Disclaimer Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, la trama es únicamente mía. Queda prohibida la copia parcial o total de la historia.
Triste, muy triste, termina una de mis historias. Parte de mi se los dejo con mucho amor y espero que mis demás historias sean de su agrado. Bien, ¡Aquí Vamos!
Jupy: Gracias por leerme y los Reviews que me dejas.
Celina Rojas: Venga, no agradezcas, yo encantada. Gracias por tu review y los que me dices. Abrazos.
KARLYDDY: Pues sí, te adelantas un poco. Pero veamos que pasa en el Epílogo. Gracias por tu review.
Baabiie4: Muchas gracias por tu review.
Darky1995: ¿Enserio? Oww, pues aquí lo tienes.
KrisBabyPattz: Gracias.
Abiitha: Muchas Gracias.
Stewpattz: No esperes más. Aquí lo tienes.
Recuerden. Pasen a mi otra historia "Disponible para Mí" por favor.
Epílogo.
Bella POV
Habían pasado ya quince años desde mi matrimonio y el de mis amigos. Quince largos y laboriosos años, en donde todo marchaba bien.
Antes, cada uno de nosotros tuvo su racha difícil. Pero la mía había sido la más difícil, a los cinco años, todo se torno feo.
—¡Es que no se qué quieres que haga, Edward! —Le grite totalmente exasperada.
—¡Ese es el punto Bella! ¡Que ya no haces nada!
Estaba a punto de llorar. Me encontraba realmente sensible por todo lo que Edward me decía.
—No te entiendo, Edward, hago todo. —Le conteste. —Mantengo la casa en orden, trabajo, cuando llegas ya tengo la comida hecha, la ropa lavada y limpia, trato de tenerles todo en orden.
Camino hasta mí y me tomo de los hombros estrujándome un poco. —¡Ese es el problema, Bella! ¡Ese es el puto problema! ¿Tú crees que con tener la casa en orden ya es suficiente? ¡Cuando te darás cuenta de que te dejaste caer?
—¿De qué hablas?
—¿Cómo que de que hablo? —Me miro— ¡Mírate por Dios! Siempre en pantalón deportivo, desalineada, en sandalias…. Ya no te arreglas Bella. Descuidaste tu persona.
Me mire y era verdad, pero es que no sentía ganas de arreglarme, me sentía cansada y con mucho sueño, pero aun así siempre les tenía todo arreglado y listo a Edward y a Lucas.
Si, tenía un pequeño de cuatro años llamado Lucas. Un pequeño de cabello cobrizo con destellos rojizos, y de ojos chocolatosos como los míos, blanco como la nieve y sumamente inteligente.
Mi Lucas era todo lo que tenía hasta ahora. Mi embarazo había sido difícil, pues resulto que mientras lo tenía en mi vientre, un tumor había crecido a su lado, sorprendentemente mi niño había salido sano y salvo, mientras yo estuve a punto de morir. Las quimioterapias fueron duras, pero había salido victoriosa de ello, perdí todo mi cabello, y hasta hoy recuperaba su mismo largo, pero desde entonces me sentía así: sola y triste.
—Ya no eres la misma de quien me enamore, Bella.
Esas palabras me habían llegado como una bala de cañón al corazón. Mire a Edward con los ojos cristalinos. Las lágrimas empezaban a opacarme la vista.
—Así que es eso, ¿no? —Dije más triste aun. —Vienes y me hechas en cara todo esto, cuando en realidad lo que buscas es un pretexto para decirme que ya no me amas.
—Bella, no…
—Claro que es eso, Edward. —Lo interrumpí— Tú mismo lo acabas de decir, ya no soy la misma de quien te enamoraste, eso lo noto. —Las lágrimas corrían por mis mejillas y al sentirlas me las limpiaba inmediatamente. —Ya no digas más, Edward. Ahora todo cobra sentido, —sonreí a medias— No te preocupes, en este instante me voy de la casa junto con Lucas, no seremos un estorbo mas en tu vida.
Deje a Edward ahí parado y subí a alistar una maleta para mi hijo y para mí.
En ningún momento Edward fue capaz de detenerme, eso había sido la gota que derramo el vaso, lo que acabo de destruirme. Lo más seguro es que él estuviera con alguien más y yo como tonta aun amándolo.
