CAPITULO 14 Bajando las barreras


Al ver a Edward delante de mí puerta y con esa mirada de arrepentimiento, un nudo se formo en mi garganta. Pero su comportamiento me desconcertaba y me sacaba de mis casillas. Ahora te hablo bien, después me pongo seductor, para acabar siendo un completo gilipoyas.

- Qué quieres ahora? - le dije de forma fría, pero sin alzar la voz - No has tenido suficiente ahí abajo? – le dije sin mirarlo directamente. No sabía por qué, pero no podía aguantarle la mirada.

- Bella… siento haberte dicho eso… No quería ser indiscreto ni molestarte…

- Joder… pues menos mal! Si llegas a querer… - le contesté de forma sarcástica.

- Bella… - susurro.

- No te molestes Edward. Sé que te ha debido mandar Carlisle subir a disculparte, así que no hace falta que sigas con el teatro. - me giré con intención de darle la espalda y de paso, dar la conversación por concluida.

Entonces, agarró suavemente mi muñeca con su mano, envolviéndola en ella; haciéndome girar para encararlo otra vez. Su tacto sobre mi piel, hizo que un estremecimiento recorriera mi cuerpo entero. Y no era una sensación desagradable para nada.

- Bella… nadie me ha obligado a subir. Ha sido iniciativa mía. Quiero realmente disculparme contigo. - su mirada no tenía ningún doble sentido. Estaba diciéndolo de corazón.

Pero… quien se fiaba de él? Era un chico de lo más extraño. Toda la familia lo era, realmente, solo que Edward, los ganaba por goleada por su carácter frío, prepotente y hasta casi grosero.

Su comentario sobre Jacob, en la mesa, lo confirmaba… Pero… a lo mejor, si que quería disculparse de verdad… Pero sea por el motivo que sea, no iba a rebajarme a su mismo nivel.

Además, él es el favorito de Carlisle. Yo, que soy una persona perceptiva, lo había notado rápidamente. Debía intentar llevarme bien con Edward por él.

Carlisle se había abierto de verdad a mí y me estaba ayudando en un muy mal momento de mi vida, debía sacar a relucir mi escasa paciencia y hacer de tripas corazón por aguantar las bipolaridades de Edward, ya que él, era el hueso más duro de roer de la familia. No podía, no debía ponérselo más difícil. Sí venía a disculparse, que lo hiciera. Qué podía pasar?

EDWARD PV


- Edwarddd… No juegues conmigo. –Bella clavó sus ojos llorosos y rojos en los míos, haciéndome estremecer.

- No lo haré…Vengo a disculparme en serio. – le dije ablandando mi mirada. Ella me observo durante unos segundos con los ojos entornados, hasta que al final, también se ablandaron.

- Está bien, pasa… Pero a la mínima, te vas fuera. – me dijo mirándome con advertencia. - Ponte cómodo, ahora vuelvo. – dicho lo cual, se metió en el baño.

Al cabo de unos minutos, salió más compuesta. Se había lavado los dientes y la cara, aparte de coger aire varias veces antes de salir. Pero cuál fue mi sorpresa, que su ropa había desaparecido y venía con un bonito y coqueto pijama. Estaba encantadora.

Estaba sentado en uno de los sillones de su cuarto, pero ella se sentó en la cama, acomodándose contra el cabecero. Nos quedamos mirándonos durante varios minutos.

Intentaba alternar mi mirada entre ella y el infinito, al igual que hacía ella misma, para no incomodarla. Quedarse mirando hacía alguien durante mucho tiempo seguido, siempre invita a sentirse incómodo.

- Bueno… vas a hablar… o qué? Me está entrando sueño… - bostezó forzadamente. Sé que con la intención de molestarme. Su mirada traviesa la delataba.

- Bueno… lo dicho. No pretendía molestarte hasta tal punto. Jacob Black y yo, no nos llevamos… excesivamente bien, que digamos y el ver cómo te obligaba a irte con él… me molestó sobremanera. – levanté mi mirada y ella estaba contemplándome sonriendo con… cariño?

Bella se quedó mirándome fijamente a los ojos, con un gesto inescrutable… En esos momentos hubiera dado cualquier cosa por leerle la mente.

