Las primeras impresiones... siempre son las acertadas a largo tiempo?

CAPITULO 8


EDWARD PV

Por la tarde, estaba desesperado. Carlisle me había estado informado durante todo el día que Bella ya estaba en el hospital. Que se habían encontrado en la morgue, que había dormido en su despacho, que lo había oído discutir con los descendientes lobunos… todo. No se dejaba ningún detalle. Poniéndome a mí más nervioso aun.

Cuando estaba distraído con unos papeles, oí una voz desde fuera. Una voz que me resultaba familiar. Era dulce, aterciopelada; educada y fina… y sobretodo sensual.

- Hola, disculpe. Pero creo que el Dr. Cullen me está esperando.

Ella debió moverse y una esencia, la más atrayente que jamás había olido, me llegó impactándome de lleno en mis fosas nasales. Por un momento, la boca se me llenó de ponzoña. Tuve que sujetarme a la mesa y a la vez controlar la fuerza ejercida sobre ella para no hacerla pedazos.

Nunca en toda mi existencia había olido algo semejante.

- Soy Isabella Swan.

No… nooo… No podía ser ella. Esto lo complicaba todo. Si su olor me atraía de esa manera, como iba ni siquiera a poder estar cerca de ella y comportarme de forma natural? Esto era un castigo enviado directamente de Dios.

Unos tímidos golpes se escucharon en mí puerta. Le dí acceso, escondiendo mi cara, fingiendo buscar algo en los cajones de debajo de mi escritorio, acción que me dio tiempo para coger aire antes de que ella llenara la habitación con su aroma.

- Perdón… estoy buscando al Dr. Cullen - me dijo con voz dulce.

- Sí, soy yo - Eso la dejo trastocada, haciéndola pestañear varias veces seguidas y frunciendo el ceño.

- Pero… como que… - murmuró desconcertada.

Entonces, levanté la cabeza. Y nuestras miradas se encontraron por fin.

Si en la mente de mi padre, me parecía el ser más hermoso de este mundo, teniéndola allí, delante de mí, mirándome con sus ojos expectantes y curiosos, me parecía un ángel enviado del cielo.

Tenía el rostro angelical, unas proporciones y rasgos perfectos, enmarcado en una larga melena ondulada de color azabache que le llegaba a la mitad de la espalda. Sus ojos, una combinación entre azul claro y grisáceos, envueltos en unas espesas y largas pestañas negras. Su boca… labios carnosos, sonrojados y apetecibles… muy apetecibles. Demasiado.

Su cuerpo, era la mayor de las tentaciones. Sus curvas, perfectamente alineadas, la hacían parecer una Diosa griega. Sus caderas, curvadas y marcadas, sus pechos firmes y redondos, sus piernas largas y rectas… Edward, Edward céntrate.

Nuestro contacto visual no llegó a durar más de 15 segundos, pero me dio tiempo más que de sobra a darme cuenta de que Alice tenía razón… - Prepárate para conocerla en persona. –

En ese momento me di cuenta de que debía seguir con mi plan. Si ahora dudaba, si ahora me comportaba con delicadeza y dulzura con ella… sería mi perdición absoluta. Y de paso, la de ella también.

- Querías algo? - le pregunté con tono desagradable. Eso me dolía, pero debía ser así. Era lo mejor para ella.

- Bueno… yo, estaba buscando a… - las palabras se le atragantaban. Ella estaba confusa y disgustada con mi actitud. Incluso abochornada, haciéndole salir unos tentadores coloretes en las mejillas.

En ese momento, Carlisle apareció, haciendo que a ella se le iluminan los ojos al verlo.

Esa manera de mirar debería estar prohibida por ley. Estaba radiante, hermosísima… y su corazón brincaba de felicidad, haciendo que se me llenara la boca de ponzoña; otra vez.

Ellos se dieron un fuerte y amoroso abrazo. Lo que daría yo por ser Carlisle en esos momentos y tocar su cálido y perfecto cuerpo.

Hablaron durante unos instantes, hasta que la conversación se volvió algo más privada y ella miró hacía mí. Su mirada era cristalina… me daba a entender que no seguiría hablando mientras yo estuviera presente.

Carlisle nos presento de forma oficial. Ella, intentando ser cordial, me dedicó una tímida sonrisa, la cual me hizo sentir como si mi corazón trastabillara, aun siendo imposible tal cosa. Eso me hizo cambiar levemente la dureza de mí mirada, devolviéndole una sonrisa aún más ligera que la suya.

