Disclaimer Los personajes son de Stephanie Meyer. La trama es únicamente mía.
Capitulo 7. ¡Sorpresa, Sorpresa!
Bella POV
Las cosas con Edward ya habían mejorado bastantes.
Había entendido que no por ser mi novio es el dueño de mi vida, yo soy quien decide con quien juntarse y con quien no, eh increíblemente, había aceptado que fuera amiga de Jacob.
Aun lo miraba hacer gestos de disgusto y como apretaba los nudillos, pero me hacia la desentendida.
Por esa parte, estaba mucho más tranquila, pero por otra….
Ya había pasado un año entero. Un año en el que habían pasado demasiadas cosas dentro de mi vida; sin duda alguna, este año había sido el más significativo de toda mi existencia; ahora lo que realmente me preocupaba es que ya estaba por terminar la preparatoria y aun no tenía la más mínima idea de lo que quería hacer en mi vida.
Me preocupaba terminar el colegio y quedarme en blanco, sentir que quiero hacer mil y una cosas a la vez, pero a la vez solo quería descansar; esa pequeña idea de que se me acababa el tiempo me estaba volviendo loca.
—¡Bella!
Tape mis oídos con mis manos rápidamente. Los altos parlantes de mis dos amigas estaban al máximo y puestos sus labios en muy cercas de mis oídos, era increíble que no me hubieran dejado sorda.
—¡¿Qué pasa? —pregunté moviendo mi mandíbula para relajar mis tímpanos. —¿Por qué me gritan?
—Pues llevamos un rato hablándote y tu nada que contestas.
—Perdón, estaba pensando algunas cosas.
—¡Dios!, ¡Bella piensa!
Hice gestos de desagrado. —Muy chistosito Emmett. —todos rieron. —Al menos yo pienso, no que tu…
—¡Hey! —Exclamó Rose. —Cuidadito Swan, eh, que yo no te digo nada de tu noviecito.
—¿Qué yo que?
Edward había llegado de la biblioteca. Me dio un ligero beso y se sentó a mi lado.
—Nada, Eddie. —Contesto Alice haciendo que Edward gruñera y los demás riéramos levemente. —Tu novia que dice que piensa.
La sonrisa que se me había formado en los labios desapareció en un segundo. Edward noto mi ánimo enseguida.
—Hay ya no puedo pensar porque luego, luego me hacen bromas.
Todos rieron al puchero que se me marco en el rostro. Edward me dio un beso en el cabello.
—Bueno, bueno. —Nos mando a callar sutilmente Alice. —Bella, pronto será la fiesta anual del Instituto…
Tome un sorbo de mi refresco. —Si, ¿y?
—¡¿Como que ¿y? Bella? —Dijo Rosalie haciendo que saltase en mi lugar. Emmett y Jasper se carcajearon, Edward solo me sonrió. —¡Eso significa que iremos de compras, Bella!
—¡¿Qué? —Dije alzando la voz. —Si acabamos de ir de compras hace dos días.
—Si, pero la fiesta es la próxima semana y tenemos que ir a buscar los disfraces adecuados Bella.
Me había cruzado de brazos, no tenía ganas de ir. Últimamente había pasado poco tiempo con Edward a causa de los exámenes y diversas circunstancias.
—¿Y cuando se supone que iríamos de compras?
—Este fin de semana. —Contesto Alice mirando sus uñas perfectamente esmaltadas.
—Pero este fin de semana saldremos juntos Alice, —dijo Jasper mirando a su novia. —Era nuestro fin especial.
—Y el nuestro, Rose.
—Ustedes irán con nosotros osito. —Respondió Rosalie dándole un ligero beso a Emmett. —Después de las compras, cada uno nos iremos por nuestro lado.
Bueno, al menos me daban la esperanza de no pasar todo el día de compras.
—Así que ya dije, —interrumpió Alice. —El sábado muy temprano nos vamos de compras.
Ya ni protestar era bueno. Mejor disfrute de lo que quedaba de nuestro almuerzo, refugiada en los brazos de mi dulce novio.
El jueves por la tarde era un día crucial.
