12.- Ni en la vida ni en la muerte.

Ginny despertó sobresaltada, sintiendo que algo no estaba bien; intentando despejarse, alargó un brazo en busca de Harry, y lo único que halló fue un hueco vacío junto a ella. La oscura noche se cerraba aún sobre Godric´s Hollow, por lo que no era normal que él no se hallase descansando aún a su lado, completamente dormido. En pleno verano, no necesitó ponerse una bata sobre el fino camisón de seda con el que se había acostado, así que tan sólo se calzó las pantuflas que hacían juego con él y salió de la habitación con sigilo. En un primer momento, se dirigió hacia el cuarto de James; luego hacia el cuarto de Teddy; ambos dormían plácidamente, pero Harry no estaba en ninguna de sus habitaciones. Más y más preocupada por momentos, bajó las escaleras hacia el piso inferior y caminó hasta la cocina: quizá a él le hubiese entrado hambre y lo hallase allí, dando buena cuenta de un tentempié; pero tampoco fue así. En cambio, se fijó en que la puerta trasera de la casa, que daba hacia el jardín posterior desde la cocina, se hallaba abierta. Hizo ademán de coger su varita para enfrentarse a cualquier posible intruso que hubiese osado allanar la casa; pero no pudo hacerse con ella, obligada a recordar la vestimenta con la que había salido de la cama precipitadamente. De todos modos, todo en la casa parecía estar en orden. ¿Dónde estaba Harry, entonces? Intuyó que la respuesta la hallaría del otro lado de aquella puerta que, entreabierta, parecía estarle invitando a salir al amparo de la cálida noche; así que, osada aunque mostrando cierta prudencia, se aventuró fuera de la casa vestida de aquella guisa.

—Por Merlín… ¿A dónde vas con ese camisoncito? ¿Es que quieres volverme loco? — Ella escuchó nada más pisar el jardín y rió divertida, ya más tranquila; agudizó su vista para poder localizar a Harry en medio de la noche, y lo halló tumbado sobre la hierba, contemplando la inmensidad del estrellado cielo; se tumbó al lado de él y se acurrucó en sus brazos.

— ¿Qué haces aquí en medio de la noche?

—No podía dormir y necesitaba pensar; suele pasarme cuando algún pensamiento me taladra la cabeza.

— ¿Qué pensamiento? —ella buscó su mirada, volviendo a preocuparse.

— ¿Por qué has vuelto precisamente ahora, Ginny, cuando estaba apunto de casarme? ¿Lo sabías? — En cambio él preguntó, mirándola muy serio.

—No, Harry, no lo sabía; pero algo en mi corazón me impulsaba a volver con urgencia; ya no tenía descanso, ni vida, nada… mi única esperanza era volver. Me he negado a saber de ti durante estos cinco años, nada en absoluto; así que no me enteré de que ibas a casarte hasta que volví.

— ¿Y lo que has encontrado al hacerlo es lo que esperabas, fuese lo que fuese?

—Definitivamente, no—por un momento, ella soltó una pequeña risita—; creí que al volver hallaría en ti a un hombre "solterón" y egocéntrico, enamorado de sí mismo hasta la médula, que se acuesta con quien le place sin compromisos y que trata a las mujeres como simples instrumentos de placer; esa es la idea que me había empeñado en tener de ti. Cuando me di cuenta de que los periódicos británicos no hacían más que insistir en cuánto querías tener hijos con Cho, montones de ellos… sentí que moriría—se entristeció al recordarlo—. ¿Y ese jardín, Harry? ¿El jardín con todas esas rosas color perla, al lado de esa mansión casi de ensueño? —le preguntó al recordarlo, intrigada.

—Ordené construir la mansión como regalo de boda para ti, antes de que te marchases—él recordó con melancolía—; puse toda mi ilusión en crearla, y deposité en ella todos mis sentimientos hacia ti; en cambio no supe transmitírtelos, ni supe darme cuenta del dolor que te estaba causando con mi actitud distante debido a mi trabajo. El jardín vino después, con la soledad y el recuerdo como únicos compañeros; y es tan sólo obra mía.

— Oh… La mansión es perfecta, pero el jardín es bellísimo… un auténtico sueño… donde flota un aura… especial—ella afirmó, soñadora. Pero una horrible idea se apoderó de su mente, de pronto. — Cuando te casases con Cho… ¿ibas a llevarla a vivir allí, entonces?

