9.- Un solo presente.

Su caballeroso anfitrión, su adorado ángel de la guarda había desaparecido para siempre; algo en su corazón lo sabía.

Ginny no podía dejar de pensar aquello, una y otra vez; de temerlo con todas sus fuerzas, de sufrir por ello. Estaba segura de que su ausencia estaba directamente relacionada con el único regalo que ella le había ofrecido, depositándolo en el cenador del Jardín de los Sueños Rotos durante la visita del día anterior, cuando el presente para ella había sido, ni más ni menos, que un par de bellísimos pendientes de perla tallada, mágicamente, en forma de pequeñas y perfectas rosas. Desde entonces, había depositado su humilde presente para él y había pasado el día siguiente intentando recordar porqué aquellos pendientes, aquellas bellísimas perlas talladas en forma de rosas, le resultaban tan familiares; pero no lo había conseguido. Aún así, se había sentido tan feliz con ellos en sus orejas, tan arropada, tan querida… que había decidido corresponder a su misterioso anfitrión con un regalo que tan sólo había ofrecido una sola vez, hacía más de cinco años, al hombre dueño de su alma para siempre; porque aunque le quisiese de un modo tan distinto, le recordaba a él, al hombre a quien tanto amaba.

Una humilde, poderosa, y radiante rosa roja; eso le había dado. Y no sabía porqué, aquella rosa lo había alejado de su lado para siempre. Una lágrima solitaria rodó hacia su barbilla mientras recordaba un momento ya lejano, un instante muy feliz, ahora presa etérea de sus caprichosos recuerdos.

"Harry tomó la rosa roja de su mano y la observó de cerca, impresionado por tanta fuerza que irradiaba su intenso color, por la inmensa belleza de unas delicadas formas que, sin embargo, transmitían el ímpetu de lo eterno; aunque sorprendido; la hizo girar lentamente entre los dedos de su mano derecha, sin dejar de observarla, hasta que su vista, curiosa, se desvió hacia los ojos de Ginny.

¿Por qué este regalo? —preguntó; pues una flor, aunque fuese tan carismática como aquella, no era algo que se diese comúnmente a un hombre como presente.

Cuando la miro, veo en ella la misma elegante imperfección que cuando observo tu rostro; el ímpetu de un carácter fuerte, seguro y decidido; la potencia de un corazón cálido e inquebrantable; la belleza atemporal que sólo se contenta con un amor incondicional e infinito… Te veo a ti, Harry; tú eres como esa rosa: fuerte, imperturbable, dolorosamente bello, cálido e impetuoso. Tú eres mi rosa roja; y te amaré para siempre—ella aseguró, mientras rozaba sus labios con un enamorado beso.

Pero las rosas color perla son tus favoritas, no las rosas rojas—él objetó, divertido, mientras se abandonaba con gusto al sensual jugueteo de ella con sus labios.

Las rosas color perla son para protegerlas de todo mal en una urna cristalina y admirarlas en la distancia, para cuidarlas y mimarlas, para deleitarse con su delicada belleza; las rosas rojas son para dejarse arrastrar por su impetuosa fuerza, para quemarse con gusto con su pasional belleza, para fundirse con ellas en la infinita eternidad… Tú eres mi rosa roja; quémame en tu fuego, Potter—le exigió, insinuante.

Te juro, Ginny, que te amaré por toda la infinita eternidad—él aseguró, sumiéndola en una pasional marea de besos y de caricias."

Se sintió ponzoñosa, dañina e incluso mala; ¿acaso no mataba todo lo bello que tocaba? Había matado el amor eterno que Harry le juró incapaz de tener fin; había matado la maravillosa, aunque extraña relación, que se había establecido de un modo tan mágico entre su misterioso anfitrión y ella misma… Su destino era mancillar todo aquello que adoraba… dañar a todos a quienes sólo deseaba felicidad eterna, causarles dolor…

Una rosa roja, único vínculo de unión entre dos amores distintos en la forma y en el tiempo…malogrados y perdidos…

Tras una semana tranquila, alejada de la amenazante sombra del maldito acosador, durante la cual, su misterioso amigo le había obsequiado con seis hermosas rosas color perla, una cada día, acompañadas el lunes de un alegre ramillete de pequeñas florecillas de vivos colores que se habían convertido en pizpiretas mariposas con sólo tocarlas; el miércoles, de una snitch dorada de peluche con carita sonriente; el viernes, de deliciosos bombones con forma de hadas de distintos tamaños y colores; y el sábado, de aquellos pendientes de rosas perla que habían alcanzado lo más hondo de su alma. Tras ella, el mismo sábado, al anochecer, Ginny había vuelto al Jardín de los Sueños Rotos para obsequiarle a él con una rosa roja, un humilde regalo con tanto significado para sí misma y su propio mundo; la había ofrendado con mimo en el mismo cenador donde ella recibía aquellos maravillosos y únicos regalos.

Y el domingo… nada. El sentimiento de pérdida le llegó desde lo más hondo de su alma: sabía que ella regresaría allí, día tras día, mendigando una rosa color perla depositada con mimo en el suelo del coqueto cenador; una rosa que jamás iba a llegar. Y lloró lágrimas secas por esa pérdida que dejaba huérfano el último resquicio de amor que había habitado en su herido corazón.

A muchos kilómetros de allí, el dolor bañaba el rostro de Harry con profundas lágrimas de derrota, mientras su mano derecha estrujaba sin contemplaciones lo que, hasta hacía nada, había sido la más bella rosa roja que nadie hubiese podido imaginar.

—No puedo más, Ginny; estoy perdiendo la salud y la cordura; estoy muriendo por dentro. Adiós, Ginevra Weasley; adiós para siempre—musitó con melancolía y permitió que, al abrir su mano lentamente, el liberador viento llevase bien lejos de él los restos de toda su esperanza.

