CAPI 32. DESPEDIDAS
Los días fueron pasando rapidísimos, casi sin darme cuenta llevaba en la casa Cullen unos 20 días. Aunque me encontraba fenomenal con ellos, mi lado racional me decía que era hora de volver, o mejor dicho, iniciar mi vida en mi propia casa.
Esme y Emmet me decían que los retoques que le habían echo estos días a la casa aun no estaban terminados. Que lo que yo había visto era el principio y que había que rematarlo, ya que no les había dado tiempo a todo cuando fui a por mis cosas a New Hampshire.
Eso les valió unos días, pero la excusa se les acabó. Y mi abuso de hospitalidad, también.
Esa mañana, al bajar a desayunar, les informé de que ese sería el último día. Ya estaba completamente recuperada y debía regresar a casa.
- Vamos Bella… Por qué tanta prisa? – Me preguntaba poniendo pucheros Emmet.
- Emmet, llevo más de 20 días aquí… He de empezar a vivir sola. – Le contesté regañándolo como a un niño.
- No estás cómoda con nosotros? – Se dio por ofendido Carlisle.
- Oh, vamos Carlisle, sabes que si… Que no es eso en absoluto. – Sus palabras me hacían sentirme mal, pero algún día debía regresar a mi casa. – Pero de verdad, ya es sobrarse demasiado. No me siento cómoda alargando esto más tiempo, en serio… Mi educación no me permite abusar así de vuestra hospitalidad… - Iba a interrumpirme pero no le deje – Sé que para ti es un placer tenerme aquí, pero sabes que no es lo correcto, que alguien con modales no abusaría así. Por favor, no me lo pongas más difícil.
- Te entendemos Bella… - Comenzó Jasper, pero su hermano lo interrumpió.
- No, no la entendemos… - Añadió él con unos enormes pucheros, igual que un niño pequeño.
- Emmet… - Lo reprendió Esme.
- Continuo, si Emmet me lo permite – Jasper miró hacía su hermano con reproche. – Entendemos tus motivos, pero enserio créeme que no molestas ni abusas. Ya estamos tan hechos a que estés en casa, que realmente vamos a sentir tu partida. Pero vuelvo a decirte que es lógico que quieras irte a tu casa. – En ese momento Jasper me pareció un hombre muy sabio, no solo por darme la razón, si no por sus palabras y la forma de decirlas.
- Me dejaras ir a verte? – Me preguntó Alice con carita de pena.
- Por supuesto Alice… Cómo lo preguntas tan siquiera? – Le dije sonriéndole. Me acerque a ella y la abrace con ternura.
La conversación se fue alargando, hasta que Carlisle comprendió y aceptó que debía irme a mi casa, no sin antes prometerle que pasaría muuuuyyy a menudo por su casa y que lo llamaría. Inclusive me hizo prometer, aunque eso no me molestó ni lo más mínimo, que me acercara al hospital.
- Oler un poco del ambiente hospitalario te vendrá bien para no desligarte – Comentó sonriente, viendo mi cara de satisfacción ante su propuesta.
- Si… Porque llevo demasiado tiempo sin ese olor característico. Lo hecho de menos… - Mi cara se entristeció. – Espero que no tarde mucho más tiempo en salirme alguna oferta. – Me lamenté a media voz.
Mientras todo esto ocurría, yo no podía apartar del todo la mirada, de reojo por su puesto, de Edward.
Quería observar su reacción al comentarle a la familia que esa iba a ser mi última noche de invitada.
De primeras, cuando comenté mi intención de irme, su cara se mostró tensa; con cierto toque de desilusión. Aunque apenas duró unos instantes, para pasar a un rostro neutral. Pero durante mi alojamiento en su casa, nos habíamos visto mucho y ya conocía sus caras y que siempre intentaba ocultar cualquier reacción excesivamente espontanea, por lo menos delante de mí.
Necesitaba comprobar si a él también le molestaba que me marchara, aunque durante los días siguientes a mi primer día fuera de la cama, cuando me dormí en el sofá y él me despertó, fue dándome muestras de que él, estaba tan encantado de tenerme en su casa como el resto.
