CAPITULO 10 El funeral

Cuando llegué a la planta donde estaba el velatorio, estaban bajando a mí padre. Fui detrás de ellos, en completo silencio. Al entrar, me di cuenta de que la gente de la Push al completo, estaba detrás de mí; apoyándome en silencio.

El día fue pasando sin altercados. El pasador de la caja estaba echado, evitando incidentes como el del día anterior.

A medio día, Jake vino a comer conmigo. No hablamos nada profundo. Prácticamente en toda la comida, lo que más reino entre nosotros fue el silencio.

- Jake… quería decirte, que he decidido quedarme una temporada por aquí, en Forks, hasta que me salga trabajo. Quería que fueras el primero en enterarte - no iba a decirle que se lo había contado primero al doctor.

- Vaya Bella, eso es estupendo, en serio. - me contestó con una sonrisa sincera.

- Espero que cumplas lo que me dijiste. No es que debas cambiarte de acera cuando me veas, pero tampoco que vengas a mi casa sin previo aviso… hay un término medio para todo. También espero que avises a tu padre de que no esté todos los días insistiéndome en subir a la reserva. No soy una niña pequeña que necesite cuidados. Confío en ti para eso.- le dije sonriéndole, torciendo mi cabeza hacía un lado.

Jake me prometió que lo haría y me garantizó que así sería.

- Nada de agobios! – respondió con una sonrisa "estilo Jake"

Volvimos al velatorio y al cabo de un rato, me di cuenta de que él no estaba por ningún lado. Hubiera preferido ir con él en el coche hasta el cementerio.

Llegó la hora de marcharnos y me fui con Harry y su familia.

Al llegar a la iglesia, toda la gente del pueblo ya estaba allí, incluidos los Cullen al completo. Les dediqué una tímida sonrisa y todos, a excepción de Rosalie y Edward, me la devolvieron aumentada, de forma agradecida y sincera.

El sacerdote salió a recibirme con una cálida sonrisa. Se situó a mí lado, a la puerta de la iglesia, para recibir a la gente que iría entrando. Costumbres de pueblos pequeños.

Todo el mundo fue pasando, acariciando mí mano o los más allegados besando mis mejillas, dándome sus últimas palabras de consuelo.

La gente de la Push pasaron de los primeros, quedándose los chicos fuera, Quil, Embry, Sam y los otros. Era como si quisieran vigilar algo… o a alguien.

Debía de reconocer que las palabras de la gente del pueblo, sobre todo de la gente más mayor, de los abuelos, me conmovieron. Poco a poco sentía como los nervios iban adquiriendo posiciones de ventaja en mi organismo.

La señora Coop, una anciana milenaria del pueblo, me dio su pésame, siendo la gota que colmaba el vaso, poniéndome un nudo gigantesco que no me permitía ni tragar. Ella había sido muy buena conmigo y con mi padre siempre; portándose de forma excepcional con nosotros cuando mi abuela murió.

Sin darme ni cuenta, unas silenciosas lágrimas, recorrieron mis mejillas. En ese momento, noté que había alguien delante de mí. Un hombre.

Alcé la cabeza, encontrándome de lleno con la mirada penetrante y cristalina de Edward Cullen.

De mi boca salió un suspiro.

Él, despacio, se acercó a mi oído.

- No llores Bella… todo esto pasara pronto. Aunque… hasta llorando sigues estando preciosa. - abrí los ojos y la boca, sin saber que decir. Así que permanecí callada.

Durante unos segundos… o quizás fueran minutos, no lo sé, por que en el momento en que mi mirada se volvió a cruzar con la suya, la percepción del tiempo en mi cabeza se detuvo, contemplándonos mutuamente.

Esta vez no había hostilidad, ni rabia en su mirada, sino comprensión y calidez, devolviéndole yo con la mía, los mismos sentimientos.

No había burla, no había maldad y no había picardía… Nuestras miradas eran puras y sinceras. Él me transmitía apoyo y yo le devolvía gratitud.

Las barreras entre nosotros, en esos momentos, estaban bajadas. Simplemente éramos él y yo. Un hombre y una mujer, intercambiando cálidos sentimientos el uno con el otro.

En ese momento, Sam Uley se situó a su lado, empujándolo levemente para darme su pésame.

Edward en respuesta se apartó, soltando un extraño y gutural gruñido, recibiendo de Sam una mirada de puro odio.

Hasta ese momento, no me di cuenta del profundo aborrecimiento que sentía la gente de la Push por los Cullen; sentimiento que parecía recíproco.

El resto de los Cullen fueron pasando, recibiendo besos y abrazos por parte de Carlisle, Esme y Alice. De Jasper un apretón de manos más profundo y cálido, por definirlo de alguna manera, ya que su tacto era frío, pero un extraño sentimiento de paz inundó mi ser cuando nuestras pieles se rozaron; el saludo de Emmet también fue cálido, aunque noté como dudó por un instante en besarme, decidiendo en el último momento no hacerlo.

Rose me estrechó la mano por unos segundos y un amago de sonrisa. Era más de lo que podía esperar en esos momentos de ella.

Cuando los últimos de la Push estaban entrando, vi acercarse a Jake, el cual había estado desaparecido desde que acabamos de comer; pero cual fue mi sorpresa al comprobar que no venía solo. Su prometida, Nessy, lo acompañaba cogida a su brazo.

Eso era lo último que me esperaba de él. Traer a su futura esposa en ese día, en estos momentos.

Podía entender que ella quisiera venir, pero hacerlo así, cogida a su brazo… No estaba sintiendo celos, era más bien una molestia… Desagrado porque viniera a presentármela en estos momentos, a la entrada de la iglesia donde le daría el último adiós a mi padre… Lo consideré una falta de respeto y de tacto.

Sutilmente, intenté entrar en la iglesia sin esperar a saludarlos, pero el sacerdote me detuvo.

- Espera, Jacob Black y su prometida vienen para darte el pésame - me dijo sonriente.

Cogí aire y volví a posicionarme.