El día anterior, en clase de biología, el profesor nos había nombrado en parejas para realizar una presentación sobre la fotosíntesis de las plantas, pero Edward y yo, no contábamos con que no nos tocaría juntos; a Edward le toco con Jessica, que conociéndola, seguramente se le lanzaría desnuda al primer descuido, y yo, pues ya se imaginaran con quien me toco, así es, con Jacob Black.
Debo confesar que no me molesto que me tocara hacer el trabajo con Jacob, pero a Edward, si le molesto bastante, pero aun así, mi novio trato de llevarlo lo mejor posible.
—Cuídate de Jessica, —lo mire a los ojos despidiéndome de Edward. —ya sabes como es y no dudes que intentara seducirte.
La sonrisa de Edward me contagiaba a mí. —Me cuidare, Bella, pero tú también cuídate de ese perro mamado. —Me causo mucha risa lo que dijo, sabía que se refería a Jacob, y por más que le dijera que no era chucho o perro mamado sino Jacob, Edward no entendía. —Qué casualidad que harán el trabajo en su casa, ¿por qué no lo hacen aquí? En la biblioteca como todos los demás.
—Ya te lo expliqué Edward, Rachel, la hermana de Jacob, es bióloga, y él dice que tiene unos libros especializados en el tema.
Edward entrecerró los ojos viéndome pero me abrazo por la cintura.
—No me convence eso, pero prometí comportarme lo mejor posible. —Sonreí al instante y también lo abrace por la cintura. —Te amo, Bella.
—Te amo, Edward. —Me puse de puntillas y lo besé despacio disfrutando de sus labios, mientras sentía como sus manos acariciaban mi rostro y mi cabello.
No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero unos carraspeos nos hicieron separarnos. Era Jacob.
—Podemos irnos, Bells. —Pronuncio Jacob con la mandíbula apretada e ignorando intencionalmente a Edward.
Rodee los ojos. El comportamiento de ambos se me hacia tan infantil.
—Sí, Jake, podemos irnos. —Besé a Edward rápido como despedida, pero me retuvo y me beso con intensidad unos minutos más.
—Te veo en la noche. —Me dijo sonriendo.
Asentí con la cabeza y camine tras de Jacob que no me había esperado.
—¡Espérame Jacob! —tropecé cuando por fin lo había alcanzado y choque con su espalda.
—¿Estás bien, Bella? —Me sostuvo de los brazos mirándome.
Sonreí. —Sí, vayámonos a tu casa.
La sonrisa de Jacob apareció en sus labios al instante.
El viaje a la casa de Jacob en la reservación fue muy divertido. Jacob me contaba de las travesuras que les hacía a sus hermanas, bueno, a toda su familia en general. En ningún momento deje de reír.
Cuando por fin llegamos a su casa me lleve la sorpresa de que era una adorable casita, muy linda por fuera y me supongo que igual de linda por dentro.
—Bienvenida a tu humilde casa. —Me dijo Jacob sonriendo cuando abrió la puerta.
—Gracias. —Entre a la casa y como lo pensé, era muy linda y acogedora.
Todo estaba en silencio. Pensé que al menos sonaría en algún lugar de la casa, el televisor encendido de algún partido de futboll que estuviera viendo el papá de Jacob, pero me había acordado que el abuelo de Jacob aun seguía hospitalizado, por lo que me supuse, el padre de Jake estaría allá con él.
—¿Y tú papá? —Pregunte sacando mi chaqueta.
—Tuvo que salir a la ciudad. —Me sonrió Jake tomando mi chaqueta y poniéndola en el perchero.
—Bueno, —dije deductiva. —Pongámonos manos a la obra, ¿Dónde están los libros?
No sé si sería mi imaginación, pero pude observar como Jacob dudaba. Esto ya no me estaba gustando.
—¿No te apetece comer primero?
Jacob me invitaba a pasar a la cocina, pero cada vez me gustaba menos esto.
—…Si, claro.
Me dirigí a donde me había indicado pero cuál fue mi sorpresa al ver la mesa claramente arreglada. Flores, dos compas de vino tinto, la comida en su lugar, todo era perfecto, si, perfecto, pero para una cita de enamorados.
—Jacob, ¿podrías explicarme que significa esto?
—Es la comida, Bella. —Deslizó una silla para que me sentara. —¿No lo vez?
Moví mi cabeza despejándome. Creo que la desconfianza de Edward se me estaba pegando cada vez más, así que mejor tome asiento.
