CAPITULO 7 Edward


Cuando llegamos, Billy estaba dormido en el sofá. Por lo menos, no se había enterado de nada.

Yo me fui a duchar, mientras Jake, me preparaba una tostada con jamón, ya que no había probado a penas bocado en la comida.

Una vez lista, Jake se duchó y cambió de ropa. Ya se había encargado de despertar a Billy, el cual me miraba cauteloso.

- Bella… estás bien? Sabes que nos tienes a todos para apoyarte. No quiero que te sientas sola; ni ahora ni en ningún momento, de acuerdo? Todo el mundo aquí te quiere y lo sabes - me dijo con una sincera pero tímida sonrisa.

- Billy… gracias… pero creo que yo también debería consolarte a ti. Has perdido a tu mejor amigo y sé lo que eso puede doler - claro que lo sabía; Cuando Jake y yo rompimos, no solo perdí a mi amor, sino a mi mejor amigo, siendo como si hubiera muerto.

- Oh… Bella… siempre has sido tan considerada, tan desinteresada… - dijo con aflicción - Deberías plantearte el quedarte aquí una temporada - yo comencé a menear la cabeza en señal de negación - Tú… piénsalo. No tienes porqué irte. Este es tu hogar. Dónde vas a estar mejor que aquí?

Realmente sus palabras llevaban mucha verdad. Este era mi hogar. Siempre me había encantado estar aquí; me sentía a gusto, en casa… Y ahora, no tenía donde ir y aquí tenía casa, amigos… tenía a Carlisle… pero estaba Jake… Cómo podría el llevar viéndolo con su futura esposa?

Harry nos recogió como había dicho al llegar y nos dirigimos hacía el hospital, donde estaba instalada la capilla ardiente por mi padre.

Jake y yo fuimos juntos en el coche, pero no mencionamos nada de lo ocurrido en su garaje.

- Si quieres, puedo llevar tu coche a Port Ángeles. Seguramente te estarán cobrando un dineral por cada día de alquiler. - me dijo intentando sonar normal, casual. - Puedo ir con mi coche y volver juntos. Así te distraerías. Hoy y mañana van a ser dos días muy intensos.

Sí, claro que iban a ser intensos, pensé con picardía para mí misma. Por lo menos esta tarde lo había sido.

Cuando llegamos al hospital, por suerte, todavía no había llegado nadie del pueblo.

Una chica de administración, vino directa hacía mí, con un sobre en sus manos.

- Es usted Isabella Swan? - me pregunto no muy segura

- Sí, soy yo. Sucede algo? - le pregunté frunciendo los ojos, preocupada.

- El Dr. Cullen me ha dado esto para usted - me tendió el sobre que llevaba en una de sus manos.

- Gracias.

- No hay de qué. Para cualquier cosa, ya sabe… Hasta luego - me respondió muy atenta.

Me giré y abrí el sobre. Dentro había una notita de Carlisle.

Bella,

Siento no estar ahí para recibirte en persona, pero como imagino habrás comprobado esta mañana, la relación con la gente de la Push no es del todo amigable; así que para no tensar el ambiente, he preferido mandarte esta nota.

Estoy esperándote en administración. En la 5ª planta. Espero que no te conlleve ningún problema subir.

Un abrazo,

Carlisle.

- Chicos, si me disculpáis… He de subir a administración por unos documentos. Ahora mismo bajo, de acuerdo? - ellos asintieron no muy convencidos.

Subí, deseando encontrarme con mi buen amigo; el cual parecía tener un sexto sentido para notar los sentimientos de los demás. Parecía que oyera los distintos ritmos del corazón que una persona tiene en diferentes situaciones.

Me acerqué a un mostrador, donde una chica joven, pero unos cuantos años mayor que yo, estaba sentada, mirando algo por la pantalla del ordenador.

- Hola, disculpe. Pero creo que el Dr. Cullen me está esperando - la chica levanto su mirada y me hizo un reconocimiento completo, enarcando una ceja con cierta sospecha. Sopesando si decirme donde se encontraba el doctor, o no. Así que después de unos segundos, me presenté

- Ahh, sí. Es esa puerta de ahí. - me señaló una puerta a su derecha, casi sin levantar la cabeza del teclado.

