Primero que nada chicas, Lean la nota al final y segundo, a las chicas que me dejaron su mail por reviews, quiero que sepan que a todas las agregue a mi MSN, pero pues no me ha tocado hablar con ustedes, espero conocerlas pronto.
Disclaimer Los personajes son de Stephanie Meyer. La trama es únicamente mía.
Capitulo 3. ¿Te cuento un cuento?
Bella POV.
En la puerta se encontraba la Srita. Bethany al lado de Tanya quien se regocijaba por nuestros rostros.
—Srita. Swan, Brandon y Hale… a la dirección.
Después de todo… creo que alguien si nos vio.
Voltee a mirar a Alice y a Rosalie. Estábamos seguras que nadie nos había visto así que nos encontrábamos tranquilas.
La Srita. Bethany dio medio vuelta indicando que la siguiéramos. Tanya sonrió satisfecha.
—Pero, ¿Por qué razón Srita. Bethany? —Dijo Edward, recio a soltarme al igual que los chicos a Rose y Alice.
El siempre sereno y estricto rostro de la Srita. Bethany dio un lento giro sobre el hombro. —Eso, Sr. Cullen, es algo que a usted… no le incumbe. —Miro de reojo a Emmett y a Jasper, dándoles a entender que a ellos tampoco les interesaba. —Ahora, si me hacen el favor Señoritas, las espero en mi despacho.
Se encamino por el pórtico hacia la oficina, con Tanya de tras.
—Bella, ¿Qué pasa?
—Nada, Edward.
—Entonces, ¿Por qué la directora las quiere en su oficina a esta hora? —Pregunto Emmett.
—Emmett no es nada, enserio. —Contesto Rose. —Ahora, si nos disculpan, tenemos que ir a la dirección.
—Si, sino ahora si nos meteremos en un problemón. —Contesto Alice librándose del abrazo de Jasper, no sin antes darle un beso.
—Pero seguimos sin entender que pasa.
—Nada, Jasper, —repliqué. —No pasa nada, enserio.
—¿Y por nada les llaman a la dirección a las cuatro de la mañana?
Suspire pesadamente.
Sabía que los chicos solo se estaban preocupando por nosotras, pero esto se estaba volviendo cansado.
—Miren, ahora mismo tenemos que ir a la oficina de la Srita. Bethany, sino se enojara más, —Hable mirándolos a los tres. —Les prometemos contarles todo en cuanto salgamos de ahí y durmamos un poco, ¿si? —Ninguno dijo nada—, ahora vayan a dormir mientras nosotras vamos a la dirección.
—¡Claro que no! —hablo Edward tomando fuertemente la palma de mi mano. —Nosotros iremos con ustedes.
Emmett y Jasper afianzaron su agarre a las chicas y nosotras tres rodamos los ojos.
—¡Hombres! —bufó Rosalie, mientras yo negaba con la cabeza.
—Pues andando entonces, —suspiro Alice. —Conociendo a Tanya ya debe estar metiéndole cizaña a la Srita. Directora.
Caminamos hasta la oficina y toque la puerta.
—Adelante. —Sonó la dura y autoritaria voz de la Directora.
Abrimos la puerta dejando ver tres sillas de frente al escritorio y una más al costado, donde Tanya estaba sentada.
—¡Claramente les dije señores, que esto no era su asunto! —Dijo enérgica la directora, parándose y caminando hacia nosotros seis. Tomo el pomo de la puerta y nos abrió paso para entrar, una vez dentro, miro a nuestros novios. —Sr. Cullen, Whitlock, McCarthy, si no desean ser amonestados, hagan el favor de irse a sus dormitorios.
—Pero Srita. Bethany…
—¡Pero nada Señor McCarthy! –suspiro tratando de calmarse. —Ahora si me hacen el enorme favor de retirarse a sus dormitorios, tengo que hablar con las señoritas aquí presentes.
Edward me miro preocupado. Solo pude responderle dándole una mirada de todo estará bien.
La Directora cerró la puerta y nos indico que tomáramos asiento.
¿Han sentido que observan sus movimientos desde diferentes puntos sin saber quién? Pues ahora imaginen eso mismo viniendo de solo una persona como la Srita. Bethany. Es mucho más potente.
