11.- No existen colacuernos cariñosos (Parte II).
Aquella misma tarde, George, su esposa —Angelina—, Molly, Arthur, Ron, Hermione, la tía abuela Tessi, Ginny y los dos niños, acordaron dar una sorpresa a Harry planeando una nueva cena familiar en Godric´s Hollow, para celebrar la nueva paternidad de George y de Angelina; pero también la infinita alegría que todos se habían llevado con la noticia de que él y Ginny iban a casarse por fin. La noticia de aquel deseado compromiso había corrido como la pólvora entre la familia Weasley al completo, después de que Ginny hubiese enviado una lechuza mensajera a su madre dándole la buena nueva, loca de contento; y a través de Ron, que había hecho lo propio por su parte y que se comprometió a entretener a Harry el tiempo necesario para dar tiempo a los demás a preparar una celebración por todo lo alto.
Así que, a media tarde, el hogar de los Potter se llenó de gente que no paraba de prodigarse en besos y abrazos, sobre todo a Angelina y a Ginny, protagonistas indiscutibles de aquel encuentro. George también se llevó su parte cariñosa de la familia, pero intentó permanecer en segundo plano; prefería admirar a su bella esposa, a quien no dejaba de adorar con la mirada. Pronto las mujeres se encerraron en la cocina para preparar una suculenta cena y para "charlar" de sus asuntos, y echaron a los hombres a la sala de estar, argumentando que, aunque ellos eran buenos cocineros, ellas eran las reinas de aquel evento. Así que Arthur, George, Teddy y James tuvieron que conformarse con intentar entretenerse por su cuenta hasta la hora de la cena; se reunieron en la sala de estar a contarse "batallitas".
— ¿Qué llevas ahí? —George preguntó a Teddy, curioso, viendo que el chico pasaba algo a James con sumo cuidado.
—Es un regalo que me hizo mi padrino hace años; no sé porqué, de pronto hoy me he acordado de él al pensar en Harry—Teddy respondió, mientras James ofrecía a su tío una pequeña talla con la figura de lo que parecía ser un dragón.
— ¡Eh! ¡Esto lo conozco! ¡Es la figura que Harry sacó en la primera prueba del Torneo de los Tres Magos! ¡Doblegó a un colacuerno húngaro con tan sólo catorce años, el tío! —George exclamó, entusiasmado al recordar aquellos tiempos.
— ¿Mi papá hizo eso? —James preguntó, alucinado.
—Eso, dice; pide a tu papá que te cuente en los millones de líos que se metió siendo estudiante, junto con el tío Ron y con la tía Hermione; y contra todo pronóstico, siempre salió airoso de todos ellos. Y acabó derrotando al mortífago más malvado de todos los tiempos; el señor de los mortífagos; nada más, y nada menos—el hombre afirmó, apasionado—. Si hoy todos los magos y brujas podemos vivir en paz, es gracias a él.
— ¿Qué es un mortífago, tío George? —el niño quiso saber, extrañado.
— ¿Pero qué narices le has estado enseñando a este niño, Ginny? —el pelirrojo reprochó a su hermana con indignación, cuando ella, un segundo después, entró en la sala para llevarles refrescos.
—Quería que James se implicase lo menos posible con el Reino Unido y con sus problemas—ella respondió, avergonzada—; ya que pensaba que, lo más probable, era que ni él ni yo volviésemos jamás.
—Tanto querías a Harry, hermanita… —no fue una pregunta, sino una triste afirmación.
—Tanto y más—ella le devolvió una serena sonrisa.
—Tanto que, muy a tu pesar, has acabado volviendo; y no te has cortado ni un pelo en ligártelo de nuevo y en arrancarlo de los brazos de esa arpía; cosa que tenemos que agradecerte, muy por cierto. Así que ya puedes ir asumiendo que vuestro hijo es más inglés que el whiskey de fuego e ir poniéndole al día de la historia de este magnífico país y del glorioso pasado de su padre—. Ginny rió, divertida.
—Eso haré, no te preocupes.
El sonido del timbre en la puerta principal de la casa sorprendió a todos e hizo que se mirasen unos a otros, extrañados.
—Qué raro… no falta nadie; Percy no ha podido venir; y Bill, Fleur y Victoire tampoco. Así que no sé quien puede ser… —Arthur comentó, pensativo.
—No sé, papá; pero es alguien de la familia; si no, no habría podido pasar de la puerta del jardín; lo que está claro es que Harry lo considera bien venido aquí—Ginny dijo alegremente—. Yo abriré, no os molestéis.
