Las cosas buenas, siempre se hacen esperar.
CAPITULO 9 Presentaciones
La tarde por fin pasó, cuando apenas quedaba ya gente en la sala, la enorme puerta de madera se abrió, dando paso a siete personas. Tres, ya las conocía, al resto, me imaginaba de sobra quién podían ser.
El Dr. Cullen y su familia, se acercaron hasta mi posición, al lado del ataúd donde descansaba mi padre.
Me fijé, por supuesto, que todas las personas que ya salían, lo saludaban a él, a Alice y a otra mujer de la forma más correcta y amigable; en cambio, al resto, casi no se atrevían ni a mirarlos.
Los de la Push, que estaban prácticamente todos aun, se tensaron en cuanto los vieron entrar en la sala.
Al llegar a mí posición, Carlisle se acercó a mí, seguido muy de cerca de Alice.
- Bella… querida… qué tal has pasado la tarde?- me preguntó con expectación.
- Bueno… más o menos… mucha gente… demasiada gente diciendo cosas sin sentido… - dije haciendo rodar los ojos. Él sonrió a mí gesto negando con la cabeza.
- Bella… en determinadas ocasiones, creo que eres algo demasiado antisocial… e incluso insensible. Esa gente estaba despidiéndose de tu padre. - me contestó él con condescendencia.
- Vale… por mi perfecto… pero que se lo digan a él… que no me vuelvan a mí loca contándome batallitas de cuando eran pequeños, o cuando consiguió bajar a no se que gato de un árbol… Y pensar que aun me queda mañana… Joder… qué pesadez! - abrí los ojos, haciéndolos rodar a su vez, exhalando el aire con fastidio.
Noté como los tres chicos, incluso el maleducado y aterrador de Edward, sonreían ante mis palabras.
- Bueno, no hace falta que te pregunte como estás. Ya lo has dejado tú clarísimo. - Alice se acercó a mí con una gran sonrisa en su rostro - Aun así quiero que sepas que lo siento mucho… y Jasper - ella se giró y le mando una mirada de advertencia, haciéndolo acercarse - también. Este es Jasper, mi pareja… otro hijo de Carlisle. - cuando dijo eso, incliné mi cabeza hacía un lado, abriendo mis ojos. No podía haber entendido bien.
- Todos son hijos míos y de Esme… ya te lo expliqué, recuerdas? - me preguntó Carlisle.
- Sí… sí es verdad. Siento haber puesto esa cara… cada cual… a lo suyo y al que no le guste… que se quite. - encogí los hombros, para darle a entender que me daba igual su parentesco, o que vivieran bajo el mismo techo como hermanos… Lo importante es que ellos fueran felices, y la verdad es que lo parecían. Jasper alzó su mano, suavemente, como pensándoselo. Yo alcé la mía dándole un ligero apretón. Y, ¡Joder, estaba helada!
Por un momento pensé que le había hecho daño, ya que se tensó de inmediato, quedándose rígido.
- Gracias por venir. Es un placer. – le dije de forma correcta; más bien, por decir algo.
Carlisle interrumpió nuestra presentación. Bueno… más bien la mía, ya que él no dijo nada, solo sonrió de forma amigable. Se quedó allí, cogido a mí mano, como si se hubiera transformado en piedra.
- Estos son Rosalie y Emmet - se acercó a mí oído con aire misterioso - también son pareja, - dijo sonriendo maliciosamente. A lo que yo tuve que ocultar mi sonrisa bajo mis manos.
- Es un placer conocerte al fin, Bella. Aunque siento que haya sido en estas condiciones - se dirigió a mí Emmet - él alzó su mano para estrechar la mía - siento lo de tu padre.
Era un chico muy musculoso y aunque debería dar miedo de solo verlo, mirando detenidamente sus ojos, se veía alguien noble, bueno… y divertido.
- Gracias. Es muy gentil de tu parte el venir y darme el pésame - nuestras manos se encontraron y… sorpresa! Estaba fría… y podía suponer que las de los demás, también lo estarían.
- Esta es Rose, mi mujer - giré la cara y le sonreí con timidez. Ella era el otro hueso duro de roer de la familia. Su mirada, fría y penetrante lo corroboraban.
Se acercó a mí, y alzó su mano. El roce duró dos segundos escasos. Pero me dio tiempo más que de sobra a percatarme de que estaba fría, como certeramente había supuesto.
- Hola… te acompaño en el sentimiento. - me dijo muy solemne. Ante sus palabras, un amago de sonrisa, cruzó mis labios; la cual intenté ocultar con una mueca. - Qué? - me preguntó abriendo sus ojazos dorados mirándome con molestia.
