Disclaimer Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, la trama es únicamente mía. Queda prohibida la copia parcial o total de la historia.
Capítulo 11: Definiendo mi vida.
Bella POV
Me removí un poco entre los brazos de Edward. Escuche murmullos y algunas risitas y el parpadeo de una Luz atravesó mis parpados.
—¿Qué demonios?
Talle mis ojos y poco a poco fui abriéndolos.
—Buenos días, Bella durmiente. —Edward acaricio mi mejilla y sonreí al sentirlo.
—Buenos días. —Respondí somnolienta.
Cuando enfoque mejor mi vista, note que la habitación estaba repleta. Mis Amigos, mi familia, mis suegros, todos estaban en la habitación y nos miraban sonriendo. Nuevamente el flash se hizo presente, y es que Alice nos tomo foto.
—La foto de la victoria. —Me contesto a la pregunta hecha con la mirada.
—Hemos esperado mucho a que despertaras, Bells —Pronuncio Emmett abrazando a Rosalie por la cintura—, roncas demasiado, antes no despertaste a los demás pacientes.
Todos rieron y yo me puse color tomate.
—Eso no es verdad. —Replique.
Edward seguía riendo y beso mi cabello.
La platica se había vuelto amena después de eso, hasta que el medico general a cargo vino y nos regaño —y digo nos, por que a mi me regaño por abandonar mi habitación— y saco de la cuarto.
En el tiempo que duramos Edward y yo hospitalizados, todas las noches me escapaba al cuarto de Edward. Dormir juntos nos sentaba bien a los dos, y aunque el medico lo dudara, nos ayudaba a cuidarnos mas.
Habían pasado dos meses desde aquel día terrorífico. Yo había salido del hospital tres semanas después, Edward un poco después, pues sus heridas eran de más cuidado.
—¿Lista para volver a el entorno escolar de la Academia Williams?
Tome su mano y lo mire sarcástica. —¡Huy, si! No sabes cuanto me alegro ver de nuevo a la señorita Bethany.
Edward rio y beso mis cabellos apretado un poco mi mano. Su rostro aun poseía algunos vestigios de los rasguños y moretones que había sufrido, pero eso no le quitaba la belleza que poseía.
—Tranquila, seguro ella también te extraño.
—Si, seguro.
Alzo mi rostro y me beso suavemente. De esos cuando me quitaba el aliento; el taxista nos miro algo avergonzado por el retrovisor, pero no importo en lo más mínimo. Edward y yo habíamos decidido regresar a la escuela en un taxi, algo discreto y donde pudiéramos disfrutar del el paisaje que ofrecía el camino a la Academia. Phil no le pareció lo correcto, pero respeto nuestra decisión.
Después de dos meses sin ir a la escuela oficialmente, esperaba que los maestros no se pusieran pesados. Nuestros amigos nos estuvieron llevando y ayudando con los trabajos y gracias a ellos no nos retrasamos, lo que era un alivio pues nos podríamos graduar a tiempo, como cualquiera de nuestros amigos y compañeros.
La vida en la escuela siguió como si nada. La señorita Bethany se había encargado de desmentir cualquier rumor que se hubiera soltado, por lo que solo ella, los maestros y nuestros cuatro amigos sabían la verdad.
—Bienvenidos nuevamente jóvenes. —Pronuncio la Directora, quien nos aguardaba junto con Alice y los demás.
—Gracias por el recibimiento señorita Bethany.
Ella asintió y entro al Instituto.
—Eso estuvo raro. —dijo Rosalie.
—Si, —contesto Jasper. —Casi creo que la vi sonreír.
Todos reímos y los chicos cargaron las maletas, bueno solo Emmett y Jasper, los cuales se quejaban de ser burros de carga.
—Sigan quejándose. —Dijo Rosalie.
—Y no habrá recompensa. —Termino Alice.
Emmett y Jasper se miraron, sonrieron y salieron corriendo a nuestra habitación con las maletas. Todas y Edward se soltaron riendo.
—¿Enserio los recompensaran? —Pregunte.
—Claro, —Contesto Alice— Con un chocolate.
Reímos de nuevo.