—Ni en broma—él protestó, indignado—. Si esa casa no podía ser para nosotros, para ti y para mí como una familia, no sería para nadie; ni siquiera para mí; no he vuelto a entrar en ella desde que te marchaste; nunca. Aunque saben perfectamente que existe la mansión, nadie conoce la existencia de ese jardín, Ginny, absolutamente nadie, ni siquiera Ron y Hermione; lo doté de todas las medidas de ocultación posibles; todavía no sé como demonios lo hallaste tú, a no ser que sea porque, en el fondo, tú formas parte de él, y él forma parte de ti; de tu recuerdo que yo mismo deposité allí.

—Desde que lo hallé sentí que… era especial, como si me hubiese estado esperando; tanto él como su dueño; y yo me hallase en casa por fin. ¿Cómo supiste que era yo quien lo había encontrado? — Se apretó contra él, mimosa.

—La primera vez que entraste allí, simplemente coincidió que yo estaba dentro, a pesar de que tú no pudiste descubrirme; te juro que, al verte, por poco se me para el corazón. — Besó sus labios con dulzura, enamorado.

— ¿En serio? — Él asintió con seriedad.

—Mi primer impulso fue echarte de allí fuese como fuese; impedir que pudieses regresar por todos los medios a mi alcance. —Por un momento, ella le dedicó una mueca de reproche que le arrancó una sonrisa. — En cambio, era allí, al dejar para ti esas rosas y esos regalos, cuando viví mi verdadera realidad; no cuando te negué, día tras día, aferrándome a un matrimonio de conveniencia que me estaba matando por dentro.

—Pero cuando te dejé la rosa roja como regalo, si saber realmente que eras tú… o en el fondo sí que lo sabía…

—Entonces decidí que Ginevra Weasley se había acabado para siempre. No podía continuar sufriendo aquel infierno, no podía; antes o después habría acabado muriendo de dolor. Sentí que yo mismo me estaba cavando una tumba más profunda que el propio recuerdo; no podía volverme loco, por Teddy y por James; no podía permitírmelo. Por favor, compréndeme.

—Perdóname, Harry; te lo ruego. — Una lágrima resbalaba por el dulce rostro de ella.

—No hay nada que perdonar; ahora lo sé. — La estrechó entre sus brazos y volvió a besarla. — ¿Sabes? Envidio a George. Me habría encantado acompañarte y mimarte durante todo tu embarazo; y en el parto; me lo perdí—cambió de tema para animarla.

— ¡Mi vida! Ya habrá tiempo para eso cuando tengamos nuestro segundo hijo; no te preocupes— ella aseguró, riendo. Pero no obtuvo una risa de él que acompañase a la suya; en cambio, el joven la observó, repentinamente sombrío.

— ¿De cuanto tiempo disponemos en esta vida, Ginny?

— ¿Qué quieres decir? —ella preguntó, devolviéndole una mirada inquieta y confusa.

— Que he perdido cinco años de mi vida en los que poder haceros felices, a ti y a James. ¿Cuántos se supone que me quedan para poder hacerlo? ¿Cuántos hijos podremos tener realmente?

—Harry, me estás asustando… ¿Qué intentas decir? — Le acarició el rostro, temerosa.

—Mi padre y mi madre creyeron que tenían toda una vida por delante para compartir; y mira lo que les pasó. ¿Cuánto tiempo, realmente, se me ha concedido a mí? La vida es impredecible. Sólo sé que, sea el que sea, tan sólo tendrá sentido si vosotros y Teddy estáis junto a mí. Y cuando se termine, espero que al menos vosotros sigáis aquí para continuar siendo felices. Todo lo malo que os tenga que pasar, que me pase a mí—él declaró, sereno.

— ¿Pero qué estás diciendo? ¿Crees que yo querría seguir viviendo sin ti? ¿Por qué demonios te han venido a la cabeza ahora esos pensamientos tan oscuros? — Su mirada se clavaba en la de él con tanta intensidad, mostrándole un amor tan grande y tan incondicional, que él no pudo más que abrazarla con todas sus fuerzas.

—Lo siento, princesa; quizá ese miedo que parezco tener siempre a raya ha crecido ahora que se ha multiplicado por tres todo aquello que amo y que más temo perder—se disculpó, sin aflojar la fuerza de su abrazo ni un ápice siquiera.