- Oh… perdona… no quería ofenderte; simplemente me ha parecido raro que me dijeras eso, siendo las dos tan jóvenes. Esa frase solo me la dicho la gente mayor… los abuelos. - ante mis palabras, Emmet se llevo la mano a la boca intentando controlar las carcajadas. Rosalie se giró hacía él, traspasándolo con la mirada.
- Y ella es Esme, mi mujer. Ella es Bella, cariño. - depositó una mano en el hombro de ella y otra en el mío, acercándonos.
- Siento muchísimo tu perdida, cielo. Quiero que sepas que estamos aquí para lo que necesites, de acuerdo? - ella no estrechó mi mano, sino que se acercó a mí y me dio sendos besos en las mejillas. Sus labios estaban fríos… Pero, qué problema tendrían…? y además, para estarlos todos, no siendo familia biológica.
- Gracias, eres muy amable… y bueno, yo soy la pesada que llamaba a tu marido por teléfono. Espero de verdad que no te hay molestado, ya que esa era la más lejana de mis intenciones. - le dije sonriendo a modo de disculpa.
- Claro que no me molestaba… al contrario; siempre que llamabas, el humor de Carlisle mejoraba considerablemente. Él siempre se preocupaba cuando tardabas en llamar - me devolvió la sonrisa cargada de ternura.
Esa mujer derrochaba amor por todos sus poros. Su sonrisa, su forma de mirar, su semblante… era muy maternal. Era algo increíble, como acabando de conocerla, me hiciera sentir tan a gusto y confortada en su presencia.
- Bueno, a Edward ya lo conoces - me dijo Carlisle mirándome con precaución.
- Sí, ya tengo el gusto - dije sacando todo mi sarcasmo por la voz.
Cuando él estaba acercándose, noté como él y su familia se tensaba en el acto y a su vez, un olor a sangre reseca, bastante desagradable, envolvía el ambiente.
Edward clavó sus ojos, los cuales parecían haberse oscurecido de pronto, en los míos una centésima de segundo, apartándolos y mirando algo detrás de mí, retrocediendo. Estaba tan tenso y rígido que podría haberlo abofeteado y no se habría ni enterado.
Yo, de forma automática, seguí el camino de su mirada.
Alguien estaba abriendo el ataúd de mí padre. El cual, debido a las heridas que deformaban su rostro, permanecía cerrado, a parte, claro está del olor que empezaba a emanar a causa de estas.
Me giré en un movimiento veloz, quedando enfrente a la caja donde descansaba el cuerpo sin vida de mí padre.
- Noooo! - grité, rompiendo el silencio sepulcral que allí reinaba.
Sin pensarlo, acorté los pocos pasos que me separaban del ataúd corriendo, apartando a aquel hombre de la caja de un empujón y cerrando la tapa de inmediato provocando un terrible estruendo en la sala.
- Pero… pero quién se cree usted que es para venir aquí y abrir la tapa de un ataúd que permanece cerrado? Es una falta de respeto total! Es increíble! - dije con la voz tomada por los nervios, alzándola algo más de lo debido.
- Perdona, yo solo quería despedirme… no sabía que él… Lo siento de verdad… - dijo rojo como un tomate maduro apartándose de la caja casi a trompicones.
- Qué lo sientes? Si él estuviera en condiciones de poder verse, yo sería la primera que dejaría la tapa abierta, no crees? - notaba como mi pulso se agolpaba en mis sienes, haciéndome casi hasta temblar.
- Sí… tienes razón… de verdad… disculpa mi poco tacto…
- Por favor, vete. - le dije mirándolo fijamente a los ojos; los cuales podía notar como soltaban chispazos de rabia.
Me giré y cerré la caja con el pasador. A ver si así, la gente se daba cuenta de que esa tapa no se podría volver a abrir.
- Al próximo que vuelva a abrir esta tapa, le corto las manos… así, sin más. - dije encolerizada.
- Bella… tranquila… no ha pasado nada… Ya está cielo. - Jake intentaba calmarme pasándome los brazos por los hombros, pero ese gesto desconsiderado me había sacado de mis casillas aun más, y teniendo en cuenta mi genio…
- Qué este tranquila? Estarás de broma? – le dije con la voz alzada, separándome de él de forma brusca y bastante desagradable - Solo ha abierto la caja por curiosidad morbosa, nada más. Si quiere ver cosas así, que se meta en Google, o si no, que se pase por urgencias… ya verás las pocas ganas que le quedan de volver a abrir ataúdes, no te jode! - Jake se quedó mudo ante mi contestación. Pero yo no era la niñata ingenua e inocente que él recordaba. Creí que con nuestra gloriosa sesión de sexo de esta tarde, le había quedado aclarado más que de sobra.
