CAPITULO 17 Atracción
Me dejé guiar por Alice sin plantearme siquiera el negarme. Esta chica tenía pinta de saber divertirse y lo que me hacía falta ahora mismo a mí, era eso… Diversión.
Bajamos unas escaleras que daban al jardín, pudiendo contemplarlo por la espectacular cristalera que hacía de pared.
Alice se paró en una puerta y se giró, mirándome sonriente y divertida. Tenía la cara igual que una niña cuando va a hacer una trastada. Abrió la puerta y ante mí, apareció una inmensa sala espectacularmente iluminada, llena de cristaleras que hacían de pared, las cuales daban al jardín, al igual que el pasadizo por el que bajamos; pero lo increíble de aquella sala, no era la decoración exquisita, las plantas tropicales, o las tumbonas perfectamente colocadas y acomodadas con sus cojines, sino la gigantesca y espectacular piscina que presidía la estancia. No pudiendo evitarlo, abrí la boca del asombro.
En aquella casa no faltaba ningún detalle que pudiera apetecerte. Pero cuan ricos eran los Cullen?
- Guauuu… vaya pedazo de piscina! – exclamé alucinada.
- Te gusta? – asentí con un movimiento frenético de mi cabeza – Está climatizada… y has visto el trampolín? Y allí al fondo, en aquel círculo, hay un jacuzzi.
- Joder… es alucinante, en serio – dije yo embobada – Esta casa es una pasada! – Alice sonrió complacida, pero sin ápice de vanidad.
- Que te parece si probamos la temperatura del agua? – me dijo alzando las cejas, picándome.
- Pero estamos vest… - no acabé la frase, ya que Alice volvió a cogerme de la mano y me llevó directa al agua.
Y sin más… nos zambullimos en aquella impresionante piscina haciendo una enorme bomba en el agua. Cuando salimos a la superficie, no podía parar de reír y Alice al verme, se contagió, riendo las dos a carcajadas.
- Guauu… ha sido genial! – dije cogiendo aire, aun riéndome.
- Sí… ha sido mucho más divertido que ducharnos en el baño, verdad? – preguntó ella riendo también.
Nos quedamos en un silencio agradable durante un par de minutos, flotando en el agua. La temperatura del agua era perfecta y el ligero olor a cloro me encantaba. En ese momento, comenzó a sonar música haciéndome alzar la cabeza.
- Y esa música? – le pregunté a Alice, la cual estaba sonriendo.
- Bailemos! – dijo encendida.
Nadamos hasta donde hacíamos pie y nos pusimos a hacer el tonto al son de la canción. Estaba pasándomelo en grande. Esto era lo que necesitaba; despreocuparme, divertirme y reír… Y Alice tan solo en unas horas había conseguido todo eso.
La canción cambió y dio paso a otra más sensual, con un ritmo que te invitaba a bailar.
Nos miramos, y como si nos conociéramos de toda la vida, las dos hicimos lo mismo. Era igual que si hubiera visto en mi mente lo que me proponía hacer:
Nos quitamos la ropa, la cual estaba empapada, lógicamente y nos quedamos en ropa interior. Las dos llevábamos sendos conjuntos interiores sencillos; sin encajes o similares. Así que no había ningún tipo de vergüenza entre nosotras.
Mientras bailábamos totalmente despreocupadas y muy animadas, sentí como el agua se movía cerca de mí; como si alguien se hubiera metido en el agua. Me giré y en ese momento, Emmet asomó la cabeza a la superficie.
- Qué, no pensabais avisar de la fiesta? – dijo él poniendo pucheros.
- Pero… pero… de dónde has salido? – pregunté extrañada. Era increíble que no lo hubiera sentido ni siquiera acercarse.
- Joder Bella… He entrado por la puerta, por la misma que supongo has entrado tú. No es mi culpa que estuvieras excesivamente entretenida para darte cuenta – dijo él burlón.
- Es una fiesta privada, o se nos permite el acceso? – alcé la cabeza ante el sonido de una nueva voz: Jasper, seguido de cerca de Rose y justo detrás de ella… Edward.
Todos iban ataviados en trajes de baño. El de Rose, no dejaba mucho a la imaginación, que digamos y los chicos, lógicamente, iban con el pecho descubierto.
Mis ojos se quedaron fijos en los músculos bien definidos de Edward. A través de la ropa, se podía suponer su buen cuerpo, pero ahora, sin trabas para poder contemplarlo… Era espectacular.
Sin poder evitarlo, me mordí el labio inferior, notando como salían chispazos de puro deseo de mis ojos.
Todos se metieron al agua, y al salpicarme, volví a la realidad dejando de "devorar" a Edward con la mirada; ya que él fue el último en zambullirse.
Jasper se acercó a Alice y le dio un tierno beso en los labios, a la par que le acariciaba la cara.
La agarró de la cintura y la acercó a él, bailando en el agua de forma tierna a la par que sensual.
Emmet copio el gesto con Rose, aunque ellos eran más pasionales que Alice y Jasper; ya que Emmet la agarró con más ímpetu haciéndola menearse al son de la música.
No podía soportar ver aquello. Era superior a mí. Sabía que Edward estaba detrás de mí, y él presenciaba aquello igual que yo. Éramos los únicos sin pareja… Un chico y una chica, siendo vilmente provocados por otras dos parejas, demostrándose su amor y en cierta manera, su pasión. Era una situación un tanto incómoda.
Así que decidida, nadé hasta la orilla dispuesta a irme. Cuando solo había subido dos peldaños de la escalera, alguien me agarro de la muñeca haciéndome girar.
Sabía que no era Edward, ya que no había corriente alguna abrasando mi cuerpo.
- Dónde te crees que vas? La fiesta acaba de empezar – dijo riendo Emmet.
