CAPITULO 19 La vuelta


EDWARD PV


Nada más entrar por la puerta que comunicaba al salón, sentimos un coche aproximarse. Todos nos quedamos extrañados.

Quién será? Nadie se acerca a casa de los Cullen

Nos quedamos atentos, escuchando. El coche se paró en la entrada y entonces, un olor inconfundible, no solo para mí y Carlisle, sino ahora, para toda la familia, nos llenó de golpe embriagándonos.

Era Bella… Nuestra niña había vuelto a casa.

Justo cuando picaron, Emmet, que era el más cercano a la puerta, salió a abrir a un paso muy poco humano.

Todos, aguantándonos las ganas, fuimos hacía la puerta a un paso más normal. Más humano.

- Bella! – la llamó Emmet haciéndose el sorprendido. – Ya estás aquí, pequeñaja!

Emmet cogió a Bella, abrazándola por la cintura y alzándola dando giros sobre sí mismo, esparciendo el olor de Bella por toda la estancia haciéndonos a todos sonreír.

El resto de la familia fuimos haciendo acto de presencia para recibirla y recoger sus maletas.

- Bella! – Mi padre no le dio casi tiempo a Emmet a posar a Bella en el suelo para cogerla él y abrazarla con fuerza; controlada, por supuesto… Ya que suponía que en esos momentos a Carlisle le hubiera encantado achucharla… pero ella era como un fino cristal de bohemia entre nuestras manos.

Todos fuimos saludando a Bella uno tras otro. Después de la efusiva bienvenida de mi hermana Alice, el único que quedaba por saludarla era yo; pero otra vez miles de dudas me asaltaron… Cómo debía recibirla? No quería dar una impresión errónea… Ni muy entusiasmado, ni un borde. Debía encontrar el término medio. Sino, por disimular por mi familia, acabaría alejando a Bella… y eso no lo iba a consentir bajo ninguna circunstancia.

Los dos nos quedamos parados, mirándonos fija e intensamente a los ojos. El sonido de sus latidos apresurados me llenaban los oídos. Pero… qué significaban realmente? Aun se sentiría nerviosa por lo que pasó en mi habitación el día que se fue? Estaría esperando a que me acercara? Estaba nerviosa por verme?

Dios… voy a volverme loco!

Jasper captó al instante mi estado de ánimo, y me hecho una mano… Más bien, un brazo entero.

- Qué Edward… no saludas a Bella? Eres el que falta… y tú las has echado tanto de menos como el resto… Así que no te hagas el remolón… jajaja! – rió él despreocupado.

Bella lo miró mordiéndose el labio, sonriendo hacía él de forma… agradecida? Podría ser eso?

Los dos dimos un paso vacilante hacía el otro; yo di el siguiente, quedándome muy cerca de ella. Pero necesitaba que Bella diera el siguiente paso. Si se acercaba, me estaba demostrando mucho con ese simple gesto.

Por un momento, pensé que ella no se movería; que no se acercaría. Pero sin más, levantó su sonrojada cara, me sonrió con timidez y acortó la distancia entre nosotros apoyando una de sus manitas en mi pecho impulsándose para darme un tierno y casto beso en la mejilla.

En ese momento, me giré levemente, a penas casi ni un centímetro, pero lo justo para que ella acabara dándome el beso en la comisura de mis labios.

A penas fue un roce… Pero lo sentí como gloria bendita. Por un instante, creí que mi corazón había dado un latido.

Ella se apartó de mí despacio; como si le costará separarse, y me miró con una inocencia que casi me hace perder los papeles… Ya que debajo de esa apariencia inocente e incluso algo infantil, se escondía un brillo pícaro y lascivo en sus ojos.

Sabía que la familia se había dado cuenta de que algo pasaba. Que algo ocurría entre nosotros, pero en ese momento me importó muy poco.

Bella estaba en casa, bajo mi protección otra vez, y ella había correspondido aquel simple roce haciéndolo complejo y maravilloso.

Carlisle subió la maleta de Bella a su habitación y esta se aseó dándose una ducha relajante y arreglándose para cenar.

Aunque aún faltaba rato, ella bajó con el pijama ya puesto.

Nos acomodamos en el salón, sentándonos en los sofás quedando las chicas juntas.

- Bella… no me dirás que te vas ya para la cama, eh, oso hibernando? – la bromeó Emmet.