Al cabo de dos intensos minutos, al final habló:

- Bueno… no me voy a meter en tu extraña relación con Jacob Black. Aunque como imagino que sabes, el sentimiento es mutuo por su parte – asentí. – Tengo que darte las gracias por salir en mi defensa delante de él. Fue todo un gesto, de verdad; no puedes ni hacerte a la idea de lo agradecida que estoy porque evitaras que me fuera con él – su mirada se volvió cristalina.

- Bella… si no te incomoda, si no es entrometerme demasiado… qué es lo que te pasó con ese chico? – mis palabras sonaron cautelosas, y mis ojos la miraban apartados de los sentimientos que siempre irradiaban hacía ella. Odio y rabia.

Inhaló una gran bocanada de aire, miró hacia el infinito y al cabo de un minuto, empezó a hablar.

- No quiero entrar en detalles, ahora mismo no me apetece demasiado… pero bueno, la idea es esta…

Bella me relató porque había venido a vivir a Forks. Que ya conocía a la gente de la reserva de venir en verano. Que ella y Jake siempre fueron grandes amigos y que con el tiempo, esa amistad degenero en algo más. Me contó lo muy enamorados que habían estado, eso me hizo apretar los puños con fuerza, intentando que ella no notara nada. Ella continúo con su relato. Todo iba bien, hasta que un día, Jake empezó a cambiar… y lo más sorprendente, es que el resto de los chicos, también. Ahí empezaron los problemas.

Entonces me di cuenta que eso habría sido cuando nosotros vinimos a Forks. Nuestra vuelta, había conseguido despertar a una manada de licántropos que permanecía dormida durante décadas.

Bella siguió contándome su relato, aunque ella lo hacía de forma escueta, sus gestos y sus miradas, contaban el resto de la historia por ella.

Esa mala racha pasó, pero nada fue igual entre ellos. Seguía habiendo amor, si, pero no era lo mismo. Poco antes de marcharse a la universidad, ella había rechazado ofertas tales como Dartmouth o Harvard para quedarse en la simplona de Seattle para poder volver a Forks todos los fines de semana para ver al chucho, entonces una prima de otro de los lobos, había venido de visita. Cuando Bella los vio juntos, capto perfectamente que entre ellos había algo más; algo muy fuerte. Imposible de explicar con palabras. – Claro, el chucho pulgoso, se había imprimado de la otra chica

Por eso, los dos primeros años de universidad había sido una chica tan buena, porque no tenía ánimos de salir, de divertirse… todos sus pensamientos estaban centrados en ese chico. Hasta que de pronto un día, se levantó habiendo dormido de un tirón, sin ser él lo primero que le vino a la mente al despertar… Lo había superado. Fue entonces, cuando la diversión universitaria, se abrió ante ella.

- Eso es estupendo Bella. – le dije intentando transmitirle lo feliz que me hacía oírle decir que lo había superado. Aunque no fui todo lo efusivo que quería haber sido. Debía seguir manteniendo algo de mi fachada de borde con ella.

- Sí, sí que lo fue… mucho. – me contestó alzando las cejas de forma traviesa y algo pícara.

- Pero… - le dije entrecerrando los ojos – cómo descubriste las diversiones universitarias? Así sin más? – le pregunté curioso.

Bella se puso de inmediato colorada, sonriendo de forma traviesa. Eso me hizo agachar más los ojos.

- Bueno… tú eres un chico y no debería decírtelo, pero… - la miré invitándola a seguir - está bien. Eso fue hace ya tiempo… - suspiro, a la vez que sus mejillas volvían a adquirir una tonalidad sonrojada – Después de aquel día, decidí que debía cambiar. Tenía casi 20 años, y llevaba toda mi vida igual. Así que mirando en el tablón de anuncios de la facultad, encontré prácticamente todo lo que necesitaba para ese cambio

- Y que hiciste? En qué cambiaste? – le pregunté movido por la más absoluta de las curiosidades.

- Bueno, no te voy a contar todos mis secretos de belleza… tu no dejas de ser un hombre… Así que, qué gracia tendría si los supieras? Son mis secretos de deslumbramiento. – contestó poniéndose interesante y seductora, pero con un toque divertido. Su gesto me hizo estremecer.

- Es que me quieres deslumbrar, Bella? – la pregunta salió de mi boca sin pensar. De forma repentinamente seria. Estando cerca de ella, me era excesivamente fácil dejarme llevar así. Tenía que estar más atento.