- Es que nos hemos puesto en plan parejitas… - Alice se separó de Jasper – Aunque bueno… tampoco te has quedado sola – la miré frunciendo el ceño; en ese momento no entendí por donde iba – Edward. – sonrió pícara; y yo sentí como mi cara ardía. Por lo visto, no había sido la única en darse cuenta del detalle de que Edward y yo éramos los únicos sin pareja, pudiendo serlo perfectamente entre nosotros.
- Bonito biquini Bella… jajaja – rió Emmet tirando de la etiqueta de mis braguitas, la cual asomaba por encima de mi trasero.
Otro grandísimo detalle: No era un bikini, sino un conjunto de ropa interior; Emmet lo sabía perfectamente, por lo que me picó, haciéndome enrojecer aun más. Giré la cabeza y me encontré a un Edward muy entretenido mirándome; más bien estudiándome… Devorándome con la mirada igual que si fuera su plato favorito.
En segundos comprendí que era una estupidez taparse; eso quedaría ridículo, a parte que a Emmet le serviría de broma y se reiría de mí sin contemplaciones. Así que hice lo que me pareció más oportuno.
Me agaché y cogí impulso, saltando otra vez al agua por encima de la cabeza de Emmet, el cual se quedó impresionado con mi salto.
Cuando emergía a la superficie, él estaba tronchado de risa.
- Grandioso salto… Estas cosas solo pasan cuando se tiene un momento de vergüenza intenso, verdad? – me picó.
- No Emmet… ya dije el otro día que se me daba muy bien el agua. – le contesté muy resuelta.
- Ya, claro… Bueno, veremos a ver como sales del agua… Por qué yo no tengo ninguna prisa en irme… y vosotros? – le preguntó a sus hermanos. Todos menearon la cabeza en señal negativa. Incluso Edward también negó.
- No debes tener vergüenza… Ten en cuenta que tenemos madre, hermanas y parejas… No nos vamos a sorprender por verte en ropa interior… Lo que llevas, es igual que un bikini. – contestó muy tranquilo Jasper.
- Claro…! No dejemos que esta tontería nos arruine el momento – apoyó una entusiasta Alice.
- Venga… bailemos… - Emmet se acercó a mí y me agarró por la cintura – Estabas haciéndolo de fábula antes. – empezó a menearme suavemente al son de la música. Se acercó a mí oído y me susurro – Entre nosotros no hay vergüenzas Bella… y tú, eres una más. – se separó y me sonrió de forma muy dulce.
Le agradecí el gesto devolviéndole la misma sonrisa. Emmet era un chico encantador. Muy brutote, eso sí, pero debajo de esa imagen inicial, se encontraba un chico realmente dulce y tierno.
Me dejé llevar por Emmet, haciéndome reír a cada momento. Las parejas habían cambiado por completo. Yo estaba con Emmet, Jasper con Rose y Alice con Edward.
Tenía que hacer auténticos esfuerzos por no quedarme mirándolo embobada… Pero ver sus músculos marcarse con cada movimiento, agarrando a su hermana mientras bailaban, era superior a mí.
- Creo que voy a tener que ir a recuperar tus ojos del cuerpo de mi hermano – me dijo un susurrante Emmet, sonriéndome con picardía, pero sin atisbo de burla.
- Cómo? No… yo no… - que iba a decir, si estaba siendo más que descarada.
- Tranquila. No tienes porque justificarte… pero no negarás que te gusta, eh? – preguntó alzando las cejas con aire misterioso y confabulador. – Tú secreto está a salvo conmigo – y sonrió de una manera extraña. Cómo si hubiera un chiste escondido en sus palabras.
- No sé de qué hablas Emmet… - le susurré – Él y yo, nunca congeniaremos – le dije haciendo una mueca con los labios.
La canción acabo, dando paso a otra.
- Cambio de parejas! – anunció Alice.
Emmet se separó de mí, y cuando me iba a girar, noté que alguien volvía a agarrarme de la cintura. Ahora si era Edward, ya que miles de sensaciones me recorrieron el cuerpo entero.
Con una mano me agarró de la cintura y con la otra, sujetó mi mano, alzándola. Yo situé mi mano libre en su hombro. Él me sonrió, dejándome sin habla. Ante semejante sonrisa, no había réplica ninguna a nada. Así que me dejé llevar por él sin oponer resistencia alguna.
Fue llevándome poco a poco hacía el interior de la piscina, donde de pie, el agua me llegaba al cuello. Iba a protestar, cuando de pronto, su agarre se intensifico en mi cintura, alzándome del suelo.
- Así es más fácil, no crees? – preguntó con su sonrisa otra vez puesta.
- Ajá – fue lo único medianamente coherente que mi cerebro fue capaz de hacerme decir.
Joder Bella… Te has quedado atontada…. Recuerda que él, es un completo gilipoyas. Pensé para mí… Pero su estrecha cercanía, me ponía muy difícil la tarea de alejarme.
Él volvió a sonreír, pero de forma divertida, contagiándome el gesto a mí misma, devolviéndole la sonrisa.
Y así, comenzamos a bailar; pero sin giros, sin alejarnos el uno del otro lo más mínimo. Parecía que a él le hacía tan poca gracia como a mí el separar nuestros cuerpos.
De manera discreta, él dejó de agarrarme tan fuerte, comenzando a acariciarme la cintura. En ese momento, sentí un escalofrío para nada desagradable. A su vez, yo comencé a subir y bajar con movimientos cortos mi mano por su brazo… Y de pronto, nuestras miradas se encontraron. Había tanto deseo en su mirada, como imaginaba lo habría en la mía. Si hubiéramos estado solos, estaba casi segura que nos habríamos liado allí mismo, en la piscina. Esa idea se me antojó de pronto excesivamente tentadora.