Lloré en silencio todo el rato. Camine al cuarto de Lucas y aliste su maleta rápidamente, abrigue a Lucas y lo tome en brazos.
—¿A dónde vamos mami? —Trate de sonreírle para que no se asustara, pero no pude ocultarle mi lagrimas. —¿Por qué lloras?
—No pasa nada mi amor, vamos a ir a visitar unos días a la Tía Luna. Todo estará bien.
Lucas tallo su pequeño ojito y se durmió de nuevo en cuanto se acomodo en mi hombro. Bese su cabello y baje la escalera.
—Bella no te vayas, no te lleves a nuestro hijo.
Sus ojos se veían enrojecidos, pero sabía que yo solo era un estorbo en su vida.
—Nos iremos unos días a con Luna, mientras se agilizan los tramites, puedes ir a ver a Lucas cuando quieras.
—Espera, ¿Qué tramites?
—Los del divorcio.
Edward no dijo más, solo me veía caminar a la puerta y cuando llegue ahí lo único que pude hacer fue desearle suerte.
Después de acomodar a Lucas y subir al carro le marque a mi mejor amiga.
—¿Luna? Espero no despertarte.
—Para nada gusana, ¿Qué pasa? —Contesto por medio de la interfon— Te escucho rara.
—Deje a Edward. Necesito que me des alojamiento en tu casa.
—Por supuesto cariño, aquí te espero.
Llegue 20 minutos después. Ya casi eran las 12:30 de la madrugada, no quería molestar a nadie, pero sabía que si le pedía alojamiento a Alice o Rosalie, o incluso a mi familia, tratarían de convencerme. Por ahora solo quería llorar todo lo que pudiera y ya después pensar que hacer.
En cuanto Luna me vio, me abrazo, ella me seguía entendiendo perfectamente a pesar de los años. Tomo a Lucas en los brazos mientras yo bajaba las maletas, fue y lo recostó junto con Renata, la cual ya tenía increíblemente cinco años. Es sorprendente cómo pasa el tiempo rápido.
—Puedes ir a llevar tu equipaje al cuarto de huéspedes. —Me dijo— Yo preparare algo de tomar. ¿Algo fuerte?
—Algo fuerte.
Nada mejor para las penas que un buen trago de alcohol.
Lleve las maletas a la habitación y cuando regrese, Luna ya tenía una botella de whisky y dos vasos bien servidos.
—¿Me contara que fue lo que paso?
Me deje caer en el sofá, tome el vaso de whisky y lo bebí de un solo trago.
—Más por favor. —Le entregue el vaso a Luna y me sirvió de nuevo. Espero atenta mientras encontraba las palabras que decir. —Ya no me ama Luna, Edward ya no me ama.
—Vaya… —Tomo de su vaso— ¿Él te lo dijo?
—Me lo insinuó, que es casi lo mismo. —Di un trago de nuevo. —Me dijo que ya no era la misma de quien se había enamorado.
—Bueno, gusana, —Luna termino su trago y volvió a servirse— la verdad es que ya no somos los mismo de antes. —Le mire— Míranos. Hace siete años nos hubiéramos reído si alguien nos dice que estaríamos llorando penas de amor. Ahora tenemos prioridades. —Claro que hablaba de nuestros hijos— Maduramos Bella.
—Eso lo sé, Luna, pero no se qué paso. —Las lágrimas empezaban a nublarme los ojos de nuevo. Me había vuelto totalmente una chillona—De repente, todo dejo de importar, y yo se que el que Edward tenga una amante fue mi culpa.
—Deja de decir eso Bella. Ni siquiera sabes si es verdad eso de la amante es verdad. —Tomo un sorbo más.
—Claro que lo es, Luna. —Me estaba alterando. — O dime tú, ¿Por qué no nos detuvo? ¿Por qué no me convenció para que nos quedáramos? —No espere que me respondiera— Por qué obviamente ya está cansado de mí y yo no dejaría a mi Lucas a que sufriera.
—¡Oh, claro! No quieres que sufra Lucas, pero obviamente no quieres luchar por recuperar a Edward. —Se acabo nuevamente su vaso y se sirvió. —Tú lógica me sorprende.
