CAPITULO 30. ACERCAMIENTOS


Desperté, Dios sabe cuántas horas después. Seguía notando el cuerpo completamente machacado; intenté estirarme y me dolían todos los músculos. Me quedé acurrucada en la cama, mirando a la nada, ya que aunque estaba girada hacía la cristalera solo veía la negrura de la noche.

Hasta que sentí esa sensación de estar siendo observada, de no estar sola en la habitación. Me giré un poco y Carlisle estaba sentado en el butacón, mirándome.

Mi respiración se agito en cuestión de un microsegundo, un nudo se apropió de mi sentido del habla, y unas lágrimas se adueñaron de mis ojos, resbalando por mis mejillas hasta la comisura de los labios.

- Tranquila mi niña… - Carlisle se levantó rápidamente del sillón y se sentó en la orilla de mi cama. Yo me alcé, y él me ayudo a incorporarme.

- Lo siento… Lo siento muchísimo… Yo, debí… yo… - Hipaba sin poder dar sentido a las palabras.

- Shuuu… - Me mandó callar él, mientras acariciaba mi pelo con sus manos. Mi cara estaba hundida en su hombro. Allí, me sentía segura, a salvo. - Intento imaginar lo mal que debiste sentirte por hacer esto sola… y no voy a empezar a reprocharte el que no me lo hubieras dicho - Hablaba suavemente - Era algo muy íntimo, y entiendo que te diera apuro comentarlo conmigo… Pero nena - Me alzó la cara para que lo mirara - Para otra vez, no hay nada tan íntimo que no puedas hablar conmigo, de acuerdo? - Me preguntó dulcemente.

- Ajá… No volverá a suceder nada así. Tendré confianza para hablar contigo - Le prometí. – Siento, muchísimo el haberte engañado con la receta… Lo siento y mil veces lo siento… Pero es que, no sabía cómo decírtelo – Me excusé sinceramente.

- Bueno, sí. Estuvo feo por tu parte… - Sonrió travieso – Pero he de reconocer que urdiste tu plan perfectamente. Una actuación de óscar… Creo que pasas demasiado tiempo con Alice, jajaja! – Rió sin pizca de enfado; al contrario.

Tanto miedo que había tenido a este momento, y al final, Carlisle había comprendido, mucho más de lo esperado, el que no le pidiera ayuda. Su comprensión, me hacía llorar con más desesperación aun a pesar de sus risas.

- Oh mi pequeña… - Esa dulce voz era la de Esme, que venía gimoteando. - No llores, ya pasó todo. Estás a salvo en casa, con nosotros. - Esme se sentó a mi lado, y también me acarició el pelo y se abrazó a mí. – Imagino por lo que debiste pasar… Y tú sola… Oh mi niña, por favor, para otra vez que te pase algo malo, has de tener confianza en nosotros. Ahora somos tu familia, y tu la nuestra – De los ojos de Esme salía la sinceridad reflejada a borbotones.

Al final, Carlisle tuvo que consolarnos a ambas, ya que no sé cuál de las dos lloraba más. Aunque algo que me llamó la atención, aunque en esos momentos no le di mayor importancia, era que después de haber estado gimoteando de esa manera, cuando al cabo de un rato levanté la cara y los miré, Esme no tenía los típicos rollitos por las mejillas de las lágrimas ni la cara sonrojada. Ambos la tenían contraída y como se suele decir, desencajada, pero nada más.

Su perfección era tal, que no se "despeinaban" ni para llorar?

Me preguntaron como estaba, y si necesitaba algo y sin darme tiempo a contestar, Esme bajó a la cocina y me subió algo dulce para picar. Carlisle se puso en papel de médico.

- Aunque me fió de Edward, quiero echar un vistazo yo mismo… Si no, no me quedaré tranquilo. - Sentenció. Yo le di permiso, por supuesto.

Después de mirar y remirar ahí abajo, y yo, volver a pasar la vergüenza aunque no tanta como con Edward, dio su visto bueno al trabajo realizado por su hijo. A parte, me tomo el pulso, me miró las constantes y comprobó el suero y el medicamento de la vía.

Mientras cenaba lo que Esme me había subido, un tímido Emmet asomó su cabeza discretamente por mi puerta.

- Pasa Emmet… - Lo invité.

- No sabía si querrías visita? - Comentó mientras se acercaba y se sentaba a los pies de la cama. - Cómo estás? - Preguntó tímidamente.

