10.- No existen colacuernos cariñosos (Parte I).
Cuando Ginny despertó en brazos de Harry, las primeras luces del alban bañaban la habitación del auror con una luz suave que invitaba a la intimidad. Parpadeó, remolona, y al comenzar a despejarse y recordar dónde estaba, y qué había sucedido la noche anterior, dio un respingo. Se dio cuenta de que todavía su cuerpo estaba rodeado por el brazo desnudo de Harry, así que intentó moverse con cuidado para no despertarle.
—Llevo despierto desde hace mucho—escuchó una voz seria junto a ella. Sorprendida, sintió una alegría infinita, plagada de temor. ¿Qué significado tenía el tono de aquella voz? Temió conocer la respuesta; más que a nada en el mundo. Aún rodeada por el cálido abrazo de Harry, se giró para mirarle a los ojos, enamorada.
—Al despertar he temido que esto no hubiese sido más que un hermoso sueño—declaró con una sonrisa dulce, aunque cauta.
—Desde luego, yo llevo semanas enteras intentando evitar por todos los medios a mi alcance que sucediese algo así; e incluso muchísimo menos—Harry confesó, clavando en ella una mirada severa.
— ¿Te arrepientes de lo que ha sucedido esta noche? — Si hubiese estado de pie, no habría podido dar un paso siquiera; sintió cómo las piernas le temblaban como gelatina.
—Eso depende—. Se incorporó para enfrentar su mirada. — ¿Por qué me dejaste, Ginny? —le preguntó con voz serena, aunque demasiado sobria.
Obligada a recordar el inmenso error cometido hacía casi cinco años, Ginny se sintió tan ridícula, tan culpable, que no supo cómo comenzar su historia, ni por dónde hacerlo. Pero Harry interpretó aquel silencio de un modo muy diferente; se deshizo de aquel abrazo que tanto la había complacido, se puso en pie y empezó a vestirse, sin volver a mirarla.
—Si todavía no eres capaz de confiar en mí, lo que ha sucedido esta noche no es más que un lamentable error—declaró con voz fría, dispuesto a marcharse del cuarto hasta que ella lo hubiese abandonado.
—Harry, por favor…
—Tú y yo no tenemos nada más de qué hablar, que no sea de nuestro hijo—él dejó claro, sin girarse para mirarla.
Desesperada, y armándose del valor que siempre la había caracterizado, comenzó a soltar las frases como un torrente, tal y como le venían a la cabeza; lo principal para ella no era ofrecer un relato bien narrado, sino ofrecer los sentimientos que desencadenaron todo lo sucedido:
—No me sentía dueña de mí misma; me sentí traicionada, abandonada, burlada, y millones de cosas más que las hormonas del embarazo convertían en tragedias, y no trataban como simples problemas. — No esperó a que él se quedase a su lado, ni que se girase para mirarla siquiera, o que le hablase; tan sólo confesó su verdad, se liberó del miedo, de la angustia y del temor que le hacían presa de sus propios errores. — Te amaba, te amaba como sólo a ti soy capaz de amar, y mucho más cuando acababa de enterarme de que iba a darte un hijo; y creí recibir de ti, a cambio, desprecio, humillación y traición. En aquella época, tú pasabas la mayoría del tiempo en el Cuartel General de Aurores; acabas de aprobar en la academia, y parecía que lo único que te importaba lo suficiente era tu carrera como auror; toda la soledad que yo llevaba por dentro, aún sin haberme dado cuenta, no fue más que el combustible que fue encendido por la chispa de una conversación que malinterpreté, donde tú hablabas sobre lo que Michael Corner pensaba de su novia; no de lo que tú pensabas de mí. Sé que Ron te lo habrá contado todo; siempre lo hace—afirmó, convencida; aunque no le importó que lo hubiese hecho; es más, casi lo agradecía. —Por mí habría aguantado lo que fuera, Harry, y te habría puesto en el sitio que creía que merecías, faltaría más; pero no estaba dispuesta a que nuestro hijo se enterase siquiera de que jamás habías deseado su llegada; él no sufriría nunca, ni por tu culpa ni por la mía; eso lo tenía más que claro; él pensaría siempre que tenía el padre más maravilloso del mundo, que le adoraba en la distancia. Mi hijo siempre será feliz, si de mí depende—sentenció, rotunda.
—También es mi hijo, Ginny—él todavía le daba la espalda, aunque había detenido su salida.
—Lo sé; es clavadito a ti—ella respondió con dulzura. — Me equivoqué, Harry; me equivoqué de un modo tan rotundo, tan estrepitoso y tan absoluto y absurdo, que al enterarme de la verdad me ha dado vergüenza incluso mirarte, o mirarme a mí misma en el espejo. Y aún sin saber que me había equivocado, la única verdad es que he regresado porque mi vida no es vida sin ti; porque la sangre se escapaba de mi cuerpo día tras día, en forma de melancolía y de tristeza; por mucho que intentase negármelo a mí misma una y otra vez; me juré que me conformaría con saber que estabas cerca, nada más. Pero no puedo hacer nada para volver atrás, para no causarte ese daño que jamás deseé para ti, ni para nadie. Y ahora tú has olvidado lo que alguna vez llegaste a sentir por mí, y vas a casarte con otra mujer; y yo lo merezco. No me importa que me humilles, o me desprecies por lo que hice; incluso que me utilices, si es eso lo que has hecho esta noche; sólo te ruego que, sea como sea, haya un buen lugar en tu vida para James.
