero para cuando fuesen capaces de franquearla, todo habría terminado; estaba aislado, a oscuras, y en un lugar que jamás había visto siquiera. Pero tenía algo con lo que su presunto agresor no había contado: una voz, un sonido procedente de su izquierda, había calculado que a diez metros por delante de él; una voz joven y resuelta, que sin quererlo, había revelado cierto nerviosismo en su tono, cierto temor. Y él no iba a desperdiciar aquel inmenso regalo que acababa de recibir.
En la total oscuridad, y sin dar tiempo a que el otro pudiese hallarle en el lugar donde había quedado al desaparecer la única luz procedente de la entrada, Harry rodó sobre sí mismo hacia la derecha, justo el lado contrario al que había procedido la voz; hasta darse de lleno con una pared.
—"Imperio" —escuchó mientras se movía ágilmente, adueñándose de la esquina inferior derecha del edificio.
—"¿Será payaso?" — Pensó para sí. —"Intentar dominarme a mí, a estas alturas. Antes muerto que en manos de nadie; debería saberlo. No va a llevarme ante Ginny ni ante nadie como un simple trofeo; ni vivo, ni muerto".
Cabreado, aunque manteniendo la sangre fría y la mente concentrada en su trabajo, Harry mostró una amplia sonrisa satisfecha que tan sólo él pudo ver.
—"Ahí va mi regalito, miserable"
—"Sectum Flagrate" —gritó a su vez, dirigiendo su varita al frente, en un ángulo de cuarenta y cinco grados que, estaba seguro, cubriría la totalidad de la nave.
El hechizo que él mismo había creado, como una fusión revolucionaria entre el "Sectum Sempra" y el propio "Flagrate", hizo que de su varita saliesen multitud de rayos de luz potencialmente mortales, que hendieron el aire en todas direcciones como flechas certeras. Había moderado la potencia del hechizo para que, en ningún modo, su atacante pudiese resultar muerto; lo quería vivo, bien vivo, para que el Wicengamot se encargase de darle su merecido tras un juicio justo.
Supo que varios de aquellos rayos habían impactado de lleno en el blanco, cuando un sonoro alarido se escapó de la garganta del único hombre que, hasta el momento, había compartido la estancia con él. Mas supo también que aquel cobarde no estaba lo suficientemente herido como para no oponer resistencia, pues a su hechizo "Lumos", pronunciado con intención de iluminar la estancia, un rápido "Nox" fue la respuesta. El instante de luz no fue suficiente para que Harry ubicase al atacante; así que volvió a rodar sobre sí mismo, a moverse; preparado para mostrar su mejor artillería. Al no recibir ningún nuevo conato de ataque, probó suerte con otro "Lumos". En esta ocasión, rápidamente pudo comprobar que, a pesar de lo esperado, en aquella nave diáfana tan sólo estaban él y la luz que, por fin, había ganado la batalla a la oscuridad.
El hecho de que inmediatamente después Ron y Hermione se hallasen junto a él, le confirmó que su atacante se había esfumado, seguramente empleando otra salida de emergencia que ninguno de los tres había contemplado.
— ¡Por Merlín, Harry! ¿Qué ha pasado? —Ron quiso saber, encarándose con él, mientras Hermione se dedicaba a comprobar si había recibido herida alguna. — ¡No hemos podido entrar hasta ahora! ¡No hemos escuchado nada! ¡Ni visto nada! ¿Estás bien?
—Yo estoy bien; pero el tipo ha escapado—el moreno respondió con rabia. —No vale la pena intentar perseguirle; a estas horas, estará ya muy lejos de aquí.
— ¡Ahora eso es lo de menos! ¡Joder, Harry! ¡Estabas solo, sin apoyo! ¡Completamente aislado! ¡No se podía entrar, ni salir! ¡Nada!
—Lo sé.
— ¡Sé que lo sabes! ¡Y sé que lo sabías desde el principio! ¡Te juro que, como me hagas esto una vez más, renuncio a mi trabajo como auror!
—Cálmate, Ron. Saber que os tenía a ambos del otro lado, tan cerca de mí, me ha serenado.