La comida fue de lo más agradable, se me olvidó un poco las desconfianzas que había sentido y disfrute del momento.
Cercas de las cinco de la tarde nos pusimos a hacer el trabajo, notaba como Jacob buscaba cualquier pretexto para estar cada más cerca de mí; ya casi daban las nueve de la noche, ya habíamos acabado el trabajo, y no es por presumir, pero duda que alguien más pudiera ganarle a nuestra presentación.
—Creo que ya es hora de irnos, Jake. —Me levante del suelo donde nos encontrábamos estirándome un poco. Jacob había hecho lo mismo sin perder la sonrisa.
—Es una lástima que tengamos que irnos, —Dijo siguiéndome hacia la puerta. —Me la pase muy bien a tu lado.
—Igual yo Jake, creo que deberíamos repet…—Al darme la vuelta para verlo directamente, sentí sus labios sobre los míos. Trate de alejarlo de mí, pero no podía, me sostenía fuertemente por la nuca y la cintura, le di un puntapié directo a la espinilla haciéndolo que por fin me soltara.
—¡¿Qué te pasa? —Dije limpiándome los labios. —¡¿Por qué me besas?
—Vamos, Bella, si lo has deseado toda la tarde.
¡Pero este idiota que se creía!
—¡Lo que este deseando yo, no es tu problema! —Me había pasado realmente una tarde agradable, pero con lo que había hecho, la había arruinado completamente. —Pero déjame decirte lo que si deseo ahora.
Lo tomé por los hombros acercándome más a Jacob, doble mi pierna y con toda la fuerza que fui capaz de ejercer, estampé mi rodilla en sus partes. El dolor reflejado en el rostro de Jacob había matizado mi enojo. Cayó al suelo retorciéndose de dolor.
—¡Y eso es por ver las cosas que no son! —me puse mi chaqueta a prisa. —Y no quiero que te me acerques de nuevo, ¿entendiste? ¡Déjame tranquila!
Salí de la casa de Jacob cogiendo bien mis cuadernos. El trabajo lo había dejado en la sala, mientras él seguía retorciéndose de puro dolor.
Saqué mi celular y marqué el primer número que vino a mi mente.
—¿Rosalie? Soy Bella. —dije en cuanto contestaron. —¿Podrías venir por mí a la reserva? El imbécil de Jacob me beso y lo golpee en los bajos y me salí de ahí…
—Buen golpe, Bellita —Rio Emmett al otro lado de la línea—, se lo merecía.
¡Demonios! —Emmett, ¿Qué haces con el móvil de Rose?
—Se está vistiendo y me pidió que contestara.
—¿Vistiéndose? ¿Por qué se esa vist…? Oh. ¡Emmett! —Las risas de este enfermo sexual no se hicieron esperar. —¿Vas a venir por mí, si o no?
—¡Hay pero que genio! Le diré a Edward que te dé más seguido.
—¡Emmett! —Estaba que me moría de la vergüenza. Al menos no estaba aquí sino estaría molestándome más.
—Está bien, está bien —Seguía riendo—, voy para allá, no te muevas.
Y cortamos la llamada.
Cercas de las 10 de la noche, ya estábamos de vuelta en el instituto. Edward ya estaba en mi habitación esperándome.
—Te has tardado mucho. —habló ofreciéndome sus cálidos brazos.
—Lo siento, es solo que Jacob sufrió un gran golpe. —me acordé del rodillazo que le había propinado junto con las muecas que había hecho y sonreí para mis adentros. Pero debía mentir, no quería más problemas. —Bueno, más bien el carro, pero Emmett fue por mí.
—¿Emmett? —No vi su rostro, pues me encontraba recostada sobre su pecho, pero lo conocía tan bien, que sabía que estaba frunciendo un poco los labios mordiendo su lengua, mientras que sus cejas daban un pequeño brinco como signo de extrañeza. —¿Por qué no me marcaste a mí?
—Le marqué a Rose, pero contesto Emmett, así que le pedí que fuera por mí, lo siento.
Sonriendo de lado como me gusta y acariciando mi cabello al hablar. Eso es lo que hacía. —Tranquila, lo importante es que ya estás aquí.
