CAPITULO 21 Solos


PV BELLA

Cuando Edward me ofreció el pasar esos dos días juntos en Seattle me quedé completamente alucinada. Bueno, alucinada era poco decir.

Dos días para nosotros dos solos? Sin familia, sin intrusiones, sin nadie… Solos, él y yo.

Pero… Qué pasaría entre nosotros?

Daríamos algún paso en nuestra inexistente relación?

Avanzaríamos como amigos… o nos arriesgaríamos a algo más?

Yo seguía estando completamente asustada por lo referente a Carlisle, no quería que nada enturbiara el maravilloso vínculo establecido con él y su familia. Él estaba pletórico por haber comprobado lo bien que me habían aceptado todos, conviviendo sin problemas… Al contrario. Todo era genial entre todos.

Edward y yo, parecía que habíamos firmado una tregua tácita de amigos… pero, si nos arriesgábamos a más y no salía bien?

Llegados a este punto, no creía que el interés que mostraba Edward por mí fuera meramente sexual, sino que algún sentimiento romántico había pero… el miedo seguía ahí.

Aunque tal vez… si me dejará llevar un poco… Si él daba alguna muestra de algo más, no sería yo la que se echara para atrás. Si tenía que suceder algo, que sucediera. Después ya veríamos en que quedaba la cosa.

Pero… cómo me había dejado convencer… ?Muy fácil. Porque estaba loca por él.

Pensando en esto, llegamos a la entrada de un lujoso hotel. Era imponente solo con verlo desde fuera. Le lancé a Edward una mirada de reproche a lo que él me miró sonriendo como un niño travieso.

- Edward… - lo llamé con tono de reproche. – Este hotel debe ser carísimo… No te permito que costees… - no me dejo acabar.

Se acercó a mí veloz y decidido, poniendo un dedo en mis labios callándome. Su olor entraba por mis fosas nasales arremolinándose en mi cerebro no dejándome ni pensar con claridad. Mientras me miraba intensamente, con un brillo especial en los ojos.

- Déjame mimarte este fin de semana, Bella. Por favor – no pude negarme; la fuerza de su mirada era tal que no encontraba justificación para negarme.

- Esta bien, Edward… Te dejaré hacer lo que quieras… - le contesté en un susurro.

Él pestañeo varias veces, como intentando serenarse, y sin más, se separó de mí sonriendo animado.

- Estupendo! Vamos pues! – exclamó divertido.

Un chico del hotel le abrió la puerta y él vino caminando rápido para abrirme la mía. Me tendió el brazo como un caballero y mirándonos sonrientes, entramos en el magnífico hotel.

Mientras yo miraba el imponente hall, Edward hacía las reservas de las habitaciones.

Una vez en el ascensor, Edward se acercó a mí. Estaba nervioso, ya que se tocaba el pelo en exceso, desordenándolo más aun de lo que ya lo tenía.

- Bella… - su tono irradiaba nerviosismo. Yo fruncí el ceño. – No quiero que pienses lo que no es… pero, he cogido una habitación para los dos. – por un momento no supe que contestar.

La idea era buena y mala…

Buena… por los motivos obvios: Edward y yo, solos en una hermosísima habitación de hotel.

Mala… por el mismo motivo… Solos!

- Bella… espero que no te haya incomodado mi osadía… Pero como sé que no te gustan los sitios extraños… y bueno, no quería dejarte sola; aunque en este hotel no te iba a pasar nada… Pero prefiero tenerte cerca de mí – decía nervioso, y en cierta forma avergonzado.

Me acerqué a él, y le acaricié la cara con ternura, mirándolo con el mismo sentimiento saliéndome a borbotones de los ojos.

- Edward… tranquilo, el estrés, recuerdas? – le dije sonriéndole de forma traviesa – Gracias por tu consideración… Yo tampoco quería dormir sola – lo miré de forma intensa, transmitiéndole varios sentimientos:

Dulzura, agradecimiento, deseo… y creo que Amor.

El me miró serio, clavándome sin piedad su dorada y penetrante mirada. Ambos jadeamos, soltando el aire de golpe.

Una vez en la habitación, los dos nos quedamos mirando hacía la cama. Yo no pude más que mordisquearme el labio ante la incertidumbre de qué pasaría.

