CAPITULO 20 Seattle
Llegamos a Port Ángeles en un tiempo record. En esta familia nadie sabía conducir despacio. Menos mal que la velocidad no me daba excesivo miedo; sobre todo viendo con la confianza y tranquilidad que lo hacía él. Parecía que nada se le diera mal. Tenía una seguridad en sí mismo intachable y casi hasta envidiable.
Pasamos prácticamente todo el camino en silencio. Era como si ninguno se atreviera a decir nada, para no romper el momento de paz que había dentro del coche. Nos limitábamos a mirarnos a hurtadillas.
De vez en cuando nuestros ojos se encontraban, haciéndonos cambiar la dirección de nuestras miradas hacia otro lado.
- Aquí es – dijo él una vez que estuvimos enfrente del despacho del abogado. – Mientras tú vas al abogado, yo iré a hacer unas gestiones, de acuerdo? – me dijo sonriente.
- De acuerdo – le devolví el gesto.
- El que primero acabe, que espere al otro tomándose un café en esa cafetería de la esquina. Ponen un café delicioso. – afirmó con un movimiento de su cabeza. Yo asentí.
Nos despedimos y cada uno se fue a lo suyo. Yo me quedé mirándolo partir; tenía un caminar que te hacía suspirar. Y otra vez esa seguridad, esa confianza en sí mismo.
Me sacudí la cabeza para despejarme y me dirigí a resolver de una vez el asunto de la herencia.
Me hicieron pasar a un despacho y al cabo de unos minutos, llegó un hombre de unos treinta y muchos ataviado con un traje y bastante apuesto.
- Hola, buenos días. La señorita Swan, supongo – me dijo muy educado con una sonrisa un tanto seductora en su cara.
- Sí, exactamente – este tío era abogado? Claro que era "la señorita Swan"… Su secretaria se lo acabará de decir, no?
- Bueno, pues empecemos.
Aquí, míster abogado, empezó a sacar papeles de una carpeta y comenzó con las palabrerías típicas. El tío, de vez de en cuando me lanzaba miraditas sonriéndome, al principio eran algo tímidas y discretas, para acabar siendo de lo más descaradas.
Al final, tuve que acabar mirándolo… "ligeramente" mal, cortando su royo de seducción barata.
- Bueno, como sabe, la casa es para usted –asentí – más dos mil quinientos dólares de la cuenta corriente que tenía su padre. – volví a asentir.
Vaya… pues sí que era ahorrador mi padre…
Jamás hubiera pensado que mi padre era tan mirador por el dinero… Aunque bueno, él llevaba una vida tranquila, sin excesos… En qué iba a gastarlo él? En cañas de pescar y anzuelos?
- No sé si estaría al corriente de esto, pero su padre tenía un seguro de vida, y como única beneficiaria, usted. – Eso me dejó descolocada – Veo que no debía de estar al corriente.
- Pues la verdad es que no – le contesté sincera, aun algo sorprendida.
- El importe del seguro de vida, es de 150.000 $...
Cuando dijo ese importe, ya no pude escuchar más. Había quedado en un estado de shock.
150.000$?... Dios mío!
Con ese dinero, podría hacer las reformas en casa, comprar muebles nuevos y un coche… Y sobre todo, que tendría dinero para poder subsistir mientras me salía trabajo; ya que estaba tirando de los ahorros que me habían quedado de la beca, los cuales no eran muchos, la verdad.
Aunque no soy una persona que le de gran importancia al dinero, la verdad es que lo tiene. Necesitas dinero para todo… y el mío, estaba empezando a bajar y eso que Carlisle estaba manteniéndome desde que había llegado a Forks. Pero alguna vez tendría que irme a mi casa, y ahí vendría el problema…
Como no encontrara trabajo pronto, mi vida empezaría a estar en serios problemas…
Pero ahora, y como si mi padre quisiera darme un respiro, allá donde estuviera, el dinero que por su muerte, me iba a ser concedido, me permitiría poder respirar durante una buena temporada… Ya que quería trabajar cerca de Forks; así que con ese dinero caído del cielo, y nunca mejor dicho, podría esperar hasta que ese puesto apareciera de una vez.
Mientras seguía en mis pensamientos, el abogado "seductor" preparaba todo el papeleo que tenía que firmar yo.
Después de dejarme la mano dormida de tanto firmar, por fin pude irme.
- Ha sido un auténtico placer, señorita Swan… O podría llamarla Isabella? – el abogaducho estaba lanzando su último cartucho.