De pronto, Harry se dio la vuelta, impetuoso, alcanzó la cama de dos zancadas —en la que ella aún permanecía sentada, cubierta tan sólo por una fina sábana que había hecho servir de bata— abrazó a Ginny con tanta desesperación, con tanta fuerza, que ella tan sólo pudo recibir aquel abrazo, emocionada; enterró su rostro en el pelirrojo cabello femenino, aún revuelto, y juró:
—Voy a casarme contigo; sólo contigo; siempre has sido tú, Ginny —confesó al fin, totalmente enamorado y entregado a ella.
Ninguno de ambos pudo pronunciar una palabra más durante minutos enteros; tan sólo se abrazaron, compartiendo aquella complicidad que tanto habían echado de menos, durante demasiado tiempo. Cuando Harry intentó volver a moverse, se enredó con un pie entre las sábanas y cayó de espaldas en la cama, con Ginny sobre él, sonriente, mientras la contemplaba con rostro enamorado. Ella aprovechó la ocasión para retener ambos brazos masculinos pegados a la cama y besó sus labios, encantada.
—Eres mío, Potter—se arriesgó a afirmar, sintiéndose osada y poderosa.
La amplia sonrisa de él fue el mayor regalo que ella jamás pudo haber deseado.
En aquel momento la puerta se abrió de golpe, y la infantil figura de James se coló en la habitación con rostro lleno de alarma. Había escuchado gritar a sus padres desde el pasillo, cuando iba camino de la cocina junto a la tía abuela Tessi, para desayunar, y había salido corriendo para ayudarles, creyendo que alguien malvado los estaba atacando.
—Mamá, ¿qué estás haciendo a papá? —preguntó a su madre, mirando a ambos con ojos desorbitados. Tanto el rostro de Ginny como el de Harry enrojecieron como la grana; y aunque todavía ella seguía cubierta por la fina sábana, instintivamente pegó su cuerpo al de él. La guinda del pastel fue puesta por la tía abuela Tessi, quien había salido corriendo tras el niño para impedirle entrar en el cuarto, y que en vez de lograr su propósito, acabó entrando tras él.
—Merlín bendito, bendito por toda la eternidad…—dijo nada más verles—y salió del cuarto como alma que lleva el diablo, sintiendo que el calor de sus mejillas podría hervir un huevo por completo.
—Mamá tan sólo me está dando los buenos días—Harry respondió, cuando fue capaz de pronunciar palabra. James enarcó una ceja, suspicaz. —Anda, ve con la tía abuela Tessi y comprueba que se encuentra bien. Recuerda que eres uno de los hombres de la casa—argumentó, consciente de que el pequeño asumiría el papel de "hombre" responsable de inmediato.
— ¡Sí! — James aceptó con rapidez; y salió corriendo del cuarto.
Al sentirse a solas de nuevo, Ginny apoyó su frente en la de Harry, cerró los ojos y exhaló con fuerza, aliviada; y él aprovechó para abrazarla una vez más.
—Está hecho un terremoto—él afirmó, con voz alegre.
—Es un modo de decirlo, sí—ella respondió; y Harry rompió a reír, encantado.
—Me quedaría eternamente así, abrazándote; pero me temo que el Departamento de Seguridad Mágica me reclama—Harry se vio obligado a poner fin a aquel momento tan especial que los había unido.
— ¿Qué será de nosotros cuando salgamos de aquí? —Ginny preguntó, con voz melancólica, mirando a Harry a los ojos mientras se ponía en pie y comenzaba a vestirse también.
— ¿Qué quieres decir? —él enarcó una ceja, extrañado.
— ¿Sabes que James hace ese mismo gesto, exactamente igual que tú? — Acarició el rostro de él, adorándolo con la mirada.
—Ginny, no desvíes la conversación. ¿Qué has querido decir?
—Tu prometida sigue todavía ahí fuera, Harry; esperándote—ella afirmó con tristeza.
—No, te equivocas; mi prometida está aquí. Pondré fin a mi relación con Cho esta misma mañana. Sé que voy a comportarme con ella como un miserable, que voy a traicionar mi propia palabra; pero si ella es capaz de vivir sin amor, yo no lo soy; por mucho que haya intentado auto convencerme de lo contrario.
— ¿Quieres decir que ella no te ama? ¿Ni tú a ella? —Ginny lo miró llena de sorpresa. Él, abatido, negó con la cabeza.