- Bella… - Jake me conocía, conocía mis miradas, y la que tenía ahora mismo era de reproche e incomodidad total; disfrazada por una más que falsa media sonrisa. Con su mirada me pedía disculpas; supuse que ella habría insistido en venir, y en cierta forma, era natural.

- Jacob…

- Ella es Nessy, mi prometida. Cielo, ella es Bella - nos presentó pasando su mirada de una a la otra. Ella se soltó se su brazo y se acercó dándome sendos besos en las mejillas.

- Hola… sé que no es el momento de presentaciones, pero quería que recibieras mi pésame. De verdad que lo siento mucho. Para cualquier cosa, quiero que sepas que nos tienes tanto a Jake como a mí - su sonrisa era sincera, transmitiéndome todo su cariño. Cariño que no era merecido por mi parte en absoluto.

- Gracias, eres muy amable, de verdad - casi no podía mirarla a la cara. Sentimientos desoladores, se arremolinaban en mí corazón: arrepentimiento, vergüenza, cobardía… - Debemos entrar ya… ya tendremos tiempo para hablar otro día - cuando me iba a girar, ella me detuvo agarrándome de un brazo.

- Te gustaría venir mañana a comer con nosotros? Sé que a Billy le hará muchísima ilusión que subas… bueno a todos, claro. Así nosotras podremos conocernos más - dijo repleta de ilusión. Mi cara en ese momento debía de ser un poema. Comencé a morderme el labio inferior buscando una escusa para librarme de subir.

- Cariño… Bella necesita algo de tiempo… ya irá otro día, no te preocupes - Jake estuvo acertado y rápido, sacándome del apuro.

Esperé a que entraran, ya que yo debía ser la última en hacerlo, según mandaba la tradición. Jake se giró hacía su prometida y le susurró algo al oído, ante una sonrisa tierna por parte de ella.

Entonces ella, Nessy, se giró y entró en la iglesia. Me quedé mirando como comenzaba a avanzar por el pasillo, entonces me giré confusa hacía Jacob, el cual me miraba con devoción, ofreciéndome su brazo.

Entendí a la primera ese gesto.

- Jake…

- Pensabas que iba a dejarte entrar sola ahí dentro? Me ofende lo poco que me conoces… - me dijo haciéndose el afrentado, mostrando una traviesa media sonrisa.

- La verdad es que te conozco muy poco, Jake… - lo miré de forma triste y en cierta manera algo dura durante dos segundos, agachando mi cabeza rápidamente. Su mirada era abrasadora.

- Bella… mit Qahla… - él me alzó la cabeza por el mentón - Estaré aquí para lo que necesites, me entiendes? No sabes lo feliz que me hace que hayas decidido quedarte… - inhalé aire profundamente, abriendo mi boca para hablar, pero no me dejo - Tranquila, te daré tu espacio. Hemos hecho un trato, no? - y me sonrió como solo él sabía hacer.

- Te agradezco este gesto, de veras… pero me ha sentado fatal que la hayas traído hoy aquí. Entiendo que ella quisiera estar… realmente ahora mismo yo, estoy en el lugar que le correspondería a ella… - trague saliva y cogí aire - Estos son los momentos a los que me refería esta mañana en tu casa. No puedo estar tan normal entre vosotros… han sido demasiadas cosas… y no solo lo de ayer… Ella se ha quedado con el que fue el hombre de mi vida… Lo siento Jacob, pero debemos mantener las distancias. Cuando esté preparada para acercarme más a vosotros, te lo haré saber, pero por ahora, necesito espacio lejos de ti. - mis palabras fueron rotundas. Él asintió comprendiendo perfectamente mi petición, pero había mucha tristeza en sus ojos.

Al fin, entramos en la iglesia. Todos los allí presentes, en un primer momento fruncieron el ceño, sorprendidos de que entráramos juntos y yo cogida a su brazo. Pero poco a poco, sus miradas se fueron ablandando, comprendiendo que era un amigo apoyando a una amiga en un momento difícil.

Él se sentó a mi lado, junto con su padre y el resto de la gente de la reserva. Su futura mujer, estaba sentada dos bancos más atrás. Jake me cogió la mano, pero con suavidad, intentando ser considerada, se la solté, apoyándola junto a la otra en mi regazo.

La misa dio comienzo. No era excesivamente religiosa, por lo que no estaba de asistir mucho a la iglesia, pero me pareció que el sacerdote quiso hacerle a mi padre una ceremonia especial y bonita. Al final de esta me tocó subir al atril y dedicarle unas palabras de agradecimiento a la gente que allí se encontraba.

Fue un discurso rápido, conciso y emotivo.

Nos dirigimos al cementerio, que estaba justo detrás del templo y allí dio comienzo la última despedida.

Antes de que introdujeran a mí padre en la fosa, me acerqué a él, depositando una rosa blanca encima de su caja. Me agaché y le dediqué unas últimas palabras.

Papá… El tiempo que estuve aquí contigo, fue el mejor de mi vida y tú tuviste mucho que ver en ello; aunque no acabáramos de congeniar del todo… Pero siento no haber vuelto… y ahora es tarde para lamentaciones… pero la estúpida muerte, nos pilla siempre por sorpresa. Antes o después, nos volveremos a ver, donde quiera que sea… Te quiero papá.

Me levanté y me dirigí a mi asiento. La cara de los Cullen y de los de la Push, eran un poema. Es como si me hubieran escuchado, aunque mis palabras habían sido un susurro.

El cura acabó con la misa y nos quedamos mientras introducían el ataúd en la fosa bajo tierra.

Poco a poco, la gente se fue marchando, pero yo me quedé hasta que cubrieron por completo el agujero y colocaban las flores encima.

Me levanté y me fui hacía la tumba de mi abuela Mary, la madre de mí padre. Ella había sido mi abuelita adorada, hasta que un infarto se la llevó de forma repentina e inminente cuando yo contaba con la edad de 13 años.

La muerte, la estúpida muerte. Pensé con rabia.

