13.- No hay nueve sin diez.

Dos días después de que Gordon Levenua diese a Ginny su ultimátum, al atardecer, ella se hallaba a solas en la habitación que compartía con Harry; ambos habían decidido dejarse de tonterías de una vez por todas y que la chica mudase todas sus pertenencias, definitivamente, al cuarto de él, para convertirlo en la habitación de la pareja.

Continuaban juntos contra todo, amándose más que nunca, si cabe; pero desde que Harry había estado al borde de la muerte, realmente —y no como parte del engaño urdido contra Levenau— la tirantez entre ambos era más que patente. Nada más salir de San Mungo, ya fuera de peligro —y estando allí, incluso, algo que a ella enervaba sobremanera—Harry se había dedicado a forjar el plan que debería dar, finalmente, con los huesos de Levenau en Azkabán, y que Ron y el escuadrón elegido por él iban a poner en marcha esa misma noche. No era la pasión por su trabajo lo que enervaba a la pelirroja, sino el excesivo celo que siempre mostraba Harry por proteger a todas y cada una de las personas que conocía; y a las que no; estaba dispuesto a darlo todo, incluso su vida, por el bien de magos y brujas; y cuando se trataba de ella misma, él ofrecía su vida con gusto, además. ¿Es que no era capaz de entender que ella no tenía ninguna intención de seguir viviendo sin él? ¿Es que no veía que su mayor felicidad era vivir su vida a su lado? Que ofreciera la suya tan a la ligera, ni siquiera por protegerla a ella, era algo muy difícil de asumir; aunque fuese el condenado auror más difícil de matar de toda la historia mundial —concluyó su reflexión con enfado e ironía.

Mientras colocaba varios vestidos en sus perchas para colgarlos en el lado del armario que había vaciado para ella, Ginny se frotó el estómago con fastidio; debía habérselo dicho, debía haberle reprochado que, por su culpa, por el miedo y por los nervios que él le había hecho sufrir, ahora ella se pasaba los días con ganas de vomitar: por la mañana, nada más levantarse; por la tarde, por la noche… Aquello era desesperante —pensó—; justo igual que cuando… ¡Por Merlín! Una idea se coló en su mente con tanta fuerza, que casi la hizo tropezar. ¿Cuántos días llevaban juntos? Los suficientes —se recordó, contundente.— ¿Cuántas veces…? Suficientes, y más. ¿Y tan pronto ya era posible que ella lo notara? Y tanto —hubo de admitir, recordando la ocasión anterior, en que prácticamente nada más ambos cometer aquel "desliz" ella ya comenzó a "sufrir" las consecuencias. — Hubo de dejar todo lo que llevaba en las manos y se sentó en la cama, atónita, confundida, emocionada… Y así mismo la encontró él, cuando entró en el cuarto, caminando apoyado en esa rígida muleta que compensaba el peso de su aún débil pierna derecha, único vestigio de que el muy descarado había estado apunto de morir.

— ¿Estás bien? — Harry preguntó, nada más verla, notando que algo la había trastornado.

—Por supuesto—ella respondió con voz cortante. A pesar de todo, estaba decidida a no darle tregua, no todavía; lo que había sufrido por él no tenía nombre.

—Ya veo… — Miró a su alrededor, dándose cuenta de lo que ella había estado haciendo, y asintió. — Ginny, Ron estará bien; la operación ha sido diseñada al detalle; lo mío con Levenau no ha sido más que un maldito descuido—le explicó; a pesar de que ella no había preguntado nada en absoluto. —Me siento un inútil por no poder estar al frente del operativo esta noche, pero…

—Comprendo—ella respondió, sin más.

Al ver que no iba a sacarla de su empecinamiento por mantenerse fría y distante, sobre todo con él, Harry negó con la cabeza, le dio la espalda y, lentamente, caminó fuera del cuarto.

—Estaré en mi despacho aguardando noticias, si me necesitas—anunció, de espaldas a ella. Y la dejó tal y como la había encontrado.

Por ello, no pudo ver cómo ella lo observó marchar con total adoración, mientras una pequeña lágrima emocionada resbalaba hacia su barbilla.