— Cho y yo jamás hemos sentido el uno por el otro nada aparte de un cómodo cariño. No soy idiota; sé que ella siempre ha sido perfectamente consciente de que yo jamás la amaré, ni ella a mí; sin embargo, da el sacrificio por bien empleado, si al casarse conmigo adquiere el estatus que cree que ese matrimonio le va a dar.
— ¿De qué me estás hablando? —ella protestó, indignada con la morena. —Harry, eres el mejor hombre del mundo; mereces ser totalmente feliz.
Él la abrazó con infinito amor, agradecido.
—Debes entender que, después de tu partida, yo renegué del amor; no quería saber nada de un sentimiento que puede llegar a ser tan traicionero y doloroso. Me intenté auto convencer de que lo único importante en mi vida sería, a partir de entonces, tener hijos a los que dar todo mi amor de padre y mi cariño; la mujer con la que estuviese no sería más que un mal necesario; estaría con ella, sí, la haría lo más feliz que fuese capaz de hacerla, para agradecerle la familia que me habría dado; pero que, en absoluto, me pidiese algo que yo no estaba dispuesto a dar; ni podía darlo, pues tú te llevaste contigo toda mi capacidad de amar. Y tú me la has devuelto.
—Eso es muy duro, Harry…
— ¿Y qué podía hacer, si me estaba muriendo por dentro? Me aferré a Cho para tener algo lo suficientemente exigente que me retuviese aquí; o habría acabado yendo a Canadá en tu busca para suplicarte que regresases a mi lado. Y no podía hacer eso. ¿De qué habría servido?
—De todo—ella afirmó con pasión, decidida.
—Ahora lo sé; pero entonces creí que tú me dejaste porque ya no sentías absolutamente nada por mí. ¿De qué me habría servido rogarte, entonces?
—En cambio, yo siempre te he tenido a mi lado— Él la miró sin comprender. — En el rostro de James, en los gestos de James, de nuestro hijo… siempre has estado tú. Es curioso, pero ese hecho me daba fuerzas para continuar; hasta que ya no pude más. No podía volver mendigando tu cariño porque creía que tú jamás aceptarías a James, y mucho menos le querrías como a un hijo; pero tuve que volver para sentirte cerca; fuera como fuera. Y al regresar, enterarme de que estabas apunto de casarte con Cho Chang, de que pregonabas a los cuatro vientos que te morías por tener hijos con ella… la que estuvo apunto de morir fui yo; no era capaz de imaginar qué tenía ella que fuese tan bueno como para que tú deseases formar una familia a su lado, que no tuviese yo; a no ser que fuera amor verdadero. ¿Te habrías casado con ella, si ese loco de Levenau no me hubiese puesto de nuevo en tu camino?
—Y que tenga que agradecer algo a ese demente…—él se lamentó, cabreado al recordar las dos muertes que Levenau había cometido ya—. Creo que sí, Ginny; ahora más que nunca me habría casado con ella, para alejarme de ti por completo—se sinceró. Y ella lo miró, dolida; aunque no con él. —Bajemos a desayunar, princesa; o llegaré tarde a trabajar. Ya continuaremos nuestra charla esta noche. — La besó fugazmente y salió del cuarto; inmediatamente, ella lo siguió.
—Sí, Harry; tengo tantas cosas que contarte…
—Si se trata de todas las relaciones amorosa que has mantenido en mi ausencia, mejor te las guardas para ti—él objetó, molesto, con la mirada fija en las escaleras que estaba bajando. Ginny rió alegremente.
—Qué pena… con lo interesante que era Peter, y lo guapo que era John… y de Alfred ni te cuento…
—En serio, Ginny; no quiero saber nada de esa parte de tu pasado; ni me importa—él rezongó.
Ella le detuvo en medio de la escalera y le hizo callar con un apasionado beso.
—No ha habido nadie en mi vida, tonto; excepto James; él ha sido el hombre de mi vida desde que nació. Y tú, en la distancia. ¿Cómo besa ella? —de pronto preguntó, curiosa.
— ¡Ginny! ¡Por favor! —él se escandalizó. Y ella volvió a reír a mandíbula batiente.
—Había olvidado cuánto adoro hacerte rabiar; estás tan guapo cuando te enfurruñas…
—Ya… ¿Y acaso has olvidado cómo es mi terrible venganza? —respondió con voz malvada, reteniéndola entre sus brazos.
— ¡No! —negó con vehemencia, temiendo lo peor.
— ¿Cómo que no? Tú has empezado el juego; ahora juega hasta el final.
— ¡No, Harry! ¡Cosquillas no! — Intentó zafarse de él, quien aflojó la presión de sus manos lo suficiente como para que escapase pensando que había sido capaz de huir. Inmediatamente, ella salió corriendo hacia la cocina, y él se tomó su tiempo, tranquilamente, para llegar hasta allí, donde ya estaban desayunando Teddy, James y la tía abuela Tessi.
