CAPITULO 15 Enfrentamientos
Cuando desperté, estaba sola en mi cama. Me desperecé bostezando sonoramente y al cabo de unos minutos, mis necesidades me apremiaron al baño.
Una vez algo más adecentada, bajé a la cocina, donde ruidos de gente hablando, me indicaron que estaban allí desayunando.
- Buenos días. – dije con una sonrisa.
- Buenas días cielo… Cómo has pasado la noche? – me preguntó Carlisle acercándoseme para darme un beso en la frente. – podría perfectamente acostumbrarme a esto.
- Pues bien… la verdad. – contesté sincera.
- Bueno… es que como sé que te cuesta habituarte a dormir en sitios nuevos… Estaba intranquilo por si no habías pasado buena noche. – me dijo con una mirada cargada de dulzura.
En ese momento, noté que Edward también estaba allí. Giré la mirada, disimuladamente hasta su posición. Él me estaba mirando atentamente. Mis mejillas empezaron a arder dejándome en evidencia.
No sabía porque mi cuerpo había sufrido esa reacción espontánea. No había pasado nada entre nosotros… Aunque claro… mis últimos pensamientos antes de dormir… No habían sido nada castos.
- Sí, bueno… es que… la cama era muy cómoda… y con el murmullo de la tele… - joder… qué más? Todos estaban esperando a que acabara de decir algo y no se me ocurría nada – Y bueno… estaba muy cansada… Pero me he levantado nueva. – dije mostrando una gran sonrisa.
- Me alegro… Si esta noche has dormido bien, siendo la primera… no habrá problemas con las demás. – concluyo Carlisle.
- Cómo que las demás? – le pregunté con el ceño fruncido.
- Claro… no pensaras irte sola a dormir a tu casa, verdad? Por lo menos, los primeros días! – Iba a replicar, pero él volvió a hablar – solo ha pasado un día desde el funeral… Además, nos encanta que estés en aquí con nosotros, verdad chicos? – todos asintieron excepto Edward, pero de su boca, salía una ligera sonrisa. Eso, para él, ya era un gran gesto.
Aunque, mientras el resto de la familia estuviera feliz de tenerme con ellos… qué me importaba a mí que a él le gustara o no tenerme allí? Pero claro… él, justamente él, tenía que ser el hueso más duro de roer y encima el favorito de Carlisle. Eso lo complicaba todo.
Me senté en la barra de la cocina, mientras Esme, la cual no me había dejado moverme, me sirvió el desayuno con una gran sonrisa en sus labios. Esta mujer, siempre estaba sonriente y de buen humor, era algo increíble.
- Qué planes tienes para hoy? – me preguntó Alice.
- Pues voy a ir a mi casa, a empezar a seleccionar y recoger. Quiero deshacerme de casi todo. Simplemente guardare algunos efectos personales de mi padre, para el recuerdo. – dije mirando al infinito. Esa tarea se me presentaba de lo más agonizante. Suspiré.
- Si quieres, puedo ayudarte. Hoy no trabajo. – se ofreció Alice.
Sin poder evitarlo, noté como mis ojos se iluminaban ante la idea de no tener que enfrentarme a ir sola allí. – Y quería pasar la noche sola… Allí? Já! –
- Bueno… si no te estropeo otro plan más interesante… - le dije intentando mostrarme natural; pero por dentro estaba deseando que viniera conmigo.
- Por supuesto que no me estropeas nada. Te acompañaré encantada. – dijo muy sonriente.
- Cuando lo tengas todo preparado, nosotros te ayudaremos con las cajas, verdad chicos? – comentó Emmet sonriente. Este chico, siempre estaba riéndose; era un encanto.
Acabé de desayunar y subí a la que parecía iba a ser mi habitación en esa casa por más tiempo del que había supuesto. Idea que me alegraba más de lo que hubiera llegado a imaginar. Me duché y me vestí con algo cómodo.
Nos dirigimos hacia mí casa en el coche de Alice. Un mini muy coqueto y rápido.
Al contemplar la solitaria casa de mi padre… un nudo se apoderó de mi garganta.
- Si es muy duro, no tenemos por qué hacerlo ahora. Puedes quedarte en casa todo el tiempo que quieras… Nos encanta tenerte allí. – dijo ella sonriendo con calidez – incluso a Rose y a Edward… por mucho que les moleste reconocerlo, jaja! – Sus palabras me dejaron desconcertada.
Así que a Edward no le molestaba tanto como quería demostrar? Vaya, vaya… interesante… Bellaaa… - me reprendí mentalmente – Céntrate, es el hijo de Carlisle. No una de tus conquistas. Además, sabes que a él no le acaba de agradar que andes revoloteando por su casa.