- Hola, soy Edward Cullen. Creo que al doctor Cullen que buscabas era a él, a mí padre. - ella se mordió el labio inferior. Aunque era un gesto sencillo, seguramente algo habitual en ella, me hizo estremecer.

Edward, sé un poco más cordial hijo. Ella está cohibida. Facilítaselo un poco, por favor La voz mental de mi padre me pilló por sorpresa, aunque no debería. Él estaba viendo la forma poco agradable con la que yo la miraba.

Entonces, alcé mi mano. Ella copio mi gesto dubitativa, pero los modales que estaba empezando a ver que tenía, más que de sobra, la hicieron devolverme el gesto.

Cuando nuestras pieles se encontraron, una especie de corriente recorrió mi cuerpo entero. Su tacto era cálido, suave. Eso me hizo pensar inconscientemente cómo sería el resto de su piel. Ante ese pensamiento y esa sensación recorriendo mi cuerpo, me tensé de inmediato. Notando como mi mirada se endurecía incluso más que antes. Ella meneó ligeramente la cabeza, dándome su olor de lleno. Contuve el aliento, ya que tuve miedo de hacer un mal gesto, sintiendo como mis ojos se oscurecían por la sed. Por el hambre de ella. Pero no puede apartar la mirada de su rostro, el cual empezaba a reflejar cierto miedo.

Lo que me faltaba… es perceptiva, e intuyo que también curiosa. Eso lo complicara todo aún más.

Entonces Alice, hizo acto de presencia, salvándome o mejor dicho, salvándola a ella de llegar a entrar en pánico por mi mirada amedentradora.

Carlisle y ella se metieron en un despacho, poco alejado del mío. No hizo falta mandar a Alice guardar silencio, ya que ella estaba tan interesada como yo en oír como hablaban ellos dos.

Y sí… tenían confianza. Se tenían cariño… mucho más que cariño.

- Alice… sabes de lo que me he dado cuenta? - ella me miró confusa, con una sonrisa maliciosa en la cara. Yo rodé los ojos, de forma cansada.

- Alice… no puedo leerle la mente - entonces ella se puso seria y mostró toda su atención a mis palabras.

- Queee? Estás seguro de eso?- Alice me miraba con los ojos abiertos como platos.

- Claro que estoy seguro… Es la primera persona que conozco a la que no puedo leerle los pensamientos. Estoy totalmente desconcertado - le dije frunciendo el ceño.

- Bueno… - ella cambió su mirada por una cargada de picardía - esto me da aun más la razón… - la miré extrañado agachando los ojos - sí Edward, no lo ves? Estáis predestinados… - dijo exaltante - sois tal para cual! - ella estaba radiante y yo completamente desconcertado. - Es el antídoto perfecto para tu don. - sonreía complacida por su propia deducción.

- Aliceee... en este caso no es ningún antídoto. Es una maldición. - resople - Es perceptiva, y me arriesgaría a decir que bastante curiosa. Es una complicación para todos nosotros. - Alice hizo un gesto con la mano, restándole importancia a tal descubrimiento.

Entonces fijamos nuestra atención otra vez en la conversación entre Bella y Carlisle, al alzar ella la voz mostrando disgusto, echándole en cara a Carlisle que la había mantenido alejada de su familia, cuando ella si se había abierto a él.

Carlisle hizo mención a que a ella le costaba intimar con la gente. Ante ese comentario, Alice y yo nos miramos extrañados.

Él se excusó con ella a la vez que le replicaba. Como un último recurso a que realmente quería que ella confiara en él, en que la ayudaría y que su familia también, le puso a Alice de ejemplo. Pero ella fue rápida y me mencionó a mí; la manera en que la había mirado y que parecía que iba a comerla. Ante ese comentario, Alice me miró inquisitivamente, haciéndome agachar la cabeza.

Entonces ella mostró el lado gentil y desinteresado que Carlisle nos había explicado de Bella, diciéndole que no lo haría elegir y que no lo podría en un apuro con su familia, dando la conversación por concluida.

Alice salió al hall para interceptarla y calmarla. Ella había reaccionado así debido a los nervios de todo lo acontecido. Pero en cierto modo, tenía razón al recriminarle a Carlisle que la había mantenido totalmente al margen de su vida privada. Si eran amigos, él debería haberle hablado de nosotros.