— ¿Qué? —Preguntó con candidez, cuando entró en la cocina, en respuesta a la pícara mirada de reproche que ella le ofreció—. Yo no he hecho nada.
—Pues sí que tardáis en daros los buenos días—James se quejó, molesto. Y Teddy le miró de reojo, pensando que el niño no se enteraba de nada y sintiéndose mayor por haberse dado cuenta de que entre su padrino y Ginny — ¡Por fin! — había sucedido "algo".
Como hacía cada día, Harry se preparó un café con tostadas, que tomó mientras ojeaba la edición matinal de El Profeta.
—Teddy, hoy no te irás a La Madriguera; Ginny y la tía abuela Tessi os acompañarán, a James y a ti, aquí—Harry dijo a su ahijado, cuando ya se estaba levantando de la silla, dispuesto para marcharse. —No quiero que ninguno de vosotros, tú incluida, Ginny, salgáis de la casa hoy; el tipejo ese se ha vuelto peligroso.
— ¿Qué tipejo, padrino?
—Un loco que se dedica a acosar a la gente y no entiende un "no" por respuesta; se le ha metido entre ceja y ceja meterse con Ginny. Así que, hasta que el Cuartel General de Aurores se haga cargo de él, no quiero que os arriesguéis; ninguno de vosotros. ¿Entendido?
— ¿Es ese que intentó cogerme? ¿Ese hombre está loco? —James quiso saber, comenzando a asustarse.
—Eso es, hijo; pero no te preocupes por nada. Aquí nadie podrá llegar hasta vosotros.
—Y como se atreva a venir, le daré su merecido—Teddy anunció, bravucón.
—Lo estoy diciendo muy en serio, hijo; esto no es una petición, es una orden. Vuestra misión es no poneros en peligro, o poner en peligro a aquellas personas que os quieren, obligándoles a arriesgarse para protegeros. No se trata de vosotros solos, se trata de también de aquellos que sufren por causa de vuestras travesuras. Pensad en las consecuencias de vuestros actos antes de hacerlos, si de verdad queréis a mamá, a la tía abuela Tessi, o a mí. ¿Me prometéis que os portareis bien? ¿Me dais vuestra palabra de caballeros?
—Te doy mi palabra—Teddy afirmó, solemne.
—Yo también te la doy—James se unió a su hermano mostrando la misma actitud.
—Os la tomo. Así que vuestro honor depende ahora de vuestros actos—declaró, haciéndoles sentir importantes. Intentaré volver lo antes posible—dio un beso a Ginny, quien acarició su mejilla suavemente, y se encaminó hacia la chimenea para emplear la Red Flu, que le dejaría directamente en el Ministerio de Magia.
— ¡Padrino! —la voz de Teddy le detuvo en el último momento; él y James corrían a su encuentro como desesperados.
— ¿No va a haber… más… Cho Chang? —el mayor le preguntó, con la mirada fija en su semblante, y muy serio.
—No, hijo; no va a haber más Cho Chang—él respondió con una sonrisa; menudo modo de plantear la pregunta, se dijo para sí. — ¿Os molestaría que…? ¿Os parecería mal si…, en cambio…, yo me casase con Ginny? —aprovechó el momento para tantearles. Ambos lo miraron con ojos desorbitados por la sorpresa, y dos sonrisas radiantes se perfilaron ante él.
— ¿Con mamá? — James quiso saber, entusiasmado. Harry asintió con sencillez.
— ¡Viva!
— ¡Este es el mejor regalo que has podido hacerme! ¡No hace falta que me des nada por mi cumpleaños! ¡Ni por Navidad! —Teddy afirmó, entusiasmado; a lo que Harry rió con diversión.
—Bueno; poco a poco—él pidió, intentado tranquilizarles—. Mamá y yo no nos vamos a casar mañana, ni la semana que viene; no hasta que yo haya logrado meter en Azkabán al loco del que antes os he hablado.
—Vale; total… ya vivimos todos juntos, ¿no? Casaros cuando queráis—James dijo tranquilamente.
—Eso es; ya somos una familia—él respondió, encantado. —Me lo habéis prometido—señaló a ambos con un dedo, recordándoles la promesa solemne que le habían hecho. Los dos asintieron, muy serios; él dio un abrazo a cada uno y se marchó al Ministerio de Magia.
~~o&0O0&o~~
Media hora después, Ron entró en el despacho de Harry sin llamar a la puerta, y lo halló frotándose los ojos con frustración, cansado y pensativo. Se sentó frente a él y se dedicó a observarle, a la espera de que terminase con aquel penoso ritual. Pero al hacerlo, el remedio fue peor que la enfermedad; Harry dejó de frotarse los ojos para dejar caer la cabeza hasta golpearse contra la mesa del despacho —sin demasiada fuerza, eso sí— y quedar así, abandonado.
— ¿Qué te pasa, alma en pena? —su mejor amigo quiso saber, burlón, por la patética imagen que él estaba dando.