Introduciendo una gran bocanada de aire en mis pulmones, entramos en la casa.
Todo estaba igual que lo había dejado tres años atrás. No había ningún cambio. Simplemente, la foto que le había mandado a Charlie de mi graduación universitaria, posando con mi diploma, de forma triunfal.
Empecé a revisarlo todo detenidamente. Alice, muy considerada, me había dejado mi propio espacio, dedicándose a mirar los retratos de mí infancia.
Al cabo de un buen rato y con alguna que otra lágrima traicionera, decidí lo que iba a dejar, lo que tiraría y lo que donaría a la iglesia.
-Alice… - la llamé – Creo que necesitaremos cajas. Te importa acercarme al súper?
- No, por supuesto. Un poco de aire te vendrá bien, verdad? – me dijo mirándome de lado con una sonrisa amistosa en su carita.
Nos volvimos a montar en su mini y nos encaminamos al súper, charlando animadamente.
Alice era una chica encantadora, adorable y muy divertida.
En Forks, había una tienda de barrio, donde podías comprar lo justo para un apuro y al final del pueblo, había un pequeño Wal-Mart.
Nos fuimos directas a la sección de bricolaje. Cogí varias cajas, de distintos tamaños. Mi padre no era una persona de tener excesivas cosas, así que no me llevaría demasiado recoger y seleccionarlo todo.
Lo más difícil, era el mensaje de fondo que llevaba tal acción: No volvería a verlo nunca. Se había ido para siempre.
- Bella, antes, estuve mirando detenidamente tu casa… Y sabes? Una reforma no le vendría mal. – deje lo que estaba mirando para prestarle toda mi atención. – En el piso de arriba podías aumentar una de las habitaciones y añadirle un baño. Los cimientos de la casa soportarían el peso más que de sobra. Y podías aumentar también la cocina, uniéndola con ese corredor que va desde el salón; te quedaría un hueco enorme… Podías ponerla como la nuestra, como un office. Te quedaría de ensueño. Y bueno… deberías pintarla, tanto por fuera como por dentro. Renovándole el color, le lavarías la cara, jeje… pareciendo una casa nueva. Seguro que así, se te haría más fácil – me relataba emocionada.
- Claro Alice… todo eso que dices… incluso más, estaría genial… pero eso costaría una fortuna… la cual no poseo, jajaja – dije alzando los ojos, acabando por reírme.
- Bella… tú sabes a que se dedican Esme y Emmet? – me preguntó mirándome con intención. La cual capte a la primera.
- A nooo… de eso nada. No pienses que voy a dejar que hagan tal reforma de forma gratuita…
- Oh, vamos… a ellos les encantaría… Carlisle estaría exultantemente feliz, asegurándose de que así te quedarás con nosotros – ella seguía emocionada y la conversación no me estaba dando ventaja. Estaba usando a Carlisle de carnaza… mi punto débil.
- Aliceee… - la llamé a modo de advertencia – no juegues así… Eres cruel – le dije sonriendo. Mi derrota estaba cercana. – Se lo comentaremos y veremos a ver qué precio me dan. Cuando encuentre trabajo, iré haciendo esas reformas a medida que pueda ir pagándolas.
- Bueno… lo que tú digas… - esa forma de acabar la conversación, no me gustó nada. Había perdido y ella ganado. Lo sabía más que de sobra. Bufé resignada.
Cuando estábamos en la caja de salida para pagar nuestra compra, noté como Alice se revolvía nerviosa a mí lado, mirando hacía la cajera, metiéndole prisa con la mirada.
Una vez fuera del hiper, Alice cargó con la compra… Cómo podía alguien tan pequeño y de aspecto delicado, tener tanta fuerza?
-Alice, no hace falta que cargues con todo… - ella se apresuró al coche cargándolo todo en el maletero con movimientos rápidos. – Alice… pero… espera…
- Bella? – Dios… esa voz… - Bella… - sí. Era Jake.
Me giré despacio, preparándome para enfrentarlo. Desde nuestro encontronazo a la salida del cementerio, no había sabido nada de él… Y por una parte, me alegraba.
- Jake? Hola! – puse una sonrisa algo forzada en mis labios.
Él me miró sonriente pero en cuanto su mirada se posó sobre Alice, la sonrisa de evaporó dejando un gesto de odio hacía la pequeña Cullen.
- Siento lo que pasó ayer a la salida del cementerio, en serio… - se disculpó él acercándose a mí – No era momento para un encontronazo así… Lo siento.
- Ya… bueno… no pasa nada. La testosterona… que hay veces que no se puede controlar, verdad? – dije alzando las cejas, poniendo una mueca en la cara.
