14.- Hacer fácil lo difícil.
—Lo que siento es que has ganado, Gordon; que jamás debí pensar que podría ser de otra manera; que eres el más grande—la falsa Ginny Weasley declaró, serena.
Bajo la capa invisible hecha con piel de demiguise que la cubría a ella y a dos más de las nueve Ginevras Weasley que se ocultaban por todo el jardín, Stacy Barrows rebulló, nerviosa. Sabía que debía haber sido ella quien diese la cara primero, sencillamente porque ninguna mujer que acabe de perder al hombre de su vida hablaría de aquel modo; gritaría, lloraría, lo destrozaría todo a su paso… cualquier cosa menos cambiar al hombre que ama por cualquier otro, fuese este quien fuese y hubiese hecho lo que hubiese hecho; incluso derrotar a su amado, ahora muerto. Si la verdadera Ginevra Weasley hubiese estado allí, con Harry realmente muerto, habría arrancado los ojos de ese miserable con las uñas de sus propias manos; no se le habría ofrecido en bandeja de aquella absurda manera. Ni siquiera por proteger a James; pues James tenía a mucha gente que le adoraba para seguir haciéndolo; si ella tenía que morir matando a quien le había arrebatado al amor de su vida, lo haría. No la conocía demasiado bien, pero sabía que era así; la había visto sufrir por Harry, desesperarse, morir en vida por él… Simplemente, era así; al menos, Ron podía disimular un poco, se lamentó. La duda ahora era si Gordon Levenau conocía a Ginny lo suficiente como para saber lo que ella misma sabía por intuición femenina; esperaba que no, con todas sus fuerzas, o aquella trampa se convertiría en una escaramuza sangrienta que podía acabar de muchos modos, y no todos deseables para los diez aurores allí congregados, a juzgar por la total locura que había mostrado aquel asesino hasta entonces. Decidió centrarse en las reacciones de Levenau y continuar alerta; lo principal era que Ron, con sus palabras, lograse que él entrara por completo en el jardín pues, entonces, nada le iba a librar ya de Azkabán.
— Me asombras, Weasley… ¿Por qué le abandonaste la primera vez, incluso teniendo un hijo suyo? —él quiso saber, totalmente desconfiado, aún ante la entrada del jardín.
— ¿No te diste cuenta hace dos días, cuando le quitaste de en medio con tanta facilidad? Se había vuelto un blando—Ron, a través de la voz de Ginevra, afirmó con total desdén—. Además, si me hubiese interesado en algún momento volver con él, siempre estaba mi hijo para obligarle a cumplir mis deseos.
Stacy se echó las manos a la cabeza, sin poder evitarlo. ¿Qué estaba haciendo Ron? Aquella estrategia no era la que ambos habían acordado con Harry: Ginny debía mostrarse derrotada, hundida, superada totalmente por los acontecimientos; y desde luego, no así. ¿De qué iba todo aquello? Aunque hubo de aceptar que, al fin y al cabo, le estaba dando lo que él quería, al aceptar que él había sido mucho mejor que Harry; pero le daba no una mujer derrotada y sumisa; en absoluto. ¿Picaría el anzuelo?
— ¿Y qué te hizo volver con él, entonces?
—Simplemente, parecía el caballo ganador en esta carrera; me equivoqué. — El otro la observó con suspicacia, totalmente sorprendido. —Mira, Gordon, no soy idota; sé que aunque te diga que yo no te quité el puesto en los Meteories, jamás me creerás; que me culpas de todo lo malo que te ha sucedido y que, por ello, jamás me dejarás marchar. Has demostrado ser mucho mejor que Potter, y por tanto, infinitamente más bueno que yo. Quiero vivir una vida larga y cómoda, si no brillando por mí misma, a tu sombra como mujer florero; me da igual; y quiero lo mejor para mi hijo, aunque sea junto a ti. —Ron hubo de tragar con fuerza por no vomitar, asqueado, debido a todo lo que estaba diciendo.
