CAPITULO 28. ¿PILLADA O SALVADA?
De pronto me sentí zarandeada y como, con gran pesadez, fui volviendo en mi.
Cuando abrí los ojos, pensé que estaba soñando. Edward estaba delante de mí con la cara desencajada, llamándome y meneándome.
- Bella… Bella… Por Dios bendito! – Exclamaba sobre saltado – Pero que es lo que ha pasado aquí? – me preguntaba.
Yo, aunque ya había abierto los ojos, y me sentía ligeramente orientada, no era capaz de articular palabra. No tenía fuerzas ni para el más mínimo de los movimientos. Los guardaba todos para intentar seguir respirando, y permanecer viva; ya que era consciente, más que de sobra, que estaba al borde de la muerte, pero aun así, pude murmurarle algo.
- Edwa…rd… Me mue…ro – le dije entrecortadamente.
- Bella, cielo… - Esa voz? – Bella… Que ha pasado? Te han atacado? – Esa dulce voz era de Alice. Con gran esfuerzo conseguí hacer un leve movimiento con la cabeza negando.
Nadie me había atacado, a no ser que yo sirviera como atacante y víctima todo en una misma persona.
Edward seguía exclamando, pero los oídos me daban pitidos horribles por lo que no era capaz de entenderlo.
- Hay que llevarla al hospital… Apenas le queda sangre en el organismo – le decía Edward a Alice.
- Si. Podría sufrir un paro cardiaco en cualquier momento. – Le contesto ella.
Noté como todo se movía a mí alrededor, y unos brazos fuertes y fríos me sujetaban con fuerza.
Edward me había cargado y Alice me tapó con una manta. Al segundo siguiente estaba en la puerta del coche y Edward me depositaba en el regazo de Alice, que ya estaba sentada en la parte trasera del vehículo.
Todo iba demasiado rápido, como si no se movieran, si no que flotaran. Todo era un borrón indescriptible… Pero no podía hacerle demasiado caso a mis sentidos encontrándome en el estado en el que estaba.
- Alice, lo llevas bien? – le preguntó Edward a su hermana.
- Si, tranquilo, no te preocupes. Puedo resistirlo… Realmente no le queda demasiada sangre como para que me altere. – Le contestó ella – Además, huele… raro! Su sangre está mezclada con alguna sustancia… - le comentó.
- Sí, a mí también me dio un olor raro nada más entrar en su casa… Bueno, la verdad es que parecía que hubiera habido una matanza – Siguió Edward la conversación – Algo se ha tomado, y fuerte… Muy fuerte – Recalcó.
Su conversación era del todo surrealista.
¿Qué significaba eso de… "Lo llevas bien"? "Puedo resistirlo" "No le queda demasiada sangre como para que me altere"…
Eran frases ilógicas, sin sentido ninguno, pero suponía que la apreciación que tenía yo en esos momentos, no era como para fiarse demasiado.
De pronto, el movimiento ceso. El coche había parado. Una corriente de aire me llenó la cara y otra vez esa sensación de vaivén. Abrí los ojos por unos segundos, y me encontré el rostro de Edward, serio, preocupado… Tenso.
- Edward, por aquí – lo guio Alice – Esta puerta no está controlada, nadie nos verá entrar. Carlisle lo tiene preparado por si alguna vez surgía algo… raro – por su tono, ambos sabían perfectamente a que se refería ella.
- Lo que tenemos que averiguar es lo que le ha pasado para haberse desangrado de esta forma. – Le comentaba Edward a Alice – Eso nos ahorraría tiempo y pruebas innecesarias. Pero lo primero es meterle sangre ya.
El movimiento de vaivén ceso, y me sentí apoyada en algo. Al segundo, otra vez movimiento pero de distinta forma. Estaba en una camilla.
Noté un pinchazo en mi brazo que me hizo apretar los ojos, y un ligero escozor bordeaba la zona donde había sentido ese ligero dolor; cuando notaba como me desvanecía otra vez… de pronto, me sentí… un "poquito" mejor.
No sé cuanto tiempo paso, pero notaba como recobraba la vida poquito a poco. Los sentidos volvían a mí, aunque de forma lenta y perezosa.