Después de aquel día, de aquel contacto tan íntimo sin llegar a pasar nada, los acercamientos entre ambos se fueron sucediendo día a día. Ya que por lo menos de mi parte, tuve que reconocerme a mí misma que realmente sentía algo especial por Edward… Y algo me daba, que al igual que yo, a él le había pasado otro tanto de lo mismo, ya que con la intensidad con la que me miró ese día, no lo había echo jamás, pero ese gesto se fue repitiendo a lo largo de esos días.
Todas las noches antes de dormir, Edward subía a leerme "Cumbres Borrascosas". Las primeras sesiones de lectura no duraban más de hora y media, ya que Carlisle subía con la dichosa medicación que me hacía dormirme por más que yo intentara evitarlo.
Después de diez días, acabé el tratamiento y por fin las noches pudieron alargarse más. Durante unos días, Edward no pasaba de leer esa hora y media, ya que decía que tenía que descansar, y a mi me mataba; sobretodo viendo que a él le apetecía tan poco como a mí el despedirnos.
Como cada día recobraba más energía, iba moviéndome más y haciendo cosas un poquito más complicadas.
Entonces Edward fue alargando nuestras veladas ya que veía que estaba recuperándome satisfactoriamente.
Era nuestro tiempo. Ambos nos pasábamos el día esperando a que llegara la noche para poder compartir nuestro momento a solas. Ya que no solo él leía y yo escuchaba sino que antes de leer hablábamos de que habíamos echo durante el día, y nos relatábamos vivencias pasadas.
Nos estábamos conociendo.
Una tarde, Alice y yo estábamos charlando animadamente en mi vestidor, mientras ordenaba la colada que Esme me había subido, y le comenté lo bien que me llevaba encontrando los últimos días.
- Llevo dos o tres días que me encuentro genial – Le comentaba a Alice animadamente – Sin dolores ni molestia alguna. – Alice sonreía complacida de mis palabras – Esta mañana he ido a hacerme una eco con tu padre al hospital y a chequearme, y me ha dicho que todo está perfecto, como si no hubiese pasado nada.
- Me alegro muchísimo, de verdad – Me contestó ella feliz.
- Me ha dicho que ya puedo hacer vida completamente normal – En mis palabras se escondía cierta pillería que Alice entendió a la primera.
- A qué vida completamente normal te refieres? – Me preguntó sin disimular ni un ápice su propia picardía.
- A sexo! – Le contesté yo alzando las cejas. – Carlisle me ha dicho que ya puedo tener relaciones íntimas.
- Y ya tienes candidato? – Preguntó ella escapándosele la sonrisa.
- Ummm… - Simplemente contesté eso. Alice estaba llevándome a su propio terreno y yo no veía escapatoria alguna.
Aunque me había reconocido a mi misma que estaba loquita por Edward, todavía no veía claro el decirlo en voz alta, en reconocerlo públicamente. Y aunque me fastidiaba no contárselo a Alice, ya que nos habíamos hecho muy amigas y teníamos bastante confianza, no dejaba de ser su hermano y me daba bastante apuro hablar de eso con ella.
- Ese ummm… - Comentó ella – No se referirá a cierto lector de libros, verdad? – Dijo casi hasta riéndose. Yo me puse de todos los colores habidos y por haber.
- Aliceeee… - La reprendí, pero a mí también se me escapaba la sonrisa.
En esas, Rose apareció en el vestidor sonriendo. Con la que ya había mejorado nuestra antigua relación; aún le quedaba un poquito para ser como antes, pero iba por muy buen camino.
- Hola chicas, de que habláis? – Preguntó sonriendo.
- De sexo… - Respondió Alice, yo meneé la cabeza negando ante la claridad en su respuesta y Rose abrió los ojos y asintió con la cabeza.
- Ahhh… eso explica la cara de Edward – Comentó tan natural.
- Como que eso explica la cara de Edward? – Pregunté yo tensándome en el acto.