La cara que pusieron Emmett y Jasper al saber su respuesta fue algo patética, de verdad ellos pensaban en otra clase de recompensa más placentera.
Los cuatro se despidieron y nos dejaron solos, a Edward y a mí en la habitación. Aunque mis heridas ya habían me sentía algo agotada por volver a donde todo empezó.
Edward se quedo a mi lado esa noche, la verdad es que desde aquel día se nos hacia imposible permanecer separados mas tiempo del debido.
»… ¡Ven aquí, Swan!... No te va a pasar nada….
Corrí lo más rápido, pero la luz que había visto se desaparecía poco a poco.
El eco de su voz me rodeaba, no sabia a donde huir.
—¡Swan!...Swan…. ¡No huyas Swan!«
—¡Aléjate de mi! —Desperté jadeando.
—Bella, cariño, ¿estas bien?
Mi novio acariciaba mi cabello tratándome de calmarme. —Si… —Conteste algo agitada. Había tenido una pesadilla, la verdad es que estas pesadillas habían sido frecuentes desde esa noche, pero siempre las controlaba y hasta hoy, había evitado que Edward supiera de ellas.
—Otra pesadilla, ¿no? —Lo mire confundida. —¿Creías que no me daba cuenta, Bella?
—Lo siento, no quería preocuparte.
Rio suavemente y me beso el cabello mientras me abrazaba. —Tú nunca me quieres preocupar.
—Pero fallo en el intento. —Sonreí a la oscuridad.
—A veces.
Edward levanto mi barbilla y me beso despacio, sin prisas, haciendo que disfrutáramos de los labios el otro. La habitación estaba oscura, aunque unos cuantos rayos de luz se colaban por la ventana iluminando la cama.
El calor se fue apoderando de mí. Mis manos viajaban del rostro de Edward a su cuello y subían enterrándose en su cabello. Me recosté en la cama sin dejar de besarlo. Su cuerpo me aplastaba deliciosamente, y sin duda, lo necesitaba sobre mí.
Un sonoro suspiro se me escapo de los labios cuando el bajo sus manos por mi cuerpo y acaricio mis piernas desnudas. Ventajas de dormir con un pequeño short.
—Te amo tanto Bella, —Me dijo Edward besando mi cuello. —Me moriría si te pasara algo.
—Shh… ya no digas nada. —Había levantado su rostro y me miraba directamente a los ojos haciendo que mi corazón se acelerase con ese verde esmeralda tan bello que tenían sus ojos. —No me pasara nada, te tengo aquí conmigo.
Su sonrisa se ensancho y atrapo mis labios en un furioso beso. Me levanto haciendo que me sentara a ahorcadillas sobre sus piernas. Nuestras bocas era una guerra campal donde una de nuestras lenguas tenia que ser la vencedora; finalmente gane cuando mordí sus labios provocando que un gemido se le escapara.
Ninguno de los dos nos dimos tregua. Quite su playera de dormir y bese, mordique y toque cada uno de sus músculos, desde su hombro y pecho, hasta su espalda. Este hombre era mi perdición. Edward deslizo sus manos por debajo de mi blusa, las subió hasta mis pechos masajeándolos con cuidado y devoción. Levante el rostro y gemí con fuerza mientras jugaba con mis pezones duros como pierdas; esto le dio acceso a mi cuello, el cual lamia y mordisqueaba sin cesar. Yo por mi cuenta no podía evitar rasguñar suavemente su espalda, la cual el solo contemplarla casi me provocaba un orgasmo. Moví mi cadera en un vaivén involuntario, y cada que lo hacia podía sentir el roce de su miembro atrapado en su bóxer haciendo que me humedeciera mas y mas.
Lo bese de nuevo, y Edward quito la blusa de sobre mi cuerpo. Necesitaba sus labios en mi cuerpo, pero Edward solo me contemplaba.
—Eres tan hermosa, mi Bella.
Y como si pudiera leer mis pensamientos, su boca fue directo a mis pechos. Su lengua jugando con mis pezones, y las pequeñas mordidas que me daba me arrancaba desde suspiros hasta gemidos. Mi cadera se movía más, mis dedos clavados y resbalando un poco por la espalda de Edward, la cual se perlaba poco a poco de sudor de donde se estaba controlando.