- Bella – me llamó Alice. Ahora ya la oía y entendía mucho mejor – Debes decirnos que es lo que te ha pasado, para que podamos atenderte como es debido. – Me pedía con la voz tomada. Yo guarde silencio. – Vamos Bella… no vas a tener confianza en decírmelo? Nadie se enterara de nada… Sea lo que sea. Estamos en un ala vacía del hospital. – Me relataba inundándome confianza – Dímelo Bella… Es por tu propio bien.- casi me suplicaba.
Sabía que había llegado la hora de contarlo. No iba a poder ocultarlo más. Este tema se me había ido de las manos por completo, llegando incluso a casi, acabar con mi vida.
Ya había recobrado algo de fuerza; la suficiente para poder hablar, aunque brevemente.
- Aborto – fue lo único que contesté.
- Aborto? – preguntó ella sobre saltada. – Esto… Es originado por un aborto? – volvió a preguntar asombrada.
- Provocado. – le contesté otra vez escueta.
- Por eso ese olor… - murmuro Edward…
Edward? Edward estaba allí delante? Bueno, reamente que más daba? Iba a tener que dar muchas explicaciones. Aunque realmente no estuviera obligada a ello, pero casi por educación, y por agradecimiento de que me salvaran la vida.
Unas lágrimas traicioneras se deslizaron por mi rostro marcando un riachuelo hasta mi barbilla, donde caían al vacío. Vacía… Así exactamente me sentía ahora mismo.
- Bella… no llores. – Me consoló Alice – No te preocupes, todo saldrá bien. Tú estás bien… te hemos pillado por los pelos… – su voz sonó aliviada – pero te recuperaras.
Noté como hurgaban en la vía que me habían puesto en la muñeca, de ahí el pinchazo; y al poco, un sopor extraño volvía a envolverme. Eso me asustó, haciéndome remover inquieta en la camilla.
- Tranquila Bella… no pasa nada – Está vez fue Edward el que hablaba infundiéndome calma – Te he administrado un sedante. Acabo de hacerte una eco y muestra restos del embarazo pegados a la pared de tu útero. – Me explicaba. Yo sentí una vergüenza horrible, pero no hice ningún ademán de hablar, por lo que él continuo – Voy a hacerte un legrado para limpiar la zona. Nada más que el sedante haga efecto, te pincharé anestesia local para que no sientas nada.
No podía ser verdad! Edward iba a practicarme un legrado, después de haber abortado a hurtadillas como una adolescente, y haberme encontrado en casa tirada en medio de un charco de sangre…
Y tenía que ser con él! No podía haber llamado a otra persona, no! Si no a él.
Pero de que me lamentaba, si fui yo… o en este caso mi instinto de supervivencia y protección el que me habían hecho marcar directamente su número de móvil.
¿Qué más podía pedir? ¿Qué más podía pasarme con él?
O sí, claro… Las múltiples explicaciones que iba a tener que dar. Y esta vez no me iba a servir la excusa de que es un hombre, o que entre los dos había cierta tirantez… Esta vez iba a tener que tragarme mi orgullo y sobre todo, mi vergüenza y relatarles a todos lo ocurrido.
Entonces, otro nombre vino a mi mente: Carlisle.
Di gracias al cielo porque el sedante comenzó su labor y me llevo a un submundo de oscuridad y paz.
- De quien crees que será el bebé? – oí en el último momento preguntarle Alice a Edward.
Volví a agradecer el estado de inconsciencia al que me estaba llevando esa droga.
PV EDWARD
- Edwardddd! – sentí a Alice gritarme desde el piso de abajo – Coge tu móvil, rápido! – me apuró de forma nerviosa. – Es…
A mi hermana no le dio tiempo a acabar la frase, ya que mi móvil, el cual tenía en ese momento ya en la mano, sonó.
Cuando vi el nombre del número entrante me quedé sorprendido. Asustado por los nervios de Alice.
- Bella? – Un jadeo lento se sentía al otro lado de la línea – Bella estás bien? Contesta! – le exigí.
- Ayu… dame… - suplico con la voz agonizante. Y la comunicación se corto de forma abrupta.
Alice que estaba conmigo en mi dormitorio me miró consternada. No muy allá sería mi cara.
Entonces Alice abrió su mente para mí:
Bella tirada en el suelo de la cocina bañada en sangre… Muriendo.
Sin mediar palabra cogimos el Volvo y salimos zumbando hacía su casa.
- Estás preparado para lo que vamos a encontrarnos? – me preguntó Alice; su voz intentaba sonar tranquila, pero el fondo estaba cargada de nervios y miedo.