- Estaba en la puerta de tu dormitorio con la cara tensa, como si hubiese visto un fantasma. Estaba tan concentrado en algo, que no me oyó ni tan siquiera acercarme… Raro en Edward. – Comentó extrañada – Pero ahora entiendo su reacción. – Sonrió traviesa – Cuando me acerqué, me dijo que iba a entrar a comentarte algo sobre no sé que de un libro, pero que estabas hablando con Alice y que bueno… Ahí empezó a balbucear y con las mismas se fue ha su cuarto… Jajaja! – Acabo por reírse Rose. – Qué estabais diciendo alguna cosa "pecaminosa"? – Resaltó ella encomillando en el aire.
- Nooo, para nada – Se apresuró a contestar Alice. – Simplemente Bella me comentaba que ha estado con Carlisle esta mañana en revisión, y que le ha dicho que ya puede mantener relaciones sexuales. Eso es todo.
Aunque ahí acabo la frase, supe que entre ellas se habían dicho algo más. Algo que yo no pude oír, ni captar. Pero por sus caras, sabía que se habían comunicado.
Ese hecho, ya lo había captado en otras ocasiones entre distintos miembros de la familia. Acababan una frase en alto, pero de algún modo, se decían algo más sin que yo lo escuchara. Era algo rarísimo, y seguramente una persona menos observadora que yo no se hubiese percatado. Pero yo sí.
Las primeras veces no le di importancia, pero cuando observé que esa acción se repetía con cierta asiduidad, me fui fijando más y estaba segura de que eso ocurría, que se comunicaban de alguna manera, pero lo que no fui nunca de descubrir era cómo lo hacían.
Volviendo a la conversación con las chicas, después de que Alice le dijera eso a Rose, yo hice la conexión y entendí lo que había pasado:
Edward había escuchado lo que Alice y yo hablábamos y por eso se quedo así de parado.
¿Pero… le sentaría bien o mal que el elegido para "estrenarme" fuese él? Porque eso había quedado más que claro. No hacía falta verme la cara, solo con el deje de mi voz cualquiera podría haber intuido que sí, que por supuesto que el escogido para tal acción era él mismo.
Esa misma noche saldría de dudas, como así fue.
A las doce de la noche, puntual como un reloj, Edward apareció en mi cuarto con el libro entre sus manos. Por supuesto que Cumbres Borrascosas ya lo habíamos acabado; ahora estábamos con Orgullo y Prejuicio, después de haber liquidado Los Miserables.
- Hola… Buenas noches – Le dije al oírlo picar en la puerta, la cual permanecía abierta, pero para él se había convertido en una costumbre, ya que yo me quejaba de que era muy sigiloso. – Me pillas aún fuera de la cama – Le sonreí abiertamente, aunque mi corazón ya estaba tronando bajo mi pecho.
- Pues yo no me he adelantado… Ha sido usted la que se ha retrasado, señorita. – Contestó él sonriendo.
Ambos parecíamos muy normales, pero bajo esa fachada estábamos nerviosos. Lo sabía porque Edward traía la cara tensa. La forma de su mandíbula se ensanchaba debido a la presión a la que la sometía. Era un gesto muy de él cuando algo no andaba bien.
- No es que me haya retrasado a voluntad propia, es que Emmet me ha retenido en contra de mi voluntad, jaja! – Reí mi propia gracia.
- Ahhh! – Se sonrió, pero su mandíbula seguía tensa.
Justo cuando me iba a meter en la cama y Edward estaba detrás de mí esperando a que me acostara para acomodarse él, me di cuenta de que llevaba los pendientes puestos, unos que me había regalado Alice con una bola de perla ya que según ella estaban muy "in" esta temporada, y me giré de manera imprevista para dejarlos en la cómoda.
Sabía que Edward estaba detrás de mí, pero no tan cerca y él no contó con mi repentino cambio de rumbo hacía atrás, por lo que chocamos el uno contra el otro de forma totalmente torpe.
Él alzó sus brazos para sostenerme, los cuales acabaron detrás de mi espalda a modo de abrazo y los míos que los había colocado por delante de mi cuerpo a modo de protección acabaron enroscados en su cintura, a la par que mi cabeza quedaba recostada sobre el pecho de Edward, casi a la altura de su cuello…
Dios, que exquisitamente bien olía. Sobretodo ahí, en el cuello… Era una auténtica tentación.
Por el escaso tiempo de un minuto, estuvimos ahí parados en la misma posición. Ninguno tenía prisa por moverse ya que a ninguno nos apetecía ni lo más mínimo alejarnos del otro.