—Sé lo que quieres decir; no puedes perder aquello que no tienes.

—Tú nunca me perdiste ni me perderás, Ginny; ni en la vida ni en la muerte.

—Tú a mí tampoco; así que dediquémonos simplemente a disfrutar de todo aquello que compartimos. ¿No te parece?

—Siempre serás única.

—Quererte me hace única. — Fue ella quien lo besó, sonriente.

—Y a mí.

Minutos después, consumaron su amor con las estrellas como únicos testigos.

~~o&0O0&o~~

Varias horas después, Harry entró en la sala de visitas del Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio de Magia; Cho llevaba esperándole casi media hora, pero él no estaba dispuesto a darle ni un pequeño gesto de tregua, siquiera.

Al verle llegar, la morena le miró con gesto arrepentido.

—Siento todo lo que sucedió ayer; de veras que lo siento—ella afirmó, mostrándose contrita.

—Me alegra que lo sientas—él respondió con voz gélida y cortante.

—He asumido que lo nuestro se ha terminado; ya no te causaré más problemas. Y como gesto de buena voluntad, te he traído estos bombones —le ofreció una hermosa y llamativa caja, que al destapar mostró en su interior un montón de irresistibles chocolates que Harry, en cambio, ni siquiera miró.

—Acabemos con esto cuanto antes—él ordenó, ignorando los dulces por completo. Pero Cho le tomó por un brazo, insistente, y le volvió a ofrecer el contenido de la caja, con mirada mimosa.

—Por favor… Toma uno sólo, en señal de amistad—rogó con voz lastimera.

—He dicho que ya está bien; o me acompañas por las buenas a la sala de prensa, o te llevo a rastras por las malas; tú decides—él amenazó, traspasándola con una mirada furiosa que ella no se atrevió a desafiar, y salió del cuarto con paso firme.

A regañadientes, la rica heredera volvió a tapar la caja de bombones y la depositó encima de la mesa con sumo cuidado, con la intención de obligarle a comerlos, fuese como fuese, una vez el comunicado ofrecido a la prensa hubiese terminado; y le siguió, mostrando una postura orgullosa ante todo aquel que ambos se cruzaron en su camino.

Por unos segundos no se encontraron con Ron y con Stacy, quienes habían ido en busca de Harry para darle una información sumamente importante sobre Levenau. Al entrar ambos aurores en la sala de visitas, para su sorpresa tan sólo se encontraron con una tentadora caja de apetecibles bombones, dispuesta en el centro de la mesa, como si les hubiese estado aguardando.

— ¡Guau, bombones! — Ron abrió la caja de dulces con deseo, nada más verla.

—Y qué buena pinta tienen… ¿Y si probamos uno mientras esperamos a que Harry salga de esa condenada rueda de prensa? Total, no vamos a poder contarle nada hasta que vuelva—la mujer propuso, intentando justificar de algún modo el arrebato goloso que la había tomado al asalto, al igual que a Ron, con sólo ver los dulces.

—Seguro que a Harry no le importará. Seguramente él los ha comprado para Ginny antes de venir al Ministerio de Magia y los ha dejado aquí hasta que pueda pasar por su despacho; como ha estado reunido con Kingsley desde que ha llegado… ¡Qué narices! Ya le comprará a mi hermana otra caja cuando salga—él declaró alegremente.

Los dos asintieron, decididos, y tomaron al asalto aquella apetecible caja de bombones.

— ¡Esto está de muerte!

— ¡Y que lo digas!

Cuando la práctica totalidad de la caja de bombones se había esfumado dentro de los atiborrados estómagos de la pareja, Cho Chang abrió la puerta del cuarto y entró en él, seguida por Harry; iba diciéndole algo, insistentemente, con respecto a la caja de bombones que… Al darse cuenta de lo que ambos aurores habían estado haciendo con esta, la ira y la rabia se apoderaron de ella. En cuanto Ron y Stacy se giraron para mirarles y sus ojos se toparon de frente con el rostro de la morena, sus semblantes voraces se transformaron en otros de pura adoración hacia ella.

— ¡Es la mujer más bella y perfecta que he visto jamás! —dijo Ron, encandilado por la absoluta belleza que creía contemplar en la mujer que había entrado junto a su mejor amigo.

