CAPITULO 27. AYÚDAME
Apenas fui capaz a conciliar el sueño en toda la noche. Di vueltas y vueltas por la cama igual que una noria. Hasta que a las cuatro de la madrugada decidí levantarme a tomar un vaso de leche a ver si con eso conseguía relajarme un poco.
Salí de la habitación con todo el cuidado del que fui capaz. No quería despertar a nadie… y menos aún toparme por la casa con alguno de sus miembros y tener que dar explicaciones de porque estaba despierta, cuando todos sabían que era un lirón durmiendo.
Bajé a hurtadillas, cual ladrón, hasta la cocina. Cogí un poco de leche de la nevera y así, fresquita, me tomé un vaso del tirón.
Abrí el armario donde Esme me había dicho que estaban las galletas y cogí unas pocas.
Cuando estaba de lo más tranquila saboreando las galletitas de chocolate, la puerta de la cocina se abrió con cuidado.
De allí apareció a quien menos quería ver, pero al que más me apetecía tener cerca. Edward.
- Hola… buenos… días? – saludó sonriendo entre susurros.
- Creo que buenas noches, jaja – Reí bajito. – Son las cuatro, y todavía es de noche, así que… - Sonreí simpática. Aunque por dentro los nervios me comían.
- Te quedaste con hambre en la cena? – preguntó – La verdad es que me pareció que habías cenado poco – relató tranquilamente mientras se sentaba enfrente de mí en la barra – Puedo? – preguntó antes de acabar su acción.
- Claro, por favor… Te apetece una galleta? – le ofrecí.
Él la aceptó, y le dio un mordisquito. Con el resto de la galleta se dedicó a juguetear, pero sin acabar de decidirse a comérsela.
Guardamos silencio durante unos instantes, en los cuales solo se oían el triturar de mis dientes. Ese silencio estaba poniéndome más nerviosa aún.
Nos mirábamos a hurtadillas, viéndose claramente los nervios que pululaban entre ambos.
Entonces, decidí que ahora o nunca… Debíamos hablar y me pareció una oportunidad única. Estábamos solos en la cocina, sin interferencias de nadie. Cuándo volvería a dárseme una oportunidad así?
Y contando que los nervios por mi "asuntillo personal" me tenían el cerebro poseído… Me lance.
- Edward… yo… - pero no fui yo sola a la que le pareció una oportunidad idónea para hablar, ya que él habló a la misma vez que yo.
- Bella, creo que… - se interrumpió.
Ambos sonreímos ante la coincidencia; pero era una mueca forzada. Nerviosa.
- Bella – se decidió Edward, ya que yo me quedé muda. – No podemos seguir así, evitándonos y con esta tensión entre los dos. – Yo solo pude asentir – Y cómo vamos a arreglarlo? – me preguntó nervioso, creo, por mi respuesta.
- Pues no lo sé… La verdad es que por mucho que quiera, ese viaje cambio las cosas entre los dos… - Por un momento a Edward se le iluminó la cara – Me gusta que no halla hostilidad entre nosotros. Me gusta tu compañía… Te empezaba a considerar un amigo, y no quisiera volver sobre nuestros pasos.
A Edward le duró poco la iluminación facial, ya que pronto se dio cuenta de que yo me refería a ser amigos, nada más.
Pero… él quería que hubiera algo más? Algo más sentimental?
- Claro… realmente no llegó a pasar nada entre los dos – respondió con el tono endurecido y el rostro tenso – No hay problema, Bella. No tenemos por qué seguir tensos… Todo ha quedado hablado. – Se bajó de la silla y comenzó a darse la vuelta – Te dejo desayunar tranquila… Hasta la vista Bella – Su tono y su última mirada antes de girarse del todo e irse de la cocina, fue triste… muy triste. O eso me pareció a mí.
Aunque me había despertado con hambre y las pocas galletas que había comido no me habían saciado el apetito, de pronto desaparecieron. Ya no tenía hambre, lo que tenía ahora mismo, era un nudo enorme en el estómago.