- Si… será eso. – contestó él con la mirada perdida, pero de reojo no perdía de vista a Alice; como si fuera un peligro para él… o para mí.
- Bueno… pues ya nos vernos, ok? Ahora estoy algo liada. Estoy recogiendo las cosas de mi padre para poder acomodarme… No me apetece ver la casa tal y como la deje, necesito hacerla más mía, entiendes?
- Claro… puedo ayudarte si quieres. A empaquetar y sacar las cajas, así no estarás sola.
- No estoy sola, Jake. Alice está ayudándome y sus hermanos ya se han ofrecido para ayudarme a sacar las cajas una vez estén listas. No te preocupes; pero gracias, en serio. –le dije simulando una sonrisa.
Está conversación estaba alargándose más de la cuenta. Lo que menos me apetecía ahora mismo era estar tan cerca de Jake; ya que él, poco a poco se había ido acercando hasta que casi no corría ni el aire entre nosotros.
- Y por qué no nos has pedido ayuda a nosotros? Hubiéramos ido encantados… No solo yo te he echado de menos, Bella. Todos los chicos están deseando que subas y les cuentes que ha sido de ti durante estos tres años. – su tono intentaba ser pacífico y amigable; pero conocía bien a Jake y sabía que estaba disimulando; en el fondo la rabia estaba apoderándose de él. Aunque realmente no entendía por qué tanta aversión por los Cullen.
- Si… ya… bueno. Ya subiré otro día, eh? – le dije moviéndome para irme.
Pero entonces él me sujetó de una mano, haciéndome girar hacía él.
- Jake… - me quejé. Su apretón me estaba haciendo daño en la muñeca.
- Y que tal si subes hoy? Ya te he dicho que todos están ansiosos porque subas – su tono contenido irradiaba cólera por doquier. Casi estaba llegando a asustarme.
- Suéltame… suéltame de una vez. Jake me estás haciendo daño en la muñeca… - intenté zafarme de su agarre, pero era como si hubiera soldado su mano a la mía. – Jake… no voy a subir hoy… No quiero encontrarme con nadie aun. No quiero subir… no te das cuenta?
- Cuenta de qué? De qué prefieres estar con los Cullen antes que con tu familia? – dijo ahora con el tono menos contenido.
Era extraño, pero cada vez que Jake se enfadaba, sus manos temblaban… Era algo desconcertante; y casualmente ahora, estaba enfadándose… Aunque no necesitaba ver sus manos temblar para darme cuenta de su más que visible enfado. Lo conocía, y su cara lo decía todo.
- Pues sí… La verdad. – Él se quedó parado, con los ojos abiertos como platos – subir a la Push me trae demasiados recuerdos… recuerdos, que aunque son buenos, ahora resultan dolorosos… y en cierta manera molestos - le dije con el ceño fruncido en un gesto de dolor. - Y metete en la cabeza de una santa vez que ahora ya no sois mi familia… Dejasteis de serlo hace tres años. Entiéndelo de una jodida vez – le dije alzando la voz.
- Bella… cariño… Siempre seremos tú familia… y más ahora que has vuelto…
- No digas nada… Cállate. Todo está hablado entre nosotros, Jacob. Tú vas a casarte y yo necesito hacer mí vida. Si no puedes controlarte, tendré que evitarte en el pueblo. Me niego a tener que protagonizar escenitas como estas cada dos por tres… - le dije siendo yo ahora la enfadada. – Y por favor… Olvídate de mí de una vez. Está claro que no podremos ni siquiera ser amigos. – Él me miró con ojos dolidos, mientras los míos estaban endurecidos por el enfado – Ahora soy una mujer independiente y estoy con la familia del doctor Cullen. Ellos me están ayudando lo que tu no. Son muy atentos y cariñosos conmigo y sobre todo, no me presionan a nada. – le dije con tono envenenado.
No sé que entendió él en mis palabras, pero sus manos temblaban de forma alarmante y su respiración era totalmente errática, haciéndolo hasta jadear.
- Maldita sea Bella… cómo puedes compararnos a esos… - ahí se calló apretando fuertemente los labios, como intentando no decir algo – No… no puedo seguir escuchándote; no sabes nada sobre ellos… - y volvió a apretarse los labios, igual que si no pudiera hablar.
- Sé lo justo y necesario… Ahora suéltame; Alice me está esperando.
Los temblores de sus manos pasaron a los brazos, mientras cerraba fuertemente los ojos y de paso, su agarre en mi muñeca.
- Jake… pero que es lo que te pasa? – le pregunté asustada. Jake siempre tuvo un carácter fuerte, pero no violento… aunque en ese instante, casi le llegue a tener cierto miedo.
