CAPITULO 16 Confesiones


PV BELLA

No sabía ni cómo ni por qué se había desviado el tema de ese modo. Las palabras de Edward, frías, heladas y envenenadas, contenían un mensaje oculto que todos entendían menos yo. Eso, aparte de molestarme en sumo grado, me desconcertaba y asustaba.

Qué era eso tan grave que les había pasado a los Cullen con los Quileuttes?

No podía imaginar que problema habrían tenido para tenerse un odio tan profundo; porque aunque en sí, solo Edward mostraba claro ese sentimiento, no era tonta y me daba cuenta perfectamente que el sentimiento era común en toda la familia, ya que Alice también se había mostrado igual de fría y hasta peligrosa que Edward ante Jake. Eso, exactamente eso es de lo que me avisaba mi subconsciente: Peligro.

Pero… a qué… o a quién?

Y lo que en sí más me había desconcertado, fue ver el gesto de dolor que había puesto Edward en su cara cuando le dije que se alejara de mí. Pero… no podía entenderlo; si yo le parecía una "niñata insolente", a que venía ese gesto de… dolor. Gesto que me hizo estremecer, no de miedo, si no de angustia, de culpabilidad por haberlo mirado de esa forma y haberme apartado de él como si tuviera la peste… Pero la forma de mirarme… Con esos ojos ennegrecidos, con esa frialdad… Siempre frío.

Cuando oí los neumáticos chirriar por la velocidad y fuerza con la que había salido Edward del garaje, dándome la última muestra de su tremendo enfado, fue la gota que colmó el vaso, haciendo que de mis ojos, cayeran lágrimas descontroladas y silenciosas.

Sentí mis fuerzas abandonarme de golpe, haciéndome caer sobre mí misma.

Carlisle en un rápido movimiento, me sujeto alzándome en brazos.

- Tranquila pequeña… Han sido demasiadas emociones en muy poco tiempo… Aquí estarás a salvo. – me dijo en un susurro cariñoso.

- Carlisle… no quiero ocasionaros problemas… - intenté replicar.

- Shuuu… Tú no ocasionas nada Bella… Solo nos has traído alegría con tu presencia. No te preocupes por los Quileuttes… Simplemente son reyertas familiares muy arraigadas, solo eso. Ahora te llevaré a tu habitación y no quiero que te preocupes por nada – dijo mientras subía las escaleras – Te subiré una pastilla para que puedas descansar bien. Necesitas horas de sueño profundo; mañana lo verás todo de distinta manera.

Sus palabras me tranquilizaron, como siempre hacían. Tenía un timbre de voz que invitaba a la relajación. Carlisle siempre transmitía confianza y serenidad. Era una persona magnífica y muy especial.

Me dejó en mí cuarto para que me pusiera el pijama y al cabo de unos minutos, Esme me subió una taza de chocolate con unos bollos, seguida de Carlisle que me traía una pastilla para dormir.

Aunque no me gustaban esa clase de medicamentos, era consciente que la necesitaría para poder descansar y seguir adelante.

Antes de salir de mi dormitorio, Esme se giró y me habló con mucha dulzura a la par que seriedad.

- No le tengas en cuenta esto a Edward… Él ya te ve parte de la familia… y bueno… nosotros tenemos un lema "Los Cullen siempre protegen a su familia". – sonrió mientras lo decía – No es que él quiera ponerte en el medio de él y Jacob, aunque no lo parezca, Edward quiere verte fuera de todo este enfrentamiento. Él es… demasiado protector con lo suyo… y parece ser que ahora, te considera suya… Otro miembro de la familia al que proteger – alzó las cejas sonriente. – Ya lo conocerás… entonces comprenderás su actitud de hoy. Él es de las mejores personas que he conocido en toda mi vida; simplemente debes conocerlo, sobre todo, antes de juzgarlo. – Se acercó a mi cama y me dio un tierno beso en la coronilla.

Sus palabras me dejaron temblando… Así que él ya me consideraba parte de su familia? Bonita forma de demostrarlo… Pero, Esme dijo que lo conociera antes de juzgarlo, pero con su actitud de hoy, era difícil no hacerlo. Y aunque no sabía muy bien porqué, le haría caso.

No quise darle más vueltas a la cabeza; por hoy, había sido suficiente. Solo esperaba que cuando despertara, este fatídico día pasara, dando comienzo a uno nuevo.

Me tomé la pastilla que Carlisle me había subido y me acomodé en la cama. En menos de cinco minutos, el sopor del sueño hizo presa de mí, llevándome a los brazos de Morfeo.

PV CARLISLE

Nada más salir de la habitación de Bella, ya escuché a un muy alterado Jasper. Alice ya le había contado lo sucedido con el Alfa de la manada.

- Pero como que te grito? Y cómo le dejó esas marcas a Bella en la muñeca? – prácticamente chillaba.

– Esto es incomprensible… Debemos hablar con él o esto acabara mal; muy mal. – Decía una compungida Esme – No puedo consentir que altere así a mí familia.

- Tranquilo Jasper… Fue la intensidad del momento, el lobo no lo hizo con mala intención – Alice intentó mediar para apaciguar a Jasper.

