¡Muchas gracias por acompañarme durante toda esta aventura! Espero haya sido de su agrado, siempre leí cada uno de sus comentarios y no tengo palabras para agradecer el apoyo que me dieron. Sé que a veces los capítulos eran más cortos o actualizaba tarde pero nunca dejé de querer esta historia que hoy llega a su final. Espero les guste, para mí fue el mejor final que pudo haber sido para nuestros personajes.
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Al llegar a Nagoya sentía una sensación asfixiante, hace mucho que no pisaba esas tierras. Después de haber estado en la boda de Souichi de nueva cuenta venía a hacerle compañía en otro peldaño de su vida. Souichi era padre. Existe una leyenda llamada "El Hilo Rojo" que cuenta que entre dos o más personas que están destinadas a tener un lazo afectivo existe un «hilo rojo», que viene con ellas desde su nacimiento. El hilo existe independientemente del momento de sus vidas en el que las personas vayan a conocerse y no puede romperse en ningún caso, aunque a veces pueda estar más o menos tenso, pero es siempre una muestra del vínculo que existe entre ellas. Para mí, Souichi tenía ese hilo rojo invisible conmigo. Era increíble como con el transcurso del tiempo siempre seguíamos presentes en la vida del otro.
Por supuesto, el hilo rojo no implicaba ser amantes o un amor eterno, simplemente nuestra conexión era especial y yo siempre pensé existía un "para qué" de nuestros encuentros. Era extraño ya que me sentía nervioso pero no precisamente por ver a Souichi. Sabía que no me iba a quebrar, sabía que no me podía tener más comiendo de su mano. Me había vuelto fuerte y él se había convertido en una especie de extraño a quien quería mucho pero de quien no buscaba ya nada. Estaba en Nagoya por el simple hecho de que quería conocer a su hijo y saber por qué le había puesto mi nombre. Y creo eso era todo, saber acerca de eso y despedirme. Decirle que le deseaba una buena vida, que si me permitía quisiera formar parte de la vida de su hijo pero que entre los dos las cosas estaba claras.
Su nueva casa era –para estándares japoneses- bastante amplia, bastante amplia para ser solamente tres personas viviendo dentro de ella. Toqué el timbre y esperé ansioso la respuesta. Me abrió una mujer cansada, con visibles ojeras, el cabello despeinado y una palidez parecida a la de un vampiro. –"Buenas tardes, Morinaga. Pasa por favor".- Agradecí con la cabeza, entré y me quite los zapatos. ¿Ella era Yuriko? Vaya que el matrimonio y la maternidad no le habían sentado bien.
-"¿Gustas algo de tomar?...Solo tengo té y agua".- dijo sin expresión.
-"Agua está bien, gracias".- Me sentía mal por ella. Pero bueno, Senpai había sido claro que no eran un matrimonio feliz, solo existían y vivian de acuerdo a las reglas de lo que ambos acordaron.
-"Disculpa, ¿tardará en bajar Souichi?"- pregunté con timidez, temiendo hacerla enojar. Ella suspiró,-"Fue a pasear con el bebé, es bastante tranquilo pero a veces llora entonces debemos sacarlo a pasear. Estoy tan cansada, ¿sabes? Tener un hijo es agotador, no sé porque acepté a tener hijos". Soltó una risita. –"Iré a tomarme un baño, tengo que aprovechar cada momento libre que tenga, pero ponte cómodo, Souichi no debe tardar". Me sonrió débilmente y subió las escaleras. Se escuchó una puerta cerrarse.
Me sentía incómodo en esa casa, como un extraño total. Después de haber vivido con Souichi era inevitable pensar que quizás así sería nuestra casa de haberse decidido por mí, pero ahora vivía en una prisión de cuatro paredes, con una mujer cansada y miserable y un hijo que recibiría amor pero nunca vería el amor entre sus padres. Era triste esa representación. Pero, no había nada que yo ya pudiera hacer. Terminé mi vaso con agua e impacientemente –y nerviosamente- esperé por Souichi.
Pasando veinte minutos la puerta principal se abrió y entro Souichi. Me levanté para recibirlo. Se veía igual a Yuriko, como un vampiro. Pareciera que el matrimonio les había absorbido toda su energía ya que su piel que ya era pálida antes, ahora era casi transparente, sus gafas estaban rotas (y unidas con cinta transparente), su hermoso cabello estaba atado en una coleta desarreglada y su atuendo…bueno desaliñado. En cambio, su bebé, Tatsumi se veía radiante, mejillas rosadas y una piel de porcelana envidiable que contrastaba con su cabello marrón. Era inevitable querer sostenerlo entre brazos.
-"Morinaga, me da gusto hayas venido a conocer a mi hijo."- dijo mientras se quitaba los zapatos.