- Jake… vamos tío, aléjate de Bella… Te estás descontrolando – la voz de Seth me sobresaltó.
- Vamos Bella… vayámonos – Alice me cogió por el brazo separándome de Jake, el cual seguía temblando, pero ahora de pies a cabeza.
Pero según estábamos girándonos, Jake volvió a sujetarme de la muñeca, está vez aun más fuerte, haciéndome gemir, zarandeándome.
- NO… no te irás con ella… Suéltala maldita sanguijuela… - le dijo a Alice, la cual se había quedado parada a mí lado mirando fijamente hacía Jake con un semblante que daba auténtico miedo.
-Estas haciéndole daño en la muñeca… Eso es lo que quieres? Seguir haciéndole daño? – Intervino Alice, haciendo a Jake abrir los ojos desmesuradamente. - Con nosotros está segura, no le haremos nada y lo sabes. – Sus palabras, las cuales estaba segura que escondían un significado que a mí se me escaba, eran frías y calculadas.
- Venga Jake… ya sabes que sí, no le pasará nada – apoyó Seth mirando consternado hacía Jake y Alice. – Venga… la gente está empezando a mirar. Vamos Jacob. – le apremió.
En ese momento Jake me soltó la muñeca, la cual cubrí con mi otra mano frotándola. Me había hecho daño. Me había apretado tan fuerte, que me había cortado hasta la circulación.
Alice me cogió por el brazo con suavidad, pero podía sentir su tensión a través de su tacto.
Nos metimos en el coche y salimos zumbando de allí.
Alice iba seria y con una cara que no sabría describir; en su rostro, el cual estaba endurecido supongo que debido a la tensión, no había signo de nada. Era inescrutable, tenso y rígido como el de una estatua.
Yo estaba tan asustada, sorprendida y desorientada, que no sabía hacer otra cosa que gimotear. Intentaba aguantar los sollozos dentro de mí pecho, pero eran superiores a mí, saliendo descontrolados por mi boca.
- Tranquila Bella… ya pasó. Nos vamos a casa, allí estarás bien. – me dijo Alice mirándome con ternura.
Cuando estábamos llegando a casa, su rostro volvió a quedarse rígido. Pero esta vez es como si estuviera concentrada en algo.
En ese momento, me puse aun más nerviosa. Qué es lo que se supone que iba a decirles cuando me vieran entrar en ese estado?
Lo más sencillo de todo: La verdad.
PvEdward
Después de desayunar, Alice acompañó a Bella a su casa para empezar a empaquetar. Mi hermana estaba que no cabía en sí de gozo por pasar más tiempo con la chica. Y Emmet no había perdido ocasión de, gentilmente, ofrecerse él y Jasper en ayudarla con las cajas. Porque realmente no era muy normal que Alice, con su presencia frágil y delicada, de pronto tuviera la suficiente fuerza como para acarrear las susodichas cajas.
Aunque estaba encantado con la idea de que Bella se quedaran en Forks, y pronto empezara a trabajar en el hospital, debía de reconocer que estaba asustado ante ese hecho.
Con la idea de tenerla tan cerca y de forma constante en mí vida.
En casa, en cuestión de una noche, se había ganado los inertes corazones de toda la familia; incluso Rose sentía por ella un admiración y un respeto que ninguno esperábamos. Aunque se veía a la legua, Jasper me lo había confirmado, diciéndome que nuestra hermana estaba encantada con la idea de tener a la chica cerca, aunque por otro lado también se sentía algo asustada, ya que tanto ella como el resto de la familia, nos habíamos percatado de lo cuan perspicaz y observadora era Bella.
Pero… la cuestión que más me preocupaba era esa… Si la iba a tener en casa, en el trabajo y en mi ambiente… como haría para mostrarme frío y distante con ella? Si con haber estado unas horas a solas me había encandilado aun más… Si por mucho que quise esforzarme, había conseguido bajar mi guardia, conversando con ella y cediendo a meterme con ella en la cama hasta que se durmiera.
Estaba seguro que antes o después, mi fachada se vería convertida a nada. No podría negarme a ella por mucho más tiempo. Y menos aun quería plantearme si ella diera muestras de comenzar a sentir por mí algún sentimiento más íntimo.
Y lo más terrible, a la par que lo más hermoso, había sido que está misma mañana cuando bajó a la cocina y me miró, las señales había sido claras:
Su rubor nada más verme, el danzar nervioso de su corazón… y sobre todo, el evitarme la mirada durante todo el desayuno.