— ¡Y la más elegante! ¡La más estilosa! ¡Merlín, quiero ser como ella! ¡Quiero que me mire! ¡Y que me enseñe todos sus secretos! —Stacy rogó con voz desesperada y totalmente sumisa.

— ¿Pero qué cojones? …—Harry reprendió a los dos, cabreado. Inmediatamente ató cabos sobre lo que allí había sucedido y se encaró con la otra como un tornado. — ¡Maldita sea, Cho! ¿Qué mierda has puesto en esos bombones? — La mujer, aún frustrada y enfadada, pero dándose cuenta de que su situación allí se había vuelto muy pero que muy peligrosa, guardó silencio, temerosa. Pero Harry la cogió por ambos brazos sin contemplaciones, la sacudió y volvió a preguntar a voz en grito: — ¿Qué has puesto, Chang?

—Amortentia—ella tan sólo se vio capaz de declarar.

— ¿Amorqué? ¡Maldición! ¡Bezoares! ¡Que alguien me traiga un bezoar! ¡Ya! — Demandó a voz en grito mientras salía del cuarto como alma que lleva el diablo; mientras, Ron y Stacy rodeaban a Cho y comenzaban a llenarla de abrazos y de caricias enamoradas, para horror de la mujer.

—Todavía no hemos recibido el suministro de bezoares que teníamos previsto para la semana pasada—uno de los aurores declaró, mirando a Harry y temiendo que él le lanzase, a cambio, un Petríficus Totalus, o algo peor. —Lo siento; los he reclamado miles de veces, pero…

— ¡Me cago en todo lo que…! — Harry bramó, airado. — ¡A San Mungo! ¡Enseguida! ¡Ayudadme a inmovilizarlos! —pidió a todos los aurores que ya se habían acercado a él al escuchar el revuelto montado repentinamente, y le habían seguido de vuelta a la sala de visitas. — ¡Y tú, Chang…! —Buscó a la mujer con la mirada, por todos lados; pero ella había aprovechado el momento de confusión creado por los aurores que intentaban hacerse con el control de sus dos compañeros, para escapar de allí sin hacerse notar. —Pagará por esto—juró.

Una hora después, Ron y Stacy se enfrentaban a la furibunda mirada de Harry, todavía sentados en una de las camillas, y sumamente avergonzados.

— ¿Pero cómo cojones se os ha ocurrido probar algo que ella haya traído? — el Jefe les acusó a voz en grito. — ¡Con lo ultrajada que se siente! ¡Podría incluso haberos matado! ¡Par de inconscientes!

—Lo sentimos, Harry. No teníamos ni idea de que eran suyos; al verlos, hemos creído que los habías traído tú—Stacy intentó justificarles, desviando la mirada hacia el suelo. Harry puso los ojos como platos.

— ¿Yo? ¿Para qué narices iba a traer yo bombones al trabajo?

—Déjalo estar, Harry; somos culpables, y punto—Ron declaró con la poca dignidad que aún le quedaba. Harry, frustrado negó con la cabeza.

—Joder, Ron; si os hubiese pasado algo, no habría podido perdonármelo—se lamentó, destrozado.

—No ha sido tu culpa, Harry. Los hemos visto ahí, tenían tan buena pinta… —Stacy dijo con vergüenza. A lo que el moreno soltó una risa, por fin.

—Vuestra peor penitencia va a ser recordar, día tras día, cómo abrazasteis, acariciasteis e intentasteis besar a Cho, adorándola incondicionalmente; con todo lo que la queréis—ironizó, burlón—. Y quizá su peor castigo también lo sea. ¡Voy a encararme a esa peste morena! ¡Y en cuanto lo haga…!

—Déjalo, Harry; por favor. Ya nos sentimos suficientemente humillados con esto; no hace falta que también se entere todo el mundo mágico de lo que ha pasado hoy—Ron pidió, desviando la mirada.

— ¿Y qué queréis? ¿Que deje semejante acción sin castigo? ¡La amortentia es potencialmente mortal, Ron! ¡Y su uso es ilegal! ¡Tú ya deberías saberlo!

— ¡Lo sé, Harry! Pero por favor, déjalo estar; sólo por esta vez.

—Sí, Harry; por favor… —Stacy se sumó a la petición de su compañero con voz lastimera.