-"Sí, bueno…era algo importante para ti."-
Souichi sonrió, camino hacia mí y me entregó a su hijo. Lo cargue y pude sentir solamente amor, amor puro hacía esa inocente criatura. Era hermoso, y como no iba a serlo si la esencia de Senpai estaba dentro de él, Senpai había sido parte de la construcción de la hermosa creación que sostenía. –"Es muy bonito."-
-"Sí. A veces siento tiene más de ti que de su propia madre."- dijo mientras me veía directamente a sus ojos.
-"Bueno…la verdad Souichi además de querer conocer a tu hijo quería hacerte una pregunta."-
Él asintió, me dijo que lo esperara en la terraza ya que llevaría a su hijo con Yuriko. Escuché algunos gritos y una puerta azotarse pero preferí no preguntar.
-"Quería se llamara como tú, porque tú has sido tan importante en mi vida Morinaga."-
-"¿Eso es todo?"-
-"Pues, esencialmente, sí. ¡Pero que tonto soy! Tú no te conformarías con una respuesta así, quieres saber la raíz de todo. Pues bien, Morinaga, quiero tener algo tuyo en mi vida. Sé que es solo tu nombre pero al menos sé que cuando mencione su nombre de alguna forma estaré hablándote a ti también y sabré que estás aquí porque aunque las cosas entre nosotros hayan sido desastrosas y no hayan funcionado como cada quien esperaba…de verdad eres una parte especial en mi vida. Y sé bien cometí mil y un errores contigo, pero conforme hemos crecido juntos, hemos madurado y aprendido quizás yo he dado pasos atrás pero ahora, tengo que vivir con lo que elegí. Probablemente sería feliz contigo pero siempre me hubiera faltado una pieza, y yo puedo asegurarte que te sentirías igual. Felices pero incompletos, porque siempre fuimos tan distintos. Pero ahora, con mi hijo, algo nos une. Y puede que sea egoísta, pero me gustaría estuvieras en su vida. Que fueras como familia para él, para que le enseñes bondades que yo jamás podré enseñarle porque jamás las tuve…"- sus ojos claros comenzaron a llenarse de lágrimas que se derramaban sobre su piel. –"Prométeme ser parte de él".
Me acerqué y abrace a Souichi y por primera vez no sentí destellos de electricidad recorriendo mi cuerpo, por primera vez no quise oler su cabello o besar su cuello. Sólo quería abrazarlo y consolarlo como un amigo. Y comprendí que entre Souichi y yo existía ese hilo rojo pero para ser compañeros de vida, amigos…pero no amantes. Comprendí que por eso fallábamos cada vez que intentábamos iniciar la relación, comprendí porque sentía ese vació con Souichi y porque él estaba tan indeciso. Simplemente no nos pertenecíamos.
-"Perdón por presionarte tanto durante mucho tiempo el que estuvieras conmigo. Estábamos en momentos distintos y nunca comprendí del todo lo que me decías. Y es cierto, muchas veces no consideré tus sentimientos, pensé solo estabas siendo una persona caprichosa pero supongo que si desde el inicio hubo complicaciones es porque nosotros no estábamos destinados a ser. No sé si la decisión que tomaste de casarte con Yuriko fue la más acertada, eso ya tú lo descubrirás pero por favor, encuentra a él o la indicada cualquiera que sientas que te roba el aliento, que sientes puedes dar todo por esa persona sin importarte nada. Busca esa felicidad, y búscala también por tu hijo porque el vivirá a través de tus decisiones. Yo estaré a tu lado, aunque viva en otro lugar sabes siempre puedes contar conmigo. Y…también te perdono por las veces que me heriste.Siempre tendré esas cicatrices pero ¿te digo algo? Valió la pena la travesía, conocí muchos aspectos sobre mí que jamás lo habría hecho con otra persona; dolió pero al final, los aprendizajes vienen en una forma que no esperamos pero no dudo ni un segundo en la bondad que hay en ti pero también debes descubrirla tú, y dejar que alguien la haga florecer. Te quiero Senpai, siempre lo haré." Le besé la frente y él sonrió. Una sonrisa grande y genuina, ambos nos reímos y nos abrazamos hombro a hombro viendo el atardecer. Parecíamos más livianos, más enérgicos. Ese día me quite un gran peso de encima que sentía podía volar pero me había dado cuenta que tenía una nueva familia. Ahora Souichi y su hijo serían parte de mi vida, Souichi sería mi gran compañero de vida.
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-"Reeve, ¡es ya tarde! ¿A qué hora piensas venir?- pregunté mirando el reloj en mi muñeca, eran las 12:30 a.m.