Eran signos claros de que ella, comenzaba a albergar hacía mí sentimientos muy lejanos al miedo o el desinterés, pero sabía que ella seguía pensando de mí que era un auténtico gilipoyas y un prepotente, y que me tenía una grandísima rabia. Pero debajo de eso… había más.
Y aunque estaba ansioso por descubrir que "más" había… por otro lado estaba muerto de miedo. Era la primera vez en 80 años que tenía miedo.
La opción correcta sería volver a ser un "auténtico gilipoyas" con ella. Un borde, un prepotente… Pero no podía. Ya no. Ella había calado hondo en mí ser, devolviéndome la sensación de tener alma; la cual había considerado perdida desde el mismísimo día de mi conversión y que ella en tan solo un par de días había conseguido devolverme… o casi.
Hoy no trabajaba ya que me debían unos días por excesos de jornada, así que me aventure a ir hasta casa de Bella por el bosque. No quería que me viera, aunque sabía que Alice me vería venir mucho antes de acercarme tan siquiera a la casa.
Cuando llegué, me extraño no ver el coche de mi hermana aparcado, por lo que supuse que estarían haciendo algunas compras.
De forma sigilosa, entré en la casa de Bella a fisgar un poco.
A través de sus fotos, la vi crecer. La vi convertirse de niña a mujer, siendo la última foto el día de su graduación universitaria, posando con su diploma de forma triunfal.
Siempre había sido una niña bonita, pero en los años de universidad, su cambio había sido brutal. Se había convertido en una mujercita hermosa, atractiva y seductora.
Y al igual que yo veía el cambio, el resto de la "fauna masculina" también lo habría visto. Entonces otra vez ese sentimiento arrollador de celos me corroyó por dentro.
Había pasado bastante tiempo y las chicas no volvían, eso me preocupó. Fue como una sensación, un estremecimiento de que algo no iba bien. Por lo que decidí ir a casa y allí coger mi coche, volver a casa de Bella y seguir su rastro.
Cuando estaba llegando, la voz mental de Alice me advirtió de lo sucedido:
Edward, quiero que mantengas la calma… Nos hemos encontrado con el chucho en el supermercado y bueno… él ha perdido ligeramente los papeles con Bella.
Mi hermana me relató brevemente lo que había pasado, dejándome entrar en su mente y la visión que tuve me hizo estremecer, viendo como ese mal nacido sujetaba a Bella por la muñeca lastimándola.
La rabia, la ira y el odio, hicieron mella en mí de una forma arrolladora. Mataría a ese perro con mis propias manos. Estaba decidido… No dejaría que volviera a acercarse a mi Bella jamás.
Como pude, ya que tenía la boca llena de ponzoña, saboreando la muerte del chucho, le conté a la familia lo que había pasado. En ese momento estaban todos en casa a excepción de Jasper que estaba trabajando en el hospital.
Todos se quedaron de piedra; incluso Esme, que era la más pacífica de todos nosotros, tuvo alguna que otra palabra de odio hacía ese tipejo.
- Hay que acabar con ese cerdo! – dijo Rose escupiendo veneno por la boca.
- Si… no podemos permitir que acorrale a Bella así… Además, él estaba fuera de su territorio como para increpar a Alice de esa manera… Debemos acogernos al tratado – Emmet estaba que echaba chispas. No quería imaginar cómo se lo iba a tomar Jasper cuando se enterara.
- Querido – Esme se giro hacía Carlisle – debes hablar con el Alfa de la manada y que ponga remedio a esto… No podemos consentir ataques a nuestra familia de este modo… Jamás hemos dado un problema en el pueblo… y caso aparte es lo de Bella… - decía una agitada Esme.
- Cielo… el Alfa, es él. – dijo Carlisle apretando los labios en un gesto que denotaba que intentaban mantener la compostura y no dejarse llevar por el genio.
- Es que eso es lo peor… que él, es el Alfa. Cómo negociar con él? Lo mejor era matarlo… yo cargaré con las culpas… pero dejarme matarlo… - no podía ver otra cosa que formas y formas de matar a ese cerdo.
- Él, que tiene que dar ejemplo y sujeta a Bella de esa manera? Dejándole hasta marcas en la muñeca? Yo apoyo a Edward… matémosle. – Me apoyó Emmet – Hermano, yo acarrearé con las culpas contigo. – sentenció tajante ante el gesto afirmativo de Rose.
- Aquí nadie va a matar a nadie, entendido? – nos advirtió Carlisle con la mirada. – Si esto vuelve a suceder, entonces solicitaré una reunión con él y le dejaré algunos puntos del tratado claros. Él, por mucho que le moleste, va a mirar por el bien de su manada… ya que no se fía que seamos tan inofensivos. Nos tiene auténtico odio… y más ahora que tenemos el beneplácito de Bella. – dijo con una sonrisa de satisfacción. – Ahora nosotros tenemos lo que él más quiere.