- Aprovecho a bajar la bandeja… Te dejo en buena compañía - Esme me dio un beso y al pasar al lado de Emmet, le acaricio con gran ternura la cara. Fue un gesto precioso y cómplice entre madre e hijo.

- Pues… Contestando a tu pregunta… - Giré los ojos al cielo en una mueca divertida - Cómo si me hubiese pasado una apisonadora por encima… Te haces una idea? - Le bromeé. Él se echo a reír.

- Bueno, por lo menos no has perdido el buen humor… - Sonrió más relajado.

- Eso nunca… - Alcé los ojos y le sonreí ampliamente.

Emmet se quedó allí un rato conmigo, hablándome de trivialidades; entreteniéndome. Y la verdad es que lo agradecí enormemente.

Hasta que Carlisle entró con una enorme jeringa y una bolsa tapada. Emmet se levantó de la cama como si lo hubiesen pinchado y los ojos se le agrandaron, sin apartar la mirada de la bolsa.

- Carlisle… Eso es…? – Su pregunta quedó en el aire, pronunciándola con la voz entrecortada.

Carlisle se le quedó mirando de forma muy extraña, hasta que se percató de que yo estaba atenta a la escena, y su cara cambio a una sonriente.

- Emmet, ya sabes que no te agradan las agujas, así que por qué no bajas con los demás mientras le pongo esto a Bella. - Le sugirió. Pero su tono escondía algo, estaba segura de ello.

- Emmet, no me digas que le tienes repelús a la sangre? - Lo piqué yo, ya que sabía perfectamente el contenido de la bolsa - Un chico tan grandote y le tiene miedo a la sangre… jajaja! - Me reí y él también, pero sabía que algo pasaba y yo no lo estaba captando.

Efectivamente, antes de que Carlisle sacara de la bolsa la sangre, Emmet ya había desaparecido de la habitación.

Carlisle, mirándome a hurtadillas, se estaba dando cuenta de que yo no me había quedado muy conforme con la explicación.

Se acercó a mí, y me susurró.

- A Emmet estas cosas de hospital, lo ponen enfermo. Solo que le da vergüenza admitirlo… Es superior a él. - En sí, la aclaración de Carlisle era del todo posible y muy convincente, pero… había algo, sabía que se me escapaba algo. Como si escondieran un secreto del cual no querían que yo me enterase.

Con esa idea, caí rendida en los brazos no de Morfeo, sino del medicamento que Carlisle me había administrado.

Al día siguiente desperté prácticamente igual. El cuerpo seguía doliéndome y me encontraba cansada. Lo único bueno, es que no tenía esa sensación de debilidad absoluta, la ingesta de sangre ya había hecho su trabajo devolviéndome a la vida, literalmente.

El primero en subir, por supuesto, fue Carlisle.

- Qué tal te encuentras hoy? - Me preguntó entrando en mi habitación con una bandeja igual a la que había traído Edward el día anterior.

- Sigo dolorida, pero la sensación de vitalidad ya la he recuperado. - Le expliqué contenta.

- Me alegro… Eso es porque hemos devuelto a tu organismo la sangre perdida. - Me explicó, pero yo ya lo sabía.

Me volvió a revisar los puntos y me hizo otra cura. Ya apenas pasaba vergüenza, estaba acostumbrándome a estas revisiones; siempre y cuando fuera Carlisle quien las hiciera, por supuesto.

- Dónde están el resto? - Pregunté despreocupadamente. Pero estaba muerta porque me diera información sobre Edward. Desde que vino a hacerme la cura, la primera vez que desperté, no había vuelto a saber de él.

Carlisle se me quedó mirando un momento, y de pronto, en su rostro apareció una sonrisa pícara. Yo fruncí el ceño, pero con una liviana sonrisa en mis labios.

- Quéee? - Le pregunté después de un rato mirándome así.

- Bella, si quieres preguntar por alguien en concreto, hazlo - Me habló de forma paternal. Yo me quedé literalmente muerta. Llegué incluso a creer que necesitaría otro litro de sangre.

- Cómo dices? - Aunque él no notará lo descompensado de mi pulso, si había otras muestras en mí que daban a entender que me había pillado. Los pestañeos rápidos, mordisquearme el labio, no aguantarle la mirada fija…

- Edward está en el trabajo. - Mis ojos se abrieron como platos, y mi pecho subía y bajaba a un ritmo frenético. No me atreví a decir nada, agaché la cabeza cual avestruz.