Me giré y puse camino hacía la puerta mientras meneaba la cabeza por la poca atención y cordialidad de la chica.

Llamé a la puerta y una voz desde el interior me dio acceso.

- Pase - Aunque no me pareció la voz de Carlisle, ya que parecía más juvenil y dulce, no le preste demasiada importancia y entré.

Al entrar en ese despacho, un chico de pelo cobrizo estaba agachado en el suelo, abriendo un cajón.

- Perdón… estoy buscando al Dr. Cullen. - le dije suavemente.

- Sí, soy yo. - Eso me dejo trastocada, haciéndome pestañear varias veces seguidas.

- Pero… como que… - murmuré agachando los ojos.

Entonces él, levantó la cabeza y nuestras miradas se encontraron.

Era el hombre con el rostro más perfecto que había visto en mí vida. Tenía unos ojos dorados que te traspasaban y unos labios carnosos y sonrojados que pedían ser besados.

Dios… es el de la foto. Debe ser el hijo de Carlisle.

Esos pensamientos me alejaron de la realidad por unos segundos, dejándome completamente perdida en ellos, hasta que él frunció el ceño. Mostrando un gesto de disgusto.

- Querías algo? - me preguntó tuteándome; bueno, realmente él no podía ser mucho mayor que yo, mostrando desagrado en su voz.

- Bueno… yo, estaba buscando a… - las palabras casi no me salían de la garganta. No sabía si por la impresión de ese rostro perfectísimo, o por su mirada de disgusto y casi de hasta enfado.

Pero entonces, una voz que sí reconocí, hizo acto de presencia en el despacho.

- Bella… querida! - Carlisle vino hacía mí y me abrazo con fuerza. - Me alegro de que hayas podido subir. Espero que no te ocasionara demasiados problemas - me dijo con la mirada cargada de preocupación.

- Carlisle… Yo no tengo que darle explicaciones de lo que hago o dejo de hacer a nadie… ya sabes lo que opino yo de eso - le dije girando mi cabeza y mirándolo de lado con las cejas alzadas. Él sonrió, conocedor de lo poco gustosa que era yo para dar excesivas explicaciones.

- Claro… pero igualmente…

- No… tranquilo. No se me han echado al cuello ni nada por el estilo - le dije haciendo una broma, la cual para él, debía de llevar otro significado, ya que se tensó de inmediato, intentando disimular igual de rápido.

- Cómo estás Bella? Esto debe estar siendo durísimo para ti -su voz y su rostro eran la pena personificada.

- Si te soy sincera… estoy viviendo esto como en un mundo paralelo; como si no me afectara, como si casi no me importara… creo que estoy negándome a admitir la verdad - le contesté con toda sinceridad. - Estoy dejando a los acontecimientos llegar, sin pararme demasiado a pensar ni a reflexionar… - entonces giré la cabeza y volví a encontrarme con aquellos ojos dorados, penetrantes y curiosos; los cuales, no habían apartado su mirada fría y hostil.

- Oh… perdón, no os he presentado. Él es el Dr. Cullen, Edward, ella es Bella Swan - Carlisle nos presentó oficialmente. Yo le dediqué una tímida sonrisa, mientras que él, no apartaba su mirada penetrante de mí.

Entonces, la endulzó levemente, acercándose a mí. Alzó la mano, a la par que yo hacía lo mismo.

- Hola, soy Edward Cullen. Creo que al doctor Cullen que buscabas era a él, a mí padre. - Yo abrí los ojos, mordiéndome el labio, mientras alzaba la mano algo temerosa. Su rostro era inescrutable.

Él la recibió entre las suyas, estrechándomela a modo de saludo.

Su piel estaba fría, como la de Carlisle. Pero no me molestó, al igual que me pasaba con él. Aunque lo más sorprendente de todo, es que una especie de corriente eléctrica, me recorrió en un segundo todo el cuerpo ante su tacto. Fue una sensación inigualable; la cual me hizo soltar el aire de mis pulmones mientras me quedaba completamente estática, con mi mano entre la suya.

Aunque estaba sumida en mis propios pensamientos, embriagándome de ese maravilloso ser que tenía delante de mis ojos, pude distinguir como él me miraba tenso, con el aire retenido en su cuerpo. Su mirada se había endurecido aun más, pero había un trasfondo de curiosidad y… miedo?