-Bella… tranquila, controla tu genio hija - me dijo Carlisle con la cara extraña. Su familia, ahora un poco más relajada, me miraba sorprendida, pero con un tono divertido.
- Siento haber perdido los papeles así - dije meneando la cabeza y rodando los ojos - pero ahora no nos sacaremos el olor a sangre reseca en días… - fruncí la nariz, dándole más realismo a mis palabras.
- No te preocupes, les diré a los de la limpieza que dejen las puertas abiertas. Mañana ya no olerá a nada. Además, me sorprende que te moleste tanto este olor. Ya as tratado con gente que venía ensangrentada cuando hiciste las prácticas en New Hampshire - me habló Carlisle como un profesor; en ese momento, me di cuenta de que echaba de menos sus lecciones, el trabajar codo con codo con él.
- Lo que me molesta, es que el que deja el olor a principio de descomposición, es mí padre. Eso es lo que realmente me incomoda. Además, te digo lo mismo que a él, - dije refiriéndome a Jacob - lo ha abierto por curiosidad morbosa… eso es lo que me jode de verdad! Maldita gente cotilla…
- Bellaaa… saca tu educación y tu paciencia a relucir… qué te tengo dicho una y mil veces? Paciencia, hija, paciencia - lo miré enarcando las cejas y frunciendo los labios. Él pasó su mano por mis hombros apretándome contra él.
Notaba como los de la Push se tensaban al más mínimo roce que Carlisle tenía conmigo. Era todo tan extraño... No me entraba en la cabeza, que una gente tan buena como ellos, no vieran lo buenísima persona que era el doctor.
Esme se acercó a mí, acariciándome un brazo con suavidad y ternura.
- Bella… tranquila cielo; ya pasó. La gente a veces no entiende de los sentimientos ni de lo mal que se pasa en estos momentos… - yo asentí - Quería preguntarte… bueno, si te gustaría cenar con nosotros hoy en casa? Podrás distraerte… de eso se encargará Alice - Esme miró hacía su hija, la cual sonreía mirándonos.
- Vaya Esme… es muy atento por tu parte, pero estoy alojada en la Push y… no creo que les guste que les de plantón. Si la invitación sigue en pie para otro día, iré encantada. - ella sonrió asintiendo.
- Claro que sigue en pie, para cuando tú quieras - me respondió acariciando mi cara.
Entonces, mi mirada fue a parar a Edward, que estaba unos pasos detrás de Esme. Su cara era de molestia total y completa. No sé como, pero intuí que sería producida por mi aceptación a la invitación de su madre; echo que me hizo replantearme seriamente el ir a cenar otro día.
Su mirada era helada, amedrentadora… No sabía exactamente lo que le podía haber echo a ese chico, pero lo que tenía muy claro era que ni él, ni nadie, iba a conseguir acobardarme. A parte, claro está de que era un completo mal educado, un arrogante y… sin ser tan fina… un completo gilipoyas!
La hora de cerrar la capilla ya había llegado a su fin y me despedí de todos los Cullen; bueno, de todos menos de Edward, el cual seguía mirándome de esa forma fría y penetrante.
Al final, acabaríamos teniéndola… estaba segura de ello.
Volví en coche con Jake hacía la reserva. La mitad del camino lo hicimos en silencio. El cual era en cierto modo cómodo y molesto a la vez. Hasta que Jake se digno a romperlo.
- Bella… estás muy unida al Dr. Cullen? - me preguntó sin mirarme.
- Sí. – contesté rotunda y sin ninguna clase de duda - Fue mi tutor cuando hice las prácticas en New Hampshire; él estaba solo allí, ya que su familia estaba aquí, en Forks y bueno, mis amigos de la universidad habían empezado sus prácticas en otros hospitales, por lo que yo también estaba sola. En poco tiempo nos hicimos muy buenos amigos. Él ha sido muy bueno conmigo, un apoyo, incluso casi, hasta un padre. Por qué lo preguntas? - me removí en mi asiento, quedando de frente a él.
- Bueno… él… he visto como te dejabas abrazar por él; sin importarte, sin molestarte su cercanía. - yo arrugué mi frente, no entendiendo a donde quería llegar a parar - me refiero a que con nosotros, te has dado el abrazo de rigor y ya. No te has apoyado en ninguno de los tuyos, sin embargo, al llegar Carlisle, los ojos volvieron a brillarte… - ahí lo interrumpí.
- Jake… perdona, pero la gente de la Push, incluido tu mismo, ya no sois los "míos". Eso dejó de ser así cuando nuestra relación se rompió. - mientras le decía eso, bajé mi mirada. No podía encontrarme ahora con sus ojos negros y profundos.
- Bella… tú siempre serás una de nosotros… - volví a interrumpirlo.