Bajo una de sus manos por entre los dos y la metió bajo mi short, el solo saber que pensaba hacer me ponía al mil y cuando sentí su mano jugar con mi pequeño botón nos hizo gemir a los dos.
—Joder Bella, estas tan húmeda.
La excitación que desprendíamos ambos me dejaba sin palabras. Edward cubrió con su mano mis partes y las apretó un poco para lentamente acariciarme.
—¡Dios santo! —Fue lo único meramente coherente que se me ocurrió.
Lo bese desesperada, y jade entre sus labios cuando deslizó un dedo a mi interior, para poco después deslizar otro más.
—¡Demonios Edward! —Gemí alto quitando sus manos de mi cuerpo. Lo recosté en la cama y sujete sus manos. —¡Te necesito tanto!
Fácilmente podía deshacerse de mi agarre, pero se dejo hacer. Necesitaba tocarlo de todas las maneras posibles y mis manos se movían agiles por todo su cuerpo. Besando su pecho fui bajando y levante mi vista, no se perdía ningún detalle que yo estuviera haciendo. Metí mis dedos por la orilla de su bóxer y lo fui bajando lentamente. Di un mordisco suave a su cadera cuando su miembro salió a saludarme.
—Te ha extrañado. —contesto Edward.
Me dio un poco de risa, pero no de lo que decía, sino de que yo aun me sonrojaba aunque había visto bastantes veces a Edward desnudo y no lo podía superar.
Edward me atrajo hacia él y me beso riendo también. —¿De que se ríe señorita?
No respondí enseguida. Mi mente no se concentraba sintiendo su dureza presionándose contra mi muslo.
—Me rio de mi misma, de que aun me pones como colegiala en su primera cita.
Edward me rodo en la cama e hizo lo mismo que yo, solo que el en lugar de quitarme el short con los dedos lo arrastro con sus dientes dejándome sin aliento unos segundos.
—Lo vuelvo a repetir mi amor, eres tan hermosa. —Pronuncio mientras subía por mi cuerpo besando cada rincón de mi cuerpo. —Y ahora te hare mía.
—Mas de lo que ya soy, no lo creo.
Edward se acomodo entre mis piernas y lentamente me fue penetrando. La lentitud excesiva hacia encender cada una de mis venas, haciéndolas cenizas. Fue subiendo el ritmo con cada embestida que me daba. Me mordió con algo de fuerza el hombro, pero en lugar de dolerme me causo más placer. Sentía mi interior contraerse con fuerza, estaba próxima a mi dulce y sublime clímax. Bese a Edward de nuevo y le rasguñe la espalda con tanta fuerza al explotar en un delicioso orgasmo, que juro que le saque la sangre; el me dio unas dos veces mas cuando lo sentí llenarme por completo.
Cayó sobre mi cuerpo sin aplastarme, me beso y yo acaricie su espalda. Se las ingenio para acostarnos los dos de lado sin salir de mí.
—Aun… no lo… eres.
No entendía de qué estaba hablando. —¿A que… te re… te refieres?
Me beso riendo un poco, acaricio mi mejilla chupando mis labios.
—Aun no eres... completamente mía. —Seguía confundida.
—Lo soy.
Nego con la cabeza mientras yo acariciaba su cabello.
—Aun no lo eres, por que… aun no te casas conmigo. —No se que cara habré puesto, pero el se rio y me robo un beso. —Isabella Swan, aquí, unidos en cuerpo y alma, ¿Quieres concederme el grandísimo honor de ser tu esposo? —Me sonrió— ¿Te quieres casar conmigo?
No sabia que decir. Me había quedado sin palabras. ¡Dios! ¡¿Que digo?
—Si, si quiero Edward.
Edward sonrió enormemente feliz y yo con el, nos besamos de nuevo y sobra decir que terminamos durmiendo a las seis de la mañana, cuando los rayos del sol empezaban a salir.
Bueno, esto solo era parte de lo que tenía que hacer. Debía empezar a definir mi vida.