~~o&0O0&o~~

No sabía si más cabreado o frustrado por la actitud que Ginny había adoptado nada más enterarse de que la vida de él estaba fuera de todo peligro, Harry se sentó ante su mesa de despacho y se frotó las sienes con insistencia, para terminar cubriéndose los ojos con ambas manos. Se dijo a sí mismo que podía entenderla hasta cierto punto, al recordar todo lo sucedido hacía dos noches, y durante los dos días posteriores.

(Flashback)

Segundos después de que Levenau hubiese desaparecido sin dejar rastro, un leve quejido se abrió paso en los oídos de todos aquellos que rodeaban a Harry, sumidos en llanto, lamentos y maldiciones.

—Por Merlín— Harry renegó con voz tan débil, mientras abría los ojos lentamente, que todos se sobresaltaron y hubieron de esforzarse por entenderle—; aún no estoy muerto. Pero fingid que sí lo estoy lo mejor posible; no sea que ese pirado nos esté vigilando desde algún lugar cercano.

— ¡Y una mierda! —Ron gritó inmediatamente después, abalanzándose sobre su mejor amigo para abrazarle con todas sus fuerzas, lo que arrancó de él otro gemido, más fuerte —. ¡Que le den por el culo a ese pirado! ¡Estás vivo!

—Ese hijo del demonio se ha marchado definitivamente—Stacy aseguró, mientras abrazaba a su jefe también, aún entre lágrimas—. Lo único que he podido hacer, tan precipitadamente, ha sido lanzarle un hechizo de cercanía que me avise cuando tenga a ese tipejo cerca de mí; y ahora no lo está. Lo siento; sólo podía pensar en ti.

—No te preocupes; lo que has hecho está genial—Harry afirmó. Extrañamente, su voz se mostraba aún muy débil. Fijó su mirada en Ginny, antes de continuar. —Siento haberte dado este susto, Ginny, pero… — Ella, que había permanecido en absoluto silencio, mirándole fijamente con los ojos anegados en lágrimas, como si estuviese sumida en algún tipo de shock, sin dejar que pudiese terminar la frase le estampó un sonoro bofetón en pleno rostro.

— ¡Maldito idiota! ¡Imbécil! ¡Capullo! ¡Descerebrado!

—Lo siento, Ginny, por favor, perdóname. Era necesario que él crea que me ha quitado de en medio para que baje la guardia y podamos atraparlo. Además yo…

— ¿Perdonarte? ¡Y una mierda! ¡Voy a matarte! ¿Tú tienes la más remota idea de lo que he sentido al creerte muerto? ¡Y por segunda vez! ¡Tú y yo ya hablamos de esto al final de la Segunda Batalla de Hogwarts! ¿Qué me juraste, Potter?

—Que jamás volvería a hacerte sufrir de esta manera; lo sé. Pero cuando tu vida está en juego, soy capaz incluso de traicionarme a mí mismo por protegerte.

— ¿Estás loco o qué te pasa? ¡Levántate ya y deja de hacer el imbécil! — Ron le ordenó sin contemplaciones, debido a los nervios.

—No puedo, Ron.

— ¿Cómo que no puedes? Te he dicho que dejes…

— El Avada Kedavra sí que me ha alcanzado; me ha dado en la pierna; no he podido esquivarlo por completo; la tengo completamente paralizada; ni siquiera la siento; y creo que esto va a peor; siento un frío mortal— Su voz se debilitaba más y más por momentos. Al escuchar sus palabras, Ginny le sostuvo la cabeza con sumo cuidado, horrorizada.

— ¡Oh! ¡Dios mío! ¡Hay que llevarte a San Mungo! ¡Podrías estar…!

—No lo digas, Ron.

— ¡Mierda y mil veces mierda, Harry! ¡Joder! ¡No te me mueras! ¡Ni se te ocurra!

—Te juro que no tengo ningunas ganas de que eso pase— Intentó tranquilizar a todos con una sonrisa; pero se estaba haciendo más que patente que su estado de salud empeoraba con cada segundo que pasaba.

