Disclaimer Los personajes son de Stephanie Meyer. La trama es únicamente mía.
Muchas, muchas cosas, quienes saben estarán de acuerdo con mi tardanza, pero al fin, aquí esta. Disfrútenlo.
Capitulo 5. ¡¿Por qué a mí?
Bella POV
—Yo también quiero que me cuentes todo, -suspire- sobre todo porque nos engañaron a Charlie y a mí.
Edward había llegado con nuestros cafés y aunque él insistió en darnos privacidad, yo no le permití irse de mi lado. Temía perder los estribos y que mi temperamento saliera disparado como un corcho de Champañe.
René no había opuesto resistencia, y aunque la pusiera, necesitaba a Edward a mi lado.
—Verás, Bella. —Dijo mi madre tomando un sorbo de su café, para después mirarme a los ojos. —Antes que nada quería pedirte una disculpa, como ya lo he hecho con Charlie…
—Para serte sincera mamá, —Hable suspirando. No quería decir "Si te perdono" y al final, terminar gritándole un montón de cosas, que seguramente la lastimarían demasiado y a mí me harían sentir más culpable. —necesito escuchar como pasaron las cosas, antes de decir, que te perdono. Estoy demasiado confundida, como para soltar algo así, sin siquiera aclarar mis pensamientos, ¿me comprendes, verdad?
—¡Claro que te comprendo, hija! —Por el rabillo del ojo vi sonreír a Edward, cuando René tomo y acaricio el dorso de mi mano. —Prometo contarte cómo es que pasaron las cosas.
—Está bien, te escucho.
—Hace tiempo, mucho antes de que tú nacieras y de que yo conociera a Charlie, yo ya conocía a Phil, era, es mi mejor amigo —Dijo mi mamá mirando el café entre sus manos—, crecimos juntos en Seattle, todo era perfecto junto a él, se podría decir que hasta me enamore de él…
Eso si no me lo esperaba.
»De hecho, fuimos novios durante varios años, Phil fue mi primero en todo, mi primer beso, mi primer amor y pues… mi primera vez también —Suspiro fuerte—. Tú abuelo Frank decidió mudarnos a Phoenix cuando acepto su nuevo empleo, y con todo el dolor de mi alma me separé de Phil.
Y eso mucho menos.
»Tiempo después me entere de que Phil se había enlistado como militar, y no volví a saber de él. Años más tarde yo me había enamorado de Charlie, nos casamos y enseguida queríamos tener familia, tu abuela decidió volver a Forks, cuando a tu abuelo murió en batalla.
Ahora que lo pensaba toda mi familia se navega entre autoridades, mi abuelo Frank también había sido policía.
»Charlie y yo lo intentamos todo un año, y yo empezaba a desesperarme, pues siempre había sido mi sueño tener un bebé, —volteo a mirarme— pero tú no llegabas, nena.
Edward y yo escuchábamos atentos, no sabía esa parte de la historia; de hecho sabía muy poco de la vida de mis papas antes de mi llegada. Nunca me imagine que Phil y René fueron novios.
»Años después seguíamos igual, la relación entre Charlie y yo se puso algo tensa; él me culpaba de que no podíamos tener un hijo y las peleas entre ambos empezaron a hacerse más frecuentes.
»Cuando me entere de que tú abuela había fallecido, viaje a Forks, Charlie no me pudo acompañar ya que tenía muchos compromisos en Phoenix, en ese tiempo se rumoraba su ascenso a Jefe de Policía y tenía que quedarse aquí.
»En el funeral, me volví a encontrar con Phil, no fue un encuentro muy grato dadas las circunstancias, pero aun así nos alegramos de volver a vernos; me quede en Forks más tiempo del que tenía pensado, tenía que arreglar varios pendientes que habían salido.
»Phil se ofreció a ayudarme a empacar todas las cosas de tu abuela; nos pusimos aquellos tiempos cuando nos conocimos, las travesuras que le hacíamos a Frank y Mamane; encontramos una botella y empezamos a beber mientras recordábamos, una cosa llevo a otra y pues…
—¡Basta! —la interrumpí a mitad de narración. —No hace falta que digas detalles de esa parte.
Las risitas de Edward y de René se escucharon. No quería escuchar detalles de la vida sexual de mi mamá y mucho menos de cómo me concibieron.
—Sigue con el relato, por favor. —Pedí. El celular de Edward comenzó a sonar y se disculpo para poder contestar. Me dio un pequeño beso en la frente y me dijo que no tardaba; voltee a mirar a René y prosiguió después de un gran suspiro.
—Phil me confesó que nunca me había podido olvidar, que trato de hacerlo durante muchos años, mientras estaba enlistado, pero que jamás lo pudo lograrlo, que aun me amaba.
»Me ofreció que lo volviéramos a intentar, que abandonara a Charlie, que a su lado no me faltaría nada —tomo otro sorbo de café—, no te lo niego, Bella, lo pensé demasiado, pues me di cuenta de que siempre había amado a Phil, él fue el hombre de mi vida… pero Charlie es y siempre será el amor de mi vida, y nunca podría abandonarlo, por eso rechace tajantemente lo que me había pedido Phil.