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Toda una semana le había costado comenzar a reponerse, siquiera, de los profundos daños que aquel maldito auror había causado en todo su cuerpo; una eterna semana que había pasado imaginando mil y una maneras de hacer pagar a aquel demonio, y a esa endiablada zorra, todo el dolor, la humillación y la miseria en la que, por su culpa, se había visto sumido.

Pero su paciencia había obtenido una alta recompensa: por fin… por fin el Wicengamot había decretado el final de la alerta en los cuarteles de entrenamiento de las Holyhead Harpies; por fin él había podido regresar a su más seguro y productivo campo de acción, para acosarla, presionarla y desequilibrarla hasta que no fuese capaz de pensar por sí misma siquiera. Y por fin, aquel día iba a saber dónde encontrarla fuera de los entrenamientos; aquello era mucho más que un golpe de suerte, era una auténtica victoria—pensó, excitado.

Regodeándose una vez más en el inesperado giro que había tomado su suerte, Gordon Levenau acababa de tomar la poción multijugos que le disfrazaba del viejo, amable, solícito y entrañable utillero de las Harpies, Lyren Meier, y aún llevaba el frasco en una mano, hizo valer la llave maestra (que tan diestramente había sustraído, copiado y devuelto a su origen, y que abría todas las taquillas de los vestuarios de las jugadoras) para abrir nuevamente una taquilla en concreto: la de Ginevra Molly Weasley. En esta ocasión no iba a escenificar ninguna desgracia en especial; buscaba algo, solamente algo que sabía que hallaría allí, y una vez hubiese dado con ello, devolvería todo a su lugar, incluso aquello, que habría copiado previamente; para dejarlo tal y como lo había hallado. Había visto de primera mano cómo ella lo escondía dentro: la dirección de su casa, de su hogar, su santuario, que siempre había protegido con desmesurado celo; ese era el premio que buscaba, y que ese día hallaría por fin. Al poco de llegar al campo de entrenamiento, el entrenador de las Harpies había abordado a Ginny para entregarle un documento recién llegado de la Federación Nacional de Quidditch.

—Toma esto; debes conservarlo en casa; es tu carné como jugadora oficial de la Liga Profesional de Quidditch del Reino Unido—le explicó, escueta.

Ginny lo cogió de su mano y al leerlo, se apoderó de ella un impulso de esconderlo inmediatamente.

— ¿Qué pasa? ¿No está correcto? —el hombre quiso saber, extrañado.

—Figura mi dirección actual—Ginny respondió. Se le había olvidado por completo que al inscribirse en la Liga Profesional de Quidditch del Reino Unido, se había visto obligada a proporcionar su dirección postal, requisito obligatorio para poder ser inscrita de pleno derecho.

—Por supuesto; no querrás que figure la de tus padres—el otro bromeó. Y se marchó sin dar mayor importancia al asunto.

La pelirroja miró hacia todos lados para asegurarse de que nadie la estaba observando, antes de meterse el carné en el bolsillo del pantalón, correr hacia los vestuarios y encerrarlo bajo llave en su taquilla para que no hubiese peligro de perderlo durante los entrenamientos, y que pudiese caer en manos ajenas; no le parecía una buena solución para ocultarlo, ni siquiera temporalmente, dado el incidente sucedido con su taquilla hacía poco más de una semana; pero no podía permitirse pasar el entrenamiento velando porque el carné no se extraviara. Así que, tras ello, regresó al campo, relativamente más tranquila. Lo que no vio fue cómo el utillero se había empapado de todo lo sucedido observando desde un discreto lugar del pasillo que llevaba hacia los vestuarios; nadie notaba nunca su presencia, nadie le hacía caso… motivo por el cual, Levenau había suplantado al malogrado Meier nada más regresar Ginny al Reino Unido; para poder controlarla a su antojo, en primera persona.

Minutos después, y con la totalidad del equipo entrenando en el campo, Levenau abrió la taquilla de Ginny con suma cautela; mientras rebuscaba en ella para hallar el carné que le abriría las puertas hacia el hogar de la jugadora, se secó el sudor de la frente con una manga del mono de trabajo; desde que había tomado la maldita poción se sentía raro, muy raro, así que decidió acabar con aquello lo antes posible y desaparecer hacia la seguridad de su garita, el cuarto de limpieza, donde nadie jamás le visitaba. Acababa de obtener su codiciado premio y se disponía a copiarlo cuando una voz resonó a su espalda, sobresaltándole por completo y haciéndole soltar el pequeño frasco que, hasta entonces, había atesorado en una mano:

— ¿Qué cree que está haciendo? —la voz firme de Winona Wood, guardiana de las Harpies le increpó.

—Al venir a barrer el suelo de los vestuarios, mientras ustedes están entrenando, he visto que la taquilla de la señorita Weasley permanecía abierta—él comenzó a explicar, con voz humilde—y temiendo que algo hubiese podido caer de ella, he venido a inspeccionar…— No pudo terminar la frase cuando la mujer, al ver su cara mientras el hombre se giraba para hablarle, profirió un grito de sorpresa y horror.

En un primer momento él quedó desconcertado y la miró sin comprender qué estaba pasando, hasta que se dio cuenta de que su rostro mostraba un estado intermedio entre su propia imagen como Gordon Levenau, y la del viejo Meier. En los pocos segundos que duró la sorpresa de ambos, el rostro de Gordon Levenau quedó revelado por completo.

— ¡El acosador de Ginevra! —la mujer gritó, atónita pero comenzando a reaccionar, pues aquella misma mañana, antes de los entrenamientos, el Departamento de Seguridad Mágica había distribuido entre las jugadoras del equipo una foto de aquel sujeto, alertando de que podía hallarse al acecho muy cerca de ellas.

