CAPITULO 31.ACERCAMIENTOS. 2ª PARTE
Era algo que llevaba rondándome desde que desperté el primer día. Todos los Cullen habían pasado a saludarme y se estaban desviviendo porque me recuperase y por entretenerme para hacer mi reposo más llevadero. Todos menos una persona: Rose.
- Por cierto Emmet – él que estaba casi en la puerta se giro. – Le pasa algo a Rose? – Emmet se quedó tenso de inmediato, aunque intentó recomponer el gesto. – Lo digo porque como aún no ha pasado por aquí a saludarme… Me parece raro – Le comenté con la voz nerviosa.
- Bueno Bella… Verás… - Dudaba – Es que… No quiero que te disgustes, sabes que no soy la persona más delicada de este mundo, así que no quiero que mal interpretes mis palabras.
Su contestación me hizo fruncir el ceño y noté como el pulso empezaba a disparárseme.
- Rosalie es una persona con unos ideales muy firmes en determinadas cosas, y le cuesta entender ciertas aptitudes que las personas hacemos a veces… - La voz de Emmet era dulce y conciliadora, pero debajo de eso, se apreciaba que estaba tan nervioso como yo.
Pero mientras él hablaba y casi hasta tartamudeaba intentando encontrar las palabras "adecuadas", sus pistas me llevaron a hacerme una idea de por donde iban los tiros.
Rosalie estaba absolutamente en contra del aborto. Estaba segura de ello.
- Emmet, ya, ya sé por donde vas… - Lo corté para no hacerlo sufrir más – Ella está en contra de lo que yo he hecho, verdad? – Aunque sonó a pregunta, era una afirmación en toda regla.
- Sí, efectivamente – Me contestó sincero. – Ella no puede tener hijos, y que tú, de forma voluntaria hayas matado al tuyo… La ofende de manera personal. Aunque en sí, no es que tenga nada contra ti, sino por lo que has hecho. – Asentí en silencio. – No te preocupes… Antes o después se le pasará. – Su sonrisa intentó ser sincera como antes sus palabras y sus ojos, pero esa vez no lo fue.
Volvió a darme otro beso, y salió de mi habitación compungido por mi cara; la cual era todo un poema.
Ya sabía que no todo podía ser tan bueno. Tanta comprensión y bondad.
No es que juzgara a Rose por sus ideales y por su determinación de no venir a verme. Estaba dolida porque se lo tomaba como algo personal, lo entendía. Pero no me había dado ni siquiera la oportunidad de explicarme.
En cuanto pudiera levantarme de esa cama, lo primero que haría sería hablar con ella. Darle mis razones y entonces si podría ser objetiva y consecuente; no ahora, que por su imposibilidad de concebir, no razonaba ni pensaba con claridad.
Deje ese pensamiento a un lado, hoy había pasado un día muy bueno y notaba como las fuerzas estaban otra vez en mi organismo. Así que imaginaba que al día siguiente podría levantarme aunque fuera con ayuda.
Miré la hora, Edward estaría a punto de subir. Hoy no me había lavado nada, y aunque no estaba sudada, el olor a cama estaba por toda mi piel.
Entonces se me ocurrió la brillante idea de levantarme hasta el baño. No eran más que diez pasos, y tendría cuidado.
Quería lavarme los dientes, pasarme agua por la cara y los brazos y perfumarme un poco. Quería estar presentable para él.
Me bajé de la cama con sumo cuidado. Cuando me erguí sobre mis dos pies, noté una pequeña punzada ahí abajo, pero no fue nada insoportable. Después de casi tres días echada, era normal que se resintiera por mi peso.
Di el primer paso con extremo cuidado, con la mano rozando la cama por si me tenía que sostener. Después de dar cinco pasos, noté como esas fuerzas que yo creía recuperadas, comenzaban a esfumarse. Pero estaba a la mitad… Tan cerca de mi objetivo… Mi terquedad y orgullo salió rápidamente a relucir y seguí caminando.
Cuando estaba ya en la puerta del baño, un mareo repentino que me nubló hasta la vista, me hizo perder el equilibrio. Intenté sujetarme al marco de la puerta, pero no tenía fuerzas para sostenerme en pie, por lo que caí en picado hacía el suelo.
Cuando estaba a punto de chocar, unos brazos fríos que reconocí en seguida, me sujetaron impidiendo que cayera.