Sin esperar respuesta, la mujer fue a recibir al recién llegado; y cual no fue su sorpresa cuando, al hacerlo, se halló cara a cara frente a Cho Chang, quien nada más verla por poco se desmaya por la impresión.
— ¿Qué demonios haces tú aquí, zorra? —la morena le increpó con malos modos mientras clavaba en ella una mirada indignada, de absoluto desprecio.
En cuanto James escuchó desde dentro de la casa que alguien insultaba a su madre, intentó salir corriendo para reunirse con ella; pero tanto Arthur como George le detuvieron, prudentes, confiando plenamente en el fuerte carácter de la pelirroja, totalmente capaz de poner en su sitio a cualquier maleducado que se le pusiera por delante, fuese este quien fuese.
— ¿Harry no ha hablado contigo? — Aquel encuentro había tomado a Ginny totalmente por sorpresa para manejar un asunto que debía ser Harry quien lo hubiese solucionado ya; aunque no se amilanó.
—Hoy he estado muy ocupada preparando nuestra boda; no he tenido tiempo para él—declaró, condescendiente—. Pero eso, ¿a ti qué te importa? ¡Ya te estás marchando de casa de mi prometido! ¡Inmediatamente! —le ordenó.
—No voy a ir a ninguna parte, Cho; y será mejor que hables con Harry; él no ha regresado a casa todavía; así que, mejor, vete y regresa en otro momento—Ginny se cruzó de brazos y respondió con voz firme, aunque educada.
—No necesito a Harry para echarte yo misma de esta casa. — Casi escupió las palabras, e intentó coger a la pelirroja por un brazo para hacerla salir; pero Teddy, antes incluso de que Arthur o George pudieran tomar cartas en el asunto, se plantó frente a Cho, le dio un fuerte empujón que estuvo apunto de echarla al suelo pero que sí logró desplazarla lejos de Ginny; y no contento con ello, le lanzó a la cabeza una pequeña figura, que después de darle con fuerza en medio de la frente cayó al suelo haciendo un leve ruido amortiguado por la hierba del jardín; la amenazó con su varita, decidido a ponerla firme si se atrevía a agredir a la prometida de su padrino; aunque se resistió a usarla al pensar en Harry, quien se lo había prohibido expresamente.
— ¡Parásito enano! — Cho le gritó como una posesa, una vez fue capaz de reaccionar tras el fuerte golpe recibido y por la infinita sorpresa que se había llevado. ¿Qué piensas que puedes hacer con eso, inútil? ¡En cuanto me case con Harry vas a acabar al otro lado del mundo! ¡Para siempre! —aseguró. Trastabilló, alcanzó al niño e intentó estamparle un bofetón en medio del rostro; pero Ginny agarró su mano por la muñeca, se encaró con ella y juró:
—Eso será por encima de mi cadáver.
— ¡Estoy harta de todos vosotros, desarrapados impertinentes! — Sacó la varita de su bolso y apuntó a Ginny con ella. —Vas a pagar por esto, pequeña zorra; y él te seguirá después. Y nadie, ¡nadie!, va a poder impedírmelo.
Arthur, incapaz de soportarlo más, hizo ademán de salir a defender a su hija; pero George le detuvo, indicándole que protegiese a James y que él se ocuparía del otro asunto. Aún así, no pudo alcanzar la puerta de la casa, cuando un grito potente se apoderó de la situación.
— ¡Engorgio! — La voz de Teddy atronó; y para infinita sorpresa de todos, inmediatamente después la colosal figura de un colacuerno húngaro se interpuso entre Cho y los demás, pues era esa misma figura la que, momentos antes, el niño le había lanzado a la desesperada. Las negras escamas del majestuoso reptil reflejaron las últimas luces del atardecer, logrando otorgarle un aura legendaria que sus broncíneos cuernos y el mortífero pincho de su larga cola no hicieron más que reforzar.
— ¡No harás nada a la verdadera prometida de mi padrino! —negó con todas sus fuerzas—. ¡Vete y no vuelvas más! ¡Jamás te he querido! ¡Ni Harry tampoco!
— ¡Arrrrg! — ella gritó, con rostro desencajado por la furia; si no fuese por las enormes dimensiones del dragón que tenía delante y por su total inmovilidad, en aquel momento cualquiera habría tenido problemas para distinguir quién era el verdadero dragón, y quién la mujer; pues ella bramaba cual bestia furibunda. — ¡Malditos! ¡Malditos todos! — Enarboló de nuevo su varita, dispuesta a acabar con aquella aberración y con los Weasley por entero.
