Por mucho que lo intentemos, el pasado siempre acaba por volver a encontrarnos.
CAPITULO 5 La Push
Harry condujo su coche, mientras que yo iba con Billy en el mío.
Todo el recorrido hasta la Push, lo hice intentando controlar el temblor de mis piernas, ya que no quería tener un accidente. Ya bastante complicadas estaban las cosas de por si.
Antes de llegar, mantuve una ligera pero a su vez, intensa conversación con Billy.
- Hay algo de lo que deba estar enterada? - lo miré de soslayo, matizando con mis ojos, lo que mis palabras escondían.
- No… no se han casado aún. - me miró tanteando si podía seguir o no. Siguió - Ella está estudiando en Seattle, en la universidad y Jake hace algo más de un año que ha puesto el taller mecánico en el pueblo. En cuanto ella finalice sus estudios, lo harán. - Billy bajó la cabeza; parecía como si se sintiera mal por esos planes… por los que en su día, fueron nuestros planes. Eso era exactamente lo que hubiéramos hecho Jake y yo; así que ahora ya estaríamos casados. - Bella… esos… esos eran vuestros planes. Comprendo que te sientas mal… - lo interrumpí; no era justo ni apropiado que Billy se sintiera desdichado por eso.
- Billy… no quiero que te sientas mal. Sí, en verdad eran nuestros planes… pero realmente, esos eran los planes que tenía Jacob; fuera conmigo, con esa chica o con cualquier otra. - le dije mostrándole una tímida sonrisa sincera. - No te engañaré, me costó mucho superar la ruptura… ya que fue algo… abrupta - suspiré - pero ahora estoy bien. Y si te soy sincera… después de estos años, tengo mis dudas sobre si Jake y yo hubiéramos continuado con nuestra relación… He descubierto cosas en la universidad que creía que no necesitaba, pero… parece ser que sí. - Billy asintió.
Él siempre había sido un hombre muy perspicaz y observador. Recuerdo que él fue el primero que supo que entre Jake y yo, existía algo más que una simple amistad.
- Bella… Nessy, no está. Solo viene los fines de semana. Así que tendrás unos días para aclimatarte sin tener que tenerla por aquí; ya que eso, te lo dificultaría aun más. - hizo rodar los ojos - ella es una persona muy cariñosa; coge confianza enseguida con la gente y sabiendo como eres tú de extrovertida… vería en ti una nueva amiga, sin a lo mejor entender que tú prefieres marcar las distancias. - me miró con una ligera sonrisa. - Si no fuera por lo que pasó, llegaríais a ser grandes amigas, te lo aseguro.
- Parece una gran chica. Me alegro por Jake y por ti, Billy. - le dije sinceramente.
- Sí… sí, lo es. Pero tú siempre fuiste especial. Tú siempre tendrás un lugar privilegiado en mí corazón, Bella. Y te puedo asegurar que en el de Jacob también. - Esta vez no me miraba, sino que mantenía la vista fija en algún punto del horizonte. - Él jamás te ha olvidado, te sigue queriendo… y mucho, pero la quiere a ella más. Lo justo y necesario más, para haberla elegido a ella. Aunque no se arrepiente de su elección, sé que a veces, aún se imagina como hubiera sido vuestra vida juntos. Recuerda vuestro aniversario, tú cumpleaños… todo. Tiene todas tus cosas guardadas y sé que las mira a menudo. - ahora sí se giró y me miró fijamente. - No quiero hacerte sentir mal diciéndote esto, y sé que hoy es un día terrible para ti, pero me harías muy feliz si no fueras demasiado dura con él. - sus ojos mostraban las súplicas de sus palabras.
- Billy… yo… - no sabía ni que decir… es verdad que no tenía intención de mostrarme demasiado cordial con él, pero de ahí a que Billy me dijera eso… - qué habrá notado en mí, para pedirme tal cosa? - Claro Billy, tranquilo. Pero no pienses que voy a actuar como si nada hubiera pasado… cómo si fuéramos los antiguos amigos que un día fuimos… no me lo pidas porque no puedo.
- Claro… no te pido eso. Simplemente que…
- No seré grosera con él. Sacaré a relucir mi buena educación, pero nada más. No habrá más… No puedo darle más…
Y era verdad, aunque lo tenía superado, el estar tan cerca… el casi, poder sentirlo ya, me hacía empezar a dudar sobre lo tan superado que creía tenerlo.