Aunque estuviera ante el ser más atractivo y atrayente del mundo, una sensación de desasosiego se apoderó de mi corazón haciéndolo atronar bajo mi pecho. Su mirada me hacía tener escalofríos.

En ese momento, una voz que ya había oído con anterioridad, nos hizo soltarnos de la mano de forma brusca, dejándolas caer a los lados de nuestros respectivos cuerpos.

- Hola chicos… Vaya… por fin la pillamos a solas, jeje! - me giré y pude comprobar que era Alice; la secretaria de Carlisle.

- Aliceee… - la reprendió él por algo que a mí se me escapaba - sí… por fin. Ven que te la presente - Carlisle se acercó a mí y sujetándome por los hombros, me presentó. - Bella Swan, esta es Alice Cullen - Cullen? Así que era su otra hija. - Otra de mis hijas.

En los meses que estuvimos juntos en New Hampshire no había sabido prácticamente nada de su familia y ahora en menos de cinco minutos, había conocido a dos de sus hijos.

- Hola Bella… soy Alice. Aunque bueno, ya nos conocemos, verdad? - me dijo sonriendo con ganas.

Ahora que la podía ver bien, con detenimiento, me percaté de lo hermoso de su rostro. Sus fracciones delicadas y delineadas, con unos ojos dorados, brillantes de felicidad encubiertos por unas espesas pestañas negras y todo ello, enmarcado por un sedoso y perfectamente peinado cabello negro. Era realmente preciosa.

- Hola, soy Bella. Es un placer - extendí mi mano a lo que ella me devolvió el gesto sin dudar.

Y otra vez su tacto era frío, igual que el de ellos. Para no ser familia biológica, tenían ciertos rasgos que los hacían parecerse demasiado. Era muy extraño.

- Siento mucho lo de tu padre, Bella. Sí necesitas algo, bueno… mi padre ya te habrá dicho que puedes contar con nosotros para lo que necesites - su rostro se volvió abatido, sonriendo con cierta tristeza.

- Gracias, eres muy amable - le respondí con una sonrisa apenada.

- Ven, vamos a otro despacho, aquí tenemos público en exceso - me volvió a coger por los hombros llevándome hasta la puerta, mientras miraba sonriente hacía su hija.

Nos metimos en otra sala un par de puertas más allá. Era una sala para conferencias. Nos sentamos uno al lado del otro y comenzó a preguntarme, otra vez, como me encontraba.

Le volví a decir exactamente lo mismo, ya que era como me sentía realmente.

- Y qué piensas hacer después? Vas a volver a New Hampshire y agotar el tiempo que te queda de uso y disfrute de tú habitación?

- Pues la verdad es que no lo sé. Aunque tengo que volver de todos modos, ya que solo me he traído lo justo para tirar unos días… Pero bueno, mi tiempo allí, ha llegado a su fin. No pueden volver a contratarme, ya que hay más alumnos esperando y en menos de un mes tengo que dejar la habitación, así que… la verdad… no lo sé… estoy completamente perdida Carlisle. No sé que hacer con mi vida ahora… tanto estudiar, tanto aplicarme… y ahora… - noté como un nudo crecía en mi garganta impidiéndome continuar hablando. Entonces, unas lágrimas traicioneras, resbalaron por mis mejillas.

- Oh… Bella, cielo… no llores. Es normal que ahora te sientas así. Pero pasados unos días, empezaras a ver las cosas con más claridad, ya verás. Y como te ha dicho Alice, nos tienes aquí para ayudarte en lo que necesites. Sabes que me tienes aquí para lo que sea.

- Vamos…! - me levanté de manera brusca de la silla, alzando la voz - tú tienes tu familia, la cual si no fuera por casualidad no me hubieras ni presentado. Es muy leal por tu parte que la mantengas alejada de tu vida laboral, pero pensé… creí, que yo era algo más para ti que una simple compañera… que una simple alumna. - él me miraba con dolor en los ojos - Por eso no me gusta intimar con la gente… porque llegas a descubrir su lado oscuro, su lado egoísta…

Carlisle se levantó de la silla, agarrándome por los hombros.

