CAPITULO 23 ¿SALVADOS O PERDIDOS?
Sin más, Edward pago la cuenta sin soltarme la mano en ningún momento y nos montamos en el coche que ya esperaba a la salida del restaurante.
En el transcurso del regreso al hotel fuimos pegados el uno al otro igual que medusas; entre nuestros cuerpos no corría ni el aire. Estábamos ansiosos por llegar al hotel y parecía que el coche no avanzara, haciendo con la espera que el ansia fuera a más. La forma con la que nos mirábamos, lo decía todo.
Nada más entrar en la habitación, yo que iba delante, me giré hacía Edward mirándolo de forma penetrante y pasional, hablándole en susurros.
- Llevo estos dos días deseando que hagas esto… - le decía sin quitarle los ojos de encima; devorándolo.
- Y yo que me dieras una señal para hacerlo – me respondió mirándome de igual manera.
- Pues creo que estoy siendo más que explicita… - no pude continuar ya que sus labios silenciaron a los míos con violencia; más bien con necesidad.
Ahora que estábamos solos, sin gente a nuestro alrededor, dimos rienda suelta a nuestros impulsos, a nuestra necesidad del uno por el otro.
Nuestras manos memorizaban el cuerpo del otro con urgencia y anhelo. Las bocas no se separaban de alguna parte de piel, ya fuera la boca del otro, el cuello, la cara… incluso los brazos recibían algún beso que se escapaba.
Su chaqueta y mi abrigo dejaron de interrumpir rápidamente, y su camisa y mi vestido lo hicieron a poco más tardar. La ropa molestaba sobremanera, y de la forma casi hasta violenta con la que nos la quitábamos, quedaba claro que esa idea era mutua.
Una vez estuvimos en paños menores, Edward se alagó a si mismo sobre su elección de mi ropa interior.
- Es un conjunto precioso… pero ahora sobre tu cuerpo… Dios… no tengo palabras para describirlo. Eres hermosa, eres una Diosa… mi Diosa! – me decía al oído entre susurros cargados de erotismo.
Sus palabras hinchaban mi ego femenino haciéndome sentir bella, femenina… poderosa; y de paso, caliente… muy caliente.
Sus manos temblaron levemente cuando se acercaron al cierre del sujetador; dudo. Y eso me hizo verlo más humano. Comprobar que dentro de su seguridad envidiable, también había momentos de dudas.
El sujetador calló ante mis pies, dejando mis pechos al descubierto, y la reacción de Edward me puso más a tono, si eso era posible: Nada más posar sus ojos en mis pechos, paso la lengua por sus labios, relamiéndose. Como si fuera comida. Fue un gesto lleno de lascivia pura, haciendo a mis pezones erguirse como mástiles, ansiando que los tocara, que los chupara, que los mordiera… Y como si me hubiera leído el pensamiento, así lo hizo.
Poso sus manos una en cada pecho y los empezó a rozar con suavidad. Sus caricias me mataban, haciéndome suspirar, y anhelar más. Poco a poco, despacio, las caricias empezaron a adquirir otro calibre; ya no eran tan suaves, tan finas… Con la envergadura de su mano, los envolvio y comenzó a apretarlos.
Mientras iba variando sus acciones sobre mí, estaba atento a mis reacciones; estudiándome, analizando hasta donde llegar. Siendo la primera vez no querría pasarse y hacer un mal movimiento que enturbiase nuestro primer encuentro.
Después de acariciar, apretar y mimar mis pechos, fue bajando con su boca desde mi cuello hasta llegar a ellos; con disimulo. Alargando el momento, y aumentando mi excitación. Hasta que por fin, su boca comenzó a rozar la piel excitada de mis senos.
Su lengua, fría, iba marcando círculos con su saliva haciendo que mi piel se erizara. Era una sensación más que placentera, haciendo salir de mi boca sonoros suspiros; pero lo mejor fue cuando después de jugar por toda la piel de mis pechos, se decidió a meterse un pezón en la boca.