—Alma en pena, eso es lo que soy; tú también lo serías si tuvieses que hallar el modo de decirle a tu prometida que has pasado la noche haciendo el amor una y otra vez con la mujer a la que amas, que por supuesto no es la mujer que tienes delante; y que vas a casarte con ella—él se lamentó con voz lastimera.
Al escucharle, la sonrisa más amplia y radiante apareció en el rostro de Ron.
—Tú y Ginny…
—Sí.
—Y vosotros dos vais a…
—Sí.
— ¡Pero eso es maravilloso!
—Para ti; no para el colacuerno húngaro en que Cho va a convertirse en cuanto se lo cuente.
— ¡Pero si ella jamás te ha querido! — Ron protestó, completamente indignado.
—Para utilizarme, sí. ¿Qué será ahora de su estatus, de su caché, de todas esa zarandajas a las que tanta importancia ha dado siempre?
—Y que a ti te importaban menos que nada—el otro añadió—. No sé cómo cojones la has aguantado durante tanto tiempo; la verdad.
—Eso, tú ayúdame—el moreno le pidió con ironía. Y Ron soltó una inmensa carcajada, divertido.
—Ella siempre ha sabido que vosotros dos no tenéis nada en común, Harry; se aferra a ti como una garrapata para satisfacer sus propios deseos; nada más. ¿No te parece motivo suficiente como para dejar de sentirte culpable? —preguntó, muy serio.
—No; yo lo he permitido.
—Sea como sea; ahora es cuando vas a hacer las cosas bien—Ron declaró, exasperado—. Eso es lo único que debe importarte en este momento.
Harry ya iba a intentar rebatir aquel comentario, empecinado en sentirse el hombre más miserable del mundo, cuando un auror entró en el despacho, tras haber hecho sonar los nudillos contra la puerta.
—Harry: han llegado dos lechuzas con dos pergaminos; uno para ti y otro para Ron—declaró, mirando a ambos mientras hablaba.
Inmediatamente, los dos se pusieron de pie como impulsados por un resorte, temiendo que fuesen sendos mensajes enviados por Levenau para retarles una vez más; o algo peor. Ron tomó los pergaminos de manos del auror que les había avisado y que los había recepcionado por ellos; entregó a Harry el suyo y desplegó el propio con manos temblorosas. El otro auror se retiró y cerró la puerta tras él; sabía perfectamente que si el asunto concernía al Cuartel General de Aurores, enseguida lo sabría; pues Harry no era partidario de esconder nada.
"Tío, voy a ser padre _. Este es el borrón que ha provocado mi mandíbula al caerse encima del pergamino, y la babilla que le ha seguido después. ¡Que voy a ser padre! ¡Estoy acojonado!
Firmado: George Weasley"
Ese era el mensaje recibido por Harry; el de Ron contenía uno muy, pero que muy parecido. Al terminar de leerlo, los dos amigos se miraron el uno al otro y se entendieron sin palabras; rompieron a reír sin poder parar, hasta que el dolor de barriga les obligó a hacerlo.
—Él era el único que no lo sabía—Harry sentenció, tentado de volver a contagiarse de la risa.
—Sí; Angelina tan sólo se lo había confesado a Hermione; pero era un secreto a voces—Ron añadió, risueño.
—Tendremos que responderle algo, digo yo.
—Tú mismo.
Harry cogió un pergamino de uno de los cajones de su mesa de despacho, un vuelapluma que yacía sobre la mesa, y dictó:
"Tranquilo, tío. Si has sido capaz de ser el mejor hijo, el mejor hermano, el mejor amigo y el mejor esposo, ¿qué te hace pensar que no vas a ser el mejor padre del mundo? ¡Felicidades!
Un abrazo: Harry"
—Eres una nenaza—Ron acusó a su mejor amigo; pero tomó el pergamino y el vuelapluma y añadió: "Y un abrazo de Ron". Harry le dirigió una mueca de burla, justo cuando Stacy Barrows entró en el despacho, cogiéndole con las manos en la masa.
—Yo no he visto eso—declaró, tajante—. Jefe: Draco Malfoy está aquí; ha solicitado hablar contigo con urgencia—anunció con voz preocupada—. No ha dicho de qué se trata; quiere hablar sólo contigo; y por el apremio de sus palabras, debe ser algo muy importante.
—Hazle pasar—Harry ordenó de inmediato, mirando a ambos aurores con preocupación. Jamás hacía esperar a Draco, ni se reunía con él en la sala de visitas, o le daba cita para otro momento; no porque no hubiese podido hacerlo, de haberlo querido, sino porque ambos hombres, a pesar de sus diferencias irreconciliables, se respetaban lo suficiente el uno al otro, y a sí mismos, como para dejar todas esas diferencias que siempre los habían separado a un lado, en aras de la paz y la concordia entre todos los magos y brujas.
—Estaré fuera, si me necesitas—Ron afirmó, con voz de advertencia. A lo que Harry asintió con una sonrisa de agradecimiento.