- Por qué no te das una ducha? El viaje ha sido largo… Yo mientras voy a bajar a comprar algo de aseo, de acuerdo? – asentí con la cabeza. No sabía que me pasaba, pero de pronto parecía que no tenía sonido en la garganta.

El baño era algo espectacular. Jacuzzi, ducha de hidromasaje, toallas de algodón puro, espejos a gusto, geles perfumados… No le faltaba ningún detalle.

Me di una ducha relajante, dejándome impregnar por el sutil olor de los geles aflorados, mientras los chorritos de agua calmaban la tensión de mis músculos.

Aunque estaba feliz, notaba como las fuerzas me fallaban otra vez. Me sentía cansada, incluso algo adormilada.

Vaya Bella… buen momento para dormirte! Pensé con fastidio.

Salí envuelta en la gigantesca toalla de algodón marrón, pensando que Edward no habría llegado aún, ya que no había oído ningún ruido.

Pero cuál fue mi sorpresa al salir del baño que encontrármelo en la cama tumbado en una posición despreocupada. La cual dejo de inmediato, ya que al verme salir con solo la toalla, se incorporó de un salto en la cama mirándome con los ojos como platos.

- Vaya… lo siento, no te oí entrar… - me disculpé sintiendo como la cara se me debía poner de todos los colores posibles.

- Tranquila, no pasa nada – dijo conteniendo el aliento. – Mira… te he comprado cosas de aseo… y bueno... espero que no te moleste, pero te he comprado ropa interior – estaba sumamente avergonzado, su forma de mirarme lo decía todo, pero lo raro era que no estaba ni lo más mínimo colorado.

- Oh… - fue lo único medianamente lógico que conseguí decir.

- Espero que te guste… y que sea de tu talla… - Edward se mordió el labio de forma nerviosa, mientras a mí se me escapaba una sonrisita cargada de picardía.

Abrí el paquetito, y dentro había un conjunto de ropa interior de una marca carísima. Siempre había querido tener uno de esos conjuntos, pero por supuesto, nunca había podido permitírmelo.

El color… Por supuestísimo, Azul.

- Es precioso Edward, en serio; me encanta. Siempre quise tener uno pero… - lo miré frunciendo la boca, mordiéndome la lengua por no protestar por el altísimo precio que debió pagar por el conjuntito en cuestión.

- Alto ahí, señorita Swan… - me dijo de forma divertida – Qué fue lo que me dijiste en el coche? Que me dabas permiso para mimarte, no? Pues esto, es una forma buenísima de hacerlo. – alzó la cabeza con aires de grandeza, pero riendo. Estaba arrebatadoramente sexy con esa cara llena de seguridad con un ligero trasfondo de travieso.

Yo puse las manos extendidas hacía adelante, haciéndome la inocente, meneando la cabeza picando a Edward, el cual entró al trapo sin dudar, acercándose a mí, y comenzando a hacerme cosquillas.

No podía parar de reír y él tampoco; parecíamos dos niños. Aunque el momento era de diversión, no podía pasar desapercibido la sensación de cosquilleo cada vez que Edward posaba su tacto en mi piel. Hasta que de tanto yo menearme, la toalla se calló al suelo dejándome completamente desnuda ante su mirada, la cual pasó de divertida a lasciva en cuestión de una centésima de segundo.

- Joder… - murmuró él. Después de haberme recorrido el cuerpo de arriba abajo, se dio cuenta de comportarse como un caballero, desviando la mirada hacia otro lado.

- Mierda… - gruñí yo agachándome a recoger la toalla y volver a taparme.

Después de unos segundos de un silencio un tanto incómodo, Edward volvió a hablar.

- Dentro de esa bolsa, hay otra cosa… por qué no lo miras? A ver si te gusta – me dijo aun mirando hacia otro lado.

Giré la vista y efectivamente, una bolsa, de esas que ya auguran que lo que contienen es caro, estaba apoyada junto a una de las butacas que había colocadas por la habitación.

La cogí y saqué el contenido: Un pijama de raso, precioso. La parte de arriba era de tirantes, con escote en V con una finísima puntilla; la parte de abajo, un pantaloncito a medio muslo de cadera baja. Elegante, fino y con un toque sensual; no erótico. Se notaba que el que hubiera elegido ese conjunto era poseedor de un gran gusto. El color… cómo no, azul.