- No, tranquilo Emmet… Pero estoy rota, me apetecía ponerme algo cómodo – contestó ella frunciendo el ceño. Algo escondía detrás de sus palabras.

- A estado mal el viaje? – Le preguntó Jasper – pareces cansada… en exceso – le dijo él con cierta preocupación.

Y era verdad, aunque el amor me cegara, haciéndome ver a Bella la mujer más hermosa de este universo, que lo era… Tenía mala cara. Estaba algo amarillenta y tenía unas marcadas ojeras moradas bajo sus ojos, aparte de estar ligeramente más delgada. Era extraño que tan solo en una semana esos cambios fueran palpables; aunque mis sentidos eran demasiado desarrollados.

- No has dormido bien? – le preguntó Alice siendo pícara – O es que no has tenido tiempo para hacerlo? – la volvió a picar sonriendo divertida.

- Alicee… he sido una niña muy buena… Bueno… dejémoslo en simplemente buena, jeje – rió ella.

- Eh? Tienes que contarnos… Has hecho algo divertido? Algo salvaje? Te has puesto otro pearcing? - la acribilló mi hermana.

- Tranquila Alice… las preguntas de una en una… Ok? – le dijo Bella sonriendo divertida; pero detrás de esa sonrisa, podía verse, ahora que me fijaba con más detenimiento, que no estaba bien del todo. No era ella misma… aunque no quería alarmarme; los humanos, sobre todo las mujeres, tienen cambios constantemente.

- Simplemente he salido un par de veces de fiesta y tengo el cuerpo resentido… Buf… - miró hacia los lados, y se acercó a nosotros agachándose – Que no se entere Carlisle, pero todavía destilo alcohol – dijo susurrando – Si me hicieran una analítica de sangre… No tendría nada… Solo alcohol, jaja! Han sido dos fiestas bestiales y salvajes… - ella rodó los ojos sonriendo con picardía.

- Sííí? – Preguntó Alice riendo – Rose, deberíamos haber acompañado a Bella en su viaje –rió a lo que Rose afirmó.

- Los nuevos alumnos habían llegado y las hermandades estaban dando las fiestas de bienvenida… y por supuesto, yo acudí a la mía – dijo hinchándose de orgullo – la vicepresidenta del último año de la casa Gamma, no podía faltar… - alzó las cejas riendo traviesa – Además, como veterana, tenía que darles la bienvenida a los chicos nuevos, verdad? – les preguntó a las chicas con aire interesante, a lo que ellas asintieron moviendo sus cabezas emocionadas.

En ese momento, la boca se me llenó de ponzoña por la rabia y los celos. Cómo que "mi niña" tenía que darles la bienvenida a los chicos nuevos? Y cómo eran esa clase de bienvenidas?

Miré hacía Jasper con la cara desencajada, mientras él me negaba con la cabeza, sonriendo.

Tranquilo Edward… no había sentimientos sexuales. Bella no ha hecho nada… simplemente habrá coqueteado con ellos. Ten en cuenta que ella tiene tres años más que esos chicos… Les da mil vueltas; se habrá divertido de lo lindo con ellos, jajaja! Rió despreocupado Jasper.

- Chicos nuevos? Guauuu! – exclamó Alice – Y qué… que tal con ellos? – le preguntó picardiosa.

- Eso, eso… cuenta – la instó Rose ansiosa porque Bella les relatara más cosas.

- Pues… - En ese momento, a Bella se le atragantaron las palabras en la boca.

Nuestras miradas hicieron conexión, quedándonos fijos el uno en el otro. Su boca se abrió dejando salir un inaudible suspiro… Aunque no tan inaudible para nosotros, por supuesto. Su rostro se contrajo con una mueca de… dolor al mirarme a los ojos.

Se había dado cuenta que su relato me estaba ofendiendo.

No sabía muy bien si estaba haciendo bien en darle tanta información, pero justo cuando iba a cambiar mi semblante, poniendo uno de indiferencia, ella me dejó perplejo con su reacción.

- Pues… nada. NO – recalcó – sucedió nada. No me parecía bien enrollarme con ninguno de esos chicos... Ese no es mi estilo. Creo que ahora me apetece buscar a mí hombre perfecto – dijo eso mirándome a los ojos; clavando su azulada mirada en la mía, obligándome a hacer verdaderos esfuerzos por no jadear.