En ella desapareció todo signo de burla o broma, para mirarme de una manera que me dejó helado. Su rostro se quedó serio, inescrutable, pero había algo en él… En la forma de mirarme, fija y detalladamente, como si estuviera sopesando que decir. Como si estuviera analizando mi rostro, memorizándolo con cierto gozo. Entonces una sonrisa sensual, comenzó a salir de sus labios.

- Realmente, no me lo había propuesto. Pero… sería interesante probar… No crees? – entonces clavó sus ojos en los míos, lanzándome toda la fuerza de su mirada. En ellos, había deseo… Para completar la escena, y que yo, después de casi 100 años como vampiro, tuviera la necesidad de inhalar aire, Bella se humedeció los labios con la lengua, mordiéndose el inferior sensualmente con los dientes. Despacio… muy despacio.

Aun, en el día de hoy, habiendo pasado tanto tiempo… Sigo preguntándome, como conseguí controlarme y no poseerla, no hacerla mía en ese mismísimo instante.

Mi cara debió de ser todo un poema, ya que ella, cambió su gesto y me miró sonriendo de forma inocente. Eso, la hacía aun más irresistible… Su forma de cambiar; de mujer sexy a niña inocente, en uno solo gesto.

- Tranquilo, seré buena. – dijo tranquilamente alzando ambas cejas. – En resumen y sin desvelar detalles ni secretos, cambié. Empecé a volverme más coqueta, a cuidar mi imagen, y a fijarme como otras chicas coqueteaban con los chicos. Al tener facilidad para los gestos faciales, eso fue de lo más fácil. Es increíble – dijo entornando los ojos y meneando la cabeza con una sonrisita en su boca – lo manipulables que sois los hombres ante una sonrisa, una mirada, un aleteó de pestañas… Es algo que sigue alucinándome. – me dijo con una sonrisa entre sorprendida y vanidosa. En ese momento, se me pareció a Rose. Ellas acabarían llevándose bien, estaba seguro.

- Bueno… eso nos puede atraer hacía una mujer, pero para que nos guste, tiene que haber más cosas que simples gestos. No crees? – le dije mirándola con cierto reproche. Que se creía, que era la reina del universo?... Del mío, sí. De eso no tenía la menor duda.

- Sí por su puesto… estoy completamente de acuerdo con tu teoría. Pero como anzuelo para que os acerquéis y atraer vuestra atención… no es necesario mucho más que eso. – dijo rotunda y segura.

- Ummm… ok! – le dije sonriendo y moviendo la cabeza asintiendo. – Bueno… y cómo siguió tu cambio? – ella sonrió, negando con la cabeza. Cogió aire y siguió.

– Chicas cercanas a mí, notaron el cambio rápidamente, abriéndome su círculo de amistades. Entonces, una cosa lleva a la otra. Cuando sales de casa y tienes un grupo de buenas amigas, te enteras de más cosas. De ahí que me apuntara a equitación, a piano, a español… En los dos primeros años, aparte de sacar la carrera con unas buenísimas notas, había sacado los cursos de enfermera jefe y de enfermera asignada. El primero, tenía claro desde el principio que quería lograrlo, así me abriría más puertas laborales aparte de la categoría profesional, por su puesto. Pero el segundo lo hice porque aun me sobraba tiempo… y lo que menos quería por aquel entonces, era tiempo extra para pensar. – me dijo volviendo a ponérsele un gesto triste.

- Bueno… así el último año, lo tuviste para ti y para tu mágico cambio, no? – le dije sonriendo burlón. Prefería cambiar de tema… Verla sonreír feliz, con esos gestos que me volvían loco.

Ella entornó los ojos, haciéndolos rodar a su vez. Nos quedamos en silencio unos instantes… Pero tenía que buscar la manera de que me hablara de lo que, ahora, le había pasado con el chucho. Así que fui directo, dejándome de rodeos.

- Bueno... pero no me has contado lo que te pasa con ese chico ahora. No quiero ser pesado con el tema, pero… si dices que lo tenías superado… O es que al verlo, las dudas vuelven a ti? – realmente, esa era la pregunta del millón. Si ahora ella me decía que seguía amándolo, mi mundo se vendría abajo.