- Bellaaa! – Me llamó Edward sobresaltado – Pero… Cómo te levantas de la cama tu sola? – Me recriminó, y con razón. – Si querías ir al baño, nos hubieras avisado…
- Creí que podría llegar yo sola… Me encontraba tan bien, con tantas fuerzas… - Le expliqué abrumada por lo ocurrido, y algo mareada aún.
- Claro que te encontrabas bien, en la cama. Echada y sin mover el cuerpo. – De sus ojos salía la más pura de las preocupaciones. – Bella cielo… Qué querías hacer en el baño? Necesitabas ir? – Me preguntó todavía preocupado.
- Bueno, yo… - Dudaba en que contestarle. Él me instó a hacerlo con un movimiento de ojos y cabeza – Sabía que ibas a subir a leerme… y yo quería lavarme la cara… pasarme un poco de agua, perfumarme… Quitarme este olor a convaleciente… - Mis ojos se aguaron; no por confesar, si no por lo angustiante de la situación.
Edward sonrió. Con una ternura que jamás había contemplado en nadie. Su cara me hizo jadear.
- Lo hiciste por estar bonita para… mí? – Preguntó dudando, pero la sonrisa se le escapaba por la comisura de los labios.
- Si… - Le contesté sincera, pero mirando hacía abajo. – Llevo esperándote todo el día… - fue un susurro, pero salió de mi boca. Y él, lo escuchó.
- Vaya… - Contestó después de casi un minuto mirándonos en silencio – Me siento totalmente halagado – Contestó sorprendido, pero con una sonrisa en sus carnosos labios.
Por un momento, la tensión romántica, igual a la de aquella noche en el hotel, revoloteó entre los dos. Era más íntima que la de aquella vez, ya que entonces la pasión era el sentimiento principal… Pero esta vez no.
Es increíble como un sentimiento tan sensible como el "romántico" puede llegar a mover mundos. Es más potente y devastador que la pasión.
Mi respiración se fue volviendo errática poco a poco, y los latidos de mi corazón retumbaban bajo mi pecho. Entre abrí los labios en un gesto inconsciente, dándome cuenta de él por el rápido movimiento de ojos de Edward hacía esa zona de mi cara.
Volvió a posar sus ojos en los míos y… Despacio, terriblemente despacio, fue acercando su cara a la mía. Yo no podía moverme por la postura en la que me encontraba en sus brazos, pero le di a entender en mi mirada, que estaba deseando que lo hiciera. Que me besara. Necesitaba volver a sentir sus labios, su sabor en mi boca.
Justo cuando parecía que el beso iba a ser inminente, Edward se separó abruptamente de mí, dejándome descolocada.
Al segundo, Carlisle entraba en mi habitación.
- Bellaaa… - Me llamó sobresaltado. – Pero… Qué ha pasado? – Se acercó rápidamente a nuestra posición.
- Bella quería ir al baño, y por no molestar… y creyendo que ya se encontraba con fuerzas suficientes, decidió ir por si sola. – Respondió Edward por mí.
En ese momento, estaba distraída… Confusa.
Justo dos segundos antes de que Carlisle entrara en la habitación, Edward se separó de mí manteniendo la compostura, y él entró prácticamente ya preguntando que había pasado.
¿Casualidad?
Algo me decía que no.
- Pero Bella… Habiendo estudiado enfermería… No sabes que después de una intervención en las circunstancias especiales que has padecido, no puedes levantarte aún de la cama? – Me preguntó retóricamente. Yo asentí en silencio – Para eso estás aquí… Para que te ayudemos. – Me regaño levemente.
Después de una pequeña bronca, Edward me tumbó en la cama con sumo cuidado, retirándose a un rincón de la habitación con gran disimulo, mientras Carlisle "echaba una ojeada" en mis zonas íntimas para comprobar que todo estuviera en su sitio.
Cuando Carlisle terminó y dio por bueno el reconocimiento ginecológico, Edward se acercó a la cama sonriendo de forma relajada.
- Me vas a dejar sitio… O leo desde el suelo? – Me preguntó sarcástico pero divertido. – Si es así, pásame un cojín, anda… Se benevolente con tu esclavo leedor de libros – Puso unos morritos encantadores, los cuales hicieron que el pulso se me alterará por unos segundos.
Después de reírme un rato de Edward y sus pucheros, me recompuse, pero con una gran sonrisa en mis labios.
- Anda… Ven aquí. No soy tan mala como para dejarte leer en el suelo… - Lo miré alzando una ceja pícara – Bueno, la verdad es que no quiero compartir los cojines… Jajaja! – Volví a echarme a reír sin poder evitarlo. Edward, primero puso morritos de ofendido, para acabar uniéndose a mis carcajadas.