La Srita. Bethany se sentó frente a nosotras cruzando sus piernas y entrelazando sus dedos y lanzando un gran suspiro.
—Muy bien, señoritas, ¿algo que decir?
Mire a las chicas de reojo con clara intención de negarlo todo.
—No —Negué con la cabeza—, en realidad no, Señorita.
—Según la Srita. Denali, ustedes tres le robaron su ropa cuando estaba en la ducha en el gimnasio, —Empezó a enumerar con los dedos. —Se metieron a su cuarto, y destruyeron absolutamente todo lo que había en él, cada una de sus posesiones personales.
—Humm, ¿enserio?
—¡Enserio, si ustedes me dejaron sin nada! —Grito Tanya apoyando sus manos en el escritorio rompiendo el silencio.
—¡Señorita Denali!
—Lo siento, Srita. Bethany. —Murmuro Tanya volviendo a tomar asiento.
—Señorita Hale, ¿algo que decir?
—No, la verdad no.
—¿Y usted señorita Brandon?
—Pues solo que lamento que le haya sucedido eso, —Sonrió mi amiga. —Bien dicen que el karma siempre vuelve, a lo mejor hizo algo de lo que tiene que arrepentirse.
—Bien sabes que fueron ustedes, enana. —hablo Tanya conteniendo su coraje.
—En primera, Tanya, no le digas así a Alice, —La mire furiosa. —Ella tiene su nombre, además, ¿Por qué estas tan segura de que fuimos nosotras? Nosotras ni siquiera estábamos en la Academia.
—Que conveniente, ¿no Señorita Bethany? —Contesto entre dientes Tanya. —Mi cuarto lo destruyen y ustedes no están en el colegio.
—Disculpa, Tanya —Respondió Rosalie y volteo a mirar a la Directora. —Pero las reglas dicen que los viernes terminando las clases, somos libres del salir del colegio, ¿Ó me equivoco Srita. Bethany?
—Para nada, Srita. Hale, las reglas así lo estipulan.
—Entonces, si nosotras decidimos salir, no tiene por que encontrarse sospechoso, —secundo Alice— ya que muchos de nuestros compañeros también salieron.
Yo asentía en silencio dándoles la razón a mis amigas, mientras que los puños de Tanya se apretaban fuertemente, casi podía sentir como se le clavaban las uñas en la palma de la mano.
—¡Entonces no les hará nada!, ¡¿No las expulsará?
—La verdad señorita Denali es que no tiene una prueba fija contra ellas —Suspiro pesadamente la directora. —Usted dice que fueron las señoritas, pero ni siquiera las vio, ¿o tiene algún testigo que las allá visto?
—No.
—Entonces esta dicho, señoritas, pueden irse a sus dormitorios. —Dijo la directora.
Nosotras nos disponíamos a pararnos, y yo no podía ocultar mi sonrisa.
—¡Pero ellas fueron!
—Mira, Tanya, es una pena lo que te hicieron, —trate de fingir pena pero la dicha me podía más.— pero no nos puedes estar culpando de todo lo que te hacen, nosotros ni siquiera estábamos aquí, ahora si nos permites, es noche y tenemos sueño.
—¡Argg!
—Señorita Denali, si me hace el favor de espera, necesito hablar con usted unos minutos.
Salimos de la dirección aun sonriendo, pero no podíamos regocijarnos hasta llegar a mi dormitorio.
Sé que estaba mal lo que le hicimos…. No, la verdad es que no estaba mal, ella me destruyo la vida, qué más da que yo la dejaba sin su paraíso personal.
Cuando por fin entramos a mi cuarto las tres reímos fuertemente.
—¿Vieron su cara? —Dijo Rosalie mientras reía y abrazaba a Alice. —Hay pequeña, te pasaste con eso del Karma.
—¿De qué tanto se ríen? —No me había percatado de que alguien estaba en mi cuarto, hasta que hablo.
—¡Edward! —Me lleve una mano a mi cuello. —Nos asustaste, ¿Qué haces aquí?
—Si, Edward, —Hablo Alice. —¿Quieres matarnos de un susto?