- No, para nada. Ahora estoy más segura que nunca. – Casi suspire del alivio al oír sus palabras - Aunque no te mentiré, ya que una leve duda, quiso asomar en el momento en que nos volvimos a ver… La duda de pensar como estaríamos ahora. Si nos hubiéramos casado ya. Si tendríamos planes de tener hijos pronto… - ante sus palabras, un escalofrío me recorrió el cuerpo entero. – Pero no. Estoy casi segura, de que aunque aquella chica no se cruzara en nuestro camino, hoy, no estaríamos juntos. Jake es una persona genial. Divertido, encantador, amigable, cariñoso… Pero le faltan ciertas cualidades que yo en su momento ya valoraba, pero siendo una adolescente enamorada no echaba en falta. Ahora que soy más madura, que ya no soy esa chiquilla soñadora… Sé que, antes o después, las añoraría. Los chicos universitarios… bueno, algunos, - rodó los ojos. No quería imaginarme el por qué de su gesto; no quería imaginarme a cuantos chicos habría conocido. Sabía perfectamente cómo eran las "diversiones universitarias" - tenían algunas de esas cualidades… y es ahí, donde me di cuenta de que sin ellas, mi hombre perfecto no estaría completo. Pero contestando a tu pregunta, el primer día que llegué, pensé que me sería insoportable estar cerca de él, pero no es así. Hemos hablado, y él hará su vida y yo la mía. Además, aquí está tu padre… y bueno… él es un gran apoyo para mí.

- Ahhh… Pero… cuáles son esas cualidades? – Bella sonrió, mostrando una falsa sorpresa por mi pregunta. Quería aprovechar la oportunidad para saber cómo debía ser el hombre que la conquistaría. Sí, es ser masoquista, lo sé.

- Bueno, aunque las cualidades de Jake, son muy buenas… yo tengo otro tipo de carácter. Soy sarcástica, irónica, puedo llegar a ser fría como el hielo y cortante como la más afilada de las cuchillas… Aunque suene extraño, me gustan más los hombres… un poco como yo. Que tengan carácter, genio, potencia. Que parezcan fríos, pero que sabiendo calentarlos correctamente, puedan convertirse en fuego puro y en el pastelito más dulce. – Estaba quedándome pasmado… parecía que Bella estuviera describiéndome a mí mismo. Su mirada cargada de picardía, era impactante – Inteligencia, que puedas mantener con tu pareja una conversación sobre temas importantes, tales como política, música, historia… Alguien con el que enriquecerse mutuamente. Que sea sensual… que con solo mirarme, consiga que el corazón se me dispare. Y bueno… un poco en contradicción y puestos a exigir, me gusta que sean románticos y protectores… Jajaja! Pido mucho verdad? – dijo ella con una nota de vergüenza en su voz. – Aunque soy realista, no te creas… Sé que no existe un hombre así. Para tener todas esas cualidades, imagino que no sería humano. – Ante sus palabras, tuve que controlar mi reacción, no dejándola ver que me había sorprendió y casi hasta asustado. – Y cómo sería tu mujer ideal, Edward? – me preguntó muy normal y tranquila.

- Bueno… pues, no sé… Si te soy sincero, se parece a tu hombre perfecto… pero en mujer, claro. También me gusta que tengan carácter, que sepan valerse por sí mismas, pero que acepten de forma romántica la ayuda de su caballero. El que sea una persona culta, creo que es un requisito indispensable para mí. El, como tú bien has dicho, poder enriquecernos mutuamente, conversando de forma agradable, mirando el cielo estrellado, abrazados de una forma romántica. – ella asentía a mis palabras en silencio.

Cuando acabé de relatar a mi mujer perfecta, ella se me quedó mirando como antes lo había hecho. De esa forma sería, inescrutable. Clavando sus ojos azulados y profundos en los míos.

- Edward… por qué has sido así conmigo? Quiero decir… - la corté.

- Sí… sé lo que quieres decir. Es verdad que he sido borde contigo... pero me cuesta abrirme a la gente de fuera. Mi familia y yo, hemos estado durante mucho tiempo unidos, sin separarnos. Incluso ahora, que somos adultos y ganamos nuestro dinero, pudiendo independizarnos, seguimos todos juntos. En familia. – Ella me miraba con los ojos entrecerrados, sin acabar de comprender – Mis cuatro hermanos, se han unido entre ellos, ya que como bien sabes, no compartimos consanguinidad alguna, a excepción de Emmet, Alice y yo, por un lado y Jasper y Rosalie por otro. Si te das cuenta, no ha habido nadie de fuera nunca en la familia. Y entre que yo soy poco extrovertido, y que con el paso del tiempo, me he ido encerrando más en mi mundo, en el trabajo, en ellos… Pues, de ahí mi carácter; aunque bueno, siempre he tenido un genio endemoniado, como me dice Alice. – una sonrisa surcó mis labios. Mi duendecilla, la que tan bien me conocía, casi hasta más que yo mismo. Ahora estará escudriñando a ver que veía salir de todo esto.