Carlisle se sentó al borde de mi cama y sonriendo tiernamente, me habló.

- Bella, qué hay entre Edward y tú? - Su pregunta fue dicha con delicadeza, pero directa, sin preámbulos ni rodeos.

- Carlisle, no sé de donde sacas… - Su cara de "ahora vale engañar?" me hizo callar de golpe. Y yo cada vez estaba poniéndome más y más nerviosa.

- No te voy a forzar a decir nada que no quieras… Pero que algo hay entre vosotros… Vamos! - Exclamó divertido - Sois de lo más obvios jaja! - Rió. Yo estaba en "stanby" - Cuánto más queréis disimular, más se nota que algo pasa… o que algo está surgiendo entre los dos. - Sus palabras me dejaron completamente pasmada. - Lo dicho… no quiero forzarte a nada, pero sería maravilloso si entre vosotros surgiera algo. Algo serio, me refiero. No te haces una idea, de lo felices que seríamos Esme y yo.

Dicho lo cual, se levantó, recogió el material de curas y dándome un beso en la cabeza se marchó sonriendo de la habitación. Yo seguía sin poder hablar, no era capaz de articular palabra.

Tanto pensar en que sería un error el que Edward y yo tuviéramos algo, pensando en que a Carlisle no le gustaría… y mira! Feliz si su hijo y yo acabáramos juntos.

Si es que la vida es irónica la mires por donde las mires.

Durante el día todos fueron pasando por mi habitación. Menos Edward que estaba liado en el trabajo, según me informó muy oportunamente Alice, y Rosalie; De la cual me extrañó muchísimo su ausencia. No habíamos congeniado tan bien como Alice y yo, pero parecía que nos entendíamos mejor de lo previsto; por lo que desde la noche pasada que habían llegado, y ya eran más de las seis de la tarde, que no se hubiese acercado a saludarme me parecía de lo más raro.

Esme me subió gentilmente todas las comidas del día, parándose conmigo dándome buenas raciones de atenciones y mimos por doquier.

Alice me subía tentempiés a deshora y me entretenía con revistas y hablándome de mil cosas.

Jasper también subió animándome y hablándome un poco como psicólogo.

- No veo que necesites ningún tipo de terapia, la verdad – Me había dicho después de un rato conversando – Lo estás llevando muy bien. Estás convencida de lo hecho, y aunque te sientes un poco avergonzada, más bien por lo que podamos pensar nosotros. – Me miró condescendiente - Y en serio Bella, es tú vida y ha sido tu decisión. Tus motivos tendrías. Nadie te juzga… No has sido la primera mujer que ha usado el recurso del aborto… y no serás la última.

- Lo sé… Y estoy completamente convencida de lo que he hecho. – Le contesté – Me siento mal por haber matado una vida. Una que crecía en mi interior… - Suspiré – Pero vuelvo a repetir que ha sido lo mejor.

Me alegré del resultado de la "discreta" terapia de Jasper. Aunque sabía que no necesitaba la ayuda de ningún psicólogo, ya que el sentimiento de culpa o remordimientos no me agobiaba. Lo dicho, me sentía mal porque no dejaba de haber aniquilado a mi propio hijo, pero ese bebé no tendría un hogar normal, y no era justo. No quería que pasara por lo mismo que yo, y ni siquiera haber tenido la oportunidad de haberlo intentado con su padre.

Mil parejas se divorcian y se separan teniendo hijos, pero eso, de una u otra forma lo intentan. No es un hogar roto ya incluso antes de nacer.

Lo que si me pareció de lo más extraño, es que durante la estancia de Jasper en mi cuarto, me encontré de lo más relajada. Calmada, tranquila. Sensación que duró unos minutos más después de él marcharse.

Fue como si Jasper consiguiera calmar la desazón que aún sentía con todo lo ocurrido. Como si pudiese de algún modo, sosegar mi estado sensitivo.

No pude darle muchas vueltas al tema ya que Emmet subió poco después de marcharse Jasper. Me entretuvo durante algo más de una hora contándome las nuevas tecnologías para las reformas que les habían expuesto en el congreso al que habían asistido.

Y así fue pasando el primer día.