Me metí en el baño y me puse el conjunto interior que me había regalado Edward. Después de mirarme por todos lados y comprobar que el conjuntito me quedaba de infarto, me puse el pijama. Aún era temprano, era recién entrada la tarde, pero quería que me viera. No me había visto desnuda? Pues porque me viera en pijama…

Salí del baño, con la melena suelta cayéndome por los hombros, y le hablé; él estaba mirando por la ventana de espaldas a mí.

- Te gusta tú regalo? – le pregunté con un toque sensual en la voz.

Edward se giró despacio, mirándome de una forma que me hizo estremecer. Sus ojos estaban algo más oscuros, aunque seguían estando dorados. Me miró de arriba abajo y viceversa, no dejándose ningún rincón por mirar… o más bien, por devorar… Ya que me observaba con esa mirada que parecía que fuera a saltar encima de mí en cualquier momento.

- Me encanta… - dijo conteniendo el aire, con la voz algo ronca – Pero… preferiría que te taparas… - yo abrí los ojos ante sus palabras, dejando entrever mi disgusto – No… no me malinterpretes… Estás bellísima así, si por mí fuera, no dejaría que volvieras a vestirte más... Pero estando así, no me facilitas el cumplir mi promesa.

Entonces un fogonazo de indignación me recorrió la mente. Estaba hasta las narices de sus indirectas con respecto a cumplir su promesa. Y así se lo hice ver.

- Qué promesa? Qué daño Edward? – le dije enfadada – Tan malo eres para mí? – él bajó la cabeza, pero creí ver un leve asentimiento al hacerlo. – Déjame a mí decidirlo… No crees que eso sería lo más justo? – le dije soltando fuego por los ojos.

- Bella… Tú decisión no sería justa, no sería correcta… Créeme – me dijo sin mirarme.

Me acerqué a él y le levanté la cara con mi mano, quedando nuestros rostros muy cerca.

- Mírame Edward –le exigí. Al hacerlo comprobé que su mirada estaba cargada de dudas. Era la primera vez que no tenía ese aire de confianza absoluta que él siempre desprendía. – Esa decisión es mía… Solo y exclusivamente mía, entendido? – Él asintió con pesadumbre. – Bien… voy a vestirme, será lo mejor, - me separé de él y miré para otro lado – Pasa y dúchate… esos chorritos son geniales – le dije en un intento de calmar el ambiente.

- Vale… decide lo que quieres cenar. En cuanto acabe de ducharme saldremos, de acuerdo? – yo asentí.

En ese momento me sentí triste. Con lo bien que había empezado nuestra escapada, todo se había torcido de una manera absurda.

Edward, que pareció oír mis pensamientos, se acercó a mí y me subió la cara con su dedo índice, acariciándome a su vez con el pulgar.

- Bella… sonríe. Sonríe para mí – yo lo miré e hice lo que me pidió. – Así está mucho mejor; no me gusta verte triste, y mucho menos si es por mi causa. – hice una mueca con la boca y él hizo algo que consiguió sacarme una sonrisa mucho más auténtica, aparte de hacer que mi corazón latiera igual que un tren de mercancías.

Se acercó y me dio un tierno beso en la comisura de mis labios. Tierno… pero que podía prometer ser mucho más que eso.

Nuestras miradas se encontraron, mirándonos de una forma mística, mágica. Envueltos en nuestra propia burbuja personal. Edward sonrió levemente justo cuando se separaba de mí.

No le pregunté al respecto, pero tenía la sensación de que él podía oír, de alguna forma que no me explicaba, como mi corazón se encendía ante sus acciones conmigo.

Me saqué la idea de la cabeza, ya que era de lo más absurda… aparte de imposible.

- Anda, vete a ducharte… mientras, yo me visto, ok? – le dije intentando sonar despreocupada y animada cortando así el momento intenso.

Edward se metió en el baño; cuando me disponía a vestirme, otro bajón de fuerzas se apoderó de mí, haciéndome sentarme en la cama.

Estaba tan cansada otra vez, que lo que menos me apetecía era salir a ninguna parte.

Me acomodé en la cama, entre las suaves y confortables sabanas de raso.

No sé en qué momento me quedé dormida…

PV EDWARD

- Qué promesa? Qué daño Edward? – preguntó enfadada – Tan malo eres para mí? – Tuve que bajar la cabeza, no sabía cuánta razón llevaba en su simple pregunta; inconscientemente asentí. – Déjame a mí decidirlo… No crees que eso sería lo más justo? – sus ojos soltaban llamas de indignación.