Entonces, como hacía cuando estaba viviendo aquí, hablé con ella. Me encantaba hacerlo; me imaginaba que ella me miraba con su habitual dulzura y me contestaba. Deposité una de las rosas del centro que le había encargado a mí padre en mí nombre en el suelo delante de su lápida.

Al despedirme, un brazo en mi hombro me alertó de que no estaba sola. Me giré y Jake estaba detrás de mí, mirándome con comprensión infinita.

- Vamos a casa Bella… y tranquila, ya he avisado a Nessy de que te deje tranquila…

- Voy a quedarme en mi casa, Jake. Debo empezar a hacer mi vida y tú seguir con la tuya. No debes por que echar a Nessy de su lugar por mí - le dije bajando la cabeza. Sabía que sus ojos estarían tristes por mi rechazo.

- Pero Bella…

- Tengo la maleta en el coche, la he puesto esta mañana ahí. De verdad Jake, te lo agradezco, pero necesito tiempo a solas… Me apetece estar en mi casa, tranquila, en paz.

Él no dijo nada más. Pasó su brazo por mis hombros y nos encaminamos hacía la salida del cementerio.

Allí se encontraba la familia Cullen, esperándome.

- Bella… - me llamó Carlisle.

Al oír su voz, me solté del brazo de Jake, el cual parecía que me quemaba y me pesaba sobremanera, llegando incluso a molestarme, salvando la distancia entre nosotros casi corriendo, refugiándome en sus brazos, los cuales estaban abiertos para mí.

- Tranquila Bella… ya pasó todo. Hoy te vienes a nuestra casa. No puedes quedarte en la tuya… por lo menos hoy no… ya veremos como estás mañana… y no admito protestas - Cuando Carlisle ponía ese tono de voz, mejor no discutas con él, porque saldrás perdiendo.

- Pero Carlisle… yo no… quiero causarte… problemas… - mis sollozos no me permitían hablar con claridad.

- No molestas a nadie hija… no te preocupes de eso ahora… ya te dije ayer que podías contar con todos nosotros… y hoy no es día para que te quedes sola. Ya verás como estarás bien con nosotros en casa. - me dijo Esme acariciándome la melena suelta por mi espalda.

- Ya verás Bella… conseguiré que te distraigas… soy única para eso - habló Alice, acariciándome un hombro. No sabía por qué, pero no tenía ni la más mínima duda de eso.

- Bella… - la voz ruda y seca de Jake, me hizo soltarme de Carlisle, girándome hacía él - Venga, vamos. - me fije como su respiración estaba agitada y sus puños temblaban a ambos lados de su cuerpo.

- Ya te dije que no… ya nos veremos, de acuerdo? Hoy no puedo hacer frente a más cosas, Jake. Así que, no. - me volteé para darle la espalda y no seguir viendo sus ojos de decepción y furia contenida, pero entonces sentí su caliente mano tirar de mi brazo.

- Bella… no te lo estoy preguntando. Vamos… - esa mirada, esa tensión, me recordó a cuando había estado tan raro aquella temporada antes de romper nuestra relación. Había algo que hacía a su semblante estar igual; fue una sensación, un deja vù.

Pero algo aun más sorprendente pasó a continuación.

- Te ha dicho que no… estás sordo, o que te pasa? - Edward le quitó la mano de mi brazo, con brusquedad, sin miramientos de ningún tipo. Interponiéndose entre él y yo.

- Pero que te has creído para decir nada, apestoso chupa… - Jake cerró la boca, mordiéndose el labio con fuerza, mientras los temblores de sus manos, habían pasado al resto del cuerpo.

- Me creo con todo el derecho… a caso tienes tú alguno ahora? Creo que los perdiste hace tiempo, no?

Jake abrió los ojos como platos, y Edward le hizo un gesto extraño que no conseguí comprender. Con un intento fallido de disimulo, se toco la frente con su dedo índice, haciendo a Jake encolerizar aun más.

Yo me quedé de piedra, tanto por su reacción, como por sus palabras. A caso sabía Edward algo de mi relación con Jake? Pero… cómo podía haberse enterado? A no ser que Carlisle se lo hubiera contado… pero me parecía extraño, ya que él era muy reservado y un gran confidente por su silencio y tacto para tratar este tipo de situaciones.

- Así que tú eres el que puedes… - Edward asintió con un movimiento de su cabeza. - Sepárate de ella… ahora! - su voz parecía más un rugido de animal que de un hombre. Estaba encolerizado.

- Ella quiere venir con nosotros… no contigo. Asúmelo de una vez - le contestó con tono fanfarrón Edward.

- Basta!... esta conversación no debe tener lugar ni aquí ni ahora… y menos delante… - Carlisle movió la cabeza, pero no estuve muy segura si hacía mí, o hacía quien. Ya que fue un movimiento rápido, breve…

- Jake… vamos. Déjala… ella sabrá donde se mete. - la voz de Sam irrumpió el silencio sumamente incómodo que se había producido.

- Ese es el problema… que no lo sabe… - murmuró Jake. Me lanzó una mirada aprensiva y acto seguido se fue.

- Tranquila Bella, no hagas caso de nada de lo que has oído. Los chicos, que no saben controlar su testosterona, jeje! - la risa de Carlisle sonó nerviosa. Era la primera vez que veía a Carlisle en ese estado. Yo lo miraba con cierto temor reflejado en mi cara.

- No estés asustada Bella… Edward y Jake no se tiene especial cariño, como has podido comprobar - ante las palabras de Jasper, noté otra vez esa sensación de paz, de tranquilidad… incluso de cierta somnolencia.

Me acerqué a Edward, el cual permanecía a mí lado, con la cara desencajada por la ira. Daba auténtico miedo mirarle.

- Gracias… - fue un débil susurro y mi mirada a penas rozo la suya. Verlo así, me daba una sensación de miedo que no podía explicar. Él se giró hacía mí, controlando su mirada fría y endurecida, mostrando una más cordial, seguida de una pequeña sonrisa.

- No hay de que - no dijo nada más, y al igual que yo había hecho, a penas posó sus ojos en los míos.