—Ya no puedes darme un puesto en los Meteories que ya no tienes—el otro objetó, con una amplia sonrisa siniestra—. ¿Qué puedes ofrecerme que yo necesite, entonces?
—Sabes perfectamente a qué has venido tras de mí: a por mi dinero. Demostrar ante todo el mundo mágico que puedes volver a ser la estrella que fuiste es sólo cosa tuya; pero mientras lo haces, de algo tendrás que vivir; y a ti no te gusta la vida sencilla, precisamente. Y si de paso logras un par de fotos junto a la estrella mediática del momento, que soy yo por mucho que a ti te pese, no te vendrán nada mal—ella firmó con sencillez.
Levenau se sentía alucinado, y su ego gratamente sorprendido; ella estaba aceptando sin más que él le había superado: a ella, a Potter, a todos… sin noñerías propias de niñatas tontas, como Chang; sin lágrimas ni aspavientos inútiles… Era una mujer pragmática, aunque orgullosa, una guerrera sometida, pues sabía que había perdido una guerra, y lo asumía… Definitivamente, decidió que debía conservarla, una vez ya no sirviera a sus propósitos, pues aunque hasta ahora no lo hubiese sabido, había hallado toda una joya. Aún así, dio un par de pasos lentos y reticentes al entrar en aquel jardín. ¡El jardín! —se dijo para sí, cayendo dolorosamente en la cuenta de que, si ella sentía todo aquel desprecio por Potter, como acababa de asegurarle, ¿por qué, entonces, había elegido el jardín de su caserón como lugar de encuentro, si no era para hacer "justicia poética" dentro de él? Algo le dijo que, una vez dentro, no saldría de allí sin luchar; a pesar de que se hubiese asegurado, durante horas, de que allí no hubiese entrado nadie más que ella misma; y ahora él. ¿Acaso pretendía enfrentarse a él, la muy ilusa? Enarboló su varita y la apuntó hacia Ginny, amenazador, mientras continuaba dando pequeños y lentos pasos hacia ella, quien se hallaba en el cenador, justo en el centro del jardín.
— ¿El titán siente temor ahora, ante una desprotegida mujer a la que ya ha vencido? —Ginny le provocó con cierto desprecio en la voz, que al otro, sumamente herido en su maltrecho ego durante demasiado tiempo, sacó de los nervios.
En aquel momento, uno de los aurores apretó el brazo de Stacy, alarmado, para llamar su atención, y la miró a los ojos fijamente, haciendo un gesto de desesperación. Ella negó con la cabeza rotunda; a pesar de que todos habían acordado con Ron que, nada más Lenvenau traspasase la entrada del jardín, él les haría una señal con la mano para que ella diese la orden de que todos se le echasen al cuello, como perros rabiosos. Hacía tiempo que Stacy había comprendido que Ron, desde un principio, había fraguado su propio plan, al margen de Harry y de todos los demás aurores; y si era así realmente, lo único que todos podían hacer ya era apoyarle e intentar que la operación resultase lo más exitosa posible. Personalmente, ella había aprendido, con los años, a confiar en Ron por completo; así que sentía que, si él había tomado una decisión que a priori parecía tan descabellada, por algo sería.
—Sal de ahí, palomita—Levenau ordenó a Ginevra sin contemplaciones, mientras se presentaba ante el cenador en dos zancadas, furioso.
—Por supuesto—ella aceptó, sonriente. Con una tranquilidad pasmosa, ella avanzó hacia él, erguida orgullosamente ante una varita que podía acabar con su vida en cualquier momento, como ya había demostrado antes.
—No juegues conmigo—la cogió por una muñeca e intentó retorcérsela con malos modos.
— ¿Cómo podría? No he venido a jugar contigo; he venido a matarte—la pelirroja declaró, de pronto, ofreciéndole su más cruel sonrisa.