En cuanto noté el tacto de su boca en la punta de mi pezón, un gemido inevitable salió de mi boca haciéndome arquear la espalda hacía atrás.
Él que me tenía sujeta con su brazo por la espalda, intensifico el agarré y eso me dio seguridad para dejarme hacer.
Después de disfrutar de su boca en mis pechos, decidí que iba siendo hora de ponerme manos a la obra con él y su anatomía, la cual llevaba días deseando probar.
Despacio fui enderezando la cabeza, él al notar mi cambio de postura dejó su tarea sobre mis pezones para erguirse.
En ese momento nuestras miradas se encontraron y decían exactamente lo mismo:
"Estoy ansioso por ti"
Comencé mi tarea pasando mis manos por su duro y terso abdomen; memorizando su cuerpo, el cual era más que perfecto. De ahí, fui pasando con intencionada lentitud hacía la espalda para acabar recorriendo de arriba abajo sus musculosos y extraordinariamente bien formados brazos.
Mientras hacía mi recorrido de reconocimiento, nuestras miradas no se apartaron de los ojos del otro, pudiendo observar como la pasión y el calor iban en aumento. Incluso me pareció que se habían oscurecido, aunque no le di mayor importancia, ya que en esos momentos tenía otros objetivos.
Mi lengua, la cual estaba más que revoltosa, fue pidiendo audiencia para tomar protagonismo: Comencé besando sus manos, sus brazos, en los cuales dejé rozar levemente la lengua ante el estremecimiento de Edward, para llegar a su cuello. Le di carnosos besos por toda la largura de su afinado y estirado cuello, siguiendo recorrido por la mandíbula. Pero mis manos no podían estar paradas, ya no. Por lo que iban acariciando suavemente su abdomen, dejando escapar algún dedito revoltoso por la hebilla de su pantalón.
Entonces Edward perdió los papeles, dejando a su pasión salir, arroyando todo a su paso.
- No puedo más… Me tienes completamente loco… - jadeó; o más bien gruñó, haciéndome jadear a mí también.
Mientras me decía esas palabras de forma tan erótica, me agarró por la nuca y con su otra mano me sujetó por la baja espalda estampando de forma casi hasta violenta sus labios contra los míos, fundiéndonos en un beso interminable; húmedo y pasional.
- Hazme tuya… hazme el amor… - le susurraba yo entre jadeos.
- Eso es lo que pienso hacer… - contestó de la misma forma.
Sin más, mis manos bajaron raudas a su pantalón y sin temblarme el pulso lo más mínimo, le quité el cinturón y se los bajé un poco.
Si ya a través de ellos, se notaba que estaba bien equipado, ahora solo cubierto su miembro por el bóxer, dejaba entrever el "arma" que tenía entre las piernas.
Metí la punta de los dedos para tocarlo y… Dios! Solo con ese roce me temblaron las piernas; aunque no solo yo tuve esa reacción.
- Dios Bella…! – Jadeó al tacto de mis dedos.
- Pues eso no es más que el principio – le susurré al oído de forma lasciva.
Atrevida gracias a su reacción, metí la mano entre su ropa interior y… Madre mía de mi vida! Prácticamente no la abarcaba con mi mano. Inconscientemente jadee de forma más que sonora, haciéndolo sonreír. Pero no de forma prepotente, sino con satisfacción… Casi hasta con alivio de lo que allí me encontré fuera de mí agrado.
Edward comenzó a jugar con el borde de mis braguitas, haciendo el momento más especial… alargándolo hasta casi el sufrimiento. No podía más, necesitaba que me tocara, que ese "misil" que tenía entre las piernas estallara en mí interior ya! Y así se lo hice ver.
- Edward… no lo alargues más… No puedo esperar más. – Jadeé más que sofocada. – Necesito que me folles ya! – casi grité.
- Tus deseos son órdenes para mí… - Sonrió travieso - Porque yo tampoco puedo esperar más a… - dudo si emplear la misma palabra – follarte – ronroneo en mi oído.