Cuando el pelirrojo se cruzó con el rubio en la puerta del despacho, las chispas de hostilidad que saltaron entre las miradas de ambos hombres, habrían incendiado el Ministerio de Magia por completo. Stacy siguió a Ron fuera del despacho, cerrando la puerta tras ella.
Al hallarse a solas con Harry, Draco se sentó en la silla que había frente a su mesa de despacho y lo miró con un mal disimulado orgullo que no ocultaba su respeto por él.
— ¿Qué sucede, Draco? —Harry le interrogó, mostrándose preocupado, aunque sereno. — ¿Habéis cambiado de opinión?
—No, Harry; por eso mismo he venido hoy aquí— El Jefe le miró sin comprender. — Mira, Potter, sabes perfectamente que me caes fatal y que no puedo soportarte.
—Hombre, gracias; yo también te quiero. ¿Has venido a decirme eso? —Harry preguntó, sorprendido.
—He venido porque respeto nuestro pacto lo suficiente… ¡Y también te respeto a ti! ¡Maldita sea! Como para permitir que una tonta y rica estirada tire por la borda todo lo bueno que tú y yo hemos logrado para todos.
— ¿De qué me estás hablando, Draco? ¡Habla claro! ¡Por Merlín! — Harry quiso saber, comenzando a perder la paciencia.
—Sé que hace tiempo que sospechas que alguien está intentando hacer la vida imposible a tu ahijado, Teddy Lupin, en Hogwarts. ¡Espera! — Alzó una mano a la vez que decía estas palabras, mientras Harry se ponía en pie, airado, mirándole lleno de amenaza— Los mortífagos no tenemos nada que ver en eso; ni queremos tenerlo. Lo sé porque lo sospechaba, pero hasta ahora no he tenido confirmación de ello.
—Ve al grano—Harry ordenó, traspasándole con una mirada de advertencia y sin volver a sentarse.
—A través de varias fuentes, hace tiempo que había llegado a mis oídos que tu sobrino está siendo "saboteado" en Hogwarts; temiendo que algún Slytherin, hijo de mortífagos rehabilitados estuviese detrás de ese tema, por el odio que aún puedan sentir sus padres hacia ti, intenté llegar al fondo del asunto; pero no he logrado hacer cantar a nadie hasta ahora. Y no es lo que yo esperaba, con lo que me he encontrado. ¿Recuerdas a Thorfinn Rowle?
—El grandullón rubio, con cara de tonto, que se enfrentó a Ron, a Hermione y a mí en una ocasión, en un bar muggle.
—El mismo.
— ¿Es su hijo quien está intentando hacer la vida imposible a Teddy?
—Sí y no.
— ¡Joder, Malfoy! ¡Aclárate!
— ¡Joder tú, Potter! ¡No es nada fácil lo que tengo que decirte!
— ¿Por qué? — el moreno gritó una vez más, harto de tanta tontería.
—Porque es tu prometida, Cho Chang, quien está detrás de la orden que el hijo de Rowle ha estado ejecutando—el rubio dejó caer como un jarro de agua fría. Al escucharle, los ojos de Harry casi se salieron de sus órbitas.
— ¿Qué estás intentando decirme?
—Ayer, durante una de nuestras reuniones privadas, de la que tú no tienes nada porqué saber—recalcó esto último, a la defensiva— el hijo de Rowle, viendo una foto de Cho Chang que aparecía en primera página de la edición diaria de El Profeta, sin pensar en lo que decía exclamó, al reconocerla: "Esa mujer es la que me ha estado pagando; no sabía su nombre hasta ahora; pero es ella". Alarmado, porque no tengo intención de que tú te nos eches al cuello por ningún motivo, por ninguno; te lo puedo asegurar; ni que eches a tus perros guardianes sobre nosotros, no paré hasta obligarle a contarme absolutamente todo lo que haya podido estar relacionando a esa mujer con él — Se detuvo por un momento, para negar con la cabeza, realmente apenado. — Me contó que esa mujer, Cho Chang, le ha estado pagando generosamente durante todo el pasado curso para que él lograse que Teddy Lupin abandone Hogwarts por aborrecimiento. Lo captó en el Callejón Knokturn, a principio de curso; y desde entonces le ha pagado regularmente para que fastidie tanto a Lupin, que este no desee más que marcharse bien lejos de Hogwarts sea como sea. He dejado claro al niño que, como él o alguno de sus amigos vuelva a molestar a tu ahijado, como él vuelva a saludar siquiera a esa mujer, y mucho menos a aceptar su dinero o a hacer lo que ella le pida, lo destierro; tenga la edad que tenga; también se lo he advertido a sus padres.
Harry permaneció en silencio, sin dejar de mirarle, lleno de furia.
— Mira, Potter, a mí me importa una mierda el rollo que te traigas con tu prometida; y no habría venido a contarte esto si no hubiese estado directamente relacionado con uno de mis hombres; o con su hijo, más bien. Lo que no quiero es que nos salpique. ¿Está claro?