Sabía que estaba diciéndolo por y para mí. No hacía falta leerle la mente para adivinarlo.

De mí boca salió una discreta sonrisa y mis facciones se relajaron de alivio. Forcé tanto un gesto como otro, dejándoselo tan claro a ella, como ella misma había hecho conmigo.

De vuelta, Bella me sonrió con una dulzura infinita, pero sus ojos no mostraban dulzura alguna. Su mirada irradiaba un deseo incontrolable hacía mí.

Si seguía mirándome así, no podría controlarme por mucho más tiempo. Y como si me hubiera leído la mente, Bella cortó nuestra comunicación visual, cambiando el rumbo de su mirada.

- Vaya… qué bonito – dijo Rose – Eso ha sonado muy romántico – Aunque… dónde piensas empezar a buscar a ese "hombre perfecto"? – y Rose me miró directamente, sin ningún tipo de reparo a los ojos, sonriendo con picardía.

- Si… porqué en Forks no es que haya mucha gran variedad de varones disponibles, o por lo menos que merezcan la pena… jajaja – rió Jasper.

- A ver, a ver… no nos pongamos nerviosos… - intervino Emmet sacando su vena posesiva con Bella – Eres muy joven para pensar en hombres, Bella. Ya tendrás tiempo para eso.

Las tres chicas se le quedaron mirando asombradas, mientras Jasper y yo sonreíamos de forma graciosa.

- Emmet… - lo reprendió Rose – Tú que te piensas que Bella es una niña, o qué? Ella tiene suficiente edad para pensar en lo que quiera… además, creo que has llegado tarde para defender su virginidad, jajaja! – tanto ella como Alice comenzaron a reír a carcajadas.

Bella las acompañó en sus risas, pero un adorable color rojo intenso se apoderó de sus mejillas.

- Vamos chicas… - las reprendió ella dándoles un manotazo en los brazos – no os riais de mí… esto es bochornoso, y además delante de los chicos…

Su mirada fue hacía la mía directamente, mirándome a través de sus espesas y profundas pestañas. Por supuesto, yo no aparte la vista de ella, transmitiéndole una gran cantidad de sensualidad. Que entendiese que el tema que estaban tocando, era de mi total agrado.

Ella se ruborizo aún más al notarlo, agachando la mirada de forma adorable.

El tema concluyó, después de alguna que otra broma por parte de Emmet, y al poco Esme llamó para cenar.

Nos reunimos todos en la cocina para que Bella cenara, y nosotros fingiéramos que lo hacíamos.

- Cuéntame cielo… Qué tal todo por Dartmoth? – le preguntó Carlisle.

- Pues muy bien… todo sigue igual, la verdad. Creo que esa universidad no ha cambiado en un siglo… - dijo ella rodando los ojos.

- Supongo… la verdad que son algo tradicionales, sobre todo en el tema arquitectónico – sonrió Carlisle.

- Bueno… si… imagino. Cuando conozca a alguien que haya ido allí hace 100 años, te lo contaré – rió ella de su propio chiste.

Todos reímos también; pero Carlisle y yo nos lanzamos una mirada de entendimiento.

Seguiría riendo Bella de ese tipo de bromas cuando supiera la verdad sobre nosotros? Cuando se diera cuenta de que realmente sí que conocía a alguien que había estado allí hace un siglo?

Esas cuestiones me revolvieron las tripas imaginando como se tomaría Bella la verdad sobre sus nuevos amigos.

Bella le comentó sobre su viaje y se disculpó por no haber llamado en dos días, diciéndole que tenía la fiesta de bienvenida en la casa Gamma. Le mandó recuerdos de varios colegas y poco más.

Bella no estaba demasiado habladora. Era como si a cada poco, las fuerzas le fallaran.

Es increíble lo delicados que llegaban a ser los humanos. Eso me hizo darme cuenta de que cada vez estaba más ansioso de hablarle a Bella sobre nosotros; de exponerle sobre su posible transformación y que así ella, dejara de ser tan débil y vulnerable.

La sola idea de llegar a perderla en un accidente, o por una enfermedad… Hacía que un dolor se acomodará en mi pecho.

- Mañana tengo que ir a Port Ángeles – comentó Bella cuando la cena estaba concluyendo – El otro día me llamó el abogado de mí padre para comentarme que tenía que ir para firmar unos papeles… la declaración de herederos y esas cosas.