Sin dar tiempo a que el otro reaccionara, Ron le propinó un potente rodillazo en la entrepierna, que le hizo caer de rodillas, retorciéndose de dolor. Rápidamente, le arrebató su varita y con un ágil movimiento de sus manos, la partió en dos trozos con la mayor violencia que pudo mostrar. Y no contento con ello, le estampó una brutal patada en el estómago que hizo que el hombre expulsara gran cantidad de sangre por la boca, entre toses.
— ¿Qué te ha parecido, maníaco? ¡Por fin has conseguido todo lo que merecías! ¡Ni más ni menos! ¿Qué sientes ahora? —Ron le gritó, desalmado. Hizo ademán de propinarle otra brutal patada, cuando sintió que una fuerte mano le cogía del brazo con fuerza.
— ¡No, Ron! ¡Le matarás! —Stacy gritó a su compañero, intentando detenerle, desesperada.
Fue entonces cuando el hombre enarboló su varita con la mano libre, apuntó al hombre y gritó:
— ¡Levicorpus! —logrando que quedase colgado patéticamente por los tobillos, cabeza abajo. — Tan sólo quería esto—Ron dijo a Stacy, mirándola con una arrogante sonrisa, mientras señalaba al maltrecho asesino; el hombre se había orinado en los pantalones por el terror.
— ¡Por Merlín, Weasley! —ella blasfemó, dando rienda suelta a toda la tensión acumulada en su cuerpo—. Parecía, que ibas a acabar con él, aquí y ahora.
—Ganas no me han faltado; pero eso me habría rebajado a su lugar; yo no soy un asesino.
—Maldito loco —Le dio una fuerte palmada en la espalda, a modo de venganza por no haberles avisado de lo que pretendía hacer. —Te habríamos apoyado, si era esto lo que necesitabas hacer; no hacía falta que te expusieses ante su varita de ese modo, aunque le hubieses camelado primero. Al final se había dado cuenta de tu engaño, ¿no lo has visto?
—Sí, lo he visto; y no, Stacy; esto tan sólo podía hacerlo yo; no quiero que Harry os expediente a todos por algo que tan sólo es culpa mía.
— ¿Tú crees que lo hará? —ella preguntó, sorprendida.
—Yo lo haría; me he pasado sus órdenes por el forro de la chaqueta, por decirlo de un modo educado—él respondió, sonriendo alegremente—. Y ha salido bien; pero imagina qué podía haber pasado si finalmente yo no hubiera podido hacerme con él. Pero total, a mí ya me da igual.
— ¿Qué quieres decir con eso? —ella quiso saber, preocupada.
—No te preocupes, compañera. Encerremos a este tipo en la mazmorra más húmeda y oscura del Ministerio de Magia, avisemos a Harry, y quitémonos estas pintas—ofreció a cambio.
—Sí, será lo mejor; él y Ginny deben estar atacados de los nervios.
— ¡Liberacorpus! —Ron ejecutó el hechizo anulador del que mantenía a Levenau colgando boca abajo, atrapado como un conejo. — ¡Incarcerous! — Inmediatamente, dos aurores se hicieron cargo del patético y maltrecho cuerpo de Levenau, quien no se atrevió a pronunciar un solo gemido, siquiera, no sólo debido al auténtico terror que había sufrido a manos de aquella brutal Ginevra Weasley; sino por la totalmente inesperada visión de las otras nueve Ginevras que acababan de mostrarse frente a él.
~~o&0O0&o~~
A la mañana siguiente, Ron y Stacy se hallaban sentados ante Harry, en su despacho, a puerta cerrada; el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica los observaba en silencio, con los ojos fijos en ambos.
—Esto es sólo culpa mía—Ron declaró, con voz desafiante que al Jefe no impresionó.
— ¡Y una mierda, Ron! —Harry se encaró con él a voz en grito, poniéndose en pie. — ¡Estacy tenía órdenes! ¡Al igual que tú! ¡Su misión como auror y como segunda al mando de la operación era detenerte al ver que tú te salías del guión! — Miró a la mujer con furia desatada.