—Tarado. —Finalizó Rose.
—Las estaba esperando, quiero una respuesta.
—¿Pero a las cinco de la madrugada? —Hablo Rose.
—No podía esperar hasta mañana.
Alice rodo los ojos. —Como si ya no fuera mañana.
Camine hasta Edward y me puse a un lado mirando a las chicas. —Bueno como ustedes dicen, ya son las cinco de la madrugada y si no les importa queremos descansar, así que uhscale, ahuecando el ala.
—Si, aja, ya me imagino los descansados con Edward aquí.
—¡Hey, Enana! —Comente sonrojándome— Si vamos a descansar. Me la pase muy bien esta noche pero me muero de sueño.
—¡Si yo no dije nada! —Reímos por la postura defensiva, con sus pequeñas manos en su cintura.
Tras de abrazos, besos en la mejilla y muchos muy buenas noches de parte de Alice, y muchos puercos, disfruten sus cochinadas y golosos de por parte de Rose, las chicas por fin se fueron.
—Por fin solos. —Exclame dejándome tirar sobre la cama boca arriba.
Edward se sentó en la orilla recargándose en la cabecera abriendo sus brazos para que me recostara a un lado.
Dicho y hecho, me refugien en sus brazos. Gracias a Dios cuando las chicas salieron, cerré la puerta con seguro, no quería sorpresas.
Mi novio me arrimo más a él. —¿Ahora si me contaras que paso?
Suspire. Sabía que no me iba a dejar tranquila hasta que le contara lo que habíamos hecho.
—Digamos que tuve una pequeña venganza, —Que todavía no acaba. Pensé.— solo eso.
—¿A, sí? —pude sentir como sonreía. —¿Qué fue lo que hicieron?
-Solo destruimos el paraíso personal de Tanya. Nada del otro mundo.
Edward me tomo de la barbilla y me hizo verlo. —¿A qué te refieres con que destruyeron su paraíso personal?
Sonreí. —Destruimos toda su habitación. Ropas, zapatos y demás. Hubieras visto la cara de la engendro cuando tejeríamos un Dolce&Gabbana.
Edward negó con la cabeza, pero lo vi sonreír. —Me imagino que fue por lo que te hizo, ¿verdad?
Asentí con la cabeza. —Aja… pero no quiero hablar de ese tema.
Oculte mi rostro en su pecho, aun dolía y no quería discutirlo.
—Bella, cariño, —Pronuncio tanteando terreno conmigo, sabía que quería que hablara con mis padres, pero yo aun no me siento preparada. —Creo que deberías…
—No, Edward, no quiero. —Hable interrumpiéndolo y separándome de él viéndolo a los ojos. —No quiero hablar con ellos. Aun no me siento preparada, para enfrentar como me mintieron toda la vida.
Lo vi suspirar. —Vale, ven. —Me volvió a abrir los brazos y me acurruque de nuevo. Su mano acariciaba mi brazo constantemente. —¿Te cuento un cuento?
Sonreí a su ocurrencia. —¿Un cuento? ¿Y cual me contaras? ¿Caperucita roja, Blancanieves y los siete enanos? ¿Cenicienta tal vez?
—No, boba, ninguno de esos.
—Entonces cuéntamelo, —sonreí— ya me intrigaste con el cuento.
Suspiro. —Bueno, veras, este cuento no se llevo a cabo en la época antigua, ni nada como los cuentos que me dijiste, —Voltee a mirarlo atenta y me acaricio la mejilla.
»Ocurrió hace como diecinueve años. Era un día lluvioso, el cielo se caía literalmente, los relámpagos alumbraban y retumbaban los bosques de Forks. Fue de las peores tormentas que azotaron este pequeño pueblo.
Me imaginaba ese día de tormenta. Lo aterrador y tétrico que debió haber sido ese mismo día.
»Una joven como de unos quince años caminaba a la orilla de la carretera bajo la lluvia, estaba muy golpeada y lo peor es que estaba embarazada.
Me sorprendí. Solo alguien sin corazón golpearía a una chava embarazada.