»Días después, Charlie llego de sorpresa, me alegre mucho de verlo, pues ya llevábamos unas semanas separados; Le presente a Phil, que fuera el hombre de mi vida no cambiaba que yo amaba a Charlie y que Phil siempre seria mi mejor amigo; Los dos se llevaban muy bien y como hasta ahora lo han hecho, se la pasaban hablando de sus trabajos; la noche de los tequilas quedo olvidada cuando los tres tuvimos una pequeña carne asada, el ultimo día que pasamos en Forks…
Flash Back
Era un día raramente normal en Forks. Digo raramente, porque por lo regular, siempre está nublado y lloviznando, y hoy había un poco de sol, por lo que lo aprovechamos para hacer una carne asada.
Charlie había venido y yo estaba más que feliz. Phil estaba un poco renegado, pero no lo demostraba, solo yo sabía descifrar muy bien sus expresiones.
Entre a la cocina de la casa de mamane, que en paz descanse. Charlie cuidaba la carne y Phil acomodaba la mesa donde colocaríamos todo. Preparé lo que necesitábamos cuando sentí la presencia de alguien.
—¡Me asustaste, Phil!
—Perdona, —sonrió ampliamente. Claramente estaba divertido con mi reacción. —Venía por las cosas que faltaban.
—Sí —conteste volteándome a tomar los cubiertos, platos y vasos que ya tenía listos—, aquí tienes.
Se los entregue sonriendo y se me quedo viendo. —Lo amas demasiado, ¿verdad?
—¿Perdón?
—Sí, lo amas demasiado, por eso no aceptaste irte conmigo.
—Phil, —solté un suspiro— no empecemos.
Negó con la cabeza sonriendo. —No René, no empezaré nada. Es solo que veo como lo quieres y para qué negarlo, Charlie me cae bien. —Ambos reímos, Charlie era de esas personas que a nadie le caería mal. —Me alegro mucho verte feliz, René, quiero que ahora que vuelvas a Phoenix nos mantengamos en contacto, no quiero perderte de nuevo, y no te preocupes, nunca diré nada de lo que paso la otra noche.
Sonreí involuntariamente. —Muchas gracias, Phi, y claro que siempre estaremos en contacto. Ahora vamos afuera porque me muero de hambre.
Phil me abrazo por los hombros y salimos al patio trasero.
La pasamos muy bien, Phil y Charlie se llevaban estupendamente.
Ya entrada la noche empecé a levantar todo lo que habíamos utilizado. Con unas cuantas copas encima, metí a esos dos que no dejaban de reír y tratarse como si fueran hermanos.
—Phil, me caes bien. —Dijo Charlie sentado frente al televisor y yo a su lado. —Cuando tenga mi hijo, serás su padrino, —me sorprendí un poco por la proposición de Charlie. Habíamos hablado sobre la posibilidad de ir a un centro especializado para tomar un tratamiento y así embarazarnos, y por lo que veo, Charlie ya estaba muy adelantado. —Así serás mi compadre.
—¡Claro que si, Charlie! —contesto en tono de broma, Phil. —Sirve que vigilo que hagas feliz a René.
—¡Bueno, ya, par de borrachos! —Reí suave parándome. —Ya es noche, y nosotros nos tenemos que levantar temprano, Charlie.
Fin de Flash Back
»Phil fue a despedirnos a Seattle, donde tomamos el avión de regreso a Phoenix.
—¿Y cuando te enteraste de que estabas embarazada?
—Teníamos alrededor de un mes y medio que habíamos vuelto; Phil llamaba constantemente, así que pronto se había olvidado nuestro encuentro.
»Charlie y yo habíamos hecho cita en el centro de especialización de fertilidad y la agenda estaba tan saturada que hasta dos meses después nos la habían dado. Ya habíamos esperado años, así que unos meses mas no harían la diferencia. Cuando por fin estábamos en el consultorio, después de habernos hecho los análisis correspondientes, el Doctor me dijo que no era posible hacer la inseminación in vitro ya que yo me encontraba embarazada.
»Sobre decir que esa noticia, ni Charlie ni yo nos la esperábamos. Tantos años tratando de embarazarme y un día, sin presiones y sin estar pensando en quedar en cinta, lo logre. Lo malo es que el bebe no era de Charlie.
»Al principio tenía mis dudas, pues cuando estuve con Charlie, fue unos pocos días después de que Phil, pero cuando naciste, Bella, -me sonrió suavemente- No tuve ninguna duda, eras de Charlie.
—Espera… ¿Cómo que de Charlie? —Pregunté muy confundida.
La risa de René hacía que me confundiese más todavía. —Digo que eras completamente de Charlie, pues en ningún momento te soltó, desde el primer momento que te tuvo entre sus brazos, fuiste por lo único que sonreía, y aunque yo supiera que realmente eras hija biológica de Phil, Charlie fue el que te crio y cuido junto conmigo durante 17 años, bueno… casi 18 años.
Edward regreso después de un rato y con una mirada y una sonrisa nos pidió disculpas. Yo aun seguía confundida.