— ¿Qué está pasando aquí? —una voz inesperada, autoritaria y fría sobresaltó a los presentes desde la puerta del jardín. Para su sorpresa, Harry y Ron habían llegado a la casa caminando por la calle, y no a través de la chimenea, usando la Red Flu, como era su costumbre. Ambos acababan de traspasar la entrada del jardín para darse de frente con aquel drama.
— ¡Cariño! — Inmediatamente, Cho cambió su actitud altiva y venenosa por otra que pretendía ser dulce y adorable, y corrió hasta él para intentar abrazarle, victimista; pero Harry no lo permitió; en cambio, la apartó de su lado como si estuviese terriblemente contagiada por viruela de dragón, y con desprecio, lanzó a sus pies un pequeño saco que tintineó nada más chocar con las baldosas del estrecho sendero que llevaba a la casa. Atónita a más no poder, Cho lo miró sin dar crédito a sus ojos.
— Mi amor; ya sé que todo lo que ha publicado Corazón de Bruja hoy es completamente falso; al verles aquí, inmediatamente me he dado cuenta de que tan sólo estás cobijando a esta gente mientras se soluciona su problema, y que nada más atrapes a ese demente, harás que se vayan—ella afirmó, zalamera, intentando volver a acercarse a él. Pero quedó como si hubiese sido clavada al suelo por un hechizo de pegamento, al recibir una mirada tan furiosa y llena de desprecio por su parte, que logró atemorizarla. —He venido para pedirte que hagas algo para parar ese bulo difamatorio inmediatamente; pero me he encontrado con estos… usurpadores, que han intentado atacarme.
— ¿Quién es Erabus Rowle? —el auror preguntó sin más, traspasándola con una mirada asesina.
— ¿Q-quién? — El rostro de Cho había palidecido como la cera, al escucharle; aunque intentó disimular lo mejor que pudo. —No sé de quién me hablas. ¿Debería conocerle? — Sonrió de nuevo, intentando distraer su atención lo máximo posible.
—No sé; ¿deberías? —Él respondió con cruel sarcasmo—. Por cierto, ahí tienes de vuelta los galeones que le diste para que lograse que Teddy abandone Hogwarts—señaló con un dedo, desdeñoso, la bolsa que había caído al suelo—. ¿Qué habría venido luego, Cho? ¿Durmstrang, quizá? ¿El Polo Sur, acaso?
—H-Harry, no creerás que yo…—balbuceó, sintiéndose acorralada—Yo siempre he querido lo mejor para ti, y para él… para nosotros.
—Bien poco me conoces, si crees que mentirme, traicionarme, y alejarme de quienes más amo es desear lo mejor para mí.
—P-pero él… tú… nosotros…
—Ya basta, Chang; no existe un nosotros y jamás lo habrá—él negó, rotundo.
—N-no puede ser… ¡No puede ser! —negó con todas sus fuerzas a voz en grito, recuperando toda su altanería a través de la furia que escuchar una verdad que (desde hacía tiempo, llevaba temiendo desde lo más hondo de su corazón), le había producido. — ¡Tú eres mío, Potter! ¡Mío! ¡Mi pasaporte hacia la élite de magos y brujas! ¡Me darás lo que es mío! ¿Entiendes? —lo amenazó, mientras señalaba su pecho con un dedo, con el rostro congestionado. —He intentado hacerlo por las buenas pero…
Escuchar aquello fue la gota que colmó el vaso de la paciencia de Harry; viendo frente a él la inmensa figura del colacuerno húngaro —lo que le produjo un pequeño instante de sorpresa, seguido de otro momento de reconocimiento— la apuntó con su varita y exclamó:
— ¡Piertotum Locomotor!
Inmediatamente, el colacuerno pareció cobrar vida y adoptó una fiera postura de combate, aguardando las órdenes de Harry.
—No te atreverás…—la mujer lo retó, desafiante; aunque las piernas le temblaban cual gelatina.
— ¡Oppugno! —Harry bramó, entonces, ordenando al colacuerno, mientras reproducía un arco con la varita que unía al terrible atacante y a la morena. — ¡Sin piedad!