- Cómo me puedes decir que esté tranquilo? Maldita sea Alice… Encima no lo defiendas! – Jasper cogió aire y miró hacia los lados como buscando – Dónde está Edward?

- Edward se fue… pero confio en que no haya ido a por el lobo – contesté acercándome.

Aunque sabía del carácter explosivo de Edward, también sabía que antes de hacer nada imprudente se lo pensaría mucho. En ese momento entraría en funcionamiento su parte racional e inteligente, anulando cualquier acto impulsivo por su parte.

- Confías? – me dijo de forma escéptica Jasper.

- Podéis confiar… Está en el acantilado… Relajándose. – Contestó Alice de forma tranquila – Lo que ha pasado con Bella lo ha alterado muchísimo. Hacía tiempo que no veía a Edward tan encendido.

- Y todo por la chica… - medito en voz alta Emmet, el cual sonreía de forma pícara – Esto me huele raro… - dijo travieso.

- Si… yo también pienso lo mismo… - intervino Rosalie - Nunca había visto a Edward tan a la defensiva con una humana. A mí me parece que es que le gusta. – dijo directa; nuestra Rose en su línea, nada de rodeos ni medias tintas.

- Vamos hijos… no conspiréis a la espalda de vuestro hermano – como siempre Esme, a la defensa de "su Edward" – Tener en cuenta que lo desconcierta el no poder leerle la mente a Bella… Es la primera vez que le ocurre algo así. Aunque no me importaría que surgiera algo entre ellos, la verdad – sonrió Esme feliz, con cierta picardía en su rostro.

- Bueno… dejémonos de imaginar y suponer – corté – hay que pensar en qué hacer.

Estuvimos debatiéndolo durante largo rato, aunque no me gustaba tomar ninguna decisión sin Edward. Él era mi segundo de abordo. Estratega, inteligente y práctico… Aunque esta vez, los sentimientos le podían.

Aunque corté la conversación de las chicas sobre que a Edward pudiera gustarle Bella, yo también lo había pensado.

Su forma de actuar con ella también me había sorprendido. Primero pensé que su hostilidad hacia la chica, era por tenerla en casa con nosotros, pero su forma de reaccionar hoy, lo había delatado… o eso creía yo.

Aunque si fuera el caso de que ellos se gustasen… que llegaran a amarse, yo estaría en la obligación de hablarle a Bella de lo que éramos y por supuesto, tener que transformarla, si ella quería, y esa idea se me hacía poco tentadora… Pero si realmente existía ese sentimiento entre ellos, estaría en cierta manera, encantado de convertir a Bella. Que fuera una de nosotros… y no tener que preocuparme en que nada malo le ocurriría jamás.

Poco a poco, la idea fue gustándome cada vez más. El que Bella fuera una vampira. Y que ella en concreto, fuera la que hubiera conseguido hacer latir de nuevo el solitario y silencioso corazón de mi hijo.

Quitando el aspecto de acabar con su vida humana, el pensar que mis "niños" adorados, pudieran llegar a enamorarse, me hacía tremendamente dichoso.

Sería el culmen de mí felicidad… y la de Esme también. Edward era su favorito, su niño adorado; y Bella se había clavado en su corazón de una forma increíble; de la misma forma que se había clavado en el mío.

Esa fantasía hizo que me relajara un poco de los terribles acontecimientos que se cernían sobre mi familia. Decidiendo que por el momento no hablaría nada con Edward. Dejaría pasar el tiempo a ver por donde respiraba la "parejita". Inconscientemente, ya los había "bautizado" así para referirme a ellos en mis pensamientos privados.

Después de deliberar durante tiempo, llegamos a la conclusión de que esperaríamos; que no haríamos nada por ahora. Decidiendo que si se producía otro encontronazo como el de esta mañana, iría a hablar con él para poner unos límites a su actitud hacía nosotros.

De madrugada, Edward volvió a casa, yéndose directamente a su piano. Hacía muchísimo tiempo que Edward no tocaba nada nuevo, y la sinfonía que salía de sus dedos era algo precioso, conmovedor.

Después de un rato, dejándolo tocar, fui al salón y le conté a la determinación que habíamos llegado.

- Estás de acuerdo? – le pregunté. Su opinión contaba mucho para mí.

- Sí. Es la decisión correcta Carlisle. – me contestó muy sereno. – Qué tal está Bella? A notado algo extraño? – me preguntó algo tenso.

Aunque Edward tuviera un genio demoledor, también era poseedor de un gran corazón, haciéndolo una persona muy especial.

- Cuando te fuiste acabo derrumbándose, como era de esperar – Edward intentó mostrarse inmutable, pero un leve gesto de dolor cruzó sus ojos – la subí a su dormitorio y Esme le llevó un chocolate y unos bollos. Tuve que darle una pastilla para dormir; estaba demasiado nerviosa y no quería usar a Jasper; no me pareció conveniente hacerla sentirse más extraña, no crees?

- Sí, por supuesto. Ella… es muy perceptiva, demasiado para convivir con siete vampiros que están harto integrados y relajados entre humanos –sonrió con una leve carcajada.