- Ah, claro. Es normal en estos casos; tu eres la única heredera de tu padre – le contestó Carlisle.

- Me preguntaba… - Bella se comenzó a poner colorada de repente – si podríais dejarme un coche para ir… El autobús tarda casi dos horas en llegar, y bueno… aunque si no da igual… - decía atropelladamente. Estaba pasando un momento apurado.

- Claro que no vas a ir en autobús… Faltaría más! – exclamó Carlisle casi molesto – Cómo has ni siquiera pensado que te voy a dejar ir en el autobús hasta allí, teniendo nosotros tantos coches? – lazó la mirada hacía nosotros – Quien no necesita mañana el coche? Si no, te dejo yo el mío, aunque no sé si te gustará conducir uno tan grande… Pero por mí, sabes que no hay problema alguno… Y por favor, no vuelvas a pasar un mal rato por algo así… No quiero volver a repetirte que estamos aquí para ayudarte en lo que necesites; y dejarte un coche, entra dentro de esa ayuda, entendido? – la casi, regañó Carlisle.

- Claro… pero no hace falta que te enfades, ok? – le dijo Bella sonriéndolo con dulzura, casi haciendo un puchero. – Realmente me da igual el modelo, sabes que me gusta conducir, y… ahora que lo pienso, hace tiempo que no lo hago… Sería interesante sacarle la carbonilla a tu mercedes, jajaja! – rió ella divertida.

Por lógica, Bella pensaría que Carlisle conduciría despacio; viendo su carácter tranquilo y apaciguado. Si ella supiera que nuestros coches jamás han viajado despacio…

- Yo podría acompañarte – se ofreció Alice – Así comemos por allí juntas. Qué te parece?

- Claro, es genial! – asintió Bella feliz.

Alice le hizo un movimiento a Rose y le murmuró.

No te ofrezcas a venir… Y si ella te invita, invéntate una excusa. Ya te contaré

- Rose… te apuntas? – la invitó Bella como supuso Alice – Un día de chicas – alzó las cejas divertida.

- Vaya… si fuera otro día me apuntaría, pero estos días no puedo, ando liadísima con un proyecto que me han encargado para un desfile – Rose puso cara de pena – pero otro día, ok? Saldremos un día de fiesta por ahí las tres – sonrió.

- Bueno, pues problema solucionado – declaró Carlisle. – Mejor que no vayas sola.

- Oh vamos… Carlisle… No me seas paternalista – se quejó Bella – Tengo 21 años, no es que sea una gran adulta, pero creo valerme más o menos sola… Por lo menos para ir a Port Ángeles; he ido millones de veces – le sonrió con el ceño fruncido.

- Sí querido… suelta un poco de correa, - le dijo divertida Esme – Vas a acabar ahogando a Bella, jaja! – Esme miró hacía Bella guiñándole un ojo, a lo que está vocalizo un "gracias" sin sonido.

Después de recoger la mesa entre todos, nos íbamos hacía el salón, cuando Bella anunció que se iba a la cama.

- Quéee? Ya? – se quejó Emmet. – No te vas a quedar ni un ratito?

- Emmet mi niño – esa expresión hizo a Emmet tensarse de puro entusiasmo – otro día, de acuerdo? Hoy estoy muerta, en serio. El viaje se me ha hecho eterno.

- Vamos Emmet, deja a Bella descansar – lo riñó Esme – que recupere fuerzas, ya que mañana las necesitara después de una jornada de compras con Alice, jaja!

Todos reímos ante las palabras de nuestra madre, incluida Bella. Pero su sonrisa estaba apagada.

Tanto la había agotado el viaje?

Mi preocupación fue aumentando a medida que la iba observando, notando como parecía que las fuerzas la abandonaran por momentos.

Una vez todos reunidos en el salón, sin Bella, Esme fue la primera en mencionar el estado de salud tan extraño de Bella.

- Carlisle… te has dado cuenta de lo rara que está Bella? Es como si estuviera enferma – mencionó con preocupación.

- Si, por supuesto que me he dado cuenta; pero no he querido comentarle nada… Imaginaba que iba a volver a decir que estaba cansada por el viaje, pero sé que algo esconde. La conozco y no es ella. – decía Carlisle preocupado.

