CAPITULO 26. ¡NO PUEDE SER!


Otro día más… y ya iban cuatro sin noticias de Edward.

No sabía si su mutismo era debido a que estaba tan enfadado conmigo que no quería ni verme, cosa que en sí dudaba, ya que cuando nos despedimos los dos estábamos fríos el uno con el otro, pero no me pareció que estuviera enfadado… Molesto, sí; de eso sí que estaba segura.

Y la otra opción era que estuviera dándome tiempo a serenarme; a aclararme las ideas. Pero… cuatro días sin dar noticias? Bueno, a lo mejor él tenía las mismas dudas que yo.

Pero fuera cual fuere la causa, a mí me dolía. Mucho. Esta era la razón por la que no quería que la cosa fuera demasiado lejos… No quería llegar a enamorarme de él de esta forma porque sabía que al final sufriría, tal y como lo estaba haciendo ya.

Maldito amor… Pero a su vez tan hermoso.

Mientras hacía estas cavilaciones, me iba lavando la cara y arreglándome el pelo un poco. No pensaba tener invitados para desayunar, pero era una costumbre matutina.

Baje a la cocina y me preparé el desayuno con calma. Hoy me había levantado bastante bien, aunque no estaba normal del todo.

Después de estos días me apetecía ver a Carlisle y a toda la familia, y no queriendo engañarme a mí misma, quería verlo sobre todo a él. A Edward. Si, era un comportamiento masoquista…

Ya que hacía días que no me dejaba ver, llamaría a Carlisle para pasarme por su casa más tarde a sabiendas que me invitaría a cenar… y seguramente a pasar la noche.

Con la excusa de verlo le pediría que me diera cita en el hospital para hacerme un chequeo y descartar que tuviera algo físico… Aunque si fuera algo psíquico esperaba que hubiera más que un psicólogo, ya que no me gustaría contarle mis penas a Jasper.

Entre estas, el móvil sonó: Un sms. De Alice.

Bella, no sigas escondiéndote ni poniendo excusas… Edward está de un humor de perros, peor aún que el habitual! Necesitáis hablar. Besos.

Vale, genial!

Mi suposición del otro día de que no se había tragado ninguna de mis palabras negando un sentimiento más profundo por su hermano, estaban confirmadas.

Alice sabía que sentía algo por Edward… Ahora la pregunta era, hasta donde sabía ella?

Entre todas esas cavilaciones, alcé la vista y me encontré con un almanaque. Inconscientemente mi cerebro se puso a contar los días y… Ta channn! Un retraso de siete días.

En sí no era nada, pero teniendo en cuenta que mi regla era puntual como un reloj de precisión suizo…

El pulso empezó a golpearme la sien con violencia y mi corazón brincaba descontrolado bajo mi pecho, amenazando con salir disparado. Las manos me temblaban sin control alguno y un sudor frio me recorría la espalda mientras recopilaba los síntomas:

Mareos, náuseas, vómitos, sueño, hambre, cambios de humor, hinchazón en el vientre… Los tenía todos!

- No, nooo, nooooo…. Dios mío, no puede ser! – me lamenté casi gritando.

Subí a mi habitación, me vestí y a una velocidad supersónica, salí zumbando rumbo a Port Ángeles.

En Forks solo había una farmacia y la dueña me conocía más que de sobra; sabía que si iba allí a comprar un test de embarazo, en unas horas lo sabría medio pueblo… Y cuánto tardaría en llegar la noticia a oídos de Carlisle o… sobre todo, a la gente de la Push?

Cuanto tardaría Jake en enterarse de mi "nueva adquisición"?

Porque por supuestísimo, era de él. Sin lugar a dudas. A parte del hecho de que llevaba más de cuatro meses sin hacerlo con otro hombre que no fuera él… y que siempre, siempre usaba protección… Menos con él, claro!

Aunque iba a una velocidad que sobrepasaba en gran manera los límites permitidos, el viaje hasta allí se me hizo eterno.