Sin pronunciar una palabra más, Ron alzó a Harry en brazos y usando un pequeño traslador, que puso bajo su mano y que él mismo cogió también, llevó a ambos a San Mungo como alma que lleva el diablo.

—Vosotros regresad al Ministerio de Magia—Stacy ordenó a sus compañeros, asumiendo el mando de un modo instintivo—. En cuanto tengamos noticias, os las haremos saber. Y por nada del mundo contéis a nadie lo que ha sucedido hoy aquí; a nadie.

—Está claro—uno de ellos afirmó, tras asentir con la cabeza. Y los ocho aurores abandonaron el lugar con suma discreción, para no llamar más la atención de las pocas personas que habían permanecido en el cruce entre el Callejón Diagon y el Callejón Knockturn, a la espera de saber qué estaba sucediendo realmente, y que al final no pudieron siquiera imaginar.

Ella, una vez se hubo quedado a solas con Ginny, quien parecía no ser capaz de reaccionar, la cogió por una mano y se encargó de trasladar a ambas a San Mungo, tras Ron y Harry.

Media hora después, un sanador alto y enjuto, con unos grandes ojos de mirada penetrante reforzada por unas pequeñas gafas de concha con forma de media luna, entró en el cuarto donde Ginny, Ron, Hermione y Stacy aguardaban noticias sobre el estado de Harry, quien había entrado en estado de shock poco después de llegar a San Mungo en brazos del pelirrojo.

—He conseguido estabilizar el avance de la caída de tensión, al menos por el momento; pero si no logro hacer que la pierna se reincorpore a sus funciones corporales en poco tiempo, poco podré hacer por él; el daño se extenderá por todo su cuerpo en cuestión de un par de horas a lo sumo, e irremisiblemente, morirá—el hombre declaró, mucho más sereno de lo que sus palabras habrían podido hacer pensar.

Al escucharle, Ginny soltó un grito ahogado y se abrazó a su hermano mayor, destrozada.

— ¿Qué quiere decir con eso? —Hermione se obligó a sobreponerse a su propia debacle interior y preguntó al hombre, mirándole directamente a los ojos, inquisitiva.

—Usted tiene familia muggle, ¿no? — En cambio el hombre la sorprendió con aquella inesperada pregunta.

—Sí. Pero, ¿qué tiene que ver eso con Harry? —ella preguntó a su vez, a la defensiva.

—Con él, nada. Voy a explicarles el caso al que nos enfrentamos con un símil muggle muy apropiado para la ocasión. Verán… El cuerpo humano funciona del mismo modo que un coche muggle.

—Vamos, hombre, no me venga con esas—Ron le interrumpió, indignado. Pero Hermione, inmediatamente, le hizo callar con un ademán de la mano, interesada por lo que aquel hombre pintoresco tenía que decir.

—Lo que intento decir es que el cuerpo humano, la vida que lo sustenta, que lo mueve… se nutre de impulsos eléctricos que él mismo genera, cual una batería muggle, desde el momento en que es concebido hasta el mismo instante de su muerte, en que toda electricidad albergada en él desaparece por completo, provocando que deje de funcionar. ¿Usted ha escuchado alguna vez hablar del sistema nervioso? —preguntó a Hermione, clavando en ella una mirada insistente.

—Por supuesto.