Justo cuando metió las manos en mis bragas con la decisión de hacerlas desaparecer, una inoportuna y horrible nausea hizo acto de presencia, obligándome a pararlo.
- Bella que te ocurre? – preguntó alarmado.
- No sé… me ha dado una nausea – le contesté con la mano en la boca.
- Una nausea? Te ha sentado mal la cena?... A lo mejor es que te ha hecho mal la bebida – preguntaba a la vez preocupado y trastocado.
Cuando iba a contestarle, otra nausea, está aún peor que la primera, me revolvió el estómago de una forma atroz, haciéndome salir disparada hacia el baño directa a la taza del wc a vomitar.
Una vez arrojada al wc toda la cena y la bebida, me lave los dientes con ansia y me refresque la cara. Me había quedado amarilla y unas horribles ojeras se asomaban incluso por encima del maquillaje, el cual aproveche a limpiarme ya que del esfuerzo del vómito se me habían escapado algunas lágrimas y el rímel se había corrido, dándole a mi rostro un aspecto horrible y demacrado.
Después de un buen rato, salí del baño. Aunque todas esas tareas me habían llevado unos minutos, he de reconocer que había ralentizado el ritmo a propósito. No tenía ganas de encararme con Edward, ya que ahora, con la cabeza más fresca, comenzaba a ver lo que habíamos estado a punto de hacer…
Complicarlo todo.
Pero, cómo huir de los sentimientos que habían florecido y enraizado en mi corazón por él?
Sabía que era imposible escapar de ellos; que iban a estar ahí de forma perpetua. Me había enamorado de él hasta las trancas, pero todo sería mucho mejor así.
Por Carlisle, por su familia, por la gente de la Push… Y de paso, protegerme de este estúpido e inoportuno enamoramiento que no me traería más que sufrimiento.
Lo más fácil sería marcharme, pero sabía que ahora me resultaría imposible distanciarme de él y de su familia.
Cogí aire y sacando todo el temple que pude, salí del baño. Edward que estaba sentado al borde la cama vino veloz hacía mí con la cara completamente trastocada de preocupación.
- Bella… Bella, estás bien? Que ha pasado? – me preguntaba visiblemente nervioso.
- Tranquilo Edward, estoy bien… Ahora – dije rodando los ojos. Él me miro sin acabar de comprender – He vomitado toda la cena… Incluida la bebida, claro. – Intenté sonreír pero me salió una mala mueca – Creo que ya no tengo el cuerpo acostumbrado a tanto alcohol – sonreí algo menos forzado, pero el que no sonreía ni un ápice era Edward, el cual me miraba serio, preocupado. – Vamos Edward! No ha sido nada, ni que fuera la primera vez que vomito… - rodé los ojos con cierto fastidio alzando algo la voz, la cual me salía bastante seca.
- Ya, me imagino, pero llevas unos días… un poco… baja de salud – me miró de soslayo, atento a mi reacción.
- Si, es verdad que no he estado demasiado en forma estos días, pero será debido al estrés… He pasado mucho en muy poco espacio de tiempo, recuerdas? –le dije con tono algo irónico y con la voz del mismo modo, seca.
Frunció el ceño y me miro no demasiado convencido.
- Le pediré a tu padre que me haga un chequeo cuando lleguemos, para que te quedes más tranquilo, de acuerdo? – me comprometí. Eso pareció aliviarlo y su mirada se endulzó levemente.
Y de paso me quedaría más tranquila yo también. Era verdad que llevaba unos días bastante rara. Tenía ligeros mareos y me faltaban las fuerzas sin más, y tenía sueño casi todo el día. Esos síntomas no me encajaban en nada. Seguramente sería el estrés, tal y como le había dicho a Edward. Nervios por todo lo acontecido en estos días.
- Me voy a la cama… Estoy muerta – le dije casi en un susurro y sin mirarlo tan siquiera.
- Claro… acuéstate, te habrás quedado con el cuerpo revuelto después de devolver – contestó con la voz dulce.
