CAPITULO 2 Carlisle


Llegamos al hospital donde haríamos las prácticas. Éramos siete chicas y tres chicos. Los diez alumnos aventajados de mi promoción.

El resto de alumnos, los habían repartido por diversos hospitales de la zona y alrededores, pero nosotros, como destacados, nos quedamos en el mejor hospital de New Hampshire.

Entramos y nos identificamos en recepción. Ya estaban esperándonos.

- Oh… vosotros sois los chicos que empezáis las prácticas? Es un placer… yo soy la Sra. Petterson, y soy la administrativa. - la saludamos cortésmente y ella siguió - avisaré de que ya habéis llegado. Mientras, id pasando por aquí, os daré los formularios para que rellenéis. - marcó una extensión en su teléfono y empezó a decir algo por él, mientras nosotros tomábamos asiento en una sala detrás de su mostrador.

Al cabo de unos minutos, el ser más perfecto del universo se presenció ante nosotros. Era un hombre joven, de alrededor de unos treinta años, aunque por su forma de vestir, podría aparentar alguno más. Rubio, de ojos dorados y ligeramente musculado.

- Hola, soy el Dr. Carlisle Cullen y vengo a llevarme a la enfermera y al enfermero asignados para urgencias. - Nos sonrió con afecto, alzando su mano para indicarnos que lo acompañáramos.

Su sonrisa hacía magistral sintonía con su cara. Perfecta! Tenía un… algo, que lo hacía parecer irreal, inhumano; un Dios griego, un estatua tallada al mínimo detalle.

Tiempo después, comprendí a que se debía… Aunque no había estado desencaminada al pensar que no era humano.

Por un momento, me quedé estática, helada en mi sitio. La reacción al verlo, al contemplar su sonrisa y su voz dulce y agradable, mostrándonos una total confianza, hizo que mi cuerpo se quedará sumido en su propio mundo, no reaccionando debidamente.

Nos condujo hasta su despacho, donde nos hizo tomar asiento.

- Bueno… así que vosotros sois los aventureros que habéis escogido urgencias, eh? - mi compañero y yo, asentimos - Pues bienvenidos. Espero que vuestra experiencia sea, dentro de lo humanamente posible agradable, a la par que educativa; dándoos parte de la experiencia que necesitaréis para el mundo donde habéis escogido entrar. - mi compañero estaba algo serio, como receloso con el doctor, mientras que yo, le sonreía - Yo os supervisaré en todo momento; así que cualquier cosa, me lo hacéis llegar. Dudas, incomodidades… lo que sea, de acuerdo? Aquí estáis para aprender pero también para sentiros integrados y cómodos.

Después de un rato hablando él, nos hizo presentarnos. Mi compañero lo hizo de forma algo escueta, parecía como si el Dr. Cullen tuviera algo que no acabara de hacerlo sentirse cómodo.

Yo, al contrario, me sentía realmente tranquila con él. Su forma de hablarnos, la calidez de su semblante, su sonrisa, la cual no perdió en ningún momento… todo ello en su conjunto, me hacía estar muy a gusto en su compañía.

- Hola, soy Isabella Swan, aunque prefiero Bella. Me gusta urgencias por el ritmo frenético con el que se trabaja y sobre todo porque es donde la gente viene realmente mal y es aquí donde podemos aliviarlos. Me gusta la sensación que las enfermeras de urgencias transmiten… bueno, algunas de ellas… - ante mi comentario, él sonrió más abiertamente, asintiendo con la cabeza - el trato directo cuando acaban de tener un accidente… Me gusta considerarme una persona noble y con buen corazón y quisiera compartir eso con la gente que llega aquí. A parte de mí trabajo como enfermera, considerar que alivio el pesar de la gente compartiendo esa parte de mí carácter con ellos. - él me miraba con la misma benevolencia que se mira a un hijo; con orgullo, con ternura.

Después de eso, hablé de mi trayectoria académica, impresionándolo un poco más.

Ya que hasta hacía poco, apenas salía, me había dedicado a estudiar. A parte de la carrera en sí y la especialización en estos últimos meses, había sacado varios cursos complementarios, los cuales me calificaban como una muy buena y eficiente enfermera. Veríamos a ver ahora en la práctica.

Después nos vestimos e hicimos una ronda con él por los bóxers.

- Ya que hoy es un día tranquilo, raro, aquí en urgencias, voy a aprovechar a enseñaros los bóxers, como colocamos el material, la entrada de las ambulancias… para que os vayáis situando, de acuerdo? - nos comentó ilusionado por empezar.