»Bella, lo que quiero decir que no importa si eres hija biológica de Charlie o no, él fue el que te crio, quien te compro tus muñecas que tanto cuidabas, él que tomo cada una de las fotos de tus cumpleaños, con el que jugabas al soccer y a la hora del té —Sonreí involuntariamente al recuerdo— Charlie es tu papá…
—Tienes razón, mamá. Charlie es mi papá… pero Phil también formo parte de mi vida y a decir verdad siempre lo considere como a un padre.
—¿Eso quiere decir que nos perdonas a ambos? —Dijo René esperanzada.
—Sí, eso quiere decir que los perdono, pero —la mire severamente—, no quiero más mentiras.
Edward me abrazo por los hombros y beso mi mejilla; René sonrió ampliamente. —Te lo aseguro, Bella. No habrán más mentiras en esta familia.
—Eso espero, mamá, eso espero.
—Siento interrumpir tan buenas noticias como esta, —Hablo Edward— pero debemos ir al colegio, Bella, ayer los chicos nos cubrieron, pero la Srita. Bethany ya sospecha.
—No se preocupen chicos, iré a hablar con la Señora Directora y le explicare todo, pero creo que sería buena idea que fueran a descansar un rato mi vida —Contesto René.
—Pero, ¿Y Phil?
—Phil está bien, Bella. —Exclamo Edward. —Aquí está muy bien cuidado, y tú y yo, necesitamos descansar un rato.
—Haz caso, hija. —Secundo René a Edward. —Phil estará bien.
—Está bien, —me levante de la mesa y le di un abrazo a René. —Después venimos, ¿sí?, avísale a Phil, por favor.
René asintió y Edward me abrazo. Nos despedimos y caminamos hacia la salida.
Llegamos al volvo de Edward y me abrió la puerta; a lo lejos vi a Jacob y le dije adiós con la mano, escuche como Edward bufaba, subí al auto y espere a que subiera Edward para irnos; cuando así lo hizo, arranco el carro y acelero a fondo, casi choca con otro auto, en la esquina del hospital.
—¡Edward, ¿Qué te pasa?
—No me pasa nada, Bella, —Dijo apretando el volante con fuerza. —solo estoy un poco cansado.
—Sí es eso, aparca a la orilla del camino y yo manejo. —Algo me decía que el cansancio no era el motivo, pero aun así, me ofrecí a manejar.
—No déjalo, —Replicó Edward. —yo puedo manejar a la perfección.
No sé si fue mi imaginación, pero creo que escuche un tanto tajante a Edward. —Está bien. —me enderece en mi asiento y observe el bosque. Pasaron los minutos y el ambiente se volvió tenso. No encontraba el motivo del porque. No soporte más el silencio enfermizo. —¿Me puedes decir que rayos te pasa, Edward?
Edward volvió a bufar pero no contesto nada, acabábamos de llegar a la academia, así que aparco y bajamos del auto. Si algo que le molestaba a Edward era que no esperara a que me abriera la puerta, pero mi enojo, por no saber porque estaba furioso iba creciendo cada vez más y más.
Baje del auto y lo enfrente. —Entonces… ¿me dirás porque estas así?
Apretó con fuerza el puente de su nariz. —Si te pido un favor, ¿lo harías?
—Depende de que favor sea. —Dije cruzándome de brazos y arqueando una ceja.
—Supuse que dirías eso. —Comenzó a caminar de un lado a otro enfrente de mí y de repente se detuvo, me tomo de los hombros y me miro seriamente. —No quiero que le hables ni tengas ningún contacto con Jacob Black, Bella.
—¡¿Qué? –Exclamé sorprendida.
—No quiero verte cercas de ese idiota, Bella. —Soltó mis hombros y pasó una de sus manos por sus cabellos. —Anoche, mientras dormías fui a comprar un café y ahí me topé a Black, —suspiro— me dijo que tu le gustabas y que trataría de conquistarte.
—No estarás hablando enserio, ¿verdad Edward?
—¡Te estoy diciendo la verdad, Bella!
—No estoy negando que me digas la verdad, Edward, pero enserio, ¿crees que voltearía a mirar a Jacob? —Esto era una completa estupidez. —Te amo Edward, y nunca dejare de hacerlo.
Me acaricio la mejilla y me beso suave y despacio. Sonreí besándolo y suspire. —Aun así, no quiero que le hables.
Rodee los ojos y me zafé de entre sus brazos y camine rumbo a la entrada.
Edward me alcanzo fácilmente, me abrazo por los hombros y me atrajo hacia él. Caminamos rumbo a mi habitación y cuando llegamos en la puerta me beso suavemente.
—Bella, ¿te gustaría conocer a mis papas?
Eso me sorprendió un poco. —Bueno, técnicamente ya conozco a tu papá.
—Eso es cierto, pero aun no conoces a Esme.
—Pequeñeces solamente. —sonreí. La verdad es que me ponía nerviosa conocer a mis suegritos. A Carlisle lo conocí no en muy buena forma, pero mi suegrita, ¿y si no me aceptaba?, ¿y si no le agradaba para novia de Edward?