Hacía las nueve, Esme me subió la cena y nada más acabar, Carlisle que acababa de llegar del hospital vino a hacerme la cura de la noche. Desvelándome que todo iba perfectamente.

Me administro por la vía el medicamento correspondiente y estuvo conmigo durante unos instantes.

- No voy a administrarte más sangre. Si te voy a poner una bolsa pequeña de plaquetas, para ayudar a la cicatrización. – Me explicó.

- Cuándo vas a dejar de inyectarme este medicamento? – Pregunté; sabía que era muy bueno, para evitar infecciones y ayudar a que todo, ahí dentro, fuera recuperándose. Pero me causaba una tremenda somnolencia y era una sensación bastante pesada.

- Mañana te bajaré la dosis, - me respondió. – Te dará algo de sueño, pero mucho menos. Además, te viene bien descansar. – Me miró de forma paternal más que médica.

Efectivamente, a los pocos minutos de entrar en contacto con mi riego sanguíneo, comencé a notar la sensación de dormidera.

Mi último pensamiento fue dedicado a Edward.

Otro día que pasa sin vernos…

A la mañana siguiente, nada más entrar Carlisle a mi dormitorio para la cura y la administración del medicamento, ya le puse ojitos. Llevaba un rato despierta y pensando en mi petición.

- Y esa carita? – Me preguntó sonriendo, sabiendo que algo iba a pedirle.

- Ya sé que es pronto, pero me gustaría asearme… lavarme el pelo. Me siento sucia. – Le insinué, sabía que era algo pronto para levantarme, pero necesitaba contacto con agua y jabón.

- Pues sí, es algo pronto… pero bueno, con ayuda no hay demasiada distancia al baño – Caviló.

- Entre Esme y yo la ayudaremos – Intervino Alice haciendo acto de presencia en el dormitorio. Todos eran de lo más sigilosos.

Aunque me había sobresaltado su aparición, no dije nada, ya que lo que quería era que me ayudara a convencer a Carlisle.

- Vale, está bien. – Cedió – Pero con mucho cuidado… Sabes que si se te suelta un punto, no puedo volver a suturarte ahora que la herida está cosida – Me dijo mirándome con prevención.

- Lo sé… - Tendremos muchísimo cuidado, en serio – Le dije poniéndole ojitos.

- Edward todavía no se ha ido al trabajo… - Miré de forma tensa para Alice - Está deseando verte… despierta – añadió Alice susurrando, y alzando las cejas. Yo en respuesta arrugue el ceño.

- Despierta? – No entendía eso, pero ella ya salía por la puerta llamando a Esme para subir a lavarme.

Al cabo de unos minutos, Alice y Esme hacían acto de presencia en mi cuarto. Pero cual fue mi sorpresa al darme cuenta de que no venían solas. Edward las acompañaba.

- Buenos días dormilona – Me saludo con una sonrisa preciosa. Sus ojos brillaban, igual que cuando ves a alguien añorado por tiempo.

- Hola… Si, por fin me pillas despierta – Le devolví la sonrisa. Su sola presencia me hacía estar pletórica y tener ganas de sonreír… Incluso de reír.

Dios, estaba pillada hasta las trancas!

Se pusieron a hablar un segundo entre ellos, y en ese espacio de tiempo, me di cuenta de mis propias palabras: - Por fin me pillas despierta –

Significaba eso que había estado velando mi sueño? Eso sería una declaración de amor, tácita. Pero de todas formas, una muestra de amor.

Edward me sacó de mis pensamientos. Se acercó a mi cama con paso decidido, como siempre.

- Vamos a ver… Quien necesita un billete hacía el baño? – Me preguntó simpático. A mi se me heló la sangre en las venas.

- Qué me vas a ayudar a bañarme, tú? – Le pregunté a media voz, mirándolo fijamente, con la sorpresa, un tanto desagradable, pintada en mis ojos.

Él me lanzó una mirada… que podría haber revivido a un muerto. Mi corazón dio una sacudida que casi hasta dolió.

Sus ojos se clavaron en los míos no más de cuatro o cinco segundos, pero fue de una intensidad bestial, destilando sensualidad, erotismo y ardor por doquier.

- No, Edward solo va a cargarte en brazos hasta el cuarto de baño – Me explico Alice acercándose y haciéndonos salir, o por lo menos a mí, de ese estado de burbuja privada que entre Edward y yo solía formarse. – Esme está preparando el baño.