—La culpa es sólo mía—el Jefe se acusó. —No debería haberle permitido que dejase eso ahí; debería haberlo tirado a la basura tal y como me lo ofreció; intuía que había duende encerrado, pero no pensaba que su osadía llegase tan lejos—se pasó una mano por el cabello con frustración. —Veré lo que hago; pero sea como sea, os prometo que Cho no se va a marchar de rositas; no esta vez.

— ¡Lo que íbamos a contarte! — Ron se puso en pie de un salto; pero los últimos efectos de la amortentia, así como del antídoto ingerido para contrarrestarla, le provocaron mareo y se vio obligado a volver a sentarse. —Justo antes de que tú te marchases con esa arpía para hacer el comunicado de vuestra ruptura a la prensa, nos ha llegado un mensaje del Primer Ministro del Reino Unido; han localizado a Gordon Levenau: se hospeda en un hotel muggle de las afueras de Londres; el mismo hotel en que se instaló, al parecer, cuando llegó a este país por vez primera. Esa fue la dirección de residencia que dio cuando pasó por el control de la aduana; por eso han podido localizarle esta vez, al intentar comprobar si había vuelto allí, con la intención de ayudarnos.

—Y lo han hecho. ¡Por Merlín! —Harry declaró, entusiasmado—. Vosotros dos, terminad de reponeros y volved el Ministerio de Magia en cuanto estéis bien. ¿Entendido? ¡Yo me marcho a montar el operativo para atraparle! —gritó mientras ya salía del cuarto a la carrera.

—Por lo menos hemos compensado un poco nuestra metida de pata—Stacy dijo a Ron. A lo que le pelirrojo soltó un bufido con desdén.

~~o&0O0&o~~

En cuanto Ron y Stacy regresaron al Cuartel General de Aurores, no recibieron burlas y bromas jocosas por parte de sus compañeros, como habían esperado; sino un completo apoyo, e indignación por lo que aquella odiosa mujer había intentado hacer a su jefe, y que al final había acabado haciendo a ellos por error. La mayor satisfacción para todos, aquel día, habría sido verla allí completamente hundida y pidiendo perdón. Pero Harry, al menos por el momento, les había prohibido ponerla en busca y captura, para salvaguardar a sus compañeros del ridículo que harían ante el Wicengamot y ante toda la comunidad mágica si aquella "agresión" llegaba a juicio; algo que eran capaces de entender, al menos en su mayor parte.

Como todos daban por hecho —porque el pelirrojo era el encargado del caso en el Reino Unido y porque era, también, uno de los aurores más diestros y experimentados del Cuartel General—, el Jefe puso a Ron al frente del operativo que él mismo había diseñado para atrapar a Gordon Levenau y llevarlo ante la justicia, finalmente. Y Ron asignó a Stacy a su equipo, ya que ella había terminado con sus pesquisas en Estados Unidos y sabía del caso lo suficiente como para serle de gran ayuda. Así que ambos, apoyados por un escuadrón de diez aurores, salieron del Miniserio de Magia dispuestos a no regresar con las manos vacías, fuera como fuera.

El resto del día transcurrió sin noticias, algo que a Harry no sorprendió, pues ya había dado por sentado que no iba a resultar nada fácil acorralar y hacer salir a Levenau de un hotel atestado de muggles sin hacer uso de la magia; pero confiaba plenamente en todo el equipo encargado de lograrlo, así que se armó de paciencia: antes o después, Levenau sería atrapado y llevado ante la justicia; tan sólo había que esperar.

Al finalizar la tarde, Harry se reunió con Ginny en el Callejón Diagon, concretamente en Sortilegios Weasley, la tienda que, hacía tantos años ya, los hermanos de ella, Fred y George, habían creado con el dinero que el adolescente moreno les había regalado tras obtenerlo como premio al resultar vencedor en el Torneo de Los Tres Magos. Después de la trágica muerte de Fred, George había decidido continuar con ella, y la tienda se había convertido en una de las mayores atracciones del Callejón. Teddy y James habían quedado al cuidado de Arthur, Molly y de la tía abuela Tessi; así que la pareja no tenía prisa por regresar a casa y había pensado, quizá, en tomar una cena romántica en un restaurante tranquilo —muggle, para evadir la constante presión a la que toda la prensa intentaba someter a ambos tras el bombazo informativo que había supuesto la ruptura entre él y Cho Chang—.