- Creo que pasas demasiado tiempo con Emmet – Suspiró y meneo teatralmente la cabeza.
Abrió el libro y retrocedió un par de hojas desde donde estaba puesto el marcador.
Edward leía y yo lo contemplaba. Intentaba ser lo más discreta posible, ya que no quería que él viera de una forma tan obvia el cuelgue que tenía por él.
De vez en cuando detenía su lectura y nos mirábamos por algún párrafo que nos hacía gracia a ambos. Pero aunque nuestros ojos reflejaban la diversión de lo descrito en el libro, en el fondo nuestras miradas tenían un trasfondo más íntimo… Más intenso.
Al cabo de lo que pudieron ser escasos minutos, Carlisle llegó con la medicación. Yo me mordí el labio y puse carita.
- No señorita… no me pongas ojitos – Me dijo Carlisle divertido – Te he dado hora y media…
¿Hora y media? Todo ese tiempo había estado Edward leyendo? Lo dicho, a mí me habían parecido minutos…
- Mañana volveré a leerte… - Me susurró Edward acercándose a mí oído de forma seductora – No te vayas a ir a ningún lado… Yo también me paso el día esperando que llegue este momento – Separó su cara de mi oído para mirarme de frente y después de unos segundos hechizándome con sus orbes dorados, me guiño un ojo.
Así que él, pasaba su día esperando para estar conmigo y leerme?
- Para haber tenido semejante susto… Te veo de un humor espléndido! – Exclamó Carlisle sonriendo pillo. Me mordí el labio en respuesta.
Carlisle no hizo más mención… Sobraban las palabras entre los dos. Yo sabía de dónde venía mi buen humor tanto como él mismo.
A la mañana siguiente, me desperté de un humor igual de bueno que con el que me acosté y como bien había dicho Carlisle incluso habiendo tenido "semejante susto". Recordando sus palabras, una sonrisa se escapó de mis labios. Sonrisa que duro bastante poco…
Cuando me estaba incorporando en la cama, con mucho cuidado, esperando que me subieran el desayuno y así tener mi primera visita del día.
Así fue, pero la persona que me trajo el desayuno ese día no la hubiese esperado por nada de este mundo.
- Se puede? – Preguntó Rose desde la puerta con la bandeja de mi desayuno.
Yo la miré y al ver que era ella, los ojos se me abrieron como platos; incluso la boca debió descolgárseme levemente.
- Claro, pasa… - Le contesté medio tartamudeando.
- Espero que no te importe que te haya subido yo el desayuno hoy… Pero me han dicho que has preguntado por mí. – Sonrió de medio lado. Yo me limité a asentir con la cabeza.
Se sentó en la butaca de las visitas, como yo misma la había bautizado. Esperó pacientemente a que tomara el desayuno, para posteriormente retirarme la bandeja y volver a su posición.
La vi como inhaló aire y apretó los ojos.
La conversación iba a comenzar. Mientras, yo fui intentando poner mis ideas en orden para poder explicarme lo mejor posible y que Rosalie comprendiera mi punto de vista y el porqué de mi decisión.
Después de unos minutos en silencio, y viendo que ninguna se decidía a comenzar, opté por lanzarme yo.
- Rose, verás… - Volví a hinchar los pulmones de aire, mientras ella me miraba esperando paciente. – Emmet me ha comentado vuestra imposibilidad de tener hijos – Ella frunció el ceño mostrando el dolor de ese echo – Y de veras que lo siento… Aún más sabiendo que el convertirte en madre es un sueño para ti, y… si yo pudiera regalarte mi maternidad lo haría sin dudar, pero no puedo y créeme que lo haría encantada – Rose sonrió más sinceramente ante mis palabras, eso me gustó, ya que fue el gesto que confirmó que creía mis palabras. – Pero debes creer también que ese bebé no podía nacer, no debía… Cómo iba a criarlo? – Rose iba a interrumpirme pero no la dejé – Y no por el echo de hacerlo sola, eso es lo que menos me importaba… Pero soy muy joven, no tengo trabajo y aunque mi padre me ha dejado ese dinero, pero sin una fuente de recarga… ¡Qué haría cuando ese dinero se acabará? ¿Y entonces, qué? – Por mucho que tenía mis ideas en orden, el volver a tocar el tema, y además habiéndome comprometido conmigo misma de ser lo más sincera posible con Rose, me estaba sobrepasando y acalorando.