—Bien. Según los estudios muggles, el sistema nervioso es la parte más complicada del cuerpo humano; su funcionamiento aún no se conoce completamente. Sin embargo, ya se sabe que de él depende la mayor parte del trabajo del cuerpo. Es el encargado de transmitir al cerebro la información que recibimos del exterior por medio de los órganos de los sentidos, donde es procesada; después, la respuesta del cerebro se manda también por impulsos eléctricos a través de las neuronas, o células que lo constituyen. — Al ver que todos, excepto Hermione, le miraban sin ser capaces de comprender nada de lo que estaba diciendo, hizo una pequeña pausa para aclarar sus ideas y continuó. — El sistema nervioso central está compuesto por el cerebro, cerebelo, diencéfalo y el tallo cerebral; comúnmente se dice que lo forman el cerebro y la médula espinal; está protegido por los huesos que forman el cráneo y la columna vertebral, y su función es interpretar y procesar la información que recibe por estímulos eléctricos, principalmente del exterior, para luego enviar la información requerida, también por estímulos eléctricos, al lugar adecuado del cuerpo. El sistema nervioso periférico está compuesto por los nervios que se encuentran fuera del sistema nervioso central y se divide en dos partes: el sistema nervioso somático, que controla las funciones voluntarias, como por ejemplo el caminar hacia un lugar específico, escribir, etc., y el sistema nervioso autónomo que es el que controla las funciones involuntarias como son la digestión, respiración, deglución, etcétera. Y ahí es donde entra el símil con una batería de coche muggle: en la naturaleza existen dos tipos de cargas eléctricas, al igual que en una de estas baterías: la positiva y la negativa. Para que les resulte sencillo, les diré que sin la interacción de ambas cargas a la vez, no es posible la creación de ningún impulso eléctrico; la batería que mueve el coche se descarga, vamos, y este no funciona. Y como les he intentado explicar, sin el sistema eléctrico, al igual que un coche muggle no funciona por mucha gasolina que lleve en su interior, tampoco es posible realizar ninguna de las funciones esenciales para la vida humana. Digámoslo así: el señor Potter ha perdido en su pierna derecha uno de esos dos tipos de cargas eléctricas, y si esa pérdida se extiende al resto de su cuerpo, sin remedio posible, morirá—concluyó, rotundo.

—Dios mío… — Ron no había entendido muy bien lo que el sanador había intentado explicarles, pero se había quedado con la idea general: si los sanadores no eran capaces de restablecer el equilibrio en su cuerpo, iba a morir sin remedio. — ¿Y qué podemos hacer?

—Bien… Yo sabía que este caso llegaría; no sabía cuándo, cómo, dónde o a quién sucedería; pero sabía que tenía que pasar.

— ¿Cómo dice? —Stacy le miró sin comprender, alucinada.

—Por lo común, cuando un Avada Kedavra impacta en el cuerpo de un mago o de una bruja; o de un muggle, por supuesto—añadió, mirando a la chica con paciencia—; supone la muerte instantánea de esa persona; pero tan sólo porque suele impactar en su tronco o en su cabeza, donde residen la mayoría de los órganos principales, encargados, o bien de transmitir los impulsos eléctricos al cerebro o de ejecutar las posteriores órdenes de este. Si el impacto de la maldición imperdonable se produce en una extremidad, tal y como ha sucedido al señor Potter, la cosa cambia sustancialmente. Era cuestión de estadística que se diese un caso de este tipo, sin más.

— ¿De estaqué?

—Eso da igual; el caso es que estoy preparado para combatirlo porque hace tiempo que lo espero. Por ello, ya estamos sometiendo al Director del Departamento de Seguridad Mágica tanto a los hechizos como a las pociones necesarias para restablecer los impulsos eléctricos de ambos tipos en la totalidad de su cuerpo. No puedo asegurar que mi trabajo sea un éxito, porque jamás habíamos tenido oportunidad de ponerlo en práctica con ningún paciente; todos habían llegado aquí completamente muertos después de sufrir una maldición de este tipo; — No pudo evitar soltar una risita que Hermione le reprochó con una dura mirada. — pero tengo puestas todas mis esperanzas en este tratamiento, la verdad.

Al escuchar estas palabras, Ginny abrazó a Ron con todas sus fuerzas, y él le acarició el pelo con cariño mientras le besaba la frente. Hermione y Stacy mostraron pequeños gestos de esperanza.

— ¿Cuándo sabremos si el tratamiento ha tenido éxito? —Ginny preguntó al hombre, angustiada.

—Como les he dicho antes, en dos horas o estará curado por completo, o habrá pasado a mejor vida; no hay más opciones. Perdonen que sea tan claro, pero es que estos casos son así. Ustedes, por sus experiencias pasadas y debido a algunos de sus respectivos trabajos, están hartos de ver cadáveres debido a esta maldición imperdonable; no es necesario que les cuente cómo se las gasta. El señor Potter, o es el hombre más afortunado del mundo, o el más diestro, o ambas cosas. Sinceramente, yo me inclino por las dos.