Fui en el coche con Carlisle, Esme, Alice y Jasper. El resto se distribuyó entre un volvo plateado, el cual supuse que sería de Edward, le pegaba… tenían la misma línea atractiva y llamativa y el mío. Iban a llevarlo a la empresa de alquileres, para que no siguiera pagando innecesariamente.

Salimos del pueblo y nos introducimos por una carretera secundaria. Al poco, una casa grande, blanca, majestuosa, hizo acto de presencia delante de mis ojos.

Introdujo el coche en el garaje y al bajar, Jasper abrió mi puerta y con su mano, me ayudó a bajar de forma muy caballerosa.

- Vaya… gracias… qué caballeroso, jeje! Ya no se ven chicos así por ahí… Están en peligro de extinción, jaja! - Estaba nerviosa, debía de reconocerlo. Aunque tenía una extraña sensación de que allí iba a estar bien, no podía evitar sentir cierto desasosiego.

Subimos por unas escaleras que daban a la casa; la cual, si por fuera era impresionante, por dentro era indescriptible. No le faltaba detalle alguno.

- Alice, por qué no enseñas a Bella su habitación? - comentó Esme de forma casual. Mi reacción fue de abrir los ojos y pestañear varias veces seguidas.

- Mi… mi habitación? - al final, tuve que preguntarlo en voz alta. Esme y Carlisle sonrieron ante mi reacción.

- Sí, bueno… teníamos esa habitación vacía… y después de pasar lo de tu padre… bueno, decidimos poner una habitación por si al final decidías quedarte en Forks y surgía la oportunidad de que te quedaras aquí a dormir alguna noche - me contestó Carlisle con una sonrisa.

- Sí surgía? Prácticamente me has secuestrado, jejeje - Carlisle sonrió más abiertamente, casi llegando a reírse.

- Bella… eres excesivamente exagerada, querida - me dijo meneando la cabeza divertido.

- Vamos Bella… estoy deseando que veas tu cuarto. Si algo no te gusta, podemos cambiar lo que quieras - Alice empezó a tirar de mi brazo escaleras arriba, mientras en mi cara se formaba una sonrisa.

Tenía la sensación de que esa chica y yo, íbamos a congeniar. Tenía algo que me gustaba… que me hacía sentirme más comunicativa… ella me hacía abrirme de forma sencilla y sin forzarme. Intuía que íbamos a pasarlo bien juntas llegando a ser buenas amigas.

Al llegar a la que iba a ser mi habitación, me quedé de piedra. Era una habitación preciosa, amplia y luminosa; decorada con esmero y un gusto exquisito.

- Vaya… es… maravillosa, Alice, en serio - le dije con mis ojos abiertos de par en par.

- Entonces… te gusta? - preguntó ella expectante.

- Que si me gusta…? Me encanta! - le dije ofreciéndole mi mejor sonrisa.

- Toc, toc… se puede? - la voz de Carlisle nos hizo girarnos.

- Sí claro, pasa… Estás en tu casa - le dije haciendo un gesto divertido con mi cara y mis manos.

- Bueno… pero esta es tu habitación y tú privacidad pesa más que mi propiedad - contestó él con palabras sabias, como siempre. - Te traigo tu maleta. Supongo que te gustará refrescarte y cambiarte… para estar más cómoda. - se acercó a mí y apoyó sus brazos en mis hombros - Bella… todos, - enfatizo esa palabra - queremos que te encuentres bien aquí, que estés como en tu casa. Y no hace falta que te diga, que puedes quedarte todo el tiempo que quieras - clavó sus ojos en los mío con intención. Eso me gustó; me hizo sentirme admitida en su entorno, el cual él protegía con tanto recelo.

- Gracias… sois muy amables. Y la verdad es que mataría por una ducha… a ver si me quito ese olor a flores fúnebres del cuerpo - hice rodar mis ojos ante las sonrisas de Carlisle y Alice.

Salieron de la habitación, dejándome intimidad. Apoyé mi maleta en un pequeño diván que había en un extremo de la habitación y la abrí. Saqué un muda limpia y un chándal para andar por casa. Aunque preferí ponerme la sudadera encima, no quería parecer grosera, exhibiéndome por la casa.

Me di una relajante y larga ducha. Aquel baño era una maravilla. Me cambié y salí de la habitación dirección al piso de abajo. Suponía que todos estarían allí.

Bajé las dos plantas hasta llegar a la cocina, donde Esme, ya cambiada, preparaba la cena. Estaba cocinando pasta.

- Vaya… umm… qué rico huele! Me encanta la pasta - le dije metiendo mi cara por las potas.

- Sí, Carlisle me lo dijo - ella me sonrió complacida y orgullosa.

Cogí un trocito que queso que tenía en un boll, preparado para rayar por encima de los tallarines para su presentación en la mesa.

- Ehhh! Sal de aquí, ladrona de queso! - me dijo riéndose, amenazándome con la cuchara de palo. Yo levanté las manos en señal de defensa, riéndome también. - Vamos… fuera… los chicos están en el jardín, te están esperando, ya han llegado de Port Ángeles.

- Está bien, está bien… - pero antes de salir, "robé" otro trocito de queso, ante la mirada complaciente y sonriente de Esme. Esa mujer era un amor.

Me indicó como llegar al jardín y allí me dirigí. Se podía salir por la casa, atravesando el salón. Pero algo detuvo mi camino. En aquel salón de proporciones enormes, había un precioso piano de cola negro. Era divino. Quién tocaría el piano?

Pasé mis manos por las teclas sin llegar a hacerlas sonar. Pediría permiso para que me dejaran interpretar algo… aunque no era una gran pianista, hacía mis pinitos en melodías fáciles.

Llegué al jardín, donde todos estaban por allí desperdigados; haciendo cada uno lo suyo.

Las chicas, estaban cortando flores. Aquello era igual que un jardín sacado de una revista de decoración, al igual que el resto de la casa, claro.

Los chicos jugaban a pasarse un balón de rugby entre ellos, riendo.