- Sí – lo acompañé en su risa – Es extraordinaria… Una gran mujer. Se me parece tanto a ti… – le dije de forma melancólica.

Edward me miró serio; no fue más que unos segundos, pero intuí que estaba debatiéndose entre contarme algo o no. Decantándose finalmente por el no.

- Voy a subir un rato a mi dormitorio, necesito relajarme un poco. Hoy ha sido un día excesivamente intenso.

- Sí, estoy completamente de acuerdo. Pero mañana será otro día… para todos – le contesté con intención.

- Carlisle… papá… yo, siento mucho haber perdido los estribos con Bella, pero es que ver las imágenes en la mente de Alice… Ver como la sujetaba de esa forma; sometiéndola a su fuerza… Ha sido superior a mi autodominio, pero no te preocupes, intentaré por todos los medios que no vuelva a suceder. – dijo rotundo.

- Tranquilo Edward, no ha pasado nada hijo. Creo que he estado algo susceptible respecto a Bella. Algo alterado con la idea de que estuviera aquí con nosotros… Pero veo que todo está yendo mucho mejor de lo esperado. Todos la habéis aceptado de una manera estupenda y os lo agradezco enormemente – le dije sincero.

- Bueno… ella se hace querer, la verdad. – Edward miró al infinito – Cómo tu bien has dicho, es extraordinaria – sonrió de forma genuina, con su sonrisa de lado.

- Me alegro de que te guste tanto Bella, - él se giró hacia mí poniéndose tenso – sé que a ella tú le fascinas. Tú carácter hace conexión con el de ella… - lo miré alzando una ceja de forma divertida – sois iguales – le dije sonriendo abiertamente.

Le toqué un hombro, dándole un ligero apretón y me fui a mi despacho.

Tenía algunos informes que me había traído del hospital y me pareció buen momento para dejar a Edward a solas con sus cavilaciones.

Él, en vez de subir a su cuarto, se quedó en el salón y tocó otra vez el piano. De nuevo esa dulce melodía.

Me pregunté de donde habría sacado la inspiración para tan hermosa composición.

Algún tiempo después, descubrí quién había sido la encargada de inspirar a Edward. Quien si no que la mismísima Bella.

PV EDWARD

Las palabras de mi padre me dejaron fuera de juego. O yo ya oía cosas donde no había nada que escuchar, o es que él estaba intentándome dar a entender que no le molestaría que Bella me gustara. Una especie de bendición.

Aunque conocía muy bien a mi padre, en este momento y en esta circunstancia estaba completamente perdido.

Él se fue a su despacho y yo me quedé en el salón tocando el piano.

Mientras estaba en el acantilado tranquilizándome, y por supuesto, pensando en Bella, poco a poco las notas fueron llegando a mi cabeza, convirtiéndose en una preciosa y enternecedora melodía.

Cuanto más la tocaba, más me gustaba.

Intentaba transmitir todos mis sentimientos por ella en esas notas; todo lo que ella me hacía sentir.

Por la mañana, todos se fueron a sus trabajos menos Alice y Esme. Mi hermana se fue a cazar y Esme al supermercado a por unos ingredientes que le faltaban para hacer una receta que había visto en el canal de cocina de la televisión.

- Edward, puedo pasar? – me llamó mi madre.

- Claro mamá, pasa.

- Hijo, voy a ir al supermercado a comprar y Alice ha salido a cazar, no creo que tarde en regresar… es para avisarte de que te quedas al cuidado de Bella, de acuerdo? – me comentó tan natural.

Claro… por qué no iba a ser natural? Yo era el único que veía doble fondo en todo lo que respectaba a Bella

- Claro – contesté intentando mostrar la misma naturalidad que ella.

- Tu padre me ha dicho que no tardará en despertar. Lleva durmiendo más de catorce horas seguidas, así que el efecto de la pastilla pronto acabará por lo que estate pendiente de ella – se acercó a mí y me acarició el pelo. Yo la miré un poco desconcertado ante su gesto. – Estate tranquilo, ella no te tendrá en cuenta lo de ayer… Creo que todos estábamos un poco nerviosos por lo sucedido. Bella tendrá genio, será orgullosa y algo cabezota, pero lo que estoy segura que no es, es rencorosa – Esme me sonrió intentando transmitirme su apoyo.

Se fue dejándome confuso; tanto por su gesto, como por sus palabras. También estaba viendo en Esme determinados gestos que me hacían plantearme si ella estaba al tanto de mis sentimientos por Bella.

Después de pensarlo durante un rato, decidí que estaba convirtiéndome en el único vampiro trastornado de la historia.

Una vez que dejé de lado mis locas suposiciones, una idea mucho mejor y más accesible, a la par que apetecible cruzó por mi mente:

Estaba solo en casa con Bella, la cual aun dormía. De forma prácticamente inconsciente, mis pies se pusieron en movimiento. Solo tenía que salir de mi habitación y mi destino estaba justamente en frente: La habitación de Bella.

Entré, despacio, y me acerqué a su cama. Dormía plácidamente. Su cara transmitía serenidad, paz y dulzura; con su rostro tranquilo, hermoso hasta lo imposible. Era igual que contemplar un ángel. Uno enviado directamente del cielo para mí.