Sintiéndose perdida, apunto de perecer bajo el mortífero calor de una demoníaca llamarada, incluso, Cho no esperó ni un segundo siquiera para comenzar a correr hacia la salida como alma que lleva el diablo; momento que el colacuerno aprovechó para emprender una persecución a muerte. Durante la alocada carrera ella perdió ambos zapatos —preciosos y carísimos— por el camino, pero en absoluto se le ocurrió detenerse para intentar recogerlos; al traspasar la puerta del jardín, el temible dragón estaba apunto de atraparla entre sus fauces —uno de sus enormes colmillos la tenía agarrada por la blusa de seda, que se desgarró por la espalda sin contemplaciones— cuando, con un sordo estallido, desapareció; al chocar con las defensas de aquel hogar, que Harry tan bien había establecido, la magia que había agrandado y otorgado movimiento al ser inanimado, no pudo con la potente magia defensiva de la casa, siendo anulada por esta. Sobre el césped no quedó más que la pequeña y fiel reproducción de un colacuerno húngaro cuyos amarillos ojos la observaban desde una pose tranquila.
Agotada por el terror sufrido y por la humillante carrera, Cho, viéndose libre del peligro por fin, se desplomó sentada en el suelo de la calle, momento en que Harry la tomó por un brazo, ayudándola a ponerse en pie, y afirmó usando una voz que todos pudiesen escuchar:
—Mañana tú y yo haremos un comunicado conjunto donde indicaremos que damos por finalizado nuestro noviazgo y, por tanto, nuestro compromiso de boda. — Ella lo miró con ojos desorbitados, pero no osó pronunciar palabra alguna. —Puedes ser todo lo generosa que quieras: decir que eres tú quien no me quieres, y que al saber que yo sigo amando a Ginny has decidido darme la libertad para que ambos podamos ser felices; que yo soy poco para ti; que no sé hacerte feliz; lo que quieras. Pero como se te ocurra mencionar a Ginny para hablar mal de ella, como tu rostro revele una pequeña parte del odio que sientes por ella, siquiera, entregaré a El Profeta las pruebas que tengo de que tú, la rica, admirada y adorada heredera, has intentado manipularme haciendo la vida imposible a mi ahijado, Teddy. Y te juro que eso va a costarte muy, pero que muy caro; yo mismo me encargaré de que pagues su precio, hasta la última consecuencia. ¿Me he explicado bien? —concluyó con una patente amenaza en su voz.
Cho no pudo más que asentir.
—A las nueve de la mañana, Chang, en la sala de visitas del Departamento de Seguridad Mágica; no se te ocurra retrasarte—le ordenó; tras lo cual puso los zapatos de la chica en sus manos —que había recogido hacía un momento— y la abandonó en la calle, dándole la espalda y regresando a la calidez de su hogar. Cho no pudo más que marcharse de allí sin osar volverse a mirar atrás, usando para ello un pequeño traslador en forma de un coqueto bolso, por supuesto, a juego con su maltrecha blusa de seda.
Ron ya se había reunido con el resto de la familia —la tía abuela Tessi, Angelina, Hermione y Molly habían llegado a la escena justo para ver cómo el colacuerno hacía correr a Chang como una posesa—cuando Harry caminó hacia ellos con la mirada fija en su ahijado, quien permaneció quieto, dispuesto a asumir toda su culpa. El resto ya estaba dispuesto a abogar por el pequeño, cuando Harry dijo a Ron, con voz molesta:
—Sabía que el colacuerno iba a desaparecer nada más rozar las defensas.
—Por supuesto—Ron respondió, solemne; pero no pudo evitar comenzar a reír entre dientes, mirando a su mejor amigo alegremente. Al intuir qué frase pronunciada por él aquella misma mañana el pelirrojo acababa de recordar, Harry rompió a reír también, sin poder evitarlo. La familia al completo observó a ambos como si se hubiesen vuelto locos.
—Debería castigarte en compañía de un batallón de mandrágoras maduras fuera de sus macetas—aseguró a su ahijado, severo, cuando fue capaz de dejar de reír—; pero teniendo en cuenta que Cho es a ti a quien más daño ha intentado causar, y que, ¡Por amor de Merlín! , me he divertido como un enano viéndola correr perseguida por uno de sus congéneres, de esta te has librado, pequeño demonio—. Le revolvió el pelo alegremente, mientras el niño se abrazaba a él con todas sus fuerzas. — Estoy muy orgulloso de ti.
—Harry, lo… — Ginny iba a decir "lo siento" pero él no la dejó terminar; la levantó en brazos y giró con ella, para después depositar en sus labios un cariñoso beso.