En un momento de desconexión, pensé que hubiera preferido cualquier otra causa para probar la potencia del coche. Me reí de forma irónica para mis adentros por ese pensamiento.

Después de dar mil vueltas y de preguntar a no sé cuántas personas, ya que no era capaz de centrarme y orientarme, por fin llegué a una farmacia. Escogí una alejada… Una donde no volviera a entrar.

Era una farmacia de autoservicio, así que cogí dos. Uno para hoy y otro para mañana; para asegurarme del resultado.

- Vaya, quieres estar segura, eh? – me dijo la farmacéutica sonriente.

- Si… bueno… Así no queda ninguna duda – le dije forzando una sonrisa, la cual se quedó en una mueca macabra.

La farmacéutica se me quedó mirando preocupada. Se veía a un kilómetro que no estaba ilusionada con el resultado, sino totalmente aterrada.

A mi lado había una chica unos años mayor que yo, que me miraba con pena, con circunstancia.

Pague los test y salí de la farmacia.

Cuando no llevaba más de dos pasos andados, la chica que estaba junto a mí en la cola de la farmacia me paró.

- Perdona, no quiero inmiscuirme, pero hay soluciones si el resultado es positivo – me miró alzando las cejas; misteriosa. Yo fruncí el ceño sin entender. – Aborto – susurro. Abrí los ojos sorprendida. – Hay unas pastillas… A partir de la cuarta semana de gestación dicen que no son demasiado seguras, pero mi hermana las ha tomado de cinco semanas y no ha pasado nada. Simplemente que sangró algo más de lo normal, pero se deshizo del entuerto. – me relató.

Aborto. Como no había caído en eso?

- Solo que necesitas receta. Si consigues que un médico te la firme… listo! En unas horas el problema está arreglado y aquí no ha pasado nada. – me dijo con cara aliviada.

- Vale… como se toman? – le pregunté.

La chica me explicó la dosis, según las semanas. No era difícil. Unas pocas pastillas, unos dolores algo más fuertes que una regla, una ligera hemorragia… y problema solucionado.

Perfecto! Nadie se enteraría jamás de esto.

La chica insistía en que el problema era conseguir la receta… pero eso para mí era lo más fácil. Yo tenía a Carlisle.

Estuve a punto de hacerme el test en el aseo de cualquier bar, pero al final cambié de opinión y preferí realizar el dichoso test en la intimidad de mi baño; en mi casa… Porque aunque en el fondo sabía el resultado, aún albergada una pequeña ilusión de que fuera negativo… Pero por si acaso, y no sabiendo cómo reaccionaría, prefería estar tranquila y sola.

El viaje de vuelta no se hizo tan eterno como el de ida, ya que veía una solución ante el gravísimo problema que se me venía encima.

Porque si el resultado era positivo, y por lo que fuera, decidía tenerlo no le iba a decir a Jake que era de él. No podía hacerle eso. Vale que él se arriesgó tanto como yo no usando protección de ningún tipo, pero él tenía una vida con Nessy por delante… Cómo explicaría esto? Cómo quedaría yo?

Pero ahora el problema tenía otro tipo de solución… Siendo enfermera, como no se me había ocurrido a mí?

Bueno… con lo embotada que estaba, era lógico, no era capaz de pensar y razonar con claridad.

Llegué a casa y subí como alma que lleva el diablo hasta mi nuevo baño y me hice el test.

Era mejor hacerlo con la primera orina, pero lo dicho, no iba a esperar hasta el día siguiente. Para eso había comprado otro… para asegurarme el resultado.

Lo dejé en la meseta del lavabo y le di la espalda. No era capaz de mirarlo. El pulso me atronaba sin control por todo el organismo. Estaba fuera de mí por los nervios.

El móvil sonó dentro de mi bolso, el cual había tirado en el suelo del baño. Al mirar el identificador de llamada, sorpresa! Era Carlisle.

Respiré un par de veces para intentar serenar el tono de mi voz.

- Hola… - saludé al descolgar.

- Hola Bella… Qué tal hija? – me preguntó con su voz siempre cariñosa.