- Bella… Es verdad que te he tenido completamente alejada de mí familia. Tú te abriste a mí, aun resultando arduo para ti… y cómo he respondido yo a tu confianza? Pero ahora estás aquí, todo será distinto… - movió la cabeza como intentando sacarse algo de ella y volvió a depositar su mirada sobre mis ojos llorosos - Mi familia es muy cerrada para la gente nueva, solo es eso… pero tú… tú has hecho mella en mi, Bella. Eres como una hija para mí… Ellos te admitirán una vez te hayan conocido. Ya has visto la reacción de Alice - dijo él sonriendo con ilusión.

- Sí… también he visto la reacción de él y no ha sido muy cordial, por decirlo de alguna manera - le contesté frunciendo los labios y alzando las cejas - por un momento pensé que iba a comerme.

- Bueno… Edward junto a Rosalie, mi otra hija, son los más cerrados ante la gente de fuera de nuestro entorno. Pero… él es muy buena persona, ya lo irás descubriendo… - no lo dejé acabar.

- No, no Carlisle. No me quedaré para descubrir nada. En cuanto todo esto acabe me iré para no volver nunca más. Te tengo demasiado cariño para ponerte en una situación difícil con tu familia y por supuesto, no te haré elegir - agaché la cabeza hacía el suelo; ver su mirada suplicante me hacía daño… mucho daño - Ahora tengo que bajar. La gente está por llegar y… bueno… ya nos veremos antes de mi marcha.

Sin más, le quité suavemente las manos que aun descansaban en mis hombros y me fui.

Cuando llegaba al ascensor, Alice me interceptó.

- Bella… espera - me dijo acercándose despacio, con la mirada cautelosa.

- Qué Alice…? Vuelve con tu familia… no quiero ser una molestia ni una carga para nadie. Llevo demasiado tiempo valiéndome sola, como para necesitar de nadie ahora - la miré descargando en ella toda mi rabia, hasta que nuestros ojos se encontraron y no pude seguir hablando. Su mirada era tierna, compasiva, afectuosa.

- Bella… Ese es el problema… que llevas demasiado tiempo sola - arrugué el entrecejo, mostrando sorpresa de que ella fuera conocedora de algo sobre mí - Nuestro padre nos ha hablado varias veces sobre ti - parecía que hubiera entendido mi mirada confusa y quisiera explicarse - Aunque solo hablara contigo por teléfono, todos sabíamos de tu existencia. Siempre nos dijo, que en algún momento os volveríais a encontrar y que te presentaría a toda la familia.

- Quéee? - ahora mis palabras de reproche, resonaban en mí cabeza taladrándome por el arrepentimiento de haber tratado así a Carlisle. El ser más noble, gentil y bueno que hubiera llegado a conocer.

- Sí, Bella. Todos sabíamos de ti. Él no te ha tenido tan escondida como tú imaginas. Simplemente que con algunos de mis hermanos, es difícil entrar a alguien nuevo. Son muy recelosos con la familia y su seguridad y privacidad. Solo es eso - ella sonreía con cierta pesadumbre.

- Ya… pero yo… yo no quiero, no puedo poner a tu padre en tal tesitura con vuestra familia… Y deja de mirarme así, Alice. Soy muy terca… no me harás cambiar de opinión por que me mires con esos ojitos - realmente, no era que no me pudiera convencer, sino que estaba sintiendo como sí lo estaba haciendo poco a poco. Su mirada era extrañamente influyente en mí y eso me ponía demasiado nerviosa.

- Bella… deberías venir a casa. Todos estamos deseando conocerte -sus palabras hacían mella en mí. Notaba como mi convencimiento de alejarme, se venía a pique por segundos.

Entonces, una voz dulce y aterciopelada, pero a su vez, dura y profunda, habló, interrumpiéndonos de forma algo tosca.

- Alice! - la llamó alzando la voz - deja a esa chica en paz. Tiene asuntos que tratar. Que vuelva a sus obligaciones - me giré y vi como Edward, el hijo de Carlisle, me miraba destilando rabia y rencor por sus ojos, clavados fijamente en los míos.

Pero… esa chica… Cómo que esa? Tengo nombre… y él lo sabe. Y… qué vuelva a sus obligaciones? Pero que se habrá creído el estúpido y arrogante ese para dirigirse a mí de esa manera… y para hablarle así a su dulce y encantadora hermana.