Sin perder tiempo, Levenau cogió una silla que había cerca de él, la enarboló a modo de objeto contundente, y golpeó a Winona con ella. El primer golpe dio en el fuerte brazo de la mujer, a quien había dado tiempo a protegerse; pero el siguiente alcanzó su cabeza sin remedio, y golpeó una y otra vez, hasta que ella se vio tumbada en el suelo, inconsciente y rodeada de un charco hecho con su propia sangre. Y aún en el suelo, él siguió golpeando con saña.

Sin el rostro del viejo Meier para darle unos segundos preciosos que le encubriesen con el fin de escapar, Levenau se vio obligado a intentar alejarse lo máximo posible de aquel lugar, con total rapidez; pero no pudo, pues antes tuvo que apoyarse en una de las paredes; la poción multijugos, de la cual estaba abusando —pues la necesitaba no sólo para hacerse pasar por Meier durante los entrenamientos de las Harpies; sino en el barrio del viejo, cada vez que salía o entraba de su casa; además, usar cabellos de una persona muerta desde hacía más de un mes para preparar la poción, era como usar auténtica podredumbre—, hacía tiempo que había comenzado a pasarle factura cada vez que la usaba, con efectos secundarios tales como mareos, intensos calores y sudores fríos. En cuanto se vio un poco repuesto de la angustia que había sufrido, se alejó corriendo de la escena del crimen, temeroso de ser descubierto; con el carné de Ginny guardado a buen recaudo en un bolsillo de sus pantalones, ya que no había podido copiarlo. Maldita entrometida—pensó para sí. Aquello era un contratiempo con el que no contaba; pero ya pensaría en cómo remediarlo. Lo principal ahora, para él, era alcanzar el hogar de Ginevra lo antes posible e introducirse en él; antes de que nadie descubriese el motivo de aquella muerte y llenase la casa de todo tipo de protecciones mágicas.

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Media hora después, Ron, como auror encargado de la investigación del caso del acosador de Ginny en el Reino Unido, inspeccionaba la escena del crimen junto con Satacy Barrows, su compañera. Tanto las jugadoras como el entrenador se hallaban aguardando para ser interrogados, congregados junto a la puerta del edificio, en el campo de juego.

Una vez Harry hubo resuelto los asuntos más urgentes que le retenían en el Departamento de Seguridad Mágica, apareció en el campo de entrenamiento de las Harpies; al llegar, dio un frío y escueto saludo al equipo —Ginny incluida—y entró en el edificio en busca de sus dos subordinados.

—Menuda masacre—fue el saludo que dedicó a Ron, quien se hallaba inspeccionando la taquilla de Ginny —que todavía permanecía abierta—, y a Stacy, que fotografiaba y tomaba muestras del resto de los vestuarios, incluido el cadáver.

Al verle, Ron le saludó con una mano, gesto que él devolvió, y caminó junto a Stacy. Emitió un quedo silbido, al ver cómo había quedado la cabeza de la víctima.

—Este tío es un maldito demente—no pudo evitar declarar, asqueado.

—Y que lo digas—ella respondió, tras tomar una nueva fotografía de cuerpo entero al cadáver de la desgraciada jugadora—. Con el segundo golpe ya la había matado; pero ha seguido golpeando, y golpeando, hasta que la ha dejado prácticamente irreconocible.

—Podría haber sido Ginny—Ron dijo a Harry, mirándole con preocupación.

—No; esto no estaba previsto. Él es mago y no ha usado la varita; y, por otro lado, ha dejado las huellas de su mano ensangrentada por toda la pared. No detecto premeditación en este acto, sino urgencia y descontrol. — Quedó pensativo por un momento, observando todos los elementos de la sala, uno a uno y en su conjunto. — ¿Quién es ella?

—Debe ser Winona Wood, la única jugadora de las Harpies que falta en el equipo; todavía no hemos interrogado a las jugadoras, pero a ella es a la única a quien no hemos podido ver cuando hemos entrado—Stacy afirmó, convencida.

—Tampoco he visto al entrar a al Sr. Meier, el utillero. ¿Dónde está? —Harry preguntó con curiosidad.

Inmediatamente, Stacy y Ron se miraron el uno al otro, alarmados.

—Si tú no lo has visto, no está, Harry—fue Ron el primero en darle una respuesta. —Hemos comprobado todo el edificio y está completamente vacío. Y si tú no lo has hallado fuera… Dios mío… ¿Insinúas que él ha hecho esto? ¿Un hombre tan mayor, tan pacífico y amable? ¿Qué motivo tendría para hacer algo así? Además… él es el padre de la capitana del equipo, Live Meier; no necesitaba hacer nada para impulsar la carrera de su hija; Winona no podía hacerle sombra.

— ¿Él estaba aquí esta mañana, al comienzo de los entrenamientos? —Harry quiso saber.

—No hemos preguntado; ahora mismo salgo y me informo.

Al intentar marcharse, Ron tropezó y se vio obligado a apoyarse en las taquillas para no caer; debido al golpe, un pequeño frasco que había permanecido encajado entre dos de ellas, cayó al suelo con estrépito, llamando inmediatamente la atención de todos sobre él. Con cuidado, el auror lo tomó con dos dedos, lo abrió delicadamente y se lo acercó a las fosas nasales.

—Esto huele a muerto—soltó sin pensar, con un gesto de asco—. Oh, lo siento—se disculpó inmediatamente después, y pasó el pequeño frasco a Stacy para que lo oliese también.

— ¡Por Merlín! ¡Esto huele peor que una poción multijugos caducada! —dijo, conteniendo una arcada.

Enarcando una ceja, Harry tomó el frasco de manos de la mujer y lo olió también; con intención de confirmar sus sospechas totalmente, lo acercó a sus labios; Stacy, espantada, tiró el frasco de un manotazo.