Edward y yo, solos en… mejor que en la piscina, en el jacuzzi. Y como si quisiera tentarlo de forma descarada, mientras lo miraba, dirigí una rápida e intencionada mirada hacía el sitio donde estaba situado el jacuzzi, haciéndolo a él girarse levemente. Cuando volvió a mirarme, una sonrisa pícara adornaba su boca, y entonces, sus caricias se hicieron más notorias, tocándome la espalda con toda la amplitud de su mano.
La sensación que aquello me produjo, fue indescriptiblemente placentera.
Si solo por una caricia, me "erizaba" de esa forma… cómo sería tenerlo en mí cama… Sentirlo dentro de mí. Ese pensamiento me hizo cerrar los ojos fuertemente por un segundo.
Y entonces, como si no pensara, como si la parte racional de mi cerebro no estuviera en funcionamiento, moví las piernas pegándome a él.
Él ante mi movimiento, abrió la boca dejando salir un jadeo cargado de erotismo, clavando en mis ojos su mirada cargada de sensualidad y deseo.
En esos momentos, tuve que abastecerme de todo mi autodominio para no tirarme literalmente sobre él, suplicándole si hacía falta, que me hiciera suya en ese mismo momento.
Y mientras buscaba ese dominio, esa fuerza que me hiciera mantener la compostura, un nombre vino a mi mente: Carlisle.
En ese momento, Edward bajó su mano hasta justo el límite donde la espalda pierde su nombre, apretándome contra él. Haciendo que nuestros sexos se encontraran… Y cuál fue mi sorpresa al descubrir que el suyo, parecía muy "emocionado" de encontrarse con el mío.
Cuando noté su erección rozándose contra mí sexo, tuve que morderme el labio de forma algo más fuerte de lo habitual para serenarme y controlar el jadeo que golpeaba mi garganta para salir por mi boca.
No podía perder los papeles así con Edward. Con su hijo, con su favorito. Si aquello salía mal, si solo era un rollo, acabarían por aparecer tiranteces, y ya que su familia llevaba tan bien mi intrusión en sus filas… No podía permitirme liarla así por un calentón.
Y para más castigo, sabía que Edward estaba muy atraído por mí; debajo de esa actitud de borde, prepotente y gilipoyas, escondía un deseo que pugnaba por salir. Ahora mismo me lo había confirmado… Tanto él, mirándome así, como su "amiguito"… o más bien podría decir su "amigote", ya que estaba espectacularmente dotado.
No me iba a arriesgar a dar un paso en falso y que luego él simplemente se sintiera atraído. Que lo que él sentía era simplemente eso: Atracción.
Su mirada, fija en mis ojos, no me ayudaba nada a encontrar mi parte racional. Estaba tan concentrado en mí… como si estuviera evitando el hacer algo; con unos ojos, que más que mirarme me devoraban.
- Cómo sigas mordiéndote el labio así, acabarás haciéndote daño – me susurró acercando su cara a mí oído.
- Edward… - mi tono fue susurrante, pero llevaba una connotación de protesta.
- Siento muchísimo lo que pasó ayer… Es… Es que no puedo soportar que nadie te haga daño. Necesito saberte protegida… y si es por mí, mucho mejor. – sus palabras, susurrantes, me hicieron estremecer de pies a cabeza.
Parecía como si se hubiera metido en mi cabeza y hubiera oído mis pensamientos.
- Edward… Yo no… Yo no puedo… - lo miré reflejando el miedo que este momento de intimidad me transmitía.
- Vaya… dónde están tus agallas? No creo que esta sea la primera vez que estas así con un hombre, verdad? – me preguntó clavando su mirada reprobatoria en mi. En mi cara se dibujo un gesto de total asombro; dejándome sin palabras.
Eso fue lo que necesité para reaccionar. Edward era lo que era… Un "completo gilipoyas". No necesitaba más pruebas; por muy atractivo y atrayente que fuera, no podía permitirme más momentos de debilidad con él.
De forma algo brusca, me separé de él introduciéndome en el agua nadando hasta la escalera, saliendo de allí con paso apresurado.
En ese momento, ya no me importó el hecho de estar en ropa interior. Eso era una tontería en comparación al momento íntimo que acabábamos de tener Edward y yo.
Lo único que me consolaba era saber que sus hermanos no se habían enterado de nada, ya que estábamos alejados de ellos, hablando en susurros y la música llenaba el ambiente de sonidos.
Nada más que atravesé la puerta, salí corriendo hacía mi habitación; me metí en la ducha y le di a la llave del agua fría. Necesitaba sacarme ese calor abrasador del cuerpo… Necesitaba borrar su embriagante olor de mi piel. Sacarme sus palabras de mi mente… Pero volver a repetir su última frase, me hacía encolerizar.
"No creo que esta sea la primera vez que estas así con un hombre, verdad?"
Me sequé un poco el pelo y me metí en la cama. Aunque tenía algo de hambre, no quise arriesgarme a bajar y volver a encontrármelo, así que me aguante e intenté relajarme para conciliar el sueño.
Al día siguiente, me lavé, me preparé y me vestí. No pararía a desayunar; no podía encontrarme con Edward, ya que aun seguía muy cabreada.
Aunque quería evitar por todos los medios el encontrarme con él, tuve que hacer acto de presencia en la cocina para dar los buenos días.
Hoy me había levantado muy temprano, así que todos estarían allí desayunando, ya que era su hora para ir al hospital.
Cuando estaba al lado de la puerta, pude oír perfectamente las voces de toda la familia, y Edward estaba allí.
- Buenos días – dije intentando ser natural. Todos me contestaron sonrientes. Incluso Edward, que me miró de forma intensa, haciéndome bajar la cabeza.
Si lo miraba, iba a ser excesivamente descarado que algo pasaba, y lo que menos quería era dar que hablar sobre nosotros.
- Que te apetece desayunar, cielo? – preguntó Esme con su habitual dulzura. – Hay varias cosas.