- Bella… Tú decisión no sería justa, no sería correcta… Créeme – le dije sin poder mirarla.

Pero que me pasaba? Ahora que Bella estaba dando cada vez más muestras de su alto interés por mí, me entraban miedos y dudas absurdas… Bueno, no tan absurdas… Ella estaba sintiendo algo por un vampiro…

Era justo que sin ella saber que era yo, la dejara continuar? Aunque eso dependía de Carlisle, poco a poco estaba dándome cuenta de que quisiera o no, esa decisión ya no le pertenecía a él en exclusiva.

Pero no iba a rechazarla más… No podía ni quería. Estaba decidido y esta vez iba a ser irrevocable.

Salí de la ducha más animado. Llevaría a Bella a cenar a un bonito restaurante italiano que había en el puerto.

Cuando entré en la habitación, la imagen que mis ojos procesaron era la más preciosa de mi eterna vida:

Bella se había quedado dormida, acurrucada como un gatito en la cama, con su melena ondulada repartida por la almohada.

Me acerqué a ella despacio y me senté a su lado en la cama, contemplándola. Tenía el rostro en paz, bellísima… Pero sus ojeras estaban otra vez algo marcadas. Esta chica no estaba bien, estaba seguro de eso. Preferí no enturbiar mi imagen de ella con esos pensamientos, así que me acomodé a su lado con cuidado de no despertarla.

Al cabo de algo más de una hora contemplándola y velando su sueño, ella empezó a removerse hasta que acabó despertando.

- Ummm… Edward – me llamó adormilada – Cuánto he dormido? – se estiro en la cama, desperezándose.

- Poco más de una hora – le contesté en tono suave.

- Buf… estaba cansadísima – dijo acabando de estirarse aun perezosa.

- Si quieres, duerme un poco más, aún es temprano – La animé; todavía tenía algo marcadas las ojeras y su rostro no poseía su color rosado, sino uno ligeramente amarillento.

- Ufff… es tentadora la idea… pero, y tú? No es justo que te quedes despierto mirando como yo duermo – Generosa. Siempre posando un ojo en los intereses de los demás.

- No te preocupes, me estaba amorriñando… - me dejé caer en la cama, acomodándome – Qué te parece si nos quedamos aquí tranquilos un ratito? – la animé; ella suspiro más que conforme con la idea.

Bella se volvió a enroscar como un gatito, dándome la espalda. Al cabo de unos minutos, su respiración pausada me confirmó que estaba prácticamente dormida otra vez.

Entonces, ella, medio abriendo un ojo girándose hacia mí, me agarró de un brazo y se lo pasó por su cintura, por encima de las sábanas, tirando de mí para que quedara echado a su lado, con mi pecho prácticamente pegado a su espalda.

- Así mejor… ummm… mucho mejor – murmuro.

Si mi corazón estuviera vivo, en ese mismo momento, me hubiera dado un infarto. Aunque con tan solo sentir su tacto en mi mano, esa sensación tan maravillosa de cosquilleo, de calambre… Me invadió el cuerpo entero.

Eran tan maravillosa la sensación de tenerla así, entre mis brazos… Y más aun viendo como ella se abría a mí. Como iba confiando en mí poco a poco, entregándome su amistad, y lo que parecía… algo más que eso.

Me quedé mirando como dormía, plácidamente. Era tan relajante verla, que parecía que mi cuerpo recordaba vagamente lo que se sentía al poder cerrar los ojos y descansar con el sueño.

Bella durmió casi otra hora más. Esta vez despertó más animada, con las fuerzas renovadas.

- Buenas tardes… o más bien, podría decir noches – sonrió ella mirando hacía la ventana, la cual dejaba ver el crepúsculo tempranero. Ya estábamos en noviembre, por lo que oscurecía muy temprano.

- Yo acabo de despertar – le dije bostezando. Fachada. – Te apetece que salgamos a dar un paseo? No parece que haga demasiado frío.

- Umm… me parece perfecto. Me visto y nos vamos, ok? – con las mismas, salió de la cama de un salto y se fue al baño a prepararse.

Al cabo de unos minutos salió lista para nuestro paseo.

Salimos del hotel y nos pusimos a caminar. Yo conocía Seattle a la perfección, ya que había estado allí en varias ocasiones, así que le hice de guía.