Me agaché, sentándome sobre mis rodillas en el suelo al lado del cabecero. Nuestros rostros estaban tan cerca, que su suave aliento me rozaba haciéndome estremecer.

Estando al lado de Bella, parecía que volvía a tener alma. Sentía unas sensaciones maravillosas junto a ella.

Esa fue la primera de muchísimas otras veces que la contemplé dormir. Ella le daba paz a mí alma… Ella era mi alma.

Sentí a Alice acercarse a la casa y salí de la habitación de mí Ángel. Abandoné su cuarto con calma; no me preocupaba que Alice me viera salir de allí, ya que ella habría visto mi acción incluso antes de haber llegado a entrar.

Nos encontramos en el descansillo del piso de mi dormitorio y el de Bella. Alice venía con una sonrisa enorme en su cara de duendecillo.

- Veo que aprovechas los momentos a solas muy bien, eh, hermanito? – me dijo sonriendo con esa picardía que la caracterizaba.

- Aliceee… - le dije de forma condescendiente. – No me martirices, ya habías visto mi intención de entrar en su dormitorio antes casi de que llegara a pensarlo, así que…

- Ya, ya… no me cambies de tercio. Que, te ha gustado verla dormir? A que es súper relajante? – La miré extrañado, entornando una ceja – Yo he estado antes en su dormitorio… y por un momento, recordé la sensación que daba el sueño – dijo de forma melancólica. – Va a ser genial tenerla aquí, entre nosotros, verdad? Todas las sensaciones humanas que hace tanto que no tenemos… podremos volver a, casi, sentirlas con ella por aquí.

- Sí, es verdad… Nos transmite humanidad – sonreí de forma melancólica, pero a su vez alegre.

Teniendo a Bella entre nosotros, nos hacía sentir más humanos. Recordándonos sensaciones humanas olvidadas hace ya muchas décadas. Tales como dormir, saborear la comida, la intensidad de las cosas mediante los latidos del corazón… Era asombroso como Bella, llevando solo un día con nosotros en casa, nos hacía recordar, aunque fuera fugazmente, todas esas sensaciones.

- Edward… - el semblante de mi hermana se había tornado serio – Cuánto piensas aguantar esta situación? Estas perdidamente enamorado de ella. Se te ve a una legua… Ya oíste los comentarios ayer de Rose y Emmet. Cuánto piensas que tardará Carlisle en darse cuenta de que algo te pasa con Bella?

- Creo que ya se ha dado cuenta, Alice. – Ella me miró con los ojos como platos.

Le conté las palabras de Carlisle, y el gesto y posterior comentario de Esme. Alice cada vez sonreía más y más.

- Edward, no lo ves? Carlisle te está dando su consentimiento. –decía una bastante exaltada Alice.

- No te lances Alice. Pudo ser simplemente un comentario… No quiero ver donde no hay, y te recomiendo que hagas lo mismo – le dije mostrándome algo a la defensiva.

- No, de eso nada… Aquí hay mucho que ver, pero tienes tanto miedo que quieres convencerte a ti mismo que no hay nada… Es verdad que Carlisle ha sido excesivamente sutil, pero yo veo claro el mensaje oculto de sus palabras. – Cogió aire, metafóricamente hablando – Puede ser que no haya llegado a la conclusión de que estés enamorado de Bella, pero él se huele algo; como el resto.

- Cómo el resto? – pregunté agachando los ojos – Jasper te ha dicho algo? – le pregunté encendiéndome.

- No… aun. Pero sé que antes o después me lo dirá. Ya te digo que por mucho cuidado que quieres poner, se nota que algo te pasa con ella. No necesitamos leer mentes o captar sentimientos. Te conocemos Edward; llevamos demasiados años todos juntos. – Sonrió divertida – Aunque a lo mejor si que te interesa saber que me ha dicho de los sentimientos de Bella… - la miré con los ojos abiertos ante la expectación.

- Aliceeee… - la apremié.

- No ha captado amor, aun… - me miró alzando una ceja y yo le devolví una mirada gacha - Ni tampoco miedo, pero lo que sí que ha captado es una atracción hacía ti sorprendente. Y también me ha dicho, que no es la simple atracción sexual que capta de otras humanas… que hay más, pero que ni ella misma se ha dado cuenta aún. Así que… qué más necesitas?

- Eso no me sirve de nada Alice… No es nada – dije aguantando el tono de desesperación que quería salir de mi garganta - Necesito más pruebas… No puedo arriesgarme y dar un paso en falso. No me implico solo yo, sino a toda la familia. Es la niña mimada de Carlisle, si algo salé mal… me decapita. – dije alzando ambas cejas.

- Edward… solo con el sonido de su corazón cuando entra en una estancia donde tú estés, es prueba más que de sobra. Bombea tan deprisa, tan acelerado y tan rítmico que se oiría por encima de una manada de caballos al trote. – sonrió ella.

- Necesito más, Alice… Y te aviso – la miré con advertencia – si la increpas, o la andas agobiando intentando sonsacarle información, me harás enfadar, entendido? – clavé mi mirada en sus ojos dorados.