—Bueno, ¿quieres conocerlos o no, amor?
—¡Claro que sí!, pero…
—Pero… ¿qué Bella?
Lo mire indecisa pero al final lo solté. —¿Cómo se supone que debo ir vestida?
La risa de Edward me confundió un poco pero cuando por fin se calmo entendí la razón.
—Mi amor —me robo un beso sonriendo, y acaricio mi mejilla—, tu ve como tú quieras ir, de cual forma te vez hermosa.
Eso me sonrojo un poco, pero me hizo sonreír. —Bueno, entonces, ¿Cuándo es la cena?
—El viernes que entra, —sonrió Edward— ¿te acuerdas que me marcaron al móvil cuando estabas con René? —Asentí con la cabeza— Pues era Esme preguntándome cuando me dignaría a llevarte a la casa, que si ella tendría que venir a conocer a su nuera —eso me puso como tomate—, pero le dije que el viernes te llevaría porque hoy no era un muy buen momento —suspiré—. Por ahora anda a dormir, ya después veremos lo demás mi niña, que descanses mi Bella.
—Que descanses, Edward. —Me puse de puntillas y lo bese. —Te veo en un rato.
—Hasta el rato, amor.
Nos volvimos a besar y entre a mi cuarto. Edward camino rumbo a su habitación. Me deje caer en la cama y me estire completamente, mis huesos tronaron y lo disfrute, segundos después me quede profundamente dormida.
Algo me incomodaba. Sentía un ligero piquete en las costillas y una pequeña comezón en la nariz. Di vuelta en la cama y el piquete cambio de lugar al igual que comezón, ahora era en la palma de mi mano. Nuevamente di vuelta en la cama y ahora sentí con más fuerza como me picaban las costillas y en la nariz una comezón insistente.
Unas pequeñas risas me fueron sacando de mi sueño placentero. Edward embarrado de chocolate y yo babeando, me llamo estirando sus brazos y yo corría en cámara lenta hacia él.
Bella, Bella, Bella... Me llamaba sensualmente, y mis ansias por probar ese chocolate aumentaban.
—Bella, Bella, Bella.
—Edward, Edward, Edward.
—¡Bella! —Mi sueño se desvaneció y me senté en mi cama de golpe.
—¡¿Qué, qué, qué? —Desperté desorientada. —¡Dinero no tengo!
Las risas de Alice y Rose me trajeron mas a la realidad. No sé cuánto tiempo había pasado desde que pegue mi oreja a la almohada, pero sentía que era muy poco.
—¡Pero qué perras son! —Estaba teniendo uno de los mejores sueños en mi vida, y venían a despertarme.
—Vamos, Bella —La risa no dejaba hablar a Rosalie. —No te enojes.
Me cubrí la cabeza con las cobijas y cerré los ojos fuertemente tratando de recuperar mi sueño perdido. —Como no enojarme, si estaba soñando con… ¡Estaba soñando con algo!
—Oh, sí, sabemos muy bien que estabas soñando, Bella. —Contesto Alice descubriéndome el rostro. —Edward, Edward, Edward… mmm quiero lamerte.
Volvieron a reír estrepitosamente. —¡Yo no dije eso!
—¡Claro que lo dijiste! —Se subió Rose encima de mí. —Nosotras llevamos un rato aquí y te hemos escuchado hablar todo el rato.
René siempre me decía que hablaba dormida, que por eso yo no servía para las pijamadas, pero nunca le creí.
—Rose… estas… asfixiándome. —Y era verdad. Me sacó el aire de golpe cuando se subió arriba de mí. —Ba-jate.
Rosalie bajo de mi aun riendo y yo comprobé que mis pulmones aun funcionaban.
—Que exagerada eres, Bella.
—¡¿Exagerada? —Exclame recuperándome. —¡En serio me estabas ahogando!
Rose rodo los ojos y se sentó en mi sofá cómodamente.
—Bueno ya, Bella. —Dijo Alice. —Levántate, ya es hora.
—¿Pues qué hora es? —Bostecé involuntariamente.
—Son la dos de la tarde. —Contesto Rose desde el sofá.
—¡Pero solo eh dormido cinco horas, chicas!, llegue a las nueve de la mañana.
Alice y Rose negaron con la cabeza. —Si, Bella, llegaste a las 9 de la mañana… ¡Pero del Lunes!
—¿Y que día es hoy?
—Hoy es miércoles, Bella.
Eso si me dejo estupefacta. —¡WOW! Jamás había dormido tanto.
—No te estreses, Bella, necesitabas ese descanso.
—Si… espera. —¿Qué día había dicho?— ¡¿Qué día dijiste que era hoy?
Alice y Rosalie se miraron desconcertadas.
—Es miércoles, Bella. —Contesto Rosalie.
Pegue un gran grito y salí corriendo de la cama rumbo al baño. Frene en seco y voltee a ver a mis amigas. —No se vayan a ir, salgo enseguida.
—Ajam… —Contestaron las dos.