- Bien… y tú… vosotros? – corregí mi pregunta.

- Bella… estás bien? Te noto la voz sofocada – me preguntó preocupado. Toda esa familia poseía un sentido auditivo excepcional… bueno, realmente poseían sentidos extremadamente desarrollados.

- Si, es que he venido a las carreras a por el móvil, lo tenía en la habitación y estaba abajo, en el salón… - me inventé sobre la marcha.

- Ahh… - no parecía muy convencido.

- Bueno… dime, qué tal todo? – intenté cambiar rápido de tema para distraerlo.

- Bien, bien… te llamaba para invitarte a cenar a casa está noche. Hace mucho que no pasas por aquí y los chicos tienen ganas de verte, al igual que Esme y yo mismo, por supuesto. – respondió más normal.

- Claro! Estaré encantada de ir… hace mucho que no te veo, y a los demás, claro. Tengo ganas de pasar un rato todos juntos. – Respondí contenta – Desde que volví de Seattle he estado liada y no he tenido tiempo ni de pasarme un rato… - le relataba sincera.

- Pues sí, llevas cuatro días desaparecida. – Me contestó fingiendo molestia – No quiero ser agobiante ni mucho menos, pero no me gusta que estés ahí tan sola, teniéndonos a nosotros aquí, deseosos de tu compañía. – Me decía de forma melosa.

Concretamos y nos despedimos hasta dentro de unas horas. Realmente tenía ganas de verlo; lo echaba en falta… y al resto de la familia también… Sobre todo a uno de sus miembros en particular…

Masoquista! Pensé mordaz.

Coloqué el teléfono en la meseta, cogí aire un par de veces de forma profunda y cogí el "cacharrito". La hora había llegado. Habían pasado tres minutos, por lo que el resultado estaba listo.

Dos rayitas rosas… Positivo.

Lo que ya sabía, me había sido confirmado. Estaba embarazada… De Jake. De mi ex novio, el cual estaba a punto de casarse con otra, y yo enamorada de otro. Perfecto!

¿Qué más podía salir mal en el transcurso de poco más de un mes?

No pude evitarlo y me eché a llorar. Me harté a llorar de forma desconsolada. De mis ojos brotaban lágrimas descontroladas y suspiros infantiles salían de mi pecho con todo el sentimiento.

El mundo se me estaba viniendo encima… Hasta que recordé la "idea" que me había dado aquella chica a la salida de la farmacia. Pastillas abortivas.

Salí disparada hacía mi habitación y me puse a revolver en mi maletín de enfermera. Allí estaban: Recetas.

Cogí una e ideé un plan para que Carlisle me la firmara en blanco. Luego ya me encargaría yo de rellenarla.

Sentía engañarlo de esa forma, pero era mi única salida. No podía tener ese bebé.

En un par de meses empezaría a notárseme y comenzarían los rumores. Y cuando Jake se enterará, echaría sus cálculos, llegando rápidamente a la conclusión de que podría ser de él…

¿Cómo lo encararía yo entonces? No podría mentirle en algo así… Aunque sería fácil liarlo, de mis entrañas no podría salir una mentira tan atroz.

Que mi barriga fuera creciendo y encontrarme con él, habiéndole dicho que el bebé no era suyo.

Y cuando el bebé naciera…? Cuando llegara el día en que me preguntara por su padre? Tendría que mentirle también, cruzándonos con él por el pueblo, o subiéndolo a la reserva, que se relacionara con su padre, con su abuelo, sus tías… pero todo sería un enorme y asqueroso bulo.

No… Definitivamente y por mucho que me doliera en el alma, ese niño no podía nacer.

Me tomé una pastillita suave para relajarme y conseguir dormir un poco.

Tenía una cara horrible y Carlisle notaría que algo me pasaba, por lo que decidí intentar tranquilizarme un poco y descansar unas horas.

Después de muchas vueltas en la cama, conseguí conciliar el sueño. Dormí unas dos horas, que me vinieron de fábula.

Cuando me desperté, era la hora justa de comenzar a prepararme para la cena.