—Él tiene razón, Ron; asumo mi parte de culpa—ella declaró humildemente.
— ¡Tú cállate! —Harry ordenó a la mujer, señalándola con un dedo. — ¿Qué cojones voy a hacer ahora con vosotros dos?
—Te lo ruego, Harry, no expedientes a Stacy por esto. ¡Te juro que no lo pensé cuando planeé hacer lo que he hecho! —se lamentó, desesperado por el futuro que aguardaba a su compañera y amiga. — ¡Te vi muerto por segunda vez, Harry! ¡Me quedé sin ti otra vez! ¡Joder! ¡No puedes imaginar lo que sentí! ¡Tenía que hacer algo con ese maldito! ¡Y tú no me lo habrías permitido si no eras tú mismo quien se jugaba el tipo al hacerlo! ¡Reconoce que deseabas hacerlo tanto como yo! — Se encaró con su mejor amigo, destrozado. Al escucharle, Harry se dejó caer en su sillón de despacho, desinflando toda la ira que lo había estado consumiendo por dentro.
—Sí, lo deseaba; claro que lo deseaba; de hecho, no sé si habría sido capaz de detenerme y dejarle con vida, como has hecho tú. Pero ahora no voy a poder protegeros, Ron. ¿Es que no puedes entenderlo? Stacy ha dado la cara por ti y no puede quedar fuera del castigo que yo adopte contigo.
—Yo soy completamente dueña de mis actos, Harry; no te preocupes por mí.
—No, no, por favor… Esto no es justo… —Ron se lamentó. De un bolsillo extrajo un pergamino que ofreció a Harry, quien lo desenrolló, mirándole y enarcando una ceja. —Había decidido dimitir después de hacer lo de anoche, Harry; de hecho, tómalo como mi renuncia irrevocable. —Stacy lo miró con los ojos como platos. —Te vi morir, hermano, otra vez—repitió—; hace tiempo que sé que no soy capaz de seguirte allá a donde sueles ir; me duele demasiado. Además, necesito arrancar a la gente sonrisas, no confesiones—declaró con voz agotada.
— ¿Sortilegios Weasley? —Harry le preguntó con una sonrisa llena de cariño; y Ron lo miró sorprendido, sintiendo que jamás se le escapaba nada a su mejor amigo, algo que era frustrante, en ocasiones; asintió con un leve cabeceo.
—Hace tiempo que venía sospechándolo; me alegro por ti.
— ¿Te alegras? —Ron continuó mirándolo, anonadado.
—Claro; porque sé que es lo que quieres y lo que necesitas. Y te has despedido por la puerta grande, cabronazo—el moreno sonrió.
—Págalo todo conmigo, hermano; échalo todo en mi espalda; pero no castigues a Stacy—rogó de nuevo.
—Tranquilos los dos, ¿vale? No creo que ninguno de los aurores que os acompañó ayer tenga ganas de denunciaros ante el Wicengamot, si yo decido pasar los hechos por alto; de hecho, alguno de ellos ya me ha dejado claro cuánto se alegra de ver lo que vio anoche—les guiñó un ojo con picardía. —Va, os lo cuento: los ocho en pleno han estado esta mañana aquí, a primera hora, y me han dejado bien claro que si oso expedientaros a alguno de ambos, no me lo perdonarán. Así que me temo que voy a tener que dejaros marchar de rositas; oficialmente, claro.
— ¿Serás capullo? —Ron no pudo evitar acusar a su mejor amigo. — ¿Y has dejado que sufriéramos de esta manera?
—Ya tenéis vuestro castigo—Harry dijo sin más. A lo que ambos se miraron el uno al otro y acabaron sonriendo al entenderse sin palabras: Harry jamás cambiaría, era el jefe más honesto, más generoso, más empático y más persuasivo, y en ocasiones… el más duro; siempre obtenía aquello que necesitaba por creerlo justo, fuera como fuera; y aquella ocasión no había sido distinta.