— ¿Te has vuelto loco? —increpó a su jefe en un arrebato protector.

—Bueno… es la mejor forma de saber en quién transforma este brebaje—él se disculpó con una amable sonrisa.

— ¿Quieres decir que esto es poción multijugos, efectivamente? — ella preguntó, sorprendida.

—Yo diría que huele como tal; no exactamente, huele mucho peor, incluso; y eso que yo creía que oler peor era casi imposible… Sólo falta comprobar si sabe como tal.

—Ni se te ocurra—ella le ordenó, a pesar de ser él quien ostentaba el mando.

—No te angusties, no voy a hacerlo—. Se acercó al lugar de donde la poción había caído y lo inspeccionó, colando un dedo por el hueco y rozando el lugar. Al retirar el dedo, lo halló cubierto de un polvo espeso—. Esto no se ha limpiado en años; en cambio, el frasco no tiene ni rastro de polvo; eso acababa de caer ahí. Visto lo visto, me parece que al agresor se le debe haber caído durante el ataque a Winona—concluyó, rotundo.

—Entonces, si la poción no está corrupta por el paso del tiempo, no arriendo las ganancias de quien se haya atrevido a tomarla—Ron aseguró, sintiendo un escalofrío con sólo pensar en beber aquella ponzoña.

—Quizá esa sea la causa de todas esas manos apoyadas en la pared de un modo tan caótico—Stacy elucubró—quizá el agresor estaba sufriendo los efectos secundarios de esta brebaje del demonio cuando Winona le sorprendió. Por eso la atacó.

—Puede ser… pero… en ese caso… ¿Qué tiene que ver la taquilla de Ginny en todo esto? Está abierta y los efectos personales que hay dentro están desordenados… —Harry preguntó—. ¿Le habéis preguntado a ella si echa algo de menos entre sus efectos personales?

—Ahora mismo la hago venir—Ron se ofreció; y Harry asintió, conforme.

—Pero antes cubre el cadáver de la chica con una toalla, una sábana, o algo; no quiero que ella vea a una de sus compañeras en tal mal estado; Ginny es muy fuerte, pero encontrar así a un conocido destroza a cualquiera—Harry ordenó.

—Yo me encargo—Stacy se ofreció inmediatamente.

Para cuando Ginny entró en la sala precedida por Ron, ya el cadáver y la mayoría de la sangre derramada yacían ocultos bajo una amplia sábana que, hasta el momento, había cubierto material de entrenamiento obsoleto que se hallaba almacenado en un cuarto adyacente. Ella era completamente consciente de lo que había sucedido—pues otra de sus compañeras había sido la que había hallado el cadáver, y había salido corriendo para alertar a las demás; aunque el entrenador, inmediatamente, había prohibido a todas entrar en los vestuarios y había avisado al Cuartel General de Aurores para que llegasen allí lo antes posible—pero no podía hacerse a la idea de que su compañera, su nueva amiga, había muerto; intuía que por su culpa. Se tapó la boca con ambas manos y se mordió un dedo con fuerza para serenarse.

—Siento que tengas que presenciar todo esto; pero necesito que revises tu taquilla y que me digas si te falta algo—Harry pidió a la chica con amabilidad, pero sin darle ningún tipo de trato especial.

Ella asintió, decidida; alcanzó su taquilla con pasos firmes, a pesar de los nervios, y comenzó a revisar sus pertenencias, una por una. Inmediatamente, echó en falta una muy especial.

— ¡Mi carné! —soltó un grito angustiado, y miró a Harry y a Ron, completamente alarmada.

— ¿Qué carné? — Harry quiso saber, sin entender a dónde ella quería llegar.

—Mi carné de jugadora de la Liga Profesional de Quidditch del Reino Unido; me lo acababan de dar. Allí figura mi dirección—Clavó su mirada en Harry, como si eso lo explicara todo. — ¡Dios mío! ¡James! —gritó, desesperada.

— James está perfectamente—Harry objetó, contundente, comprendiendo a la pelirroja a la perfección.

— ¿C-cómo? —ella lo miró con ojos desorbitados.

Hacía tiempo que él había dotado al hogar de Ginny de las mismas protecciones que poseía el suyo propio, sin que ella ni nadie lo supieran; por ello, estaba convencido de que nada malo había sucedido en aquella casa. Mas de pronto, algo alertó todos sus sentidos; una de las protecciones que había establecido en casa de Ginny estaba destinada a avisarle si cualquier intruso intentaba invadirla por la fuerza y eso estaba haciendo en ese mismo instante: una luz chillona y estridente acababa de colarse por la puerta y a detenerse justo frente él, sin dejar de escandalizar.

— ¡Ron! ¡Id a casa de Lyren Meier! ¡Es la única pista que tenemos! —ordenó al auror, mientras rodeaba a Ginny por la cintura, con sus fuertes brazos. — ¡Sujétate! — Sin decir una palabras más, usó la desaparición conjunta para marchar a casa de Ginny en un abrir y cerrar de ojos.

Al llegar junto a la casa, interpuso a Ginny entre la puerta de entrada y su propia espalda y enarboló su varita, dispuesto a presentar batalla a cualquier amenaza que pudiese llegarles del exterior.

—Abre la puerta—ordenó a la pelirroja con urgencia.

—Pero Harry, no…

— ¡Abre la puerta, o la echo abajo!

Inmediatamente, Ginny sacó su llave y abrió la puerta; con un gesto impaciente, Harry le indicó que entrase en la casa, y entró tras ella; cerró con un fuerte portazo, mientras su mirada giraba rápidamente a su alrededor en busca de cualquier cosa que le pareciese sospechosa.