—¡Es que no entiendes! —Llore amargamente. —Ya no tengo las fuerzas ni las ganas para luchar por Edward. Yo pensé que nuestro amor jamás terminaría, pero… termino. —Limpie mis lagrimas pero inmediatamente fueron sustituidas por otras. — Todo se acabo, y yo no lo obligare a permanecer a mi lado.
Luna se acerco y me abrazo con fuerza dejándome llorar sobre su pecho. —Ya, ya, mi niña. Me sorprende que siendo Psicóloga, aun no lo notes.
Sorbí por la nariz nada elegante debo decir. —¿Notar que cosa?
—El que estas deprimida, gusana.
—No estoy deprimida. Lo sabría. —Talle mis ojos, ya no quería llorar mas.
—Pues no lo sabes. Estas deprimida desde tu enfermedad. —Luna acaricio mi rostro—. Yo no seré una psicóloga, o algo así, pero me doy cuenta de las cosas. Estas deprimida cielo, por eso te dejaste caer, por eso estas triste, por eso lo único que quieres hacer en el día es dormir. —Se rio— A mi no me molesta eso, sabes que aunque no duermo mucho amo dormir, pero lo que tú tienes es depresión, y deberías buscar ayuda. —Me le quede viendo. Sabía que tenía razón pero algo en mi se negaba a creerlo. —No te digo que luches por Edward, por que se que tú no estás bien, y cuando por fin te encuentres estable podrán tu y Edward, salir adelante. Pero enserio gusana, —me quito el vaso y me ayudo a levantarme— busca ayuda y no dejes que tu matrimonio decaiga. Ahora ve descansa, mañana será otro día.
Camine a mi cuarto y me deje caer en la cama. Ya eran casi las dos de la madrugada, la plática que tuvimos Luna y yo había sido más larga de lo que me esperaba, pero sobretodo había sido gratificante, si había sospechado que estaba deprimida, pero siempre me negaba a creerlo. El primer error de un psicólogo: pensar que somos inmunes a los problemas que afecten también a las demás personas.
Luna tenía razón, estaba deprimida y mañana mismo buscaría ayuda, por ahora solo quería llorar y llorar hasta que me quedase dormida. Y así lo hice.
Los días pasaron rápido, ya habían pasado dos semanas desde que Edward y yo nos habíamos separado. Mis amigos pegaron el grito en el cielo en cuanto se enteraron, y trataron de hacerme volver, pero, ¿si Edward no me había venido a buscar debía significar algo no?
Había empezado mi proceso terapéutico y efectivamente estaba depresiva. Me di cuenta que poco a poco me iba hundiendo mas y eso fue lo que hizo que Edward se alejara, así que tres días después de mi última sesión, mi tarea era hablar con Edward y de una vez enterarme si mis miedos y dudas eran verdad. Así que hoy cuando Edward viniera por Lucas para llevarlo al parque iría yo con él.
Me había arreglado, justo como era antes. Desde que inicie mi terapia me sentía más animada pero a la vez nerviosa también.
—Me gusta. —Pronto llegaría Edward a recoger a Lucas por lo que lo estaba terminando de vestir.
—¿Qué es lo que te gusta mi amor?
—Verte sonreír, mami. —Se tallo la nariz y me sonrió. —Mucho sin verte así. —Cada día me sorprendía lo listo que era mi pequeño, no cabía duda que era igual que Edward. Le di un beso en la frente y justo cuando lo bajaba de la cama, el timbre sonó. —¡Yo voy, yo voy! —Pero como cualquier niño de su edad, era tan tremendo como yo.
Reí y lo seguí escalera abajo. Lo vi como corría a la puerta y saltaba a los brazos de Edward mientras reía. Espero que Edward aun me ame y que solo hubiera sido un malentendido lo que había pasado entre nosotros, como decía Luna.
—Hola Bella, ¿Cómo estás?
—Hola Edward. —Le sonreí. El seguía tan guapo como siempre. —Me encuentro bien, gracias. ¿Y tú?
—Bien también. —Me sonrió— Te ves muy bien.
—Gracias.
—Papi, ¿Vamos a ir al parque? —Dijo Lucas atrayendo la atención de ambos.