- Llegaremos a tiempo? – no le respondí la pregunta. Sabía que sería más fuerte el instinto de protección por Bella, que el del olor de su sangre.
- Si… por los pelos, pero si. – Me confirmo tajante.
Al llegar y abrir la puerta de la casa, el olor a sangre era bestial. Lo suficientemente fuerte como para hacerme dar un paso atrás. Alice me miró con el miedo reflejado en los ojos.
- Puedes hacerlo… lo he visto. Tú eres el que le salvas la vida… - me infundió valor. – Aunque yo puedo entrar, y aguantar mejor el olor, no tengo ni idea de lo que hay que hacer… - me miró y me dejó ver el cambio en la visión.
Bella muerta. Metida en un ataúd. Carlisle destrozado, el resto de la familia rota… Y yo, deambulando como un alma en pena.
No necesité ver más. Separé la cara de la procedencia del olor, inhale todo el aire que mis pulmones podían albergar y entré.
La escena era incluso peor que en la visión de mi hermana. Bella estaba inconsciente, tirada como un trapo en el suelo, y a su alrededor un charco de sangre.
¿Qué es lo que había pasado? Señales de violencia no había… que clase de accidente pudo ocurrir para que estuviera desangrándose de esa forma. Y a tal velocidad?
- Alice… qué es lo que ha pasado? No ves nada? – le pregunté extrañado.
- No… Llevo todo el día teniendo pequeños fogonazos de Bella pululando por casa, podría decirte que algo nerviosa, pero es una conjetura. – Me respondía confusa por sus propias visiones – Al no ver nada llamativo, cerré la comunicación. Estoy tan en sintonía con ella que aunque no este buscando nada, me salen visiones de ella sin más… Hasta que de pronto la vi así… la visión que te enseñé antes. Eso es lo que vi justo cuando te sonó el móvil. – Alice suspiro apesadumbrada – Por eso las visiones intentaban entrarme… Porque sabían que algo iba a pasar. Si no las hubiera cortado… - Se lamentaba.
- Pero… espera! – me di cuenta de un detalle que a ella ahora se le escapaba – Si las visiones de ella en casa te atosigaron durante todo el día, eso es que había una decisión tomada… no? – le pregunté mirándola con intención; para que se diera cuenta de que se le había escapado ese detalle.
- Siiii clarooo! – exclamó sobresaltada por haber llegado a la conclusión. – Espera, entonces… qué es lo que ha pasado? Crees que ha intentado suicidarse? Que se ha hecho esto a si misma? – preguntó con el ceño lleno de arruguitas.
- No me pega con el carácter de Bella – le respondí sincero – Pero algo se nos escapa. Además, no hueles algo raro? A parte de la sangre, claro – gesticulé rodando los ojos.
- Si, ya me vino un olor fortísimo nada más entrar… Como a medicamento.
Así era; bajo el primer olor de la sangre, había otra sustancia. Algo que contaminaba la estancia. No era el olor puro y limpio que debiera. Incluso el color de la sangre no era del rojo vívido que debía. Pero estaba repartida por toda la casa; en las escaleras, el salón, el hall… pero donde más había era en el comienzo de las escaleras y en la cocina.
Me incliné sobre ella e intenté reanimarla. Debía permanecer despierta; no podía relajar sus funciones vitales. Eso ayudaría a la muerte a llevársela y yo no iba a permitírselo. Jamás.
Despertó, con gran pesar, ya que estaba al mismísimo borde de la muerte, pero era una mujer valiente y fuerte. Nos miró con el agradecimiento reflejado en sus ojos moribundos, pero no nos dio explicaciones de que había pasado. Se limitaba a respirar; a intentar seguir con vida.
Nos la llevamos al hospital, a una sala deshabitada que Carlisle tenía preparada por si pasaba algo "raro". O sea, que alguno de nosotros cometiésemos algún fallo y hubiera que arreglarlo de alguna manera. Hacía décadas que ninguno tenía un error así, pero nunca estaba de más ser previsor. Y Carlisle lo era más que de sobra.
Debíamos saber qué era exactamente lo que le había pasado para no perder tiempo en pruebas inútiles. Pero Bella no hablaba. De su boca no salía ni una sola palabra; solo se sentía el débil jadeo de su respiración; el cual era audible para mí, no para un humano.