— ¿Pero cómo puede ser que usted haya estado preparado para enfrentarse a una contingencia de este tipo, si jamás había sucedido antes y nada apuntaba a que pudiese pasar, siquiera? — Hermione, un poco más calmada, hizo valer su vena intelectual al formular la pregunta.

— ¿Usted, precisamente, me hace esa pregunta? — El sanador la miró con sorpresa, a lo que ella respondió con una mirada similar. —En cierto modo, usted fue discípula de Albus Dumbledore, ¿no es cierto?

—Podría decirse así, de algún modo; sí.

—El éxito de ese extraordinario mago fue debido a que él decidió, desde su más temprana juventud, convertirse en el décimo hombre.

— ¿En el qué?

—El décimo hombre; se trata de una teoría muy interesante y útil, que los magos conocemos desde tiempos ancestrales, pero que no solemos poner en práctica muy a menudo, desgraciadamente; y que los muggles han puesto de moda en la actualidad; por cierto. Se la resumo: "Siempre que nueve miembros de un consejo de magos y brujas estuvieran de acuerdo en algo de manera unánime, el décimo necesariamente tenía que estar en contra de los otros nueve (aunque, en verdad, pensara igual que ellos)." — Hermione enarcó una ceja, comenzando a entender, lo que arrancó del sanador una sonrisa de satisfacción, antes de continuar. — Asumir la postura contraria, significa contradecir la opinión de los nueve restantes. Dado que los nueve de un hipotético consejo de magos pensarían, por norma, que no existe la posibilidad de supervivencia ante un Avada Kedavra, el décimo (o sea, yo, en este caso) asumí que sí la había, y comencé a investigar sobre la base de esa premisa, creando y experimentando con hechizos y pociones que lograsen, dado el caso, permitir la curación del paciente atacado por esa maldición.

—Usted es un genio—la castaña afirmó, admirada.

—No; tan sólo soy un inconformista. Tras la Segunda Guerra me sentí tan harto, tan asqueado de contemplar pordoquier las muertes sufridas por tantos magos y brujas que recibieron esta maldición imperdonable y que yo no fui capaz de contrarrestar de ningún modo posible, a pesar de haber jurado velar por las vidas de todos los magos y brujas al emprender mi profesión de sanador, que hice otro juramento: no descansar hasta haber logrado ser capaz, al menos, de salvar, si no a todos, a una parte de quienes, desde entonces, fueran víctimas de esta maldición. Hoy veré si he cumplido mi palabra.

—Ojala sea así—Stacy deseó con pasión. A lo que el hombre le ofreció una cariñosa sonrisa, agradecido; y estrechando la mano de cada uno de ellos con calidez, concluyó su visita y se marchó.

Poco más de dos horas después de aquella conversación, Harry despertó y ofreció a Ginny una adorable sonrisa, que ella correspondió con lágrimas de alegría, infinitos abrazos —con cuidado, eso sí—y besos y caricias interminables por todo su rostro. Mientras, Ron, Hermione y Stacy contemplaban la escena, emocionados.

Y apenas medio día después, el afortunado paciente fue dado de alta y regresó a Godric´s Hollow para continuar con su fulgurante recuperación, con sumo secreto, para que nadie —y muchísimo menos Gordon Levenau—fuese consciente de todo lo que había sucedido.

—Mima esa pierna, al menos durante un tiempo—el sanador aconsejó a Harry mientras le estrechaba la mano, antes de que este se marchase.

—Le aseguro que lo haré; como si fuera mi novia—el moreno aseguró con una amplia sonrisa.

—Pues si piensas que mimar a tu novia es hacerle sufrir sin medida pensando en que podías estar muerto, siento lástima por esa pierna—Ginny aseguró, al escuchar a su prometido. Y ese fue el origen de la actual situación.

~~o&0O0&o~~

Aparentemente a solas, una Ginevra Weasley muy especial aguardaba con paciencia en el centro del cenador de El Jardín de Los Sueños Rotos.