- Entendido. No interferiré para nada… A no ser que ella me pregunte, claro – puso cara de interesante y con las mismas se giró. – Esme está llegando. Si quieres mantener tu fachada, te recomendaría que te vistieras y fueras a trabajar; vas a llegar tarde… - y riendo, se fue escaleras abajo.

Otra encrucijada… La familia estaba empezando a darse cuenta de que algo raro pasaba… y Alice veía en las palabras de Carlisle lo mismo que yo… Recomendándome dar el paso. Pero eso no era dar un paso adelante, sino lanzarse al vacio sin saber lo que te espera abajo.

Pero… y si tenía razón? Si Bella necesitaba ver de mí algún acto de mi interés romántico por ella? Pero y si mi arriesgaba y la asustaba, o los signos estaban equivocados? Entonces que pasaría? Qué diría Carlisle?

Lo dicho, iba a ser el primer vampiro que se volviera loco.

Me fui a trabajar, deseando que pasaran las horas para volver a casa y ver a Bella despierta correteando por la casa.

PV BELLA

Noté como la luz me daba directamente en los ojos. Me giré hacía el otro lado de la cama, para seguir durmiendo, pero ya estaba espabilada. Poco a poco fui desperezándome y los recuerdos me golpearon directamente en la memoria haciéndome abrir los ojos de golpe.

Miré el reloj de la mesita y eran más de las 8 de la mañana… Había dormido 16 horas seguidas! Me asombre de mi capacidad para dormir… Pero teniendo en cuenta todo lo acontecido en menos de tres días… Era más que normal que acabara por ceder, aunque la "pastillita milagrosa" de Carlisle debía de ser anestesia para caballos, porque era un alucine dormir tantísimas horas sin despertar para nada.

Aunque ahora que estaba despierta, sentía unas ganas horribles de ir al servicio. Haciéndome saltar de la cama directa al baño.

Aproveché y me duché, vistiéndome para seguir la labor que habíamos dejado a medias Alice y yo ayer. Hoy todo tenía que quedar guardado en cajas. Aunque estaba muy agusto en casa de Carlisle, no podía abusar de su hospitalidad.

Al bajar a la cocina, me encontré con Alice, que había hecho café.

- Ummm… que bien huele… Café recién echo – ya estaba saboreándolo en mi boca.

- Sí… supuse que te sentaría bien una buena taza. – me sonrió. - Que te apetece desayunar? – me preguntó.

- Pues no sé, la verdad…

- Por qué no abres la nevera y ves si algo se te antoja? Siéntete como en tu casa, de acuerdo? – le sonreí agradecida por sus palabras.

Abrí el frigorífico y decidí mi menú para el desayuno:

Huevos revueltos y fruta fresca… y por supuesto, el café. Me hizo gracia la manera en que Alice me miraba mientras cocinaba. Es como si nunca hubiera visto a nadie hacerlo. Me resulto gracioso a la par que chocante.

- Bueno… seguimos con el inventario, o prefieres posponerlo? – me preguntó sentándose a mi lado.

- No trabajas hoy?

- No, me debían unos días y bueno… como mi jefe directo es Carlisle y el que concede los días compensatorios es Edward… como que no he tenido muchos problemas para que me los dieran – sonrió con malicia.

- Pues no, parece que no deberías tener problemas… jaja – reí. Era una suerte que tus jefes fueran tu familia… bueno, por lo menos para este tipo de cosas.

Una vez acabé de desayunar, subí a lavarme los dientes y acabar de vestirme.

Nos montamos en el Mini de Alice y salimos zumbando, dirección: mi casa.

Sacamos las cajas del maletero y nos pusimos manos a la obra.

Todos los recuerdos que quería conservar de toda la casa, entraron en una caja. Los demás, fueron repartidos entre la basura y la beneficencia de la iglesia.

Alice había hecho unos bocadillos y paramos a comerlos. La mañana se había pasado volada.

- Todos los artilugios de pesca, voy a dejarlos aquí para dárselos a Billy y a Harry. Ellos seguro que agradecen el tener un recuerdo de su amigo… - dije con tristeza.

- Es un bonito gesto, Bella, seguro que te lo agradecen – asintió complacida.

- Sé lo que se siente cuando pierdes a tu mejor amigo… Y duele… duele mucho. - dije intentando controlar el gesto de dolor que pugnaba por asomarse en mi cara.

- Cómo que perder? – preguntó extrañada. – A qué amigo has perdido tú?

- A Jake. – le contesté mirando al infinito… a los recuerdos del pasado. – Cuando fui grandecita para cuidarme más o menos sola, empecé a pasar aquí los veranos con mi padre. Entonces conocí a la gente de la reserva haciéndonos amigos de forma instantánea. Poco a poco, fui pasando más tiempo aquí en Forks; parte de las navidades, semana santa… y nuestra amistad se hizo solida, sobre todo entre Jake y yo. – Suspiré – Éramos los mejores amigos. Nos compenetrábamos de un modo increíble. Éramos igual de atrevidos, revoltosos y juguetones, aparte de chocar en el carácter – sonreí – muchas veces, nos íbamos él y yo solos por ahí a hacer excursiones. Aunque mi instinto de orientación nunca fue demasiado bueno, él se conocía todos los rincones de la Push y de Forks como su propia casa, así que nunca nos perdíamos ni teníamos miedo. Aunque esa osadía nos trajo más de un susto – reí –Hasta que mi madre se casó y yo decidí venir a cursar mis dos últimos años de instituto aquí.