Aunque no tenía mucha gracia, la idea de volver a ver a Edward me subió un poco el ánimo; lo justo de motivación para ponerme bonita; para él.

Pero por mucha ilusión que me hiciera encontrarnos, hoy no estaba en mi mejor momento. Era más la preocupación que mi anhelo de verlo.

Merendé algo, lo cual acabé vomitando, imagino que por una mezcla de circunstancias, supongo. Entre nervios y mi "nuevo estado"; me duché, me lavé el pelo y me lo arreglé marcando mis tirabuzones. Me maquillé suave, pero que se notara, y me puse un conjunto de ropa coqueto.

Estrené un vestido que me había comprado la tarde anterior en Port Ángeles. Azul, pensando en Edward, cómo no!Junto con unos leggins azul oscuro y unas botas planas marrones con un detalle de una hebilla a un lateral. Por encima un poncho azul y marrón de lana.

Estaba guapa… modosita, pero sensual. Justamente lo que quería conseguir. Sabía que ese tipo de look le gustaba a Edward, y eso era lo que quería; deslumbrarlo. Que toda su atención estuviera puesta en mí durante mi estancia en su casa.

Había quedado con Carlisle a las 8 y 30. Eran las 8 en punto; la hora justa para salir.

Cogí mi bolso, que hacía juego en color con las botas nuevas, lo revisé y salí rumbo a la casa Cullen, como la había bautizado para mis adentros.

A las 8 y 20 estaba aparcando en el patio.

No había hecho más que apagar el motor, cuando una Alice sonriente salió a recibirme justo a la vera de mi ventanilla haciéndome dar un brinco en el asiento por la sorpresa.

- Joder Alice… me has dado un susto de muerte… - le dije sujetándome el pecho con la mano.

- Hola Bella… Estábamos esperándote… "Todos" – recalcó alzando las cejas y sonriendo pícara.

- Me alegro – le respondí devolviéndole una sonrisa cómplice.

- Guauuu… Estás guapísima! – me alabó cuando me bajé del coche. Le di las gracias y de paso un beso cariñoso en la mejilla. Esta chica era genial. La hermana que cualquier chica desearía tener.

Debía de reconocer que estaba nerviosa. Tenía a la vez, tantas ganas de ver a Edward como miedo por el mismo motivo. No sabía cuál sería su reacción al verme después de no haber hablado desde que regresamos de Seattle. Esa idea me atronaba la cabeza al igual que mi pulso descontrolado.

Alice casi tuvo que llevarme a rastras por el patio.

- Qué pasa Bella? No quieres entrar? – me preguntó pícara. – O es que tienes algún motivo para no querer hacerlo? – alzó una ceja sonriendo traviesa.

- Que va a pasar? Vaya tonterías que dices Alice… - le dije con desdén.

- Pues entonces camina, que parece que te esté arrastrando hacía casa. – Dicho lo cual me puse a caminar con salero. Dándole a entender que no tenía ni nervios ni miedo por entrar.

Nada más cruzar la puerta de casa, Carlisle salió a recibirme con una gran sonrisa y sus brazos abiertos esperando por mi abrazo, el cual no se hizo esperar. Nos abrazamos como si hiciera un siglo que no nos hubiéramos visto.

- Mi pequeña… No vuelvas a tardar tanto en venir a vernos, eh? Te he echado de menos – me susurro afectuosamente al oído.

- No, no lo volveré a hacer… Yo también te he echado de menos – le respondí apoyando mi cabeza sobre su hombro. Me reconfortaba y me daba seguridad estar entre sus brazos, acurrucada como un gatito.

- No monopolices a Bella querido – la dulce voz de Esme se sentía a mis espaldas, por lo que me giré y nos fundimos en un abrazo igual que Carlisle. – Estás preciosa hija – me aduló Esme ante el asentimiento de Carlisle.

Esme tenía unos brazos amorosos y maternales. Con ella me sentía querida y protegida, pero de una forma más sentimental; como con una madre. Una de verdad, genuina.

