A veces, el querer... no es poder, haciendo que sientas que el destino se confabulan en tu contra... Pero y si el destino no es tan malo como a ti parece?
CAPITULO4 El regreso
La voz del teléfono resulto ser un compañero de mí padre.
Parece ser que se le había cruzado un animal cuando volvía de Seattle de un asunto policial y debía de ir algo adormilado, no dándole tiempo a esquivarlo y estrellándose con el coche patrulla.
Metí en una maleta algo de ropa y algunos enseres personales y saqué un billete de avión por internet.
Al cabo de casi cuatro horas de avión, estaba en Seattle.
Alquilé un coche en el aeropuerto y unas dos horas después, estaba traspasando el cartel de "Bienvenidos a Forks"; el cual jure y perjuré no volver a cruzar jamás.
Fui directa al hospital, donde varios compañeros de mi padre me esperaban.
- Isabella? - asentí nerviosamente - vaya, cómo has cambiado. - me dijo Tom, un gran compañero de mi padre. Estaba abatido, nervioso y se veía que había llorado, mucho… eso significaba algo malo.
- Qué ha pasado? Está bien papá? - sabía, o mejor dicho, intuía la respuesta… pero no quería creerla.
- Bella? - una voz del todo familiar, hizo que me girara de forma repentina. Tenía los nervios a flor de piel. - Qué cambiada estás, hija. Estás preciosa.
- Billy? - Era el padre de Jake, el mejor amigo de mi padre y mi ex "casi" suegro. - Déjate de cumplidos. Cómo está papá? - No quería monsergas, solo quería la verdad.
Después de darle vueltas durante un rato, haciéndome perder la paciencia, al final acabo soltándolo.
- Ha fallecido. Lo siento muchísimo Bella. - de sus ojos empezaron a caer lágrimas, mientras los míos se volvían oscuros, hasta que una negrura completa me impidió seguir viendo, oyendo… sintiendo.
Me había desmayado.
Cuando desperté, me encontré en un box cerrado. Sobre una camilla, con un monitor de pinza conectado a mi dedo índice.
Tardé más de un minuto en situarme, levantándome de golpe en cuanto comprendí que hacía allí y que era lo que había pasado.
Me quité el monitor del dedo, haciéndolo empezar a pitar descontrolado. Según la máquina, yo acababa de entrar en parada cardiaca. El pitido, zumbada en mis oídos de forma atronadora.
Me levanté y cuando estaba cruzando la puerta del box, una enfermera que venía corriendo con la cara desencajada, me interceptó.
- Pero… qué es lo que ha pasado? Te has quitado el aparatito del dedo? - No debía de saber que yo era colega suya, sino no tenía razón de ser que me hablara de esa manera.
- Soy enfermera… y sí, me he quitado el "aparatito" del dedo - dije recalcando con sarcasmo la molesta palabrita.
- Debes acostarte otra vez por recomendación del Dr... - no la dejé acabar.
- No, ya estoy bien. Quiero ir a ver a mi padre… ahora! - dije forzando la palabra, intentando no alzar la voz demasiado.
En esos momentos, un doctor se nos acercó.
- Está bien Kate. Yo la acompañaré a la morgue. - me miró y me mandó una sonrisa tierna.
Caminé junto a él, camino de la morgue. Si antes estaba nerviosa, ahora aun más. Sabía que tras un accidente de tráfico, se hacía la autopsia del cadáver. Pero… - Estaba preparada para ver eso? -
Aunque había hecho prácticas con cadáveres cuando estudiaba la carrera, al especializarme en urgencias, no era lo mismo que ver a tu propio padre con una "T" en el pecho.
Cuando estuvimos frente a la puerta, el Dr se detuvo.
- Estás segura de que quieres entrar? - me preguntó con preocupación.
- Sí - fui seca y concisa en mí respuesta.
- Te aviso de que tiene algunas marcas en la cara… aunque lo han lavado y la autopsia ya está hecha y cerrada… bueno, las marcas pueden impresionar - me informó con cuidado en sus palabras.
- Sí lo sé. Estoy especializada en urgencias. No es la primera vez que veo un cadáver con una autopsia. - le respondí algo pagada de mí misma. - Pero quiero entrar sola. Seguramente será el último momento que tenga a solas con él, antes del funeral.
El médico asintió, no demasiado convencido; Pero comprendió mi petición.