Ni siquiera me volteé; ni tan siquiera contesté. Me eché en la cama en el borde; para no rozarnos ni lo más mínimo.
- Prefieres que no me acueste en la cama? – me preguntó ahora con la voz seria y algo dura.
- No, échate aquí. – le contesté, pero sin mirarlo. – Hay sitio más que de sobra para los dos.
No podía… No era capaz de mirarlo a los ojos. Me imaginaba su cara, su mirada. Trastocada, confusa, seria y decepcionada; sin entender mí cambio de actitud, el cual casi no entendía ni yo misma.
Lo quería, y de eso estaba más que segura… A qué venían ahora esas excusas de que era lo mejor? Iba entrarme ahora miedo? Desde cuando me preocupaba a mí lo que pensaran los demás? La opinión de Carlisle tenía un valor especial para mí, por supuesto… Pero tanto como para delimitar mi vida amorosa? Ni pensarlo! Pero entonces? Qué me ocurría?
- Bella… - me llamó Edward al cabo de unos minutos.
- Sí Edward? – contesté intentando sonar normal.
- Te arrepientes de lo que "casi" ha ocurrido? – me preguntó con seguridad y contundencia; pero su voz tenía un trasfondo de cierta angustia.
- No… pero creo que ha sido mejor que no llegara a ocurrir nada más. – contesté contundente.
No volvimos a decirnos nada más. Yo tarde en dormirme, y sabía que para entonces, él seguía despierto.
Al día siguiente, cuando me desperté, Edward no estaba en la habitación, pero había una nota en mi mesita:
Bella,
Llama al servicio de habitaciones, están avisados para que te suban el desayuno. Yo he dio a hacer unas gestiones, estaré ahí a la mayor brevedad y nos pondremos rumo a Forks.
Edward.
Su nota era fría… Más bien helada. Pero qué podía esperar después de mi comportamiento de la noche pasada?
Me metí en la ducha para que el agua caliente y los chorritos del hidromasaje me ayudaran a desentumecerme y a relajarme un poco. Estaba mal por mi comportamiento con Edward. Él no había hecho nada que yo no quisiera y le diera muestras más que de sobra de que lo hiciera. Yo misma lo estaba deseando, pero no sabía por qué, después de vomitar, me entraron esas dudas, esos pensamientos contradictorios.
Realmente tenía que mirarme, porque esos cambios radicales de humor no eran normales.
Tal y como me había dicho Edward, pedí el desayuno, el cual ya estaba encargado, aprovechando para vestirme mientras lo subían.
Justo cuando acababa de desayunar, Edward entró en la habitación.
- Buenos días – dijo en tono neutral; normal. Aunque una ligera sequedad en su voz lo delataba.
- Buenos días, Edward – le contesté. Mi tono era visiblemente vergonzoso.
- Estás mejor? Por lo menos tú cara está sonrosada como siempre – me contestó un poco menos tenso.
- Si, me encuentro mucho mejor. El desayuno me está sentando de fábula. – Intenté darle a mi voz un poco de entusiasmo, dándole entender que la Bella "Bruja del Oeste" había desaparecido y que volvía a ser yo.
- Me alegro – me contestó casi sin mirarme. – He contratado un conductor para que lleve el coche hasta Forks –eso me dejó trastocada – No creo que estés en condiciones para conducir hasta casa – sentenció con su antiguo tono de voz borde.
No supe que contestar, aunque eso era más que raro en mí. Pero aunque imaginaba que Edward estaría molesto por mi actitud de ayer, no llegue a suponer que estaría tan enfadado… y mucho menos que volviera a ser el borde arrogante que había sido cuando nos conocimos.
Aunque… Qué esperaba?
PV EDWARD
Estaba completamente desconcertado… A parte de preocupado, aún más, por el comportamiento de Bella. Que tenía algo, era más que obvio, porque aunque había bebido varios licores, no era como para vomitar de esa forma y darle semejante mareo… pero su reacción al salir del baño… Todo el ardor que hacía tan solo unos minutos la envolvía dándole ese aura de sensualidad y erotismo, se había esfumado dando paso a una Bella fría y hasta calculadora. Podría decir que estaba más fría que yo mismo.