A la mañana siguiente, o mejor dicho a la tarde siguiente, pues la escuela había comenzado, tenia algo importante que hacer.
Marque el número ya conocido. —Bueno, ¿Papá? Me urge verte, ¿podríamos salir a comer en una hora? —Lo deje que me contestara, mientras veía que me ponía. —Si, en el café de siempre, Ahí te espero. —Rodé los ojos a sus advertencias de cuidarme. —Si, ahí te veo. Te quiero, hasta luego.
—¿Con quien hablabas?
Pegue un brinco. En la puerta de mi closet estaba Edward recargado.
—Me sacaste un susto.
Tome lo primero que encontré, y al pasar por su lado le di un beso. —Sigues sin contestarme.
—Hablaba con Phil, me invitó a comer y no veré en el café de siempre. —Edward frunció en ceño un poco, lo conocía bastante para saber que dudaba en dejarme ir sola. —Estaré bien.
Me sentía un poco culpable, le estaba diciendo la verdad a medias a Edward. Si iría a comer con Phil, pero también iría a otro lugar donde el no podía ir.
—Es que no quiero separarme de ti. —Me atrajo hacia él por la cintura cuando al fin me había cambiado de ropa.
—Solo serán unas horas, —le bese— prometo volver pronto.
—Esta bien, señorita, pero prométeme que te cuidaras.
Sonreí a sus palabras, en eso era Igual a mis tres padres, siempre estaban cuidándome.
—Te lo prometo. —Nos besamos otro momento y salí rumbo al centro de Forks.
Conduciendo mi auto me di cuenta que no sabia nada de mi Luna Jett, ¿dónde estará esa loca ahora? Saque el móvil y busque su número, le marque y espere mientras me contestaba. La había visto hace una semana, pero no habíamos podido hablar, siempre estábamos con gente y sabía que algo le pasaba.
—Hola gusana, ¿como estas? —Dijo al contestar.
—Bien, ¿Y tu? ¿Dónde andas?
—Estoy en mi casa, ¿por? —Se escuchaba como si estuviera llorando.
—Necesito verte, ¿Puedes acompañarme a un lado en unas dos horas? —Ya había llegado a la cafetería— Tengo tanto que contarte.
—Yo también gusana, y claro que puedo.
Me empezaba a preocupar. —¿Te encuentras bien, Luna?
—No gusana, pero cuando te vea te cuento.
—Esta bien, paso a recogerte. Te amo Luna. —Dije saliendo del auto.
—Y yo a ti, Bella.
Cortamos la llamada. Cualquier cosa que le pasara a Luna me pasaba a mi, y por eso quería verla feliz siempre. Tendría que esperar un poco más para saber lo que le afectaba.
Cuando entre a la cafetería, Phil ya me esperaba. Me acerque a el y le bese la mejilla a modo de saludo.
—¿Cómo estas florecilla?
—Bien, papá. —Sonrió— ¿Y tu?
—Feliz de verte de nuevo.
La comida estuvo bastante bien, entre confesiones y risas. Me entere de que mi otro padre Charlie, había encontrado a una buena mujer, y no es que René no lo fuera, solo que ahora era muy feliz y pronto vendría a visitarnos.
Casi era hora de ir por Luna, así que fui al grano.
—Papá, necesito que me digas en donde esta Tanya.
La mirada de Phil se endureció y su sonrisa se borro. —¿Para que quieres saber donde se encuentra esa loca?
—Necesito… necesito hablar con ella.
—¡¿Pero para que? —Phil se había enojado y golpeado la mensa haciendo que todos los demás clientes voltear.
—¿Te puedes tranquilizar? —Sisee. —Debo hablar con ella por mí, para estar bien conmigo, para perdonarla por que todo lo que me hizo… —guardo silencio— Estoy tratando de definir mi vida, de enfocar hacia donde dirigirme, por eso debo hablar con ella.
Phil lo dudo y pensó bastante. —Esta en el Psiquiátrico de Seattle. Al parecer esta demasiado afectada como para convivir con los presos del penal, y la tiene recluida en una celda de máxima seguridad en el Psiquiátrico de Seattle.