- No Jacob. Ahora tu prometida es una de vosotros. Yo solo soy una vieja amiga… una amiga del pasado que por circunstancias ha vuelto al pueblo; no te confundas. - ahora si lo miré, necesitaba que se metiera eso en la cabeza.
- Así que mi padre ya te ha dicho que Nessy y yo vamos a casarnos? - por un segundo, su contestación me dejó perdida. No contaba con que me saliera por ahí.
- Sí, me lo contó porque yo le pregunté si había alguna cosa que debiera saber… y él, entendió sobradamente por donde iba mi pregunta. Pero quiero que sepas, que lo que ha pasado esta tarde entre nosotros, está olvidado; bajo llave. Jamás se lo contaré a nadie, tu secreto está a salvo conmigo, puedes estar tranquilo.
- Ya, pero el problema, es que yo no quiero olvidarlo… No quiero que me entiendas mal, pero… Dios mío… ha sido algo increíble! Prefiero no preguntar cómo has hecho para soltarte de ese modo en la cama… no soy nadie para preguntarte… - mientras él hablaba, yo resoplaba fuertemente dentro del habitáculo del vehículo - Lo que siento por Nessy es muy fuerte… es como una droga para mí, sin la cual no puedo vivir… Es algo difícil de entender y de explicar, pero lo que sigo y seguiré sintiendo por ti… jamás lo olvidaré… estás gravada a fuego en mi corazón, en mi cabeza y en mí alma. - sus palabras taladraban mi cerebro, mientras mi respiración y mí pulso se agitaban al compás el uno del otro.
- Jacob, por favor… no sigas… He tardado muchísimo en superar lo que paso entre nosotros, para que ahora me vengas diciendo todo esto. He tenido que repetirme una y mil veces que no me querías, que querías que estuviera fuera de tu vida. Para que ahora, después de tres años, me vengas diciendo que me sigues queriendo…?
- Es la más pura verdad, Bella… tú fuiste mi primer gran amor - me dijo mirándome fijamente.
- Jacob… no te das cuenta de algo… - él me miró extrañado - dices que sigues queriéndome, pero que la quieres más a ella… te das cuenta lo mal que me lo estás haciendo pasar? Qué es lo que quieres de mí Jake? Quieres que sea tu amante hasta que uno de los dos se aburra, o yo conozca a alguien y entonces te deje para siempre? Qué es lo que quieres de mí? - le grité, sin poder controlar ya la angustia y los nervios que me corroían por dentro - Tú eres el principal motivo por el cual no puedo quedarme en Forks. - le dije de pronto más calmada; con un tono de voz frío y sombrío
- Bellaaa…
En ese momento me percaté de que ya habíamos llegado, así que sin más, me bajé del coche y me fui con paso ligero hacía la casa.
Billy ya estaba allí, y delante de su padre, nuestra conversación quedaría anulada. Que era exactamente lo que yo quería.
Me duché, me puse el pijama y nos sentamos a cenar. Billy hizo una breve mención al percance con la tapa del ataúd de mí padre, sin profundizar mucho en ello.
Después de un rato, todos nos fuimos a la cama. Jake dormiría en el sofá, pese a haberme negado a quitarle su cama, pero la hospitalidad tanto de Billy como del propio Jake, me hizo aceptar, acallando mis protestas.
No sé cuanto tiempo había pasado desde que me había acostado, pero con todos los acontecimientos del día, no era capaz de dormirme.
Tumbada en la cama, miraba las estrellas, cuando un ruido en la puerta, me hizo sobresaltarme.
- Jake… - susurré - qué haces aquí? Vas a despertar a tu padre…
- Él se ha tomado una pastilla para dormir; los nervios lo podían. Ni un terremoto conseguiría hacerle abrir los ojos hasta pasadas por lo menos seis horas. - mientras hablaba en susurros, se acercaba a mi cama despacio, pero con aire decidido.
Sin más, se arrodilló en el suelo, al bode de la cama. Yo me incorporé, quedándome sentada en ella, aun arropada por las mantas.
- Bella… no consigo dormir sabiendo que tú estás aquí; en mí cama, bajo mi techo… tan a mi alcance, pero a la vez tan distante… por favor, Bella… déjame dormir contigo. - Sus palabras me pillaron con la guardia baja. Abrí la boca, pero las palabras no me salían de ella; se habían quedado atragantadas en mi garganta.
- No Jake… por favor… vete. No nos hagas esto… Si volvemos a acostarnos, acabará estropeándose todo. - le dije con los ojos aguados por las lágrimas - Lo de esta tarde fue algo inevitable; el anhelo, los recuerdos, la pasión… pero ahora sería distinto… sería algo premeditado… No puedo, y tú no debes. Piensa en tu prometida… piensa en Nessy.