Pero lo más extraño era que aunque había salido del baño mostrando esa frialdad, dando a entender que hasta cierto punto se arrepentía de nuestro "encuentro", sabía que no era así. Que no se arrepentía, y que en el fondo hubiera deseado tanto como yo acabar lo que habíamos empezado. Porque estaba prácticamente seguro de que sentía por mí algo más allá de lo puramente sexual, aunque no fuera tan fuerte como lo que yo sentía por ella, pero me quería.
Esa forma de entregarse, de acariciar, sus miradas… eso no era solo sexo. Pero aunque mi conocimiento del ser humano, con sus reacciones, sus formas, sus gestos…me hacían estar seguro de que ella me quería, un sentimiento de dolor se albergó donde antes moraba mi corazón. Era dolor de amor; una especie de punzada que te atraviesa. Era muy tenue, pero podía sentir la sensación.
Bella, tan solo en unos días, me había hecho revivir sentimientos y sensaciones humanas olvidadas durante décadas.
Ahora no sabía cómo debería tratarla. Cómo reaccionaría ella mañana? Como si no hubiera pasado nada, o intentando fingir que no había sucedido? Debería volver a ser el borde que me acusaba en tiempo de ser, o comportarme como estos días en Seattle?
No tenía ni idea. Era la primera vez desde mi conversión a vampiro que no sabía qué hacer o cómo hacerlo. Estaba perdido… Y todo se lo debía a ella. La única mujer que había conseguido nublar mis sentidos de vampiro.
Esperé a que se durmiera y me fui. No podía estar cerca de ella en ese momento. Tenía miedo de cometer un mal movimiento, no que la fuera a morder ni mucho menos… pero si a que me diera un arrebato de tanto pensar y darle vueltas, la despertara y sin darle tiempo ni opción a nada más, poseerla… y el problema principal de esa idea es que sabía más que de sobra que ella no me iba a rechazar.
Le dejé una nota y me fui a volar por el bosque. Cacé para calmar mi "hambre", o por lo menos una de ellas, e intentar tranquilizarme.
Cuando fue una hora razonable, me presenté en el concesionario para hablar con el responsable y contratar a alguien para que llevara el coche de Bella hasta Forks. Ya que tal y como estaba no iba a permitirle conducir una distancia así; no quería correr el más mínimo riesgo de que pudiera pasarle algo.
Al llegar al hotel ella estaba desayunando y estaba preciosa. Había recuperado su sonroje habitual, pero su mirada estaba cargada de culpa y vergüenza.
Intento mostrarse natural e incluso darle un tono a su voz de cierto entusiasmo, pero con mi agudo sentido auditivo, noté perfectamente que estaba forzándolo.
– He contratado un conductor para que lleve el coche hasta Forks –su cara cambió, abriendo los ojos como platos; no esperaba tal cosa ni por asomo – No creo que estés en condiciones para conducir hasta casa – Sentencie tajante. Ella ni gurguto.
Acabamos de recoger nuestras cosas y nos pusimos camino hacía Forks. Durante algo más de una hora, ninguno de los dos abrió la boca. Lo único que se sentía era su respiración algo agitada y la música de fondo de la radio.
- El coche llegará a tú casa algo más de media hora después que nosotros. Ya lo he calculado así para que nos diera margen; por si te volvieras a sentir indispuesta y hubiera que parar más de lo normal. – le dije de forma normal; algo seca, pero sin demasiada entonación.
- Ajá… - fue lo único que se limitó a responder, casi sin voltear la cabeza, la cual llevaba girada de forma permanente hacía la ventanilla.
Paramos a comer algo y quitando un par de frases obligadas, no nos dirigimos la palabra para nada.
Volvimos a reanudar el viaje en completo silencio, hasta que poco después de iniciar camino, Bella acabó por dormirse.