—Yo sí que lo siento; he intentado localizarla una y otra vez durante todo el día para dejarle bien clara nuestra ruptura; pero no sé dónde se ha metido la condenada, que no ha habido manera. Y no quería darle la noticia a través de un pergamino que le entregase una lechuza.
—Ella ha dicho algo sobre Corazón de Bruja…
—Corazón de Bruja tan sólo intuye por dónde van los hechizos; pero no sabe nada en absoluto; se ha dedicado a especular sobre ella, sobre ti y sobre mi, en la edición especial de su revista que ha publicado tras mi petición de que todos los medios informativos mágicos pongan al tanto a magos y brujas sobre el peligro que Gordon Levenau supone para todos.
—Vaya… ¿Y qué es eso de que quería alejar a Teddy de ti?
—Pues eso mismo; se ha pasado el año entero pagando a un compañero de Teddy en Hogwarts para que le hiciese la vida imposible; el propio Draco Malfoy me lo ha revelado esta misma mañana, en cuanto se ha enterado, para que los mortífagos no se vean salpicados por el asunto.
— ¡Joder! —George exclamó, sin poder evitarlo, y soltó un silbido de sorpresa. —Te has ganado una potente enemiga con un montón de pasta y amigos influyentes, que pueden intentar fastidiarte la vida — Harry se encogió de hombros, despreocupado. — Cuando te cabreas, tienes una mala leche que lo flipas, tío—le aseguró, ofreciéndole una amplia sonrisa.
—Como cualquiera—él lo estrechó en un fuerte abrazo—. Felicidades. Y felicidades también a la futura mamá. Ven aquí, que te de un achuchón—buscó a Angelina con la mirada para darle un beso en la mejilla. — Ahora que caigo, ¿qué hacéis todos aquí? ¿Es mi cumpleaños? —bromeó.
—Tu cumpleaños es la semana que viene, capullo; y por poco no llegamos a tiempo para impedir que te cases con una chalada—George respondió con burla.
—No me lo recuerdes.
Ginny se abrazó a él, recordando por un momento cuánto había sufrido por esa causa.
—Por eso Ron estaba tan raro y casi me ha obligado… No, ¿qué digo? ¡Me ha obligado!; a regresar a casa caminando desde donde Merlín perdió el gorro, argumentando que necesitaba tomar el aire. — Todos rieron, divertidos.
—Entremos—Molly pidió, cariñosa—; la cena está lista.
Media hora después, las enormes bandejas repletas de viandas pasaban de mano en mano, acompañadas por una amena conversación.
—Entonces… ¿qué se sabe de Gordon Levenau? —Arthur quiso saber, preocupado, una vez todos hubieron terminado la cena.
—Nada; nada en absoluto; esto es frustrante—Ron respondió, desmoralizado—. No sé cómo se ha dado cuenta, o quizá lo habrá supuesto; pero el hecho es que sabe, o intuye, que hemos registrado la casa de Meier, y eso que hemos tomado todas las precauciones posibles para que no fuese capaz de notarlo; y el maldito se ha esfumado como el aire. Harry ha dado hoy una rueda de prensa a todos los periódicos, para alertar de que, por ahora, está suelto sin control y es peligroso; de ahí las ediciones especiales de los periódicos con un extenso reportaje sobre él y sobre la amenaza que representa para magos y brujas.
—No sólo para magos y brujas; he pedido a Kingsley que alerte también al primer ministro británico de que tenemos un loco suelto—Harry añadió con gravedad—. Ni él ni su gente pueden hacer nada para detenerlo, pero sí que puede pedir a los muggles que salgan por la noche con precaución, por ejemplo, y que no lo hagan a solas, argumentando lo que se les ocurra.
— ¿Y ahora, qué? — George preguntó, sintiendo un inmenso cabreo con el tipo.
—No nos queda más que tenderle una trampa; lo mejor es que yo sea el cebo; no pudo acabar conmigo hace dos domingos y no creo que pueda resistirse a la tentación de intentarlo de nuevo.
— ¡De eso nada, Harry! —Ginny negó inmediatamente, alarmada.
—Tranquila; no va a pasarme nada; esta vez los aurores tendremos el entorno controlado.
— ¿Quieres decir que en la anterior ocasión no fue así? —ella le preguntó con indignación.
—Bueno… no exactamente.
— ¿Será posible? ¡Es que hay para matarte!
—Mujer, espero que eso no pase—él replicó con una sonrisa.
—Harry… por favor… no lo he dicho en serio…—Ginny le miró a los ojos fijamente, con cara de reproche, cada vez más preocupada.