Los días fueron pasando y al cabo de menos de dos semanas, mi compañero, al cual no conocía, ya que él había cursado en otra aula distinta a la mía, solicitó el cambio a otro hospital.

- Ese tío tiene algo que me hace estar nervioso… No puedo con él. Tengo que irme a otro hospital, sino sé que no conseguiré aprobar las prácticas. - Me comentó el día antes de marcharse a su nuevo destino.

Así que al final, nos quedamos el Dr. Cullen y yo solos haciendo las prácticas. Para mí, mucho mejor, ya que tenía toda su atención, para contestarme a las mil preguntas que le hacía siempre que el día en urgencias nos lo permitía.

El tiempo fue pasando… llevábamos algo más de un mes y la relación entre Carlisle, ahora lo llamaba por el nombre, aunque en el trabajo no, claro, y yo había avanzado fuera del área hospitalaria.

Tomábamos café antes de entrar y hacíamos los descansos juntos.

Poco a poco fuimos cogiendo más confianza y hasta había alguna vez que nos quedábamos a cenar en la cafetería del hospital.

Su familia estaba en Forks. Estaba felizmente casado y tenía cinco hijos adoptivos. Parece ser que tres de ellos eran sus sobrinos y los otros dos, los hijos de unos amigos íntimos. Sus padres habían fallecido en sendos accidentes haciéndose él y su mujer cargo de ellos hacía ya años.

Yo le conté también sobre mi situación familiar, aunque omití el "percance" con Jake. Pero sí relatándole que me costaba mucho intimar con la gente; fueran hombres o mujeres.

- Parece raro en ti eso. Pareces una chica muy sociable y abierta. Se me hace extraño que te definas a ti misma como una persona cerrada. - reflexionó casi para sí mismo en uno de nuestros descansos.

- Bueno… sí, soy sociable, pero no llego al fondo de las personas. Es como si me diera miedo indagar dentro de su alma. La gente a simple vista, toda es buena… más o menos, pero si escudriñas dentro, siempre encuentras cosas negativas, que enturbian la imagen que tienes de ellas. - le dije con una muestra de extraña y repentina tristeza.

Era verdad… eso no era algo que lo hubiese ocasionado Jake. Él solo ayudó a que, después de un tiempo de reflexión, me diera cuenta de ese detalle de mi carácter.

Cuando Jacob había estado tan distante y raro aquellos días, semanas previas a nuestra ruptura, nunca le pregunté con demasiado ahínco que era lo que sucedía. Sí, le pregunté, pero porque estaba como obligada a hacerlo y en cierta manera sentía curiosidad, ya que no solo él era el que se comportaba de un modo extraño, pero no porque sintiera la necesidad de saber que era lo que en realidad ocurría, o lo que le estaba sucediendo a él. Miedo… Siempre miedo a profundizar.

Carlisle se había convertido en mi protector; tanto profesional como personalmente. Era como un hermano mayor, ya que aunque era extraordinariamente maduro, solo tenía 32 años. Bueno… eso es lo que había dicho… Pero de forma real, habría que añadirle unos cuantos más.

Las prácticas llegaron a su fin, con gran pesar para mí y para Carlisle. Nos habíamos hecho amigos de una forma algo mística. Apenas habíamos hablado de nada personal; solo unos detalles que resultaban obvios de preguntar y poco más.

Nos limitábamos a hablar de cosas que no implicaran una gran revelación sobre nosotros mismos. Aunque, después de trabajar todos los días codo con codo, aparte de nuestras quedadas después, antes o durante el trabajo, los rasgos más obvios de nuestros caracteres los conocíamos, aparte de algunos otros más escondidos.

Aunque tenía el presentimiento de que él, había sacado más en claro sobre mí, que yo sobre él.

Era como si tuviese una gran apreciación de todo lo que le rodeaba, como unos sentidos más desarrollados.

Siempre tenía alguna palabra de ánimo si un día llegaba un poco de bajón a trabajar o una palabra si ese día me había puesto otro perfume, o me había maquillado un poco más… pero aunque eran detalles insignificantes un hombre normal, no los hubiera apreciado por muy observador que fuera.

Un día, antes de acabar las prácticas, me había dado una tarjeta con su número personal.

- Bella, quiero que conserves esto. - me tendió la tarjeta, depositándola en mi mano - Si algún día te sucede algo, cualquier cosa, llámame, de acuerdo. De alguna manera u otra, sabré como ayudarte. - No podía explicar por qué, pero sus palabras, escondían un significado oculto. Lo sabía; por la manera de hablarme, por la forma intensa de mirarme con sus dorados ojos y por la entonación de su voz. Pero por aquel entonces, aunque me había llamado la atención, no logré descifrar el mensaje.