- Bella… entiendo tus motivos, pero si fueras más mayor, con la pareja de tus sueños y lo tuvieras todo… Todo menos lo más importante para ti… Que la naturaleza te haya imposibilitado para concebir y que de ninguna de las maneras habidas y por haber pudieras dar a luz a tu bebé, a lo que sería tu todo… No crees que pensarías las cosas de otra forma? Que verías una aberración lo que tú has hecho? – Enfatizó.
La miré con los ojos aguados. Su voz, siempre tan dulce y sensual… Hoy no tenía nada de eso, estaba amargada y cargada de dolor. Y errando en lo que había creído primeramente, en su tono no había ninguna clase de reproche. Simplemente estaba sincerándose conmigo; hablando con una amiga liberándose un poco de la carga de su dolor.
- Rose… Esos no son los únicos motivos… - La voz se me apago; la miré fijamente inspirando sonoramente.
- Si no quieres hablar… - Rose me miró con cierta preocupación.
- Tranquila, quiero darte los motivos reales… Aunque supongo que los imaginas. – Respiré para aclararme un poco - Ese bebé era de Jacob Black, de mi ex prometido. – Rose intentó mostrar sorpresa, pero sabía que fingía por no ofenderme. – Rose, no hace falta que disimules – La sonreí pícara, aunque triste – Sé más que de sobra que sabías quien era el padre.
- Bueno, la verdad es que lo suponíamos… Además cuando llegamos y Alice nos contó lo que había ocurrido, Carlisle se lo preguntó… Más bien se lo afirmó y ella asintió. – Se mordió el labio en señal de disculpa.
- Ok, no pasa nada… Tampoco era un secreto, por lo menos aquí, en casa. – Especifique. – Jake no tiene ni idea de todo esto, y así debe seguir. – Me puse tensa, respirando un par de veces para volver a la calma. – El día que llegue, después de pasar por el hospital y ver a mi padre y al tuyo subí con la gente de la Push a la reserva. Allí estaba esperándome Jacob. Al vernos… después de más de tres años… No sé lo que pasó, pero la chispa salto de pronto entre nosotros. Yo ya no soy la nenita inocente que se fue de aquí con el corazón roto; He tenido contacto con otros chicos y eso me ha dado una experiencia y picardías que antes no tenía ni por asomo – Sonreí mordiéndome el labio y meneando la cabeza ante mi inocencia de antaño. Rose me devolvió el gesto con cara picardiosa. – Bueno… después de comer y de que Billy se durmiera, ya tuvimos un leve acercamiento en su cuarto y yo salí corriendo hacía el garaje y él vino detrás de mi. Entonces ya no eran solo chispas… Sino una descarga eléctrica de cien mil voltios. – Reí – Sin pensar ni él ni yo, nos lanzamos desesperados el uno por el otro y por supuesto, acabamos acostándonos – La risa se desvaneció de golpe – Y como puedes suponer, nadie se acordó de los preservativos… Y joder! Para una vez, solo una vez que no tuvimos cuidado… Zas! Dio de pleno en la diana – Rose agacho la cara consternada y yo me di cuenta de mis palabras. – Joder…! Rose, lo siento… No quería ser insensible… De veras, perdóname! – Le supliqué.
Rose levantó la cara entristecida, pero una sonrisa apagada asomaba de sus labios.
- Tranquila… Debes alegrarte de ser tan fértil. – Frunció los labios en una mueca casi divertida. – Cuando encuentres al hombre de tu vida, te alegraras de serlo, créeme. Continúa tu historia… He de reconocer que está de lo más interesante… Aunque haya acabado algo mal – Volvió a fruncir los labios haciéndome casi hasta reír.
- El final ya lo sabes… pero ahí está el quit de la cuestión. Fue un impulso descontrolado, hormonal… Debido a los recuerdos, al anhelo… Yo qué sé! – Exclamé alzando los brazos - Pero él está comprometido con otra mujer. Porqué como bien me ha dicho, aunque jamás me olvidará y me querrá por el fin de sus días, a ella la quiere más. Sin ella no sería capaz de seguir viviendo… Pero sin mí, si que ha sido capaz estos años. – Mi tono era frío, pero no había rencor. Más bien comprensión hacía los sentimientos de Jacob. – Y sé, porque lo conozco bien, que él reconocería públicamente a ese bebé… Pero, por muy comprensiva que sea su prometida… ¿Cómo se tomaría esa clase de noticia? – Rose asintió con leve movimiento de su cabeza.