- Y tus amigos de Phoenix? No tenías? – preguntó Alice.

- Sí, claro que tenía, pero… ninguno era como los de aquí. Nadie era como "mi Jake" – la risa dio paso a una sonrisa melancólica – No me costó nada en absoluto el venirme, al contrario. Las últimas vacaciones ya me había costado un mundo el marcharme, así que cuando vi que mi madre no oponía resistencia… vi el cielo abierto. Después de unos meses aquí, los sentimientos fueron haciéndose más fuertes, más intensos… hasta que los dos nos dimos cuenta que lo que sentíamos iba más allá de una simple amistad. Nos queríamos… y cómo! – Alcé las cejas para infundir más realismo a mis palabras – Pero lo bueno, es que nunca fuimos una pareja empalagosa… Estábamos genial rodeados del resto de los chicos, ya que siempre encontrábamos momentos para estar a solas.

- Eso está bien… No apartarse de los demás, pero teniendo tiempo para vosotros como pareja – comentó Alice.

- Nuestros padres estaban tan felices de vernos juntos… de ver lo bien que nos iba, que jamás pusieron problemas, o en este caso a mí, por salir hasta un poco más tarde, o quedarme en casa de Jake a dormir los fines de semana… Todo el mundo estaba encantado con nosotros como pareja… Y además que nos iba de fábula… Hasta que todo empezó a cambiar. Hasta que Jake empezó a cambiar.

- A cambiar? - preguntó extrañada.

- Sí… Todos los chicos de la reserva estaban rarísimos… sobre todo Jake. Era excesivamente protector; rayando lo absurdo. Venía todos los días a buscarme a clase y algo que nunca le dije a él, es que más de una vez, lo vi merodeando por mi instituto en la hora del almuerzo… Un día me metí en el bosque para recoger algunas piñas y palos para encender la chimenea. Aunque ya estábamos en primavera, era un día bastante frío. No me alejé demasiado del camino, ya que como te decía, mi sentido de la orientación es bastante mediocre; pues cuando no llevaba más de diez minutos en el bosque, llegó corriendo hasta mí, desencajado echándome una soberana bronca por haberme metido yo sola allí. Ese día tuvimos nuestra primera gran discusión. Y a partir de ahí, nuestra relación se vio seriamente afectada… Y cuando rompimos, no solo perdí a mi novio y al amor de mi vida, o el que por aquel entonces lo era… Sino que perdí a mi mejor amigo. Fue igual que si hubiera muerto… Peor aún, ya que él estaba ahí, pero jamás nada volvería a ser como fue.

- Oh… entiendo. Tuvo que ser durísimo – me contestó afligida.

- Realmente eso fue lo peor… Perder a mi mejor amigo, a mi puerto seguro. Ya jamás volvería a sentirme protegida por él… Porque aunque soy muy independiente y se valerme bastante bien sola, la sensación de protección de alguien que te quiere como me quería, o me quiere Jake, era algo mágico. Algo fantástico… Esa seguridad de que con él, nada malo podría pasarme… Y para rematar, el saber que otra está disfrutando ahora de esa protección… Es una sensación abrasadora… Me costó muchísimo tiempo asumirlo y aceptarlo. Pero ahora ya pasó, se quedó en el pasado y hay que mirar para adelante. – dije animada.

-Pues sí… Tienes toda la razón. Me alegro de que pudieras superarlo, ya que tuvo que ser dificilísimo… - Alice cerró los ojos, apretándolos fuertemente – Pero hay una cosa que no comprendí muy bien… - comentó tímidamente, sin atreverse a preguntar. Así que le di pie a que lo hiciera, ya que realmente estaba sentándome de maravilla hablar esto con ella.

- Dime… pregúntame lo que quieras. – la animé.

- No entiendo que tuvierais semejante bronca por meterte en el bosque; Al lado del camino… Pues sí que era sobre protector, no? – comentó Alice alzando las cejas sorprendida.

- Él no había sido así nunca; ya te digo que teníamos hecho verdaderas locuras juntos… montar en moto, hacer salto de acantilado… Pero Jake ya me había avisado hacía días de que no lo hiciera. Que había osos muy cerca de las casas, que por eso estaban los chicos y él tan raros. Porque tenían miedo a que atacaran, ya que debían estar escasos de comida y por eso se habían acercado tanto al pueblo. – levanté las cejas, rodando los ojos – Pero yo jamás me creí tal cosa. Algo había en el bosque… algo peligroso, pero no eran osos. Y si te soy sincera, por un momento, cuando estaba allí, me sentí observada, pero al girarme no vi nada… ni a nadie. – le relataba con aire de suspense. Jamás le había dicho eso a nadie – Pero estoy segura de que allí había alguien; observándome, vigilándome… porque cuando me volví, un estremecimiento me cruzo la espalda, y acto seguido apareció Jake con la cara blanca, desencajada y las manos le temblaban igual que ayer a la salida del supermercado.