- Edward – Lo llamé hablándole a su cuello.
- Dime. – Contestó en un susurro.
- Oíste lo que hablamos antes tu hermana y yo, verdad? – Le pregunté más bien como una afirmación.
Tardó en contestar, pero lo hizo mediante un asentimiento de su cabeza.
Pero en ese momento, una sensación de disgusto, incluso formándoseme un nudo en la garganta, invadió todo mi organismo, debido a que noté como Edward se tensaba en demasía y se apartaba de mi lado muy discretamente; imagino que para no ofenderme.
- Bella… verás… - Comenzó él, pero lo pare. Sus dos palabras me sonaron a disculpa, a rechazo y no quería oír nada más.
- Edward, estábamos en broma… ya sabes como es Alice con ese tema. Siempre anda picándome – Me incliné de hombros restándole importancia al asunto, intentando sonreír divertida. Pero sé que lo único que conseguí fue un gesto de lo más falso.
Coloqué los pendientes en la cómoda y me acosté, mientras Edward esperaba a que me acomodara.
Esa noche no me arrimé a él como las anteriores, sino que dejé un espacio entre nosotros. Él pillo rápido ese gesto ya que una vez acomodada y él acostado, se me quedó mirando un momento esperando a que me acercara a él mientras yo me hacía la desinteresada. Entonces abrió el libro y comenzó a leer.
No llevaba ni una hora leyendo, yo fingí que me había dormido. La tensión que esa noche emanaba de nuestros cuerpos era demasiado y estaba acabando con mi paciencia y con mi pobre autodominio.
Estaba segura de que él sabía perfectamente que estaba haciéndome la dormida, porque antes de salir de mi dormitorio, lo sentí volverse hacía la cama y quedarse un momento de pie mirándome para a continuación, soltar un bajo bufido.
Al día siguiente toda la familia nos fuimos a pasar el día a Port Ángeles, el cual fue de lo más divertido. Eso ayudo a que entre Edward y yo se aliviaran un poco las cosas, y que esa noche cuando vino a leer ambos estuviéramos más normales, más relajados el uno con el otro.
Por supuesto, ninguno hizo más mención a lo que Edward nos había oído hablar a Alice y a mí esa tarde en mi vestidor.
La siguiente noche, Edward volvió a leerme a las doce en punto, como era costumbre. Aunque la tempestad original había amainado, aún quedaban nubes en el cielo… O sea, que todavía estábamos algo tirantes el uno con el otro.
Esa noche, tampoco me acerque a él como hacía antes de la maldita conversación con Alice.
A la mañana siguiente, fue cuando di la noticia de que me iba a mi casa.
El día pasó tranquilo, con alguna cara larga de por medio, pero al final no resultó demasiado trágico. Intenté pasar tiempo de ocio con todos los miembros de la familia.
Cocine con Esme, charle con Alice y Rose, jugué a la consola con Emmet y al ajedrez con Jasper, Carlisle y yo tuvimos una de nuestras charlas sobre medicina y después de cenar juntos y hacer sobremesa, Edward y yo nos quedamos solos en nuestra propia burbuja cuando subió a leerme.
Nos colocamos en la cama de forma habitual, y aunque seguía sin acercarme a él, no sé porque, sería porque esa noche era la última, me arrime un poquito más rozándonos levemente.
Al cabo de poco más de media hora, Edward acabó de leer.
- Bueno, nos ha dado tiempo a terminar el libro – Dijo reflexivo – Si no, tendrías que haberte quedado hasta finalizarlo. – Agregó risueño, escondiendo una sonrisita.
- Por eso no me hubiese importado retrasar mi mudanza – Le contesté sincera; casi en exceso, ya que las palabras salieron por mi boca sin pasar filtro alguno.
Edward se quedó quieto, mirando hacía delante. Y yo me puse nerviosa de forma automática.
- No debí decir eso… Lo siento, no quería incomod… - No me dejó acabar la frase.
- Bella… estás segura que la conversación del otro día con mi hermana era en broma? – Me preguntó mirándome fijamente, abrasándome con sus ojos dorados.