—El Jardín de los Sueños Rotos—Ron, haciéndose pasar por su hermana a la perfección, debido a la poción multijugos que había tomado justo antes de hacerse notar allí, repitió mentalmente para sí; tal y como ella lo había llamado cuando Harry lo propuso como escenario final de la trampa urdida para atrapar a Levenau. No pudo evitar pensar que Harry, su mejor amigo, a quien se suponía que conocía casi por completo, durante aquellas tres semanas en las que Ginny había vuelto a la vida de ambos no había dejado de sorprenderle. Primero, ofreciéndole la dirección de su hermana pequeña para que él retomase su relación con ella; luego, encargándose de su caso de acoso personalmente, a pesar de afirmar, a diestro y siniestro, cabezota, que iba a casarse con aquella morena odiosa en un par de semanas, tan sólo; después, confesándole la existencia de un hijo de ambos, adorable y clavadito a él, pero por más de cuatro años inexistente; tan sólo unos días después, asegurando que no iba a casarse con la morena odiosa, sino con la pelirroja perfecta que siempre le había quitado el sueño — Eso él ya lo sabía, pero por tanta insistencia en lo contrario, casi había comenzado a dudar. — Y finalmente, con la confesión de la existencia de aquel jardín de ensueño, cómplice de la mentira que se había empeñado en defender ante el mundo desde que Ginny se marchó. Definitivamente, a pesar de sentir que conocía a aquel hombre como si de una parte de su propio cuerpo se tratase, sentía también que no tenía ni idea de quién era, realmente. Y aquello le admiraba y cabreaba por igual.

En parte, aquellos sentimientos encontrados eran la causa de la decisión que había tomado; y en parte, ya la llevaba fraguando en su interior durante hacía mucho, mucho tiempo. Aquella sería su última misión como auror; lo daría todo por proteger a Ginny, a Harry, a todos, ya fuesen magos, brujas o muggles, de aquel demente que había sembrado terror y muerte por allá por donde había pasado. Pero ahí se acababa todo; tras la encarcelación del maldito asesino, su carrera en el Cuartel General de Aurores habría terminado para siempre. Era una decisión firme, que no le producía más que una serenidad anhelada por mucho tiempo, y cierta melancolía—se vio obligado a admitir por fin.

(Flashback)

—Ya que te ha pedido que te entregues a él en el plazo de dos días, envíale una lechuza, Ginny—Harry pidió a su prometida; mientras esta, Ron, y la propia Hermione, todos reunidos en el hogar de los Potter en Godric´s Hollow, lo miraban con ojos desorbitados por la sorpresa. —Dile que sí, que aceptas; que te entregarás a él de un modo incondicional; pero no en cualquier parte; dile que el encuentro será en el jardín de mi mansión, o en ningún lugar.

—¿En El Jardín de Los Sueños Rotos? —ella preguntó, atónita, mirándole aún con los ojos como platos. Harry enarcó una ceja, al escuchar cómo ella había nombrado a aquel jardín, pero no comentó nada al respecto.

A su vez, Ron y Hermione miraron a ambos con curiosidad, sin saber de qué estaba hablando la pareja; aunque sí que conocían la mansión que él había mencionado.

—No podrá resistirse a aceptar esa única condición por tu parte, al pensar que puede permitirse el lujo de ser generoso, incluso, debido a que cree que yo ya no supongo ninguna amenaza para él, pues estoy muerto— Ella le traspasó con una mirada asesina, al escuchar sus últimas palabras. —Es un lugar ideal para tenderle una trampa bien urdida, basada totalmente en la sorpresa, en algo que él no pueda ser capaz de esperar.

— ¿Qué tienes en mente? — Ron le preguntó, pues le conocía a la perfección y sabía que algo rondaba por su maquinadora cabeza.

—Él no quiere aurores cerca, aunque los espera y estará preparado para anularlos; y no los tendrá.

— ¿Qué vamos a hacer, entonces? No pretenderás que Ginny, en persona, vaya a encontrarse con él… —el pelirrojo miró a su amigo con cara de reproche.