Alce mi rostro sonriendo, mirando ese par de ojos verdes que me hacían perder el aliento. —Sí, ya estoy contigo.
Me beso con aquella intensidad, como si jamás quisiera dejar de besarme, y ciertamente yo tampoco deseaba dejar de besarlo.
—Te amo mi Bella.
—Te amo mi Edward.
Al día siguiente presentamos los trabajos realizados, sobra decir que el trabajo que había hecho con Jacob, había sido la mejor presentación. El de Edward y Jessica, dejaba mucho a desear, según me dijo Edward: Jessica no dejaba de insinuársele, por lo que mejor optó por dejarla ahí plantada en la biblioteca y que cada quien hiciera la mitad del trabajo por su lado.
Quise arrancarle la melena a Jessica, pero no valía la pena. Edward era mi novio, estaba conmigo, y una vez más me lo había demostrado.
—Bella, ¿podemos hablar?
—Jacob, creí ayer haberte dejado claro que no quería volverte a ver.
—Pero Bella, te amo. —¡¿Que te he hecho Dios?— quiero que seas mi novia. Sé que ayer me comporte muy mal, pero, moría por besarte y la cita que tuvimos…
—Espera, —lo interrumpí antes de que saliera Edward del salón. El profesor les había pedido a Jessica y a él, un momento para charlar. —Jacob, ayer tú y yo no tuvimos ninguna cita. Nos reunimos a hacer un trabajo solamente. Me la había pasado bien a tu lado, hasta que lo arruinaste y ahora no me vengas con el cuento de que me amas por favor.
—¡Pero es la verdad! —Exclamó tomándome de las manos. —Te amo. Sé que suena a locura, pero es la verdad.
Suspiré. —No quisiera hacer esto, Jake, pero es necesario. —Zafé mis manos de las de él. —Yo no te amo Jacob, te quiero, sí, pero solo como a un amigo. Yo amo a Edward, mi novio, no a ti y si tú no puedes comprenderlo, pues… pues será mejor dejar de ser amigos.
—Bella, yo puedo hacerte más feliz que él, si tú quisieras.
—La cuestión es que no quiero. —lo mire a los ojos para que viera que decía la verdad. —Solo quiero estar con Edward y nada más. —Observé por un lado de Jacob que estaban a punto de salir Edward, Jessica y el profesor. —Mira, Jake, te ofrezco mi amistad de nuevo, pero nada más, y no quieras que las cosas vuelvan a ser como antes, porque no lo serán. Piensa las cosas y después me dices, ¿ok? Me caes bien, pero no pienso dejar a Edward ni por ti, ni por nadie.
En cuanto salió Edward, lo tomé de la mano, arrastrándolo al lado contrario de donde estábamos Jacob y yo. No quería ser muy dura con Jake, pero esperaba que así entendiera las cosas, ahora solo había que esperar.
Las clases pasaron volando y cuando menos lo pensé, ya era sábado en la mañana.
—¡Bella!, ¡Bellita! —saltaba Alice en mi cama. —Levántate, que tenemos muchas cosas que hacer hoy.
Maldije y a regaña dientes me levante, me metí a la regadera y me vestí. Una playera blanca de The Runaways con un nudo a un lado, unos jeans grises desgastados, y mis amigos del alma, mis lentes Ray ban y mis tenis Converse.
—Lista, vámonos. —Dije prendiendo un cigarro. —Y no me digas nada, engendro, que apago el cigarro y me tumbo de nuevo a la cama.
Admito que me gusta molestar a Alice, y por eso no la había dejado decirme nada, pero sus gestos de enojo son tan graciosos, que merecía la pena.
Bajamos y los chicos ya nos esperaban en el pórtico.
—¿Y la chica mala no vino? —dijo Emmett un tanto divertido.
—No, pero vino Bella. —Contesto Jasper siguiéndole el juego.
Los mate con la mirada pero solo sirvió para que se rieran mas.
—Ya dejen de molestar a Bella, chicos. —Contesto Rose, mientras Edward me besaba sonriendo. —Mejor vámonos si queremos terminar temprano.
—Sí, sí, sí —Dijo Alice recuperando su buen humor. —Vámonos, ¡que hay que ir de compras!