- Llegas justo a tiempo; acabamos de empezar. – Carlisle se acercó con una humeante taza de café. Me la tendió y me dio un cariñoso beso en la coronilla. – Sé que te encanta desayunar, así que, al haber sido tan madrugadora, no desayunaras sola, eh? – me sonrió.
- Ummm… gracias. Huele delicioso – le dije aceptando la taza.
Estaba acorralada; acababan de ponerse a desayunar y no podía ser tan borde de ni siquiera tomar aunque fuera un café, además Carlisle sabía mi debilidad por un buen desayuno. No era persona si no comía algo por las mañanas.
No podía hacerle ese feo; sobre todo a él.
- Ven Bella, siéntate aquí con nosotros – me invitó Alice, que casualmente estaba sentada justo enfrente de Edward. El destino era cruel conmigo.
Y por supuesto, me senté. Notaba como Edward no apartaba la mirada de mí ni un solo momento, poniéndome sumamente nerviosa.
- Bueno, y qué planes tienes para hoy? – me preguntó Jasper.
- Ya están las cajas listas, así que las llevaré unas a la iglesia y otras a la basura – contesté intentando controlar mi voz.
- No pensaras cargar con ellas tú sola, verdad? – preguntó de forma algo recriminatoria Emmet. Asentí con la cabeza – Y para que estamos nosotros aquí? – dijo ahora ya más sonriente; más como era él.
- Por supuesto… Bella hija, esas cajas deben pesar muchísimo. Cómo vas a cargarlas tú. Emmet y Jasper te ayudaran, hoy no trabajan. – intervino Carlisle.
- No trabajáis? – pregunté extrañada. – Y madrugáis igual? – abrí los ojos divertida.
Ellos se miraron como si se dijeran algo entre ellos; Otra vez esa sensación de que se comunicaban solo con mirarse. Era algo fascinante y desconcertante a la vez.
- Bueno, es que estamos habituados… y no somos especialmente dormilones. – contestó Jasper.
- Pues yo cuando no estoy obligada a levantarme me quedo en la cama muy agustito… así que… yo si soy dormilona. – contesté sonriendo divertida.
- Si quieres puedo acompañarte, hoy tampoco trabajo; Así te ayudo, eh? – preguntó Alice.
- Claro, me gustará tenerte conmigo otra vez mano a mano con las cajas… Aunque a partir de mañana tendremos que buscarnos un hobby nuevo, ya que este se acaba… jaja – reí acompañada de ella.
Comí un par de bollos casi a las carreras y me disculpé con que subía a lavarme los dientes. No podía seguir aguantando la constante mirada de Edward sobre mí. Hacía que el pulso se me disparara en las venas, haciendo latir mi corazón de forma desenfrenada.
Al bajar, él y Carlisle ya se habían ido al hospital, gracias a Dios, por lo que respire tranquila.
Alice y yo nos pusimos en marcha seguidas por Jasper y Emmet que venían en el jeep de este último. El cargar las cajas fue un momento. Esos chicos estaban sobradamente fuertes; aunque de Emmet no me sorprendió, pero sí de Jasper, que levantaba las cajas con la misma facilidad que su hermano.
Acabamos mucho antes de lo previsto, por lo que decidimos ir a comer hasta Port Ángeles los cuatro.
Fuimos a un bonito restaurante en el paseo marítimo.
- Cuéntanos más sobre ti, Bella – comentó Jasper, bajo la atenta mirada de Alice y Emmet.
Les relaté levemente mi vida… Aunque siendo tan joven, tampoco es que hubiera hecho gran cosa por el momento.
Al final acabamos hablando sobre el hospital y que estaba esperando a que me llegaran ofertas de trabajo.
- Aunque tengo muchísimas ganas de volver al ambiente hospitalario, si me sale trabajo lejos de aquí, me dará pena tener que marcharme – contesté apesadumbrada. – Aquí estoy bien. Siempre me gustó Forks… y ahora, estando vuestro padre… y bueno, y vosotros, claro – les dije sonriente. Ellos me devolvieron el gesto de forma tierna.
- Bueno, puede surgirte trabajo en Forks, o en Port Ángeles… y hay otro hospital al norte; a menos de media hora de tu casa. A lo mejor te llaman de alguno de ellos – me animó Alice.
- Eso espero, la verdad. No me apetece empezar otra vez de cero en un lugar lejano. – contesté sincera.
Ellos me miraron con intención. Como si supieran algo que a mí se me escapaba; era algo chocante. Pero estaba segura que no eran suposiciones mías. En los dos días que llevaba con ellos, ya me había percatado de esas "miraditas" varias veces, haciéndome sentir rara.
Después de comer, dimos un agradable paseo por la zona marítima. Jasper y Alice iban juntos a sus cosas, mientras Emmet y yo íbamos detrás, charlando animadamente.
Él, muy gentil, me ofreció su brazo, el cual yo acepté complacida. Y así, cuando nos quisimos dar cuenta, ya era bien entrada la tarde, por lo que decidimos regresar.
Aunque estaba pasándomelo bien y los planes de la comida y el paseo surgieron sin más, a mí me vinieron de perlas para evitar el estar en casa de Carlisle y tener que encontrarme con Edward. Debía acondicionar mi casa cuanto antes y mudarme definitivamente. Sabía que al final acabaría por delatarme yo misma con el asunto de Edward, y no podía arriesgarme a crear un mal ambiente.
Me sentía demasiado bien con ellos, para crear un conflicto por no contenerme delante de Edward. Pero cuando el corazón empieza a ganar posiciones a la razón… No hay nada que hacer; tan solo alejarte mientras estés a tiempo.
Y pensando en alejarme, recordé que tenía que ir a New Hampshire a por mis cosas; solo me quedaban un par de semanas antes de tener que desalojar el apartamento. Eso sería mi excusa perfecta para marcharme durante unos días y así, alejarme de mi tentación constante y oxigenarme de él. O sea, de Edward.