Eso relajo el ambiente que se respiraba en el coche, porque la tensión y el nerviosismo podían palparse con la mano.
Poco antes de entrar en Forks, Bella despertó, desperezándose como un gatito.
- Umm… - musito perezosa – Ya estamos casi entrando en Forks… Buf, me he pasado la mitad del viaje durmiendo… - afirmo con la voz pesada de la dormidera.
- En unos minutos alcanzaremos tu casa… Por qué supongo que quieras ir directamente allí, no? – pregunté con duda.
- Sí, la verdad es que creo que es mejor que pare en mi casa, sino Carlisle y Alise no me dejaran marchar… - dudo; no sabía cómo seguir sin ofenderme – y bueno… la verdad es que… - dudaba – me apetece llegar a casa y ponerme cómoda… y… - una bombillita sonó dentro de su cabeza – Además! El coche llegará en un rato, así que debo estar para recibirlo. – Concluyó con una ligera sonrisa.
Había encontrado la excusa perfecta.
- Por supuesto – respondí tranquilamente – yo les diré, tranquila. Ellos te llamarán para preocuparse por ti y sobre todo mi hermana para atronarte a preguntas de cómo lo has pasado, cómo te he tratado… - ahí, una sonrisita se escapó de mis labios, ella bajó la cara sonrojándose al instante.
- No les voy a contar nada de lo ocurrido – dijo con la cara aún baja. – les diré todo, menos "eso". -Puntillo.
Y yo en ese momento me sumí por un segundo en mis cavilaciones, dándome cuenta de que Alice había visto lo ocurrido; pero sabía que mi duendecilla no habría revelado nada. Eso sí, estaría esperándome para acribillarme a preguntas y ya habría hecho un croquis del por qué, de la reacción de Bella.
- Yo tampoco voy a contar nada. – La tranquilicé – Porque realmente… "nada" ha ocurrido – recalqué con algo más de malicia de la que realmente quería emplear.
Bella asintió volviendo a sonrojarse, sumiéndose en un sentimiento de vergüenza.
Al poco llegamos a su casa y la ayudé a bajar su nuevo bolso de viaje, el cual le había comprado en las tiendas del hotel para que guardara la ropa que le había regalado.
Una vez en su casa, no sabía cómo marcharme. Si de manera fría y distante, despidiéndome normal, con un beso en la mejilla… Volvía a crear dudas en mí.
- Bueno… yo me voy ya. Te dejo para que desempaquetes esto y te pongas cómoda – me rasqué la cabeza; seguía sin saber que hacer – Si necesitas cualquier cosa… ya sabes, llama. – iba a girarme para irme, ya que ella estaba dándome media espalda y parecía no ir a abandonar esa posición.
Cuando tenía el pomo de la puerta en la mano, ella me llamó haciéndome girar.
- Edward…Ahora volverás a tratarme como antes? De esa manera fría y distante? – preguntó casi en un susurro.
- Bella… nunca podré volver a tratarte y mirarte como antes… por mucho que me moleste reconocerlo, todo ha cambiado entre nosotros.
Sentí como un suspiro salía de sus labios. No solo como alivio, que también, sino de cierto asombro. Su corazón comenzó a martillear frenético en su pecho y su respiración se agitó. Más indicios de que sí que sentía algo real y profundo por mí.
- Me alegro de que así sea… - volvió a susurrar. – Espero que nos veamos pronto…
- Así será, hasta luego Bella – mi despido llevaba más de cierto de lo que ella misma suponía.
Si pensaba que iba a dejarla pasar las noches sola en esa casa, estaba muy equivocada. Velaría sus sueños todas las noches de la eternidad. En las sombras, claro… hasta que me diera el permiso anhelado para pasarlas junto a ella.
Bueno mis niñas... Vaya capitulazo, eh?
Hace calor? ;) jajaja!
Si... Sé que merezco que me matéis, pero... las cosas son así... Bella está malita, y después de beber, ya se sabe lo que pasa... jajajaja!
En unos días la continuación...
Un besazoooooooooo!