- Ese es el problema… Que él sigue enamorado de Bella… pero la imprimación es más fuerte que sus sentimientos de hombre. Pero debería darse cuenta de que no tiene opción y dejar a Bella retomar su vida. – declaró Esme encogiéndose de hombros.
- Edwarddd… - me llamó mi padre a modo de advertencia – Estoy viéndote la cara, hijo… Prométeme que no harás ninguna tontería. – Mi padre clavo su mirada paterna en mis ojos, mientras yo fruncía el ceño – Edward, si cometes ese asesinato, no solo tú acarrearás con las consecuencias, lo pagaremos todos. Los Cullen protegen a su familia, recuerdas? Es el lema de la familia…
- Está bien… No haré nada… Pero y si la próxima vez es tarde? – Le dije mirándolo ahora yo fijamente a él – Las imágenes de Alice eran claras. El perro estaba temblando de pies a cabeza mientras tenía sujeta a Bella. La tenía a un paso de él. Si hubiera entrado en fase, podía haberla herido… incluso matado… El otro chico fue el que tuvo que reprimirlo – mi padre mostró un mueca de dolor ante mis palabras.
- Lo raro es que no se convirtiera, sobre todo teniendo a Alice tan cerca – meditó en alto Emmet.
- Por qué es el Alfa, y él está dotado de un autodominio superior al resto de lobos. Cualquiera de los otros chicos, hubiera entrado en fase por mucho menos. – contestó sabiamente Carlisle.
- Shuuu… ahí llegan Alice y Bella. – susurró Esme. – Veremos a ver como viene – la cara de odio de mi madre se disipo para dar lugar a una de dolor total.
Al cabo de dos minutos, las chicas hacían su entrada en casa. Nos habíamos dispersado por la casa como si tal cosa, mostrando naturalidad. Los vampiros éramos unos excelentes tramposos y mentirosos.
Yo fui el primero en hacer aparición, simulando que bajaba de mi dormitorio y me las encontraba entrando en casa por casualidad.
En cuanto mi desarrollada vista se posó en Bella, mis instintos básicos de asesino, volvieron a hacerse presente en mi mente.
Bella tenía la cara pálida y desencajada. Los ojos llorosos. Respiraba con dificultad intentando controlar los pequeños suspiros que salían de su boca y su corazón latía desenfrenado… Pero lo peor fue cuando vi su muñeca. Tenía los dedos del perro marcados sobre su fina y suave piel.
Eso me hizo perder los papeles. Y conocedor de mi temperamento, Carlisle hizo acto de presencia casi a la vez que yo, para refrenarme.
- Pero… qué ha pasado? – pregunté intentando controlar el tono de mi voz. Bella se quedó muda y miró hacía el suelo, avergonzada.
Eso me molestó aun más. Que ella tuviera que avergonzarse por los actos descerebrados del maldito perro.
- Nos hemos encontrado a Jacob Black en el supermercado y bueno… - Alice intentaba parecer también casual, pero sus nervios eran visibles. Por lo menos para nosotros, e intuía que para Bella también.
- Bella… hija…! – Carlisle hizo su aparición. – Cariño… qué ha pasado? – le preguntó él con sus formas habituales de tratar a Bella.
- Eso… - Bella levantó ligeramente la cabeza pero sin mirar a nadie. El resto de la familia ya había llegado al hall – que nos hemos encontrado con Jacob y bueno… - ella frunció el ceño – realmente no sé qué ha pasado… él se ha enfadado porque estoy alojada con vosotros y me estáis ayudando con la mudanza… y… y…
- Y…? – Carlisle intentaba sonsacarle información a Bella por si había visto algo sospechoso.
- Y bueno… él se ha puesto a temblar de una forma muy extraña. Estaba muy enfadado, pero jamás había visto a nadie temblar así… Es como si fuera a convulsionar – decía ella ahora con la cabeza alzada pero mirando al infinito… a los recuerdos, con una expresión perpleja en su rostro. – Y aun fue peor cuando Alice intentó separarme de él… Ahí ya fue algo… no sé… flipante! – exclamó rodando los ojos.
- Cómo que Alice intentó separarte de él? – le preguntó Emmet.
- Jacob tenía sujeta a Bella por una muñeca… la apretó bastante fuerte. – Contestó Alice ya que Bella se volvió a callar – Creo que deberías mirársela papá.
Carlisle se acercó a Bella y con suma delicadeza le tomo la muñeca izquierda a Bella, la cual tenía cuatro marcas rojas alrededor de ella.