Realmente esperaba que ella viera algo en claro, ya que yo, no tenía ni idea de nada. Bella era desconcertante… Aunque esa cualidad, me hacía desearla y anhelarla aun más.

- Bueno… eso lo explica, la verdad. Pero… ahora, ya no me mirarás más así, verdad? O es que te caigo mal? Si es eso, prefiero que me lo digas a la cara y listo. No voy a romperme por asumir algo así. No se puede caer bien a todo el mundo, no es cierto? – me preguntó fingiendo una normalidad que sus latidos desenmascaraban. Estaba nerviosa por mi respuesta… Tal vez… solo tal vez, yo pudiera gustarle una mínima parte de lo que ella me atraía a mí.

- Claro que no me caes mal… simplemente es eso. Necesito tiempo para adaptarme a que alguien externo a la familia, revoloteé ahora por aquí. – se quedó pensativa, sin saber que decir – Tranquila, no volveré a mirarte de esa forma, de acuerdo? Por ahora, puedo prometerte eso.

- Será más que suficiente… - contestó como liberándose de una pesada carga. – Yo intentaré molestarte lo menos posible. De acuerdo entonces? – ella alzó su mano para cerrar nuestro acuerdo. Me levanté del sillón y me agaché para estrechársela.

Su mano era tan cálida, tan suave… Esa sensación de corriente eléctrica me recorrió otra vez el cuerpo entero. Era increíble el poder de atracción que esa humana tenía en mí. Me vi en la terrible obligación de soltarle la mano… muy a mi pesar.

- Querrás dormir, supongo? – realmente lo que menos me apetecía era separarme de ella, pero llevábamos más de hora y media de charla y ella tenía los ojitos ligeramente enrojecidos, bordeados por unas marcadas ojeras. Estaba necesitada de descansar.

- Bueno, estoy algo cansada, pero no me apetece dormir aun… No anda Alice por ahí? – ella y mi hermana, habían congeniado bien. Estaba seguro, de que llegarían a ser grandes amigas. Incluso con Rose, cuando ella dejara de lado sus diferencias con Bella. Tenían ciertos rasgos parecidos… la coquetería, era el principal.

- No, no están. Han salido un rato a dar un paseo. A mí familia y a mí, nos gusta salir a pasear cuando la temperatura de la noche nos lo permite. Somos consumados senderistas – mi contestación fue perfecta para encubrir otras posibles noches en que se quedara y notara la falta de alguno de los miembros de la familia.

- Ah…- contestó con tono compungido – Es que… la verdad… no me apetecía quedarme sola aun… - sus mejillas se volvieron a colorear – me cuesta adaptarme a sitios nuevos.

- Tienes miedo? – le pregunté aguantándome la risa. El dormir sola, era lo que menos debía preocuparle estando en una casa con siete vampiros… incluyendo uno, excesivamente interesado en ella.

- Bueno… aunque sea algo infantil… sí. No me gusta dormir sola en sitios extraños. – sabía que ella estaba deseando pedirme que me quedara, pero la vergüenza, la hacía callar.

- Qué te parece si ponemos la tele? Podría quedarme un rato aquí contigo. - la miré de soslayo, no dándole importancia a mi comentario – Así tampoco la veo yo solo en mi cuarto. Nos hacemos compañía mutua. – a ella la idea le pareció genial. Sus ojos brillantes y exaltantes de alegría, lo dejaron más que claro. – Así… me acostumbro más a ti. – sonrió abiertamente ante mi comentario. Su sonrisa, iluminaba mi alma… o lo que fuera que tuviera… Ya que estando al lado de mi Bella, me hacía sentir menos monstruo.

- Bueno… pues ve a cambiarte… yo voy al baño mientras y voy buscando un canal interesante. – Cambiarme? Joder… claro! El pijama.

Nosotros no usábamos ese tipo de ropa. Bueno, buscaría una camiseta de algodón y un pantalón deportivo que hiciese esa función. Muchos humanos, usan ropa de deporte, cómoda y holgada para dormir.