- Oye… controla tus modales… parece que la carrera no te ha enseñado a como comportarte delante de dos chicas y a interrumpirlas en una conversación… privada! - le dije lanzándole chispazos de rabia por los ojos, directos a los suyos; los cuales no me habían perdido de vista en un solo instante.

- Pero… qué te has creído tú para hablarme así? - me contestó visiblemente molesto porque le hubiera contestado.

- Pues parece ser que me creo lo mismo que tú; ya que lo has hecho primero. Aunque ya que yo parece ser, que tengo más modales y educación que tú mismo, que eres médico, voy a dar esta conversación por zanjada. - En ese mismo momento, el ascensor se abrió en nuestra planta, dándome el acceso a una huida limpia y orgullosa.

Me metí en el ascensor y pulse el subterráneo 1. Allí es donde estaba la capilla ardiente. Donde me esperaba mi pesadilla.

Al llegar, los chicos de la Push, me miraron con alivio. Mostrándome una cordial y cariñosa sonrisa.

- Bella… ya estaba empezando a ponerme nervioso por tu tardanza. - me dijo Jake acariciándome un brazo. Yo ante su contacto, me ladee levemente. No podía soportar su cercanía… ya que imágenes de lo más nítidas de lo sucedido en su garaje hacía ni dos horas, me llegaban a mi cerebro pegándose allí igual que una ventosa.

- Ya estoy aquí. Ha llegado alguien ya? - ellos negaron con la cabeza - bueno, pues entonces entremos. Quiero hacer esto bien, por papá… no es muy correcto estar fuera del velatorio, dejando a tu difunto solo - cogí aire por la boca, aguantándolo en los pulmones, hasta que lo expulse todo de golpe. - Entremos.

Era una sala parecida a una iglesia. La caja estaba en el fondo, rodeada de coronas y ramos y enfrente de ella, había bancos para sentarse. A un extremo, había un confesionario; imagino por si a alguien le apetecía desahogarse en un momento determinado con el párroco.

Nos sentamos en el banco más próximo a la caja. Al cabo de un rato, sin haber abierto ninguno la boca, me levanté y miré las coronas y ramos que allí descansaban. Todos traían su típica cinta malva con el nombre de quien iba enviada.

Una de las coronas, la más preciosa y llamativa de todas, atrajo mi atención rápidamente.

Cuando leí de quien venía dirigida, un nudo se apoderó de mi garganta, teniendo que hacer grandísimos esfuerzos por no llorar.

"Familia Cullen"

Cómo podía haber sido tan desconsiderada? Cómo había hablado así al que había sido mi protector estos últimos meses?… Incluso en la lejanía, podía sentir como él velaba por mí…

En cuanto tuviera la más mínima oportunidad, me disculparía con Carlisle… y con su hija.

Al poco tiempo, la gente empezó a llegar. El momento que más temía. Lágrimas, unas más sinceras que otras, sollozos, y palabras llenas de amor y cariño para mí padre y para mí.

Eso era algo que me molestaba sumamente… Por qué la gente dice cosas buenas del muerto? Díselas a él en vida… que las pueda oír y agradecértelas. No esperes a decirle a alguien algo… por qué puede que esa espera sea eterna… puede que esa persona no pueda llegar a oír eso de tus labios; esas palabras que a lo mejor estaba deseando oírte pronunciar y que nunca llegaron…

Entonces, una bombillita se encendió en mí cabeza. No iba a esperar a tener oportunidad de hablar con Carlisle… yo misma iba a crear esa oportunidad… e iba a ser ahora!

Me acerqué a Jake, y con aire apesadumbrado le hablé. Sabía que eso le afectaría; aun lo conocía bien.

- Jake… tengo que ir al lavabo. Necesito unos minutos a solas. Esto me está superando. No tardaré… coméntaselo a tu padre y a Harry, de acuerdo?

- Bella… cielo… quieres que te acompañe? Quieres que nos vayamos solos a algún lado para que tomes un poco de aire fresco - por un momento, un sentimiento de remordimientos y culpa se apoderaron de mí. Él había tragado hasta el fondo… mi plan había salido genial, pero ahora me sentía mal, porque él se sentía mal por mi… Fantástico!