— ¿Qué tienes pensado? — George preguntó a Harry, en cuanto hubo atendido al último cliente de la tarde. —Normalmente es el cumpleañero el que recibe la fiesta sorpresa, no el que la da—añadió con una amplia sonrisa.

—No sé exactamente. Me gustaría algo por todo lo alto, algo que James y Teddy puedan recordar durante el resto de su vida, que les haga pasarlo tan bien que no deseen que termine nunca. Es su primera celebración como hermanos; por eso no quiero que la olviden jamás. — Al escucharle, Ginny se abrazó a su prometido por la cintura, orgullosa y completamente de acuerdo con él. George asintió, conforme.

—Déjamelo a mí y no te preocupes por nada; bueno, tan sólo por recomponer los escombros en los que vuestro hogar se haya convertido una vez la fiesta haya concluido— Le guiñó un ojo con burla y Harry rió, divertido, sin dejarse intimidar.

—Me pongo completamente en tus manos.

— ¡Este hombre siempre me ha gustado, hermanita! ¡No le dejes escapar! —pidió a su hermana alegremente; a lo que ella asintió con una sonrisa.

~~o&0O0&o~~

A poca distancia de Sortilegios Weasley, y arropada entre las sombras proyectadas por los macabros edificios del estrecho Callejón Knockturn, una figura menuda alcanzó a otra que, al juzgar por sus impacientes gestos, estaba más que cansada de esperar.

— ¿A qué tanta prisa, Chang, para luego tenerme esperando más de una hora? No sé cómo has logrado localizarme para enviarme la lechuza ni me importa; pero no soy un pelele en tus manos—Gordon Levenau aseguró con voz amenazadora y llena de ira.

Una vez más, Cho Chang se vio obligada a poner a raya el profundo miedo que le causaba aquel hombre con mirada demente; pero ahora, más que nunca, se había propuesto vengarse de Ginny Weasley, y también de Harry; y eso mismo haría; hasta sus últimas consecuencias.

—He venido a decirte que te escondas; que por ahora, abortamos la misión. Las cosas no han salido como yo esperaba y me llevará tiempo pensar en otro modo de lograr que esos dos reciban su merecido.

Sin pronunciar respuesta, Levenau cogió a la mujer por ambas muñecas, con tanta fuerza que la hizo retorcerse de dolor.

—Te he dicho que no soy un juguete en tus manos, niñata mimada. Me importa una mierda lo que tú pienses, o quieras, y ya he aguantado bastante tus tonterías; te vienes conmigo.

— ¡No! —ella gritó, tratando de zafarse de aquella presión que amenazaba con romperle los huesos de ambas muñecas.

—Puedes gritar lo que quieras; pero me acompañarás. Sea como sea, Potter no renunciará a intentar salvarte; es un blando sentimental.

— ¡No! — la morena volvió a gritar, desesperada.

De una certera patada en la entrepierna, logró que el hombre aflojase su presión sobre ella y aprovechó para emprender una loca carrera hacia la esperanzadora luz procedente del Callejón Diagon, que se mostraba a lo lejos. Pero Levenau, mucho más curtido, loco y desesperado de lo que ella hubiese podido imaginar, se recompuso rápidamente del fuerte dolor que ella le había hecho sentir y justo antes de que la mujer alcanzase el luminoso Callejón, volvió a apresarla con sádico placer.

— ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Que alguien me ayude! —Cho gritó y gritó a la desesperada. — ¡Por favor! ¡Auxilio!

Sus desesperados gritos lograron que la mayoría de los magos y brujas que aún transitaban por el luminoso callejón se detuviesen, o callasen en sus conversaciones, y desviasen la vista hacia el origen de aquel escándalo. Pero un aura de profundo temor y de respeto logró que ninguno de ellos hiciese intención de entrar en el otro siquiera; y menos con la insistente advertencia que todos los periódicos habían hecho sobre un loco peligroso suelto.

Apunto de desmayarse, Cho se había rendido ya a su aciago destino cuando una voz bien conocida atronó frente a ambos:

— ¡Déjala, Levenau! ¡Es a mí a quien quieres!

— ¡Harry! ¡Harry! ¡Por favor, ayúdame! —la morena suplicó, sintiendo renovada su esperanza.