Llegamos junto a la casita de Billy y estacioné el coche a un lado. Donde solía hacerlo antes. Fue un acto reflejo. Billy me sonrió al darse cuenta de mí cara, la cual mostraba una sonrisa melancólica.
Harry, que ya había aparcado, vino a ayudar a Billy a bajar.
- Hacía las 5 vendremos a buscaros para ir al hospital, de acuerdo? - Nos dijo Harry, a lo que yo asentí.
Mientras Harry se despedía de Billy, yo me fui a la parte trasera del coche para sacar mi maleta; entonces, el ser al que más temía ver, hizo acto de presencia, no percatándose de mí en un primer momento.
- Papá! Ya habéis llegado? Y Bella? Cómo está Bella? - dijo acelerado.
- Pregúntaselo tú mismo… la tienes ahí. - le contestó Billy haciendo un gesto con la cabeza hacía mi posición sonriendo con cierta malicia.
En ese momento, nuestras miradas se encontraron.
De sus profundos y oscuros ojos, salían chispas de emoción, mientras que una sincera y hermosa sonrisa, se adueñaba de su rostro.
Estaba igual que siempre. Su cara a penas había cambiado nada; seguía teniendo ese rostro duro, anguloso y varonil de siempre.
Llevaba una camiseta que se pegaba a su cuerpo, el cual seguía igual de musculoso, acompañándolo de unos vaqueros desgastados, marcando sus piernas. El cuerpo que una vez fue mío, seguía estando igual de atractivo e irresistible que siempre.
- Bella… - murmuro.
Notaba como su respiración estaba agitada debido al movimiento de su pecho.
Yo estaba igual o peor que él, ya que mi respiración y mi pulso estaban totalmente descontrolados por los nervios del reencuentro; aunque él tuvo más rapidez de reacción, acercándose hacía mí de forma lenta y cautelosa. Midiendo mi reacción ante cada paso.
Yo no era capaz a mover ni un solo dedo ya que me había quedado completamente estática al verlo. Pero sí notaba como una muy tímida sonrisa estaba en mí cara, dándole seguridad para que siguiera acercándose; y así lo hizo, hasta quedar a dos pasos de mí.
- Bella… estás muy her… cambiada. - sabía que esa no era la palabra que iba a decir, pero no parecía muy apropiado… aunque tampoco era algo realmente malo decir que tu ex estaba "hermosa".
- Bueno… un poco… es el pelo lo que hace distinto; me lo he dejado crecer… - cogí un mechón de mi cabello estirándolo. En todo momento, huí de fijar mi mirada en sus ojos.
El cambio más llamativo en mí, era el pelo; de llevar un melenita por los hombros, había pasado a que me llegara a mitad de la espalda. En estos más de tres años, no me lo había cortado; aunque seguía tan negro y brillante. Ahora que estaba tan largo, unos bonitos tirabuzones adornaban las puntas de mi melena. El color oscuro de mi cabello hacía un perfecto contraste con mis ojos grises y cristalinos, enmarcados en unas espesas e interminables pestañas negras. Y la cara se me había afilado ligeramente, realzando los pómulos.
Y mi cuerpo ya no era el de una jovencita de 18 años. Ahora mis curvas estaban más marcadas, más definidas… ahora ya no era una chiquilla guapa, sino una mujer atractiva.
No me gusta ser vanidosa, pero era verdad. Era una mujer que llamaba la atención. Muchos hombres me lo habían dicho en numerosas ocasiones y yo misma lo sabía.
- Sí… te queda bien… pero no es solo el pelo… es todo. - y cometí el error de alzar la mirada, encontrándome con sus profundos ojos negros, los cuales ya no brillaban… sino que lanzaban chispas; chispas de excitación. Y supongo que los míos, no se quedaban demasiado atrás. Podía notar un cosquilleo en el centro de mí sexo.
Bajé rápidamente la mirada, notando como mis mejillas se volvían completamente rojas.
- Sí, todos estamos de acuerdo en que Bella está preciosa. Aun más preciosa de lo que ya lo era. - comentó Billy sonriéndome - Anda, pasa. Seguro que tienes hambre y ganas de acostarte un rato.