Mientras lo hacía, el pequeño James apareció frente a ambos, corriendo desde la cocina, seguido por la tía abuela Tessi, que mostraba el rostro enrojecido por la inesperada carrera.

— ¡Papá! —el pequeño llamó a Harry, nada más verle, y corrió hacia él, desesperado; su padre lo recibió con los brazos abiertos, lo alzó y lo abrazó con todas sus fuerzas. — Él ha intentado atraparme—le explicó, lloroso.

—Tranquilo, mi vida—Harry pidió al niño con voz dulce, mientras le acariciaba el cabello.

Ginny sintió cómo sus piernas le fallaban y se vio obligada a dejarse caer en una de las sillas de la entrada, mientras miraba a padre e hijo con ojos desorbitados por la sorpresa. Pero fue la tía abuela Tessi quien cayó al suelo como un peso muerto, desmayada.

— ¿Quién ha intentado atraparte? — preguntó a James, dejando el tema de la tía abuela Tessi en un segundo plano.

—El amigo de mamá, el de Canadá…—él intentó explicar lo mejor que pudo—ese que siempre venía a casa y la ponía nerviosa, y ella no le dejaba entrar; yo le veía desde la ventana porque mamá nunca me dejó conocerle; ni a nadie de allí. Nunca me ha gustado, pero hoy yo estaba en el jardín y él me ha pedido que le diese permiso para entrar; me ha dicho que me acercara a la puerta del jardín y lo he hecho, pero cuando no he querido dejarle entrar, ha alargado la mano para cogerme y sacarme por la fuerza… ¡Y se ha quemado! — Declaró, totalmente alucinado— ¡No sé cómo ha pasado eso, papá! ¡Te juro que yo no he sido!

—Lo sé, hijo; he sido yo. Bueno, ya te lo explicaré—le aseguró, mientras el pequeño lo miraba con total admiración. — ¿Tú estás bien?

—Sí, papá; él no ha podido hacerme nada; ha salido corriendo y soltando un montón de tacos de esos que mamá me prohíbe siquiera pensar —James afirmó con inocencia. Harry rió, divertido y lleno de alivio.

—Será mejor que llevemos a la tía abuela Tessi a la cocina para darle un vaso de agua—Harry propuso a su hijo, quien asintió con la cabeza, conforme, tras darse cuenta de que la tía abuela seguía aún en el suelo, desmayada y despatarrada, donde había caído. — Y quizá otro a mamá —sonrió a Ginny, conciliador. Pero ella no movió ni un músculo siquiera; seguía observando a ambos como si no les conociese. —Baja, pequeño gran hombre—depositó a su hijo en el suelo con cariño.

Tras ello, alcanzó a la tía abuela Tessi y la alzó en brazos con sumo cuidado —y con algo de esfuerzo también, porque la mujer, a pesar de su corta estatura, pesaba como una mole—; la llevó a la cocina y la acomodó en una silla, mientras James se encargaba de llenar un vaso de agua fresca y ofrecérselo a su padre para que se lo diera a tomar. Harry dio suaves golpecitos en el rostro de la mujer, quien inmediatamente comenzó a reaccionar. Al ver el rostro de quien tenía delante, la mujer musitó:

—Merlín bendito…—y apunto estuvo de desmayarse de nuevo; pero Harry no lo permitió; le ofreció el agua con una sonrisa, indicándole que bebiera y ella hizo como le pedía.

— ¿Mejor? —le preguntó; y ella asintió, incapaz de decir nada. —Bien. — Puso el vaso en manos de ella para que continuase bebiendo y fue en pos de Ginny, que había quedado en la entrada. Se arrodilló junto a ella, la tomó por ambas manos y anunció:

—Nos vamos a casa.

— ¿Qué? — Ella no pudo evitar preguntar, aún atónita, mirándole sin comprender.

—Los tres os venís a casa, conmigo—dijo, sin dar pie a ninguna discusión. —Coge todo lo que os resulte imprescindible; desde ahora, viviréis en Godric´s Hollow; al menos hasta que atrapemos a ese asesino. ¿Está claro? No voy a permitir que os suceda nada malo.

—P-pero Harry, estás apunto de casarte—ella objetó, una vez fue capaz de hilar un pensamiento completo.

— ¿Y qué narices tiene que ver eso con lo que yo te estoy diciendo? — él protestó con cabreo. Escuchar de los propios labios de Ginny que él mismo iba a casarse con otra mujer que no fuese ella, fue una puñalada al centro de su maltrecho corazón. —James es mi hijo; y tú, la madre de mi hijo; y daré mi vida para protegeros a ambos, si hace falta. Quien no entienda ese hecho, no pinta nada en ella—dejó bien claro.

— ¡Bien! — se oyó el grito de James, que había escuchado toda la conversación oculto desde el pasillo.

—Todo esto me supera, Harry; ahora mismo no soy capaz de pensar—ella insistió, sintiéndose mareada por la infinita sorpresa que acababa de recibir.

—Yo pensaré por ti; tú haz las maletas; os venís a casa, conmigo—repitió; y se apartó de ella para regresar junto a su hijo y a la conmocionada tía abuela Tessi. Así que a Ginny no le quedó más remedio que ponerse en sus manos.

Desde la cocina se escuchó un nuevo "Merlín bendito…".

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Media hora después, el hogar de los Potter se llenó de algarabía, cuando James, el primero en entrar en la casa, comenzó a corretear por todos lados con insaciable curiosidad —había estado antes allí, pero sentía que ahora aquella era su nueva casa, su nuevo hogar, que iba a compartir con su madre y con su padre, nada menos; además de con la tía abuela Tessi y con su nuevo hermano, Teddy. Sentía que aquello era mucho mejor de lo que jamás hubiese podido desear o incluso imaginar.