— ¡Deja que se marche! —Harry pidió a Levenau con voz firme— ¡Y tú y yo hablaremos!

— ¡No quiero tomar té con pastas contigo mientras charlamos, Potter! —el otro respondió con voz burlona—. ¡Quiero que te quites de en medio de una vez y para siempre!

— ¡Todo es negociable, Levenau! ¡Deja que me acerque y hablaremos de eso! — Comenzó a dar pasos lentos hacia el hombre y su presa, con las palmas de las manos hacia arriba. — ¡Pero permite que ella se marche!

— ¿Acaso crees que soy tonto? — el otro bramó, airado. — ¡Tira tu varita si no quieres que la mate!

Harry sacó su varita de un bolsillo de su chaqueta y lentamente la depositó en el suelo, frente a él. De pronto, un grito a su espalda le alertó, logrando que todo su cuerpo se pusiera en tensión, al sentir una profunda preocupación por el bienestar del dueño de aquella voz.

— ¡Harry! ¡No! — Fue Ginny quien le rogó, tras él, al darse cuenta de lo que el joven acababa de hacer.

— ¡Te he dicho que te quedaras con George! —él le gritó con todas sus fuerzas, sin girarse para mirarla.

Al darse cuenta de que la mujer a la que anhelaba estaba contemplando la escena, y justo en el momento en que Ron y sus hombres aparecían por ambos lados, tanto en el Callejón Diagon como en el Callejón Knokturn, rodeando a Levenau, a Cho, a Harry y a Ginny por completo, el hombre, sintiendo que era el momento idóneo para ganarse el respeto y la sumisión de ella, lanzó a Cho contra una de las paredes de un fuerte empujón, y alzando su varita apuntó a Harry con ella diciendo:

¡Avada Kedavra!

Todo fue tan rápido que, en cuestión de un segundo, Harry yació inerte, en el húmedo, malolilente y frío suelo del Callejón Knokturn, mientras Levenau lograba escabullirse aprovechando el momento de pánico y de alarma que había creado.

— ¡Harry, no! ¡No! ¡No! ¡Harry! — Ginny corrió hacia el cuerpo exánime del auror, se arrodilló junto a él y, alzando su cabeza con sumo cuidado, la apoyó en su regazo; comenzó a acunarlo con desesperación, histérica, mientras le acariciaba el rostro con ternura. — ¡Harry! ¡Te lo suplico! ¡No puedes morir! ¡Por favor! ¡No! ¡Escúchame! ¡Despierta! —gritó sin parar, entre lágrimas que se derramaban de sus aterrados ojos.

Ron, Stacy y los demás aurores corrieron hasta alcanzar a ambos y se dejaron caer de rodillas también, rodeando al auror y a su prometida, desesperados.

De algún lugar cercano a allí, que Ron se empeñó con todas sus fuerzas y su rabia en localizar pero que no pudo intuir siquiera por la terrible zozobra que estaba sintiendo su corazón, una voz hueca y satisfecha retumbó:

—Tu vida con él se ha acabado, Weasley; ahora empieza tu vida conmigo. Entrégate a mí y te juro que trataré a su hijo como si fuera mío; como siempre debió haber sido. Te doy dos días para que entierres el pasado—Levenau declaró con voz cruel, dando especial énfasis en la palabra "enterrar". — Transcurrido ese tiempo, o te entregas a mí, o tanto tu hijo como tú moriréis. Y te juro que ningún patético auror va a poder impedírmelo. Ya has visto lo que he hecho con el que decía ser el mejor de todos ellos. —Una honda risotada retumbó en el aire, para irse extinguiendo poco a poco. Pero en el corazón de Ginny, de Ron y de Stacy se quedó por siempre jamás.

En la humedad del ambiente pútrido y corrupto que le había acogido con sumo placer, el cuerpo de Harry James Potter comenzó a enfriarse con pasmosa rapidez.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

El título va a santo de que sé que al terminar de leer el capítulo vais a querer matarme...

Ahora en serio. He querido comenzar este capítulo con mucho pastel, porque después, pasando por el humor, iba a daros un palazo de los gordos. De todas formas, en él no se dice más que lo que hay escrito. ¿O no? :P

Agradezco a los seis soles que han iluminado mis días transcurridos entre la publicación del anterior capítulo y la de este, con esos maravillosos reviews: Sakura7893; vulkaskull; helen; Guest; Cassiopeia Weasley Lupin Snape y Celtapotter.