El día que nos despedimos, fue algo memorablemente trágico.

Yo estaba temblando como una hoja por la emoción. Era improbable que nos volviéramos a ver; por lo visto se iba a un hospital de Washington y yo no quería acercarme a ese estado por nada del mundo.

Estuve todo el rato que duró nuestra despedida, con un nudo en la garganta, hasta que al final, acabé llorando como una niña, con gemiditos y suspiros incluidos.

Carlisle me miraba con pena en los ojos; la primera vez que los había visto poner esa expresión.

- Bella, nena… no llores. Estoy seguro que antes o después nos volveremos a ver. - me había susurrado mientras me abrazaba. Con él, era como estar protegida por un hermano mayor o incluso como un padre. - Y por favor… - me separó de su frío cuerpo para que lo mirara a través del manto de mis lágrimas - para cualquier cosa, llámame. Por favor. Lo que sea, me entiendes? Prométeme que me llamarás para lo que sea. - Y otra vez ese tono que escondía algo.

- Sí… te lo prometo. Te llamaré si te necesito… no te preocupes. - le dije sonándome la nariz.

Prometimos llamarnos de vez en cuando, aun sin necesitar nada.

Y así lo hicimos. A lo largo de ese verano, nos llamamos alguna que otra vez. Pero claro, por teléfono, no era lo mismo. Además él estaba ahora con su familia y a mí me daba bastante vergüenza llamarlo temiendo que estuviera en casa y molestar a su mujer con mis llamadas.

Aunque nos separaban once años, pero eso no era impedimento para que alguien pudiera enamorarse o mantener una relación; aunque ese no era nuestro caso, temía que su mujer pudiera llegar a sospechar o imaginar algo así.

Yo le veía casi como a un padre y él a mí como una hija… Aunque biológicamente eso era imposible… bueno… según se mire.

Yo conseguí quedarme en el mismo hospital de interina, pero sin Carlisle, ya no era ni parecido.

Seguía yendo a trabajar de buena gana; mi trabajo me encantaba. El poder servir de ayuda en varios aspectos a la gente que allí llegaba, me hacía sentirme bien conmigo misma, satisfecha.

Pero el saber que el Dr. no iba a estar allí para la hora del descanso, siempre conseguía arrancarme una mueca de tristeza y desilusión de la cara.

Pasaron tres meses, ya estábamos a de septiembre y mi contrato había acabado. Ahora el gran dilema era…

- Qué voy a hacer?

Podía quedarme en mi habitación del campus dos meses más mientras buscaba otro sitio, así que por ahora no estaba sin techo donde cobijarme, pero no podía dormirme en los laureles.

Al día siguiente sin falta, empezaría a mandar solicitudes para otros hospitales.

Mis superiores me habían alentado diciéndome que con mi currículum, no tendría dificultad alguna para conseguir entrar en cualquier otro hospital y con un sueldo mucho más jugoso que el que cobraba aquí.

Este era un hospital especialmente diseñado para las prácticas de la universidad de Dartmouth y quedarse después de ellas era prácticamente imposible.

Después de un mes, había recibido un par de solicitudes de dos hospitales del sur, pero ninguna demasiado interesante, a parte de que no me llamaban como jefa de enfermeras, por supuesto, tampoco me asignaban a mi especialidad y la verdad, irme a Miami o a Texas, no me seducía demasiado.

Carlisle, al cual había llamado al recibir ambas aceptaciones, me había aconsejado esperar un poco más. En poco tiempo recibiría mejores ofertas, ya que ahora los hospitales estaban saturados de solicitudes de cientos de estudiantes recién salidos de la universidad.

Esa noche, había tardado muchísimo en dormirme, no dejaba de darle vueltas a lo de las solicitudes que había rechazado y que me quedaba menos de un mes para dejar mi habitación en Dartmouth. Eso me hacía sentirme angustiada, ya que, sino encontraba algo pronto… Qué iba a hacer?

Llevaba pocas horas dormida, cuando una llamada del todo inesperada, me despertó de madrugada.

- Isabella Swan? - preguntó al otro lado una voz ronca.

- Sí, soy yo - dije con el corazón a mil revoluciones. Eran las 5 de la madrugada y a esa hora no podía ser nada bueno. - Qué ha pasado?

- Siento comunicarle que su padre ha tenido un accidente…

Hay os dejo el segundo capi... mañana más. Las más observadoras os habréis dado cuenta del motivo de que Bella vuelva a Forks. Ahí está el "kit" de la cuestión. Ella vuelve, años después... Con quién, o quienes se encontrará allí?

Un besoteee!