Alice se quedó pensativa durante un rato, con la mirada perdida en la nada.

- Son solo suposiciones… Seguramente no había nadie y eran todo paranoias mías por el miedo que intentaba meterme en el cuerpo Jake… Pero… no sé. Fue una sensación tan real – me mordí el labio pensativa.

- Y tú qué crees que era eso que tenía a los chicos tan alterados?

- Creo que alguien había en los bosques. No sé… a lo mejor un delincuente peligroso que se hubiese escapado de una prisión… un asesino, un violador… Pero de lo que estoy completamente segura, es que no eran osos. – me acerqué a ella susurrante – Una vez, sin que Jake se diera cuenta, escuché una conversación de él con los chicos, solo capté palabras sueltas, refiriéndose a lo que habitaba el bosque, y se referían a ese peligro como personas… no como animales… y… - no sabía si contarle el resto, por lo que callé, pero me mordí el labio, dando a entender que había más.

- Y? No pensarás dejarme así, verdad? Que escuchaste? – Alice estaba metida de lleno en mi historia.

- No solo había una persona… si no un grupo… y se referían a ellos llamándolos… chupasangres. – puse una mueca de suspense en mi cara. No me creía que estuviera contándole esto a alguien.

Alice, en cuanto nombre la palabra "chupasangres", se tensó. Podía notar todos sus músculos rígidos.

- Aliceee… - la llamé sonriendo – no me digas que crees en esos cuentos? – le pregunté con mofa.

- Qué cuentos? – preguntó con la mandíbula tensa.

- En cuentos de vampiros… - le dije abriendo los ojos y sonriendo con burla. – Si te soy sincera, por un momento llegué a planteármelo, pero llegué a la conclusión, que con esa palabra querrían referirse a otra cosa… Aunque desde aquel día, no volví a meterme en el bosque sola. Por si a caso. – una risita nerviosa se escapó de mis labios. Pero a Alice no le hizo ni la menor gracia, ya que seguía seria, pensativa y tensa; sobre todo tensa.

Por un segundo, el mismo escalofrío que había sentido aquella vez en el bosque, volvió a recorrerme la espalda, haciéndome contraer y pestañear fuerte para sacarme la sensación del cuerpo.

- Qué tal si seguimos? Llevamos más de dos horas aquí sentadas sin mover el culo – rió Alice. Toda la tensión y rigidez, se esfumaron igual de rápido que habían llegado a su cuerpo.

- Pues sí. Tienes razón… Llevamos un montón aquí tiradas y todavía quedan cosas por hacer… buf…! – me quejé con pereza.

Dicho y hecho. Nos levantamos y nos pusimos manos a la obra otra vez. Alice se puso con la cocina; yo había echado una ojeada antes y allí no había nada para guardar, así que todo iba para la basura, quitando algunos útiles que entregaría en la iglesia.

Mientras yo, acababa de recoger la habitación de mí padre. Para mí, era la más difícil de desmantelar… pero necesitaba hacerlo sola. Aunque por otro lado, era la más fácil, ya que mi padre no era un hombre de guardar cosas innecesarias; por lo que en su cuarto solo estaba su ropa y poco más, la cual iba directa a beneficencia.

Con mucho pesar, acabe con el dormitorio de mi padre, pasando al mío. Esa era una habitación muy dura. Estaba llena de recuerdos, de momentos hermosos vividos aquí… sobre todo con Jake. Aun descansaban fotos suyas en mi tablón.

Decidí, que quitando algunas cosas, las demás las metería en una caja y las guardaría. En el garaje había muchísimo sitio, y los recuerdos de mi padre solo ocuparían una caja, así que por otra más…

En eso estaba cuando entró Alice en mi dormitorio…

- Vas a deshacerte de todo esto? – preguntó mirando el interior de la caja.

- No lo voy a tirar, lo voy a guardar en el garaje.

- Es todo tu pasado aquí – dijo con pesar.

- Si… pero estoy dejándole sitio al futuro – le contesté sincera y rotunda. Ella asintió con un movimiento de cabeza.

Cuando nos quisimos dar cuenta, la noche había caído. Eran casi las diez. En ese momento, el móvil de Alice empezó a sonar.

- Era Carlisle… Que qué estamos haciendo; que es tarde… - dijo sonriendo – Y me dijo que te llevara de vuelta a casa… a la nuestra – puntualizó sonriendo traviesa – que no te pongas terca, porque si no vendrá el mismo a por ti. E imagino, que conocerás lo suficiente a mi padre para saber que es muy capaz de hacerlo, verdad? – me preguntó con la sonrisa en la cara.

- Si; por supuesto que sé que es capaz de hacerlo… jajaja – al final, las dos acabamos riéndonos.

En solo un día, habíamos conseguido quitarme de delante todo el trabajo. Alice era una máquina de hacer cosas. Era increíble, como una personita de aspecto tan delicado, podía hacer tantísimas cosas sin agotarse… o por lo menos, no demostrando cansancio alguno.