»Una pareja de recién casados viajaban de vuelta a su casa en la mitad de la noche, cuando vieron como la joven se desvanecía y caía al suelo. Inmediatamente pararon el carro y bajaron a ayudarle, sin importar que se mojaran. Gracias al cielo, él era medico y la auxilio rápido. Ambos pensaron en llevarla al hospital, pero acababan de salir de un embotellamiento a causa de un accidente, así que la llevaron a su casa.
»La joven esposa del médico, la iba cuidando en asiento trasero mientras llegaban a su residencia. Una enorme y blanca casa, llena de grandes ventanales y un jardín enorme. Con mucho cuidado, la bajaron del automóvil y la llevaron dentro. El médico con ayuda de su esposa, la llevaron a el cuarto de huéspedes. Ambos se veían intrigados, no todos los días se encuentran a una pequeña joven embarazada y sumamente golpeada.
»Cuando la chava despertó tras varias horas después y hablo con aquellas personas que le habían ayudado, aun sin conocerla y les explico su situación. Les conto como ella había huido de su casa tras enterarse de que estaba embarazada y de cómo su novio, siete años mayor que ella solo la había usado y la había abandonado en cuanto supo que estaba esperando y como unos tipos en las calles la habías golpeado hasta dejarla inconsciente. Nunca les quiso revelar de donde era, solo les dijo que se llamaba Elizabeth Masen.
»El joven médico junto con su mujer, cuidaron de ella mientras se curaba. La joven tenía casi los ocho meses de gestación, por lo que a la pareja les preocupaba el estado del pequeño bebé. A la mañana siguiente que la curaron, la llevaron al hospital de Forks, donde la atendieron como era debido.
»La esposa del médico le agarro cariño a Elizabeth, le causaba pena y tristeza todo lo que había sufrido a tan corta edad. Tras varios días en el hospital, el médico le brindo asilo en su casa. Elizabeth no quería aceptarlo por no causarle más problemas a la pareja, pero entre los dos, lograron convencerla.
—¿Y luego que paso? —No pude evitar interrumpir a Edward.
Volvió a acariciar mi mejilla y siguió con el relato. —Tras varias semanas en la casa de aquellos recién casados, Elizabeth se convirtió en un miembro más de la familia. Era sencilla, encantadora, educada y sumamente agradecida, le ayudaba a la joven esposa a diseñar y acomodar lo que podía de aquella enorme casa.
»Todo aquello sucedió para a mediados de Diciembre, cercas de las fiestas navideñas. Un día, mientras adornaban cada rincón de la casa por las fiestas de sembrina, la esposa del Doctor bajo al sótano por más adornos. Elizabeth aprovecho su ausencia para acomodar un listón verde encima del ventanal principal, tomo la pequeña escalera y subió en ella. Con apenas unas cuantas semanas para dar a luz, no debía hacer muchos esfuerzos, por eso, la esposa del doctor le había dicho que no lo hiciera, que ella lo haría más tarde, pero Elizabeth no hizo caso, y en un descuido, su pie resbalo de un peldaño de la escalera y cayó al suelo.
—¡¿Y qué paso con Elizabeth?
—La esposa del médico escucho el sonido sordo producido por esa caída y enseguida soltó los adornos que venía cargando y corrió hasta la estancia, que era donde se encontraba Elizabeth, la encontró inconsciente por lo que su susto fue a un mayor. Recargo su cabeza entre sus piernas y enseguida marco el número de su esposo. Le explico nerviosa pero rápidamente lo que había ocurrido viendo la escalera a los pies de Elizabeth y el listón verde mal colgado, dedujo lo sucedido.
»Su marido le dijo que no la moviera y que le checara constantemente sus pulsaciones, las cuales eran cada vez más bajas, mientras él llegaba. La mujer no sabía qué hacer, acariciaba constantemente su frente susurra palabras para calmarla pues Elizabeth despertó, pero enseguida empezó a quejarte de un fuerte dolor en el vientre.
—¡El bebé! —Edward acaricio mi frente y cabello mientras asentía.
—La caída le había inducido el parto a Elizabeth, por lo que empezó a tener contracciones cada dos minutos. Una lluvia torrencial más o menos como la que azoto a Forks el día que encontraron a Elizabeth se soltó. El cielo parecía estar lloviendo por lo sucedido, como si algo peor fuera a pasar.