- No Jake… en serio, gracias. Pero necesito un momento a solas. De verdad, no tardo. - no esperé a que volviera a hablar y acabar de doblegar mi voluntad.

Una vez que la doble puerta de la sala de velatorios estuvo cerrada a mis espaldas, salí corriendo rumbo al ascensor.

La subida hasta la 5ª planta se me hizo eterna. Parecía que el ascensor estuviera confabulado en mi contra, queriendo hacer que perdiera los papeles y la emprendiera a patadas contra él.

Por fin, las puertas correderas se abrieron y volví a estar enfrente del escritorio de aquella señorita tan poco amable.

- Hola, disculpe, el Dr. Cullen sigue dentro? - ella levantó levemente la cabeza, escrutándome - Soy Bella Swan… estuve aquí hace una hora, aproximadamente - En ese momento no recordé que había dos doctores Cullen.

- Ahh… Sí, él sigue ahí dentro. Puedes pasar, está solo - dicho eso, volvió a posar su mirada en la pantalla del ordenador.

En dos zancadas, estaba enfrente a su puerta, y sin pararme a llamar, la abrí de un tirón empezando a hablar sin tan siquiera comprobar que era él el que estaba allí.

- Oh… Carlisle, yo… siento cómo me he portado, he sido… - En ese momento, mis ojos y mi boca se abrieron hasta alcanzar límites insospechados debido a la grandísima sorpresa. El que estaba allí, ahora de pie, no era Carlisle, sino su hijo… Edward.

- Vaya… parece que te vuelves a equivocar de Dr. Cullen. Eres siempre así de despistada, o es que lo haces apropósito? - me dijo con un tono cargado de burla. Pero sus ojos seguían mirándome con la misma hostilidad que antes. Qué le había hecho yo a ese tipo para que me mirara de esa forma?

- Cómo dices? Apropósito para qué? Para verte a ti? Estarás mal de la azotea para pensar eso, guapito! - le dije con todo mi sarcasmo - Quiero ver a tu padre. Está él por aquí? - y alcé mi cabeza con mucho orgullo.

- Vaya… así que salió contestona la niñata - me respondió con más burla.

Pero el problema no fue ese, sino que él se iba acercando poco a poco a mí. Con un aire excesivamente seductor. Un aura de erotismo, de atracción irrefrenable lo envolvía. Pero eso no era lo que me asustaba… ya que aunque las piernas me temblaban solo de sentir esa atracción fuera de lo inexplicable, podía hacerle frente… lo que me atemorizaba, era sentir esos fríos y duros ojos recorrerme. Como si fuera una exquisitez culinaria, una delicatessen para él… Qué razón llevaba por aquel entonces con mis pensamientos furtivos y alocados.

Notaba como mi pulso se disparaba en mis venas… más por el miedo que me daba, que por su aire seductor y carismático.

Cuando estaba solo a dos pasos de tocarme, ya que vi a la legua que esa era su intención, di un paso hacía atrás, contrayéndome; intentando protegerme de él. De su roce.

- Apártate de mí. No me toques - le dije jadeando. No sabía explicarlo, pero estaba completamente asustada ante su cercanía. Era como un instinto de supervivencia que me lo gritaba inconscientemente en la cabeza.

- Edward… sepárate - la voz dura de Carlisle, me hizo descontraer los músculos, saltando a sus brazos, los cuales abrió para recibirme.

- Vamos… qué pensabas que iba a hacerle? - le dijo él con tono ofendido y en cierto grado burlón.

Noté como Carlisle alzaba la cabeza hacía su hijo.

- Vamos Bella, salgamos de aquí.

Nos volvimos a meter en la sala de conferencias. En cuanto sentí la puerta cerrarse a nuestras espaldas, me separé de él, encarándolo.

- Carlisle, siento muchísimo lo que te dije antes. No tenía ningún derecho a portarme así contigo. Siempre has sido sumamente bueno y comprensivo conmigo y yo te lo pago así… portándome como una niña malcriada… de verdad que lo siento. - Mis ojos resquemaban por las lágrimas que pugnaban por salir - Eres… tú, tú te has convertido en alguien importante para mí y no quiero estropearlo. Ahora que te has abierto conmigo, no voy a echarme atrás por miedo, por cobardía… Eres como mi familia… como un padre. Te quiero y no voy a dejar que te deshagas tan fácilmente de mí, me oyes? No te libraras de mí. - Unas profundas y sinceras lágrimas, descendieron por mis mejillas encendidas. Carlisle pasó sus pulgares por ellas, limpiándomelas.