- Bella… yo… sé que esto no está bien, pero no puedo controlarme… saber que te tengo aquí…
- No Jake… he cambiado, ya no soy la misma - él hizo un gesto con la cara, mostrándome que me creía - pero sigo siendo buena persona. No puedo volver a acostarme contigo… no sería capaz de mirar a esa chica a la cara… y cómo te miraría a ti? Aun no sé como voy a hacerlo…No pienso dejar que lo de esta tarde se repita… Hubieras pensado mejor tus opciones… Siento decirte que no se puede tener todo en esta vida.
- Ya te he dicho que es difícil de explicar… pero con Nessy, es como si no hubiera tenido opción… ella es mi mundo… pero tu…
- Basta, por favor… Basta! Sal de aquí y haremos como si no hubieras entrado, como si nada hubiera pasado entre nosotros. Nos atendremos al plan que fijamos hoy. Intentaremos ser amigos… procurando olvidar lo de hoy.
Jake se alejo de la cama, quedándose pensativo durante un rato. Hasta que al cabo de más de un minuto, volvió a hablar.
- Bella… Puedes quedarte en Forks, no te molestaré más… a no ser que tú… que tú quieras…
- Jake… ya lo habíamos hablado… esto no puede repetirse más. Mañana no dormiré aquí, para evitar más tentaciones. - él sonrió, pero no le llegó a los ojos - Y de lo de quedarme en Forks… no lo sé…
- Bueno, hemos avanzado… ayer decías un no rotundo y hoy ya dices un no sé… eso es bueno. - ahora su sonrisa si lo envolvió por completo. - Bella, aunque yo trabaje ahora en el pueblo, no tenemos por que vernos en días. Mi taller no queda cerca de tu casa… No te buscaré si es lo que quieres, si es lo que te impide quedarte aquí.
- Jake… yo… no lo sé. Es injusto que te pida que andes evitándome por mi encaprichamiento… además, quedándome, sé que tanto tu padre como Harry y el resto, me estarán todos los días diciéndome que suba… y por otro lado… está tu prometida. - solté el aire de golpe, con pesadez, de forma cansada.
- Realmente ella está deseando conocerte. Es una chica muy comprensiva, sabe que estuvimos juntos y que te quise mucho… y que aun te sigo queriendo… aunque no creo que sepa hasta que punto. Ahí no puedo prometerte nada fijo… ya que ella hará todo lo posible por conocerte. - su tono era de auténtica disculpa.
- Tranquilo Jake… ya que es tan comprensiva - cosa que no lograba entender - es normal que sienta curiosidad por mí… Aunque eso no facilita mi decisión de quedarme, claro - le sonreí, aguantando una carcajada con la mano.
Los dos estallamos en risas, intentando silenciarlas con las manos. Realmente no era tema para reírse, pero Jake y yo, siempre acabábamos encontrando un punto de diversión a todas las cosas. Este era uno de los motivos, por el que siempre habíamos congeniado tan bien.
Se sentó a los pies de mí cama y nos pusimos a hablar, como viejos amigos. Parecía que la amistad si que iba a ser posible. O por lo menos, en cierto grado.
Me contó sobre su taller nuevo, que lo había abierto con unos ahorros y poniendo a Embry y Quil como socios minoristas. Me habló brevemente de Nessy, que les iba muy bien y que se casarían el próximo verano. Ella estaba estudiando en la universidad de Seattle y acababa este año.
Yo le conté mis años de universidad; que al principio me había sumido en los estudios, en prácticas y cursillos, hasta que empecé a conocer gente muy agradable y buena y empecé a disfrutar de las diversiones universitarias.
Le hablé brevemente de mis meses con Carlisle, aunque ese tema duró poco; no quería que volviera a ponerse a la defensiva con él, cosa que me ofendía bastante.
- Será mejor que durmamos ya; son más de las tres de la madrugada y mañana será un día largo e intenso para ti. - me dijo mientras me acariciaba el pelo. - Duerme mit Qahla… mañana estaré ahí para apoyarte. - mi sol… siempre que me llamaba así, un cosquilleo recorría mi cuerpo. Le sonreí en contestación a su apodo. - Y por favor… plantéate el quedarte… sin ti por aquí, nada a sido lo mismo.
A las 9, Jake entró en la habitación, meneándome como hacía antes, cuando éramos unos críos y me quedaba a dormir en su casa.
Por un momento, desee que el tiempo no hubiera avanzado y que realmente estuviéramos en aquella época tan maravillosa, feliz y completamente despreocupada.
- Vamos dormilona! Sigue gustándote dormir un montón, eh? - abrí los ojos y vi a un exaltante Jake, sonriéndome con cariño.