Le había mentido… A la cara. Y lo peor, es que me había mentido a mí misma.
Por segundos comencé a arrepentirme de haberle dicho esa sarta de mentiras; ir detrás de él y confesarle que estaba loca por él. Ya que creía estar en la certera seguridad que lo que él quería transmitirme tanto con las palabras, como las acciones de su cuerpo, era exactamente eso, que él también sentía algo por mí.
Me bajé del taburete decidida a ir tras él. Pero un ruido en el piso de arriba me hizo pararme en seco… Aunque nuestras habitaciones estaban en el último, nadie tenía porque enterarse de nuestra conversación.
Sonreí por mi rapidez de reacción, y cuando estaba llegando a la puerta, una nausea horrible me llenó la boca de saliva.
Me llevé la mano a la boca para intentar calmar la sensación; respiré e inspiré profundamente varias veces y al cabo de unos segundos la revoltura se me había pasado, pero como de costumbre, me dejó el cuerpo machacado.
Este bebé era rarísimo. Era como si tuviera una fuerza extraordinaria y se alimentara de la mía para sobrevivir.
Paranoias de premamá… pensé con fastidio. Pero cuando me quise dar cuenta estaba sonriendo ante la veracidad de mis palabras, y sinceramente no me disgustaba como sonaba.
Era una premamá a punto de aniquilar a su bebé… Mi cara empezó a transformarse en una mueca de lagrimeo.
Era cruel deshacerme así de mi bebé, pero no tenía otra salida. Para poder tenerlo tendría que marcharme de Forks; en sí no era algo difícil, pero Carlisle no me dejaría marchar así, sin más. Y que iba a hacer? Desaparecer como una criminal?
Además no tenía trabajo, y el dinero de la herencia de mi padre tenía fondo; no duraría para siempre.
Otra salida era esa… Carlisle. Contarle que estaba embarazada. Sabía que me ayudaría. Simplemente tenía que cambiar un poco las versiones, y a Jake podría liarlo fácilmente con las fechas.
Pero, y si resultaba que el bebé era calcado a él?
Como escondería eso?
Destrozar su vida de un batacazo?
Por qué no sé hasta qué punto Nessy le perdonaría una infidelidad así. No era un simple polvo, sino que había consecuencias de por vida… Y no eran otras que un hijo en común.
No, no… tenía que sacarme esa
s ideas de la cabeza pero ya! Era muy joven, tendría tiempo a tener más hijos. Y con un padre que me amase a mi lado. Que yo fuera su elegida por encima de todo.
Me recosté en la cama y poco a poco fui entrando en el sopor del sueño. Aún era muy temprano y mi cuerpo me pedía descansar más. Bueno, no solo mi cuerpo, sino el pequeño garbancito que crecía en mí interior. Y con esa idea acabé durmiéndome.
Cuando volví a despertar eran las 9 de la mañana. Me levanté con fuerzas renovadas, por lo que me duché y me arreglé.
Oía ruidos en la cocina, así que todos estaban levantados ya.
- Buenos días, me saludaron Alice y Jasper al entrar.
- Buenos días chicos – les devolví.
- Que tal has dormido? – me preguntó Jasper – Edward nos ha contado que te encontró en la cocina a eso de las cuatro de la madrugada atracando las galletas, jaja! – rió divertido.
- Si, es que me desperté con un poco de gusa, y me acordé de las galletas de Esme. – le devolví el gesto sonriente. – Por cierto, donde está el resto de la familia?
- Edward se fue hace ya un par de horas al hospital, y el resto están en Washington, recuerdas que te comentaron del congreso ayer? Y yo me voy ya, que hoy tengo un día liadísimo, y encima por la tarde tengo que ir a Port Ángeles… - me contestó con gestos divertidos.
- Ahhh… sí! Se me había pasado por completo – dije llevándome la mano a la cabeza.
Desayuné por segunda vez en la grata compañía de Alice y Jasper hablando de trivialidades, riéndonos por las tonterías que íbamos soltando por turnos. Fue un rato de lo más agradable y divertido.