- He dormido una pequeña sienta en el despacho del Dr. Cullen... y hambre… apenas… - cuando mencioné el nombre de mí amigo, Jacob se tensó en el acto, apretando sus manos en puños a sus costados.
Parecía que la aversión hacía el doctor, también afectaba a Jake. Aunque seguía sin comprender como una gente tan buena como la de la reserva, no veía lo tan agradable y gentil que era Carlisle.
Jake me cogió la maleta, rozando su mano caliente contra la mía, lo cual hizo que me estremeciera. En ese momento, un montón de imágenes se apoderaron de mí mente. Recordé las tantas y tantas veces que Jake y yo nos tocábamos, los roces de nuestras manos, en la cara, el cuerpo… nuestros momentos de intimidad… cómo me estremecía solo con el roce de sus manos en mi cuerpo… - Por favor Bella… para; no te tortures así - Pensé apretando los ojos fuertemente.
Entramos en casa y Jake ya tenía lista la comida. Pasta, mi plato favorito.
- Vaya Jake… has hecho la comida, qué bien hijo! - Lo felicitó Billy
- Sí bueno, he dejado a Quil en el taller y he salido antes. Ya lo he avisado de que hoy no volvería por la tarde; y mañana cerraremos para el funeral… - su cara se transformó en una de pánico - Dios Bella… no te he preguntado cómo estás? Cómo lo llevas? - él se acercó a mí como si tal cosa, y posó su mano en mí brazo. Ante su contacto, me retiré, intentando no ser brusca, pero el sentir su calor en mí piel, era algo para lo que no estaba preparada.
Él apartó su mano con suavidad, entendiendo mi gesto esquivo.
- Qué tal si comemos ya? - Billy había notado el momento un tanto incómodo que había surgido por el roce de Jake, así que con su habitual mano izquierda, suavizó el instante de tensión.
Nos sentamos a comer, quedándonos unos minutos en silencio. No era incómodo, pero se notaba que todos estábamos alerta ante la más mínima señal para comenzar a hablar.
- Cuéntanos algo de ti, hija. - Billy fue el primero. Por su propia curiosidad y sobre todo, por la de Jake, que estaba tenso y erguido como un palo, sin atreverse a decirme nada.
- Bueno… no hay mucho que contar, la verdad. Fui a la universidad, me licencié en Enfermería, especializándome en urgencias y… ya. No hay más. - hice un escueto resumen de mi vida, pero qué quería que dijera… - Me llevó casi dos años el superar que me rompieras el corazón? Y que ahora en tan solo unos minutos, todos los recuerdos están golpeándome de una manera bestial? No, no creo que fuera adecuado decir nada de eso. -
- Vaya… qué breve! Pues en tres años, habrás hecho algo más, no? - me contestó Billy sonriendo con afligimiento. Jake se limitaba a observarme a hurtadillas, sin atreverse a decir nada.
- Si, claro… he estudiado mucho, he hecho nuevas amistades… también me he divertido bastante. La vida universitaria es muy interesante y animada. Me ha gustado ir, la verdad y ahora que ha terminado, me da pena. También he aprendido a tocar el piano, aunque solo un poquito y a montar a caballo; no se me da mal del todo. Mi profesor de equitación me dice que tengo mano izquierda con los animales. - de mi cara asomó por fin, una sonrisa más sincera, más auténtica.
- Vaya… piano, caballos! Al final si que has hecho cosas en este tiempo. Me alegro de te hayas divertido. - Billy sonreía, mientras que Jake no dejaba de mirarme a hurtadillas.
Después de unos instantes, Billy me hizo la gran pregunta:
- Bella… puedo preguntarte de qué conoces al Dr. Cullen? - Billy se mostró sumamente cauteloso al preguntarme.
- Claro; él fue mi tutor en las prácticas y en cierta manera, gracias a él, pude quedarme de interina los tres meses de verano. Eso me ayudará muchísimo a la hora de conseguir trabajo. - respondí tranquilamente, aunque en mi voz, se veía reflejado el cariño y la gratitud que profesaba por Carlisle.
Jake se mostraba tenso, con la mirada divagante cargada de rabia. Por lo que preferí no indagar sobre su aversión hacía él.
Volvimos a sumirnos en el silencio; pero esta vez, era algo más cómodo. Hasta que Jake pronunció la pregunta menos oportuna… aunque seguramente, la que más le torturaba.