—Ya lo sé; perdona, no quería inquietarte—él se disculpó, volviendo a sonreír.
—Esta vez no va a resultarte tan fácil ir a por él personalmente, Harry—Ron objetó, pensativo—; eres el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, que no se te olvide; y el cuerpo del Departamento no puede arriesgarse a quedarse sin cabeza. Ni Kingsley ni el Wicengamot te permitirán actuar de cebo, si se enteran de lo que pretendes hacer.
—Por ahora, tan sólo es una idea; hemos de actuar rápidamente si queremos evitar más muertes; así que nos toca pegar primero. Si no localizamos a Levenau en los próximos dos días, lo consideraré en serio. — Ron negó con la cabeza, disconforme.
—Por favor, te ruego que no lo hagas—Ginny le pidió, cogiéndole de la mano, muy seria.
—Te aseguro que, si lo hago, será con todas las garantías posibles.
—No existen garantías posibles cuando se habla de "Harry Riesgo Potter" —George objetó, divertido.
—No eches más leña al fuego, por favor—el moreno le pidió, intentando que Ginny se calmase.
—Está bien…; te juro que le cubriremos las espaldas, si hace falta—aseguró a su hermana pequeña con solemnidad. Por el momento, Ginny decidió apartar el tema; pero pensaba insistir todo lo posible, y más, si Harry tomaba aquella decisión, finalmente.
—Oye… ¿y cómo es que Live Meier, la capitana de mi equipo, no detectó la muerte de su padre? — la pelirroja miró a Harry fijamente, cayendo en la cuenta de todo lo que implicaba la suplantación de identidad que Levenau había llevado a cabo durante todo un mes, al menos.
—Por amor.
— ¿Cómo?
—Por amor, Ginny; hay que joderse.
—No blasfemes en presencia de James y de Teddy, por favor—ella le reprendió con enfado.
—Oh; lo siento. Lo que quiero decir, es que Live Meier hace tiempo que está casada en secreto con Lon Voltrood; su padre se enteró de esto de un modo accidental, y renegó de ella porque consideró una traición hacia él lo que ella había hecho; odiaba a los Cannons con toda su alma. Así que hacía meses que no existía relación alguna entre Live y su padre, excepto la relativa cercanía que pudiese existir durante los entrenamientos de las Harpies; por eso ella no sospechó lo sucedido —Ginny abrió los ojos como platos.
— ¿De verdad Live y Lon están casados? —quiso saber, alucinada.
—Como te lo cuento. Los padres de él tampoco estarían de acuerdo con esa boda, si supiesen de su existencia; así que tanto él como ella prefieren llevar sus vidas de casados en absoluto secreto, por el momento; por lo menos, hasta que uno de ambos, o los dos, se retiren del quidditch profesional. Así que todo se confabuló a favor de Levenau para que no fuese descubierto inmediatamente.
—Jamás habría imaginado que Live y Lon…
—De eso se trata—Harry argumentó, mirando a Ginny, enamorado.
—Bueno… tampoco habría imaginado jamás que tú y yo volveríamos a estar juntos, a juzgar por cómo me trataste la tarde en que Levenau montó el numerito en el campo de quidditch—ella añadió, pensativa, con un leve tono de reproche en su voz.
— ¿Quieres decir que tú me trataste mejor que yo a ti? —él objetó, con una sonrisa sarcástica.
—Yo no te impuse mi ley, Potter—ella le reprochó con enfado; lo que logró sacar una risa de la mayoría de los demás, incluido Harry.
—Porque no pudiste, pelirroja; espera a que estemos casados; pobre de mí—él se lamentó, bromeando. George y Ron se rieron con ganas; mientras Angelina y Hermione les miraban con cara de reproche.
—Eso no es justo.
—Ginny, ahora en serio: ¿qué esperabas?
—Nada… pero… en el fondo…
—Te entiendo; en el fondo, ese reencuentro puso todo tu mundo patas arriba; igual que el mío.
—Nadie lo habría dicho… Los días siguientes fue más de lo mismo, o incluso peor.
—No refunfuñes, hija—Arthur terció en la conversación, apaciguador.
—No refunfuño, papá, en serio; sé que lo merecí; lo que pasa… no sé…
—Que creíste que yo ya no sentía absolutamente nada por ti. Bueno, en ese sentido, yo te llevaba delantera, porque hacía años que mantenía esa creencia con respecto a ti y lo tenía "casi" asumido. Para mí no fue una sorpresa comprobar lo que creí que estaba más que probado. — Le acarició una mejilla con cariño.