Me duché y me arregle para el funeral. Me puse un vestido negro, con unas medias negras y tupidas y una chaqueta del mismo color. Peiné mi melena, arreglando sus característicos bucles negros y me dejé la cara limpia, sin maquillaje.
Cuando salí, Jake me miró de arriba abajo. Aunque iba completamente de negro, iba atractiva.
Aunque suene algo ególatra, daba gracias por el cambio producido en mi cuerpo y mi cara en estos tres años, ya que no necesitaba arreglarme mucho para estar más que presentable.
- Vaya Bella… estás… increíble! - me dijo Jake recorriéndome con ojos libidinosos.
- Gracias Jake… aunque hoy, realmente no es mi intención estar así… sino presentable y en condiciones para el funeral. Aunque agradezco tu cumplido - le sonreí, pero noté como la alegría de ese gesto no me llegaba a los ojos.
Llegamos al hospital, a la sala que hacía las funciones de capilla ardiente. Todavía no había nadie.
Me acerqué al mostrador que había al principio del pasillo y le notifiqué a la chica de que podían traer a mí padre.
- Claro… daré el aviso. Pero hoy los celadores están algo saturados, tardarán un poquito… como unos 45 minutos, aproximadamente. Lo siento.
- Oh… vale, no se preocupe… por cierto… sabe si el Dr. Cullen está en el hospital?
- Sí… él acaba de subir hace un momento a la 5º planta, a administración. Allí lo encontrara.
- Gracias, ha sido muy amable. - la chica me sonrió y siguió con sus quehaceres.
Me acerqué a los chicos y les comenté que tardarían en traer a mí padre. Estaba pensando en una escusa para poder escaparme a ver a Carlisle, cuando me di cuenta de que no la necesitaba. Ya no era una niña pequeña, era una mujer adulta con decisión propia y libre.
- Chicos, mientras traen a papá, voy a subir a la 5º planta. Carlisle está allí y quiero saludarlo antes de que empiece a llegar la gente. Ir a tomar un café si queréis. No tardaré. - con las mismas, me di la vuelta y me dirigí hacía el ascensor sin darles tiempo a protestar, pero pude sentir unos cuantos bufidos desaprobatorios.
Llegué a la tan conocida ya por mí, 5º planta y me dirigí a la chica de ayer.
- Hola soy Bella Swan… el Dr. Cullen está?
- Sí… pasa. - La chica en cuestión ya me conocía, así que esta vez, no se digno ni a mirarme; me dio acceso a aquel despacho sin despegar sus ojos de la pantalla del ordenador.
Piqué y en el mismo momento que una voz, la cual no paré a escuchar, me daba acceso, giré la manilla y entré.
- Hola… - no, noo, no podía ser… otra vez que no había especificado a que Dr. Cullen buscaba… y otra vez que me lo encontraba a él - Vaya… tú. - dije sin pensar. Aunque teniendo delante de mí a Edward, mirándome como lo estaba haciendo, hubiera dejado muda mental a cualquiera.
Su escrutinio fue completo. De pies a cabeza, con una mirada que daba a entender que lo que veía le gustaba, y mucho.
- Hola… otra vez te confundes o es que era acertada mi teoría de ayer? - me dijo fanfarrón.
- Vaya… parece que sí, que es verdad; por lo menos la mía de que debías estar mal de la azotea. - él me miró abriendo los ojos, mostrando su orgullo dolido.
Una risa contenida, atrajo mi mirada, separándome de la de Edward. Era Jasper. Al verme, se acercó despacio hasta mí posición y me brindó su mano a modo de saludo.
- Hola Isabella…
- Bella, a secas… hola Jasper - le mostré la mejor de mis sonrisas… Aunque realmente, la finalidad de ella, no era otra que molestar a Edward.
- De acuerdo, Bella… si me permites decírtelo, estás muy bonita. - me devolvió la sonrisa, mostrándome una hilera de dientes blancos y alineados. No sé porque, ya que su sonrisa era bonita y alegre, pero un escalofrío, me recorrió de pies a cabeza, haciéndome pestañear seguido.
- Oh… gracias, eres muy amable. Vengo vestida para el funeral de mi padre, es esta tarde y no quería andar trayendo ropa para cambiarme - intenté que mi voz sonora lo más normal posible, aunque un sentimiento extraño de desasosiego, me recorría el cuerpo.
- Bueno, aunque sea para ese fin, estás hermosa igualmente - volvió a sonreírme, pero esta vez tuvo cuidado en no enseñarme los dientes. Parecía como si hubiera notado mi reacción, aunque había sido muy cuidadosa en rectificar rápidamente. A la vez que me sonreía, una sensación de paz y sosiego me envolvió.