Dicho y hecho. Edward me cargo en brazos con el mismo cuidado que si transportara una pieza delicada hasta el extremo y única en su género.

Edward era un hombre de complexión delgada, definido ligeramente. Pero ahora, viendo como me llevaba entre sus brazos, pude comprobar que poseía una fuerza extraordinaria, ya que ni se inmuto de mi peso.

Me sentó en un taburete que Esme había puesto dentro de la ducha. Una vez allí, se despidió con una sonrisa un tanto traviesa, la cual a mí me hizo mirarlo con el ceño fruncido pero con un toque también de picardía.

Las chicas me quitaron el camisón, y acercaron la puerta de la mampara, sin llegar a cerrarla. Me estaban dando un momento de intimidad.

Después de que el agua cayera sobre mi cuerpo arrastrando el sudor y el olor a medicamento, Alice se metió conmigo en la ducha ataviada con un bañador.

- Vamos a lavar ese pelo, de acuerdo? – Me informó con una sonrisa de lo más tierna.

Esme se quedó a mi lado, dándome la mano para ayudarme a no desequilibrarme mientras Alice realizaba la tarea dicha.

Me ayudaron incluso a secarme tanto el cuerpo como el pelo, sin dejarme hacer ninguna clase de movimiento. Me pusieron ropa interior y un bonito camisón.

- Volvéis a necesitar la ayuda de un hombre? – Emmet asomó su cara traviesa por la puerta del baño, riéndose por su propia broma.

- Claro Emmet… Qué haríamos sin hombres en nuestra vida? – Le seguí la jugada con tono totalmente irónico.

Me cargó en brazos con el mismo cuidado que Edward, aunque claro, Emmet era muchísimo más fuerte que su hermano, con solo ver el cuerpo cuadrado que tenía ya se intuía.

Me depositó en la cama, dejándome ligeramente tumbada, y acto seguido, Esme me subía la bandeja del desayuno.

- Hoy tienes mucho mejor aspecto, aunque estás tristona – Me habló con delicadeza el osote, a lo que yo le sonreí de forma tierna – Ya tengo ganas de que estés recuperada y puedas bajar al salón.

- Y yo, Emmet, y yo… - Le contesté con tono apagado – Estoy súper aburrida… No tristona - Le puse pucheros.

- Pero… ya puedes moverte? – Preguntó curioso.

- Si… lo que no puedo es levantarme o hacer movimientos bruscos… Pero bueno, no sé a que tipos de movimientos te refieres – Le contesté intrigada.

- Vale… Espera! – Acto seguido, Emmet salió de estampida de mi dormitorio. Esme que contemplaba la escena en silencio, meneo la cabeza negando con una sonrisa maternal en sus labios.

- Pero… Esme, - La llamé – Que le ha pasado a Emmet? – Le pregunté curiosa.

- Ya lo verás… Aún no conoces la capacidad de adaptación de mis hijos, jaja! – Rió, pero como si sus palabras tuvieran un significado oculto.

Al cabo de un rato, Emmet acompañado por Jasper, hacían acto de presencia en mi cuarto cargando con la video consola y una montaña de juegos.

- Si Mahoma no puede ir a la montaña… - Comenzó Emmet.

- La montaña va a Mahoma – Concluyo el dicho Jasper.

La enchufaron a la televisión, y mientras, yo ojeaba los juegos que tenían.

Alice también se unió a la partida, y entre todos, seleccionamos unos cuantos.

La mañana voló, ya que lo que parecían unos minutos se habían convertido en horas y Esme llegó con la bandeja de mi comida.

- Y vosotros? - Les pregunté – No, no… no voy a ser una privilegiada por estar convaleciente. – Me quejé – Bastante es que me suban todas las comidas aquí, como para que vosotros no comáis cuando yo.

- Bella, cielo… Me vas a hacer subirles la comida a todos aquí? – Esme me puso carita, y no pude más que ceder. Sería desconsiderado por mi parte triplicarle el trabajo de forma innecesaria.

- Bajamos, comemos y subimos en un plis. No te habrás dado cuenta de que nos hemos ido. – Prometió Emmet.

- Si Bella, nosotros comemos muy deprisa – Apoyó Jasper.

Dicho y hecho. Justo acabé yo de comer, los tres subieron para seguir la tarde de juegos.