Me dijo que tenía que hacer unas gestiones y que en unos minutos alguien bajaría a por mí.
Entré dentro de la ante sala de la morgue y estuve apoyada en la puerta que daba acceso a ella durante un par de minutos intentando serenarme. Sabía que lo que iba a ver a continuación, sería un recuerdo que me acompañaría siempre. Realmente estaba preparada para verlo?
Cogí una gran bocanada de aire y entré.
El cuerpo de mí padre descansaba en la camilla destinada a las autopsias, cubierto entero por una sábana blanca.
Me acerqué con cuidado, sopesando mis ánimos a cada momento. Aun estaba a tiempo de arrepentirme; de salir de allí corriendo… pero sabía que si no lo veía, me arrepentiría el resto de mi vida.
Me posicioné al lado de la camilla, a la altura de su pecho. Podía acercarme sin descubrirlo y despedirme de él…
Me agaché hasta donde estaba su oído, y le hablé con el corazón en la mano:
- Papá… de verdad siento no haber vuelto a verte… pero tú sabes mejor que nadie que no podía regresar… que no estaba preparada para ello. Aunque hace tiempo que sí que lo estoy, pero no he vuelto igualmente, no tengo excusa alguna y ahora ya es tarde. Siempre has sido un hombre bueno y no me cabe la menor duda que tienes un sitio privilegiado en el cielo, donde velarás por mí de algún modo. También siento que no hayamos congeniado más, que no consiguiéramos encontrar nuestra conexión como padre e hija. Pero... volveremos a vernos… algún día. Te quiero papá.
Iba a salir, ya estaba volteándome, cuando una subida de curiosidad me invadió; y no dejándome pensar con cordura suficiente, le descubrí la cara.
Lo que vi, me dio tal impresión, que el grito que salió de mí garganta, parecía un bufido de gato.
Su cara mostraba unas heridas horribles, con la cara amoratada e hinchada. Se podían distinguir los coágulos de sangre que se habían formado al dejar de latir el corazón, no llegando a salir por la herida abierta, dándole un aspecto terrorífico a su rostro.
Su ojo derecho estaba prácticamente aplastado, desfigurando por completo ese lado de la cara.
Todo en su conjunto, y más siendo mi padre, lo hacía mostrar una imagen horrible.
Al mismo tiempo que salía el grito de mi boca, fui retrocediendo, agachándome poco a poco. Notaba como mi rostro perdía todo el color de golpe, un sudor frío me recorría la espalda y como las piernas no me sostenían en pie.
Mi corazón latía tan deprisa, que me golpeaba con violencia en el pecho.
Cuando pensé que me derrumbaría del todo, unos brazos fríos y fuertes, me agarraron por las axilas girándome y abrazándome.
- Tranquila Bella, estoy aquí. No estarás sola… yo estaré contigo. - esa voz… esa voz… la reconocería en cualquier sitio. Carlisle.
Alcé lentamente mi cara, separándome del hombro donde la había apoyado durante el abrazo, para contemplar su cegadora belleza.
Me miraba con una comprensión y una bondad infinitas.
- Car…lisle… pero… - tartamudeé. No me salían las palabras; todas, se me quedaban atragantadas en la garganta.
- Hola cielo. Cómo lo llevas? - me preguntó con su suave voz.
- No lo sé… la verdad es que no lo sé. - en esos momentos estaba tan conmocionada, que no sabía ni lo que sentía.
- Vamos… salgamos de aquí. - pasó unos de sus brazos por mi cintura, arrastrándome con cuidado fuera de aquella horrible estancia.
Me llevó a su despacho, sentándome en una de las sillas, donde me deje caer vencida.
- Alice, trae una tila, por favor… Sí, ella está aquí… Alice… No me importa, no voy a darle explicaciones, es lo que me faltaba… sí, no tardes. – colgó el teléfono y meneo la cabeza molesto.
Al cabo de pocos minutos, un suave tocar en la puerta, me hizo pestañear, volviéndome a la realidad de golpe. Aunque seguía en un estado de inconsciencia, resguardándome del dolor, para que todo lo que estuviera pasando a mí alrededor no me afectara.
Una chica entró con una taza humeante en las manos. Mientras atravesaba el despacho de Carlisle, notaba como no me quitaba los ojos de encima.