—Ni de coña, Ron. ¿Por quién me tomas?

— ¿Entonces?

— ¿Recuerdas la batalla de los siete potters? —Harry preguntó al auror, ofreciéndole una sonrisa astuta. Inmediatamente, Ron se la devolvió del mismo modo, perfectamente consciente de lo que él estaba intentando decir.

—Voy a disponerlo todo inmediatamente para tenderle la trampa—el pelirrojo afirmó, entusiasmado.

—Espera, Ron. Voy a darte un listado de todas las medidas de seguridad y de ocultación de que dispone el jardín; ya te contaré ese asunto en otro momento—añadió, viendo que su mejor amigo esperaba una explicación adicional sobre aquel lugar—; analízalo y dentro de un rato, los dos juntos decidiremos cuáles deben mantenerse, cuáles no, y cuáles deben ser sustituidas por otras más oportunas para la ocasión. — Rápidamente, redactó un documento y se lo ofreció, tal y como le había indicado; mientras Ginny y Hermione miraban a ambos como si no les conociesen. —No voy a poder estar allí—concluyó, preocupado.

—No seas idiota—Ron le reprochó, molesto—. Tu misión ahora es recuperarte por completo; además, el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica tiene tareas más importantes que llevar a cabo, que andar por ahí quitando el trabajo a sus aurores—dejó claro con una sonrisa socarrona.

Un leve sonido, casi imperceptible, sacó a Ron de sus más profundos pensamientos, logrando que todos sus sentidos se pusieran completamente alerta; respirando profundamente, se dispuso a representar su papel a la perfección.

—Muy poético; aunque patético— Una voz grave, burlona y despreciativa, se hizo oír desde algún lugar frente a él. —Pensándolo bien, quizá sea oportuno que también me apropie de sus posesiones; al igual que lo he hecho de su mujer. ¿Qué se siente al saberle muerto? —preguntó con burla, sumamente complacido con sus propias ocurrencias.

Ron sintió cómo toda su sangre le hervía en las venas. ¿Que qué se siente? El maldito demonio estaba apunto de averiguarlo —se aseguró en un desesperado intento por calmar sus nervios—. El acto final estaba apunto de empezar, y juró que acabaría en drama; aunque no en tragedia, como a él, en el fondo, le habría gustado.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

A pesar de que llevaba este capítulo en la mente desde hace tiempo, lo he escrito y lo publico a la carrera, para agradecer, a todas las personas que siguen el fic fielmente, su apoyo incondicional; así como a modo de disculpa por el "susto" que les he dado en el capítulo anterior. Mi intención era crear cierta ansiedad en los lectores, pero no una debacle emocional, jeje. Como yo ya conocía la continuación del fic, a mí no me pareció tan trágico al escribirlo. Para todos vosotros ¡GRACIAS!

Quiero expresar un agradecimiento muy especial a vulkaskull, quien ayer me puso en la pista final sobre cómo iba a enfocar este capítulo, ofreciéndome la "teoría del décimo hombre" que figura en el libro "Guerra Mundial Z", de Max Brooks, y en el que me he basado al escribir parte de la explicación que da el sanador de San Mungo sobre cómo decidió buscar la cura para el mal que Harry está sufriendo, antes de que se produjera. La verdad es que no he leído ese libro ni he visto la película posterior, que se ha rodado basada en él, porque los zombis me ponen de los nervios (soy una cobardica con demasiada imaginación). Pero después de conocer la existencia de esa interesantísima teoría, me lo voy a replantear; creo que vale la pena leer el libro, al menos.

Y quiero agradecer también los cinco reviews recibidos al capítulo anterior a: vulkaskull (cómo no); Sakura7893 (quien, además, me ha hecho notar muy amablemente que no es lo mismo leer un capítulo cuando se sabe cómo va a continuar la historia que cuando no se tiene ni la más puñetera idea de ello); Gelygirl, Guest y cinthi68 .

Os mando a todos un abrazo muy fuerte, mi más profundo agradecimiento, y espero poderos ofrecer el próximo capítulo muy pronto.

Con cariño.

Rose.