- Si, yo también he notado lo apagada que estaba… y eso que aun así, entraba al trapo con las bromas de Emmet – mencionó Jasper.

- Se le escapa la fuerza – dije yo, ganándome la mirada de toda mi familia – Es como si se apagara por momentos, pero ella tiene tanto brío y tanta vitalidad que vuelve a recuperarla. Es algo rarísimo… - miré a mi familia con el ceño fruncido – Qué? Yo también me he fijado! – exclamé molesto.

- Claro hijo… gracias por tu aportación… Sí, sí que es verdad ahora que lo dices… Es como si hubiera algo que le estuviera robando la fuerza por momentos. – apoyó Carlisle mi versión. – Debería hacerle una analítica… Pero hasta que no le llegue la oferta del hospital y acepte el puesto, por supuesto, no tengo excusas para hacérselas. Pero ella es responsable con los temas de la salud… Bueno, y con todos; sé que si notara algo raro, ella misma vendrá a mí para chequearse. Estoy convencido. – dijo al final tajante.

Dimos la conversación por acabada y cada uno se fue a lo suyo.

Edward… adivina quién va a acompañar a Bella mañana a Port Ángeles… Me dijo en pensamientos Alice. Tú, hermanito… sonreía.

Disimuladamente Alice y yo nos fuimos hasta nuestro rincón secreto y ella me puso al corriente de su plan.

Aunque me encantó la idea de poder pasar un rato a solas con Bella, los nervios empezaron a recorrerme el cuerpo y la mente.

PV BELLA


Como supuse, mi plan de darles una sorpresa mandando las cajas para pocas horas después aparecer yo, fue todo un éxito. Toda la familia estaba encantada con mi regreso, dándome una calurosa bienvenida llena de abrazos y besos; incluso Rose y… Edward.

El momento de saludarnos, fue de lo más intenso… Bueno, como todos los momentos con él, por supuesto. Pero lo más sorprendente fue cuando, haciendo gala de mi valentía me acerqué a él e impulsándome con una mano en su musculoso pecho me alcé para darle un "casto" beso en la mejilla. Pero cuál fue mi sorpresa, cuando al posar mis labios en su cara, él, de forma deliberada, movió su cara y el beso fue a parar a la comisura de sus labios.

No sé por qué, pero estaba segura de que él había planeado que fuera exactamente ahí. Ni un milímetro más, ni un milímetro menos de donde mis labios se solo rocé levemente sus labios, fue algo indescriptible; maravilloso. Si solo un roce me pareció magnífico… No quería imaginarme como sería tenerlos en todo su esplendor.

Después de ducharme y bajar al salón, las chicas me preguntaron por mi semana en Dartmouth. Yo les relaté de forma divertida y picante las fiestas a las que había asistido; sobre todo la de mi hermandad, dándoles la bienvenida a los chicos nuevos.

La broma se estaba poniendo picante y divertida, viendo las reacciones de las chicas, pero en cuanto vi la cara de Edward, toda diversión desapareció de golpe.

Él tenía el rostro desencajado. Desfigurado por… Dios, casi no me atrevía ni a decirlo en voz alta…! Él parecía… Celoso. Y herido. Como si el hecho de yo haberme liado con alguno de aquellos chicos, lo hiriera en lo más profundo de su corazón.

Así que me apresuré a desmentir cualquier suposición de que hubiera sucedido algo "sexual" con alguno de ellos. En ese momento, vi como las fracciones de Edward se relajaban y me regalaba una sonrisa de alivio.

Qué significa aquello? Por qué él se sentía aliviado de que yo no me hubiera liado con ningún chico? Y sus celos… a qué eran debidos?

Entonces, ya que estábamos jugando, seguí sus propias reglas y le mandé un mensaje escondido, diciéndole que ahora me apetecía encontrar a mi "hombre perfecto". Si él tenía por mí algún sentimiento, recordaría nuestra conversación.

Y así fue. Él me miró dándome a entender que había pillado la indirecta y su mirada por poco me hace hasta jadear. Estaba cargada de sensualidad, de erotismo en estado puro. Casi me estremezco pensando en lo que podría hacerme él ahora mismo, mirándome como lo hacía.

Cenamos mientras Carlisle me preguntaba que tal por allí, y yo le daba los saludos que sus colegas de enseñanza me habían dado para él cuando les comenté que estaba con él y su familia en su nuevo destino.