Cerré la puerta de un portazo y me metí bajo la regadera. Escuche como tocaban la puerta de mi baño y los gritos de Alice se escuchaban tras la puerta. —¡Gusana, nos podrías decir, ¿Por qué tanta alarma?
—¡Alice, búscame que ponerme, saldremos de compras!
Sabía que esas palabras, fuera de mi boca, eran carta blanca para Alice y mientras me bañaba se escuchaba mucho estruendo en mi habitación.
Después de una hora y de pasar al hospital para saber cómo seguía Phil, ya estábamos en el centro comercial. Phil ya estaba fuera de peligro y René estaba con él y ambos dijeron que no me preocupara. Aun tenía una plática pendiente con Phil.
—¿Tenía que usar los tacones? —dije quejándome.
Ahora caminábamos buscando algo bonito para mí, pero los tacones me incomodaban un poco. Me veía espectacular, aun trayendo unos simples jeans y una playera verde, y un maquillaje natural, pero hubiera preferido mis vans.
—Sí, necesitas aprender a manejar bien los tacones, Bella. —Contesto Rose. —Eh visto que caminas como potrillo recién parido cada que usas tacones —las risitas de Alice no se hicieron esperar—, así que sí era necesario. —Bufe a su comentario. —Bueno, ¿nos podrías decir que buscamos?, así no encontraremos nada.
—Eh… Pues verán —tome una gran bocanada de aire—, necesito su ayuda porque Edward me llevara a conocer a sus padres este viernes, así que necesito algo lindo para ese día y yo de modas no sé nada y quiero impresionar a mis suegritos para que vean que no soy tan mala como parezco y me acepten de novia de Edward, bueno aunque Carlisle ya me conoció pero ustedes saben bien como son las mamas así que a quien debo impresionar es a mi suegrita Esme.
No sé ni como dije todo eso sin ahogarme en el intento.
Alice puso su mano en mi hombro. —Tranquila, Bella, veras como encontramos algo lindo para ti, sin dejar tu esencia de fuera.
—Sí, Bella, —secundo Rosalie. —Lo importante es que los padres de Edward te conozcan tal y como eres, y vean como los dos se aman demasiado.
Me sonroje enormemente, pero las dos tenían razón, yo amaba demasiado a Edward, ya no podría estar sin él.
—Entonces, estoy en sus manos.
Las dos pegaron un grito de emoción y cada una tomo una de mis manos y me arrastro por el mall. Duramos bastantes horas entre una tienda y otra, mi único respiro fue cuando entramos a comer a un establecimiento, para ese entonces ya teníamos tres bolsas cada una. Según Alice son cosas que necesitaríamos.
Por fin después de otras tres horas de compras, y cada una con 10 bolsas en las manos, caí rendida en mi cama.
—Yo no sé cómo les gusta hacer esto a ustedes.
—Porque se siente bien, Bella. —Contesto Alice viéndose en el espejo con un vestido sobre la ropa.
—Además de que es muy divertido ver a los chicos babeando por alguien cuando luces algo nuevo, como el vestido que trae Alice. —dijo Rose.
Alice asintió rápidamente, pero cuando iba a decirle algo, enseguida tocaron la puerta. —¿Quién?
—Soy yo, Edward.
Pegue un brinco de la cama y murmure algo histérica. —¡Ayúdenme, no quiero que Edward vea las bolsas, quiero que sea sorpresa lo que usare!
Rose y Alice reaccionaron rápido y en menos de dos segundos, las bolsas estaban dentro del closet.
—Perdona, es que Alice se estaba midiendo una blusa mía que le gusto. —Dije cuando abrí la puerta. Bese a Edward y me hice a un lado para hacerlo pasar.
—Hola Chicas. —Rose y Alice asintieron rápidamente a modo de saludo, volteo a mirarme y me arrimo para darme un beso exquisitamente delicioso. Termine con las piernas temblándome. —Te extrañe.
—Yo también. —Susurre con la poca cordura que me quedaba.
Edward volteo a ver a nuestras amigas sonriendo. —Chicas, ahora que me acuerdo, Jasper y Emmett las andaban buscando, dijeron que las extrañaban mucho.
Una ráfaga de aire y un pequeño borrón negro fue todo lo que pude sentir y ver cuando Alice salió corriendo por la puerta.
—Luego los vemos chicos. —Dijo Rosalie cerrando la puerta, pero volviéndola a abrir enseguida. —Y usen condón eh.
La risa suave de Edward y mi sonrojo no se hicieron esperar; Rosalie sonrió feliz y cerró nuevamente la puerta.
Edward me beso nuevamente y susurro entre mis labios. —¿Dónde te la pasaste toda la tarde eh?
Mordí suavemente sus labios, sabía que le gustaba porque gruño bajo y a mí eso me encantaba. —En el hospital.
—¿A sí? —me llevo caminando hasta la cama recostándome en ella y quedando encima de mí. —Yo fui al hospital y no te vi.
Eso no me lo esperaba.
—Es que Alice y Rose, fueron por mí para llevarme a comer.