Llegamos, y como supuse, él ya estaba en casa, ya que cuando Emmet guardo su jeep en el garaje, su Volvo, estaba allí aparcado.
Cada cual subió a su habitación para asearse y ponerse más cómodo. Al bajar, Esme anunció que la cena estaría en cuestión de una hora; que nos entretuviéramos en algo mientras.
Entonces Jasper y yo, decidimos jugar al ajedrez. En el camino de vuelta habíamos venido hablando de lo mucho que me gustaban los juegos de mesa y estuvimos picándonos de quien ganaría en una partida a este o aquel juego.
Colocamos el tablero en el salón y nos sentamos en el suelo con unos cojines como sillas improvisadas.
- Chicos, por qué no vais al comedor… allí estaríais más cómodos – nos propuso Carlisle entrando al salón con un libro.
- Es que así, estamos todos juntos… eh? – miré hacia los chicos, que estaban todos repartidos por el salón.
Ellos, al oír mis palabras sonrieron abiertamente. Parecía que les hubiera declarado amor eterno solo por decir que estábamos mejor juntos.
En algo que también me había fijado, era en que valoraban muchísimo mis muestras de cariño y aceptación; pero lo realmente chocante, era que había sido yo la que había tenido miedo a su rechazo. Esa era otra de las varias cosas "raras" que había ido observando de la familia Cullen.
Aunque esa, era la menos preocupante… pero por aquel entonces, ni siquiera podía imaginar la "sorpresita" que realmente escondían.
Cuando íbamos a empezar la tercera partida, después de haberme ganado Jasper sin piedad las otras dos, Edward hizo acto de presencia en el salón, sentándose en la banqueta del piano.
- Edward… vas a tocar algo? – preguntó Alice visiblemente feliz.
- Sí Edward… toca tu nueva composición; es realmente preciosa hijo – lo alabó Carlisle.
- Claro… por supuesto. – contestó él con una sonrisa deliciosa.
En ese momento, se giró hacia mí y sin el menor de los reparos me miró fijamente, sonriéndome de lado y guiñándome un ojo; aunque eso lo hizo con más disimulo.
Yo, por supuesto, me quedé estática.
Este tío es bipolar… pensé con malicia. O eso, o que lo que se propone es llevarme a la cama; una conquista más… Y eso, no pasaría, por mucho que la idea se me hiciera tentadora.
Edward empezó a tocar, haciendo flotar las notas en el aire, llenándolo de dulces sentimientos.
Eso lo había compuesto él?
Me quedé completamente atónita y embelesada escuchándolo y contemplándolo tocar. Tenía una sutileza en los dedos que era abrumadora.
Y por supuesto… la melodía era increíble. Podría haber pasado por la obra maestra de cualquier compositor famoso, tales como Chopeen, Debussy o Mozart.
Entonces, un pensamiento me invadió. Edward me había sonreído con picardía y me había guiñado un ojo justo antes de empezar a tocar. Eso significaba que… había compuesto esa sinfonía para mí? Yo era la que le había inspirado esas notas tan llenas de dulzura, ternura y en cierta manera pasión?
Eso no puede ser posible. Por mucho que Edward quisiera llevarme a la cama, no montaría todo este teatro de la canción para ese fin.
Pero por mucho que molestara el reconocerlo, tenía que admitir que la idea se me antojo buena. El pensar que Edward hubiera compuesto esa canción para mí, para impresionarme como un acto de seducción. Eso hizo que mi corazón latiera de forma rápida y alterada.
Y como si Edward pudiera escucharlo, se giró levemente hacía mí, y me volvió a sonreír de lado, clavando sus ambarinos ojos en mí.
Y ya no pude más… me levanté despacio del suelo dispuesta a irme. No podía quedarme allí, delante de todos a riesgo de quedar en evidencia.
- Eh? – me llamó en tono bajo Jasper – no hay revancha? – me picó.
- Tú ganas… Eres mejor jugador que yo. Lo admito- sonreí algo forzada. – Voy un momento a mi cuarto. – dije con el mismo tono bajo que él.
Acabé de incorporarme y salí discretamente del salón. No podía seguir allí, viendo a Edward tocar. Estaba sexy e irresistible hasta tocando el piano. Dios… no habrá hombres en el mundo…!
Subí a mi cuarto y me lave la cara con agua fría para intentar relajarme un poco. Encendí mi portátil y me puse a buscar el primer billete a New Hampshire disponible. Y como si el destino quisiera darme una tregua, tenía plaza para el vuelo del día siguiente.
Esme llamó a cenar y una vez estuvimos todos en la mesa acomodados, les comenté mis planes para el día siguiente.
- Cómo que mañana? – protestó Carlisle. Sabía que él no se tomaría nada bien lo prematuro de mi viaje. – Pero a qué viene tanta prisa? Todavía tienes tiempo más que de sobra. Dame un par de días y yo mismo te acompañaré. – se ofreció, aunque más bien parecía una imposición.
- Carlisle… Te agradezco tu ofrecimiento, pero ya tengo el billete reservado para mañana, y además no pararé un minuto. Aprovecharé para despedirme de los profesores, recoger documentación, e intentaré ver a mis antiguos compañeros… Los que se han quedado cerca. Además, solo serán unos días… La semana que viene me tendrás aquí otra vez; tranquilo. – intenté calmarlo.
- Bien… pero sigue sin convencerme de que vayas sola. – volvió a la carga. – Seguro que alguno de los chicos podría acompañarte – miró para su familia. – Edward, -¡oh no! – Podrías adelantar el fin de semana y así acompañar a Bella. Así no viajara sola; pasas la noche allí y te vuelves al día siguiente –Tenía que oponerme como fuera.
- Noo – mi negativa sonó rotunda y algo más alta de la cuenta haciendo que toda la familia se quedara mirándome – Quiero decir… que él tendrá sus planes, sus cosas que hacer… De verdad, puedo ir sola, no me pasará nada, en serio – miré a Carlisle con ojos casi suplicantes.