También les comenté que al día siguiente había quedado con el abogado de mi padre para resolver ciertos asuntos del tema de la herencia…

Alice se ofreció gentilmente a acompañarme al día siguiente a Port Ángeles, echo que me alegró, ya que no tendría que ir sola y así, podríamos pasar algo de tiempo juntas.

Cuando recibí la llamada del abogado me quedé totalmente traspuesta.

Desde cuando tenía mi padre abogado?

Además, temas de herencias? Qué herencias? Mi padre solo tenía la casa para dejarme… y bueno, supongo que tendría algo de dinero en su cuenta.

No quise darle más importancia de la que tenía. Además, llevaba varios días sintiéndome de lo más extraña. Era una sensación rarísima… Como si las fuerzas me abandonaran por momentos; como si algo se las llevara. Solo que yo, que soy una persona vital y fuerte, las "encontraba" y volvían a mí… Pero al rato, otra vez esa sensación de cansancio extremo.

Seguramente sería una falta de vitaminas, ya que en cuestión de un par de semanas mi vida se había puesto patas arribas.

Había sido demasiado para cualquiera, por mucha fortaleza que tuviera.

Pero si seguía así durante unos días más, le pediría a Carlisle que me hiciera una analítica, para descartar cualquier cosa más importante que una simple anemia.

Al día siguiente me levante habiendo dormido muy bien. Parecía que había echado de menos "mi cama".

Como era temprano, me duche y me arreglé. Me había levantado con fuerzas renovadas… Así que aproveche antes de que fueran a desaparecer y me molesté en el tema estético. Me apetecía ir bonita a Port Ángeles.

Alice siempre estaba insistiéndome de que usara alguno de los conjuntos que había puesto en mi vestidor para mí, así que cogí uno que desde el principio me había gustado.

Me lo puse y me maquillé ligeramente, resaltando un poco mis ojos con el lápiz negro y marcando un poco mis tirabuzones.

Me miré al espejo y me gusto el reflejo que me devolvió. En ese momento, pensé en Edward. Esperaba que estuviera desayunando para que pudiera verme… Estaba deseando ese momento, para ver con que ojos me miraba.

Cuando estaba a punto de entrar en la cocina, pude oírlos a todos hablar, mientras se servían el desayuno, y él estaba allí.

En ese momento, una sonrisa bobalicona apareció en mi cara, la cual tuve que disimular. No sería muy normal entrar con una sonrisa de tonta así, sin más.

- Buenos días – los saludé alegre.

Estaba encantada de estar con ellos otra vez. Era increíble el cariño que les había cogido a todos en tan solo cuatro días. Y lo que parecía, ellos a mí, también.

- Buenos días cielo – me saludaron Carlisle y Esme. – Estás preciosa.

- Guauuu… vaya! Estás genial! – me aduló Emmet.

- Por fin te has decidido a ponerte algo de lo que te dejé en el vestidor… y realmente estás divina – se acercó Alice dándome un beso en la mejilla.

Aunque me encantaron sus halagos, yo estaba más concentrada en ver la mirada de cierto miembro en especial: Edward.

Y efectivamente… como había imaginado, él se quedó mirándome fijamente, con un brillo especial en sus ojos y una liviana sonrisa en su apetecible boca.

Por un momento, pensé que me comería. Me miraba con tal intensidad, que tuve que apartar la mirada antes de lo que me hubiera gustado.

Cuando me miraba así, me sentía cohibida… Al principio era una sensación parecida al miedo; como si mi subconsciente me quisiera advertir de un peligro que mis ojos no veían. Pero ahora sabía que simplemente era eso… Que me avergonzaba; que me cohibía, el que él me miraba con tanto apetito… Con tantas ansias de mí.

Cosa que me hacía sentirme fenomenal. Me hacía sentirme deseada… Y me encantaba.

Tiempo después, supe qué verdad llevaba mi primera idea, la del miedo. Y la de que él me miraba con hambre… y vaya que sí!

Me acerqué a la cocina para servirme el desayuno; cuando iba a girarme para sentarme con todos en la mesa, sentí un ya conocido cosquilleo en mi espalda: Edward estaba detrás de mí, muy cerca. Casi rozándome.

- Estás mucho más que preciosa… Estás sumamente atractiva… Irresistible – me susurró. – Así, no me facilitas el cumplir mi promesa.