Alice fue llevándola a su terreno, mostrándole su perfecta mirada de pena. Podía sentir desde mi despacho, los golpeteos del corazón de Bella.

Salí y me dirigí hacía donde ellas estaban, mostrándome otra vez desagradable. Ella debía de ver y comprobar mi carácter tosco y grosero, antes de que el deslumbramiento que siempre ejercía en el sexo femenino, hiciese acto de presencia en su mente.

Ante mis palabras duras y frías, ella no se apoquino, contestándome con el mismo tono de voz. Eso hizo que me gustase aun más. Tenía agallas y no dudaba en sacarlas.

Se metió en el ascensor sin volver a mirarme. Sabía que le costaba aguantarme la mirada, para eso no necesitaba leerle la mente.

Una chica con carácter, eh? Como te gustan a ti… Pensó Alice, haciéndome bufar fastidiado. Me di la vuelta y me metí en mí despacho.

Un par de horas después, ella volvió para encontrarse con Carlisle. Pero no dándose cuenta de que había dos doctores Cullen, entro en mi despacho sobresaltada, empezando a disculparse. Otro rasgo que me encantaba… ella era una persona noble.

Entró en el despacho como un torbellino, empezando a hablar, sin ni siquiera fijarse quien era el que allí se encontraba. Me levanté de la silla, quería estar a su altura y así poder contemplarla mejor.

- Oh… Carlisle, yo… siento cómo me he portado, he sido… - ella abrió sus ojos desmesuradamente al darse cuenta de su error. Tuve que contener la sonrisa que amenazaba por delatarme. Sus gestos eran de lo más divertidos.

- Vaya… parece que vuelves a equivocarte de Dr. Cullen. Eres siempre así de despistada, o es que lo haces apropósito? - Mi tono era de burla total, pero haciendo un grandísimo esfuerzo, seguí mirándola con ojos duros.

- Cómo dices? Apropósito para qué? Para verte a ti? Estarás mal de la azotea para pensar eso, guapito! - me dijo mostrando un completo sarcasmo. Genio… otra cualidad que me resultaba fascinante a la par que atrayente; estaría todo el día provocándola solo por verla sacar ese genio que me enloquecía.

- Vaya… así que salió contestona la niñata - le contesté con más burla. Sin darme cuenta, me estaba acercando a ella poco a poco. Ella, ejercía sobre mí una fuerza de atracción imposible de controlar.

Cuando estaba a tan solo dos pasos, casi pudiendo notar su piel junto a la mía, ella retrocedió contrayéndose.

- Apártate de mí. No me toques - dijo jadeando asustada. Odiaba que ella tuviera ese sentimiento hacía mí. Aunque era el mejor, por mucho que me doliese.

Sentí a Carlisle acercarse a nosotros, entrando en ese momento en el despacho.

- Edward… sepárate - me dijo de forma dura.

Bella se protegió en sus brazos, mientras él me miraba confuso. Edward… qué estaba pasando aquí? Pretendías asustarla? Me preguntó mentalmente. Yo negué con la cabeza, con la mirada gacha.

No podía permitir que Carlisle se enterara de mi atracción por Bella. Eso lo hundiría y lo que menos quería en este mundo era eso… y sobre todo defraudarlo. Él me hizo llegar a ser la persona, o vampiro… que llegué a ser. Me brindó la oportunidad, mostrándome su apoyo y comprensión, hasta que llegue a poder hacer una vida normal entre los humanos.

Y sabía perfectamente lo que esa chica significaba para él; había calado hondo, muy hondo en su corazón y también sabía que quería introducirla en la familia para poder ayudarla y protegerla.

No podía ser un hijo desagradecido y darle ese disgusto a mi padre.

Por lo que debía ser más cuidadoso con "mi plan" de mantener a Bella alejada de mí.

Lo que es no hablar las cosas... Pero bueno, es normal que Edward al principio no le dijera nada a Carlisle, pero ahora ya ha comprobado que no era un encaprichamiento... Que está sintiendo por Bella algo más fuerte.

Pero bueno... no adelantemos acontecimientos. Esperemos a ver como sigue el tema.

Vosotras qué creeis? Aguantara Edward sin decir nada en casa? O si lo hace... Cuánto tardará?

Un besoteeeeeee!