- Yo… bueno… - Yo miraba para todos lados, menos a su cara; sabía que si posaba tan solo un segundo mis ojos en los suyos estaba perdida. Y él lo sabía.
- Bella – Me llamó serio, con tono en cierto modo autoritario. – Mírame, a los ojos. – Ordenó.
Yo no pude más que obedecer. Lentamente fui girando mi cabeza y mis ojos hacía los suyos, los cuales brillaban. Y ahí me quedé; lo sabía, sabía que si lo miraba estaba perdida… como así fue.
- Era en broma? – Volvió a preguntar.
- No – Le respondí escueta pero sincera.
- Eso es lo único que quería saber. – Su respuesta fue también breve, pero intensa.
No hubo más palabras. Sin más se lanzó sobre mí, tumbándome en la cama bajo él. Mi reacción no se hizo de rogar. Enrosqué las piernas en su cintura y mis brazos sobre su nuca, abrazándolo y atrayéndolo hacía mí.
Pero aunque su gesto fue pasional, no fue brusco para nada. Lo hizo rápido, pero suave… Una manera de seducir perfecta.
Nos besamos con fervor, con ansias… Con anhelo. El recuerdo de aquel día en el hotel se posicionó en mi mente y supongo que en la de él también. Hoy parecía que era el día en que íbamos a terminar lo que aquel día no pudimos.
Sabía que había echado de menos el estar en esa cercanía con él, pero hasta ese momento no imaginaba hasta que punto.
Su olor entraba por mi nariz, su tacto electrocutaba mi piel y sus caricias parecían llevarme hasta a otra galaxia… Y todo ello se juntaba en el centro de mi sexo, haciéndolo palpitar; excitándome hasta el punto de sentir como me humedecía y como de mi boca salían ahogados gemidos.
Cuando la cosa se suponía que tendría que haber ido a mayores, Edward, muy caballerosamente se fue apartando de mí. Yo al principio pensé que lo que estaba haciendo era erguirse para desnudarse o desnudarme a mí… Pero no.
¿Cuál fue mi sorpresa? El ver como se separaba del todo, apoyándose sobre el cabecero de la cama, con la respiración entrecortada, la cara desencajada por la subida de lívido y los ojos oscurecidos.
- Pero… - Protesté sin saber cómo continuar la frase. Si me dejaba ir empezaría a retafilar una diatriba verbal de la cual me arrepentiría al cabo de unos minutos.
- Espera… No quiero que te enfades, ni que te disgustes… - Comenzó a disculparse. – Aquí no, Bella. Esta casa tiene oídos – Comentó él en un susurro.
- Que tiene, ¿qué? – Pregunté con los ojos abiertos como platos y el reflejo del tremendo enfado en la cara. – Venga Edward, no me fastidies… - Mi respiración ahora si que estaba agitada y no por el motivo que hubiese querido. - ¿Oídos? Si no querías que nos acostáramos, para que empiezas nada… - Le recriminé.
- No es eso… Claro que quiero que nos acostemos… Todavía no te has dado cuenta de lo muchísimo que me atraes? – Preguntó casi hasta sorprendido. Yo agregué un bufido – Solo que aquí, no. No me siento cómodo. Siento muchísimo haberte atacado de esa forma. Imaginaba que no me rechazarías, pero no que me acogerías entre tus brazos con tanta pasión.
Eso fue la gota que colmó el vaso de mi paciencia. No lo había dicho en tono despectivo ni altanero, para nada… pero me hizo sentirme mal. Casi como una cualquiera. Y ahora mismo en ese tema me encontraba algo delicada; muy sensible debido a lo que había pasado con el aborto.
No quería que ni él ni nadie, llegaran a pensar que era una cualquiera que iba acostándome con un chico así sin más. Que era una come hombres, una buscona...
- Tú con quien te crees que estás hablando? – Le increpé alzando la voz. Él abrió los ojos sorprendido por mi reacción. – No, no me mires así… No pienses que soy una cualquiera que va acostándose con el primer tío que le atrae. Para llegar a este punto, el sentimiento tiene que ser mucho más fuerte que un mero calentón. – Cogí aire - Lo que pasó con Jacob, sigo sin entenderlo aun a día de hoy, pero tú… Contigo es diferente… – Aunque estaba enfadada, y mucho, recriminándole, Edward tenía una liviana sonrisa en la cara. La cual no entendí, ya que estaba tan ofuscada que no veía más allá de mis narices, y no prestaba atención a lo que estaba diciendo.