El resto de la familia fue haciendo acto de presencia y saludándome de forma efusiva.

- Vaya enana… has debido dejar la casa como los chorros del oro, porque después de cuatro días dándole que te pego, jaja! – las bromas de Emmet no se hicieron esperar.

- Hola Bella, - me saludó Jasper sonriente – Me alegro de verte – me dijo muy formal pero a la vez afectivo.

Y por último, y como queriendo hacer una entrada triunfal… Edward. Parecía que él se hubiera propuesto con su indumentaria lo mismo que yo. "Que no le quitara ojo en toda la velada". Estaba deslumbrante, atractivo, deseable… más aún de lo normal en él.

Vestía unos jeans azul oscuro, con un polo azul oscuro también, con los cuellos, los bajos y los bordes de la manga en blanco, haciendo juego con un escudo a la altura del corazón.

Estaba peinado como siempre, despeinado; pero con esmero. Y su fragancia, se arremolinó en mi sentido del olfato aún sin haberse acercado.

Mi cerebro hizo saltar la alarma del recuerdo en mi organismo. El recuerdo de haberlo tenido solo para mí, dispuesto a hacerme el amor, semi desnudo, tocando todo mi cuerpo…

Para, para… tranquila, que acabas de llegar. Si sigo así acabaré combustionando. Pensé sacudiéndome la cabeza mentalmente.

- Hola Bella… - me saludó acercándose de forma seductora. O eso me pareció a mí.

- Hola Edward – le respondí con una sonrisa inocente, mirándolo de soslayo.

Dio un par de pasos más y los otros dos que nos separaban los acorté yo. Quedamos pegados uno enfrente del otro y nos dimos sendos besos en las mejillas.

Todo normal. Sin tener en cuenta que me temblaban las rodillas y que sentía un calor abrasador en todo mi cuerpo.

Me separé de él ese par de pasos, apartando la vista, enfocando la mirada hacía otro sitio. Cosa que fue fácil ya que los chicos comenzaron a hablar, iniciando así una conversación grupal; pero sentía su mirada fija en mí. Intentando ser lo más discreta posible, lo miraba de reojo y efectivamente él no me quitaba la vista de encima; a parte del hecho de que tampoco se cortaba en quitarla cuando yo miraba.

Después de unos minutos de cháchara, Esme nos invitó al salón, ya que seguíamos de pie en la entrada, donde continuamos con el parloteo.

Edward y yo nos sentamos en distintos sofás, pero no nos quitábamos los ojos de encima mutuamente. Llegando incluso a mantenernos la mirada el uno en el otro durante unos segundos, hasta que yo apartaba la vista.

Al cabo de un rato, Esme llamó para la cena. Fuimos pasando y nos colocamos como siempre, cada uno en su sitio… y yo, enfrente de Edward, por supuesto.

La cena pasó tranquila, llena de momentos simpáticos, anécdotas y parloteo. Todos estaban más que contentos de tenerme allí con ellos; era algo que se palpaba en el ambiente, haciéndome sentir querida y aceptada.

Con Edward… no cruzamos más que unas palabras, más bien de cortesía. Yo no sabía qué decirle y a él parecía pasarle un tanto de lo mismo.

Una vez hecha la sobremesa, cogí a Carlisle en un aparte.

- Podemos hablar en privado? – le pedí. Él accedió encantado, aunque algo extrañado.

Subimos a su despacho, los dos solos, mientras el resto de la familia volvía al salón.

Una vez dentro nos sentamos en unos sillones de cuero, uno al lado del otro.

- Dime, Bella… Te preocupa algo? – entró directamente.

- No, no es que me preocupe nada, pero necesitaría que me firmaras esta receta. – Lo miré de forma totalmente normal, sin titubeos – Es para unas vitaminas… bueno, son medicamentosas, por lo que necesito receta. Vitaminas "X", ya las conoces. – él asintió.

Antes, en mi casa, estuve estudiando el plan a seguir. Sabía que si yo me comportaba normal con él, Carlisle no sospecharía nada y me firmaría la receta sin más, incluso sin apenas preguntas; pero necesitaba decirle algo, por supuesto.