—En cambio, diste a Ron mi dirección para que él pudiera localizarme. Gracias—ella acarició la mejilla de él, también.
—No hay de qué.
—Me temo que Molly y yo vamos a marcharnos ya—Arthur aprovechó el cómodo silencio que se había creado en la mesa; se está haciendo tarde para nosotros; ya no somos unos chavales—declaró con una sonrisa.
—Y yo me muero de sueño—Angelina declaró, cansada.
—Pues nada; tendremos que guardar la diversión pendiente para la próxima ocasión—George se conformó, aparentando tristeza; pero estaba encantado de poder tener a su esposa para él mismo por entero, para continuar adorándola.
—Y los pequeños grandes hombres, a la cama—Harry ordenó a Teddy y a James, quienes le miraron con cara de súplica.
—Haced caso a vuestro padre—Ginny se sumó a él con firmeza. —Ya tendréis tiempo mañana para seguir jugando; y el resto del verano, si os apetece.
—Bueeeeeno—Teddy aceptó a regañadientes; y se llevó a James de camino al piso superior, tirando de su mano.
— ¿Nos mantendrás informados si se producen cambios con respecto a Gordon Levenau? —Molly quiso saber, mirando a Harry fijamente a los ojos, tras darle un beso de buenas noches en la mejilla.
—Por supuesto. Pero pase lo que pase, podéis volver aquí a cenar mañana, si os apetece—le ofreció con una amplia sonrisa, que la mujer compartió inmediatamente.
—Ya veremos— la gran mujer bromeó—; hasta mañana, pequeños—dijo a todos sus hijos, nueras y "yerno"; y se marchó hacia la chimenea, seguida por Arthur.
—Hasta mañana—el hombre se despidió.
Poco a poco, todos se fueron marchando y tan sólo quedaron en la sala la tía abuela Tessi, Ginny y Harry.
— ¿Puedo llamarte tía de ahora en adelante? — Harry ofreció a la mujer mayor, mirándola con una sonrisa cariñosa. —No sé… me gustaría.
—Por supuesto, pequeño—ella aceptó inmediatamente, emocionada. Y se marchó hacia su habitación más hueca que un pavo real en época de celo.
—Eres un cielo, Harry; desde el principio has sabido cómo tratarla—Ginny se abrazó a él por la cintura.
—Tengo mucho que agradecerle—él afirmó, abrazándose a ella también.
— ¿Qué tal si nos vamos a la cama, señor Potter?
— ¿Eso es una insinuación? —él la miró con picardía, divertido.
—Puede; ven y averígualo—tiró de su mano, seductora, y ambos subieron las escaleras que les conducirían hacia su habitación.
Nada más entrar en ella, Ginny se dedicó a desnudar a Harry poco a poco, destilando sensualidad con cada movimiento, hasta dejarle tan sólo con los boxer; y le sentó en la cama, obligándole a tumbarse.
—Un momento; regreso enseguida—le dijo, guiñándole un ojo; y se marchó hacia su propia habitación, donde se desvistió a la carrera y se puso un camisón de seda con tirantes y muy corto. Cuando entró de nuevo en el cuarto de Harry, lo encontró durmiendo plácidamente, tumbado boca arriba, prácticamente tal y como ella lo había dejado; y sonrió.
—Le ha vencido el sueño—dijo en voz baja, adorándole con la mirada. Así que, ni corta ni perezosa, se tumbó al otro lado de la cama y se dispuso a dormir también; por aquella noche, se conformaría con soñarle.
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A varias millas de Godric´s Hollow, Cho Chang caminaba fundida entre las sombras del Callejón Knockturn; era tal su ira, su humillación y su deseo de venganza, que estaba dispuesta a sacar de la cama a quien fuese y como fuese, con tal de conseguir la poción más concentrada y poderosa de amortentia que fuese capaz de lograr; que usarla fuese ilegal o no, le traía absolutamente sin cuidado. Iba sin fijarse por dónde andaba; tan sólo observaba, de uno en uno, todos los tenebrosos carteles que coronaban las siniestras tiendas por las que pasaba, buscando aquello que creía necesitar; así que, cuando se vio detenida bruscamente, al ser agarrada por un brazo con fuerza cruel, no supo qué le estaba sucediendo; ni siquiera lo había visto venir.