Y otra vez las horas volaron. La noche cayó sobre nosotros sin apenas enterarnos y Carlisle regresó a casa. Lo primero, subir a verme y hacerme la cura de la noche.

- Pero que es este guirigay? – Se quejó. – Señorita – Eso iba por mi – No se supone que deberías descansar? – Me preguntó de forma algo irónica.

- Oh vamos Carlisle, estoy… Rectifico – Le guiñé un ojo a Emmet – Estaba súper aburrida y los chicos han instalado la consola aquí para jugar conmigo y así yo no estar sola y aburrida. – Le puse unos pucherazos que me superaban a mi misma. Tuve que hasta aguantar la risa.

- Estás bien? – Me preguntó ya de forma tierna.

- Ahora si – Le contesté tajante.

- Está bien, voy a cambiarme y hacemos esa cura, de acuerdo? – Eso fue una indirecta para que los chicos fueran desalojando mi habitación. Pero allí no se movió ni el aire.

- Aceptáis un nuevo jugador? – Esa voz la reconocería a mil kilómetros. Edward.

- Claro! – Le contesté algo demasiado efusiva. Los tres, Emmet, Jasper y Alice se me quedaron mirando pero yo me hice la desentendida.

Edward me sonrió, con una sonrisa capaz de detener el mundo. De sus ojos salían gestos tiernos, brillándole como nunca.

Parece ser que mi efusividad le había gustado. Encantado, diría yo.

Nos pusimos a jugar los cinco por turnos, como hasta ese momento. Pero yo ya no prestaba atención al juego. Todos y cada uno de mis sentidos estaban pendientes de él.

- Bella… Bella! – Me llamó Alice alzando la voz. Yo me giré hacía ella sobresaltada. – Te toca – Me dijo alzando las cejas, pero con una sonrisa por lo bajini.

Jasper ni se inmuto, pero Emmet me miraba saliéndole la sonrisa, casi burlona, hasta por los ojos.

Joder, me habían pillado "comiéndome" a Edward con los ojos. Viva la discreción, Bella!

A Edward no me atreví ni a mirarlo. Pero sabía que sus ojos estaban puestos en mí. Lo notaba.

Con lo bien que había jugado toda la tarde, ahora iba a quedar fatal ya que estaba segura de que no iba a dar ni una. Todos lo notarían y Emmet comenzaría con sus burlas, las cuales, ya estaban tardando en hacer acto de presencia.

- Chicos… fuera – Los echo muy oportunamente Carlisle – Voy a hacerle la cura a Bella, y después debe descansar. – Los informó – Además ya me ha dicho vuestra madre que lleváis todo el día aquí, y aunque es muy loable por vuestra parte, Bella no está recuperada y tanto meneo no es bueno. – Su voz no daba pie a protestas.

Todos fueron desfilando fuera de mi dormitorio, dándome las buenas noches. Se notaba que entre Emmet y yo había más complicidad y confianza, ya que al marcharse me dio un beso en la frente igual que Alice. Con Jasper iba el tema más despacio, pero también avanzábamos, despidiéndose acariciándome la cara con mucha dulzura.

- Carlisle… En serio, tienes que seguir administrándome ese medicamento? – Proteste mientras hacía la cura.

- Si, Bella… Sabes que sí. Evita infecciones y ayuda a la cicatrización del útero. – Me informó de lo que yo ya sabía. – Siento mucho que de sueño, pero es un efecto calculado. Mientras duermes descansas y el cuerpo se recupera antes. – Salió de entre mis piernas y me miró dulcemente – En tres o cuatro días podrás levantarte… - Se calló como pensando – Bueno, yo creo que en un par de días podemos probar, con ayuda, a que camines un poco. Te vendrá bien… y para tu estado de ánimo, también. – Sonrió, sobre todo al verme la cara de felicidad.

Como me había dicho por la mañana me inyecto menos medicamento, acto que comprobé en seguida ya que no me daba ese sueño pesado al instante.

Llevaba cosa de 15 minutos en la cama, pasando canales en la televisión, cuando una visita del todo inesperada acabó de alegrarme el día.

- Hola… Molesto? – Preguntó Edward quedándose en la puerta.

- Nooo… Claro que no, pasa – Lo invité claramente agradecida por su visita.

- Subía para la cama y bueno… sentí como pasabas los canales de la tele – Sonrió torcido y yo por poco infarto. – Y pensé en subir a hacerte una visita de buenas noches antes de que derritieras el mando, jaja! – Rió de su broma, yo no pude más que acompañarlo. Era verdad, estaba dándole con tanta ansia al mando que acabaría por estropearlo.