Cuando me di cuenta eran las 10 y debía ir a por las pastillas a Port Ángeles. No debía demorar más días el aborto. De cuanto más tiempo estuviera, más doloroso sería, aparte de que podría complicarse.
No podía perder más tiempo, ya que la primera dosis quería tomarla a las doce de la mañana, por lo que no podía esperar a que abrieran las farmacias en el turno de la tarde.
Me despedí de ellos y salí zumbando. Aunque tenía la solución a mí problema, debía reconocer que iba nerviosa. Expectante e intranquila.
Por supuesto cambié de farmacia. No me apetecía encontrarme con la misma farmacéutica y que fuera a ponerme algún problema, o soltarme una charla… bueno, lo que fuera. Opté por otra farmacia en la otra punta de la ciudad.
Entré nerviosa; me temblaba todo el cuerpo e incluso notaba la cara sudorosa.
Llegué al mostrador y le entré la receta intentando mostrarme lo más natural posible.
La chica, al leer la receta pestañeo varias veces seguidas y soltó un…
- Ohh… vaya… - dijo mirándome a hurtadillas.
Yo me mantuve en mi sitio, con la cabeza alzada, incluso con gesto algo soberbio. La dependienta se fue a la parte de atrás, y al cabo de un minuto vino con el paquete de pastillas en la mano.
Cuando me estaba cobrando me miró con pena y me habló.
- No quiero meterme donde no me llaman, pero… estás segura de esto? – preguntó con suavidad y susurrando. Aunque no había nadie en la farmacia.
- Si… No me queda más remedio, créeme. – Le dije mostrándome sincera y ligeramente apenada.
Se inclinó de hombros y me miró con consternación. Al final, por fin, me dio el paquete.
Ya eran mías. La solución estaba en mis manos.
Regresé de inmediato a casa. Eran las 11 pasadas y todavía tenía que llegar y por supuesto leer las indicaciones.
Al llegar, me puse a leer el prospecto con calma. Lo que la chica me había dicho estaba allí explicado. Solo que los efectos secundarios eran algo más complejos de lo que ella me había comentado.
Dolores de cabeza, vómitos, diarrea, uno o dos meses de desarreglos en la regla, manchados esporádicos… Pero el más preocupante era el de hemorragia.
Comentaba que era el menos frecuente, pero el más peligroso. Si estabas embarazada de más de cuatro semanas, el feto ya está más sujeto a la pared del útero y la placenta ya tiene un cierto tamaño, por lo que al arrastrar todo fuera, provocando un parto prematuro, algunos vasos sanguíneos se rompen.
Bueno… no será para tanto…Pensé para infundirme valor.
Además, estaba de cinco semanas, solo me pasaba en una.
Las doce llegaron enseguida. Elegí esa hora porque así acabaría todo a las doce de la noche. Me metería en la cama y pasaría los dolores que fueran necesarios; cuando amaneciera, todo habría acabado y lo recordaría como un mal sueño.
Me serví un poco de agua en un vaso y me tragué la primera pastilla. Sin pararme a pensar más, sin darme tiempo a replantearme más las cosas.
Si dudaba… si seguía dándole vueltas, acabaría por acceder a tenerlo… y no podía ser. De ninguna de las maneras.
Fue pasando el tiempo y no noté ninguna molestia extraña. Simplemente unas nauseas a los quince minutos de tomarla, pero nada que no se pudiera controlar con unos ejercicios de respiración.
A las cuatro me tomé la segunda y lo mismo… Nauseas, esta vez más fuertes, dándome incluso arcadas pero puede controlarlas. El estómago se me revolvió a la media hora, aproximadamente, pero lo mismo, controlable. Subí al baño y ya comencé a manchar un poco.
Los síntomas físicos, por ahora, eran aceptables pero no tanto los emocionales. Me sentí sucia, rastrera… como una asesina despiadada. Estaba matando a mi bebé… Pero entonces, entre ligeras lágrimas de culpa, volví a recapitular la situación y darme cuenta de que era un completo error tener este bebé.