—Te echaré de menos—Ron le dijo, solemne.
—Ni que fueras a deshacerte de mí; nos vamos a ver casi todas las tardes después del trabajo; o por las noches durante la cena—Harry sonrió, mirándole con diversión.
—Tienes razón; si es que no sé ni para qué me preocupo.
—Yo también te echaré de menos, Ron—él respondió muy serio. —Andad; largaos los dos de aquí; que contento me tenéis. Y chicos… Gracias. — Los dos asintieron, emocionados.
~~o&0O0&o~~
Cuando aquella misma noche Ron traspasó la puerta de su casa y se reunió con Hermione, ella quiso saber, tras darle un abrazo de bienvenida:
— ¿Se lo has dicho?
Por toda respuesta, Ron asintió y la besó dulcemente, enamorado.
—De algún modo él ya lo sabía—afirmó, rendido ante tu su mejor amigo.
—Por supuesto. — ella afirmó; y él la miró sin comprender—Vamos a ver… Algún motivo debía haber para que tú te decidieses a sacar esa vena súper bestia que jamás te habíamos visto—ella declaró con una sonrisa burlona.
—Le vi morir, Hermione—él mostró tanto dolor al recordarlo, que ella no pudo más que abrazarle, comprendiendo a la perfección lo que él intentaba decir.
—Lo sé… Bueno, ahora que ya no he de temer por tu integridad física día sí y día también, vas a darme un hijo; esta misma noche; que lo sepas—la castaña declaró, logrando que él apartase aquel doloroso pensamiento de su mente por completo y la mirase con ojos desorbitados por la sorpresa.
—Pero si tú siempre dices que un bebé y tu trabajo en el Ministerio de Magia son completamente incompatibles—él objetó, atónito.
—Tonterías— Desechó la idea con un ademán de la mano. —Angelina y Ginny están como locas con la llegada de sus respectivos bebés; y yo no voy a ser menos. ¡Al ver lo ilusionadas que están se ha despertado mi vena maternal! ¡Quiero un bebé, Ron! ¡Ahora mismo!
— ¡Espera, espera! — Él alzó un mano para detener su charla, alucinando. — ¿Ginny también está embarazada? ¿En serio?
—Angelina y yo la hemos acompañado esta mañana al ginecólogo quien, precisamente, no es otro sino el sanador que curó a Harry hace dos días. No veas la alegría que se ha llevado el hombre con la noticia de que Ginny va a ser mamá; se pirra por la tecnología muggle, su cultura… todos sus trastos… Algún día tendremos que invitarle a La Madriguera—ella comentó como quien no quiere la cosa, alegremente.
— ¿Harry lo sabe?
—Ni se te ocurra contárselo, Ron Weasley; Ginny quiere hacerlo a su manera, y cuando lo considere oportuno—le amenazó también colocando un dedo frente al rostro de él, rotunda.
—Merlín bendito… —él se lamentó, con voz lastimera. —Sois unas completas maquinadoras; todas vosotras. Hermione soltó una sonora carcajada, satisfecha.
—Al asunto, Sr. Weasley—le ordenó; —esta noche te vas a enterar de lo que es bueno.
—Pobre Harry—Ron murmuró por lo bajo, mientras Hermione lo arrastraba hacia el dormitorio cogido por una mano.
~~o&0O0&o~~
La tarde en que Harry cumplía años, la familia Weasley al completo se reunió en La Madriguera para celebrarlo; en un principio, él había querido que la fiesta se celebrase en Godric´s Hollow, pero los Sres. Weasley le convencieron de lo contrario, alegando que en su casa los niños tendrían más espacio para jugar y divertirse a sus anchas; —o George, para preparar alguna de sus burradas inolvidables, junto al recién estrenado Ron Weasley, nuevo compañero de trastadas—Harry dijo para sí, encantado. Así que aceptó de buena gana trasladarse a La Madriguera con Ginny y con los niños, quienes fueron encantados. Pero al parecer, no así Ginny, quien continuaba tratando a Harry con serena frialdad, a pesar de que, desde hacía casi una semana, ambos compartían habitación; aunque en ningún momento, desde entonces habían "aprovechado" su nueva y romántica situación.