— ¿Es suerte lo que tengo? ¿O quizá es que lo merezco? — Una voz joven y firme (procedente de un rostro que en otros tiempos debió poseer un gran atractivo, pero que en la actualidad mostraba los devastadores síntomas del alcoholismo y del abandono) preguntó, complacida.
Al mirar a la cara a quien, de un modo tan sigiloso e impertinente, había detenido su marcha, en un primer momento Cho mostró el temor propio del reconocimiento: Corazón de Bruja, aquella misma tarde, había definido ese rostro como perteneciente a un hombre demente, osco, hostil y sumamente peligroso, de algún modo relacionado con Ginevra Weasley. Al recordar esto último, su boca mostró una amplísima sonrisa, que desconcertó al hombre por completo.
—Quizá tú seas mi respuesta—ella firmó, armándose de un valor que no sentía en absoluto; pero que extrajo de toda el ansia de venganza que corroía su alma por dentro.
— ¿Cómo? — Gordon Levenau preguntó, atónito; había esperado que la mujer, al reconocerle, se hubiese desmayado en sus brazos debido al terror, no que quisiera "reclutarle". O aquella morena era una inconsciente, o no tenía ni idea de que él pensaba utilizarla para acabar con Potter y después se desharía de ella, tal y como había hecho con los demás.
— Quieres cargarte a Ginevra Weasley, ¿no? — Ella le miró como si fuese retrasado e incapaz de seguir sus razonamientos.
—No; quiero hacerla mía, en todos los aspectos. — Intuyó que añadir "y voy a cargarme a Potter por el camino" no era una buena idea, dado que ella era la prometida de aquel maldito.
—Lo que sea—desechó aquellas palabras con una mano con desprecio—. Con que la quites de mi camino, es suficiente. Yo te ayudaré; avisa a Harry Potter diciendo que me has secuestrado y que me cambiarás por ella; yo haré el resto.
—Oh, sí, pienso secuestrarte; ahora mismo—él le mostró una amplia sonrisa de satisfacción.
—Todavía no; eso será para la escenita final—ella declaró, maquinadora. —Tú haz lo que te digo; nos reuniremos aquí mañana por la noche; sin falta.
— ¿Y si me niego? ¿Y si te secuestro, y punto?
— ¿Acaso crees que Potter me cambiará por ella, sin más?
— Vamos a ver: ¿no eres tú su prometida? —él preguntó, confundido.
—Lo era; ahora lo es ella—Chang escupió las palabras con veneno. Al escucharla, la sangre de Levenau le hirvió en las venas.
—Haré lo que dices—aceptó, furioso.
—Perfecto. Mañana aquí, a esta misma hora. No me falles.
El hombre asintió con convicción; tras ello soltó la presión que la tenía retenida y, oculto en la noche, vio cómo ella continuaba su camino, aparentemente observando todos y cada uno de los letreros de las tiendas que se cruzaba en su camino; hasta que debió descubrir la que buscaba, pues se detuvo ante ella y comenzó a aporrear la puerta como si se hubiese vuelto loca. Entonces se marchó, pues en nada beneficiaba a su causa el ser descubierto por el revuelo montado por una loca.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Hola a todos.
Ante todo, quiero disculparme porque no he podido actualizar antes, por el trabajo y por circunstancias personales.
Este capítulo lo dedico a vulkaskull, porque él me dio la idea de usar un colacuerno húngaro que atacase a Cho Chang, transformado desde la figurita que Harry recibió en la primera prueba de El Torneo de Los Tres Magos. Espero que te guste mi visión "particular" del asunto, jeje. Yo he disfrutado como una enana escribiendo esa escena, y aunque finalmente no ha sido Teddy quien haya achuchado al dragón contra Cho, algo sí que ha tenido que ver (^_^)
Agradezco en el alma a todas estas personas:
- Por haberme dejado unos reviews geniales, que me emocionan: Sakura7893; cinthi68; vulkaskull; Elle Marlow; MoonPotterWeasley; Gelygirl; Cassiopeia Weasley Lupin Snape; Celtapotter; Maria; Helen.
- Por haber añadido el fic a sus favoritos y/ó a sus alertas (gran honor el que me hacen): Moonpotter Weasley; Hannah Valentine; Cassiopeia Weasley Lupin Snape; nico2883; daniginny; Aitziber; IloveGingerBoys; prinseice.
Y nada más por hoy. Sólo me queda deciros que intentaré actualizar el fin lo antes posible, y que me siento muy querida y acompañada por todos vosotros con cada capítulo que publico, algo que me hace sentir muy feliz.
Hasta la próxima, con cariño.
Rose.