»Tras treinta minutos de espera, en un trayecto de una hora, el joven doctor llego. Nuevamente con ayuda de su esposa, llevaron a Elizabeth a su habitación en la planta baja. Elizabeth cada vez aguantaba menos los gritos de dolor, las contracciones pasaron de cada dos minutos a escasos segundos una de otra. No había más que recibir al pequeño en esa misma casa.
»El médico le indico a Elizabeth que pujara, que era fundamental que pujara por la vida de su hijo. Elizabeth pujaba con las pocas fuerzas que su cuerpo le brindaba. La esposa del médico limpiaba de su frente las gotas de sudor que Elizabeth derramaba. Tras un gran relámpago que ilumino toda la habitación, el llanto del pequeño de Elizabeth rompió el silencio.
»¡Es un varón! Exclamo el doctor para darle las buenas noticias a Elizabeth. El pequeño niño estaba en perfectas condiciones, pero la madre era otra cosa. Rápidamente le paso el pequeño a su esposa mientras él atendía a Elizabeth. No había mucho que hacer por ella, había sufrido un desgarre interno por la caída, más el esfuerzo por salvar la vida de su hijo, la había terminado por desangrar completamente.
»La esposa del médico, observo como su marido no podía hacer ya nada por Elizabeth, y de llevarla al hospital, probablemente moriría en el camino, así que acurruco al pequeño entre los brazos sin fuerzas de Elizabeth, y esta, al sentir al pequeño lo miro. Era perfecto a los ojos de su madre, de tez blanca y grandes ojos verdes como ella. Le acaricio una mejilla sonrojada con el dedo de su mano y lo llamo Edward.
Me tape la boca con las manos y observe sorprendida a mi novio. El niño se llamaba igual que él, porque ese pequeño, ¡era él!, mi novio soltó un gran respiro y siguió con su relato.
»El doctor estaba deshecho, se sentía impotente por no poder ayudar a esta joven madre, quería hacer todo a la vez, pero sabía que ya no podía. Elizabeth con las pocas fuerzas que tenía, les llamo a susurros. Quiero que cuiden de Edward…Les dijo sintiendo como sus ojos se cerraban de cansancio. Carlisle, Esme, prométanme que lo cuidaran como si fuera su hijo. Esme lloraba desconsolada, toda su vida quiso ser madre, darle todo el amor que ella tenía, pero no de esta manera, le dolía saber que Elizabeth estaba muriendo tan joven y aun más, confiándole a su pequeño Edward. Te lo prometemos, Elizabeth.
»Esme, con los ojos llorosos, tomo al pequeño entre sus brazos, y al igual que Elizabeth acaricio su mejilla. El pequeño le regalo una sonrisa, haciendo que Esme sonriera también. La vista de ambos, Carlisle y Esme, se desviaron de nuevo a Elizabeth, pero ella, yacía sin vida sobre la cama.
»Días después, en una pequeña ceremonia, enterraron a Elizabeth. Carlisle quiso averiguar la procedencia de Elizabeth, pero ella no traía más que las ropas que vestía el día que la encontraron y en la policía no había ningún reporte de personas extraviadas, así que nunca pudo avisarles a sus familiares su fallecimiento.
»Los años fueron pasando hasta que cumplí 14 años, y un día que llegue temprano del colegio, escuche como Esme y Carlisle, discutías sobre decirme la verdad o no. Interrumpí su conversación y les exigí una explicación a lo que decían. ¡Merecía saber de qué verdad hablaban! Trataron de explicarme todo con mucho tacto. Toda mi vida se fue a pique cuando me dijeron que no eran mis verdaderos padres, que toda mi vida me habían mantenido engañado.
Eso me cayó como balde de agua fría. Edward había pasado lo mismo que yo y mucho más joven y voluble.
—¿Y qué hiciste cuando te lo confesaron?
—Pues primero me sentí muy mal. Me enoje muchísimo con ellos. Toda mi vida se quebró así, en pedacitos muy pero muy pequeñitos. Admiraba a mi padre, se me hacia la persona más ejemplar que hubiera conocido, y en ese momento me di cuenta de que era un extraño con el cual vivía.