Entonces una pelota desviada, vino directa a mí cara. Pero yo estaba acostumbrada a jugar a esos deportes. Haber estado tanto tiempo entre los chicos de la Push, de algo me había servido.

Con destreza y agilidad, cogí la pelota entre mis manos.

- Guauuu… vaya potencia de lanzamiento. - Todos se quedaron por un momento quietos, como si se hubieran convertido en estatuas.

- Lo siento muchísimo Bella… te he lastimado? - Emmet corrió hacía mí, al igual que los demás; incluso Edward se acercó, teniendo todos las caras desencajadas.

- Sí, claro que estoy bien, por Dios… ni que fuera a romperme por agarrar una pelota. He pasado mis últimos años de instituto jugando a todo tipo de juegos de chicos y este era uno que se me daba bastante bien… pero… vuelvo a repetirte, para estar jugando en broma… vaya potencia! - incliné la cabeza a la vez que sonreía a Emmet, el cual empezaba a sonreír, al igual que los demás.

- Bella… ven, estamos cortando flores para hacer centros para la mesa. - me invitó Alice.

- Cortar flores? Umm… - no era un plan que me apeteciera demasiado, la verdad - Por qué no jugamos todos juntos a algo? - propuse tímidamente. Emmet ya empezaba a sonreír maliciosamente.

- Si me haces algo, me chivare a tu padre… que lo sepas - le dije a Emmet señalándolo con mí dedo índice de forma acusatoria, mientras le devolvía una sonrisa juguetona. Él levantó las manos y puso cara de angelito.

- Si, estaría bien. A qué sabes jugar Bella? - me preguntó Jasper.

- Con pelotas… a todo lo que se te ocurra… - en ese momento, recapitule mis palabras, dándome cuenta de cómo habían sonado. Noté como mis mejillas se tornaban de un rojo chillón - Joder… yo… yo no quería decir eso… bueno, no que sonara así… - Emmet estaba doblado de risa - Y tú… no se te ocurra decir nada… bastante he dicho ya yo solita - rodé mis ojos mientras me mordía el labio y una sonrisa picarona asomaba por mi boca - Jasper, perdona… yo quería decir…

- Sí, que sabes muchos juegos de pelota - él intentaba esconder la risa, por educación. Hasta que nos miramos y todos, hasta Edward y Rosalie, estallamos en carcajadas.

Decidimos jugar a rugby; chicas contra chicos, pero poniendo algunas reglas a nuestro favor. Siendo la más importante, que no podían abusar de su fuerza contra nosotras y tirarnos al suelo a la menor oportunidad.

Comenzamos el juego sin problemas. Al final, las violentas resultamos ser nosotras. Tirándonos encima de ellos a la mínima.

A mí al principio me dio algo de vergüenza, pero después de que Emmet cayera sobre mí, de forma deliberada, aunque sin lastimarme ni una pizca, dejé de lado esa cobardía, para empezar a jugar como lo hacía con mis chicos de la Push en nuestros tiempos adolescentes. Así que me quité la sudadera, me até el pelo en una cola alta y me dispuse a jugar bien… a lo loco, a lo bruto.

- Así que queréis juego duro, eh? - dije sonriendo traviesamente. Emmet y Jasper asintieron - Pues prepararos… - alcé mis cejas, a la vez que me ataba el pelo y me deshacía de mí sudadera. No lo hice de forma sensual, pero parecía que alguien así lo consideró.

Ya que noté como Edward clavaba su mirada en mi cuerpo. Hasta que lo encaré mirándolo alzando una ceja, sonriendo de forma pícara y mirándolo yo a él de la misma forma, provocativa y sensual. Comiéndomelo con los ojos de arriba a bajo.

- Te gustan mi piercing y mi tatu? - le pregunté sonriendo de forma pícara, ladeando la cabeza hacía un lado. Edward no dijo nada, simplemente se limitó a abrir la boca levemente, sin llegar a decir nada.

- Guauuu… vaya pasada! - Emmet se acercó y con uno de sus dedos, movió levemente mi pendiente - Es una luna rodeada por un sol… Qué original! - Le sonreí dulcemente, era igual que un niño. Todo le llamaba la atención.

Después de la parada, seguimos el juego.

Estábamos ganando nosotras, y cuando casi llegaba a hacer otro punto, el definitivo, unos brazos me sujetaron por la cintura, pegándome a su pecho. Sabía que era Edward… su olor, una exquisita esencia a rosas, lo hacían inconfundible; añadiendo la sensación de que mil voltios, de lo más placenteros, atravesaban mi cuerpo.

- No pensarás que te voy a dejar anotar así de fácil, verdad? – me susurro al oído; por su tono, sabía que estaba sonriendo.

- Claro que sí… - saqué toda mi fuerza para seguir corriendo, mientras él me apretaba más contra su cuerpo no dejándome apenas moverme. En ese momento, mi corazón palpitaba bajo mi pecho… pero no debido al esfuerzo, sino a la cercanía a su cuerpo, a él. - Ummm… suéltame… dijimos que nada de abusar… - aunque estaba protestando, sonreía y él lo notaba.

- De eso nada… no te pienso soltar… - su aliento me rozaba la oreja, poniéndome los pelos de la nuca de punta.

- Chicos… a cenar - la voz de Esme, nos pilló por sorpresa, haciéndonos caer.

Justo antes de que llegara a tocar el suelo con mi cara, Edward, en una maniobra sutil, me dio la vuelta, apoyando una de sus manos en el suelo y agarrándome de la cintura con la otra para que yo no recibiera el golpe.

Inconscientemente, yo pasé las mías por su cintura, pegándome a él.

Cuando mi espalda tocó la hierba y alcé mi cara, me sorprendí de la cercanía de la suya, ya que su cuerpo estaba apoyado a un costado del mío, pero sin dejar que soportara ni un gramo de peso del suyo. Casi podía saborear su aliento en mí boca.

Eso me hizo soltar el aire de golpe, sonando más bien como un jadeo. Él también abrió su boca, respirando fuerte; mostrando un Edward extremadamente sensual y seductor.