—Y a donde tú quieras, campeón.
Edward se disponía irse pero lo interrumpí. —¿Te importaría si… si los acompaño? Luna no está y no quiero estar sola en la casa.
—¡Sí! —Grito Lucas. —¡Que venga!
—Por supuesto. Acompáñanos.
Le sonreí y tome mi bolso. Hoy tenía que hablar con Edward, y aprovecharía todo este tiempo. Lucas corrió hacia al carro de Edward y ascendía a la parte trasera del coche, mientras su padre me abría la puerta del copiloto. Me sentí como aquellos inicios donde Edward trataba de conquistarme sin saber que ya moría por él.
Llegamos a un pequeño parque con muchos juegos. Era muy bello y lo que me gustaba es que estaba cercas de la casa de Luna. En cuanto bajamos, Lucas corrió al resbaladero, Edward y yo tomamos asiento en una pequeña banca enfrente de donde estaba nuestro hijo. El silencio se formo un tanto incomodo, no podía aguantar mucho así.
—Edward, yo…
—Bella… —Ambos hablamos al mismo tiempo y reímos. —Tu primero, por favor.
Tan caballeroso como siempre. —Yo quería hablar de lo que paso.
—Te escucho. —Dijo sereno.
—Verás… —tome aire y comencé a hablar. —Lo que pasa es que estoy deprimida. —Le mire y era claro que no entendía ni una sola palabra. —Estoy deprimida desde mi enfermedad, —suspire— la manera tan decrepita y pálida en que quede me hizo deprimirme; pensar que tal vez ya no te gustara hizo que mi depresión creciera a tal grado de descuidarme aun más y no preocuparme por nosotros. El cansancio de seguir luchando se apodero de mí y lo único que quería era dormir, dormir y olvidarme de que tal vez tú ya no me amases….
—Bella pero yo…. —Lo interrumpí.
—Déjame terminar, ¿si? —Asintió con la cabeza y suspire de nuevo— Tan grandes eran mis miedos por perderte que al final te orille a buscar a alguien que te comprendiera mejor que yo; termine haciendo que me dejaras de amar, —le mire llorosa— y eso es lo que más me duele. —No me dijo nada así que seguí hablando. —Comencé mi tratamiento terapéutico hace unas semanas y pues, mi primera tarea después de aceptar esto es decirte que te amo y que te amaré siempre aunque tú ya estés con alguien más. Que poco a poco estoy volviendo a ser yo misma, y que planeo seguir así hasta volver a ser quien era yo.
Edward no decía nada, solo me miraba, pero de pronto me beso. Fue un beso como esos cuando estábamos en la preparatoria, apasionado, salvaje, suave y tierno a la vez. ¡Como los extrañaba!
—Bella yo te amo, aun te amo, y no estoy con nadie linda. —Acariciaba mis mejillas mientras quitaba las lágrimas que corrían sobre ellas con lo que me decía.
—Pero, tú… tú no me detuviste.
—Lo sé, lo sé, —me beso de nuevo— y fui un idiota al no hacerlo, pero necesitaba que reaccionaras, que te dieras cuenta que no solo eres mi esposa para hacerme de comer, y atenderme en la casa. También eres mi pareja, mi mejor amiga, mi confidente, quien me enciende y me hace suspirar. —Tomo mis manos entre las de él y las beso— Tenía que hacer volver a mi salvaje y atolondrada Bella.
—Yo siempre seré tu Bella… Tú salvaje y atolondrada Bella.
Ambos nos abrazamos fuerte, no quería que esto terminara. Edward aun me amaba y sentía que ahora podía vencer todo. Después de eso, toda mi vida mejoro para bien. Mi tratamiento fue un éxito y por fortuna nunca más volví a estar deprimida. Todos los días buscaba algo nuevo por hacer, y por fortuna Edward siempre estuvo a mi lado apoyándome.
Desde ese bache en mi vida ya habían pasado 10 años más, 10 años en los que seguía felizmente casada con el amor de mi vida. Ahora tenía otras cosas en mente.