- Oh… mi dulce Bella… Yo también te quiero hija… Eres tan dulce, tan gentil y ahora puedo comprobar que mi teoría de que eres cariñosa, era acertada. Me alegro de que hayas cambiado de opinión. Eso significa que te quedarás aquí? Te quedarás conmigo? - sus ojos eran cristalinos… puros y sinceros.

- No lo sé… Es más complicado de lo que parece - ahora sería el momento de hablarle de Jacob, pero no tenía tiempo. Su mirada se volvió triste - Lo pensaré, de acuerdo. Por unos días… pero no te prometo nada.

- Por ahora, eso me vale.

Nos fundimos en un abrazo cargado de sentimientos. Me aferré a él como si fuera mi único salva vidas en un naufragio… y en cierto modo, así era. Él posaba tiernas caricias por mi melena, susurrándome palabras tiernas.

- Estaré aquí para protegerte pequeña; no volverás a estar sola, jamás. Yo estaré aquí… y mí familia también.

Estuvimos así abrazados durante un tiempo indefinido, hasta que él me separó de él; despacio, con delicadeza.

- Bella… por qué has cambiado de opinión respecto a marcharte con tanta premura… y por qué esa prisa en decirme todo eso? - me dijo mirándome con gran amor… y cierta curiosidad.

- Estaba oyendo las palabras de pésame de toda esa gente… y pensé lo que siempre pienso en estas ocasiones… por qué no se dicen cuando aun están a tiempo? Por qué esperan a que sea demasiado tarde? Entonces decidí que tenía que decirte esto ya. No esperar a que algo pudiera separarnos… A que cualquier cosa pudiera pasarte antes de que yo te dijera esto. Esa idea me hizo estremecer. - le sujeté la cara entre mis manos temblorosas - Por favor, prométeme que te cuidaras; que tendrás cuidado siempre… ahora, no puedes dejarme… tú también no… TÚ no. - le dije clavándole mi mirada llorosa en sus dorados ojos. Una sonrisa cruzó sus labios.

- Claro que tendré cuidado… no tengas miedo Bella. Nada me sucederá, nada me separará de ti para que te cuide y te proteja. Es hora de empezar a cumplir mi promesa como Dios manda. - su voz sonó firme, al igual que su decisión.

Me di cuenta de que había pasado demasiado tiempo, así que me despedí de él más calmada y volví a bajar al velatorio. Había pasado más de media hora. No quería que los chicos de la Push sospecharan que había estado con el doctor. No tenía ganas de bronca con ellos.

Al llegar, un muy alterado Jake, vino hasta mí.

- Bella… por Dios… dónde te habías metido? - me preguntó sujetándome por los hombros.

- Tranquilo, salí un momento fuera… necesitaba aire, y luego fui al baño y perdí la noción del tiempo; siento haberte preocupado. - él sonrió, y pasó su mano ardiente por mi mejilla. Su tacto me hizo revivir nuestro momento de pasión, haciéndome cerrar los ojos fuertemente… aunque eso, acabo de empeorarlo, ya que así, las imágenes venían más fuertes, más nítidas.

Gente que había ido llegando en mi ausencia, vino a darme su pésame y otra vez, esas palabras tardías… Cómo si yo pudiera hacérselas llegar a mí padre de alguna manera. Cómo me fastidiaba!

La tarde, por fin pasó cuando apenas quedaba ya gente en la sala, la enorme puerta de madera, se abrió, dando paso a siete personas. Tres, ya las conocía, al resto, me imaginaba de sobra quién podían ser.

Siento la tardanza chicas, pero estos días han sido fiestas y e estado algo "liadilla", jaja!

Vaya comienzo estos dos... jaja! Y para rematar, Jake en discordia... Bufff... Esto se caldea por momentos.

Por qué tratará Edward a Bella así? Será que no le gusta? O que le gusta demasiado?

Un besote grandote para todassss!