- Te has hecho daño? - me preguntó fijando su mirada en mis ojos. Por primera vez no había rastro de ningún sentimiento que me asustara o me provocara; simplemente era preocupación y amabilidad.

Estaba como eclipsada por él. No podía apartar mis ojos de los suyos. Ejercía un inconsciente poder de atracción conmigo y en ese momento le aguante la mirada sin oponer resistencia.

- Edward… - susurré su nombre envuelto en un tono de seducción y deseo incontenibles.

El pulso me latía descontrolado chocando contra mis venas, casi hasta dañándome. Tenía una sensación extraña en mi cuerpo… y lo que era peor… en mi corazón y en mí alma. Qué me estaba pasando?

Este tío no podía gustarme… Era un completo gilipoyas, a parte de un prepotente.

- Edward… estás abusando de nuestra invitada, hermano! - Emmet se nos había acercado y, por lo menos yo, no me había dado ni cuenta.

Estaba agachado a nuestro lado, con una sonrisa picarona en la cara. Entonces Edward cambió su cara… es como si Emmet le hubiera dicho algo que yo no hubiera oído.

- Te importaría soltarme? - su pregunta estaba cargada de mala intención; la había lanzado directamente para molestarme. Su mirada entonces cambio, volviéndose maliciosa y desconfiada.

- Si tu te levantas de encima mío, quizás así pueda soltarte… - le dije mirándolo con prepotencia. Si se pensaba que me iba a apoquinar con sus miradas y sus palabras fanfarronas, es que aun no sabía con quien se las estaba gastando.

Se movió, con una sonrisa orgullosa en su rostro, pero sus ojos volvían a lanzar rabia.

Y para acabar de completar la escena, me tendió su mano para ayudarme a levantar.

- Quita - le sacudí la mano de malas maneras - puedo sola. - sin volver a mirarle, me di la vuelta, sacudiéndome la parte de atrás del pantalón, recogí mi sudadera y me dirigí dentro de la casa.

Pasé por el lavabo a lavarme la cara y las manos, para estar presentable para la cena.

Cuando me aseé bajé a la cocina, donde todos ya estaban sentados, esperándome.

- Disculpar por haceros esperar - dije muy educada. Carlisle me sonrió complacido, al igual que Esme.

- Tranquila; ven siéntate aquí. - me contestó él.

Los asientos en la mesa ya estaban asignados. Carlisle y Esme presidían cada uno en un extremo de la mesa; los chicos se sentaban en un lateral, mientras que las chicas, enfrente de ellos en el otro.

Mi sitio estaba al lado del borde, teniendo a mi izquierda a Carlisle y a mi derecha a Alice; pero lo mejor de todo, es que tenía enfrente a Edward; ante mi descubrimiento, no pude evitar soltar un bufido de resignación y malestar.

- Os lo habéis pasado bien jugando? Vuestros gritos debían de oírse hasta en el pueblo, jeje… Así que puedo suponer que sí - Carlisle me miraba sonriente, repleto de felicidad.

Supongo que su alegría se debía a lo bien que estaba encajando con su familia.

- Sí, la verdad es que lo hemos pasado muy bien. Bella es una gran jugadora… además, no tiene piedad con los chicos, jaja! - rió Alice. - Es de las que le gustan a Rose, verdad? - se dirigió a su hermana sonriéndole con picardía.

- Sí, la verdad es que le hechas valor. Sobre todo con Emmet que te dobla en tamaño. Me gusta que tengas agallas - me dijo Rose, algo seca, pero al fin y al cabo, me había hablado.

- Gracias… pero estoy acostumbrada a jugar con chicos… por eso mis formas tan poco femeninas, jeje! - reí.

Todos se quedaron mirándome, invitándome a continuar.

- A ver… no sé lo que Carlisle os habrá contado de mí, pero os haré un resumen de mí misma - todos me miraban impacientes - Me mudé a Forks a cursar mis últimos dos años de instituto. Aunque hice buenos amigos allí, mis verdaderos amigos, eran los chicos de la Push - intenté que mi voz no se alterara al hacerles mención, pero no me había salido tan bien como me había propuesto. - Entonces teníamos 16 y 17 años… y aunque en esa época te crees muy mayor - rodé mis ojos sonriendo - no dejamos de ser poco más que niños, por lo que nos pasábamos muchas tardes jugando a cualquier cosa… rugby, béisbol, básquet… y a juegos más infantiles, como el escondite jaja! Ese era el mejor… y de tanto jugar con ellos, al final, copias sus modos… convirtiéndome en una máquina mortal de jugar, siendo incluso más tosca que ellos mismos… aunque me he llevado varios moratones, cortes y un esguince de muñeca - sonreí de forma nostálgica, acariciándome la muñeca izquierda.

- Vaya… pues habrá que tener cuidado contigo, jaja! Aunque no me das ningún miedo, qué lo sepas - me picó Emmet.

- Emmet, no interrumpas a Bella - Esme lanzó una mirada de reproche hacía su hijo - Disculpa a Emmet, cielo, a él le cuesta mantener su boca cerrada - sonreí mirándola a ella y a él.

- Bueno, después me gradué y conseguí una beca completa en Dartmouth para cursar enfermería - era un resumen muy breve… pero no iba a contarles intimidades.

- Bueno… y qué tal la vida de universitaria? Te gustó? - preguntó Jasper.

- Pues la verdad es que sí; mucho. No me importaría repetir la experiencia más veces… pero teniendo la misma edad, claro, jaja! Eso sería genial… volver a tener la misma edad… os imagináis? - ellos me miraron sonriendo, pero su gesto encerraba algo, estaba segura de ello. Aunque no le dí mayor importancia - Los dos primeros años, fui una chica buena, estudiando y aplicándome mucho. Saqué varios cursillos, para poder acceder a distintas áreas sanitarias. A parte de para poder llegar a ser jefa de enfermeras o enfermera personal de un médico asignado. - mostré normalidad, no quería parecer pagada de mí misma.

- Vaya… eso es algo muy difícil de conseguir, Bella. - comentó Jasper gratamente sorprendido.