Preparábamos una carne asada en casa de Luna. Todos nos habíamos reunido como en los viejos tiempos. Mis amigos ya se encontraban en el patio trasero encargándose de la parrilla y lo que nos pudiera faltar, aun no llegaban Rosalie y Emmett, pues habían quedado de pasar por un primo lejano de Rose al aeropuerto.
Nuestros hijos habían crecido mucho. Renata se había vuelto una hermosa jovencita, alta, bien formada y con una cara de diablo como la que su madre poseía; casi cumplía los 16 cualquiera que viera a Luna y a Renata diría que son hermanas, pues la comunicación entre ambas es muy abierta. Valentina era otra cosa, ella apenas tenía 15 años y su complexión era pequeña como su madre, pero igual de calmada que Jasper, era una chica estudiosa y un tanto reservada, pero al estar con sus tíos —como ella nos dice— saca el espíritu que su madre le heredo. Mi Lucas por otra parte había crecido mucho, a sus casi 15 años también, sus facciones se habían marcado bastante y desde que su padre lo había incitado a realizar ejercicio, sus músculos se habían marcado, ahora culpa de ello, todas las chicas y no tan chicas estaban detrás de mi pequeño Lucas.
Por lo que al estar preparando un guacamole1 me sorprendió bastante lo que divisé por la ventana.
—¿Y qué opinas de eso, Luna?
Renata y Lucas se estaban besando justo afuera de la casa y eso me sorprendió mucho.
—¡Vaya! Creo que nuestros hijos han crecido mucho —Me dijo mi amiga poniéndose a mi lado para mirar el espectáculo— ¿Crees que sea su primer beso?
—No, —Dije con orgullo— Mi Lucas ya debió de haber dado su primer beso desde hace mucho.
—¿Cómo tu? —Se rio Luna—. A los 7 años.
—¡Hey! —Le reclame—Juraste jamás decir eso.
—Perdón pero es imposible.
Luna siguió haciendo lo que nos faltaba y yo me dedique a mirar lo que hacían nuestros hijos. Ya habían crecido bastante, como dijo Luna, pero no creí que ellos entablarían una relación. Se habían criado como primos pero ellos sabían que no lo eran, así que no había problema alguno.
Algo hablaban y me hubiera gustado escuchar que era lo que decían.
—Ya deja de espiar a nuestros hijos, gusana. —Me llamo la atención Luna. —Ellos ya están grandecitos y saben lo que hacen. Además, ambas criamos muy bien a nuestros hijos, confía en lo que les hemos enseñado.
—Tienes razón. —Le sonreí y me arrime a ayudarla. —Nosotros ya tuvimos nuestras aventuras. —Caminamos hacia el patio— Es tiempo de que ellos tengan las de ellos.
Luna empujo la puerta dejándonos salir. —Y quién sabe. Quizás nosotros aun tengamos nuestras aventurillas.
No dijimos mas, solo nos reímos y caminamos hacia la gran mesa que teníamos puesta afuera de la casa. Minutos después regresaron Renata y Lucas muy tomaditos de la mano. Por la cara que puso Valentina, me imagino que a ella también le gustaba mi niño. No me gustaba la idea pero Lucas era todo un rompe corazones.
Alice también había visto el rostro de su hija y me miro a mí con pena. Le sonreí a mi amiga y camine hasta mi sobrina.
—¿Qué tienes nena?
—Nada, tía. —Me contesto pataleando el agua. Ni siquiera había levantado el rostro para verme.
—Déjame adivinar: ¿te gusta Lucas verdad?
Había dado con el clavo. —¿Se me nota mucho?
—Algo princesa. —Voltee a mirar a toda mi familia. Cada uno enfrascado en su propia burbuja de felicidad y mi sobrina melancólica por su primera decepción amorosa. —Mira nena, yo se que ahorita no es el mejor momento para que nos pongasemos a llorar, y mucho menos por un hombre. —Me reí— Lucas será mi hijo, pero tú eres mi sobrina y sé que si Lucas no era para ti, alguien mucho mejor lo será. Tú solo ten paciencia. —Le acaricie el mentón— Eres muy bonita.
—No lo soy tía. —Bajo de nuevo la mirada. —En la escuela hay unas niñas que siempre se están burlando de mí, y me dicen fea y ñoña.