En ese momento, ya que no era capaz a razonar como una persona cuerda, no entendí lo que significaba su gesto; aquella sonrisa de satisfacción, aunque no burlona. Si no que desemboco en aumentar mi enfado.
- Fuera – Lo eche con voz seca. – Sal de mi habitación… ya! – Su sonrisa desapareció por arte de magia.
- Bella… Te estás confundiendo… - Intentó él explicarse, pero por supuesto, yo no le di ni la menor opción.
- Te estoy diciendo que te vayas, Edward Cullen – Sabía que cuando lo llamaba por su nombre y apellidos, es que mi enfado era de los buenos.
- Esta bien… Ahora mismo no escuchas, ni razonas… Hablaremos cuando estés más calmada – Me dijo en un tono entre enfadado y borde. Le había molestado que no le hubiese dado la oportunidad de explicarse.
Salió de mi habitación cerrando la puerta. Yo me acurruqué en la cama, me agarre a un cojín y lloré.
No sabía exactamente el motivo concreto de mis lágrimas; era una mezcla de todo.
Entre pensar que él pudiera creerse que yo era una cualquiera, su forma de pararme diciéndome que en su propia casa no se sentía cómodo y ahora esa manera de irse. Mirándome con esa frialdad y con esa voz de casi hasta asco.
Era mi última noche allí y la había cagado con Edward de la mejor de las maneras.
Al final el berrinche hizo que acabara por dormirme.
A la mañana siguiente cuando desperté, mi mente se encontraba más fresca. Debido a la llantina de la pasada noche, parecía que mis neuronas estaban más limpias y pensaban a una velocidad de vértigo.
La deducción a la sonrisa de Edward me llego con tanta fuerza que tuve que incorporarme en la cama quedándome sentada.
Él sonreía por lo que había dicho. Estaba tan molesta, tan enfadada por su rechazo que no me percaté de lo que había dicho:
…No pienses que soy una cualquiera que va acostándose con el primer tío que le atrae. Para llegar a este punto, el sentimiento tiene que ser mucho más fuerte que un mero calentón. pero tú… Contigo es diferente…
Le había dicho y sin tan siquiera darme cuenta de que sentía algo por él; que no era simplemente atracción física.
Él entendió mis palabras a la primera, pero yo estaba tan ofuscada que ni me había dado cuenta.
Me duché a una velocidad ultrasónica, me vestí y me acicalé un poco, saliendo de la habitación rápidamente. Destino: La cocina.
Rezaba porque aun no se hubiera ido a trabajar, y en un momento de despiste, disculparme con él. Imaginaba que estaría esperando el momento para que lo dejara explicarse o más bien que lo hiciera yo, ante mi comportamiento de la pasada noche.
Pero cual fue mi desagradable sorpresa al bajar, que allí estaban todos menos él.
- Buenos días – Me saludó Carlisle con un tierno beso en la frente.
- Vaya como has madrugado hoy… Tantas ganas tienes de abandonarnos? –Preguntó Emmet poniendo unos divertidos y a la par, tiernos pucheritos.
- No, no es que tenga ganas de dejaros, pero quería desayunar con todos – Le respondí mirándolo con cariño.
- Bueno… No atosiguéis a Bella – Salió en mi defensa Esme – Encima que ha madrugado tanto por desayunar con nosotros… - Y me lanzó una mirada cómplice.
- Y… Ahora que te vas sola para tu casa… - Alice no sabía como entrarme, pero yo adiviné su proposición.
- Alice, que quiera iniciar mi vida, no significa que me vuelva una huraña… - Le respondí alzando las cejas – Puedes venir cuando quieras… No necesitas avisar, ni concretar un día. Vas y punto – su sonrisa iluminó la cocina entera.
- Vaya… pues genial! – Respondió cantarina.
- Y esa invitación está abierta para todos, no solo para Alice – Agregué, a lo que el resto sonrió complacido.