- Es que Bella es muy buena estudiante, es una persona muy inteligente, con una gran capacidad - me alabó Carlisle. Lo cual me hizo sonrojar.

- Pero entonces… para conseguir todo eso, no te has divertido nada. - Emmet ya estaba poniendo caras raras.

- Eso fueron los dos primeros años. Después llegaron las fiestas universitarias, actividades extraacadémicas… Vamos, el desfase y la diversión - dije sonriendo.

- Y las citas? Por qué seguramente habrás tenido las que has querido y más, verdad? - Alice me guiño un ojo pícaro, mientras yo volvía a sonrojarme - Guauu… por tu reacción, has tenido más de las que pensaba… jaja!

Agaché la cabeza, completamente avergonzada. Era un tema que no me gustaba tratar en la mesa, y menos bajo la atenta mirada de los chicos.

Entonces, miré de reojo para Edward, el cual me miraba intensamente. No sabría explicar los sentimientos que sus ojos transmitían. Rabia, por descontado ya que era algo habitual que él me mirara así, pero también había curiosidad, expectación… y celos. Celos? Él se siente celoso por mis citas? No, de seguro estaba equivocando su mirada.

- Bella, cuéntales lo que aprendiste en tus clases extraacadémicas - recalcó Carlisle.

- Jaja… bueno, aprendí a hablar español, a montar a caballo y tocar el piano - relaté orgullosa de mí misma.

- Vaya…! Pues si que han dado de sí tus tres años de universidad! - exclamó Jasper.

- Bueno, lo del piano y el español, simplemente hago mis pinitos… pero montar a caballo se me da bastante bien. Mi profesor de equitación me decía que tenía sensibilidad con los animales, aunque no sé, no sé… jeje! - dije poniendo cara rara - Aunque la verdad, es que tengo la sensación de no haber aprovechado del todo mis años universitarios… - mi cara cambió por una de melancolía - Teniendo en cuenta, de que no voy a volver a disfrutarlos más… Aunque el tiempo no me daba para más, la verdad. En algún momento, debía dormir… - y sonreí de manera divertida.

Esme trajo la bandeja con los tallarines a la carbonara. Era justamente mi plato favorito de entre toda la pasta. Tenían una pinta exquisita.

Nos fue sirviendo, con los gestos propios de una madre. Era tan tierno de contemplar…

Aunque me chocó, que por la mesa, había repartidos varios centros con las flores que Rose y Alice habían cortado del jardín, impidiendo ver los platos de cada comensal.

- Ummm… están deliciosos, Esme. - le dije sincera. Además, tenía un hambre voraz. Aunque la comida en la Push era buena, con los acontecimientos acaecidos allí, había tenido mi estómago cerrado. Esta era la primera vez que me sentaba a comer tranquila, a gusto.

- Gracias, Bella, eres muy amable - me respondió sonriente y orgullosa Esme.

- Por cierto, he visto que tenéis un piano precioso; es que alguien toca? Porque podía darme alguna clase - dije sonriendo. Poco a poco, me iba soltando en la conversación, ya que ellos me mostraban gran amabilidad y me daban confianza para hacerlo. Ciertamente estaba pasándolo bien conversando con ellos.

Cuando mencioné lo de las clases, todos sonrieron, pero Alice destacó entre todos, dibujándosele una sonrisa enormemente traviesa en la cara. Yo me quedé mirándola sin entender su reacción.

- El piano es de Edward - noté como mis ojos se abrían ante la sorpresa, intentando recuperar la compostura antes de que lo notaran, cosa que no conseguí - Él toca maravillosamente bien. Seguro que no le importará darte algunas clases, verdad Edward? - Alice miró para su hermano, conteniendo la risa.

- Claro… aunque primero tendré que oírte tocar, para ver qué nivel tienes- clavó su mirada en la mía con cierta prepotencia, intentando y por supuesto consiguiendo, molestarme. Ante sus palabras, fruncí los labios en una mueca de rabia, soltando el aire por la nariz como un búfalo.

- No hace falta que te molestes, Edward - dije su nombre con toda la rabia que sentía en ese momento.

- Después de cenar, podías tocarnos algo, Bella - Carlisle miró primero a Edward, regañándolo con la mirada y después a mí, cambiando su mirada a una de disculpa.

- Teniendo a Mozart en casa… no necesitáis oír a nadie que desafine - contesté molesta.

Por un momento, la mesa se quedó en un silencio incómodo. Entonces me arrepentí de mis palabras, ya que aunque me hubieran ofendido y molestado, yo estaba en su casa y debía comportarme. Si él no sabía hacerlo, ese, era su problema.

- Bueno… solo hablas de deportes con pelotas, - Jasper me sonrió picardioso. Sabía que intentaba relajar el ambiente - pero… qué tal se te dan los juegos acuáticos?

- Acuáticos? - repetí la pregunta extrañada; él asintió - pues… bien… me encanta el agua, soy buena nadadora y también buceadora, consigo estar debajo del agua casi dos minutos - respondí pagada de mí misma.

- Vaya… eso está bien. Te hará falta - sonrió travieso.

- Por qué me lo preguntas? No tendrás pensado llevarme a la playa, verdad? Aunque no soy friolera… no me seduce la idea de meterme ahora mismo en las frías aguas de Forks - dije sonriendo y mostrando un teatral desagrado ante esa idea.

- No hará falta llevarte a la playa… aquí, en casa, tenemos una piscina climatizada. Si tanto te gusta el agua, entonces te encantara - respondió Alice brillándole los ojos - Después de cenar, podíamos darnos un baño - dijo empezando a exaltarse, removiéndose en la silla.

- Y la digestión, qué? - la vena médica de Carlisle salió a flote.

- Carlisleee… cómo se nota que eres médico, jaja! Yo no respeto la digestión; mi organismo está acostumbrado a mojarse sin esos royos de esperar dos horas… - me volví hacía Alice

- Alice, la idea es muy tentadora, pero la verdad es que estoy muerta… agotada. Qué tal si lo dejamos para mañana? - intenté darle pena, para que ella no siguiera poniendo esa carita de decepción.