»Fue una temporada un poco difícil, porque me negaba a escucharlos, nunca les di la oportunidad de explicarme como se dieron las cosas, los veía como mis enemigos. Me volví rebelde por así decirlo, llegaba a la hora que se me daba la gana a la casa, tenia constantes peleas, incluso me llegue a pelear con Jasper, descuide el colegio y estuve a punto de perder el año, en fin, estaba dejando que mi vida se fuera derechito a un hoyo.
No me podía imaginar a Edward peleando con Jasper. Son tan amigos, tan unidos junto con Emmett, que me es imposible imaginar esa escena.
»Una noche llegue empapado, de donde me había pasado toda la tarde en el bosque y subí a mi habitación, ya era costumbre de que Esme y Carlisle me saludaran y yo los ignorara. Cuando salí de la ducha, en mi cama me esperaban los dos…
Flash Back
Salí del cuarto de baño y sentada en mi cama se encontraba la señora esa y en la puerta su marido.
—¿Qué hacen aquí? —Dije fríamente.
Camine hacia el closet a sacar una playera, pues solo traía los pantalones de mi pijama.
—Queremos hablar contigo, Edward. —Contesto Carlisle desde la puesta.
—¿Y de que quieren hablar? —Exclame encarándolos y exasperándome un poco. —¿De cómo me mintieron toda la vida? ¿De cómo nunca pensaban decirme que no son mis verdaderos padres?
—No digas eso, hijo.
—No me diga hijo, señora, ¡porque no lo soy! —Le grite enojado.
De pronto sentí un fuerte ardor en la mejilla izquierda. Me lleve la palma de mi mano a mi mejilla, y mire con furia a Carlisle, por primera vez desde que tengo memoria, se había atrevido a pegarme.
Me tomo del rostro y me hizo mirarlo a los ojos. Su rostro estaba rojo de cólera.
—¡Escúchame bien, Edward! ¡Jamás, jamás vuelvas a decir que Esme no es tu madre! —Señalo a Esme quien estaba tapándose el rostro, mientras lloraba fuertemente. —¡Esa "señora", como tú dices, esa señora cuido de ti junto conmigo cuando te enfermabas, te ayudaba con tus tareas, diseño todos y cada uno de tus trajes que usabas en los festivales, cocino y decoro personalmente todos los pasteles para tu cumpleaños, velo tus sueños día tras día, te consentía aun cuando te portabas mal, te educo incansablemente para que ahora vengas tu y le digas que no es tu madre!
Me dejo de su agarre y camino a abrazar a Esme, que no paraba de llorar inconsolablemente.
Sé que tenía razón. En cada uno de mis recuerdos siempre estaban las sonrisas y muestras de cariño de mi madre, los momentos divertidos cuando jugaba conmigo, sus mimos cuando me enfermaba, las risas que le causaba cuando hacía gestos, para no comer las verduras que me daba, los besos que me daba para calmar mi llanto cuando entraba corriendo a la casa buscándola por haberme caído. En cada uno de esos recuerdos estuvo Esme, y en otros tantos, Carlisle, ellos eran mis padres, ¡siempre han sido mis padres!
Me tire llorando a las piernas de mi mamá. —¡Perdóname, mamá, perdóname! Papá tiene razón, tú eres mi mamá, esa señora que me abandono no es mi mamá. ¡Tú lo eres!
Mi mamá levanto mi barbilla para que la mirara, su mirada había vuelto hacer la misma compasiva y cariñosa de siempre, limpio de mis mejillas las lagrimas que había derramado. —Mi amor, Elizabeth no te abandono, déjanos que te expliquemos, queremos que entiendas como pasaron las cosas, cariño, tu papá y yo queremos responder todas tus dudas, mi cielo.
Asentí mirándolos a los dos y me senté a su lado.
Fin del Flash Back
»Toda esa noche nos la pasamos hablando de cómo sucedieron las cosas. Me hablaron de Elizabeth y como había fallecido, como la habían ayudado y como ellos habían aceptado cuidarme y quererme desde ese mismo instante, viéndome siempre como su hijo.