- Dices que has hecho nuevas amistades… alguna más especial que otra? - yo lo miré con los ojos abiertos como platos ante la sorpresa de su pregunta. Él no me miró directamente, pero por el rabillo del ojo, sabía que había visto mi expresión de sorpresa. - Me refiero a si tienes pareja. - comentó, intentando ser más explícito.
- Sé a lo que te refieres, y la verdad… no sé por qué debería interesarte ese detalle. No creo que yo te haya preguntado a ti por la tuya, o me equivoco? Tal vez lo he hecho y no me he enterado; corrígeme si estoy confundida. - se lo solté con un sarcasmo envenenado.
Ni Jacob ni Billy contestaron nada. Yo, mordiéndome el labio inferior, inhalé repetidamente oxigeno, buscando la manera de tranquilizarme. No quería perder los papeles y pero notaba que estaba empezando a alterarme en exceso.
- Sí me disculpáis, quisiera asearme un poco. - ya lo había hecho en el baño del despacho de Carlisle, pero ellos no lo sabían y yo necesitaba salir de aquel cuarto cuanto antes.
- Claro. He llevado tu maleta a mí habitación. Tú dormirás allí, estarás más cómoda… por qué supongo que te quedarás aquí, verdad? - yo asentí sin ni siquiera mirarlo.
Nos levantamos y fuimos a su habitación. Yo ya me sabía el camino, claro está, pero él haciendo gala de buena educación, me acompañó hasta la puerta.
Una vez sola, me senté en la cama, dejándome caer, vencida y derrotada; acariciando la misma colcha donde hacía ahora ya tanto tiempo, nos habíamos entregado el uno al otro en tan numerosas ocasiones. Al cabo de unos minutos, levanté la vista y observé el cuarto de Jake.
Había cambiado, pero no demasiado; el mobiliario seguía siendo el mismo. Solo algunas cosas de la decoración.
Aunque donde pude ver el cambio, era en las fotos que descansaban en el mural… Antes, eran todas mías, ahora, todas eran de ella.
Me levanté y las miré… una a una, detenidamente.
La chica, Nessy, era muy bonita. De piel morena, aunque no tanto como Jake; con los ojos y el pelo oscuros; unas fracciones que endulzaban su cara y un cuerpo bonito… - Yo soy mil veces más bonita y atractiva… - pensé con malicia.
Seguí contemplando las fotos y cual fue mi sorpresa, que entre todas, había una que destacaba por sus miembros… o mejor dicho, por uno de ellos. Era yo!
Era una foto de grupo, con todos los chicos. Recordaba aquella foto, yo tenía una copia de ella. No sé que tenía, que la hacía especial… seguramente sería que fue la última que nos sacamos todos juntos, antes de aquellos días en que Jake estuvo tan raro y distante. Cuando todo estaba en orden, cuando todo era felicidad y amor entre nosotros.
La cogí, soltándola del mural, pero al darle la vuelta, comprobé que detrás de esa, había otra foto. La separé con cuidado, por si estaba pegada… pero no. Se notaba que hacía muy poco que alguien la había estado mirando.
Éramos Jake y yo; solos. También recordaba perfectamente esa foto; llevábamos unos pocos meses saliendo. Estábamos en la playa, con el mar de fondo. Jake estaba sentado en la arena y yo entre sus piernas; él pasaba sus brazos por mi cuerpo, abrazándome mientras yo posaba mis manos en sus brazos. Estaba ligeramente entornada hacía un lado, y nuestras caras estaban juntas, unidas por las mejillas.
A través del pedazo de papel, se podía deducir claramente, lo enamorados que estábamos. Éramos la viva imagen de la felicidad plena y absoluta.
Sin poder ni querer evitarlo, unas silenciosas lágrimas, corrieron por mis mejillas encendidas. Pasé la yema de mi dedo índice por nuestras caras en la foto volviendo a dejarla en su sitio.
Entonces, unos brazos me rodearon, girándome y abrazándome; pegándome a su pecho ardiente, el cual subía y bajaba con rapidez.
Después de unos segundos así, pasé mis brazos por su cintura hasta su espalda, apretando más el abrazo. Entonces, Jake empezó a acariciarme la espalda. Pero no eran caricias de consuelo, eran caricias de índole más sensual, más provocativas. Mi organismo empezó a reaccionar peligrosamente ante esas caricias, que a simple vista parecían de lo más inofensivas.