—Eso no habría servido para salvarte, si lo hubieses necesitado—Hermione declaró, frustrada.
—Él pretendía que nada ni nadie pudiesen salvarme; en el fondo, sabíais que no ibais a poder ayudarme—Harry argumentó con sencillez.
—Es cierto, pero… Harry… Has arriesgado demasiado; quizá no deberías haber venido—ella insistió.
—Por ella haría lo que fuera; lo que fuera—musitó entre dientes; sus dos amigos apenas pudieron escucharle. —Volvamos a casa. He dejado a ese tipo bien tocado; ojala, al menos, eso nos sirva para ganar un tiempo precioso que podamos emplear en poder localizarle y atraparle.
—Ojala—Ron deseó con enfado.
Ya más tranquilos, los tres amigos salieron a la calle, agradeciendo los cálidos rayos de sol que se derramaron sobre ellos.
~~o&0O0&o~~
"Harry James Potter, atacado por el psicópata que está acosando a las Holyhead Harpies" —fue lo primero que leyó Ginny Weasley a primera hora del lunes, en El Profeta, mientras intentaba tomar unas tostadas con mantequilla y mermelada, junto a un zumo de naranja. Al leer aquella frase se atragantó y comenzó a toser, desesperada, hasta que fue capaz de recuperar el aliento y volver a respirar con fluidez. Entonces, pasó las páginas del periódico hasta encontrar el reportaje completo, en el interior, para enterarse de todo.
"El Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio de Magia inglés, con su director, Harry James Potter, a la cabeza, está cada vez más cerca de identificar, localizar y atrapar, al psicópata que, según el propio Ministerio, está dificultando las tareas de entrenamiento de las Holyhead Harpies, y que también es, a todas luces, único responsable de los lamentables sucesos acaecidos el pasado viernes, durante el partido que debería haber enfrentado a las temibles Harpies con los famosos Cannons. El mismísimo agresor alertó al presente rotativo de que ayer envió a Harry James Potter en persona un anónimo emplazándole a comparecer en un lugar apartado de Londres, para mantener un enfrentamiento cara a cara con él que, cobarde, no hizo más que tenderle una emboscada, tal y como pudo constatar uno de nuestros mejores reporteros, quien presenció la reyerta. A pesar que Potter fue perfectamente consciente de la vil trampa en la que el maldito desequilibrado pretendía hacerle caer, acudió al encuentro haciendo gala del valor y responsabilidad que siempre le han caracterizado, con el fin de acabar lo antes posible con un asunto que trae de cabeza no sólo a las Harpies, sino a la comunidad mágica inglesa por completo. "
La noticia continuaba, dando más datos y especulaciones, pero Ginny ya no fue capaz de entender lo que estaba leyendo. Le pareció distinguir el nombre de su hermano Ron, y el de Hermione, en el cuerpo del artículo; pero ni de eso estuvo segura ya; tan sólo una idea planeaba en su mente con toda su negrura: Harry había arriesgado su vida por ella —porque, seguramente, el Ministerio de Magia no había querido dar la noticia de que no eran las Harpies, sino ella misma, la única persona que estaba siendo acosada por un demente, para no dar más información de la estrictamente necesaria; pero así era— y podía haber resultado herido, incluso muerto, por su culpa.
Trató de serenarse para terminar de leer la noticia, intentando saber si Harry había sufrido algún daño por el enfrentamiento con el tipo del que hablaba El Profeta; pero lo único que especificaba era que el sospechoso había logrado escapar del Director del Departamento de Seguridad Mágica, eso sí, sufriendo daños considerables por haberse atrevido a desafiar a un auror tan diestro y experto como lo era él.
—Debo marcharme—dijo a su tía, nada más esta entró en la cocina con ojos adormilados, pues acababa de despertarse hacía unos momentos.
— ¿A estas horas? ¿A dónde vas? —la tía abuela Tessi quiso saber, sorprendida.
— ¡Ya te lo contaré cuando vuelva! —Ginny gritó para que la tía abuela pudiese escucharla, pues ya había salido de la cocina apresuradamente para marcharse.