Edward se acercó un poco más a mí cama y entonces me fije que traía algo en la mano. Un libro.

Yo me quedé mirándolo y él se percato.

- Te he subido este libro… Te gusta que te lean? – Me preguntó no muy convencido.

- Pues la verdad es que nunca nadie me había leído… Pero supongo que si que me gustara – Le sonreí – Pero si empiezas el libro… Debes prometer que subirás cada noche a leerme hasta que lo acabemos. – Casi le impuse, aunque en broma.

- Esa era la idea. – Su habitual confianza volvió a él al ver mi cara de satisfacción con su idea.

Realmente no sabía si me gustaba o no que me leyeran, pero siendo él quien lo hiciera estaba más que segura de que me encantaría. Poder escuchar su aterciopelada y delicada voz… Ummm… Los oídos comenzaron a pitarme por la urgencia de que comenzara ya con la lectura.

- Cumbres borrascosas – Espero que te guste.

- Me encanta…! Es uno de mis libros favoritos. - Le respondí exaltada por su elección. Me encantaba ese libro, y solo de pensar que él, que Edward iba a leérmelo, notaba como el corazón me saltaba bajo las costillas.

- Había pensado en Los Miserables, de Víctor Hugo… Pero no sabía si te gustaría – Confesó algo tímido.

- Es otro libro que me chifla! – Volví a emocionarme por su otra elección. Una novela única. – Que te parece si cuando acabemos Cumbres, me lees ese? – Le pregunté sonriéndole como una niña.

- Por supuesto – Me contestó con una sonrisa melosa – Esos y los que tu quieras, cuando tú quieras. – Su mirada era intensa y estaba clavada en mis ojos. Sabía que sus palabras querían decir más que lo que a simple vista indicaban… Y esa idea me satisfacció sobre manera.

Después de unos segundos… O vete tu a saber cuanto tiempo, rompió el embrujo de su mirada sobre la mía. Era como si supiera que por mi misma no iba a ser capaz de romper la unión de nuestras miradas.

Una vez "espabilada", golpeé el colchón con mi mano para que se sentara a mi lado. Yo me removí en la cama para dejarle sitio, pero él apresuradamente dejó el libro en la mesilla de noche y me ayudó gentilmente a desplazarme en la cama.

Lo miré con el agradecimiento pintado en los ojos, y él me devolvió el gesto, por supuesto, pero en sus ojos había reproche por moverme de forma inadecuada; llegando incluso a alzar una ceja.

Se sentó a mi lado, apoyándose en el cabecero de la cama. Abrió el libro y con su armoniosa voz, comenzó a leer…

Capitulo primero,

He vuelto hace unos instantes de visitar a mi casero y…

El corazón me latía tan fuerte de oírlo leer, leerme a mí, tumbado despreocupadamente en mí cama, a mí lado… Que por un momento llegué a pensar que podía oír el estruendo que producía al chocar contra mis costillas. No había sitio en el mundo en el que quisiera estar más que allí… Bueno, sí, había otro… Entre sus brazos…

Cuando desperté a la mañana siguiente, con una sonrisa de felicidad en mi cara, comprobé que el libro descansaba en la mesilla junto a una nota.

Buenos días, dormilona.

Esta noche, capitulo tercero… Aunque habrá que recordar el segundo, ya que a la mitad te dormiste.

Espero que pases un buen día.

Un beso, Edward

Si ya me había despertado dichosa… Esa nota elevaba mi estado de ánimo a lo imposible, teniendo en cuenta mi situación actual.

Solo que eso solo haría que me pasase todo el día en un completo estado de ansiedad porque la noche llegara, trayéndome a Edward.

- Hoy nos hemos despertado de muy buen humor – Entró Esme con mi desayuno y la cara alegre en reflejo a la mía.

- Sí, la verdad que hoy me siento muchísimo mejor. – Le respondí con la sonrisa tatuada en mi rostro – Ya no me duele el cuerpo y me siento fuerte… Bufff, qué bien! – Me felicité a mí misma, ante la amplía sonrisa de Esme.

Al poco rato, Emmet apareció por mi habitación dispuesto a otra sesión de video juegos.

- Buenos días! – Entró con su habitual buen humor.