Eso era una noticia que ninguna persona comprendería y aceptaría… Y muy pocas perdonarían.
- Tú crees que lo reconocería? – Preguntó Rose dubitativa.
- Si – Le contesté tajante y sin duda alguna. – Le arruinaría la vida… A punto de casarse con otra mujer y siendo el padre del bebé de otra… Esa no es la clase de vida que le quiero dar a mis hijos. Quiero a una pareja para la cual yo sea su todo, su elegida… Que no pueda vivir sin mí… Ni yo sin él. Y entonces plantearme formar una familia juntos. Soy hija de padres separados, y aunque no puedo quejarme del todo de mi vida… El que los padres no estén juntos… Y encima ya separados desde el principio… No. No lo quería para mi hijo. Además el tema hijos para mí no es algo imprescindible, en serio. – Suspiré ante la mala cara que Rose empezaba a poner de nuevo – Si el aborto no se hubiese complicado de esa forma, nadie se habría enterado jamás, que era el plan. Pero aun no entiendo como se descontroló tanto la situación… Si no llega a ser por la rápida intervención de tus hermanos, ahora mismo estaría muerta. Gracias a Dios que tu hermano supo que hacer y como ayudarme… - Miré hacía la ventana… A la nada, recordando el grandísimo trabajo de Edward.
Ambas guardamos silencio, sumidas en nuestras propias cavilaciones.
Después de unos minutos, Rose volvió a hablar.
- Te entiendo Bella, de veras… Aunque yo esté en contra del aborto, tus razones son válidas… Pero si lo hiciste, apechugaras con tus actos. – Me sermoneó.
- Bien… yo apechugo, pero que iba a ser de mi hijo? Desde que tuviera sentido iba a conocer a su padre casado con otra mujer y su madre, una chiquilla de 21 años, responsabilizándose de él sola para siempre… o compartiendo vida con un hombre que no es su padre… Un planazo genial! – Alcé la voz un poco. – Rose, en serio que siento tu problema, pero no puedes ser tan intolerante. Sé que hice las cosas a lo loco acostándome con él sin protección, pero esto no es algo que se pueda hacer a la ligera… Fui irresponsable y ahora voy a compensar cumpliendo con lo esperado que es apechugar… No! Estamos hablando de la vida de una personita, de alguien que dependerá de mi durante 18 años… y luego, aunque de forma más independiente… también. – La miré fijamente a los ojos – Vuelvo a repetirte que siento tu problema, pero has de entender mis motivos. Por un calentón no iba a joderme la vida a mí ni a Jake… Y lo que es peor, traer a este mundo a un bebé con un hogar roto de ante mano. Lo he pensado mucho… muchísimo antes de hacerlo y créeme cuando te digo que estuve a punto de tenerlo, pero no… NO podía ser y punto. – Concluí tajante. – Si pudiera, hubiera tenido ese bebé para ti… - Le sonreía triste pero sincera y ella me devolvió el mismo gesto. – Pero sé que eso no te vale… Que no es lo que tu quieres. – Ella asintió con un ligero movimiento de cabeza.
La conversación se dio por finalizada. No volvimos a tocar más ese tema. Rose me preguntó como iba llevando mi recuperación y se fue de mi cuarto cabizbaja. Sabía que iba analizando mis palabras, al igual que yo meditaba su problema. Entendía que viera como un asesinato lo que yo le había echo a mi bebé… Pero mis motivos eran sobradamente justificados.
Así pasaron unos días más y mi recuperación fue avanzando satisfactoriamente. Rose entró alguna que otra vez a saludarme con la excusa de traerme o recogerme la comida, e intercambiábamos cuatro palabras. No estaba enfadada, pero seguía disgustada conmigo. Era cuestión de tiempo que fuera relajándose.
Hoy era el gran día en que Carlisle iba a dejarme levantarme de la cama.
- Con cuidado… Con mucho cuidado – Recalcaba él – Ya no se te soltarán los puntos, pero puedes hacerte daño igualmente.
Esme y Alice que también estaban en la habitación para ayudarme a levantar, lo miramos condescendiente.
- Tranquilo querido, - Lo calmó Esme – Bella lleva una semana recluida en la cama y ya está muy recuperada… Además estamos tres personas con ella para ayudarla. – Alice asintió a las palabras de su madre, mientras yo sonreía mirando hacía los tres.