Me acordé de unas vitaminas que se dan como complemento para determinadas enfermedades, bajadas de peso muy radicales, cuadros de stress importantes, incluso para embarazos complicados.

- Pero… para qué necesitas esas vitaminas? – preguntó extrañado. – Son fuertes… Te has hecho algún chequeo sin decírmelo? – su cara se contrajo de preocupación.

- No, no… pero es que me encuentro muy baja, ha sido mucho stress, muchos nervios… He estado buscando por internet y las recomiendan para casos como el mío. Además, antes de pasar lo de papá, he estado muy liada con las prácticas, y tengo el cuerpo reventado, incluso tengo la regla algo revolucionada… Solo te lo pedía a ti por la confianza que tenemos… Pero si no quieres, da igual… - le puse carita.

- No, claro que no me importa firmarte esa receta, por favor! Solo que me gustaría que te hicieras una revisión. Sabes que no llevara mucho y lo haríamos bajo la más absoluta intimidad – me insistía.

- Está bien, te llamaré y haremos ese control, pero antes querría probar a tomar algo de vitaminas, para echarle un cable a mi organismo – le volví a poner carita.

- Por supuesto, eres una mujer responsable y madura… - eso fue un golpe duro; tuve que tragar saliva en seco para no romper mi fachada. – Trae esa receta – me pidió sonriendo confiado.

Me firmó la receta, e incluso le puso el cuño de su nº de colegiado. Me la devolvió sin problemas y una vez comprobado que no tenía nada más que decir, bajamos al salón charlando trivialidades.

Aunque estaba contenta por haber conseguido mi objetivo, en el fondo de mi corazón me sentía mal; había engañado miserablemente a Carlisle; él, que había superado las barreras de su familia para integrarme en ella, que me había cuidado y protegido durante aquellos meses en Dartmouth, y ahora le mentía sin contemplaciones.

Por un momento pensé en rectificar y contarle lo sucedido; me comprendería y me ayudaría… pero… cómo quedaría mi imagen de "chica responsable" que él tenía de mí?

Descarté la idea de inmediato.

Una vez en el salón, Carlisle y yo nos unimos a la charla que mantenía el resto de la familia.

Por supuesto, Edward y yo seguíamos manteniendo las distancias, aunque nuestras miradas continuaban pululando de uno al otro.

- Mañana nos vamos a Washington, Bella – me comentó Emmet – Vamos Esme, Rose y yo, a una conferencia sobre reformas. – Eso me recordó algo.

- Hablando de reformas… - dije con tonito.

- Es verdad! No te habíamos preguntado si te había gustado lo que hicimos? – dijo entusiasmada Esme.

- Esme… me encantó lo que hicisteis, pero en serio… me parece excesivo – protesté; ella se limitó a mover las manos restándole importancia.

- Pues eso no fue nada en comparación con lo que queríamos haber hecho, solo que no nos diste tiempo… jajaja! – rió desenfadado Emmet.

- Esa otra… es increíble que lo hubierais hecho en tan solo ocho días! Es alucinante! – exclamé mostrando mi asomo.

A penas fue un instante, pero noté como si entre todos se hubieran dicho algo; como si se comunicaran de una manera que a mis sentidos humanos se les escapara…

¿Humanos? Cualquiera que me oyera… Ni que ellos no lo fueran.

Después de un buen rato de conversación y más risas, miré el reloj; era tardísimo… Era hora de marcharse.

- Bueno chicos… me voy a ir despidiendo, es tardísimo… - alcé los ojos exagerando el gesto. – Además, si mañana tenéis que madrugar… - me referí a Emmet, Rose y Esme. – Y los demás trabajaréis… O es que no dormís? Jajá! – Reí de mi propia broma.

Y otra vez esa sensación de que algo se me escapaba; de que ellos se entendían de una forma… Mística.

- Lo que pasa es que estamos acostumbrados a dormir poco. – Contestó Jasper – Siempre nos acostamos tarde.