Le pusimos una vía e inmediatamente le suministramos sangre. A los pocos minutos sus mejillas comenzaron a adquirir ligeramente color.
Después de insistirle, Bella confeso que trataba de un aborto provocado.
Tanto Alice como yo nos quedamos de piedra.
¿Un aborto provocado?
- Por eso el olor – llegó Alice a la conclusión a la misma vez que yo mismo. Asentí con un movimiento de cabeza.
Bella comenzó a llorar en silencio. Cerró fuertemente los ojos y giró la cara. No hacía falta que se sonrojara para saber que estaba avergonzada.
Se había tomado pastillas abortivas. Pero era raro que hubiera tenido una hemorragia tan atroz. O estaba de más semanas de las que pensaba… o… o… no se me ocurría otra cosa que lo explicara.
Ella era enfermera, de las mejores por lo que nos había contado Carlisle, así que se habría informado bien de como debía tomarlas. No, no le encontraba explicación lógica para tal carnicería.
Con mucha delicadeza le expliqué a Bella lo que le iba a hacer, ya que aunque había sangrado de esa forma, debía asegurarme de que no quedaran restos del embarazo pegadas a su útero.
Le administré un sedante y al cabo de un par de minutos Bella cayó inconsciente en la camilla. Era hora de realizar mis funciones de médico.
Aunque un raspado uterino era algo muy sencillo, debía reconocer que estaba nervioso.
- ¿De quien crees que será el bebé?- me preguntó Alice.
La verdad que con todos los acontecimientos no me había parado a pensarlo, pero ahora con Bella fuera de peligro y sabiendo exactamente lo que debía hacer, esa pregunta me retumbaba los oídos.
- No lo sé… - le respondí sincero. – Pero ahora les encuentro sentido a los síntomas tan raros que tenía. – Alice asintió en silencio.
Le administré un poco de anestesia local, ya que no quería correr ni el más mínimo riesgo de que pudiera sentir cualquier clase de dolor o molestia, y comencé manos a la obra.
Cuando empecé a limpiarla me sorprendí de lo difícil que me estaba resultando raspar los restos del embrión. Y lo más increíble era que no se hubiera ido todo al sangrar. Es como si ese "bebé" fuera más fuerte de lo normal. Como si estuviera pegado a ella de una forma poco natural… Quería vivir, llegar a nacer, de eso no había duda…
- ¿Qué será lo que la ha llevado a hacer algo así? – me preguntó Alice mientras seguía con mi labor. – Por que esto es algo que ha planeado ella sola, no se lo ha comentado ni a Carlisle. Por qué lo ha escondido de esta forma? – se preguntaba meditabunda.
Entonces un "clic" se oyó dentro de mi cabeza.
- Tengo la respuesta a todas las preguntas – dije serio – Jacob Black. El bebé es de él.
Alice se quedó de piedra.
- Claro! Por supuesto! Por eso en las visiones no salía nada de esto, solo Bella dando vueltas por casa. Porque el hijo tendrá el mismo gen que el padre: bloquear mis visiones. – Añadió con rabia.
- Maldito bastardo hijo de pta! – masculle con odio.
- Edward, sabes que no congenio con los chuchos, pero estaba vez casi me da pena… - la voz de mi hermana era segura, pero con un deje de cuidado por mi reacción.
Alcé la cabeza y le eché una mirada envenenada a mi hermana.
- Edward, él no sabía nada. No sabe absolutamente nada del embarazo y mucho menos del aborto. – aclaró Alice. – Sabiendo como es de responsable, él hubiera dado la cara. Habría reconocido a su hijo y no lo ocultaría. Teniendo en cuenta que sería su descendiente directo, ya que el gen de licántropo se pasa al primer hijo, rara vez sucede con los siguientes, y lo muchísimo que quiere a Bella… - A mi hermana fueron aclarándosele las dudas de "que le llevaría a hacer algo así"
- Creo que está claro, no? – le pregunté con cierta sorna.
- Lo ha hecho por él. Por defender el honor de Jacob – dijo entre orgullosa y rabiosa.
Entre tanto, yo acabé de limpiar a Bella. Comprobé varias veces que todo estuviera correcto, no quería sustos después. Ella debía sentirse como si no hubiera pasado nada.
Mientras yo aseaba a Bella y le limpiaba los restos de la sangre, mi hermana fue a por ropa a casa. A los pocos minutos llegó con un camisón y una bata; lo que le había encargado. Eso facilitaría las curas.