— ¿El hijo de Rowle sabe porqué ella lo ha hecho? — Harry preguntó con voz fría.
—No lo tiene muy claro; pero durante una de las reuniones clandestinas que ambos mantuvieron, ella mencionó algo sobre "mandarlo lo más lejos posible de mi prometido, cuando yo y él nos hayamos casado". No debería decir esto; y seguramente tú ahora intentarás partirme la cara por haberlo hecho, y yo trataré de devolverte el golpe, y la liaremos; pero si no lo digo reviento: esa prometida tuya es una traidora. Sí, que lo diga yo tiene su ironía, al menos para ti; pero es lo que pienso. Si tengo que joder la vida a alguien, me gusta ir de cara, la verdad—aseguró, devolviendo la mirada a Harry, lleno de orgullo.
— ¡Por amor de Dios!
Draco esperó que Harry enarbolase su varita en cualquier momento, dispuesto a convertirle en cenizas sanguinolentas, o a hacerle algo peor, si es que lo había. Aún así, y a pesar de lo que acababa de declarar, antes de ir allí a confesar aquel secreto había tomado la decisión de no defenderse, si eso sucedía; lo único que le importaba era el bienestar de su gente, y la continuidad de su causa común; él era prescindible, y así lo había asumido desde hace mucho tiempo.
—Jamás olvidaré lo que acabas de hacer por mí y por Teddy—en cambio Harry declaró con convicción.
— ¿Todo queda como antes, entonces? — Draco quiso saber, estupefacto.
—En absoluto; todo está donde siempre ha debido estar. Gracias, Draco; tu gente está a salvo; más que nunca, si eso es posible.
—Eso es lo único que me importa. Adiós, Potter—se despidió, levantándose de la silla y dando la espalda al Jefe del Departamento de Seguridad Mágica sin una palabra más. Segundos después, Harry se dejaba caer en su silla, completamente abrumado.
— ¿Qué quería ese desgraciado? — Ron quiso saber, entrando en tromba en el despacho, nada más el otro se hubo largado. Harry le relató con detalle todo lo que el otro le había contado, mientras él lo escuchaba con ojos desorbitados por la sorpresa. —No sé qué me sorprende más; si que Chang te haya traicionado de ese modo, a pesar de ser una muñequita hueca; o que haya sido Malfoy quien te haya alertado de ello—dijo cuando su mejor amigo hubo terminado.
—Es hora de que asista a la rueda de prensa que tengo convocada para hoy—Harry dijo sin más, por toda respuesta, mientras miraba su reloj—Ron asintió, conforme.
~~o&0O0&o~~
Apenas diez minutos después, Harry compareció ante los medios de comunicación mágicos, como Director del Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio de Magia del Reino Unido. Antes de su llegada, uno de sus subordinados se había encargado ya de repartir una foto mágica de Levenau entre los asistentes, obtenida de un archivo que el Ministerio de Magia Canadiense, amablemente, había cedido al Ministerio de Magia inglés.
—La foto que ustedes tienen entre manos corresponde a Gordon Levenau—Harry comenzó a hablar—; él es el único sujeto responsable de los lamentables sucesos acaecidos en el estadio de quidditch, hace tres semanas, que debería haber enfrentado a las Holyhead Harpies contra los Chudley Cannons—declaró con voz seria y solemne. Todos los periodistas se miraron unos a otros, sorprendidos, y volvieron a observar, ahora con detenimiento, la foto que el auror les había entregado. —Ruego publiquen ediciones especiales de sus rotativos, e incluyan en primera página de cada una de ellas la foto que les hemos proporcionado; advirtiendo seriamente a magos y brujas que el Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio de Magia del Reino Unido tiene a Levenau en busca y captura, que es sumamente peligroso, y que lo más probable es que, de ahora en adelante y tal como hizo en el estadio de quidditch, no se limite a acosar y atacar a Ginevra Weasley, principal objetivo de sus obsesiones, o a su entorno inmediato—el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica añadió, con semblante sereno. —Así que si creen reconocerle, o cruzarse con él en cualquier lugar, lo primero que cada uno de ellos, y de ustedes, debe hacer, es apartarse de su lado rápidamente; y lo siguiente, alertarnos a nosotros. No intenten hablar con él, ni retenerle; no saldrán bien parados si lo hacen; se lo puedo asegurar.
Al escuchar la totalidad de la noticia, un inmenso revuelo se levantó entre los reporteros; hasta el momento no se conocía la identidad del presunto atacante de las Harpies; pero el hecho de que Harry hubiese dejado claro que era Ginevra Weasley el motivo que le llevaba a cometer tamañas agresiones y crímenes, era una auténtica bomba informativa. Inmediatamente, todos alzaron la mano, intentando que él les diese el turno para hacer preguntas, y hablando a la vez.
— ¡Silencio! —Harry ordenó—. Responderé a todas sus preguntas, una por una.