- Bueno… si me disculpa… Me estoy retrasando, y a "él" – recalqué con mala intención – no le gusta demasiado esperar, - sonreí de forma inocente.
- Claro, claro… - se puso de todos los colores; tuve que hacer grandísimos esfuerzos por no reírme. – Si tiene alguna pregunta, no dude en llamarme, de acuerdo? – me dijo él en tono más serio.
- Gracias, es muy amable.
Nos despedimos con un apretón de manos, muy solemne y por fin me pude ir.
Casi corrí los metros que me separaban hasta la cafetería donde había quedado con Edward, deseando que ya hubiera llegado.
Nada más entrar en la cafetería, lo busqué con la mirada y ahí lo vi; saludándome con la mano, haciéndome señas para que fuera hasta donde él estaba sentado.
- Espero que no lleves mucho tiempo esperándome – le dije con cara aprensiva.
- No, no… Tranquila, acabo de llegar. – me respondió él gesticulando con los ojos. – Espera, voy a pedirte un café… Ya te dije que aquí los ponen deliciosos.
Con las mismas fue hasta la barra a pedirme el famoso café, mientras yo me quitaba la chaqueta y me acomodaba en la silla.
Cuando regresó a la mesa, me sorprendió el hecho de que solo trajera un café; el mío.
- Tú no tomas uno? – le pregunté curiosa.
Dudo un segundo en contestar; como si no esperara que me percatara de eso.
- Ya tomé uno mientras te esperaba… y no puedo permitirme dos cafés tan seguidos, ya que me quitan el sueño. – dijo sonriendo; pero su mirada llevaba un trasfondo de misterio.
Mientras tomaba el delicioso café, comencé a relatarle a Edward mi encuentro con el abogado.
- Que se puso seductor? – me dijo mirándome perplejo saliéndole rabia a borbotones por los ojos.
- Si… te parece normal? Vaya poco profesional – dije meneando la cabeza – Y ese tío se tiró 5 años de carrera para intentar seducir a chicas que van a su despacho para asuntos de herencias? Pues la verdad es que es penoso – dije con desdén.
- Sí, sí que es penoso… la verdad. Pero hiciste muy bien en darle a entender que tenías pareja… Me hubiera gustado ver como se le desencajaba la cara por la vergüenza… Maldito cerdo aprovechado – maldecía Edward entre dientes.
- Edward… - él me miró aun con el enfado saliéndole por los ojos – Estás celoso?
No sé ni cómo me atreví a preguntarle eso… Pero la pregunta salió por mi boca sin pasar ningún tipo de filtro antes. Según la pensé, así la pronuncié.
Él se quedó por un segundo desconcertado; sin saber exactamente qué responder. Hasta que una sonrisa traviesa le cruzó el rostro.
- Te gustaría que lo estuviera? – me preguntó acercando su cara a la mía. Yo en respuesta a su cercanía, no pude más que morderme el labio.
Pasó un minuto entero y yo no acaba de decidirme a qué responder.
- Bella? – me apremió. – No me has contestado. – clavó su dorada mirada en mis ojos haciéndome estremecer por completo.
- Sí… sí que me gustaría que lo estuvieras – le dije al fin en un susurro, alzando la cabeza y mirándolo a los ojos.
Él en respuesta sonrió de forma traviesa. Dios… cómo podía gustarme… enloquecerme tantísimo su sonrisa?
- Pues para tú información, sí, sí que lo estoy… De cualquiera que intente acercarse a ti.
No pudo ser más claro. Podría haberlo gritado a los cuatro vientos, pero aun así, no podría haber sido más claro.
Esa fue la confirmación de que él, sentía algo por mí. Algo a parte del estímulo sexual.
En esos momentos no sabía si aquello era perfectísimo, como creí de primeras, o terriblemente malo… como empecé a imaginarme segundos después.
Eso lo complicaría todo. Absolutamente todo…
Cambié de tema radical…
- Sabes que mi padre tenía un seguro de vida? – él me miró primero algo confundido, para después reírse incluso soltando una liviana carcajada por mi cambio radical de tema. Negó con la cabeza. – Pues lo tenía… me ha dejado 150.000$ - le dije abriendo los ojos.
- Vaya… eso es mucho dinero. Me alegro de que su muerte haya servido para algo bueno. – Dijo con un tono ya más serio – Eso te facilitará la vida.