- Bella… tomate esto, anda. Te ayudara a serenarte. - la chica me tendió la taza, la cual yo acepté sin mover ni uno solo de los músculos de mí cara. - Aunque si necesitas algo más fuerte… no dudes en pedírmelo, ya lo sabes… - me dijo mirándome con intención.
Sabía que estaba refiriéndose a un tranquilizante. A esas pastillitas "mágicas" que hacen que te sumerjas en su sueño profundo, reparador y relajante.
Ese tipo de medicinas no me gustaban nada, pero llegado el caso, era una opción a tener en cuenta.
La chica salió del despacho, dejándonos a Carlisle y a mí solos.
Poco a poco, las palabras fueron saliendo de mí boca; algo atropelladas a veces y vacilantes otras.
- Así que… este es tú nuevo destino? - le pregunté después de un rato hablando sobre el accidente de mí padre.
- Sí, así es. Cuando di tu curso de prácticas, estaba en Dartmouth dando una conferencia y me ofrecieron ser el formador de tu grupo. Hablé con mi familia y no tuvieron problemas. Ellos ya estaban aquí, y espero que nos quedemos una larga temporada. - me dijo con una sonrisa.
Carlisle siempre era muy conciso, muy breve a la hora de hablar de su familia. Era algo chocante, ya que teníamos una fuerte amistad; nos profesábamos un cariño que sin pronunciarlo con palabras, quedaba más que patente, solo con ver como nos mirábamos mirarnos. Nuestros ojos, transmitían un cariño autentico, puro, sincero…
Estuvimos hablando un rato, pero los efectos de los acontecimientos del día, empezaban a hacer mella en mí, adormilándome.
Carlisle me ayudó a levantarme de la silla y me acomodó en el diván que había en su despacho tapándome con una manta.
Al poco, me dormí. Necesitaba desconectar, descansar… y que mejor que con un reparador sueño.
Me desperté agitada. Los recuerdos de lo sucedido, vinieron a mí de una manera aplastante, haciendo a mí pulso latir descontrolado y envolverme en un sudor frío.
Al momento, la chica de antes, entró en el despacho con cautela.
- Hola… espero no haberte despertado? - me preguntó tímidamente.
- No tranquila… acababa de hacerlo - le contesté algo confundida, intentando recuperar el ritmo normal de mi pulso.
- Soy Alice, la secretaria personal del D. Cullen. Es un placer conocerte, aunque siento que haya sido en estas circunstancias. - su cara se transformó en una mueca de sincera aflicción - He traído tu maleta del coche, por si te quieres cambiar de ropa, o asearte.
- Oh, vaya, gracias. Eres muy amable. - le dije forzando una sonrisa. - Sí, creo que me asearé un poco.
Ella asintió con la cabeza y al instante, estaba allí cargando con mi maleta.
- Tienes un baño detrás de esa puerta. Tómate el tiempo que necesites, nadie te molestará, ya que tengo que autorizar la entrada… y no dejare que nadie te moleste, tranquila. - su cara se mostró de lo más agradable.
La cara de esa chica me transmitía la misma sensación de calma que sentía con Carlisle. Era de lo más atenta, agradable y podría aventurar, que simpática.
Salió dándome intimidad y yo, después de coger de mí maleta una muda limpia, junto a un jersey y un pantalón vaquero, entré en el baño y me di una reconfortante ducha caliente.
Cuando estaba guardando el neceser en la maleta, observé por el rabillo del ojo, que el doctor, tenía unos porta fotos colocados sobre el mueble que tenia a un lado de su mesa.
Me acerqué cargada de curiosidad. Allí tendría las fotos de su familia, la cual protegía con sumo recelo.
Efectivamente, allí había varias fotos. Una era de, supongo toda la familia. En ella aparecían Carlisle, con… espera… la chica de antes, con su secretaria, la cual salía abrazada a un chico rubio y muy guapo. Había otro moreno y grande, cogido a una chica rubia escultural, Carlisle pasaba su brazo por encima del hombro de una chica con una cara que transmitía dulzura por doquier, y al otro lado de la secretaria sujetándole la mano con cariño, había otro chico… era el más guapo de todos. Su atractivo podía compararse al de Carlisle, aunque tenía un algo… un atractivo aun más atrayente que él.