Los pequeños rayos de sol que se colaban entre las nubes entraban por mi ventana. Los restos de la noche anterior empezaban a difuminarse poco a poco, pero yo aun seguía anclada en la historia de Edward.
—Edward… ¿Por qué me contaste todo esto?
—Porque quería compartir esa parte de mi vida contigo, —me regalo una sonrisa y trazo figuras en mi brazo.
—Dime la verdad, Edward.
Suspiró fuertemente. —Es verdad lo que te dije, pero también es porque quería que entendieras que a mí también me destruyeron lo que creía que era mi vida. Que pase por algo similar a lo que tú estás pasando, más sin embargo, los escuche, me explicaron y comprendí que todo lo hicieron por mi bien, y en ese momento, entendí que fue preferible que sufrir y vivir esa etapa de mi vida antes de perder a mi familia. Porque Esme y Carlisle son mis padres, no de sangre, pero como si lo fueran, me criaron, me cuidaron, me dieron todo lo que un niño siempre quiso, aun sin ser mis padres biológicos, ¿y sabes qué?, que si antes los admiraba, hoy, los admiro mucho mas.
Estaba totalmente alucinada por la vida de Edward, no sabía que decirle. Yo me sentía ahogada en mis problemas y ver como Edward había pasado lo mismo, me hacía sentirme patética.
—Edward, yo… no sé qué decirte.
—No te lo conté, Bella, para que me dijeras palabras de aliento. Te lo conté para que comprendieras, que debes de darle una oportunidad a René y a Phil de explicarte como pasaron las cosas. Muchas veces las cosas no son lo que pensábamos.
—¿Y quien más sabe tu historia?
—Solo tú, —sonrió— obviamente Esme y Carlisle, pero de ahí nadie, ni siquiera los chicos.
Suspire y pensé en sus palabras anteriores. Nadie sabía este lado de Edward, solo yo, y él me lo confeso tratando de hacerme entrar en razón. —Es que, Edward… yo aun no sé si me siento preparada para escucharlos.
—¿Y cuando te vas a sentir preparada, amor? —Suspiré. Eso era algo que no sabía. —Debes enfrentar las cosas, Bella, sabes que siempre estaré junto a ti, apoyándote en lo que necesites, amor.
Abrace y le di un beso a Edward. No podía expresar con palabras todo lo agradecida que estaba con él, así que esa fue mi forma de decírselo.
—Hablare con ellos, lo más pronto posible, te lo prometo.
La sonrisa de Edward se hizo más evidente. —Esa es mi rebeld girl. —sonreí. —Bueno, ahora durmamos un poco antes de que llegue el engendro y nos despierte.
—Te aseguro que dormirá hasta tarde. —Reí suave.— Además, le puse broche a la puerta para que no entrara de golpe, como lo sabe hacer.
—¡Esa es mi chica!
Nos acurrucamos en la cama dispuestos a dormir como hasta las tres de la tarde y si se podía, por mucho más tiempo.
Nuestras respiraciones se iban tornando cada vez acompasadas, así que murmure entre sueños. —¿Edward?
Recibí como respuesta un simple murmullo.
—Gracias por confiar en mí, y contarme tu historia. Te amo.
Lo sentí sonreír entre mis cabellos. —No fue nada, amor. Descansa mi niña, te amo.
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Los días fueron pasando. Tanya me miraba con gran rencor como siempre, pero de ahí hacía afuera ya no hizo nada, por el momento.
Yo mientras seguía buscando el momento adecuado para hablar con René y Phil, aunque sabía que sería pronto.
Fuimos al Seattle a los estudios de Joan, pues nos había dado vacaciones por decirlo de algún modo, mientras me recuperaba de mis lesiones, y ahora que estaba cien por ciento curada, volvíamos a ensayar.
—Qué bueno que ya estas mejor chica, pero tenemos mucho que trabajar, necesitan ensayar más, hay mucho trabajo que hacer. —Comentó uno de los productores de audio. —Ahora tengo entendido que el chico rubio es el segundo vocalista, ¿cierto?
—Así es. —Contesto Jasper sonriendo.