- Pues la verdad es que sí… Eso me ayudará a sobrevivir hasta que me salga un trabajo… el cual está haciéndose de rogar… Joder… Tanto estudiar, y ahora estoy en el paro… Es algo absurdo – me quejé con fastidio.
- Algo saldrá, tranquila. Ten en cuenta, que en estas fechas, todos los alumnos que han acabado la carrera como tú, están colapsando los hospitales de currículums. Las administraciones deben estar hasta los topes recogiendo y seleccionando los mejores. – Dijo transmitiéndome parte de su habitual confianza – No desesperes, cuando menos te lo esperes, saldrá la oferta que tanto ansias.
Después de un rato hablando de temas hospitalarios, le pregunté algo que sería el principio de un cambio considerable entre nosotros.
- Edward… tú entiendes algo de coches? – Asintió meneando la cabeza – Ayúdame a comprar uno.
Esa fue la pregunta y la petición de ayuda que inició el cambio entre Edward y yo.
Después de un rato dándole vueltas, Edward decidió que el mejor sitio y más cercano, era Seattle.
Sin más, nos pusimos rumbo allí.
PV EDWARD
Aquella sencilla e inofensiva pregunta de Bella, fue lo que inició el cambio entre ella y yo.
Paramos en una cafetería para que Bella comiera algo, y yo tuve que hacer de tripas corazón, tragándome un bocadillo de pechuga de pollo, y encima tuve que hacerlo despacio, ya que Bella no me quitaba los ojos de encima. Parecía que el hecho de que no tomara el café con ella, le había despertado una curiosidad inconsciente para ella misma.
Paré en un kiosco que había en la cafetería y compré un par de revistas de coches, así Bella podría mirar varios modelos. Suponía que no querría recorrerse todos los concesionarios de Seattle buscando, comparando y mirando.
Yo imaginé que a ella le gustaría más un coche pequeño, coqueto… un tipo Mini, Escarabajo… pero no, como solía hacer, volvió a sorprenderme.
- Un todoterreno? – me dejó fuera de juego cuando me dijo que clase de coche quería.
- Sí… qué problema hay? – se quejó, sonriéndome divertida.
- Ninguno, pero supuse que te gustarían otro tipo de coches… Aunque bueno, no sé de qué me impresiono, ya que siempre consigues sorprenderme – le dije mirándola con dulzura. Por mucho que lo quisiera evitar, ella hacia salir mi lado más humano, dejándome fuera de combate con una simple sonrisa suya.
- Y eso… es bueno… o malo? - me preguntó clavándome la mirada desafiante, pero con una sensualidad arrolladora.
Mi mirada dulce cambió radical para pasar a ser una lasciva. Provocadora. Los dos nos acercamos mutuamente; intencionadamente el uno al otro.
- Bueno… muy bueno – le dije muy cerca de su cara, susurrando, haciendo que mi aliento entrara por su nariz. Sabía que le encantaba mi olor.
Con cuidado, casi en extremo, le acaricié la mejilla con el reverso de mi mano. Fue una caricia tan llena de dulzura, de cariño… de… Amor, que ella abrió su boca dejando escapar en un suspiro todo el aire que albergaban sus pulmones.
- Sí, definitivamente estoy convencido que te propones vilmente que no cumpla mi promesa – le dije sonriendo travieso… pero mi voz tuvo un deje de preocupación, el cual, intuí que Bella había captado por la forma que tuvo de mirarme, con el ceño fruncido y los ojos entornados.
El momento estaba poniéndose demasiado íntimo, y Bella comenzó a sentirse algo incómoda; aunque en ningún momento apartó la cara de mí mano. Al contrario, ella había dejado caer parte del peso de su rostro sobre ella, haciendo la caricia algo más profunda, pero ella no sabía qué hacer, por lo que preferí cortar el momento.
Bajé la vista hacía la revista y pasé varias páginas hasta que di con el todoterreno que creí le gustaría a ella.
Era elegante, pero deportivo. Agresivo pero seguro. Con unas curvas perfectas. Y por supuesto en gris plata, como mi volvo.
Le indiqué a Bella con un movimiento de ojos que se fijará y su reacción fue la esperada: Le encantó.
- Síí… Eseeee! – dijo casi a punto de levantarse de la mesa y dar saltos. Por un momento me recordó a Alice. Yo no pude más que sonreírle. Me hacía tremendamente feliz el verla a ella así de radiante.