Bella se la tendió sin oponerse lo más mínimo. Y mientras yo, estaba bufando igual que un animal enjaulado.
- Vaya…! Pues sí que te ha agarrado con fuerza… - comentó Carlisle ante la mirada entristecida y aun perpleja de Bella.
Después de mirarle la mano por todos lados, Carlisle sentenció que no tenía ninguna lesión; simplemente el moratón debido a la presión del agarre. Pero mientras le tocaba la muñeca, por mucho cuidado que él ponía en su labor, Bella gemía por el dolor que le ocasionaba el palpo que él ejercía sobre las marcas de su mano.
- Las marcas duraran unos días, pero no hay lesión, puedes estar tranquila. Subiré a mi despacho y te daré algo para el dolor. – le dijo él con voz y rostros cariñosos.
El oír a Bella quejarse de dolor, me ocasionaba a mí dolor físico; haciéndome enloquecer de rabia y odio. Mi boca segregaba ponzoña teniendo que tragar varias veces por riesgo a ahogarme con mi propio veneno.
Notaba como mi rostro mostraba esos mismos sentimientos, haciéndome tener una cara que daba auténtico pavor.
En ese momento, rogué porque Bella no posara su mirada sobre mi rostro. Pero como si el destino quisiera ser cruel conmigo, justo en ese momento, Bella alzó su mirada hacía mí, haciéndola jadear.
- Pero… - ella frunció el ceño completamente desconcertada por mi cara de odio profundo.
- Edward está enfadado por lo que ha sucedido… tranquila, no pasa nada – la intentó calmar Alice.
- Edward… - susurró mi nombre envuelto en un tono de preocupación y como no, miedo.
- Edward, porque no subes a mí despacho a por una pastilla para Bella, anda – me sugirió Carlisle mirando hacia mí indicándome que me fuera y me tranquilizara.
Pero no… Siguiendo mi habitual costumbre de los últimos días, más bien, desde que Bella había llegado, seguí con mí masoquismo quedándome.
- Acompáñame hijo – Esme viendo que mi genio estaba a punto de saltar, me cogió de un brazo intentando sacarme de allí. – Vamos a por esa pastilla para Bella.
- Nooo – alcé la voz – No lo estáis viendo? Es una provocación en toda regla, maldita sea! – alcé aun más la voz. – Le ha dejado los dedos marcados en la muñeca – grité enfadado.
Bella me miraba perpleja mientras el resto de la familia ponía cara de circunstancia mirando a hurtadillas a Bella.
- No entiendo porque consideras esto como algo personal, Edward – habló ella alzando la voz por vez primera – Si Jacob y tú no os soportáis, por mí perfecto, pero no me involucres a mí en vuestros problemas.
- Claro que no lo entiendes… Tú no entiendes nada! – estaba tan enfadado que no me daba cuenta que estaba atacándola a ella; descargando mi frustración con la víctima de todo este asunto.
- Pues no… No lo entiendo, pero lo que si veo es que me estáis usando a mí de conejillo de indias… No sé qué es lo que pasa entre vosotros – hizo un movimiento con la mano abarcando a toda la familia – y la gente de la Push, pero a mí ni me va ni me viene… Y lo que está claro es que no pienso permitir que me metáis en medio de vuestras estúpidas disputas – Aunque seguía asustada tanto por lo de Jacob como por mi cara y comportamiento, Bella hizo gala de sus agallas y coraje haciéndome frente.
- Estúpidas disputas? – pregunté alterado. En esos momentos no me daba cuenta de que para ella, que no estaba enterada de nada, eran bobadas de rivalidades masculinas. – Eres una niñata que no comprende nada! Sigue viviendo en tu mundo Bella… Es lo mejor que harías – dicho lo cual me giré para irme, pero ella hizo algo que no se me hubiera pasado por la cabeza ni en mil años:
Me sujetó de un brazo intentando hacerme girar; aunque lo que deseaba era salir de allí cuanto antes, ella había aplicado bastante fuerza en el gesto, por lo que tuve que volverme.
- Eh! Yo seré una niñata, pero tengo bastante más educación que tú – sus ojos lanzaban chispas de pura rabia directa hacía mí y estaban en lagrimados, pero ella tenía demasiado orgullo como para dejar salir esas lágrimas que peleaban por saltar de sus ojos.
- Pero quien te crees que eres para sujetarme así? – Por mucho que me doliera, tenía que seguir con mi papel de borde ya que toda la familia estaba atenta a nosotros.
Que me estuviera mirando de esa forma me partía el corazón; sus ojos no mostraban ningún buen sentimiento hacía mí, sino todo lo contrario y encima estaba a punto de llorar. Pero… si yo no le importara, aunque fuera solo un poco, ella no se molestaría tanto con mis palabras, sobre todo después de lo ocurrido con su ex.