El corazón me latía a mil por hora y el pulso me golpeaba salvajemente en las sienes. Sabía que si me acompañaba, y pasaba una noche conmigo en mi apartamento, no sería capaz de resistirme. Nos acabaríamos acostando y todo se complicaría.
Aunque lo estaba deseando, mi parte racional, ganó por un pelo a mi parte sensorial.
- Si le apetece ir sola… - contestó Edward un poco ofendido – pero a mí no me importa acompañarte… piénsalo, aun estamos a tiempo de sacar otro billete – me dijo mirándome fijamente; con toda la mala, o buena, según se mire, intención. Su mirada me hizo temblar.
En ella me transmitía que él pensaba lo mismo que yo… Los dos solos, en mi apartamento, sin interferencias, lejos de su familia… Vamos… lo que estábamos deseando los dos.
Pero no; no iba a regalarle esa oportunidad de conquistarme. Yo valía mucho, y él era… eso… "un completo gilipoyas".
- Gracias Edward, es muy amable de tu parte, en serio – le contesté sin apenas mirarle, con un poco de sarcasmo – Pero de verdad, estaré bien. Además, un tiempo a solas me vendrá genial… Aunque, solo unos días, eh? No os libraréis de mí tan fácilmente – dije sonriendo haciendo una mueca divertida.
- Eso esperamos… que no nos prives de tu compañía por demasiado tiempo – me contestó Carlisle sonriendo con dulzura.
- Sí… estos días no será lo mismo sin ti por aquí. – intervino Esme.
El resto de los chicos meneo la cabeza en señal afirmativa. Incluso Rose hizo un ligero movimiento.
Era increíble que tan solo en dos días, les hubiera calado tan hondo… pero bueno, ellos sí que lo habían hecho en mí.
Después de cenar me disculpé diciendo que tenía que preparar mi maleta, cosa que no era del todo falsa; aunque mi motivo principal era evitar a Edward a toda costa. Aun seguía flotando en el aire su proposición de acompañarme, la cual, era excesivamente tentadora.
Alice subió a mi cuarto y se puso a ayudarme a preparar la maleta. Estábamos riéndonos de alguna bobada, cuando alguien pico a la puerta: Rose.
- Hola… buenas noches – dijo tímidamente – Te traigo esto. – Dijo enseñándome una maleta preciosa de diseño – Me fije en la que traías… y bueno… no quiero ser desconsiderada, pero creo que esta te vendrá mejor. Tiene ruedas y creo que te gustará.
- Oh, vaya Rose… gracias. – ese gesto en Rose era más de lo que podía imaginar.
- Ven, pasa. Alice está ayudándome con la ropa… Te apetece acompañarnos? Estamos haciéndonos bromas, jaja – reí acordándome de la última gracia de Alice.
- Claro. – Contestó Rose sonriente.
Así, entre las tres acabamos de hacer la maleta que me había prestado Rose, entre risas y chismorreos criticando a los chicos.
Pasamos un rato de lo más divertido y agradable, y el tiempo, cuando lo pasas bien acompañada… vuela.
- Madre mía! – Exclamé mirando el reloj de mi mesita – Es tardísimo… Vosotras no dormís, o qué? – pregunté haciendo una broma. – Es más de la una… Buf, verás mañana para levantarme. – me quejé ante las sonrisas divertidas de las chicas.
- Bueno, ya tienes todo lo necesario para tu viaje.
Alice había metido en mi maleta algún modelito de los suyos, alegando que necesitaría algún trapito adecuado para salir; ya que seguramente haría algo con mis antiguos compañeros.
Nos despedimos hasta la mañana. Yo me metí en la cama e intenté dormirme… Pero nada más que cerraba los ojos, imágenes de Edward se me aparecían nítidas y claras en mi mente una y otra vez. Aquello era una tortura… pero una muy agradable y excitante.
Como supuse, cuando al día siguiente sonó el despertador, creí morir. Tardé tanto en levantarme y empezar a arreglarme, que Alice subió para acabar de despertarme.
- Venga dormilona… O perderás el vuelo. Aunque bueno… mejor. No sé qué tanta prisa por irte. – Se quejó poniendo unos simpáticos pucheros.
- Oh, venga Alice, no me pongas esa cara… En unos días me tendrás de vuelta, te lo prometo. – le dije sonriéndola y agarrándola por un lado dándole medio abrazo.
Y otra vez, esa cara de felicidad extrema ante mi muestra de afecto. Era algo que me desconcertaba sobremanera.
Ellos eran una familia muy unida, aunque recapitulando, era verdad que no se daban demasiadas muestras físicas de cariño.
Llegué a la conclusión de que eso sería; que no estaban acostumbrados a las expresiones físicas de afecto; al tacto entre la gente… Y yo, que era una persona cariñosa… Pues mejor para todos, no?
Bajé a la cocina y todos estaban allí, comenzando con el desayuno. Emmet nada más verme, empezó a meterse conmigo, llamándome dormilona.
- Eres igual que un oso en hibernación, jajaja! – rió escandalosamente.
- Oh, por favor, Emmet… Es demasiado temprano para bromas y carcajadas tan altas… Tú nunca estás de mal humor? – Le pregunté haciendo un gesto de dolor fingido, haciéndolo mirarme divertido – Espera a que la cafeína llegue a mi sistema circulatorio y riegue mi cerebro… O sea, que me des dos minutos, por fa – le supliqué sonriendo.
- Ok. Tienes dos minutos a partir de… ya! – los dos comenzamos a reírnos. Era imposible estar serio con ese chico.
Me serví el café, una tostada y algo de fruta fresca, y me senté en la mesa con el resto. Y como, lo que parecía ya una costumbre, Edward estaba en frente de mí.