Cuando llevábamos unos pocos pasos andados, Bella me miró bajando la intensidad de sus pasos, para posteriormente mirar mi brazo.

- Puedo? – preguntó sonriéndome.

- Claro… por supuesto. Será un placer. – Le extendí mi brazo como un caballero y ella lo aceptó pasando el suyo, agarrando su mano con la otra.

La sensación de tenerla así agarrada a mí, era perfecta. Sublime.

Dimos un placentero paseo por la ciudad, hablando sobre el hospital de Forks. Le hablé de mi trabajo, de que era el responsable de las admisiones de los pacientes, de temas de seguros, y de los contratos del personal, así como de conceder vacaciones, días libres y demás.

Ella me habló de lo mucho que le gustaba su trabajo de enfermera. Que había sacado nota de sobra para optar a la carrera de medicina, pero que le gustaba más el trato personal y cercano de las enfermeras.

Así, charlando animadamente, nos dio la hora de cenar.

- Dónde quieres cenar? – le pregunté. Debía de tener hambre, ya que volvía a tener mala cara.

- Pues no sé… pero tengo hambre… - dijo de forma pausada. Otra vez que las fuerzas le fallaban. Tenía que inventarme algo para conseguir que Bella se mirara… No era normal esa bajada y recuperación de fuerza. – Qué te parece si nos vamos al hotel otra vez y pedimos algo al servicio de habitaciones? – dijo con una sonrisa tímida.

- Me parece perfecto! – exclamé. Que más quería que tenerla solo para mí en aquella habitación.

Pedimos un taxi de vuelta ya que nos habíamos alejado del hotel y comprobé perfectamente que un paseo de regreso se le hubiera hecho demasiado pesado.

Una vez en la habitación, le entregué la carta y ella empezó a protestar por los precios.

- Joder Edward… es todo carísimo… - gruñó.

- Por favor Bella… No te pongas pesada con el tema del dinero. – le dije mirándola condescendiente – No me habías dado permiso para mimarte? – le pregunté alzando una ceja.

- Sí, pero… - me acerqué a ella y puse mi dedo índice en su barbilla, aprovechando a acariciarle la cara con el pulgar.

- Pero nada… - le dije para callarla.

Ella separo mi dedo de su boca, pero sin quitarlo de su cara.

- Pero el problema será cuando volvamos… me vas a acostumbrar mal. – dijo sonriendo. Pero había pena en sus palabras.

Cuando volviéramos muchas cosas iban a ir cambiando. Si ella me daba claros indicios de su interés por mí, cosa que ya estaba haciendo, me encargaría de ello. Lo primero sería hablar con Carlisle, por supuesto.

- Bueno… cuando regresemos, ya veremos. Ahora disfruta el momento, de acuerdo? – le dije sonriéndole – Si veo que te has acostumbrado demasiado, tendré que hacer algo al respecto – continué divertido.

Ella me miró alzando una ceja, de forma divertida también.

- A ver… trae – le cogí la carta de las manos – Yo pediré… A ver si acierto con el menú.

Llamé al servicio de habitaciones y pedí varios platos: mexicanos, italianos, griegos, españoles… Seguro que con alguno acertaba.

Mi suerte fue que acerté con todos. Bella estuvo más que encantada con la elección del menú.

- Ummm… estoy llenísima, jaja – rió – Has acertado de pleno en todo. La ensalada griega nunca la había probado, y realmente estaba deliciosa.

- Muchas gracias. Imaginé que te gustaría; Carlisle nos dijo que te gustaba mucho la verdura; que eras una chica muy sana – reí.

- Así es… hay que comer sano – dijo alzando la cabeza con aire triunfal.

- Bella… te gustaría jugar al ajedrez? El otro día jugaste con Jasper… - ella abrió los ojos emocionándose ante la idea. – Podría enseñarte algunos trucos para la próxima vez que juegues contra él. Qué me dices?

- Sííí… claro. Me encantará Edward. – la emoción de su voz, me hizo a mí emocionarme como si jugar al ajedrez fuera lo más maravilloso de este mundo.

Coloqué el tablero y nos pusimos en el suelo, como habían hecho ella y Jasper en mi casa.

Después de varias partidas enseñándole algunos trucos, jugamos en serio, perdiendo ella. La cual se enfadó, en broma, lanzándome un cojín. Yo le seguí el juego, y al final, acabamos revolcándonos en el suelo, jugando a darnos toques.