Las manos de Edward se colaron por debajo de mi playera y el solo rose de sus dedos, me encendían la piel. Sus labios bajaron a mi cuello y fue dejando besos húmedos sobre mi piel hasta llegar al lóbulo de mi oído donde me susurro. —No te creo nada, pero lo dejare pasar por hoy, porque necesito muchos tus besos y caricias.
Se levanto y puso broche a la puerta. Regreso hasta quedar entre mis piernas y se quito la camisa que traía. Subí un poco más sobre la cama y saque mi playera; los ojos de Edward se tornaron negros llenos de puro deseo y yo no me quede atrás. Se abalanzo de nuevo sobre mí y me beso con pasión. Su beso se volvió un poco más salvaje, y sus manos apretaban mis senos con fuerza, increíblemente más que dolor me producía placer.
Inconscientemente solté un jadeo placentero, lo que hizo que Edward mordiera mi cuello con algo de fuerza, clave mis dedos en su espalda, siempre se había comportado cariñosamente cuando hacíamos el amor y siempre me había gustado eso, pero hoy, hoy se comportaba un poco más salvaje y eso me agradaba bastante.
Bajo las copas de mi sostén, agradecí enormemente que trajera un lindo conjunto de encaje negro, y devoró mis pezones. Mis suspiros y jadeos se hacían cada vez más fuerte. Y los rasguños en la espalda de Edward cada vez más marcados. Después de un rato y dejar mis pezones muy duros, como un par de piedrecillas, bajo por mi abdomen dando besos y pequeñas mordidas. Sobra decir que el grado de excitación, tanto de Edward, porque se le notaba en el pantalón, como la mía, porque me sentía muy deseosa, estaba por rayar los límites.
Saco mis zapatillas despacio y beso cada uno de los dedos de mis pies, yo solo estaba atónita disfrutando de espectáculo y humedeciéndome cada vez más; desabrocho mi pantalón, para mi gusto con demasiada lentitud, y lo bajo acariciando mis piernas, los aventó en algún rincón de mi cuarto, pero no me fije donde porque me concentre en observar a Edward quitándose el pantalón y su bóxer, quedando ante mi mirada totalmente desnudo y listo para mí.
—¿Te gusta lo que ves?
Trague saliva. —Me encanta lo que veo.
Edward sonrió torcidamente y subió de nuevo en mí. Me beso ferozmente y se restregó sobre mis bragas muy humedecidas, haciendo que gimiera con fuerza. Pude sentir como sonreí sobre mi cuello, cuando volvía a bajar por mi cuerpo, yo acariciaba lo que alcanzaba de él. Mordisqueo la zona donde tenía mi tatuaje y con los dientes tiro de mis bragas, alce un poco mi cadera y jalo de nuevo, se enderezo y me miro completa.
—¿Te gusta lo que ves? —Quise regresársela y hacerlo sonreír nuevamente.
—Me encanta lo que veo. —Me contesto sonriendo como me lo proponía.
Desabroche y quite mi sostén por que ya me calaba un poco. Edward subió acariciando mis piernas nuevamente, y al momento de besarlo, me penetro con fuerza; ahogue un fuerte grito en su boca, y rompí el beso jadeando. Edward me sonrió complacido y comenzó a bombardearme duro y rápido, yo me sentía desfallecer por el placer enorme que sentía. Los dos ahogábamos los fuertes gemidos que salían de la boca de uno y del otro.
Mis manos recorrían la espalda y costados de mi novio, mientras él apretaba con fuerza mi trasero y embestía con más fuerza dentro de mí. Gruñíamos de placer, definitivamente amaba cuando Edward se tornaba salvaje. Después de no sé cuánto tiempo, sentí como me tensaba con fuerza, mi orgasmo estaba próximo y juraría que podía tocar el cielo con la yema de mis dedos.
Edward llego junto conmigo a su orgasmo y los dos terminamos empapados de sudor y con una enorme sonrisa en los labios. Jadeando nos besamos y acariciamos. Pero los toquidos en la puerta nos asustaron un poco.
—¡¿Ya terminaron? —Era Emmett. —¡Ya dejen de estarse pisando(1) par de golosos!
El jueves transcurrió rápidamente, entre las clases, las bromas de Emmett por el día anterior, el aviso de la directora de que no había problema por las clases perdidas y el hospital visitando a Phil y a mi mamá, quien me dijo que se estaba quedando en la casa de la abuela, se me paso volando, y sin darme cuenta, ya era viernes por la noche.
—¿En qué piensas, Bella?
Rose me arreglaba el cabello mientras que Alice estaba metida en mi closet eligiendo lo que debería ponerme.
—Estoy un poco nerviosa solamente.
—Pues no deberías. —contesto Alice saliendo de mi closet con mi atuendo para hoy. —Veras como todo saldrá bien.
—Sí, Bella. —Secundó Rosalie. —Tú muéstrate como eres y veras como todo sale bien.
Suspiro sonriendo. —¿Qué haría yo sin ustedes, chicas?
—Nada. —sonrió ampliamente Alice.
—Era una pregunta retorica, engendro.