Después de un rato más de cháchara, nos fuimos despidiendo ya que Alice, Carlisle y Jasper tenían que irse al hospital y Esme, Emmet y Rose a sus respectivas obligaciones.
Nos abrazamos y nos besamos. Casi parecía que en vez de cambiar de barrio, fuese a cambiar de estado.
- Venga, no nos pongamos tan melancólicos, Bella solo se va a 15 minutos de distancia. Nos veremos muy a menudo – Jasper consiguió que todos nos relajáramos con sus palabras y a mí, parecía que me hubiese leído la mente, ya que el momento se estaba poniendo de lo más emotivo causándome una gran tristeza.
- Gracias Jasper, me has echado no una mano… Si no un brazo entero – Le susurré acercándome discretamente a él, para posteriormente guiñarle un ojo. Gesto que él me devolvió con una sonrisa cómplice.
Decidí no llevarme nada de lo que tenía en mi dormitorio de la casa Cullen, ya que preveía el pasar alguna noche allí.
Subí a mi aseo para lavarme los dientes antes de marcharme y al salir, todos se había ido, o eso creía yo.
Según salía por la puerta, los ojos se me fueron solos al cuarto de Edward. Y como si mis pies tuvieran vida propia, se encaminaron directos allí.
Entré y nada más atravesar el umbral, su olor me pegó de lleno en el olfato. Olía tan exquisitamente bien… Solo con percibir su aroma, todo él se presentaba ante mí.
Con la tranquilidad de saberme sola, me permití mirar su cuarto con tranquilidad. No llevaba más que unos minutos observando sus cosas, pero sin tocar nada, cuando un cuaderno llamó mi atención. No tenía nada especial, pero parecía usado con gran frecuencia.
Era de cuero negro y las tapas estaban muy gastadas, como si tuviera cien años. Lo tomé entre mis manos y me mordisqueé el labio ante la incertidumbre de qué hacer.
Hasta que mi curiosidad ganó por goleada a mi educación y lo abrí; en una página al azar.
Era una especie de diario, pero no como el que hacíamos las chicas, que lo escribíamos todo; eran notas muy concretas.
En la página donde lo abrí, escribía sobre la guerra civil española, concretamente Madrid y sobre Federico García Lorca y como preparaba su exilio.
Arrugué el ceño mientras leía esas notas, ya que lo asombroso de su relato no era la historia en sí, ya que lo que contaba en ellas eran datos históricos, sino la realidad y presencia en sus palabras. Como si él mismo estuviera allí con el poeta, en aquel Madrid de 1936.
Por Dios… Eso es totalmente imposible… Pensé sacudiéndome la cabeza.
Pero entonces la curiosidad aumentó. Pasé unas hojas al azar y leí; otro hecho histórico. La primera retransmisión de televisión pública en el Coliseum de Londres a mano de John Baird, su inventor, del Derby… Año, 1931.
Antes de empezar a flipar, cosa que ya estaba empezando a hacer, preferí darle un razonamiento lógico. A lo mejor yo estaba entiendo sus notas en primera persona, pero seguramente Edward las escribiría así por algún motivo. Una narración para el instituto, la universidad…
Pasé más páginas, esta vez casi hasta el final de donde el cuaderno estaba escrito. Era un pentagrama escrito, lleno de notas musicales. Cuando estaba a punto de pasarla por alto, cuatro palabras al fondo de la hoja llamaron mi atención:
La nana de Bella
Eso era lo que estaba tocando aquel día… Entonces entendí perfectamente su mirada, por supuesto que estaba dedicándomela. Yo misma se la había inspirado
Me di cuenta entonces, que tenía la boca abierta igual que un pasmarote, y que de ella se asomaba una sonrisa bobalicona.
Coloqué con sumo cuidado el cuaderno en su sito para que él no notase que lo había tocado y salí disparada hacía mi habitación.
Tiempo después supe que Edward se había dado cuenta de que había estado hurgando en aquel cuaderno, ya que como él me dijo, sabía que había estado en la habitación incluso antes de entrar en ella. Mi olor rezumaba por todo el cuarto, y el cuaderno se había quedado impregnado de mi fragancia.