La pixie psicópata salió disparada hacía mi auto, pues le había prometido a Emmett que lo conduciría; Edward y yo nos fuimos en su volvo.
Las compras no estuvieron tan mal. Está vez habían sido rápidas y para la una de la tarde, Alice estaba más que satisfecha.
—Bueno chicos, —Dijo Edward tomándome por la cintura. —Esta hermosa chica y yo nos retiramos, tenemos otras cosas que hacer.
La verdad no habíamos planeado algo especial para después de las compras, pero al parecer, Edward si lo había hecho. Caminamos hacia la salida cuando a Emmett y a Jasper se les ocurre gritarnos unos consejos:
—¡Usen condón! —dijo el primero.
—¡No tragues nada, Bella! —le siguió el otro.
Voltee a verlos y Alice y Rosalie estaban que lloraban de la risa, mientras que Edward me pegaba más a él riendo un poco. Todas las personas los veían como si estuvieran locos, ¡Y lo estaban!
Por fin salimos de ahí y respire tranquila.
—No les hagas caso, —dijo mi novio besando mis cabellos. —Sabes que solo lo hacen por molestar.
—Lo sé, pero… —suspiré—. Bueno, olvidémoslos, —lo miré sonriendo— ¿A dónde es que vamos?
—Nada en especial —sonrió acariciando mi brazo—, Nos iremos de picnic.
—¿Un picnic? ¿En Forks?
—Sí, un picnic en Forks. —Rió y me abrió la puesta del volvo.
—Ok. Vámonos de picnic.
Después de unos minutos de camino, llegamos a la playa. Grandes rayos de sol se colaban por entre las nubes dejando así lo que aquí en Forks es un "día soleado". Edward traía todo listo en la cajuela del volvo, por lo que solo fue necesario extender la manta sobre la blanca arena y contemplar las olas del inmenso océano que teníamos frente a nosotros.
Comimos emparedados, algunos caramelos que traía Edward para consentirme según él y algunas bebidas, nada del otro mundo.
El día se había pasado volando y la hora del crepúsculo había llegado. Estando entre las piernas de Edward, mientras me rodeaba con sus fuertes brazos, envueltos en la manta como aquella vez primera que miramos juntos el amanecer, hacía que mi mente se despejara completamente y lo único que me debía importar era este chico que tanto amaba.
—Bella…
El susurro de Edward hacía que mi piel se erizara al instante. Sus labios cerca de mi oído y su aliento moviendo ligeramente mi cabello, me ponían peor.
—Bella, si te pregunto algo… ¿me dirías que sí? —Dijo Edward besando mi cuello.
—Eso depende de lo que quieras. —Reí. —Porque nunca me verás como una niña buena.
Mordió ligeramente mi lóbulo. —Créeme que me encantas así de niña mala. —Reí por sus insinuaciones. Si supiera lo que estaba provocando en mi persona, ya nos hubiéramos ido al auto. —Pero es en serio, amor, si te pregunto algo importante, ¿me responderías con un sí?
—Claro que si, Edward. —Respondí después de unos segundos.
Me abrazó un poco más fuerte. —Entonces, ¿aceptarías ser mi esposa?
La sonrisa se me congelo. Literalmente, mi braga se me cayó al suelo. Mi respiración se detuvo y mi corazón se aceleró. ¿Había escuchado bien? ¿Edward me había pedido matrimonio? Me daría un infarto en cualquier momento. Moriría, eso era un hecho.
No dije nada, la pregunta me había tomado por sorpresa, y creó que eso lo había malinterpretado Edward. ¿Pero que se supone que debía contestarle cuando me lo aventó así de sopetón?
Despacio y mucho más tranquila, me voltee a mirarlo; su rostro no mostraba ningún sentimiento, pero notaba que sus ojos estaban opacos.
—Edward…
—No digas nada, Bella. —dijo interrumpiéndome. —Discúlpame por arruinar el momento.
—Edward, no arruinaste nada. —Suspire mirándole. Tome sus manos y lo mire directamente a los ojos. —No has arruinado nada, no digas eso, lo que paso fue que me agarraste con la guardia baja, —reí nerviosa— no esperaba que me preguntaras eso.
Edward sonrío pero la alegría no llegó a sus ojos. —No tienes porque justificarte.