La vestimos, la abrigamos bien, la metimos de nuevo en el coche y tomamos dirección a casa.
Quería hacerlo todo lo más rápido posible para que cuando despertara estuviera ya acostada y acomodada en la cama.
En los pocos minutos que nos llevó llegar a casa, fui pensando en la deducción a la que habíamos llegado Alice y yo sobre la paternidad del bebé de Bella. Claro que ese bebé quería nacer. La naturaleza es siempre lista, pero en el caso de un licántropo lo es aún más. Ese feto era más fuerte de lo normal porque llevaba el gen de los lobos; sería el primogénito, el que sería el Alpha algún día.
Entonces comprendí perfectamente la carnicera que nos habíamos encontrado en casa de Bella. El bebé se negaba a morir, aun en peligro de acabar con la madre.
Una vez lista, Alice y yo nos quedamos contemplándola embelesados. Su cara había adquirido prácticamente su color natural, pero rostro estaba demacrado. No quería ni imaginarme lo que habría sufrido.
Mi pobre y valiente Bella. Había pasado un infierno solo por salvarle el pellejo al chucho.
Mientras la contemplaba, una duda deambulaba por mi cabeza, y Alice, como si me hubiese leído la mente, la pronunció en voz alta.
- Tú crees que le dirá algo al perro? – Preguntó sin apartar la mirada de Bella.
- No lo sé. De mano te diría que no. – Le respondí sincero. – Ya que lo ha planeado todo sin decirle nada… para que confesar ahora? Pero sabedor de su genio… - Ese rasgo de su carácter, el cual me enloquecía en todos los sentidos, me hacía dudar que algún día no llegara a revelárselo.
Poco después, Jasper llegó a casa. Cuando entre Alice y yo acabamos de contarle lo ocurrido, no se sorprendió tanto como supusimos.
- No es de extrañar la actuación de Bella – dijo convencido. – El que ella siguiera adelante con ese embarazo no traía nada bueno… Para ninguna de las partes. – Alice y yo nos quedamos mirando para Jasper con el ceño fruncido. – No me miréis así… Decirme solo una cosa buena que le hubiera aportado a Bella? – Preguntó mirándonos de forma penetrante.
- El simple hecho de ser madre. – Contesté yo automáticamente.
- Con 21 años, sin pareja, sin trabajo y toda la vida por delante? – me contestó igual de rápido que lo había hecho yo.
Jasper explicó su teoría, y realmente, una vez escuchada, no era tan descabellada como yo había visto de un principio. Era cierto, a nadie le hubiera traído nada bueno el nacimiento de ese bebé. Y aunque a simple vista, el más perjudicado era el chucho… para Bella, en este momento de su vida, no le aportaba absolutamente nada… A parte, claro está, del hecho de ser mamá.
- Esa idea es muy bonita… La maternidad! – Exclamó Jasper con cierta sorna, a lo que yo fruncí el ceño. – No pongas esa cara… Edward, para nosotros el echo de la maternidad tiene más valía por nuestra imposibilidad de concebir, pero Bella es una jovencita empezando la vida… Debe desarrollar su carrera, enamorarse, casarse, si quiere, y cuando llegue la hora, ser madre. – Explicaba con el rostro dulce por sus propias palabras – Pero cuando no sea una vergüenza serlo y el padre de su hijo, este enamorado y comprometido con la causa. No con otra mujer – Concluyó tajante.
Al final, le di la razón a Jasper; porque realmente la tenía toda. Alice se acercó a su marido y le dio un tierno beso en los labios.
- Si querido… Tienes toda la razón. Ella sopesaría los pros y los contras, no es una persona irreflexiva y alocada. – Meditaba en voz alta – Debió ser una decisión muy difícil de tomar, no quisiera verme en su lugar.
- Yo donde no querría verme, es cuando le tenga que dar explicaciones a Carlisle. – Comenté notando mi propio temor reflejándoseme en la cara. – Montará en cólera por no haberle pedido directamente ayuda. – Ambos asintieron. – Lo único que la salvará es el amor incondicional que nuestro padre siente hacía esa chica. – Y volvieron a asentir con una sonrisa dulce en sus rostros.
Hola chicas...
Siento el retraso, pero he estado algo liadiya.
Bueno... El capi no tiene desperdicio, eh?
Espero que os haya gustado...
Un besitooooooooo!