- Sabes si Carlisle está por aquí. He preguntado en el mostrador de abajo, pero he vuelto a olvidar que hay "otro" - recalqué esa palabra con cierta malicia - Dr. Cullen en el hospital.
- Sí, él estará o pasando consulta o en su despacho. Quería adelantar trabajo para acudir al funeral por tu padre. Espera, Edward puede llamarlo a su móvil.
Los dos nos giramos hacía Edward, pero él ni se inmutó; desvió su mirada hacía la nada, haciéndose el despistado.
- Bueno… da igual. Lo buscaré allí, y sino está, pues lo veré luego. - Si ese estúpido de Edward, pensaba molestarme con esas bobadas… Bueno, debía de reconocer que sí, que me molestaba y bastante.
- Espera. - Jasper sacó su móvil de la chaqueta y marcó.
Se separó de nosotros unos pasos, dejándonos a Edward y a mí, cara a cara.
- Puedes sentarte - dijo mirándome de soslayo.
- Estoy bien de pie. - le contesté sin mirarlo tampoco.
- A mí me parece perfecto… tengo una gran visión quedándote así. - su mirada era provocadora, al igual que la sonrisa torcida que surcaba sus labios.
Aunque era un completo jilipollas, debía de reconocer que con esa mirada y esa sonrisa, hacía que mi corazón trastabillara… y de paso, lo que no era mi corazón.
No sabía si por fastidiarlo a él, o por la vergüenza que mis mejillas coloradas exhibían, me senté de golpe en la silla enfrente de su mesa.
No sabía por qué, pero su cercanía me ponía sumamente nerviosa.
- Viene ahora, Bella. Parece que él estaba esperando tu visita - y otra vez esa preciosa sonrisa tranquilizadora, pero sin mostrar ningún diente.
Jasper se sentó en la otra silla, a mí lado. Por un momento, los tres permanecimos en el más estricto de los silencios. Volviéndose de lo más incómodo.
Yo que tenía las piernas cruzadas, no dejaba de menear mi tobillo dándole golpecitos a la pata de la silla. Era una costumbre… cuando estaba intranquila, meneaba la pierna de esa forma irritante.
- Estás nerviosa? - me preguntó Jasper con dulzura.
- Bueno… un poco. Toda esa gente diciéndome esas cosas… me saca de mis casillas… - bufé exasperada - No es que sea una persona antisocial, como dijo ayer Carlisle, simplemente es que tengo poca paciencia con las personas, eso es todo. Y parece ser, que con la gente de este pueblo hay que tener mucha - hice rodar mis ojos, mientras Jasper sonreía - Después de esto, tendré que encerrarme en un sótano para volver a llenar mis reservas de paciencia otra vez - meneé la cabeza ante mis propias palabras, sonriendo con malicia.
Jasper sonrió abiertamente, casi llegando a ser una carcajada. Edward, intentaba disimular, pero sus ojos lo delataban; ellos mostraban la sonrisa que su boca intentaba esconder.
- Es raro entonces que seas enfermera, si tienes tan poca paciencia con la gente - me preguntó Jasper curioso.
Cuando iba a contestar, Edward se me adelantó.
- Ella no es solo enfermera, Jazz. Es enfermera primera de urgencias. O sea, la jefa de enfermeras, y con unas calificaciones impresionantes. - las palabras de reconocimiento de Edward me pillaron totalmente por sorpresa.
- Cómo sabes tú eso? - le pregunté de forma exigente, abriéndoseme los ojos como platos.
- De nada… - me miró de forma expectante.
- Graciasss… - rodé mis ojos, hasta volver a clavarlos en los suyos, esperando una contestación.
- Sin querer, encontré tu currículum estudiantil entre unos papeles de mí padre. Me llamaron la atención por tus notas y por todos los cursillos extras que has hecho.
- Eres la enfermera que cualquier hospital desearía tener. Te lloverán las ofertas de trabajo - dijo Jasper animado.
- Pues no muchas, la verdad… Estoy esperando empezar a recibir algunas, para poder sopesar mis opciones - contesté pagada de mí misma. No iba a confesar que en estos días no había recibido ninguna contestación, de ningún hospital.
- Bueno, eso no contesta a mí pregunta sobre tu paciencia - me dijo Jasper picándome un poco.
- Cuando estoy trabajando es distinto… es como si usase otro tipo de paciencia. Al ser enfermera, mi trato con el paciente es más directo, y estando en urgencias, aun más. La gente que llega allí, está gravemente herida o enferma y hay que tener un tacto especial con ellos. Hay que ser tolerante, cariñosa e intentar ponerse en su situación… Hacerle su paso por allí, lo más agradable posible - le contesté sincera con una sonrisa.