—Muchas gracias, Phil. —Bese su mejilla. —Debo irme, debo viajar a Seattle.
—Cuídate mucho, mi niña.
—Lo hare.
Media hora después estaba junto a Luna, viajando a Seattle.
Ambas estábamos en un incomodo silencio, y esto solo era señal de que algo andaba mal.
—Entonces, ¿me contaras que pasa?
—¿Eh? —Luna lo medito un momento y asintió. —¿Te acuerdas de Ethan?
Apreté un poco el volante. —¿Qué te hizo?
—Pues terminamos hace un mes. —Dijo en un suspiro.
—¿Y porque no me habías contado? —rechine los dientes. No me gustaba ver a Luna así, y menos por un hombre.
—Estabas hospitaliza, Bells, y siempre estabas rodeada de gente, —se justifico— no quería darte mas problemas.
—Tú nunca me das problemas, Luna. —Me calme un poco. Era cierto que en los últimos meses todo había sido agitado. —No digas eso, eres mi mejor amiga.
De la nada Luna empezó a sollozar y en un enfrenon, aparque a un lado de la carretera.
—¿Qué pasa Luna? Eso no es todo, ¿verdad?
Ella negó con la cabeza y sus sollozos se hicieron más fuertes. La abrace con fuerza y la deje que llorara lo que necesitara. Era mi mejor amiga, y pase lo que pasase yo la apoyaría.
Minutos después se calmo un poco y lento se separo. —Estoy embarazada.
Esas dos palabras me dejaron atónita. —¿cómo?
—Hay Swan, —dijo limpiándose las lágrimas. —Yo no voy a darte una lección de sexualidad.
Negué con la cabeza. —Repite lo que dijiste.
—Que no te daré clases de sexualidad.
—No, eso no. —conteste y la tome de los brazos. —¿Cómo que estas embarazada?
—Pues si eso.
Juro que ella escucho como mi cerebro carburaba. —Es de Ethan. —Ella asintió. —Y te abandono —Soltó un lamento y volvió a asentir—.
—Dijo que el era muy joven, que el era un ser libre, que por el momento el no deseaba ser padre —me conto Luna mientras se limpiaba las lagrimas—, me deseaba mucha suerte con el bebe y que seguro me vería hermosa embarazada, pero que con el no contara.
—¡Hijo de perra! —Fue todo lo que pude decir, y Luna empezó a llorar. —Y, ¿Cuántos meses tienes?
—Estoy por cumplir tres.
Mi enojo pasó a felicidad. ¡Iba a ser tía! Pero vi la carita de mi Luna y se veía muy asustada.
—No te preocupes nena, yo estaré contigo siempre, y esto no será la excepción.
La sonrisa de Luna se plasmo en el rostro, me imagino lo que la pobre a de haberse sentido. Instantáneamente se levo la mano a su vientre, el cual se veía un poco abultado.
Por lo pronto lo mejor será dejarlo esto así, ya luego le preguntaría si su madre ya lo sabia, la cual a diferencia de mi idola y tía de Luna, era muy conservadora.
—Yo me voy a casar.
Los ojos de Luna casi se salen de sus cuencas. A nadie le había contado, por lo que se me hizo justo y equitativo contárselo a ella primero.
—¡Swan! ¡Muchas felicidades! —Me abrazo ahora realmente feliz. —Sabia que se casarían pero no tan pronto.
—Pues ya ves. —conteste sonriendo y arrancando de nuevo el carro. —Edward me lo pidió anoche, así que eres la primera que lo sabe.
—¿Ni Alice, ni Rose?
—Ni Alice ni Rose.
Creo que eso le hizo bien, casi ya no convivía con ella y el decirle que era la primera le dio un aire de superioridad a su autoestima.
—¿Y puedo saber a que vamos a Seattle?
—Vamos a ir al Psiquiátrico ver a Tanya.
Hola chicas eh vuelto, y espero quedarme, jejeje. Sin mucho que decir, ustedes que opinan de lo que paso con Luna?
Espero su reviews.
Un beso.
Luna.
