Pasó un año desde la boda de Souichi, me sentía incompleto, un tanto extraño. Sabía que se había llevado un pedacito de mí y que jamás lo recuperaría; esa parte le pertenecería siempre a él pero aceptarlo me hacía menos indoloro el proceso. Después de todo yo también había seguido mi camino. Decidí mudarme a Europa debido a una propuesta de trabajo, no lo dude en ningún momento puesto que no había nada que me retuviera en los Estados Unidos. Soy de las personas a las cuales les gusta empezar de cero, no tenía caso estar en lugares que albergaban miles de recuerdos.

Para estas fechas yo estaba soltero pero lo disfrutaba, salía con chicos de vez en cuando y me disponía a conquistar el mundo, un mundo que había dado a las personas equivocadas. Era mí momento, era el momento en que yo descubriera quien era yo realmente. Siempre había estado atado a alguien emocionalmente pero ahora que era libre, podía ver realmente quien era yo y no quien era ese chico que siempre se desvivía por los demás.

Aunque me dolió profundamente debo admitir que la boda de Souichi fue una bofetada a la realidad, nadie puede ser así de dependiente. Nunca estuvo bien que luchara una y otra vez por alguien que simplemente no estaba seguro acerca de una relación formal. Si alguien no quiere estar contigo…no luches para que se queden. Sentía más paz conmigo mismo, pero sobretodo me perdone.

Tenía mucha culpabilidad, me preguntaba a menudo ¿Qué pude haber hecho distinto? ¿Por qué lo aleje tanto? ¿Por qué no me opuse? Pero la verdad era que yo no tenía culpa de nada, yo no había hecho que las cosas salieran mal. Simplemente las cosas cayeron por su propio peso y me comprobaron algo: lo nuestro nunca iba a suceder. No iba a trascender más allá de besos, de caricias dudosas y arrepentimientos.

Claro, dejar atrás a una persona es un proceso muy largo. Cuando tienes tantos recuerdos es imposibles eliminarlos pero poco a poco asimilas que no necesitas a esa persona para vivir. Seguí teniendo contacto con la familia de Souichi puesto que realmente siempre los aprecie y aunque mi relación con Souichi se paralizó totalmente podía hablar de vez en cuando con sus hermanos.

En Noviembre de ese año, recibí un correo electrónico de Souichi que decía:

Morinaga, sé que es extraño (y quizás estúpido) mandarte este correo electrónico. Me he mudado de nuevo, estoy de nueva cuenta en nuestra Universidad. Decidí que me gusta el enseñar y tener proyectos en el ámbito educativo. No me va nada mal en ese aspecto.

No me compete del todo decírtelo, pero quería supieras de cierta forma te echo de menos, hasta ahora me doy cuenta que fuiste…una persona muy especial y pese mi carácter estuviste a la par conmigo y creo nunca te lo agradecí.

Ahora, Yuriko, está embarazada. Pensaba que esta noticia me iba a tener saltando de felicidad como un idiota pero de hecho no siento mucha emoción. De hecho, desde que me casé no siento esa emoción, esa excitación.

Yuriko y yo al parecer somos una pareja funcional pero no feliz. ¿No es patético? Todo lo que buscaba lo encontré pero resultó que no me hace feliz. ¿Tú sabias esto? Yo creo que sí porque me lo dijiste varias veces.

Al parecer mi primero hijo nacerá en agosto, me siento un mal padre, un mal ser humano, debería estar feliz pero me siento vacío. Y no es porque no quiero a mi hijo, pero no me gusta la familia que estoy formando.

No es necesario que me respondas, pero sentía era necesario supieras esto. Quería que lo supieras.

Me quedé perplejo ante las palabras de Souichi, no pensé fuese miserable. Quizás le desee algún momento de miseria cuando estaba enojado con él pero genuinamente esperaba todo saliera bien. Mi anhelo era que fuese feliz con sus decisiones y conociéndolo el llegar a admitir todo esto y contármelo le debió aniquilar todo su orgullo y su ego. No sabía que responderle así que no respondí nada, preferí dejar las cosas así: dichas y sin complicaciones.

Mi vida siguió así, tranquila. El trabajo me absorbía pero los horarios de trabajo en Europa (Londres para ser exacto) eran menos arduos que en Japón y en Estados Unidos entonces aunque era pesado tenía tiempo para mí.

Desarrollé nuevos hobbies, descubrí nuevos lugares y con mis nuevas amistades recorrí casi todo el continente viejo. ¡Era increíble cuanta diversidad existía! Y por supuesto, ¡cuántos hombres atractivos había! Era real que en el mar habían muchos peces, quizás ninguno con fibras de plata brillantes como Senpai pero igual hermosos. Se pasó el tiempo increíblemente rápido, entre Italia, Francia y Alemania yo me perdía en nuevas sensaciones y olvidé por completo aquel correo que recibí meses atrás.

En menos de lo que pensé recibí una fotografía de un bebé, su piel parecí de porcelana adornada con mejillas rosadas, podía ver unos dedos delgados sosteniéndolos. Eran de Senpai. El titulo decía: ´Ha nacido mi primer hijo: Tatsumi Tetsuhiro.

Lloré. Caí de rodillas y supe que debía tomar un vuelo a Japón.