Volví a levantar su rostro. —No te dejes mi niña, tú eres muy hermosa. —Ella solo suspiro. Señal de que no creía ninguna de mis palabras. —¿Has hablado con tu mamá de esto?
—Me da un poco de pena.
—Pues vayamos quitando esa pena. —Le sonreí— Tengo una idea para levantar ese ánimo. Vamos.
Saque mis pies de la alberca y tome la mano de mi sobrina para que me siguiera. A mi paso jale a Alice y a Luna, no me detuve a observar las miradas de nuestros maridos, pero seguro que no entendían nada.
—¿Qué es lo que pasa? —Preguntaron ambas.
—Que puede pasar, vamos a darle un cambio de look a tu hija Alice.
La sonrisa de mi amiga se ensancho enormemente y abrazo a su hija. —Te pondremos más hermosa de lo que eres mi vida.
Mientras Valentina se probaba un bikini de Renata yo le explique brevemente a Alice lo que pasaba en la escuela de Valentina. Su enojo fue tanto que con una sola mano rompió un lápiz en tres partes. Renata se nos había unido junto con Rose que acababa de llegar. Les explicamos la situación exceptuando claro, el corazón roto de mi sobrina. Gustosas aceptaron ayudar e incluso Renata le dijo que podía usar su ropa cuando quisiera.
Valentina salió del probador con un hermoso trikini blanco que se sujetaba bien a su cuerpo.
—Falta algo. —dijimos todas pensativas.
—¡Ya se! —Grito Renata.
Corrió hasta si tocador y tomo una mascada roja que tenia, se la coloco a Valentina en la cabeza como paño de pirata soltándole el cabello.
—Perfecta. —Dijimos todas en coro.
—¿Sí? —Se miro Valentina— ¿Me veo linda mami?
—Te ves preciosa, mi Vale.
Luna camino a con Valentina y la llevo hasta el Espejo. La cara de mi sobrina valió la pena y se podía notar que su autoestima había subido bastante.
—Ahora bajemos que los hombres deben estar preguntándose por nosotras. —Alegó Rosalie.
Mi sobrina se coloco un Short de mezclilla y bajamos.
—Pero mira nomas. —Dijo Emmett abrazando a Valentina. —Pero que enorme y guapa se ha puesto mi sobrina. Ya empieza a cuidarla, Jasper.
Rosalie le dio un zape lo que hizo que todas riéramos. —No le estés dando ideas.
Todos reímos incluso Valentina. Pronto Renata la mando a llamar y empezaron a jugar los tres, como antes de que el amor, se metiera en sus vidas.
—¿Y Jasón y Collin? —Pregunto Rosalie.
—Fueron por algo de beber.
Luna jugaba con los pequeños gemelos de Rosalie. Claire y Patrick. Dos hermosos niños de 7 años. —¿Quién es Jasón?
—Yo soy Jasón, linda. —Un hombre como de unos 28 años apareció por un lado de la casa cargando una enorme caja de cerveza. Pero no era cualquier hombre, este era alto, musculoso, por donde lo mirases se notaba lo rudo que era y su olor a simplemente a sensualidad. Justo del tipo de hombres que le gustan a Luna. Junto a él venía un chico de unos 16 años alto de cabello castaño y de complexión atlética. —Yo soy Jasón Hale, y él es mi hijo Collin Hale.
—El es mi primo lejano y el mi sobrino, Luna.
Luna se había quedado sin habla. —Mucho gusto, Luna.
—El gusto es mío, Jasón.
La carga de sensualidad entre ambos era táctil a la mano de cualquiera, por lo que poco a poco nos dispersamos y sin que se dieran cuenta, los dejamos platicando a solas.
Collin resulto ser un muchacho muy agradable, y al igual que su papá se le notaba el aura de chico malo. El y su padre se habían mudado a Seattle por motivos de trabajo de él. Eso me alegraba en cierto modo, pues así quizás Luna pudiera rehacer su vida con Jasón.
Valentina había venido a tomar un poco de refresco y aprovechamos para presentarle a Collin. No sé muy bien que paso, pero creo que ambos se gustaron. Y desde ese momento ninguno de los dos se separo del otro.