— ¿Ha venido Victorire? —Teddy quiso saber, nada más poner un pie en La Madriguera. Al escucharle, Harry enarcó una ceja, sorprendido; y George, que aguardaba en el cuarto de estar para recibir a los niños con montones de chismes estrafalarios a cual más divertido para ellos, rió entre dientes, encantado.
—Te gusta Victoire, ¿eh? —dio un suave codazo al niño, guiñándole un ojo con complicidad. El rostro del incipiente adolescente enrojeció como la grana, avergonzado.
—Es la niña más guapa que he conocido jamás—afirmó con adoración, al recordarla.
—Este niño tiene futuro— Angelina afirmó, convencida, entrando en el cuarto desde la cocina. —Díselo a ella tal y como se lo has dicho a George, en cuanto llegue, y verás qué pasa—le sugirió, tras darle un cariñoso beso en la mejilla. Una vez pudo deshacerse del abrazo de la chica, Teddy corrió hacia la cocina, sintiéndose más y más avergonzado por momentos.
—No vas a poder evitar que se haga mayor—Ron dijo a Harry, burlón, al entrar en el cuarto, mientras le estrechaba la mano y le daba un abrazo. Y el moreno rezongó, molesto con sólo pensarlo.
—Yo voy a la cocina—Ginny anunció con voz seria, viendo que allí tan sólo había "hombres" con los que, en aquel momento, no deseaba conversar. Pero Harry, inmediatamente, la tomó por una mano y tiró de ella, hasta lograr que ambos quedasen frente a frente, casi pegados.
—Tú vienes conmigo—anunció; y cogida de la mano, la arrastró casi fuera de La Madriguera.
— ¿Qué crees que estás haciendo, Harry? ¿Y Teddy? ¿Y James? —ella preguntó, sorprendida.
— ¿Qué pasa con Teddy y con James? ¿No has visto que Teddy está con las mujeres en la cocina, y que James se ha quedado encantado con George y con Ron? ¿Qué excusa vas a poner hoy para evitarme, Ginny? —le preguntó, clavando en ella una mirada dura, llena de reproche, que a la joven sorprendió.
—Yo no quiero evitarte, Harry.
—Pues para no querer hacerlo, lo logras de maravilla. ¿Vienes, o te quedas? Decide.
Aquello que a Ginny pareció un ultimátum en toda regla, consiguió que saltasen en ella todas las alarmas, y comenzó a caminar hacia fuera sin que él tuviera que tirar de su mano siquiera.
Molly, Hermione, Angelina y la tía abuela Tessi, quienes desde la cocina habían escuchado la pequeña pelea que Ginny y Harry habían mantenido en la puerta, se miraron unas a otras, preocupadas.
— ¿Qué creéis que él va a decirle? —Angelina preguntó a las demás, sin poder evitar sentir una punzada de temor.
—No lo sé, pequeña; pero puedo decirte que en casa no es nada agradable ver cómo se evitan, o no paran de pelar por la más mínima tontería—la tía Tessi afirmó, pensativa.
—Esto no puede continuar así, por Merlín—Molly afirmó con frustración—. Si se mueren el uno por el otro… Y el nuevo bebé…
—Ten en cuenta que Harry todavía no sabe nada de ese bebé—Hermione le recordó. —Ginny se ha empeñado en ocultárselo; todavía está dolida por lo que pasó…
—A pesar de todo, yo no puedo entenderla—Angelina declaró, molesta con la actitud de su cuñada—. Vamos a ver… ¿ella le quiere o no le quiere?