Me fui para mi habitación y cuando iba a entrar en el vestidor, pegada en la puerta, había una notita de Alice.

Primer estante a la derecha. Ya me lo agradecerás.

Por cierto… Te avisaré cuando nos estemos acercando…

Así, no os pillaremos en una posición… comprometida!

Un beso, te quiero…

Mi hermana era única. En cuanto la viera, le daría un grandioso abrazo seguido de un más que sonoro beso. Esos gestos en mí, sabía que los agradecía infinitamente. Al igual que yo ahora mismo, que me facilitara esta prenda, que jamás pensé volver a usar.

Aunque… comprometida? En qué posición podríamos estar Bella y yo, para que la idea de que si llegara mi familia, pudiera incomodarme? Preferí no conjeturar sobre eso.

Al cabo de unos minutos, ya estaba con el… pijama puesto. Volví a la habitación de Bella, la cual tenía encendida la lamparilla de su mesita, apagando la luz central.

De este modo, la habitación adquiría una tonalidad más íntima, más sensual. – Tal vez, no fue buena idea que propusiera ver la tele con ella…Contrólate Edward… Puedes hacerlo.

Recorrí la habitación con paso vacilante y me senté en la cama, junto a Bella, la cual estaba recostada debajo de las mantas. Yo opte por quedarme por encima.

No hubiera sido muy propio meterme dentro de ellas… además todos mis intentos de ser un caballero hubieran quedado tirados por tierra, ya que no estaba demasiado seguro de ser capaz de controlarme estando en ese tipo de intimidad con Bella.

- Espero que no te parezca demasiado atrevido por mi parte… - dijo con sus mejillas otra vez coloradas. Era realmente encantadora cuando se sonrojaba de esa forma. – No me parece justo mandarte a esa butaca, por muy cómoda que sea… – Otra cualidad… ella era generosa.

- No claro… no me incomoda, al contrario. – contesté de forma natural.

Y ahí estábamos los dos, recostados en la cama manteniendo la compostura, algo tensos por el momento y la situación.

- Bella… prefieres que me siente en la butaca? A mí no me importa, en serio – le pregunté con una sonrisita escondida.

- No… por qué lo dices? Lo prefieres tú? – me devolvió la pregunta con cierta tensión.

- No… - tuve que ocultar la sonrisa – yo estoy aquí muy cómodo. Ella suspiro con cierto alivio.

- Vale entonces – ella dio la conversación por concluida.

Al final, entre los tantísimos canales que había, encontramos una película que nos convenció a los dos.

Al cabo de un rato, noté como Bella se movía buscando una postura más confortante. Cómoda para seguir viendo la tele mientras caía dormida. Cómo les gusta a los humanos dormirse con el sonido de la televisión.

Alcé mi brazo, el que rozaba contra ella. Bella entendió mi gesto enseguida, aunque ya estaba prácticamente en la inconsciencia del sueño. Fue deslizándose por la cama, hasta que apoyo su cabeza en mi pecho. Aunque tenía sumo cuidado en no rozar las piernas ni los brazos más de lo necesario conmigo.

- Duerme Bella. No me moveré de aquí. Estate tranquila. – le susurré cuando el sueño ya se había hecho presa prácticamente de la consciencia de ella.

- Ummm… genial… Me gusta tenerte en mí cama… - Cómo? Había oído bien? Bueno… eran palabras sin sentido que se dicen en plena línea entre la consciencia y la inconsciencia. Intenté convencerme de ello. No quería ilusionarme con falsas esperanzas ni ideas absurdas.

Al cabo de unos minutos, noté como su respiración y sus latidos, danzaban relajados. Se había dormido. Entonces, pasó su brazo por mi estómago para dejar su mano descansando en mi pecho junto con su cabecita. Estaba encantado con tener a Bella así, tranquila y relajada en mi compañía. Pero ella estaba dormida… qué ilusiones podría hacerme yo? Ninguna.

Entonces comprendí a la postura que se refería Alice. Esta postura. Y por supuesto que me incomodaría y bastante, el que mi familia me viera así con Bella.

Dejé vagar mi imaginación… Por el momento… Por el ambiente… Cualquiera que nos viera desde fuera, pensaría que éramos un encantador y romántico matrimonio, acurrucaditos en su nidito de amor.

Pude disfrutar de su roce y de su dormir plácido y tranquilo, casi una hora más. No me perdí ni una sola respiración que sus dulces y carnosos labios dejaban salir.