Con Esme a un lado y Carlisle a otro, me levanté y di mis primeros pasos. En mis partes nobles apenas tenía ya unas ligeras molestias, pero el problema ahora es que tenía las piernas adormiladas de tanta cama.
- Bueno, ya te has movido un poco, deberías sentarte – Sugirió Carlisle ante mi cara de desacuerdo – Ahora ya puedes moverte… Desayuna sentada, y luego te vuelves a levantar otro rato… Poco a poco – Me miró de forma paternal.
- Oh, vamos… No quiero sentarme – Me quejé poniendo pucheros – Podía bajar a desayunar a la cocina – Sugerí con cuidado; imaginaba la negativa de Carlisle.
Pero antes de que le diera tiempo a negarse, Emmet hizo acto de presencia en el dormitorio, echándome una mano… Más bien un brazo entero.
- Yo la bajaré… Con mucho cuidado – Se ofreció. – Es normal que este harta de estar aquí sola… Que baje a la cocina con todos. En vez de sentarse en el taburete de la barra, que lo haga en la silla. Está acolchada y cómoda – Carlisle se quedó sin argumentos en cuestión de segundos.
- Es una gran idea! – Apoyó Alice a su hermano.
- Sí…! – Esme también estuvo encantada con la idea. – Vamos Emmet, coge a Bella en brazos y que baje a desayunar con todos.
Miré a Carlisle con ojitos tiernos, y él me devolvió la mirada al instante. Había perdido, pero viendo la ilusión que me había echo la idea, dejo a un lado su pequeño enfado para alegrarse por mí.
En la cocina estaban Jasper y Edward, los cuales se alegraron de que me encontrara bien para bajar.
- Vaya Bella… me alegro de que te hayan quitado el castigo y te dejen bajar… jaja! – Rió él refiriéndose a Carlisle. – Ya estaba empezando a estar cansado de tener que subir a tu cuarto para verte y pasar un rato juntos. – Rió con guasa.
- Pues si tu estabas cansado… - Le seguí la broma irónica.
- Ven, siéntate – Edward se levantó del taburete y movió una de las sillas para que me sentara. Sentándose él a mí lado – Te parece que me siente aquí y desayunemos juntos? – Me preguntó de forma risueña.
- Claro…! – Le contesté de forma un tanto efusiva. Gesto que no paso desapercibido para nadie, ya que unas risitas se oyeron de fondo, haciéndome salir los colores.
Con ayuda de Emmet, que me hizo de "taxi", me pude ir moviendo por la casa. Volvimos a bajar la consola al salón y allí pasamos la tarde. Me rodearon de cojines como si fuera un jarrón de cristal y así Carlisle no puso ninguna objeción a que estuviera allí con ellos.
A media tarde me dormí, por mucho que dijera, aún estaba algo floja y hoy había sido un día movido.
Cuando desperté, estaba acurrucada y tapada en el sofá del gran salón, el cual estaba levemente iluminado por una lamparita. Me desperecé, y cuando giré la cabeza… Sorpresa! Edward estaba en la butaca mirándome y yo ante la impresión de no contar con nadie, solté un pequeño jadeo.
- Estás bien? – Edward se levantó del sillón y vino rápidamente a la vera del sofá. Había malinterpretado mi "gritito" pensando que me había echo daño.
- Si, si… Es que me ha sorprendido verte ahí sentado; tan callado… Parecías una estatua ahí parado – Sonreí.
- Perdona… No quería asustarte… - Se disculpó. Su mirada, aun en la penumbra de la habitación, brillaba, resplandeciente.
- Ya no me asustas… Recuerdas que ya no eres un completo gilipoyas? – Le recordé sonriendo pícara.
Suspiré, inhalando y soltando el aire suavemente. Gesto que no paso desapercibido para Edward.
- Qué te ocurre? – Frunció el gesto mostrando su preocupación.
- Estoy algo cansada… Hoy ha sido un día largo… Aunque no le quiera dar la razón a Carlisle, aún estoy algo floja – Sonreí en una mueca cansada.
Edward me miró, no… Me contempló y yo lo miré bailando mis ojos en la mirada fija de él.
No podía ser momento más íntimo, sin pronunciar ni una sola palabra, ningún sonido… Incluso sin más gestos que nuestras miradas enlazadas en la del otro.
En ese mismo instante, ambos, en silencio, nos reconocimos a nosotros mismos que estábamos locos el uno por el otro. Que nuestros corazones latían por y para la persona que teníamos enfrente.
Ese momento, jamás se fue de nuestra memoria, ya que fue el principio de todo…