Nos montamos en el coche y salimos zumbando hacía el concesionario donde vendían ese mismo modelo.
A veces me mataba el no poder leer los pensamientos a Bella, como en este mismo momento. Qué pensaría ella de que yo supiera exactamente dónde se encontraba ese concesionario en concreto? Pensaría que tenía un GPS instalado en el cerebro?
Con lo observadora que era Bella, estaba completamente seguro de que ya habría notado algunas cosas no muy normales en nosotros, pero ella no decía ni hacía nada que indicara tal cosa.
Ni el más mínimo comentario sarcástico o con mala intención había salido por su boca. Simplemente la inocente pregunta sobre el café.
Al llegar, tomé el mando de la situación con el vendedor.
Bella estaba entretenida mirando el modelo expuesto de su futuro coche, por lo que yo podía explayarme a mis anchas exponiéndole al vendedor que modelo exacto de todoterreno queríamos.
El vendedor me explicó que un modelo de esas características, por supuesto el alto de gama con todos los extras habidos y por haber, tardaría unos quince días en venir. Y yo estaba seguro por mi conocimiento "intimo" de los humanos, que cuando se les metía algo en la cabeza lo querían ya.
Entonces sutilmente me lo fui llevando, alejándolo de Bella. Suponía que ella estaba entretenida, pero podía sentir como de vez en cuando me observaba.
- Señor…
- Calvin, puede llamarme Calvin.
- Bien, Calvin… verá, mi novia se ha encaprichado en este coche y yo quiero darle una sorpresa. Ella imagina que tardará algunos días en venir, y sé que está como loca por tenerlo ya. Si hubiera alguna manera de que el coche llegará aquí en menos tiempo… yo estaría tremendamente agradecido con usted, y yo soy una persona que se vuelve muy generosa con el dinero cuando estoy agradecido y veo a mi novia feliz. – lo miré descargando todo el poder de persuasión sobre el pobre vendedor, que se quedó estático.
- Bueno… podríamos acortarlo tal vez a diez días de espera – dijo él casi hasta trabándose.
- Creo que no me ha entendido bien… yo me refería a acortarlo a dos o tres días, como mucho – le hablé con suavidad mirándolo intensamente – Mi agradecimiento podría llegar a… no sé… tal vez… 15.000 $? La mitad del precio del coche.
El hombre se quedó alucinado. La boca se le abrió de golpe y su corazón empezó a latir descompensado.
Sus pensamientos me llegaban altos y claros.
Con ese dinero pagaría la universidad de Jenny, sin falta de pedir ese maldito crédito que me comería a intereses… y con la comisión de la venta del coche, podíamos ir de vacaciones a ese sitio que tanto tiempo llevamos Mary y yo pensando en ir… Tengo que conseguir traer ese maldito coche de donde sea
Ante sus pensamientos tuve que aguantar una sonrisa. Ya era mío. Los humanos siempre estaban condicionados al dinero. Aunque desde mi posición sobradamente acomodada, era muy fácil de ver.
Se metió en la oficina y después de estar discutiendo con varios concesionarios de otras ciudades, al fin encontró un modelo de las características solicitadas por mí.
- Señor Cullen, tendré el coche aquí dentro de dos días. –dijo él con entusiasmo.
- Eso es estupendo Calvin – le dije dándole un toque en el hombro.
Dejamos todos los papeles arreglados, y quedamos a la espera que me llamaría dentro de dos días para pasar a recoger el coche.
- Bueno Bella… en dos días tendrás aquí tu todoterreno – le dije sonriéndole. Ella abrió los ojos mostrándome una sonrisa cegadora.
- En serio? Pero… pero como lo has conseguido? Sé que los coches suelen tardar días o incluso semanas en venir. – Ella era muy inteligente y observadora en exceso. No era tan fácil como parecía liarla y engañarla.
- Bueno, le dije que estabas muy encaprichada en el coche y que quería darle una sorpresa a mi novia trayéndole el coche mucho antes de lo que ella pensaba – le di un margen de tiempo para que asimilara la palabra "novia", mezclada sutilmente en la frase.
Ella la pilló a la primera. Sus ojos se abrieron ligeramente ante la sorpresa de la mención de esa palabra de una forma tan espontánea y natural, para dejar paso a una reacción que me encandiló: Ella se sonrojó de una manera deliciosa, mirándome de lado a través de sus espesas pestañas negras.
- Espero que no te hay molestado lo de "novia" – le dije con tono inocente.