—Elegid las habitaciones que queráis que no estén ocupadas—Harry ofreció a Ginny, nada más entrar—. En cuanto entréis en ellas, enseguida sabréis cual es la de Teddy y cual es la mía; así que podéis ocupar el resto sin problemas. Yo voy a La Madriguera para pedir a Molly y a Teddy que vengan; te hará bien tener a tu madre cerca en estos momentos, y Teddy siempre se muere por estar con James—dijo como quien no quiere la cosa. El rostro sorprendido de Ginny parecía ser una pose permanente en ella desde que Harry había entrado en el que había sido su hogar desde que la tía abuela Tessi, James y ella habían regresado al Reino Unido; así que no se molestó en ocultar su patente sorpresa, ni Harry en fingir que no la había notado. —Después tendré que volver al Ministerio de Magia, pero aquí estáis completamente a salvo, siempre y cuando no seáis vosotros mismos quienes permitáis la entrada a cualquier intruso. Al ver que ella no decía nada en absoluto, él la tomó por la barbilla e hizo que le mirase. —Voy a protegeros, Ginny; hasta el final—aseguró con voz profunda, y se marchó.

No costó mucho a Harry lograr que Molly se pusiese en marcha en cuanto le comunicó dónde iba a vivir Ginny a partir de entonces. El día anterior, Ron ya había puesto a sus padres en antecedentes sobre la existencia de James, de todo lo que le había contado Ginny y de todo lo que él sospechaba; así que en cuanto Harry dijo a la mujer que su hija y su nieto iban a vivir con él, a ella le faltó tiempo para coger a Teddy por un brazo, colgarse un bolso en el otro, y decir: — "Estoy preparada".

Minutos después, Molly, Teddy y el mismo Harry entraban en la casa de Godric´s Hollow por la chimenea conectada a la Red Flu, uno tras otro. Inmediatamente, Teddy fue en busca de James, momento que Molly aprovechó para coger a Harry por un brazo.

—No voy a permitir que esa mujer humille a mi hija—aseguró, refiriéndose a la prometida de Harry, dispuesta a todo—; Ginny habrá hecho lo que haya hecho, se habrá equivocado… pero es mi hija.

—Tampoco yo voy a permitir que nadie, sea quien sea, humille a la madre de mi hijo—él respondió con el mismo tono que ella había empleado.

—Hijo…—ella lo retuvo cogido aún por un brazo, cuando él intentó marcharse— ¿La sigues amando? ¿Sigues amando a Ginny?

—Eso es sólo asunto mío—él respondió, cortante, y de un limpio tirón se liberó de la presión que lo había retenido, para marcharse en busca de los demás.

Al encontrar a sus dos hijos saltando en la cama del cuarto que James había elegido, como dos posesos y sin dejar de reír, mientras Ginny los observaba con una sonrisa en el rostro, hizo una señal a ambos para que se acercasen a él, los rodeó a cada uno con un brazo, y advirtió:

—Como hagáis perder la paciencia a las mujeres de esta casa, en cuanto regrese voy a convertiros a los dos en bundimuns apestosos. ¿Está claro? —les amenazó con una amplia sonrisa. Ellos rompieron a reír, divertidos. —Lo digo en serio.

—Tranquilo, papá; ahora nosotros somos los hombres de la casa—Teddy afirmó, intentando parecer mucho mayor de lo que era en realidad.

—Lo sé. Los hombres de una casa son los responsables de velar por la seguridad de esa casa y de todos los que allí habitan. Así que espero de vosotros que os comportéis como requiere la situación. Nada de salir al jardín, por nada del mundo; ni de usar la Red Flu sin permiso, ni de tomar decisiones por vuestra cuenta. ¿Entendido?

—Entendido—los dos respondieron, avergonzados.

—Bien. Id y cotadle a mamá cómo os habéis conocido, cómo llegasteis juntos a mí, y qué hemos estado haciendo los tres por las noches durante estas dos semanas. ¿Vale? —miró a Ginny con cariño, mientras pedía aquello a los dos chicos. —Regresaré para la hora de cenar. — Después, dio un abrazo a cada uno y se marchó.

Justo antes de usar la Red Flu para trasladarse al Ministerio de Magia, Harry habría jurado escuchar un "Merlín bendito…" procedente de la cocina.

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— ¿Qué ha pasado en casa de mi hermana? —Ron abordó a su mejor amigo nada más verle entrar por la puerta del Cuartel General de Aurores.

—Levenau ha intentado secuestrar a James; sabía que, inmediatamente, Ginny echaría en falta su carné de jugadora y que nosotros intuiríamos su siguiente movimiento; así que no ha perdido el tiempo y se ha movido antes de que ella y yo llegásemos para poder impedírselo.

— ¡Maldito bastardo! ¿James está bien?

—James está bien; y también la tía abuela Tessi; aunque no sé qué demonios le pasa a esa mujer, que se pasa el rato diciendo: "Merlín bendito…" y casi desmayándose por los rincones—él afirmó, molesto.

— ¿La tía abuela Tessi? ¿Qué pinta ella en todo esto? —Ron quiso saber, atónito y extrañado.

—Ella ha sido la persona que ha ocultado y ayudado a Ginny en el cuidado de James durante todos estos años.

— ¡Será traidora! —Ron la acusó con indignación. — ¡Mira que no haber sido capaz de contar a mis padres qué estaba pasando durante todo este tiempo!

—Ella nada más ha hecho lo que Ginny le pidió que hiciera. Si ella hubiese descubierto el secreto a tus padres, y tu hermana se hubiese enterado, lo más probable es que inmediatamente hubiese desaparecido sin dejar rastro; al menos alguien de la familia velaba por ella y por James—Harry argumentó.