En ese momento giré un poco mi cara, encontrándome de lleno con la mirada lasciva y penetrante de Edward. Por un momento sentí como las rodillas me temblaban, creyendo que caería al suelo, soltando un leve suspiro incontrolable.

Él ante la cara que debía estar poniendo, sonrió de esa forma que me volvía loca; con su sonrisa torcida, devolviéndole yo una tímida, pero mirándolo con picardía.

Al fin salí del embrujo de su mirada, y nos sentamos con el resto a desayunar.

- Bella – me llamó Alice – debo decirte que no podré acompañarte hoy, lo siento. – la miré con la pena reflejada en los ojos – Me ha salido un contratiempo en el hospital y no he podido aplazarlo.

- No te preocupes Alice; lo primero el deber… luego la diversión. Ya haremos la salida otro día, así podrá acompañarnos Rose. – le dije intentando animarla, ya que se le veía la pena a una legua.

- Si, bueno, eso sí. – Dijo animándose – Pero bueno, no irás sola. – Ahora estaba más encendida; feliz, diría yo – Edward te acompañará.

En ese momento, me quedé muda. Noté como mis ojos se abrían ligeramente, y exhalaba todo el aire que contenían mis pulmones de golpe.

- Edward tenía que ir a Port Ángeles a hacer unos recados, y bueno… que mejor día que hoy? Así no iréis solos ninguno de los dos. – asentía ella con su cabeza – Espero que te parezca bien? – dijo poniéndose sería de pronto.

- Claro… por supuesto – toda la familia se había quedado mirándome, esperando mi respuesta.

- Eso está bien – agregó Carlisle sonriente – Edward y tú, sois los que menos trato tenéis… Eso servirá para que os conozcáis un poco más, eh, chicos? – dijo emocionado él con la idea.

- Por supuesto – agregué yo, intentando sonar lo más normal posible.

- Edward, - lo llamó Carlisle – Lleva a Bella a comer a algún sitio bonito. Yo invito – dijo sonriendo y alzando las cejas. Estaba pletórico por que fuéramos juntos.

Edward me miraba algo tenso, como si tuviese miedo a que yo hubiera rechazado la propuesta. Aunque por un lado hubiera sido lo mejor, ya que no sabía cómo acabaría nuestro día de "recados".

Éramos tan iguales, que siempre estábamos chocando. Pero a la vez, teníamos tanta ansia el uno por el otro que una fuerza de atracción inexplicable, nos hacía estar juntos en contra de toda lógica. Y parecía que no solo me afectaba a mí.

Una vez acabamos de desayunar, cada uno de fue a sus quehaceres.

- En cuanto estés lista nos vamos – me dijo Edward acercándose hacía mí, sonriendo con la cara serena. Pero tras esa tranquilidad, sus ojos denotaban un brillo muy sensual.

- Subo a lavarme los dientes, coger mi bolso y estoy – le dije sonriente, transmitiendo normalidad.

Dicho y hecho. Subí, me lavé los diente, acomodé mi pelo con las manos y me di un poco de brillo de labios potenciando ligeramente su color rojo natural. Y de paso, me eché unas gotitas de perfume; uno que me había regalado Alice cuando me fui; tenía un olor embriagador… Una esencia a rosa roja.

Cuando bajé, Edward estaba esperándome en la puerta que comunicaba al garaje.

- Hueles exquisita, lo sabías? Me dejarás el coche perfumado para unos días – me dijo acercándose un poco a mi cuello y absorbiendo mi olor por su nariz, haciéndome estremecer de orgullo y vanidad. – Lo dicho… Exquisita – dijo con deleite, pero era como si su piropo fuera más ayá.

Me abrió la puerta de su volvo, igual que un caballero y salimos rumbo a Port Ángeles.

Hola chicas...

Como os prometí, esta vez he tardado menos en publicar.

Este ha sido un capitulo tranquilito... Bella ha vuelto y todos le han demostrado lo contentos que estan de tenerla en casa otra vez; incluido Edward.

Pero... esos malestares que tiene Bella? A qué se deberán? Estará enferma? Eso haría adelantar la conversación con Carlisle? Su transformación?

Bueno.. en unos capis os enteraréis, ok? Siiiiiiiiii ya se que soy mala, jajaja!

Un besazooooooooo!