- Aun estás a tiempo de cambiar de idea sobre lo de acompañarte – me dijo de forma normal; pero sus ojos dejaban salir un brillo pícaro.
- Gracias, Edward. Pero de verdad… Unos días a solas me vendrán de perlas. – Contesté exhalando una gran bocanada de aire – Ha sido una semana demasiado movidita.
- Bella cielo – me llamó Carlisle – Les has comentado a la gente de la Push que te ibas? – su pregunta me sorprendió; que él se preocupara por ellos, siendo tan groseros con él y su familia, no hacía más que verificar mi idea de lo tan buena persona que era Carlisle.
- Si… - dije cansina – No fuera a darles un mal – contesté con maldad. –Se pusieron como locos porque me iba. Debieron creer que era una excusa para desaparecer… - poco a poco y yo solita, fui encendiéndome.
- Simplemente se preocupan, como nosotros. – contestó con dulzura Esme.
- Preocuparse? – dije alzando un poco la voz, la cual llevaba una clara connotación de evidente enfado. – Lo suyo es obsesión patológica; no dejan respirar… Ni que fuera un trabajo a jornada completa el protegerme, joderrr! Que se dediquen a lo suyo y se olviden de mí de una santa vez! Que se preocupen por la nueva novia de Jake… - dije con rencor – Yo ya no soy nada suyo.
- Bella… - me regaño Carlisle – No son mala gente… Tú… bueno, has estado a punto de ser familia de ellos – me dijo con cuidado en su tono y sus palabras. Sabía que no quería molestarme con ese tema.
- Sí… lo sé. Pero como tu bien has dicho, "he estado"… Pasado; ya no tenemos nada en común… Al morir mi padre, que era nuestra última conexión, se acabó. Ya está. Fin de la historia.
- Bella, no será que estás algo resentida todavía? – me preguntó Jasper mirándome condescendiente. – A lo mejor no lo tienes tan superado como creías.
Eso me hizo acabar de enloquecer. Si ya estaba quemándome yo sola, las palabras de Jasper acabaron por calcinarme.
Y para encima, la mirada oscurecida y crispada de Edward, acabaron por completar el momento; ya que se mostraba tenso y erguido como un palo.
Me levanté de la silla, arrastrándola haciendo un estrepitoso ruido. Mi genio endemoniado estaba en acción.
Aunque tampoco entendía el porqué de haberme puesto así. Pero me notaba de lo más nerviosa y agitada y no encontraba motivo que justificara mi tremendo enfado.
- Quéee? Te pido por favor que no apliques tus tácticas de psicología conmigo, de acuerdo? No es que lo tenga superado… Es que llegados a este punto, tendría que hasta agradecerle a Jacob que me hubiera dejado… Si no hoy, estaría casada, metida en la Push y seguramente hasta con hijos… o por lo menos embarazada… - rodé los ojos – Já! Embarazada de él… Lo que me faltaba, una atadura de esas dimensiones con él… – En esos momentos callé de golpe; recordando que no habíamos usado ninguna protección en nuestro encuentro.
Noté como el color se me iba de la cara y las manos comenzaron a temblarme.
- Bella… siento haberte dicho eso, yo no quería molestarte. – se disculpó Jasper.
- Qué te pasa? Te has quedado pálida – constato Carlisle.
- A qué día estamos hoy? – mi pregunta salió inconsciente. Tenía la mirada puesta en el infinito, calculando mi ciclo menstrual.
- A 25 de octubre… Qué es lo que pasa Bella? – me preguntó Alice preocupada.
Yo alcé una mano al aire, pidiéndole un momento. Hice mis cálculos y gracias a Dios, cuando Jake y yo nos acostamos no estaba en esos días peligrosos del ciclo. Casi suspire de alivio.
- Que qué pasa?... Que las cosas cuando se hacen a lo loco, pueden traer consecuencias catastróficas… Eso es lo que pasa – dije con el tono tenso.
- A ocurrido algo más con Jacob, Bella? – preguntó algo tenso Carlisle.
- No, Carlisle… Pero ha podido llegar a ocurrir… - dije conteniendo el aliento.
En ese momento, me di cuenta de que estaba dando demasiada información. Todos evitaban el mirarme, haciéndome sentir algo incómoda.
Y otro tema a parte era la mirada perdida y crispada de Edward.
Pero… Por qué se ponía así? Habría entendido el significado oculto de mis palabras? Imposible!
- Si me disculpáis… Voy a acabar de arreglarme o todavía acabaré por perder el avión. – sin más, y sin mirarlos salí de la cocina.
Una vez en mi habitación, comencé a hacer ejercicios de relajación con la respiración. Una vez más serena, me di cuenta de cómo había perdido los papeles, pero la conversación con Billy, cuando le dije que me iba, me había desconcertado y alterado. Y aun mejor fue cuando Jake me llamó, aunque al no contestarle, me mandó un sms al móvil diciéndome que sentía muchísimo lo del otro día, que no me fuera… que volviera.
Pero por qué tanta insistencia en tenerme allí? En tenerme a su lado?
Él estaba felizmente prometido a esa chica tan encantadora, la cual era la razón de su existencia, según sus propias palabras… Así que… para qué me quería a mí rondando por el pueblo?
Sería mucho mejor que yo desapareciese y no supiese nada más sobre mí… Pero Jake era complicado, queriendo complicarme a mí la vida.
Y pensando en complicaciones, a mi mente vino la idea de qué pasaría si estuviera embarazada de él. Eso sería caótico. Desastroso. Horrible.
Qué se supone que íbamos a decir? Que fue un impulso incontrolable? Bueno, realmente fue lo que paso… pero su prometida no creo que se lo tomara demasiado bien. Y además, como quedaría mi reputación? Tirada y pisoteada por los suelos… Aunque eso era lo que me merecía, claro.