—En eso tienes razón. Stacy y yo hemos ido a casa de Lyren Meier… y a que no imaginas qué hemos encontrado allí—Ron abordó de lleno el problema que a ambos preocupaba, mientras caminaban hacia el despacho de Harry y él hacía una seña a Stacy para que se uniese a ellos.

—El cadáver de Meier, por supuesto—Harry respondió, con voz seria.

—Vale; esa era una pregunta fácil. A saber cuánto tiempo lleva Levenau usurpando la identidad y la casa de ese pobre viejo.

—Probablemente, desde que se enteró de que Ginny había sido fichada por las Harpies—Stacy aventuró, cerrando la puerta tras ella nada más entrar en el despacho.

—Probablemente. Ginny, James y la tía abuela Tessi van a vivir en mi casa a partir de ahora; estarán mucho más protegidos conmigo—Harry anunció; y ambos aurores lo miraron con la boca abierta.

—Es una sabia decisión, pero… ¿Y Chang? —Stacy quiso saber, preocupada.

— ¿Por qué cojones todos me preguntáis lo mismo? — él preguntó a su vez, a la defensiva.

—Joder, Harry, porque es obvio: la actual prometida con la actual "ex", quien encima es la madre de tu hijo. El Profeta se va a poner las botas con esto—ella respondió con voz maliciosa.

— ¡Bueno! ¡Ya está bien! ¡Aquí venimos a trabajar, no a especular sobre mi vida privada!

—No quiero que mi hermana sufra—Ron dijo a su mejor amigo, mirándole a los ojos.

— ¡Ni yo tampoco! ¡Maldición!

—Dejadlo ya—Stacy terció, dándose cuenta de que Harry estaba enfadado de verdad.

—Eres un, un…—Ron se encaró con Harry, sin saber qué decir, porque lo quería demasiado.

— ¿Un qué, Ron? —Harry preguntó con cansancio.

— ¡Un no lo sé! —el pelirrojo respondió, frustrado.

—Bien, porque yo tampoco lo sé. Centrémonos en atrapar a Levenau, ¿os parece? —les propuso, mordaz.

Ron y Stacy asintieron, pero se miraron el uno al otro cuando Harry no los podía ver, preocupados.

—Está claro que Levenau se ha estado haciendo pasar por Lyren Meier durante todo este tiempo. La cuestión ahora es: ¿Por qué Live Meier no ha alertado al Ministerio de Magia de que algo raro estaba pasando con su padre? —Harry inquirió—. Me niego a creer que una hija conozca tan poco a su padre como para no darse cuenta de que algo tan grave está pasando con él. Traedla aquí, a ver qué tiene que decir al respecto.

—Entendido, Harry—Stacy se puso en marcha nada más escuchar aquella orden.

—Y ya que ella se va a encargar de traerla, tú llévate un escuadrón de aurores a casa de Meier; ponedla patas arriba y traeros todo aquello que sospechéis pueda estar relacionado con Levenau. Necesitamos conocer sus andanzas en el Reino Unido, sus hábitos adquiridos aquí, todo lo que pueda sernos de utilidad para poder atraparle antes de que cause una nueva tragedia—ordenó a Ron, tajante.

—A tus órdenes. Y… Harry… sabes que te quiero como a un hermano… yo no pretendo…

—Lo sé, Ron, lo sé. A veces pienso que no hago más que intentar encajar a Cho en mi vida como a una cuña, por la fuerza; cuando siento que no cabe en ella ni acoplada con un hechizo de pegamento—declaró, abatido.

—Eso es lo más sensato que te he escuchado decir en mucho tiempo—Ron afirmó con tristeza; y dicho esto, se marchó para cumplir la orden recibida.

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Aquella noche, cuando Harry regresó a casa, la calidez de un hogar lleno de gente cariñosa y alegre acarició su ánimo gris. La tía abuela Tessi, James, Teddy, Ginny, Molly, Arthur, Ron y Hermione le estaban esperando, sentados a una gran mesa llena de sabrosas viandas que olían a ambrosía. Inmediatamente, el corazón se le encogió en el pecho deseando, muy a su pesar, que aquello se repitiese noche tras noche durante el resto de su vida.

— ¿Esto es una emboscada? ¿Debo sentirme amenazado? —preguntó alegremente, mientras Teddy y James corrían hacia él para darle un abrazo, que él devolvió encantado. Ginny le saludó con una cálida sonrisa; Molly con un beso de madre adorable; y como la tía abuela Tessi parecía apunto de soltar un nuevo "Merlín bendito…", él la alcanzó antes de que eso pasase y le estampó un cariñoso beso en la mejilla, que apunto estuvo de hacerla desfallecer.

—Siéntate a la mesa y calla—Hermione le ordenó, ofreciéndole una alegre sonrisa.

—A sus órdenes, jefa. — Se sentó entre Teddy y James, quienes ya le habían reservado un asiento "privilegiado" para la ocasión.

La cena transcurrió animadamente, entre charlas sencillas, sonrisas cariñosas y alegres… como si la amenaza de muerte proveniente del descerebrado que había tomado a Ginny como su chivo expiatorio jamás hubiese existido; como si la noche anterior se hubiesen reunido todos de aquel modo, para ser felices; y la anterior, y la anterior… Cualquier observador que hubiese podido contemplar la escena, habría llegado a la conclusión de que allí no había más que una familia bien avenida, llena de amor y de alegría.