Y también a todo aquel que haya leído el capítulo anterior.

Y espero que no queráis matarme mucho, jeje. A partir de aquí, vamos enfilados hacia el final del fic.

Un abrazo muy fuerte y hasta pronto.

Con todo mi cariño.

Rose.

NOTA MUY IMPORTANTE PARA RESPONDER LOS REVIEWS QUE ESTOY RECIBIENDO A ESTE CAPÍTULO:

Dado el tono que están alcanzando algunos reviews que está recibiendo este capítulo, y dado también que, desde hace mucho tiempo, deseo hacer un comentario público al respecto de ciertos reviews que recibimos los escritores, os dejo estas dos reflexiones personales:

1.- Yo JAMÁS DE LOS JAMASES, he dicho en este capítulo que Harry haya muerto, ni en él ni durante mis comentarios posteriores. Lo he dejado bien claro: "en él no se dice más que lo que hay escrito". Quien quiera "ver" más allá, creo que está aventurando demasiado y por lo tanto, se está equivocando en su percepción. Así que, Guest, no voy a necesitar revivirlo porque en ningún momento lo he matado.

2.- Y esto último me sirve para encadenar con mi segunda reflexión. Rompo una lanza en favor de todos los escritores de fics, de relatos originales, de lo que sea, que recibimos de vez en cuando comentarios del tipo: "Más de lo mismo, vaya mierda", o "Si pasa a partir de ahora tal o cual cosa, menuda estupidez". Vamos a ver si me explico: La educación no está reñida con la sinceridad, eso lo primero. ¿Por qué no, en vez de decir groserías y crueldades, que siempre se pueden evitar, uno no dice, por ejemplo: "Este fic no es lo que yo esperaba, así que dejo de leerlo"? Con comentarios como este, el autor siempre os agradecerá el haberle acompañado en su andadura hasta donde quiera que hayáis llegado juntos, deseando que, algún día, vuestros caminos se puedan volver a encontrar. Entended que un fic no es "bueno" ni "malo", simplemente porque en él se expresa, o no, lo que cada cual quiere leer; es bueno o malo para cada uno, según sus esperanzas y necesidades, no lo es en esencia. Otra cosa muy distinta es que al hacer comentarios tales como "es estúpido", en él se muestre también un argumento tan sólido y contundente, tan bien reflexionado y apoyado por premisas irrefutables, que no sea capaz de ser rebatido. Entonces sí tiene cabida una palabra de desprecio; aunque, sinceramente, yo jamás la daría, tan sólo por respeto a la persona que se ha esforzado por ofrecer algo nada más que con buena intención. Y qué curioso, que las personas que suelen ofrecer comentarios tan injustificados, crueles, groseros y en el fondo tan carentes de contenido por no ser apoyados con buenos argumentos, jamás dejan una dirección donde poder ser respondidas. ¿Por qué será? Para esa gente digo que ningún escritor obliga a nadie, bajo ningún tipo de coacción o de amenaza, a que lea sus relatos; cuando resulten no ser lo que se esperaba, sería interesante que recuerden que cada cual los ha leído desde el principio bajo su propia responsabilidad. Culpar a los demás por el tiempo que uno mismo ha perdido por propia iniciativa, me parece una postura poco inteligente; y por supuesto, continuar perdiendo el tiempo con algo que uno sabe desde un principio que no le gusta ni le va a gustar nunca (como una vez en que me escribieron: "he leído el fic completo y nunca me ha gustado, hasta el final; me parece un bodrio"; y el fic no tiene nada más y nada menos que 33 capítulos), al menos para mí, ya no tiene calificativo posible que yo quiera nombrar aquí.

Y dicho esto, no puedo más que continuar agradeciendo todos los comentarios que recibo, sean del tipo que sean. Unos me gustarán más y otros menos, pero a no ser que sean groseros, crueles y carentes de verdadero sentido por no ir apoyados por buenos argumentos (los cuales además de agradecimiento me producen auténtica lástima por la persona que los escribe), siempre son y serán bien venidos. Si son negativos, se agradece que sean constructivos; y si son positivos, también. Que te ayuden a mejorar es muy de agradecer.

Un abrazo para todos e infinitas gracias por leer.

Rose.