Esa idea apareció fortuita en mi mente, haciéndome sonreír en mi yo interno.
Si hubiera podido, si estuviéramos solos, la hubiese estrechado entre mis brazos y la habría besado como jamás nadie lo había hecho. Estaba completamente seguro de eso, porque por mucho que ese lobo estúpido la quisiera, nadie, jamás, la amaría como lo hacía yo… Y le transmitiría ese sentimiento a través de ese beso… Pero no estábamos solos, sino que toda la familia estaba presente, con sus ojos fijos en mí; sobre todo Carlisle, que aunque guardaba sus pensamientos de mí, no tenía necesidad de escucharlos para saber que estaba atento a cualquier mal gesto que pudiera hacer yo.
- Venga chicos, estamos todos muy alterados con lo ocurrido. No dejemos que nos afecte entre nosotros. – medio Carlisle poniéndose entre Bella y yo. Pero lo curioso, es que ella no me soltó el brazo, el cual le temblaba debido a la rabia y la indignación.
Que es lo que coño pasa aquí? Bella no le suelta el brazo, parece que se hubiera soldado a Edward… Aquí se está cociendo algo raro
Que extraño… Bella está asustada de Edward, pero sin embargo no lo suelta… y él está más a la defensiva con ella que con otras humanas… Ummm… Entre estos dos hay un feelling que salta a la vista, jeje!
Los pensamientos de mis hermanos me llegaron de forma abrasadora, mirando con intención hacía donde nuestros cuerpos estaban conectados, con su mano en mi brazo.
- Suéltame – le dije de forma fría y cortante.
Bella abrió los ojos y apretó los labios completamente enfadada soltándome de golpe.
- Eres un completo gilipoyas…Un prepotente y un arrogante. Deberías hacer que tu hermano te tratara porqué tienes un verdadero problema – me escupió con toda la mala intención.
- Pero será posible! Eres una descarada y una desagradecida… Te hemos acogido en casa ayudándote en una situación difícil y así nos lo agradeces? Maldita niñata insolente… - le contesté mirándola con frialdad.
En ese momento Jasper entró en casa removiendo el aire, haciendo que el olor de Bella me golpeara sin contemplaciones de pleno en mi olfato.
Debido al estrés de lo que había ocurrido con el perro y los nervios ahora en casa, Bella había sudado y su sangre hervía, moviéndose con rapidez por sus venas. El olor era intenso, delicioso y apetecible y todo ello acompañado de su fragancia potenciada por la transpiración de su cuerpo… Se me estaba haciendo imposible estar tan cerca de ella.
De forma inconsciente, di un paso hacía ella haciéndola retroceder. Su mirada irradiaba miedo por doquier, y no la juzgaba por ello. Notaba como mis ojos se habían oscurecido, imagino que volviéndose completamente negros, mirándola con hambre… con hambre de ella entera. Tanto de su cuerpo, de su alma… como de su sangre. Tenía sed y mi semblante así lo mostró.
- Aléjate de mí, Edward. – jadeó mientras seguía retrocediendo sin apartar la vista de mí.
Fruncí el rostro en un gesto de dolor.
Que ella me mirara con ese miedo reflejado en su cara, separándose de mí y diciéndome eso… Hacía que me doliera el pecho de pura angustia y tormento. Ella había notado ese sentimiento de miedo camuflado; inconsciente. El típico miedo que nos tienen los humanos al estar cerca de nosotros, pero que nunca consiguen deducir su procedencia. El sexto sentido de que hay un peligro, pero sin comprenderlo ni verlo.
Tuve que irme. No lo podía aguantar más. Sentir su mirada aterrada clavada en la mía era superior a mí, por lo que huí. Ya que no tenía más opciones.
Salí por la puerta del garaje montándome en mi volvo y pisando el acelerador a fondo.
Antes de marcharme, pude escuchar los pensamientos de mí padre…
Edward por favor, no hagas ninguna tontería… Confío en ti hijo, ya lo sabes. Vuelve cuando estés más tranquilo.
Hola chicas...
Telita como se está poniendo el tema... Entre el trio Jake/Bella/Edward.
La tensión hace saltar chispas... y Edward se enfada por no poder hacer nada, pero lo paga con quien menos culpa tiene... y Bella, que tiene un caracter de mil demonios, no se achica ante él, hasta que acaba asustándola, claro.
Bueno, queríais acción, y aqui la tenéis. Espero que el fic vaya cogiendo otro ritmo que os guste más.
Un beso, y hasta el próximo!