- Vaya… creo que a algún que otro médico le vendría bien escuchar eso de vez en cuando. Aunque yo comparto tu ideología debido a mí profesión… Sabías que yo también soy doctor?
- Otro Dr. Cullen? - pregunté sonriendo de forma bromista.
- No, yo soy Dr. Hale. Mi hermana Rose y yo, conservamos el apellido de mi padre, aunque ahora ella es otra Cullen, ya que está casada con Emmet - solventó mi curiosidad con una sonrisa divertida - Soy doctor en Psicología.
- Ahh… que bien. Pero puedo comprobar que no haces trabajos en casa, no? - me la había puesto en bandeja; él me miró extrañado y Edward también, lo tenía donde quería. - Lo digo por tu hermano, por él - lo señalé con un movimiento de mi mentón.
Jasper empezó a reírse con ganas y yo me tapaba la boca con la mano, para no ser tan obvia como él. Edward me miraba con ojos envenenados.
Cuando estaba a punto de contestarme quién sabe qué, Carlisle entró salvándome de lo que a Edward se le hubiera ocurrido soltarme.
- Hola chicos… vaya, parece que lo estáis pasando bien los tres juntos - me miró con su habitual mirada repleta de cariño - Hola Bella… hoy estás preciosa. - Alzó la vista hacía Jasper, el cual seguía riéndose - Veo que empezáis a conocer a Bella… Ya os había dicho que ella era muy divertida - sonrió mientras decía esas palabras.
- Bueno, a Edward no sé si se lo parecerá… la broma iba con él - Carlisle miró hacía su hijo con cierta sorpresa. - Cuando se lo cuente a Emmet… va a estar riéndose de ti un año entero.
Edward soltó un bufido bajo y ronco, mientras rodaba los ojos. Ese gesto lo hacía parecer una persona más normal, más abierta. No el ogro que era… o aparentaba ser.
Carlisle y yo, nos fuimos hasta la cafetería a tomar un café.
- Carlisle, he decidido quedarme en Forks unos días más de los previstos. Aun no he recibido ninguna oferta de trabajo, así que para que voy a estar dando vueltas por el mundo. Iré a New Hampshire a por el resto de mis cosas y mientras me sale algo, estaré aquí. Tengo casa propia y sobre todo… sé que tú estás aquí. Eso me ha hecho decidirme, la verdad. - él me contemplaba enviándome todo su cariño a través de sus dorados ojos. Su forma de mirarme, me hacía sentirme bien.
- Pero… bueno, si me permites preguntártelo, si no quieres no contestes - lo miré frunciendo los labios, exigiéndole que preguntara de una vez y se dejara de monsergas. - Vale… está bien… me preguntaba el por qué de tu negación a quedarte aquí ayer… y de paso, el cambio de tus planes.
- Sabía que me lo preguntarías…
Le conté por alto, prometiéndole relatárselo otro día con más detalle, lo que había pasado con Jake, su cambio radical en aquellos tiempos, el motivo real de mi cambio de última hora de facultad…
Cuando llegué a la parte donde él me dejó por la otra chica, por Nessy, su rostro formó una expresión extraña; como si comprendiera más allá de lo que le estaba diciendo.
- Debió de ser muy duro para ti. Teniendo ya todos esos planes hechos para los dos. - me preguntó con la mirada triste.
- Pues sí… la verdad es que sí. Los casi dos primeros años, fue bastante difícil. Pero poco a poco fui saliendo del pozo en el que me había sumergido.
Entonces miré mi reloj y vi que ya estaban por cumplirse los 45 minutos que me había dicho la chica de espera para que bajaran a mí padre.
- Bueno, si puedo me paso luego… - no lo dejé terminan la frase.
- No Carlisle, sé que para ti es difícil estar con la gente de la Push, y no voy a hacerte pasar un mal rato. No te preocupes, estaré bien. Nos vemos a las 5 en la iglesia, de acuerdo?
- Gracias Bella… eres tan comprensiva, tan desinteresada… - la bondad de su mirada, alcanzaba límites inimaginables - Nos vemos allí. Iremos toda la familia para arroparte. Aunque estén tus amigos, nosotros también formamos parte de tu vida ahora. Y espero que eso no cambie nunca. - por su mirada, parecía como si quisiera darme a entender algo… pero, qué podría pasar para que yo quisiera alejarme de ellos?
Unos meses después, esa pregunta obtendría su respuesta.
Vaya que si tendrá respuesta... jajaja! Pero para eso aun falta bastante...
Por fin Bella conoce a toda la familia Cullen. Como veís, todos son como los conocemos, no hay cambios de personalidad.
En el proximo capi, veremos el punto de vista de los Cullen al conocer a Bella.
Un besazooooo!