Cuando, poco a poco, los invitados se fueron marchando y cada cual se retiró hacia su propio cuarto con intención de dormir —a Ginny y a él les costó horrores convencer a James para que se acostase; y también a Teddy, quienes querían comenzar su propia velada llena de juegos—; Harry quedó solo, en el gran comedor de la casa, pensativo. Dejó pasar el tiempo a su alrededor; se contagió del sereno silencio que se había adueñado de la casa; y finalmente suspiró. Cansado, subió las escaleras hacia el primer piso; se dio una ducha caliente y se puso un pantalón de pijama; mientras se lavaba los dientes de forma distraída se contempló en el espejo y no vio más que a un hombre joven con una mirada de viejo, cargada de responsabilidad, de tozudez y de dolor. Y no le gustó lo que vio; en absoluto; dio un fuerte puñetazo en la pared, cargado de frustración y salió del baño.

De camino a su cuarto, se cruzó por el pasillo con al tía abuela Tessi, de un modo inesperado. Al verle, la mujer soltó un sonoro "Merlín bendito…" y se encerró corriendo en el baño mientras él la contemplaba, atónito.

— ¿Pero qué le pasa a esta mujer? —preguntó a Ginny, a quien también se cruzó por el pasillo. Parecía que ambas se habían puesto de acuerdo para llenar el pasillo de presencias femeninas.

—Creo que ella es tu mayor fan—la pelirroja respondió, sonriente—. Está tan emocionada de poder tenerte cerca, que aún no es capaz de asimilarlo. Y encima te ha pillado semidesnudo.

— ¿En serio? —él quiso saber, incrédulo.

Por toda respuesta, ella le ofreció una divertida y dulce sonrisa.

— ¿A dónde crees que vas? —él preguntó a la mujer, suspicaz, al darse cuenta de que ella parecía estar vestida para salir.

—Debo marcharme un momento, Harry; debo hacerlo; tú no puedes comprenderme; nadie puede—ella respondió con voz suplicante, mirándole a los ojos con tristeza.

—No puedes marcharte, Ginny; estás en peligro. Además, ¿marcharte a dónde? ¿Qué puede ser tan importante como para que estés dispuesta a arriesgar tu vida, y la de nuestro hijo? —él quiso saber, mirándola con airado reproche.

—No metas a James en esto—ella respondió con malos modos.

— ¿Cómo no voy a hacerlo, Ginny, si pareces haber perdido la cordura? — alzó la voz, y la siguió escaleras abajo, mientras ella continuaba empecinada en marcharse.

— He de marcharme, Harry. Mi mundo se cae, todo en él se derrumba; ya no sé ni quién soy… Ese lugar es el único donde encuentro un camino de paz.

— ¿Ese lugar? ¿Dónde? —él quiso saber, exasperado.

—Un jardín… Oh… no puedo contarte más—ella afirmó, esquiva, mientras intentaba acceder a la calle. Pero Harry se interpuso entre ella y la puerta, tenaz. —Déjame salir, por favor; lo necesito.

—No vas a hacerlo—él respondió, tajante.

—Pero he de hacerlo; he de intentar encontrarle y decirle…

—No voy a permitir que salgas, Ginny—él la miró a los ojos con dureza.

—Pero es que he de hacerlo. ¡Tú no puedes entenderme! —le acusó a voz en grito, despiadada. El tono de su voz traspasó el alma de Harry como un puñal al rojo vivo, haciéndole perder el control.

— ¡No va a haber allí una rosa color perla para ti! ¡Nunca más! —le gritó sin contemplaciones, clavando en la mirada de ella unos ojos plagados de furia.

Al escuchar sus palabras, los ojos de Ginny se agrandaron como platos, presos aún en los de Harry. Sintiendo la conmoción que él le había causado, la infinita sorpresa; viéndola perdida, dolida, confusa, acabada, profundamente enamorada… no pudo resistirlo más; la aprisionó entre sus brazos y tomó su boca al asalto, con tanta fiereza y avidez que casi la dejó sin aliento. Desató tanta pasión en aquel beso que creyó haber perdido la poca cordura que aún le quedaba.

—Estoy loco, sí; ¡Maldita sea! ¡Estoy loco! ¡Y voy a besarte! —aseguró a la mujer, apasionado. Ella aguardó su próximo beso, llena de amor, desesperada, ahogándose en el deseo de aquel contacto que amenazaba con consumirla por entero.

Aquella noche no hubo más palabras; tan sólo dos cuerpos fundidos en una sola mente; en un único lecho; viviendo un solo presente.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Pues nada, ya ha estallado la tormenta; ahora tan sólo queda oír los truenos y ver los relámpagos; y que los rayos no dañen a nadie, jeje.

Después de que Harry se haya empeñado hasta la saciedad en negar que se muere por Ginny, y que en contra de ello todo la conduzca a ella una y otra vez... a pesar de que Ginny sienta que su mundo se acaba...

He de deciros que yo no creo en el destino, sino en el amor; pienso que, si dos personas se aman de verdad, y aunque piensen y lleguen a creer que jamás podrán llegar a estar juntas, por lo que sea, si eso llega a suceder no era cosa del destino, sino que, sin darse cuenta, esas dos personas han pasado su tiempo pensando, haciendo y diciendo cosas que antes o después las iban a unir sin remedio. El amor es lo que tiene (^_^) Cada cual que lo vea como quiera; esta es mi propia visión sobre el asunto. Y así lo he reflejado en el fic.

Abrazos cariñosos, cálidos y agradecidos a: vulkaskull, Celtapotter, tenchi001, cinthi38, PatDarcy, hanna27, Maria, Sakura7983 (también has añadido el fic a tus favoritos, eres un cielo), zafiro potter y a Krisy; por sus reviews llenos de cariño y buenos deseos.

También a: amaya mellark, Pgrr, GinnyLopez18, Melanie Black Potter y VicInfinity88, por haber añadido el fic a sus favoritos y/ó a sus alertas.

Y por hoy me despido; eso sí, con ganas locas de actualizar (a ver si voy encontrando ratillos pronto para poder preparar el próximo capítulo)

Un abrazo y hasta muy pronto, espero.

Rose.