—Entonces quiero que entren a la cabina y me canten una canción que me haga vibrar.
Hicimos caso a las palabras del productor y nos pusimos de acuerdo. Íbamos a tocar Sweet Child of mine de Guns'n'Roses. Una canción de antaño y súper legendaria.
Tomamos nuestros instrumentos y después de unos minutos de afinar las guitarras y el bajo, empezamos a tocar. Empecé con los acordes al puro estilo de Slash, después el bajo tocado por Emmett, y la batería tocada por Rosalie se me unieron. Para cuando Jasper empezó a cantar, Alice con la otra guitarra eléctrica y Edward en los teclados, me acompañaban.
She´s got a smile that it seems to me reminds me of chilhood memories where everything was as fresh as the bright blue sky. now and then when i see her face she takes me away to that special place and if i stared too long i´d probably break down and cry
Edward me sonreía cada vez que lo volteaba a ver, y yo no podía reprimir la que se formaba en mi rostro.
wuooh sweet child o´mine wuoh oh oh oh sweet love of mine She's got eyes of the bluest skies as id ther thought of rain i hate to look into those eyes and see an ounce of pain her hair reminds me of a war safe place where as a child i'd hide and pray for the thunder and the rain to quietly pass me by
Los acordes que toco Alice entre el coro y el siguiente verso de la canción fue excelente. Jasper no dejaba de cantarle a Alice la canción.
wuooh sweet child o´mine wuoh oh oh oh sweet love of mine
Jasper volvió a cantarle el coro a Alice y después de eso realicé un grandioso solo de guitarra.
where do we go where do we go now where do we go where do we go where do we go now where do we go where do we go now
now, now, now, now, now, now, now sweet child
sweet child o´mine
Mientras el Jasper cantaba, noté por el vidrio de la cabina como Luna llegaba corriendo, y empezaba a discutir con el productor. Mire a los chicos sin dejar de tocar, y todos tenían la misma expresión que yo en el rostro.
Un segundo después mire como Luna le daba un golpe en la nariz al productor haciéndolo caer al suelo. Ahí fue cuando solté la guitarra y salí de la cabina, con mis amigos detrás.
—¡…Y eso es para que no te metas conmigo, estúpido! —Grito una agitada Luna.
—¡Luna, ¿Qué te pasa?, ¿Por qué lo golpeaste? —Grite de la impresión.
—Pues este idiota que no me dejaba hablar con usted. —Señalo al productor que se levantaba del suelo sosteniéndose el puente de la nariz y camino a la puerta mientras les gritaba a los de seguridad. Luna bufó. —Como si ellos no me conocieran.
No entendía nada. Para que quería hablar Luna con nosotros.
—¿Qué es lo que pasa, Luna? —dijo Edward. —Nos tienes preocupados.
Pero Luna volteó a verme a mí. —Bella, Phil ha sufrido un accidente mientras entrenaba a los cadetes.
Mi mente se nublo, sentí que las fuerzas abandonaban mi cuerpo. Me volví a sentir de la misma forma que cuando rodé por el barranco, un millón de fuertes punzadas en el cuerpo, pero sobretodo, uno muy fuerte en el corazón.
—No, Luna, a Phil no pudo haberle pasado nada, él es un excelente militar.
Edward tomo mi mano y me rodeo con su brazo. —Lo que pasa, Bella, es que uno de los nuevos cadetes tropezó mientras portaba su arma y en un acto involuntario, su rifle se disparo dándole a Phil.
—¡No! —Grite al imaginarme a Phil tirado muerto de un balazo. —¡Mi papá no!
¡Hola Chicas!
Si me tarde pero valió la pena, al menos para mí jejeje. ¿Qué les pareció el capitulo? No se lo esperaban, ¿o sí?, ¿a quién si le pareció triste la historia de Edward o como trato a Esme en su recuerdo?
Nota: esta historia también será de humor, pero como verán los primeros capítulos se están tratando de algo de drama, así que no se preocupen, que humor también va a haber.
Bueno chicas me voy, solo les pido me tengan paciencia. Actualizare lo más pronto posible, no las abandonare.
¡Dejen muchos reviews!
Besos.
Luna.