— ¿Qué le digo a James cuando despierte?
— ¡Que regresaré pronto! — se escuchó desde la puerta, justo antes de que un sonoro portazo diera la conversación por concluida.
La tía abuela Tessi continuó mirando hacia fuera por unos segundos, después se encogió de hombros levemente, para terminar por alcanzar la nevera con intención de prepararse un desayuno a su altura. Estaba acostumbrada a que Ginny le contase las cosas cuando ella quisiera, y no cuando se le demandaba; pero siempre las acababa contando; así que comenzó a desayunar con la convicción de que, tarde o temprano, lo que se traía su sobrina preferida entre manos sería sacado a la luz. Tan sólo deseó que ella, en la actualidad, estuviese tomando las decisiones correctas.
Sin pensar realmente en las consecuencias de lo que estaba haciendo, Ginny usó un viejo traslador para presentarse, en un abrir y cerrar de ojos, en Godric´s Hollow, ante el hogar de Harry; llamó a la puerta con urgencia, rogando hallarle en casa; aunque si no era así, estaba dispuesta a ir al mismísimo Ministerio de Magia para comprobar con sus propios ojos que él no había sufrido daño alguno. Para su sorpresa —a pesar de que era lo que esperaba—el mismo Harry abrió la puerta, y al verla parada frente a él, mirándole con un alivio infinito, quedó totalmente desconcertado.
— ¿Pasa algo? — Él quiso saber, comenzando a preocuparse— ¿Has sufrido algún ataque? ¿Estáis todos bien? — El estómago le llegó a la garganta en un visto y no visto, al pensar que James podía estar en peligro.
— ¿Tú estás bien? — fue la única respuesta que obtuvo de labios de la pelirroja, quien no dejaba de observar cada parte de su cuerpo con extraña insistencia. — Oh, Dios mío… tu mano… —se fijó en la mano que Harry aún llevaba vendada, debido a las heridas producidas por el vaso roto.
— ¿Mi qué? Ah, esto… no es nada. ¿De qué va todo esto, Ginny? — Él quiso saber, preocupado—Estoy apunto de irme al Ministerio de Magia, pero si necesitas ayuda, escolta, o lo que sea, inmediatamente pondré a un auror a tu servicio.
—He leído en El Profeta que ayer te atacó el tipo que me persigue.
—Malditos periodistas… Ron, Hermione y yo nos encontramos con uno de ellos cuando todo acabó; seguramente había sido alertado por el tipo ese, quien esperaba que las cosas terminasen de un modo muy distinto — Él se lamentó con fastidio. —Ron y Hermione están perfectamente; no te preocupes por ellos—añadió anticipándose a la pregunta de la chica, a tenor de su mirada. — No hemos podido atraparle, Ginny; pero tranquila, que lo haremos. Pondré una escolta totalmente discreta ante tu casa, si eso te tranquiliza; aunque creo que en unos días no sabremos nada más de él, pues salió de la "aventura" bastante tocado. Ojala el tiempo que hemos ganado nos de margen suficiente para poder atraparle sin que intente causar ningún daño de nuevo.
—No quiero escolta, Harry; esto ha sido por mi culpa—Ginny afirmó, convencida; parecía apunto de derrumbarse por los nervios; las piernas y las manos le temblaban, aunque ella intentaba ocultarlo, y parecía apunto de llorar. ¿Ginny Weasley llorando? Aquello debía ser grave, entonces—Harry dijo para sí, más y más preocupado por momentos.
Así que la tomó de la mano y tiró de ella suavemente para que entrase en la casa; la llevó a la cocina, la hizo sentar en la primera silla que encontró, y le ofreció un vaso de agua que ella ni miró —tan sólo permaneció en silencio, con la mirada perdida en una especie de culpabilidad que la estaba destrozando—. Dulcemente, empujó la barbilla de la chica hacia arriba, para que sus ojos se encontrasen con los de él.
—A ver, princesa, ¿qué está pasando? —preguntó con voz firme, aunque tranquilizadora.