—Moriría por él.
—Entonces, ¿qué narices está haciendo, haciéndole pagar por el hecho de que él no sienta más que eso mismo por ella? —quiso saber, indignada.
—Ya… pero la situación no es tan fácil… —Hermione objetó, reflexiva.
—Sí lo es, Hermione; o le quiere tal y como es, o no le quiere; o dentro, o fuera—Molly opinó, rotunda; a lo que Angelina asintió con fuerza, completamente de acuerdo con su suegra.
La castaña las miró a todas con cara de reproche, pero no añadió nada más; ella sabía perfectamente lo que era creer haber perdido a Harry para siempre; y al igual que su hermano Ron, Ginny lo sabía por dos veces, amándole como le amaba. No, no era nada fácil, pensó una vez más.
COMENTARIOS DE LA AUTORA:
Hola a todos, mis queridos compañeros de un viaje al que sólo le queda una estación: la de destino. Pues sí: este ha sido el penúltimo capítulo de este fic, que terminará con la próxima entrega. Como sabéis, este fic participa en el reto anual "Long Story 2.0" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black, y por ello, tiene una longitud máxima, tanto en palabras como en capítulos a publicar. Y aunque el fic todavía no haya alcanzado ninguno de ambos límites, poco le queda ya; así que he decidido darle un buen fin, que no intentar alargarlo al máximo posible para terminar dándole un final precipitado e indigno.
De todos modos, creo que el fic ya ha cumplido con todo lo que se esperaba de él: ha tenido su buena dosis de intriga, de tensión sexual no resuelta (y resuelta, jeje), de peleas amorosas y reconciliaciones (aunque falta la definitiva, que os dejo para el próximo capítulo), de asesinos pirados, de humor...
Por cierto, sobre Gordon Levenau; quiero decir que yo he pensado en él como en un hombre débil, incapaz de asumir sus propios errores, y que por ello busca siempre un chivo expiatorio a quien echarle todas las culpas de lo que pueda ser su patética vida actual. En ese sentido, como Ginny le sustituyó como estrella de los Meteories, lo más fácil fue echar sobre ella todas las culpas de que le hubiesen echado y de que no pudiese volver, ni a ese equipo ni a ningún otro, porque simplemente se había convertido en un borracho incapaz de darle un golpe digno a una pelota siquiera. Y como en el fondo sabía que jamás podría volver a ser lo que fue, porque era incapaz de redimirse por sus propios medios, se metió en la cabeza que brillaría a través de ella, siendo su "dueño"; totalmente patético. Y esta es su historia. Que tuviese un golpazo de suerte y lograse impactar en la pierna de Harry con un Avada Kedavra, no fue más que un cúmulo de situaciones desafortunadas, una auténtica "suerte" para él, vamos (y creé esta escena para sacudiros un poco las telarañas, para dar al fic algo de drama, no para indicar que Levenau sea un gran mago; todo lo contrario).
Aclarado todo esto, he de decir que dedico este capítulo a Cassiopeia Weasley Lupin Snape, porque el gran protagonista ha sido, en su mayoría, su amorcito: Ron. Gracias por haberme acompañado durante tanto tiempo, cielo; me has hecho muy feliz.
Y por supuesto, agradezco los reviews recibidos, tan amables y dándome tantos ánimos, a: Sakura7893; Gelygirl; vulkaskull, Helen; Cassiopeia Weasley Lupin Snape; Krisy Weasley y Elle Marlow.
Y también a todas esas personas geniales que han añadido el fic a sus favoritos y/ó a sus alertas: yoxo;ana/cancinosanmartin (quito el punto y lo sustituyo por un / porque si no lo hago me elimina el nombre, por tomarlo como una dirección de mail) ; Coraymaa AV; Alice Frost H; manago y Sakura7893.
Un abrazo a todos y hasta nuestra próxima despedida.
Con todo mi cariño.
Rose.