Me sacudí la cabeza, intentando sacar de mi mente esos pensamientos. Ahora que estaba más tranquila, no quería volver a alterarme.
Cuando salí de la habitación, vi que la puerta del dormitorio de Edward estaba entreabierta, así que me acerque. No entendí muy bien esa acción… fue algo inconsciente; como si mis pies no respondieran a otra orden que la de entrar en aquella habitación.
Pique tímidamente en la puerta pero no hubo contestación, supuse pues, que ya se habría ido al trabajo, así que entre y comencé a mirándolo todo. Aquella estancia era tan Edward… A parte de que su fragancia estaba impregnada en la estancia, atrayéndome de una forma irresistiblemente embriagadora.
Cerré los ojos y lo aspire; memorizándolo para estos días que iba a estar fuera.
En ese momento, un ruido a mi espalda me hizo girar sobresaltada: Edward estaba allí de pie a escasos dos pasos de mí.
- No me tengas miedo… No sería capaz de hacerte el más mínimo daño – me contestó él susurrante, con una mirada que incitaba al paro cardiaco. Yo en respuesta, me mordí el labio.
- Quien lo diría… Parece que me fueras a morder- ¡Yo había dicho eso! Abrí los ojos, sorprendida de mis propias palabras. Mientras que Edward soltó una risita graciosa. Como si lo que acabara de decir fuera un chiste.
Edward se acercó un poco más; con ese aire seductor que lo caracterizaba. Yo no podía quitarle los ojos de encima… Estaba, literalmente, comiéndomelo con los ojos.
- Solo te morderé, cuando tú me lo pidas. – su voz, susurrante, estaba cargada de erotismo; llenándome los oídos con su dulce y lasciva voz aterciopelada.
- Te diré un secreto… - le dije sonriéndole provocativa, clavando mí mirada ardiente en la suya con toda la intención – me encantaría que tú me mordieras… - concluí, acercándome un poco a su cara, girando levemente el cuello; exponiéndoselo.
En ese momento, Edward se puso completamente tenso. Miraba hacía mi cuello con los ojos casi desorbitados y había hambre en ellos… Pero un apetito distinto al puramente sexual. En ese momento tuve un sentimiento extraño; algo parecido al miedo agachando la cara encogiéndome de hombros, como si quisiera esconder mi cuello de su vista.
Edward al ver mi cara, se alejo de forma algo brusca, girando la cara hacía un lado y cerrando los ojos fuertemente.
En ese momento me di cuenta de lo que había soltado por la boca: "Me encantaría que me mordieras". Eso había rozado una confianza que no teníamos, pero salió por mi boca de forma casi inconsciente, movida por el deseo y la atracción del momento.
Entonces mi cara se descompuso de pura vergüenza. Iba a decir algo en mi defensa, cuando Edward me cortó.
- Bella… ayúdame a cumplir mi promesa… - lo miré extrañada – A no hacerte daño. – me lanzó una mirada cargada de aprensión y al instante se fue.
En sus ojos no había burla o sorpresa por mi descaro; sino una especie de debate interno… Uno doloroso. Era algo desconcertante; no sabía que opinar de lo que acababa de ocurrir.
Pero, había dos preguntas básicas:
Cuál era el debate interno de Edward? Y el por qué de su promesa?
Carlisle bajó mis cosas y nos fuimos los dos solos al aeropuerto. No sin antes despedirme de todos, excepto de Edward que se había ido ya al hospital, haciéndome prometerles que no tardaría en volver. Y por supuesto, disculpándome sinceramente por mi comportamiento en el desayuno.
La despedida con Carlisle fue sentida y emotiva, como suponía… Pero lo fue algo en exceso. Solo iba a estar fuera tres o cuatro días… No entendía mi exagerada reacción echándome a llorar como una niña.
- Bella… querida, no llores. – Me decía Carlisle entre sus brazos – Me voy contigo; no puedo dejarte ir así…
- No, no… estoy bien, en serio… No sé qué me pasa; estoy de lo más emotiva… Tengo las hormonas revolucionadas, jaja – intenté reír mientras me secaba las lágrimas de las mejillas.
- Has pasado mucho en estos días Bella. Es normal que estés sensible. Sigo sin estar muy de acuerdo en que te vayas sola, en serio – me decía con el ceño fruncido mostrando su preocupación.
- Me vendrá bien, estoy convencida. – dije segura.
- Cariño… si pasará cualquier cosa… Por favor, no dudes en llamarme, entendido? – Asentí con la cabeza – Prométemelo Bella – me pidió suplicante.
- Prometido… Además ahora, ya sé que Esme no se molestara por llamarte, verdad? - le contesté sonriente.
- Por supuesto que no… Todos estamos encantados contigo… Ahora el problema será que no te dejarán marchar a tu casa. Jaja – rió feliz. – La verdad es que todo ha ido mucho mejor de lo que esperaba… Ahora me siento mal por haber desconfiado de mi familia con respecto a ti, pero conociéndolos… o bueno, a algunos de ellos – Carlisle resopló haciendo un gesto divertido. – Todo es perfecto y yo no puedo ser más feliz. – me dijo iluminándome con su dorada y sonriente mirada.
Nos volvimos a abrazar, dándonos sendos besos en las mejillas, y prometiéndole que nada más llegar a la residencia lo llamaría.
Y así, todavía con algo de congoja, me subí al avión que me llevaría a cerrar una etapa de mi vida, para comenzar la que parecía, iba a ser otra llena de cambios, felicidad y excitación.
Hola mis niñasssssss...
Antemano, siento el retraso... pero ya estoy aqui, con un capi larguito, de los que os gustan ;) y cargado de momentos... buffff!
El temita entre Edward y Bella comienza a subir grados... jajaja! Pues os advierto que todavia habrá más momentitos asi de cargados, incluso más.
Asi que, sabéis que tenéis que hacer? SEGUIR LEYENDOOOOO!
Un besazooooo!