— ¿Qué más puede contarnos sobre Levenau? —un reportero de El Profeta tomó la palabra rápidamente.
—Si buscan su nombre en hemerotecas, sobre todo canadienses, lo hallarán ligado a la liga profesional de quidditch de Canadá, y también a los dos últimos mundiales de ese deporte. Hace años destacó como jugador estrella de los Moose Jaw Meteories, con los que estuvo apunto de ganar el penúltimo mundial de quidditch celebrado hasta el momento—él explicó—. Parece ser que una grave lesión, que le apartó del quidditch profesional durante una temporada completa, le hizo caer en el alcohol, adicción que ha acabado provocando su expulsión definitiva de los Meteories, y que ningún otro equipo profesional le contrate. Ginevra Weasley fue quien le sustituyó, motivo suficiente para que él, probablemente habiendo perdido gran parte de su cordura, la haya juzgado como culpable de todas sus desgracias.
— ¿Qué va a hacer usted al respecto? —otro periodista quiso saber.
—El Departamento de Seguridad Mágica del Reino Unido va a emplear todos los operativos disponibles y todo su tiempo para lograr dar con los huesos de este sujeto en Azkabán, por supuesto. Ginevra Weasley es ciudadana del Reino Unido; pero si no lo fuera, el crimen cometido contra Winona Wood, y el caos perpetrado durante el fallido partido de quidditch, que podía haber acabado en auténtica tragedia, le han convertido en problema nuestro, sin duda.
—Eso lo damos por supuesto; lo voy a plantear de otro modo: Ginevra Weasley, en el pasado, ha estado íntimamente ligada a usted quien, por otro lado, es como uno más de la familia de sus padres, los Weasley. ¿Qué piensa hacer usted para protegerla? —el reportero de Corazón de Bruja le preguntó con descaro. — ¿Y qué opina la señorita Chang al respecto?
—Me parece que ese no es asunto que deba preocuparles ahora—Harry declaró, mirando al reportero con frialdad, y con cierto desprecio—; pero si quieren saber sobre ello, les informo que, muy pronto, la señorita Chang y yo mismo haremos un comunicado al respecto. No tengo nada más que decir.
— ¡Señor Potter! ¿Qué ha querido decir con sus últimas palabras? ¿Insinúa que la señorita Weasley puede haberse interpuesto en el compromiso que existe entre usted y la señorita Chang? ¿No habrá boda, entonces? —el reportero insistió, maleducado.
—Hágase un favor a sí mismo, caballero, y piense un poco más en sus compatriotas que están en peligro, y en usted mismo, y dedíquese a difundir entre ellos la alerta que yo acabo de transmitir a todos ustedes— El desprecio que había en la voz de Harry era tan evidente, que el hombre se vio obligado a desviar la mirada, avergonzado. —Si necesitan más datos sobre Levenau, o indicaciones adicionales, mi subordinado les facilitará todo aquello que consideremos que pueden saber por el momento; tengan en cuenta que nuestra investigación puede verse interferida o incluso malograda, si cierta información trasciende del Ministerio de Magia. Esto es todo.
Serio, sereno, y con la cabeza bien alta, el Director del Departamento de Seguridad Mágica abandonó la sala; tal y como había llegado.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
¡Hola hola! Aquí me tenéis de nuevo; hoy con la continuación de esa "escenita" que no os dejó demasiado "satisfechos" durante el capítulo anterior (que mala soy, jeje). La verdad es que yo me moría por continuarla también, qué narices (ahora voy a ir disimulando).
Tenía intención de escribir una escena más en este capítulo, pero me he dado cuenta de que se habría alargado demasiado; así que he decidido dividirlo en dos partes (lo siento, vulkaskull, tu dedicatoria llegará en el siguiente capítulo :) ) y hacer las cosas bien. Prefiero alargarme en cada escena lo que ella me exija a ir recortando y dejar las cosas a medias, tan sólo para que quepa todo en un solo capítulo.
Como siempre, no tengo más que palabras de agradecimiento para esos diez soletes que me han dejado un review de ánimo al capítulo anterior, que son: vulkaskull (al que debo mucho más que agradecimiento; también inspiración; en el próximo capitulo sabréis porqué); GLLNMR; nathmaro; Elle Marlow; cinthi68; PatDarcy; MoonPotterWeasley (gracias, cielo, al añadirlo también a tus favoritos y a tus alertas); Anatripotter; Cassiopeia Weaslye Lupin Snape (por el review, añadirlo a tus favoritos y a tus alertas) y Hanny Valentine (por lo mismo que a Cassiopeia).
Y agradezco también a hispanian (por añadir el fic a sus favoritos); a dragonixpotter7 (por añadirlo a sus favoritos y a sus alertas) y a Fanaticpotter (por lo mismo).
No sé cómo andará la cosa para el próximo capítulo, pero espero publicarlo, al menos, dentro de una semana.
Un abrazo muy fuerte a todos y de nuevo: ¡GRACIAS!
Con cariño.
Rose.