En las otras fotos, eran retratos de los mismos miembros, en distintos sitios. Aunque había una, que llamó particularmente mi atención. En ella estaban Carlisle y ese chico atractivo; los dos solos. Estaban fantásticos. Dos bellezas dentro de un mismo marco… parecían dos modelos posando para la portada de una revista. Me quedé observando con detenimiento el hermoso y atrayente rostro del otro chico; podía haberme pasado la vida contemplándolo. Tenía un atractivo sobre humano.
Sentí un ruido fuera del despacho y dejé la foto en su sitio, acabando de cerrar mí maleta.
Era hora de salir y afrontar lo que iba a venir a continuación:
Volver a ver a toda la gente del pueblo, a la gente de la reserva… seguramente a Jake… y tener que poner en práctica toda mi educación y consideración hacía la gente que quería a mí padre, y mi paciencia… de la cual carecía.
Al salir del despacho, la chica me lanzó una mirada llena de consternación. Yo fruncí el ceño sin comprender, no llegando a imaginar el por qué de aquella mirada.
Aunque tardé poco en averiguarlo.
Nada más dar doblar la esquina, unas voces alteradas hablaban, o mejor dicho, discutían, intentando mantener controlado el tono de voz.
Eran Carlisle, Billy y Harry. Mi pulso al verlos, se volvió disparar; a este ritmo de subidones de adrenalina, iba a acabar sufriendo un colapso cardiaco.
Al acercarme, pude oír de lo que estaban discutiendo… y cómo no, yo estaba por medio de aquella discusión.
- No queremos que te acerques a ella, por muy médico que seas. Ella ahora es nuestra responsabilidad. - decía Harry respirando fuertemente.
- Ella ha estado a punto de ser mi nuera… si no fuera porque… bueno, eso no es de tú incumbencia. - ante las palabras de Billy, mi pulso se disparó aun más si cabía; por sus palabras y su tono de voz, supe que Billy aun me consideraba como su familia. Él no llevó demasiado bien nuestra ruptura.
- No es solo una cuestión médica… es también personal. Charlie y yo, teníamos muy buen trato. Me duele sinceramente lo que le ha ocurrido… y Bella…
- Pero a ti que te va a doler? Si tú no tienes siquiera un corazón que lata! - las palabras de Harry me dejaron perpleja y confusa… - Qué Carlisle no tenía corazón? Era la persona más noble, sentida y comprometida con su trabajo, que he visto en mi vida… Pero… eso de que no lata? Qué es lo que había querido decir Harry con eso?... -
En ese momento, Carlisle se giró pillando de pleno mi espionaje. Yo me puse colorada al instante, claro, pero mantuve la compostura, como si acabara de hacer acto de presencia y no hubiera escuchado nada.
- Bella… - me dijo sonriéndome y mirándome con su habitual ternura - Cómo estás pequeña? - No me dio tiempo a contestar, ya que Harry y Billy se abalanzaron encima de mí, abrazándome a modo de consuelo y cierta protección.
- Bella… Bella hija… cómo estás? Tú no te preocupes de nada; ahora estamos aquí. No estarás sola. - Estaban tan nerviosos, que se atropellaban uno al otro, diciendo lo mismo.
- Gracias chicos… pero, no pretendiendo desvalorar vuestras palabras,… no estaba sola antes de llegar vosotros. Carlisle estaba conmigo. - mis palabras los dejaron pasmados. - Él y yo nos conocemos desde hace algunos meses…
- Oh… bueno, me parece muy bien - veía como Billy forzaba el gesto intentando mostrar una sonrisa. - pero ahora nosotros estamos aquí y nos ocuparemos de todo.
- Hemos puesto en marcha los preparativos del funeral; supusimos que no querrías tener que pasar por eso. Espero que hayamos hecho bien. - me informó Harry.
- Sí, la verdad es que os lo agradezco. Esas cosas nunca me han gustado… y ahora que me veo personalmente afectada e implicada, menos aun. - dije agachando la cabeza y suspirando fuertemente.
- Bella, sé que a lo mejor no es bueno momento, pero… cuánto te vas a quedar? - me preguntó Billy. Su pregunta me sorprendió, pero igualmente le contesté.
- Pues realmente no lo sé… pero supongo que poco. En cuanto pase el funeral y vea que todo queda arreglado, me iré; supongo que no serán más que unos pocos días. Quiero dejarlo todo bien atado para no tener que volver. - dije inhalando una gran bocanada de aire.