—Cuando tú me preguntaste cuales eran mis sospechas, yo me negué a responderte; y ahora has tenido que enfrentarte al tipo que me persigue, sin saber siquiera quién es o porqué lo hace. Podrías haber muerto…
—Oh, sí, lo sé—él respondió tranquilamente a su primera afirmación—y debo decirte que no es tan fácil matarme; deberías saberlo—añadió con una amplia sonrisa—. Pero la verdad, que tú me cuentes tu versión me ayudaría a poder localizarle, acosarle y atraparte; que me cuentes sus hobbies, sus vicios, sus manías, sus gustos… Eso ayudaría mucho, ciertamente.
— ¿Lo sabes? — Ella preguntó, mirándole con sorpresa. — ¿Pero cómo…? No me lo digas; "Nunca subestimes las dotes detectivescas de un auror" —afirmó solemnemente, parafraseando a su propio hermano. Al escucharle, él sonrió, divertido, pero calló. —Él no es mi pareja, Harry; nunca lo ha sido…
—Yo no he dicho que lo fuera. ¿Te sientes mejor?
—A pesar del daño que te causé, yo jamás te haría daño… tú me entiendes… no sé lo que digo…—ella se lamentó, sintiéndose completamente inútil.
—Tranquila, te entiendo.
—No, no me entiendes…
—Te entiendo. Lo pasado, pasado está. Lo importante ahora es que tú estés bien, y que ese descerebrado no pueda acercarse siquiera a ti o a quienes quieres; y mucho menos dañarles. Cuéntame todo lo que sabes, Ginny, ayúdame—le rogó una vez más, paciente.
Por un momento, ella asintió; pero al encontrarse ambas miradas de nuevo, tan cerca la una de la otra, tan profundas… sintió que el mundo se venía abajo al recordar la otra noticia que había leído tan sólo un día antes, también en El Profeta: "Matrimonio del año, el próximo treinta y uno de julio". Ella no debía estar allí, no tenía ningún derecho a estarlo, ni a preocuparse por él o a pedirle ayuda, ni a suplicarle nada; nada en absoluto, ni siquiera por aquel hijo del que él no conocía su existencia; si no era capaz de confesarle toda la verdad. Su mirada se empañó con la más profunda derrota; tenía demasiado que contar, sin saber siquiera cómo hallar un comienzo para poder hacerlo.
—Háblame de él, Ginny; tranquilízate y hazlo, con confianza.
¿Con aquella confianza que ella no había tenido con él hacía cinco años? — Ella se dijo para sí, con amargura—. ¿Y él aún estaba allí, ante quien le había traicionado, rogando su confianza, dispuesto a todo por defenderla? Hasta aquel mismo momento, creía saber lo que había perdido; entonces supo que no tenía ni idea.
—Te hablaré de él, Harry; te contaré todo lo que sé, cualquier cosa, por pequeña que sea, que pueda ayudarte a atraparle y a poner fin a este infierno. Y cuando todo esto acabe, te seguiré hablando—concluyó de un modo extraño.
Pero él tan sólo asintió serenamente, conforme.
—Temo que quien me persigue pueda ser Gordon Levenau; no tiene motivos para hacerlo, porque yo jamás he alentado ninguna de sus pretensiones. Pero hace tiempo que pienso que él no está del todo cuerdo—ella comenzó, dando firmeza a su voz.
—Eso confirma mis sospechas; bien, cuéntame todo lo que sepas de él, absolutamente todo, por irrelevante que te parezca.
Transcurrió más de media hora, durante la cual Ginny hizo un repaso a conciencia de todos los datos que conservaba de Levenau en su mente, esforzándose especialmente en recordar aquellos que siempre había pasado por alto, o que había obviado. Harry tan sólo la interrumpió para hacerle preguntas sobre aspectos de su relato que le parecían especialmente relevantes, que llamaban su atención, o que no habían quedado suficientemente claros para él. Cuando Ginny hubo terminado, Harry tenía una visión global mucho más amplia y completa de aquel tipo, reforzada, además, con los datos que Stacy le había proporcionado y las propias impresiones que había obtenido de la escaramuza que mantuvo con él durante el día anterior. Él asintió, complacido.