Llegamos a casa, llenas de polvo y suciedad. Llevábamos hasta el pelo sucio.

- Chicas… madre mía, cómo venís así? – nos regañó Esme. – Antes de pasar a la cocina a cenar, ir a ducharos. Vuestros hermanos ya han cenado… pero he conseguido que os dejaran algo para vosotras. – sonrió maternalmente.

Había oído bien? "Vuestros hermanos"? Esme me había incluido como hija en la frase? Ella lo dijo tan natural, como si tal cosa… pero en mi cara se formó una sonrisa tan grande como un mundo.

Carlisle que estaba detrás de Esme, se dio cuenta de mi gesto y me sonrió complacido por mi respuesta ante el "nuevo nombramiento" de Esme.

Mientras subíamos las escaleras dirección a nuestros cuartos para ducharnos y adecentarnos para la cena, Alice me paró en el descansillo de su piso.

- Bella, tengo una idea genial para lavarnos de una forma más rápida y de paso, más divertida… - alzó ambas cejas varias veces.

- Alice, me das miedo – sonreí, forzando una mueca de miedo.

- No seas boba… ven, acompáñame – y sin más, me cogió de la mano y tiró de mí, metiéndome en una puerta que había en ese mismo descansillo.

PV ALICE

El relato de Bella me dejó alucinada. Por nuestra culpa, su vida se había torcido por completo, ya que al venir aquí, habíamos despertado a una manada de lobos, dormida durante décadas, coincidiendo que su novio, era el Alfa de la susodicha manada.

Y como ella bien había dicho, no solo había perdido a su novio… sino que había perdido para siempre a su amigo; a su mejor amigo. A las dos personas más importantes de su vida de una sola vez… Y podía hacerme una idea de lo que eso debió suponer para ella. Dolor y sufrimiento.

Ahora comprendía bien el porqué de estar durante dos años siendo "una niña buena", como ella misma lo describía, en la universidad.

Y cuando me contaba de forma misteriosa, lo de su "aventura" en el bosque… por un momento creí necesitar oxigeno. Por su descripción, sabía que alguno de nosotros estábamos allí.

Yo no había sido, ya que me acordaría; lo más seguro es que hubiera sido alguno de mis hermanos.

Pero cuando ella siguió contándome la aventura, y mencionó la palabra vampiro de esa forma tan "peliculera", por mucho que lo intenté, me quedé rígida como un palo. Ella siguió hablando, desvelándome su opinión sobre el mito sobre nosotros: Ella no creía en vampiros.

No sabía si eso era bueno… o malo. Bueno, porque así, aunque viera cosas extrañas en nosotros, no daría con lo que somos… Pero malo para hacerla creer llegado el momento.

No me apetecía demasiado relatarle esto a Carlisle, pero con alguien debía hablarlo y sabía perfectamente quien estaría más que encantado de escuchar cualquier cosa sobre Bella: Edward.

Como buena embustera y "actriz", rápidamente volví a la normalidad, acabando de empaquetar todo. Al día siguiente vendrían Jasper y Emmet para ayudarnos a llevar todo esto a su lugar. Los chicos estaban deseando tener escusas para poder estar más tiempo cerca de Bella… y el tener que mantener la fachada, para que nos ayudaran a cargar las cajas, era la escusa perfecta para pasar un rato ameno con ella.

Una vez que acabamos, Carlisle me llamó para preguntarme por qué tardábamos tanto en volver, haciéndome prometer que llevaría a Bella a nuestra casa. No necesité de mucho para convencerla, ya que Bella estaba muy cómoda entre nosotros.

Al llegar a casa, Esme nos regañó por llegar llenas de polvo y suciedad, y nos mandó a duchar para cenar; añadiendo a Bella como una hija más en el contexto de la frase.

Carlisle que venía detrás de Esme a recibirnos, se quedó mirando fijamente para Bella, para ver su reacción, la cual nos emocionó a todos, ya que de su boca salía una tremenda sonrisa de felicidad por las palabras de mi madre.

Mientras subíamos escaleras arriba para dirigirnos a nuestras habitaciones para ducharnos, se me ocurrió una idea grandiosa; de esas que habitualmente se me suelen ocurrir.

- Bella, tengo una idea genial para lavarnos de una forma más rápida y de paso, más divertida… - le dije alzando las cejas de forma divertida

- Alice, me das miedo –Bella fingió una mueca de miedo.

- No seas boba… ven, acompáñame – sin dejarla plantearse demasiado mi gran idea, la cogí de la mano y la arrastré por una puerta, dirección: la piscina.

Los chicos estaban en casa, por lo que rápidamente oirían ruidos y bajarían. Sería una gran forma de romper el hielo entre nosotros y Bella. Lo que a esta chica le hacía falta era divertirse; y nosotros, los Cullen, éramos expertos en eso.

Hola chicas...

Bueno, no os quejareis, eh? Capi larguito donde los haya... y con un montón de PV distintos.

Así hay más movimiento, y vais conociendo las acciones y pensamientos de la familia sin que los capis queden pesados.

Y, por cierto... qué se le habrá ocurrido a Alice? En unos días lo tendréis aquí.

Un besazoooo!