- Hija… pero… sí a ti te encantaba Forks. - Billy bajó la mirada… comprendiendo el por qué de no querer estar demasiado tiempo allí - Jake estará encantado de verte…
Al oír pronunciar su nombre… un escalofrío me recorrió la espalda. Carlisle me miró agachando los ojos; parecía que él, hubiera sentido lo mismo que yo.
- La casa de tu padre es tuya… ya has acabado de estudiar… y bueno… podrías pasar aquí una temporada. Todos cuidaríamos de ti, ya lo sabes. - Harry intentaba venderme los beneficios de quedarme, pero yo no estaba muy por la labor. Aunque… realmente, no tenía donde ir.
Seguimos hablando un poco más, comentándome detalles del funeral. La capilla ardiente, estaba montándose ahora en el hospital.
Forks era un sitio pequeño, por lo que el hospital, hacía de tanatorio.
- Vendrás a pasar la noche a la reserva. - No era un pregunta - Supongo que no querrás quedarte hoy sola en tu casa. - comentó Harry.
- Había pensado en quedarme en el hotel. Ahora que ha pasado la temporada de verano, no habrá problemas de habitaciones libres. - le contesté de forma tranquila.
- Cómo que un hotel? De eso nada! - Exclamó algo más alto de lo apropiado estando donde nos encontrábamos.
- Te vienes con nosotros a la reserva… Por Dios bendito, a un hotel! Qué pensaría tu padre si lo permitiéramos.
Realmente Harry y Billy tenían toda la razón, pero el subir allí, después de tanto tiempo… después de lo que pasó… Lo que menos me apetecía en estos momentos era ir allí. Había superado lo de Jake, pero no me apetecía nada el volver y recordarlo todo otra vez.
Pero estaba entre la espada y la pared… Si iba, me iba a sentir mal por estar allí… y el encuentro con Jake era algo que me torturaba… pero si no aceptaba subir, les decepcionaría sumamente y ellos siempre se habían portado maravillosamente conmigo. No podía decepcionarlos ahora.
A regañadientes, acepte, claro.
Les pedí que fueran saliendo, que iba a recoger mi maleta; ellos aceptaron lanzándole una severa mirada a Carlisle, el cual agacho la cabeza.
Él, sabedor de mis intenciones, me acompaño hasta su despacho.
- Bueno… pues me voy… - dice soltando el aire de forma cansada - supongo que te veré mañana en el funeral - le dije mirándolo con melancolía.
Tenía que reconocer que me hubiera encantado que se hubiese ofrecido a invitarme a su casa. Él que había insistido tanto cuando nuestra despedida en New Hampshire que lo llamara si necesitaba algo… y ahora que necesitaba que me librara de ir a la Push… Aunque claro, yo nunca le hablé de Jacob así que él no tenía por qué saber el motivo de no querer ir.
- Por supuesto que me verás. Hoy, cuando vuelvas, estaré por aquí. Te lo dije en su momento y te lo repito ahora, estaré para lo que necesites - miró por un segundo al infinito, antes de volver a mirarme - me hubiese encantado ofrecerme para que te hospedaras en mí casa, pero preferí no meterme. La relación entre los amigos de tu padre y yo… bueno… nunca ha sido buena - noté cómo con la mirada me pedía que no preguntará y así lo hice.
- Claro, no te preocupes. Ellos no hubieran aceptado que me quedaran en ningún otro lugar que no fuera la reserva. Tranquilo - le dije para reconfortarlo.
Nos despedimos con un beso y un abrazo, prometiéndome que estaría allí esa tarde para ayudarme en lo que necesitara.
Sabía que para él no iba a ser una promesa fácil de cumplir ya que tanto Billy como Harry se mostraban de lo más descorteses con él.
Pero Carlisle, haciendo gala de su extremado saber estar, se comportaba igual que un caballero.
Me ayudó con la maleta, cargándola hasta la salida, donde los de la Push me esperaban al lado de mí coche.
Bueno, bueno... Bella ya está en Forks! Y ya ha notado cosas raras entre la gente de la reserva y Carlisle... ummm!
Y sube a pasar la noche a casa de Billy... adivináis con quien se va a encontrar allí? ;) ;)
Un beso, y hasta mañana!