Rose rio y dio por finalizado mi cabello. Ondulado a mitad de cabello decorado con una hermosa peineta en un lado, y el maquillaje, algo sofisticado, ni muy cargado ni muy natural por ser de noche.
—Toma —Dijo Alice dándome lo que me pondría—, cámbiate de una vez, ya no ha de tardar Edward en pasar por ti.
—Sí.
Tome el vestido que me había dado Alice y lo acomode en la cama, para cambiarme mejor. Rosalie y Alice tomaron asiento en mi sofá mientras me cambiaba. —¿Y ustedes van a salir?
—Si, —contesto Rose. —Iremos a cenar y a lo mejor a bailar un rato, pero les dijimos a las nueve de la noche, así tendríamos tiempo de arreglarte y arreglarnos bien.
Con razón venían muy arregladas. Ya decía yo que Rose no se alaciaba tanto el cabello para ir a dormir. —Listo.
Me mire en el espejo, y ¡Dios!, estas mujeres deberían poner su negocio transformando a las personas. Alice me había escogido un vestido corto color negro que me llegaba a medio muslo, era ceñido al cuerpo y marcaba perfectamente mis curvas, en la parte superior un decorado de pedrería sobre encaje, unas medias negras con unos botines sumamente lindos. Un mechón de cabello cayó sobre mi ojo, me veía realmente sexy y formal.
—¿Y bien?, ¿Te gusta el vestido?
No supe muy bien quien me lo había preguntado, en el peor de los casos, las dos me lo preguntaron, pero, aun seguía atónita, estas mujeres siempre superaban mis expectativas.
Le tomo a mi cerebro carburar un poco y asimilar que la mujer sumamente sexy que estaba en el espejo era mi reflejo.
—Me encanto. —Voltee sonriendo hacia a mis amigas. Alice daba pequeños aplausos y brinquitos sobre su lugar y Rosalie no se quedaba atrás. —¡Son lo máximo!
Las abrace con fuerza y poco nos duro nuestro festejo, porque en ese instante, Edward toco la puerta. Rosalie me acomodo el cabello y Alice retoco mi maquillaje. Cuando abrí la puerta y observe como la quijada de Edward se abría completamente, entendí porque a las chicas les gustaba ir de compras, toda tortura valía la pena, si tenías a los chicos como en estos momentos se encontraba Edward.
—¡Wow!
—¿Es todo lo que me dirás? —conteste sonriendo.
—Es que, Bella, te vez… ¡wow!
Me reí de su comentario, me gustaba dejarlo estupefacto.
Nos despedimos de las chicas, quienes se estaban retocando el maquillaje y caminamos rumbo al estacionamiento.
—Te vez hermosa, Bells.
—Gracias, Edward. —Lo mire de pies a cabeza. ¡Si que se miraba bien! Con un pantalón casual, una chaqueta y una gabardina en el brazo que no había notado hasta ese momento. —Tú tampoco te quedas atrás.
Sonreímos mutuamente, me atrajo hacia él y me beso el cabello.
Me abrió la puerta del el carro y enseguida salimos rumbo a su casa.
—¿Aun estas nerviosa? —Me pregunto Edward mientras manejaba.
—Yo no estoy nerviosa, —bufe con burla. —¿Por qué piensas eso?
—Pues porque no dejas de retorcer tus dedos.
Baje la mirada y dicho y hecho, eso estaba haciendo. —Discúlpame, es solo que pues, nunca había conocido los padres de mi novio.
—Les caerás bien amor, a Carlisle le pareces muy buena joven, encantadora y muy simpática. —Sonreí. No sabía que mi suegrito pensara esas cosas de mí. —Y verás como Esme tendrá la misma opinión de ti, Bella.
Suspire con fuerza y Edward tomo mi mano izquierda entrelazando sus dedos con los míos. Durante todo el camino, jamás soltó mi mano hasta que aparcamos en la cochera de su casa.
—¿Esta es tu casa? —Pregunte cuando me abrió la puerta del coche y me ayudo a bajar.
—Así es, —sonrió— ¿linda, no?
—Preciosa.
Me ofreció el brazo y cuando enganche el mío con el suyo, entramos a la casa, y era mucho más preciosa por dentro.
—¡Esme, Carlisle, ya llegamos!
Edward beso el dorso de mi mano y me sonrió cálidamente, no pude evitar devolverla.
Carlisle y salió de lo que supuse era la sala de estar.
—Edward, Bella. —Sonrió y lo abrazo efusivamente, después me abrazo a mí y me dio un beso en la mejilla.
—Doctor Carlisle.
—¿En qué quedamos, Bella?, dijimos que me llamarías por mi nombre.
Sonreí amablemente rectificando. —Carlisle.
—Así me gusta. —sonrió amablemente y Edward también, pero ambos se vieron interrumpidos por la que supuse era mi suegrita, que salía de la cocina.
—¡Hijo!, —no, no me equivoque. —¡Por fin me traes a conocer a tu novia! —volteo a verme después de abrazar y darle un beso en la mejilla a Edward, abrazándose de Carlisle.
—Así es mamá, ella es Bella, la mujer que amo, Bella ella es mi mamá, de quien tanto te he hablado.