Era encantadora y como su nombre bien indicaba… Era bella durmiendo. Cómo un angelito. Como una niña necesitada de cariño y protección.

Entonces comprendí, que por mucho que quisiera separarme de ella, no me iba a ser posible. Estaba demasiado loco por ella… demasiado cegado por el amor que le profesaba. Era su esclavo, su eterno esclavo… Sería su protector, aunque tuviera que guardarme mis sentimientos en las sombras. Y lo sería por toda la eternidad. Estaba completamente convencido de ello.

Jamás le pasaría nada, estando yo a su lado. Y estaría con ella, hasta que me fuera posible. Era mi decisión y era irrevocable.

La voz mental de Alice, avisándome que se aproximaban, me hizo despertar de mi ensoñación.

Me levanté con sumo cuidado de no despertar a mí ángel y me fui a mi habitación.

BELLA PV


Estando recostada en su pecho… empezando a dejarme llevar por el sopor del sueño, tuve que reconocer que Edward, cuando quitaba su máscara y se abría, era un hombre encantador.

Conversar con él, había sido de lo más fácil y llevadero. Como si fuéramos amigos que hace tiempo no se ven y se ponen al día. Con esa confianza que da la amistad. Aunque al principio estaba un poco tensa y recelosa, al final, mi carácter dulce y alegre… Había salido a la superficie. Hacía muchísimo tiempo que no estaba así con un hombre… Desde… Jacob.

Aunque la temperatura de su cuerpo era fría, me sentía realmente bien allí, entre sus brazos, los cuales, habían conseguido templarse.

Viendo la escena desde fuera, pareceríamos un feliz y encantador matrimonio en su nidito de amor. Esa idea me hizo sonreír internamente.

Edward y yo… casados? Creo que sería lo último que podría pasar entre nosotros.

Me había dicho que no le caía mal, pero seguía comportándose de forma extraña. Como intentando mantener las distancias conmigo. Pero algo escondían sus ojos y algunos de sus gestos. Alguna vez, cuando bajaba la guardia, podía ver como me miraba de forma distinta… Con dulzura. Pero eso duraba escasos segundos.

Después de haber pasado este rato con él, me daba cuenta que era interesante, divertido, observador… casi demasiado. Lo había pasado bien con él. Ahora mismo, tenía una sensación parecida a cuando Jake y yo empezamos a ser más amigos, al mudarme yo de forma permanente a Forks.

Tal vez… con mucha suerte, pudiéramos llegar a entendernos…

Aunque si no fuera el hijo de Carlisle, no me importaría para nada poner en práctica mis dotes de deslumbramiento con él.

Porque aunque fuera un poco jilipoyas, debía reconocer que era endemoniadamente sexy y atractivo. Tenía una mirada y una sonrisa que podían parame el corazón de golpe… haciendo que otra parte de mi anatomía respondiera de forma inmediata… - Cómo sería el sexo con él? Joder Bella… vaya lo que se te da por pensar… -

Por muy atrayente que pudiera resultar Edward, que lo era, no podía permitirme el que un momento de lujuria complicara las cosas. Él era el hijo de Carlisle y yo debía mantener controladas mis hormonas, las cuales notaba como empezaban a burbujear por mi cuerpo, pidiendo… o más bien, suplicando, que me acercara a él.

No… definitivamente no. No iba a caer en la trampa mortal de tener un rollo con él y que luego saliera mal… Jamás le haría algo así a Carlisle.

Además… mañana él podría volver a ser un estúpido conmigo… que era lo más probable. Debía estar preparada para enfrentarme otra vez a un Edward Cullen distante y frío. Aunque había prometido, no volver a mirarme de esa forma. Cuando sus ojos se posaban en los míos de esa manera, un escalofrío inexplicable, me recorría la columna de arriba abajo. Era como una advertencia ante un peligro el cual aun no puedes ver.

Pensando en eso… y en lo cómoda y reconfortada que me sentía entre su pecho y su brazo… Me dejé ir, para entregarme a otros brazos… Los de Morfeo.

Bueno... no os quejaréis; este ha sido bien larguito y con PV de los dos.

Parece que Edward empieza a bajar barreras con Bella... y por fin ha admitido, aunque sea a si mismo, que esta enamorado de ella.

Veremos a ver qué pasa a partir de hoy...

Un besazo a todas... y gracias por los coments!