—Es que no me estoy justificando, solo te estoy siendo sincera. —Sonreí— Sí quiero casarme contigo Edward, estoy totalmente segura de eso, pero, pero antes quiero que hagamos más cosas. No me malinterpretes, es solo que, nunca fui de las que pensó en casarse, pero contigo es diferente, contigo quiero compartir mi vida entera, pero antes quiero que hayamos vivido al cien por ciento, ¿me explico?
—Entonces, ¿aceptas compartir el resto de tu vida conmigo? —por fin ese brillo que me encantaba había vuelto a sus ojos. —Me harías el hombre más feliz de la faz de la tierra.
Reí abrazándolo. —Claro que acepto pasar el resto de mis días junto a ti, Edward, pero…
—Pero por ahora nada de matrimonio. —Rodó los ojos riendo. —¡Eres una pequeña cobarde! —Me besó aun sonriendo. —Pero está bien, sabré esperar el día en que oficialmente seas la señora Cullen.
Los días pasaron como el viento. Y pronto sería el baile anual del instituto, el tema: los años 80's. Mi época favorita.
Jacob había decidido que siguiéramos siendo amigos, y aunque nuestra amistad no volvió a ser la misma, su relación con Edward seguía de mal en peor, pero eso lo deje de lado y me propuse disfrutar el baile.
Alice y Rose, llegaron temprano como siempre a arreglarme.
Unas botas estilo militar, medias negras de red y un tanto desgarradas, una minifalda negra, una blusa negra igual con un corsett rojo encima; el maquillaje cargado y mi cabello rizado muy esponjado con una pañoleta amarrada al cuello, sin faltar mi chaqueta de cuero. Al puro estilo del Rock'n'roll, según Alice.
Debo admitir que la fiesta estuvo realmente buena, muchas personas disfrazadas con diferentes colores muy llamativos, altos peinados aunque algunos si se pasaban, pero aun así, por primera vez en mucho tiempo, la había pasado bien, riendo y sonriendo la mayoría del tiempo, hasta que me vinieron a avisar de algo que no me esperaba.
—¡Bella, Bella! —llegó corriendo Carter. Ella me caía bien, no se metía con nadie, aunque los demás lo hicieran con ella, pero se había vuelto un tanto obsesiva desde que la defendí de las garras de Jessica.
—Hola, Carter, ¿Qué tienes? —Edward me abrazó sonriendo mientras los demás y yo veíamos lo asustada que había llegado Carter.
—Bella, ¡tienes que ver esto!
—Pero, ¿Qué cosa Carter? —me estaba empezando a desesperar un poco.
—¡Ven! —tomó mi mano y me arrastró, literalmente, a la entrada del auditorio donde se llevaba a cabo el baile. Edward y mis amigos no me dejaron, ellos fueron conmigo. Las personas murmuraban un tanto fuerte por la música que no dejaba escuchar bien. Otros me miraban sorprendidos, como si hubieran visto un fantasma. ¿Pues qué cosa les pasaba?
Cuando casi llegábamos a la salida, fue cuando la note. Era una mujer. Su cabello tan largo como el mío y podría decir que el mismo tono chocolate que mi cabello. Una playera de Steel Dragón y unos Jeans negros a la cadera desgarrados y unos Vans muy parecidos a los qué yo tenía. Cualquiera diría que era yo, solo que está chava daba un poco de miedo.
Un jadeo fuerte por parte de Rosalie y Alice, me dio la certeza, de lo que yo sospechaba: Está chica, no era nadie más, que Tanya.
¡Chicas, eh vuelto!
Quiero agradecerles a todas las que me han tenido paciencia, mi bloqueo al parecer a acabado, aunque aun no supero bien la muerte de alguien tan importante para mí, pero al menos, me ha dejado por fin escribirles este capítulo, y espero que les haya gustado.
Una vez más gracias a todas por apoyarme y esperarme con esta secuela, les prometo actualizar más seguido, la inspiración corre desbocada por mis venas, así que pronto les traeré el capitulo que sigue.
Ahora bien, díganme que es lo que piensan, ¿les gusto?, ¿no les gusto? Pueden dejarme sus comentarios en el botoncito verde de aquí abajo, les aseguro que los leo todos.
Besos, chicas. Nos leemos pronto.
Luna.