- Nooo… claro que no – se apresuró a contestar.
Su forma de pestañear nerviosa, fue la reacción que quería ver. Ella contestó demasiado deprisa, demasiado convencida. Eso solo quería decir, que a ella… no le importaría llegar a serlo.
Una vez montados en el coche, en mi mente se elaboró un plan de última hora:
Ya que nos daban el coche en dos días, podíamos quedarnos en Seattle y hacer turismo los dos. Podía enseñarle los sitos más emblemáticos de la ciudad. La llevaría al mejor hotel y comeríamos, o mejor dicho, ella comería en los mejores restaurantes. Sería una escapada maravillosa.
Pero aunque era genial el pensar en pasar estos dos días juntos… una sensación de miedo, similar al escénico invadió mi mente.
Pero y si ella pensaba lo que no era? Y si creía que era una trampa para convencerla en pasar estas dos noches juntos para acostarme con ella?
En casa estaba tranquila porque tenía la protección constante de Carlisle, pero aquí, éramos ella y yo solos. Sin nadie más. Sin ningún miembro de la familia por medio.
En ese momento, mi móvil sonó. Un mensaje de texto:
Saldrá bien. Propónselo… Ella aceptará gustosa. Un besito, Alice
Mi hermana era sin lugar a dudas, la mejor de todas las hermanas.
Decidido, me salí de la carretera y paré el coche. Me giré ante una sorprendida Bella y le comenté mi plan.
- Bella… había pensado que ya que nos traen el coche en dos días… Tú no trabajas y yo tengo libre… Te gustaría que nos quedáramos aquí y pasáramos estos dos días haciendo turismo?
Ella se quedó boquiabierta por la sorpresa. Pestañeo varias veces mirando hacía el infinito.
- Por el dinero no te preocupes. Me gustaría invitarte… para compensar todas las veces que te "he mirado raro", jajaja! Como pago compensatorio por aguantarme tantas "gilipoyeces", eh? – ella sonrió, aun sorprendida.
- Edward… de verdad que me siento halagada, pero… no me parece bien que corras con todos estos gastos… y de verdad, yo no puedo disponer ahora mismo para poder poner algo… - la corté. No soportaba ver como pasaba el apuro de decirme que estaba sin blanca.
- Bella… por favor… Deja el tema económico. Vivo con mis padres, a penas salgo, no tengo vicios… O sea, que no gasto nada. Para una vez que encuentro con quien poder hacerlo, no me estropees la diversión, eh? – la miré haciéndome el ofendido.
- Bueno… pero cuando cobre ese dinero, me dejarás que yo te invité a ti a algo, de acuerdo?
Levantó su mano, brindándomela para que se la estrechara y así cerrar nuestro trato. Yo más que gustoso se la di.
Y con ese "apretón de manos", salí volando hacía el mejor hotel de la ciudad. Mi reina no podía estar en ningún sito a no ser que fuera el mejor. Iban a ser los dos días más maravillosos de su vida, o por lo menos de los mejores.
Mientras conducía dirección al hotel, varias cuestiones hicieron acto de presencia en mi cabeza:
Qué pasaría entre nosotros?
Llegaría a pasar algo?
Nos declararíamos?
O por lo menos llegaríamos a insinuarnos?
Por mi vista periférica, vi como Bella llevaba la arruguita de su frente fruncida. Aunque su cara reflejaba calma y felicidad, sabía que ella estaba concentrada pensando en algo; y me daba que preguntas muy parecidas a las mías podían estar rondando su linda cabecita.
En ese momento, me decidí. Era ahora o nunca. La seduciría, la encandilaría… la enamoraría. Si ella tenía algún sentimiento hacía mí, tenía dos días para que ella se atreviera a desvelarlo, y yo, iba a ayudarla en esa tarea.
Este era el momento. Sin familia, sin intromisiones, sin oídos altamente desarrollados… Solos. Esa era la palabra mágica: solos, ella y yo.
Iba a ser el todo o el nada.
Hola mis niñassssss
No os quejareis, eh? Otro capi subidito super rapido.
Bueno... parece ser que a Bella las cosas empiezan a irle algo mejor, pobrecita... Con ese dinero podra subsistir y esperar ese ansiado puesto de enfermera.
Y ahora... dos dias en Seattle solos? Guauuu... qué pasara con la parejita?
En unos dias, veremos a ver como les va.
Un besazooooooooooo!