Pero nosotros nos conocíamos; sabíamos perfectamente como eran cada uno de nuestros roces, lo que significaban… y aquellos transmitían deseo por doquier. Pero ahora ya no éramos unos adolescentes, éramos adultos; con más experiencia, con más picardía y eso, hacían a esas caricias ser más peligrosas.
Me separé bruscamente de Jacob. De mi boca no salían las palabras; estaba demasiado concentrada en respirar, como para intentar hablar. Además… qué se suponía que iba a decir?
- Bella… - susurró. Su voz estaba cargada de deseo. Lo sabía, reconocía su tono de voz. Suave, bajo y ligeramente ronco. - Yo… yo sigo… - sabía lo que iba a decir y no me podía permitir escucharlo. No, no porque me lanzaría a por él y acabaríamos en la cama… Lo sabía.
Salí de su habitación como alma que lleva el diablo. Billy estaba en el sofá, medio dormitando.
- Bella… - dijo con la voz algo pastosa debido al sueño en el que estaba cayendo.
- Voy… a dar un paseo, necesito… un poco de aire libre… no tardaré. - le dije de forma entrecortada, saliendo disparada por la puerta.
Una vez fuera de la casa, inhalé una gran bocanada de aire y miré hacía los lados, sopesando donde ir. Entonces vi mi salvación. El garaje; donde en su día, Jacob y yo, habíamos pasado varios de los mejores momentos juntos; tanto de amigos, como de pareja.
Salí disparada hacía allí. Mi cuerpo me pedía soltar la adrenalina adquirida en ese momento íntimo vivido con Jake en su habitación.
Cuando llegué, pude comprobar que de nada me había servido el ir corriendo.
Tenía el cuerpo ardiendo, la respiración agitada y el pulso descontrolado. Pero bien sabía que no era a causa de la carrera… sino que eran efectos de la excitación.
La madurez y la experiencia en este campo, me habían brindado el estar más abierta a ello. Ya no era aquella chica que cada vez que él la tocaba de forma algo íntima se sonrojaba y temblaba como una flor. Ahora era más experta, más madura y sobre todo, que conocía las reacciones de mí cuerpo.
Y el tener a Jake allí, delante de mí, abrazándome y acariciándome de aquella manera… Fue inaguantable, insufrible… después de haberlo saboreado, hacía ya tanto tiempo.
- Bella… - cerré fuertemente mis ojos tragando saliva con dificultad. Debía haber supuesto que me seguiría… pero… - quería tentar al demonio? quería probar una suerte que casi de mano sabía que no tendría? - Bella… mit Qahla… - al oír esas dos palabras… un estremecimiento me cruzó de pies a cabeza. Así es como me llamaba en nuestros momentos de intimidad… mi sol, en lengua Quileute. Él me miraba con intensidad, clavando sus ojos negros en los míos.
Me di la vuelta para salir de allí. Pero él estaba justo detrás de mí, bloqueándome la salida.
Cogió mi mano entre las suyas, haciéndome parar.
- Bella… - empecé a mover la cabeza, negando - Dime solamente, por qué te has ido de la habitación?
- Qué quieres que te responda? - lo encaré, con las mejillas encendidas y los ojos vidriosos a causa de las lágrimas.
- La verdad. Por qué te fuiste de la habitación de esa forma? - Me lo preguntó separando las palabras, de forma clara y concisa. Pero los movimientos agitados de su pecho, lo delataban. Estaba nervioso, muy nervioso.
- Quieres que te diga que me fui porque tenía miedo a lo que vendría? A qué estaba empezando a dejarme llevar? A que no puedo mirarte sin desear tenerte entre mis brazos? Eso es lo que quieres que te diga? - le grité.
- Sí es la verdad, sí. - me miraba serio, con la mandíbula apretada y con sus ojos cargados de intensidad y deseo… demasiado deseo.
- Es la verdad… claro que es la verdad…
Pero no me dejó acabar la frase, ya que en ese momento, sus labios callaron a los míos.
Uyyyy como se está poniendo el temita... jajaja!
Estos dos, no han pasado más que un par de horas juntos y mira lo que pasa... Será solo un beso, o habrá algo más?
En el próximo capi lo sabréis... Prometo no tardar!
Besotesssss!