A las ocho, la tercera. Ahí ya empezó a cambiar el asunto.
Al cabo de unos minutos comenzó a levantárseme un terrible dolor de cabeza, el bajo vientre me dolía muchísimo más que una regla; era como si tuviera metida una mano arrastrándome las entrañas hacía afuera y las arcadas eran casi incontrolables y bastante violentas, pero debía reprimir el vómito, ya que hasta pasada una hora no podía devolver, ya que tendría que volver a tomar otra pastilla.
Volví a subir al baño y lo que antes era una pequeña mancha de sangre, ahora era como una regla abundante.
El tiempo fue pasando y los síntomas fueron en aumento. Me sentía fatal… Llego un momento en que casi desee morir: La cabeza me iba a estallar, el vientre me dolía de una forma inhumana y las nauseas se habían convertido en vómitos descontrolados, dejándome exhausta. Tenía el cuerpo lleno de calambres y temblaba como una hoja. Me tomé la temperatura y tenía 38'9 ºC.
A las diez de la noche el dolor del vientre era agonizante. Me daban unos pinchazos y unos retorcijones inaguantables, y justo después de un calambre terrible el cual me hizo agacharme sobre mi misma, noté un líquido caliente recorrerme las piernas. Me miré y vi como el pantalón del pijama se teñía de rojo a una velocidad más que alarmante.
Subí al baño y me puse una toalla a modo de tapón, pero en cuestión de minutos la toalla también se empapó. Entonces comencé a asustarme… mucho.
Voy a desangrarme Pensé completamente aterrada.
Pero que iba a hacer… Carlisle estaba fuera.
Dios… por qué no esperaría a que estuviera aquí? Pensé con lágrimas recorriéndome las mejillas.
Tengo que pedir ayuda… YA!
Me di cuenta de que tenía el móvil en la cocina y bajé. Fui agarrándome bien a la barandilla ya que notaba que perdía las fuerzas por momentos.
Y cuando no me quedaban más que un par de escaleras, otro pinchazo fortísimo acompañado de un leve desvanecimiento me hizo perder el equilibrio y caer descontrolada escaleras abajo.
No sé cuanto tiempo estuve inconsciente tirada en el suelo, pero cuando volví en mí, estaba rodeada por un charco de sangre.
Intenté levantarme y no podía. No era capaz de sujetar mi cuerpo, así que, arrastrándome fui hasta la cocina y con un gran esfuerzo llegué a la mesa donde estaba mi móvil.
Casi no tenía fuerzas, notaba como la cabeza me daba vueltas y comenzaba a ver borroso, así haciendo un último gran esfuerzo toqué la agenda e intenté buscar el número que quería marcar.
Oí dos tonos y como en un sueño sentí su voz contestar.
- Sí? Bella? – contestó Edward.
Yo intentaba contestar, pero no era capaz de articular palabra. Solo unos débiles gemidos salían de mi garganta.
– Bellaaa? – me llamó con el tono preocupado. – Bella, estás bien? Contesta! – Me apremió nervioso.
- Ayú- dame… - conseguí decir en un susurro.
Y en ese momento, me desmayé.
HOLAAAAAAAAAAAA!
Parece que el plan de Bella no ha salido tan bien como había supuesto...
Ese bebé está peleando por sobrevivir de todas, todas... Claro, teniendo un padre licántropo y encima Alpha, no iba a ser menos.
AHÍ TENÉIS LA CONEXIÓN ENTRE JACOB Y BELLA... SU BEBÉ. Ellos, genéticamente, debían llegar a ser padres juntos. La naturaleza licántropa es inteligente y sabía que su mezcla genética era la idónea para seguir la prole de Alphas.
Pero ahora Bella ha perdido el bebé... Así qué... DESAPARECERÁ SU CONEXIÓN?
UN BESAZOOOOOOOOOOOOO!