-"Papá, relájate. Estamos divirtiéndonos, recuerda de quien es el cumpleaños. Además le dije a papá que iba a llegar más tarde de lo común. Me tengo que ir ¡adiós! No se preocupen."-
-"¿Te dijo Reeve eso y no me dijiste?"- miré enojado a Daniel. Se abalanzó sobre mí y me besó la frente, -"Perdóname, pero al menos tenemos unas horas para estar juntos…"- dijo mientras su mano recorría mi cuerpo y jugueteaba con el elástico de mi pijama. Me sonrojé, -"Pues, entonces tomaste una buena decisión como padre."- Lo besé y dejé que nuestros cuerpos se fundieran en uno. Daniel era mi esposo, había construido con él una relación que me revitalizaba. Con él, sin dudarlo, no me faltaba nada.
Daniel era un español que había terminado en San Francisco, alto, de piel bronceada y ojos cafés con el cabello un poco largo. Nos habíamos casado después de dos años de relación, después buscamos la forma de adoptar a nuestro hijo, Reeve. Reeve tenía grandes ojos verdes, cabello rubio cenizo el cual lo llevaba como su padre, por debajo de las orejas- y piel pálida. Aunque siempre decimos los padres que no importa qué edad tengan siempre serán nuestros chiquillos, Reeve ya tenía 18 años y pronto se iría a estudiar.
Le encantaban las ciencias, y por recomendación mía le había dicho eligiera un lugar en el extranjero. Daniel y yo buscamos programas de ciencias en universidades de Estados Unidos, Español o Japón (desde pequeño le inculqué mi idioma y el de Daniel) y ambos acordamos que mi alma mater era la opción correcta para él, la Universidad de Nagoya. Reeve estaba emocionado, por supuesto temía dejar atrás a sus amigos y particularmente a su amigo, Dan, que desde niños habían compartido muchas memorias pero Reeve era un espíritu aventurero. Al ser aceptado en la Universidad de Nagoya todos estábamos emocionados.
Eventualmente tomamos un vuelo para ir con Reeve a su nueva escuela, vaya que se había modernizado. Mientras yo estaba en el papeleo no pude evitar asomar mi cabeza a la otra oficina ya que había un hombre de cabellos largos sentado, esos cabellos me recordaban a alguien en particular. Al terminar el papeleo, aquel hombre se levantó y nos cruzamos.
-"¡Morinaga!"- exclamó con gran felicidad, me abrazó. Daniel se acercó y me miró. –"Souichi, ¡que sorpresa! Te presento a Daniel, mi esposo."-
-"Gusto en conocerte, Morinaga y yo nos conocimos presisamente en esta Universidad hace muchos años atrás. ¿Exactamente qué haces aquí?"-
-"Vinimos a matricular a nuestro hijo, Reeve. Resultó interesado en las ciencias."-
-"Vaya, vaya. Que bien, quizás después tenga que tomar clases conmigo, pobre de él. En fin, me dio gusto verte y espero nos visites pronto."-
-"Claro, echo de menos a Tatsumi, hace mucho que no lo veo. ¿Y Yuriko?"-
-"Bueno, después del divorcio tomamos ciertas decisiones y ella decidió regresar a su tierra natal. Yo me quedé aquí con Tatsumi, por ahora soy soltero pero sabes, así estoy más que bien. Me gusta criar a Tatsumi y dar clases eso me entretiene bastante."-
Sonreí, quizás Souichi no tenía un hilo rojo romántico, o quizás lo encontraría después pero ese día que lo vi genuinamente lo vi feliz, por fin vivía acorde a lo que él quería. Sabía algún día encontraría a su alma gemela (y vaya que lo encontró, un científico de Alemania llamado Niklas).
Nos despedimos, pero esa no fue la última vez que vi a Souichi.
-"Hola, mi nombre es Reeve."- dijo el muchacho emocionado extendiendo su mano para saludar a su Senpai.
-"Hola, no me interesa. Puedes llamarme Senpai."- respondió de forma hostil pero con una ligera sonrisa.
-"Muy bien Senpai, estoy entusiasmado de aprender de ti, sé que tu papá le enseño mucho al mío y que es muy inteligente."-
-"Mi papá es el más inteligente de todos, tiene una placa en esta Universidad Tatsumi Souichi…pero, ¿quién es tu papá?"-
-"El mío es Tetsuhiro Morinaga."
-"Ah, qué extraño. Mi nombre es Tetsuhiro también."-
Ambos muchachos sonrieron. Los ojos azules de Tetsuhiro se reflejaban en los ojos cafés claro de Reeve.
Después de mucho tiempo ambos decidieron casarse. Y fue cuando Souichi y Morinaga se dieron cuenta porque sus caminos debían cruzarse, porque conservaban su hilo rojo, y como sus hijos debían estar juntos…ahora de alguna forma alterna, de esas cosas que sólo suceden en las fantasías o que parecen divinas, Souichi y Morinaga siempre estuvieron cercanos de la manera indicada y pudieron ver la felicidad reflejada en sus hijos.