—Un gusto conocerla, señora Cullen. —Estire mi mano para estrecharla con ella, y ella hizo lo mismo, pero me jalo para darme un abrazo.
—Dime Esme, querida, Señora se escucha muy viejo. —hizo un mojin que me saco una sonrisa. —¿o acaso ya estoy vieja?
—Para nada mi amor. —Contesto Carlisle besando sus cabellos.
Esme sonrió. —Pero pasan a la sala en un momento estará la cena.
Se despidió y entro a la cocina, mientras nosotros caminábamos a la sala.
Después de un rato de plática, y de una cena sumamente deliciosa hecha por Esme, me disculpé para ir al tocador.
Abrí el grifo para lavarme las manos, cuando la manija salió disparada al techo. Un chorro de agua salió disparada al techo y yo no encontraba la manera de pararlo; los toquidos y voces del otro lado de la puerta me hacia desesperarme más. Estaba completamente empapada.
—¡Bella, cariño ábreme la puerta! —La voz de Esme se notaba un tanto asustada y desesperada.
—¡No, yo puedo arreglarlo!
—¡Bella, Bella! —Dios, ¡¿Por qué a mí? Ahora era Edward. —¡Abre la puerta!
El agua escurría por debajo de la puerta. Me estire sin quitar la mano del chorro de agua y abrí la puerta.
Esme, Carlisle y Edward estaban impresionados con el desastre que tenía en el baño, y el hecho de que aun trataba de parar el chorro de agua con la mano y que estuviera totalmente empapada no ayudaba en nada.
Edward entro al baño mojándose también. ¡Perfecto! Quería impresionar a mi suegrita y que mejor que destruyendo su precioso baño.
Mi novio cerro la toma de agua y el chorro dejo de empaparnos a los cuatro, pues Esme y Carlisle habían entrado también a ayudarnos.
—Esme, perdóname, no quería echar a perder tu precioso baño.
La risa maternal y divertida de Esme me desconcertaba un poco.
—La realidad linda, es que no fue tu culpa, —nos dio a cada uno toallas para secarnos. Lo sexy y elegante se fue de mi persona. —Este baño ya estaba descompuesto. Solo que aquí, el médico presente, —una mirada severa de Esme, y un ligero sonrojo de parte de Carlisle. —aun no llama al plomero, así que descuida, no fue tu culpa, tu no sabias.
Esme me prestó un cambio de ropa para que no me enfermara y Edward se puso un cambio de la ropa que tenía en su habitación. Después de un rato, entre las bromas y chistes por parte de lo sucedido, Esme nos invito a dormir en la casa, me preparo la habitación de huéspedes, pero no podía dormir así que me escabullí al cuarto de Edward.
—Edward, ¿Estad dormido?
—Pasa, —me dijo acomodándose en la cama. —Aun no podía dormir, ¿te pasa algo?
Pase sin hacer ruido, no quería despertar a mis suegritos. —Es que no podía dormir.
Edward se hizo a un lado y me acosté junto a él.
—La verdad es que yo tampoco, —beso mi mejilla. —Estaba recordando todo lo que paso hoy.
No pude evitar sonreír al recuerdo del baño, pero pues es normal, esa clase de cosas siempre me suceden a mí.
—Ni me lo recuerdes que vergüenza con tus papas.
—Tranquila amor, Esme ya te explico todo, no es culpa tuya, Bella.
—Aun así, Edward. —Me empezó a besar el cuello y mi cordura se empezó a esfumar poco a poco. —Es… es muy…vergonzoso. —sus manos empezaron a acariciar mi cintura. —Edward, aquí… aquí no, es la… casa de tus… papas.
—Pero, Bella. —Me beso suavemente los labios. —Lo único que quiero hacer desde que fui por ti, era arrancarte el vestido y hacerte el amor como un loco.
Tome su rostro con fuerza y lo bese con pasión. —A mi también mi amor, pero es la casa de tus papas, no se me hace correcto.
—¿Segura? —Beso mi cuello y acaricio mis senos por debajo del pijama que Esme me prestó.
—Edward… —Jadee involuntariamente, este hombre seria mi perdición.
—Bella, prometo ser cuidadoso.
Suspire rindiéndome. ¡¿A quién engañaba? Yo también me moría de ganas por comerme a besos a Edward, además siempre me había gustado el peligro, y que más peligro que mis suegritos nos encontraran en plena acción.
—Está bien, pero no hagamos tanto ruido. —Aclaro, dije "no hagamos tanto ruido", no que no hiciéramos ruido. Este hombre me derretía completamente que yo lo único que quería era gritar y gritar de placer.
—Te amo tanto mi Bells.
—Y yo a ti mi Edward.
(1) Pisandose: dicese de la acción de cuando el gallo "pisa" a la gallina y está pone después un huevo. (Regionalismos de mi país)
Pasen a Leer mi one-shot llamado "The Reason". En perfil lo encontraran, tambien dejen Reviews, jeje.
¿Merezco Reviews?
Si recibo más de 130 Reviews actualizo el martes.
Besos
Lunna.