- Ya… pero es más de la una de la madrugada… Buff! No sé cómo ha podido pasar el tiempo tan deprisa. – Me quejé.

- Eso es porque lo pasas bien con nosotros, hija – Medio preguntó/afirmó Esme.

- Eso por descontado, Esme – le respondí con una sonrisa.

- No me parece bien que te vayas sola a estas horas, Bella – dejó caer Carlisle; sabía bien por donde iba.

- Carlisle… - lo reprendí mirándolo de reojo.

- Si Bella, deberías quedarte a dormir – sentenció Alice ante el asentimiento de todos. Incluido Edward.

- A estas horas puede salirte un animal salvaje y hacerte tener un accidente – comentó él; yo lo miré con suspicacia – Sí, mismamente lobos.

- Lobos? – Pregunté yo alzando la voz – Por aquí no hay lobos – dije muy convencida.

- A no? – respondió Edward preguntando. – Pues yo te digo a ti que sí.

- He vivido aquí más de dos años y jamás me he encontrado con ningún lobo… - Él inclinó la cabeza dándome a entender que estaba equivocada – Además mi padre jamás comentó que por aquí los hubiera… -le dije meneando la cabeza muy segura.

- Bueno… Si tú dices que no… - dejó caer con tonito, como queriendo decirme que él sabía que los había; que estaba seguro de ello.

Su seguridad me hizo dudar. Pero no. Estaba demasiado nerviosa, y no iba a ser capaz de dormir en toda la noche, por lo que acabaría despertando a alguien. Y estaba el tema de Edward… Además, necesitaba estar sola… O no?

Después de mucho insistir y de Carlisle acabar poniéndome entre la espada y la pared, acabé por aceptar el ofrecimiento.

Subí a mi habitación escoltada por Alice.

- Aquí está tu habitación y tus cosas. No sé por qué te pones tan terca para quedarte? – preguntaba con fastidio.

- Alice… no quiero estar dando la gamba… - me cortó.

- Bella, eso es una bobada; ya ves qué contentos estamos todos teniéndote aquí en casa. Incluso a Rose, aunque no lo parezca, le gusta tenerte aquí. – Alzó una ceja poniéndose interesante – O es que hay algún otro motivo?

- No sé a qué motivo te refieres… - le dije dándole la espalda, mostrando indiferencia.

- Edward – respondió tajante.

Me acerqué a ella y le puse la mano en la boca, obligándola a callar.

- Shuuuu… - chisté aún con mi mano en su boca – Tu hermano tiene un oído finísimo – le relaté en susurros. – Me di cuenta cuando estábamos en Seattle. – Alice se limitó a sonreír.

- Tenéis que hablar, Bella. Aclarar vuestros sentimientos. – me dijo ahora de forma seria. Cuando iba a protestar, me cortó. – No me vengas diciendo que no hay nada, porque solo hace falta veros; como os esquiváis, pero no dejáis de miraros a hurtadillas… - me relataba contundente.

No supe qué contestar. Yo misma me había dado cuenta de que estábamos siendo muy obvios. Que cualquiera que se fijara un poco en nosotros se daría cuenta de que algo pasaba.

Noté como mi cara se desfiguraba en una mueca entre contrariedad y disgusto.

- Bueno, no te agobio más… descansa, mañana será otro día – se despidió Alice, dándome un besito cariñoso en la mejilla.

Parecía que hubiera captado mi estado de ánimo, no queriendo acosarme más con el tema de su hermano.

Era increíble la facilidad con que esta familia captaba los sentimientos y los estados anímicos de las personas… No le di mayor importancia.

Me preparé para acostarme… Sí, mañana sería otro día; uno en el que mis problemas se solucionarían de golpe.

Hola nenas...

Vaya, vaya... lo que escondía Bella.

EMBARAZADAAAAAAAAAAAAA! Pero parece que hay una solución a sus problemas...

Veremos a ver como se las apaña.

Nos leemosssssss... BESITOSSSSSSS!