- Valeee… mañana. Entiendo que estés cansada, han sido dos días agotadores - me respondió ella sonriendo casi hasta de forma maternal.

Carlisle y yo, mantuvimos una liviana conversación, mientras íbamos acabando de cenar. Los demás, se sumieron en sus propias conversaciones, pero tenía la sensación de que estaban más atentos a lo que nosotros hablábamos.

- Me alegra de que al final vayas a quedarte aquí, en Forks - me dijo muy sonriente.

- Gracias… ya te dije, que tu eres un punto importante en mi cambio de decisión, aunque haya otros motivos para hacerme irme de inmediato - cerré los ojos por unos instantes, sacudiendo la cabeza intentando sacarme a Jake y a la gente de la Push de ella. Cuando volví a abrirlos, todos me miraban expectantes.

- No quiero ser indiscreta, pero… esos motivos para hacerte irte, tiene algo que ver con la gente de la reserva Quileutte? - Alice me lo pregunto con cautela, con educación, aunque pareciera una intromisión a mi vida privada… Pero mi pulso se disparo y un nudo se me formó en la garganta. Tan obvio era?

- Alice… pero cómo le preguntas eso? - la reprendió Carlisle.

- Yo… lo siento. No quería ofenderte con mi pregunta… de verdad, lo siento si te e incomodado - se disculpó de inmediato ella.

- Tranquila… solo que me ha sorprendido el que sea tan obvio como para que te dieras cuenta. Es algo que sucedió hace ya mucho tiempo… - no pude seguir. Me mordí el labio intentando serenarme, ya que el corazón iba a salírseme por la boca.

- Es por Jacob Black, verdad? - la pregunta de Edward me dejó aun más sorprendida. Haciéndome hasta jadear. Por la mirada de Edward, que estaba de forma permanente en la mía, me hacía entender que él sabía que así era.

Durante un minuto, o tal vez fueran más, no lo sé ya que perdí la noción del tiempo, no respondí nada. Qué iba a contestar ante semejante pregunta?

- Bella… estás bien? Te has quedado pálida, querida - la voz de Esme me hizo salir de mi ensoñación.

- Pues la verdad es que no - pestañeé intentando escapar de la mirada de Edward y empecé a mover la silla para levantarme - si me disculpáis… realmente no me siento demasiado bien.

- Bella… - Carlisle se levantó a la vez que yo.

- Tranquilo… sigue cenando… Hoy ha sido un día demasiado intenso - me giré hacía Esme poniendo algo similar a una sonrisa en mi cara - Gracias por la cena, estaba deliciosa.

- Bella… si luego te sientes mejor, baja al salón. Siempre nos acostamos tarde… - Alice me miró con aflicción, mientras me mostraba una sonrisa triste.

Me subí a la habitación, intentando controlar las lágrimas que peleaban por salir de mis ojos.

Una vez dentro, cerré la puerta y me dejé caer en la cama, liberando la opresión que sentía en mis ojos y en mí pecho… dejando correr las lágrimas sin oposición alguna.

Aunque intentaba controlarme, algún suspiro escapaba de mi boca, al igual que una niña pequeña.

Entre ayer y hoy, habían sido demasiados acontecimientos. Y siendo sincera, no sabía cual me afectaba más, si el encuentro con Jake o si la muerte de mí padre. Eso me hacía sentirme mal… Debería estar más afectada por la muerte de mí padre… Aunque él y yo, no hubiéramos congeniado del todo nunca, ni siquiera el tiempo que estuve estudiando aquí, no dejaba de ser mí padre, al cual no volvería a ver más… Y le tenía muy en cuenta todos los esfuerzos que hizo porque me sintiera cómoda esos años de convivencia.

Imágenes sin sentido se venían a mí mente sin censura, haciéndome jadear, logrando que las lágrimas cayeran por mis ojos sin control alguno por mí parte.

Tardes de juegos con los chicos de la Push, mi primer día en el instituto de Forks, la cara de emoción de mi padre cuando me recogió en el aeropuerto, mi habitación cuando acabé de decorarla, mi primer beso con Jake, nuestras risas de amigos, mis amigos del instituto, la primera vez con Jake, las cenas en casa de Billy, ayudando a mi padre con los aparejos de pesca…

Todas me golpeaban sin contemplaciones, haciéndome hasta estremecer… y de pronto… una imagen nueva e inesperada se intercaló en mi mente… Edward. En el cementerio, cuando me salvó de ir con Jake. Su manera de cubrirme con su cuerpo, de defenderme, su cara… Otra imagen de él… su cara cuando me había consolado a la puerta de la iglesia cuando me había dicho aquello…

- No llores Bella… todo esto pasara pronto. Aunque… hasta llorando estas preciosa.

Su cara, sus ojos, su sonrisa… cuando me había dicho aquello… ahora, estando en la soledad de aquella habitación, podía recrearlo una y mil veces en mi mente e intentar descifrar el por qué de que me dijera aquello y de la forma en la que me lo había dicho.

Pero… a que venía ahora pensar en él? Él que siempre me miraba con esa hostilidad y esa rabia. No entendía como había conseguido colarse en mis recuerdos de esa forma.

Pero pensando en él y el misterio de que se introdujera en mi cabeza, había conseguido serenarme.

Fui al baño y al mirar el reflejo que el espejo me devolvía, me hizo estremecer… Tenía los ojos rojos e hinchados debido a la llantina. Ahora que había decidido bajar al salón… Quién podía hacer acto de presencia así? No quería darles pena ni alterarlos. Ellos habían sido muy hospitalarios conmigo y no pretendía dar más que hacer en la familia de Carlisle, ya que a saber lo que le habría costado convencer a Edward y a Rosalie para que me quedara hoy en su casa.

Pensando en eso, unos golpecitos en la puerta, me hicieron dar un salto.

Fui hasta allí y abrí de forma rápida. Lo que vi delante de mí puerta, me dejó clavada en el sitio y con los ojos y la boca abiertos como platos.