En una de estas, me situé encima suyo, agarrándole las manos por encima de su cabeza, quedando nuestras caras a escasos centímetros. Su aliento entraba por mi olfato arremolinándose en mi cerebro, teniendo que sacar todo mi autocontrol para no besarla. Pero lo mejor, es que había quedado entre sus piernas. La posición no podía ser más sensual… Aunque decir "sexual", hubiera sido más correcta.

Su respiración estaba agitada y sabía que no era exclusivamente por nuestro juego, y su corazón latía desaforado bajo su pecho.

Abrió la boca y exhaló aire en mi dirección, pasándose la lengua por los labios; era un gesto tan sensual… inhalé absorbiendo todo su aroma. La lengua me picaba por juntarse con la suya.

No podía más… Ya no había autocontrol, había consumido todas mis reservas a lo largo del día de hoy, y esto había agotado esas reservas de un mazazo.

Empecé a acortar la distancia entre nuestros labios despacio. Quería que el momento fuera único. Imborrable, inmejorable.

Cuando nuestros labios estaban a punto de encontrarse, su móvil sonó haciéndola dar un brinco debajo de mí. Por supuesto la solté para que fuera a contestar.

- No puedo creerlo… - murmuró molesta al comprobar la identidad del llamante.

Descolgó, hablando con un tono molesto.

- Qué es lo que quieres? – contestó de forma cansina.

- Me he enterado que no estás en Forks. Llegaste ayer y hoy ya no estás… No hay quien te pille – era el lobo. El maldito Alpha.

- Si Jake… Tuve que venir a Seattle y aproveche a hacer unos asuntos. Pasaré la noche aquí. Algo más?

- Podías haberme dicho que ibas y te hubiera acompañado… Así no estarías sola. – Aunque el lobo se mostraba preocupado de forma sincera, la finalidad de su pregunta no era otra que averiguar si estaba con alguien de mi familia.

- Jacob, quién te ha dicho que esté sola? - le preguntó con fastidio.

- Qué quieres decir? Con quien has ido? – Su tono, era despreocupado. Sabía fingir bien; ya que de esta forma, podía sacarle más información a Bella.

- Con Edward… Con Edward Cullen. – le contestó tajante

- Quéee? No me jodas Bella… con toda la gente con la que podías haber ido, lo eliges precisamente a él… Ni que lo hubieras hecho apropósito por molestarme – Protestó enfadándose sobremanera.

Bella se apartó de mí, yéndose al otro extremo de la habitación. Yo me hice el despistado, pero podía oír perfectamente la conversación entre ellos.

- No te incumbe con quien alterne, Jacob. Y por supuestísimo que no lo hecho con la finalidad de molestarte… Ni siquiera había pensado en ti cuando surgió el venir juntos Edward y yo. Mi mundo hace mucho que dejo de moverse en torno a ti… A ver cuando te metes eso en la cabeza de una puta vez – le dijo enfadada. Muy enfadada.

- Joder Bella… Ya lo sé… Claro que lo sé, pero duele. Duele ver como tú has rehecho tu vida apartándome de un manotazo, mientras yo sigo queriéndote como el mismísimo primer día. – Eso dejó trastocada a Bella, y siendo sinceros, a mí también. Era increíble el amor que transmitían sus palabras – Acaso no significó nada para ti lo del otro día? Porqué yo no puedo sacármelo de la cabeza… Todavía tengo tu olor gravado en mi mente… -Confirmado. Ellos se habían acostado; por eso Jasper captaba esos sentimientos de Bella nada más mencionarlo a él.

Un dolor y estado de celos me recorrió el cuerpo. Si lo tuviera delante ahora mismo, no habría nada que me impidiera matarlo. Aunque me costase esconderme por toda mi eternidad… Pero esa sensación duro poco, ya que la contestación de Bella me dejo perplejo, a la par que feliz:

- Jacob… para… para! – le alzó la voz – No me hagas esto… En qué quedamos el otro día? En que no volveríamos a mencionarlo jamás. Fue un impulso… Un error, un maldito error! – volvió a alzar la voz. – No debió ocurrir nunca. Jamás. Yo ya lo he olvidado y te recomiendo que tú también lo hagas. Ten en cuenta que yo soy una mujer libre, pero tú eres un hombre comprometido con otra chica, por la cual me dejaste tirada como a una maldita y miserable colilla. Se consecuente con tus actos… Y… con esto no quiero decir que te replantes tu compromiso con ella, ni mucho menos, sino todo lo contrario; céntrate en ella… solo en ella. Estás fuera de mi vida; para siempre. Te pediría… No, te ordeno que no vuelvas a llamarme más a no ser para algo estrictamente necesario, y el saber dónde estoy, no lo es. Queda claro? Y te recomendaría que no siguieras indagando con quien ando o con quien no. Estoy muy a gusto con Edward... y si tiene que surgir algo entre nosotros, - ahí bajo más el tono de voz - solo el tiempo y nosotros mismos lo dirá; no tú.

- Bella… Bella, espera… tranquilízate… Piensa lo que estás diciendo. No sabes nada de esa familia, Bella... Sigamos hablando, Bella... - le suplicaba él.

- No Jacob, déjame en paz. No sé qué es lo que os pasa con los Cullen, pero para mí son una familia perfecta, maravillosa y la cual me ha ayudado mucho en unos momentos muy delicados, así que déjame fuera de vuestras absurdas disputas. Ya nos veremos a mi vuelta. Adiós. – y sin más, le colgó, apagando su teléfono móvil.

Se quedó mirando por la ventana durante más de un minuto. Imagino que serenándose. Tomo aire y se giró hacía mí con una sonrisa bastante forzada en la cara. Se había quedado completamente lívida.

- Siento que hayas tenido que presenciar esta conversación. – me dijo avergonzada.

- Tranquila, he intentado no escuchar – le dije mostrando una sonrisa conciliadora.

- Ok. Voy a ponerme el pijama, estoy cansada… y esta llamada me ha… estresado – sonrió, ahora de forma algo más genuina, al mencionar a propósito nuestra palabra. – Por qué no buscas una película y la vemos acomodados en la cama?

- Claro, por supuesto. – le contesté yendo hacía la televisión y encendiéndola.

Al cabo de un rato, Bella salió con el pijama que le había regalo puesto. Había recobrado algo de color en las mejillas, pero seguía estando más pálida de lo normal.

Yo ya estaba metido en la cama, en un extremo, dejándole el resto para ella.

Una vez se acomodó hacía el medio de esta, me miró alzando una ceja sonriéndome de forma traviesa.

- Puedes acercarte… vas a acabar cayéndote de la cama – acentuó más su sonrisa picardiosa. – No muerdo… - y alzó ambas cejas pasándose la lengua por los labios.

Inhalé aire… soltándolo en forma de suspiro. Aunque intenté que fuera un gesto discreto, intuí que ella lo había notado, ya que una traviesa y débil carcajada salió de su boca. Si supiera que el que muerde soy yo… seguramente no se reiría tanto.

Me acerqué a ella, pero no sabía exactamente como ponerme; ella que intuyó mis dudas, hizo todo el trabajo:

Cogió mi brazo y lo depositó bajo su cuello, usándolo como almohada, dejándolo caer sobre su hombro. Aunque en todo momento tuvo el cuidado de que nuestros cuerpos, debajo de las sábanas, no se llegaran a tocar.

Nos pusimos a ver la película que había elegido, y al cabo de pocos minutos, Bella empezó a acomodarse, buscando mejor posición.

Y cual fue? Apoyar la cabeza en mi pecho, pasando su brazo por mi cintura. No contenta con eso, movió una de sus piernas, apoyándola sobre una de las mías.

La tenía prácticamente encima de mí… Y yo, era el hombre más feliz del universo.

- Me encanta dormir contigo Edward… - murmuró. No supe muy bien si estaba dormida o si estaba despierta… Pero sea como fuere, lo dijo porque lo pensaba.

Sus palabras me hicieron sonreír… Con una sonrisa de tonto… De tonto enamorado. Y ese sentimiento anuló completamente al deseo sexual. El único deseo que tenía en esos momentos era que el tiempo no corriera; que las agujas del reloj nos dieran una tregua y se detuvieran.

A la mañana siguiente nos vestimos y desayunamos en el hotel. Después salimos a pasear.

La llevé al museo de ciencias naturales. Sabía que ese museo le encantaría, como así fue.

- Guauuu, Edward… esto es genial… En serio, me encanta. – me decía de forma exaltada.