- Quieres que volvamos a enfadarnos como ayer? – Le pregunté con una sonrisa traviesa.

El día anterior por la tarde, Emmet y yo, que parecía éramos igual de competitivos, empezamos a discutir por una partida. Al principio el tema iba en broma, al final mis voces debían oírse por toda la casa.

Jasper y Alice tuvieron que inmiscuirse en la discusión para hacer de mediadores… Y la sangre no llegó al rio.

- Jajajaja! – Rió Emmet por mi medio broma. – Joder Bella… Tienes un genio endemoniado. Vaya gritos que pegaste… Guauuu!

- No me gusta que me vacilen, Emmet… Y menos si es por ser chica. No me gusta sentirme débil – Le explique ahora ya más en serio.

Emmet asintió, pero su cara reflejaba algún sentimiento que no supe descifrar. Algo en mis palabras lo había hecho poner una cara peculiar; como si algo le atormentara los pensamientos.

Alice y Jasper trabajaban, así que la sesión de juegos, fue sola de Emmet y mía, el cual me enseñó algunos buenos trucos.

Esme llegó con la comida, y se quedó un rato allí conmigo charlando mientras Emmet bajaba a comer a la cocina.

La tarde llegó rápida, ya que Alice y Jasper regresaron pronto del trabajo y se unieron a nuestros juegos. Haciéndose mi desesperación para que diera la hora de regresar Edward más llevadera.

La hora de la cena llegó y los chicos bajaron a cenar mientras yo esperaba la mía en la cama. Carlisle subió a hacerme la cura mientras Esme me dejaba la bandeja en la mesilla.

- Esto está cada vez mejor – Se alegró – Mañana te daré solo el medicamento de noche, de acuerdo? – Esa noticia me alegro, pero un pensamiento me envolvió.

Por la noche… Cuando Edward me lee.

- Y no me lo puedes dar por la mañana? – Rebatí con los ojos expectantes.

- Pero por la noche así dormirás mejor… - Claro, debí suponer que respondería eso. Asentí cabizbaja.

- O hay algún otro motivo por el que quieras permanecer despierta de noche? – Me preguntó con picardía. Capté en seguida por donde iban los tiros.

- Noooo – Le respondí acelerada. Él se mantuvo entero, pero Esme sonreía por lo bajo.

- Ya… Las sesiones de lectura no tienen nada que ver para que quieras permanecer despierta, verdad? – Alzó las cejas y me miró fijamente. De sus ojos y labios salía una traviesa sonrisa. Yo no pude más que ponerme de todos los colores y bajar la cara. – Está bien – Se acercó y me subió la cara con su dedo índice – Haremos una cosa… - Lo miré esperanzada – Te pondré el medicamento más tarde, así podrás permanecer más tiempo despierta para tu lector – Esme no pudo evitarlo y una leve carcajada salió de su boca, tapándola con la mano. Carlisle intentaba ocultarla.

- Perdón… - Se disculpó aun riéndose. – Por cierto… Edward ya ha llegado, y está dándose más prisa que de costumbre en cenar y ducharse… Por qué será? – Me guiñó un ojo a lo que yo me mordí el labio ocultando mi sonrisa complaciente.

Cené y Esme me recogió la bandeja y junto a Carlisle salieron de mi habitación para darme un poco de intimidad. La cual necesitaba, ya que volvía a sentirme nerviosa, al igual que ayer por la visita de "mi lector".

Entre estas, Emmet pasó a darme las buenas noches acción que ya empezaba a ser una costumbre.

- Buenas noches genio pulga, jaja! – Rió acercándose a mí cama para darme el beso de rigor en la cabeza.

- Genio pulga? Tú, que eres un tramposo – Le respondí, mientras posicionaba la cabeza para recibir su "mimo".

Cuando ya iba a salir, después de unos minutos de disputa por uno de los videojuegos a los que habíamos practicado esa tarde, lo llamé. Tenía que salir de dudas y él me pareció la persona más oportuna y correcta.

Bueno, chicas...

No os quejareis, eh? Esta vez he tardado menos en actualizar.

Al final no ha sido para tanto el "miedo" de Bella respecto a Carlisle.

Y todos la están tratando como a una reina... y como bien se titula el capitulo, entre ella y Edward se va dando un

pequeño acercamiento.

Veremos a ver como va la cosa, y si no pasa nada más...

Un besazoooo