—Lo encontraremos, Ginny; y entonces podrá casarse con cualquiera de las ratas que pueblan Azkabán, para el resto de su vida—afirmó, rotundo. Ella no pudo evitar sonreír; aquellos ojos, aquella mirada, aquella sonrisa… ¡Por Merlín!... la hacían desfallecer.
—Gracias, Harry. Yo no debería haber venido aquí.
—Tonterías—. ¿Por qué aquella mujer le hacía decir semejantes cosas en contra de su propia cordura? ¿Por qué lograba que él le regalase flores, pajaritos de papel, caracolas, cajas de música…en un melancólico y hermoso jardín hecho en su memoria… y millones de sonrisas?, quiso saber; pero aquella pregunta no tenía sentido, pues siempre había sido consciente de la única respuesta: la amaba, por encima de todo y de todos, incluso de sí mismo; y siempre lo haría. —Regresa a casa y no te preocupes por nada. ¿Entendido? En cuanto tenga noticias, te avisaré. Y si necesitas algo, cualquier cosa, no dudes en llamarme. ¿Lo harás?
—Lo haré—respondió con una dulce sonrisa.
—Bien, señorita; me voy al Ministerio de Magia; seguro que todos estarán pensando que se me han pegado las sábanas, o algo peor. Y no está bien que piensen eso del Director del Departamento de Seguridad Mágica. ¿Qué será lo próximo? —preguntó con una cómica sonrisa que contagió a Ginny, aún sin quererlo.
—Gracias, Harry.
—No hay de qué. ¿Quieres que te lleve a tu casa? No me cuesta nada—le ofreció.
—Por favor— Ella se sorprendió a sí misma aceptando rápidamente; se moría por sentir una vez más su contacto, su calor… aunque no tuviese derecho a recibirlos nunca más.
Segundos después, ella se encontraba entre sus brazos, tras la aparición conjunta que él había ejecutado; ante la puerta de su propia casa. Sin una palabra, Harry le acarició la mejilla con cariño; y se marchó.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
¡Hola a todos!
Ante todo, quiero agradeceros la magnífica acogida que está teniendo este fic entre vosotros. Ojalá pudiese actualizar más a menudo, como alguno me ha pedido, pero temo que eso es imposible porque mis actualizaciones dependen del ritmo de trabajo que tengo en cada momento. La situación que estoy viviendo actualmente no es la común, ni muchísimo menos (he llegado a tardar meses en actualizar un fic, incluso años); y aunque he aparcado todos mis otros fics para centrarme en este, aún así no puedo actualizar con mayor frecuencia. Voy a intentar terminarlo lo antes posible, en previsión de los cambios laborales que puedan llegar (que se acercan).
Dedico este capítulo a todos aquellos que me habéis dejado reviews, o habéis añadido el fic a vuestros favoritos y/ó a vuestras alertas. Si suelo dar más relevancia a quienes me dejan reviews no es porque no agradezco los otros modos de hacerme saber que seguís el fic y que os gusta, sino porque con cada review que recibo me siento arropada, acompañada, querida en cierto modo... Yo sé que es complicado dejar un review por cuestiones de tiempo, de acceso a internet y por millones de temas; pero pensad que el "trabajo" de escritor es muy solitario y que, a menudo, hacer un acto de fe imaginando que estáis ahí, a mi lado, no es fácil si no me lo recordáis. Ruego podáis perdonar este pequeño "defectillo" que tengo.
Ahora sí, los agradecimientos:
- Por sus maravillosos reviews a: tenchi001; vulkaskull (estoy considerando seriamente tu propuesta, que lo sepas); zafiro potter; hanna27; Guest; Celtapotter; Maria; Gelygirl y Elle Marlow.
- Por añadir el fic a sus favoritos y/ó a sus alertas: ; GLLNMR; ginalore28; Elle Marlow y b-rabitt.
La próxima actualización: siento decir, sinceramente, que "en cuanto pueda". Las cosas se están complicando por momentos.
Un abrazo y todo mi cariño.
Rose.