- Supuse que te gustaría – le contesté feliz por mi acierto.

- Gustar? Más que eso… Estoy alucinada – decía mientras tiraba de mí para ver todo lo que allí exponían. No quería perderse nada.

Paramos a comer en una cafetería muy acogedora, y nos quedamos durante un largo rato conversando. Cuanto más sabía de ella, más me fascinaba. Estaba completamente rendido a sus encantos, a su personalidad… a Ella.

Llegamos al hotel y Bella se acostó un rato. Decía encontrarse cansada… otra vez.

Esto empezaba a ser más que alarmante… No eran normales esas subidas y bajadas de fuerza y vitalidad. Bella tenía que tener algo, seguro.

Entonces se me ocurrió una idea brillante: Llevaría a Bella a cenar a un restaurante cubano muy conocido en la ciudad. Era un impresionante salón, con una pista de baile y las mesas la rodeaban. Después de las cenas, las parejas salían a la pista a bailar.

Estaba seguro que a Bella le gustaría.

Bajé a la recepción y le compre un vestido para la ocasión. Mientras lo estaba eligiendo, mi móvil sonó… Alice, quien sino…

- Hermanitoooo! Me parece genial tu idea. A Bella le encantará, lo he visto! – exclamó feliz, alabando mi idea. – A parte del vestido, debes comprarle los complementos… zapatos, ropa interior…

Alice me dio una sesión de moda por teléfono. La verdad es que en los zapatos sí que había caído, pero en los "complementos", debía de reconocer que no.

- Pídele vez en la peluquería. Enséñale a la esteticista el vestido y los complementos que hayas elegido eso la ayudara a la hora de maquillarla, ok? Y un masaje le vendría de perlas… Aunque a lo mejor prefieres dárselo tú mismo… jeje! - ya podía imaginar la cara de picardía que estaría poniendo mi duendecillo.

- Gracias Alice… No sé qué haría sin ti. Me harás quedar genial… Gracias. Te compensaré, te lo prometo. – le dije sincero.

- Sí, lo sé. – me contestó risueña. - Por cierto… la noche tiene muy buenas perspectivas de acabar… cómo lo diría…? Calentita… Así que si no has cazado estos días, te recomendaría que lo hicieras a la mayor brevedad. Bella aun dormirá casi una hora más, y sumando lo que tardará en la sesión de peluquería… tienes algo más de tres horas en total.

Hice todo lo que mi hermana me recomendó. Después de elegir el vestido, escogí para Bella los zapatos, ropa interior, medias, bolso y todo lo necesario. A parte, claro está, de pedirle vez en la peluquería… Con masaje incluido. No sabía cómo acabaría la noche, pero si ella necesitaba otro masaje, yo estaría encantado de dárselo.

Entonces las palabras de mí hermana, comenzaron a resonar en mi cabeza… Cómo de "calentita" acabaría la noche? Nos acostaríamos Bella y yo? Haríamos el amor? Y… cómo lo sentiría yo?

En mi vida me había acostado con alguna que otra vampira… pero nunca con una humana. Y menos aún, sintiendo todo lo que sentía por mi Bella. Esta sería la primera vez que realmente haría el amor.

Seguí el consejo que me había dado Alice y salí a cazar. Aunque lo había hecho el día antes de venir, quería estar sobradamente preparado por si acababa sucediendo algo entre nosotros.

No quería correr ni el más mínimo riesgo… Y muchísimo menos con Bella. Si algo le ocurriera por mi culpa, jamás me lo perdonaría. Buscaría mi muerte con todas mis fuerzas, que no eran pocas…

Aunque encontrarla sería fácil… una visita a los Vulturis, montando un poco de "jaleo", bastaría para que mi vida terminara rápidamente.

Me saqué esas ideas de mi cabeza y salí lo más apresurado que pude a cazar. No tenía que alejarme mucho, pero no quería arriesgarme a que Bella tuviera que esperar por mí.

Yo quiero un hombre asi... Que te invite a un hotelazo, que te compre lencería cara, y que te aprovisione de vestido y complementos para una salida original y romántica... bueno, quiero un hombre así y que tenga una hermana como Alice, jajaja!

Pasará algo después de la cena?

Lo sabremos en el siguiente capi... PROMETO NO TARDAR EN SUBIRLO... ok?

Un BESAZOOOO!