Los meses fueron pasando y todo iba de maravilla. Lucas había hecho formal su noviazgo con Renata, ambos se sorprendieron mucho de que ya lo supiéramos y no les reclamáramos.
—Hijos nosotros no tenemos por qué reclamarles. —Dijo Edward. —Nos sorprende que les tomara meses decirnos, pero que mejor que Renata para ser mi nuera.
—Y que mejor que Lucas para ser mi yerno. —Secundo Luna.
—Solo esperamos que se lo tomen con calma. —Les sonreí. —Aun son jóvenes y tienen mucho que vivir. Esta es su vida, así que vívanla plenamente.
Esa noche brindamos por las nuevas parejas que se formaban.
Pocas semanas después nos enteramos que Collin y Valentina se habían vuelto novios también, y que el trato hacia Valentina en su escuela se volvió mucho mejor, por el simple hecho de que Collin infundía respeto, y al ser ella su novia, la respetaban por igual. Eso me puso feliz, tanto como que Luna se fuese a casar con Jasón.
—Tengo miedo, gusana.
—No tengas miedo. Jasón es un buen tipo y te cuidara bien, además que si no lo hace, le cortare las pelotas. —Me reí abrazando a mi mejor amiga.
La vida de todos empezaba a tomar de nuevo el vuelo que esperábamos. Y eso me ponía realmente Feliz.
—¿Estas muy contenta cierto? —Me dijo Edward besando mi mejilla desde atrás.
Voltee a mirarlo y lo bese sonriendo. —Demasiado. ¿Se nota?
—Mucho. —Se rio conmigo. —Tranquila, Luna será muy feliz junto con Jasón.
—Eso espero.
Hoy era la boda de Luna, y estaba nerviosa por ella. La iglesia estaba a reventar, todos los empleados del bar, de la disquera, de Forks, todos estaban aquí, esperando ese momento épico de la historia. Estábamos a punto de entrar, por lo que tome mi lugar. La marcha nupcial empezó a sonar y como buenas damas de honor entramos Alice, Rosalie, Valentina, Renata y yo. Debo decir que la boda fue un éxito, todo el mundo aplaudió y festejo a la gran pareja, y nadie podía creer que la gran Luna, la indomable, había encontrado a alguien que la logro dominar y la cual la tenía perdidamente enamorada.
La fiesta fue aun mejor, Luna había cerrado su más grande y lujoso bar para la recepción de su boda, por lo que nos la pasamos bailando toda la noche. Estaba algo cansada por lo que me fui a sentar un rato. Desde donde estaba veía perfectamente a mi familia. Todos felices como siempre debimos estar. No pude evitar recordar a Tanya, sin querer ella me había dado la familia que hoy tenia y no podía estar más que agradecida con ella, aunque nunca lo supiera.
—¿Por qué tan sola guapa?
Le sonreí a Edward cuando se sentó a mi lado atrayéndome hacia él. —Esperaba a un chico guapo, pero llegaste tú.
El gesto de dolor fingido que hizo Edward me hizo reírme. —Eso dolió Bella Cullen.
Lo bese riéndome, me encantaba jugarle ese tipo de bromas. —No te creas cariño.
—Eres cruel.
—Pero así me amas Edward Swan.
—¿Cómo no amar a mi Rebeld girl? —Me beso suavemente.
—Esta es mi vida, nuestra vida. —Sonreí sobre sus labios. —Lo que me recuerda. Tu mini-gimnasio va para el sótano.
Me miro confundido. —¿Y eso por qué? ¿Tendremos visitas?
—Si, pues tendremos visitas… dentro de 9 meses, llegaran las visitas. ¡Estoy embara…!
No me dio tiempo de siquiera terminar la frase cuando ya me estaba besando.
Bueno, quizás después de todo Luna si tenía razón. Quizás, solo quizás… las aventuras aun no terminaban. Después de todo, la vida es una constante aventura. It's My life, y la voy a vivir.
Fin.
Bueno chicas. Me costó mucho hacer este capítulo por eso me tarde. Por fin termine mi historia, espero que les haya gustado y que la hayan disfrutado tanto como yo.
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Bueno me despido, nos vemos pronto con mi otra historia "Disponible para mi" Léanla, espero que les guste tanto como esta.
Besos y abrazos.
Luna.