De mi escritorio cogí un papel y le escribí una nota, disculpándome por mi actitud de la pasada noche e invitándolo a mi casa para su inauguración.
Para Edward,
De veras que siento mi comportamiento de la pasada noche, siendo la última no quería que hubiésemos peleado. Aunque en mis planes tampoco estaba el haber llegado a ese punto. ;)
Solo que después de lo que pasó con el aborto, estoy un poco sensible con ese tema, y no quiero que pienses de mí que soy una fresca, una comehombres…
Reitero mis palabras… Para llegar a eso con un hombre, debo sentir más por él que el simple estímulo sexual.
Para hacer las paces, te invito a que te pases por mi casa y así veas como ha quedado.
Espero tu visita.
Un beso, Bella
La dejé en su escritorio, encima de una montañita de CD's, bien a la vista.
Salí con una melancólica sonrisa de su dormitorio, la cual se esfumo en menos de un segundo. Alice estaba en el hall de la planta, o sea entre mi habitación y la de Edward, apoyada contra la pared mirándome con una ceja levantada.
- Cómo no te has podido despedir de él en persona, lo haces en su dormitorio? Para llevarte el recuerdo de su olor hasta que os volváis a ver? – En ese momento Alice me dio miedo, figurado, claro.
- Alice… - Me acerqué a ella casi corriendo hablándole en susurros. – Por favor… por favor, no le digas nada… Yo solo entré para dejarle una nota – Me excusé. – Ya que como bien dices, no nos hemos visto en el desayuno.
- Por eso te levantaste tan temprano hoy, para poder verlo… Y hablar sobre lo sucedido ayer de noche en tu cuarto – Según Alice iba hablando, a mi se me agrandaban los ojos al son de sus palabras. –Edward estuvo muy acertado ayer con su comentario de "esta casa tiene oídos" – Alzó ambas cejas para matizar sus palabras. Yo en respuesta me quedé muda. – Todos somos de oído muy fino, y esta planta se añadió más tarde, no es original de la casa, y los tabiques son de un material parecido a la escayola, o sea, muy finos – Sonrió pícara. – Por eso ayer se paró. – Explicaba mientras yo iba recuperando el color en la cara – Sé que su actitud devorándote y luego parándose de golpe no estuvo muy acertada – Rodó los ojos – Pero aunque te haya molestado, ya que su explicación sonó a mala disculpa, no ves que él aun sabiendas que aquí no podía hacer nada contigo ya que os sentiríamos todos, no tuvo fuerza de voluntad para estarse quieto? – Su pregunta fue más bien una afirmación.
Alice me dio un par de minutos para que procesara la nueva información.
Y… Joder! Tenía razón.
- Sí, vale… Ahora, con lo que tú me has contado, lo veo todo mucho más claro. Ya por la mañana un ramalazo de razonamiento me llegó nada más despertar. Por eso bajé tan temprano a desayunar… Para verlo y poderme disculpar con él. – Sentí como mi cara mostraba una gran tristeza de golpe, la cual Alice descifro a la primera.
- Ya… ya sé que se fue sin darte tiempo a bajar. Él no acostumbra a irse tan temprano al hospital… - Alice volvió a rodar los ojos. – Porque bueno, tú perdiste un poco los papeles, pero tampoco fue como para que se ofendiera así. – Yo gesticulé afirmando su deducción – Pero Edward es así… Estaba reconociendo su error habiéndote echo sentir mal, y tu no le dejaste… Supongo que él… Bueno, que Edward es así. – Sabia que Alice había callado algo que estuvo a punto de escapársele y que yo no debía saber, por lo menos por ahora. – En un par de días se le pasara – Y sin más sonrió despreocupada.
Yo me mordí el labio en respuesta, imaginando como iba a pasar yo ese "par de días"… Mal.
Hablamos de otras cosas mientras me acompañaba al coche, sitio donde volvimos a despedirnos y aprovecho a tranquilizarme sobre lo de Edward una vez más. Para acabar diciéndome las ganas que tenía de ir a ver como dejaba mi "nueva" casa.
- Bueno, dame dos o tres días para que la acondicione, ok? Así estará mucho más presentable y me sentiré más orgullosa de enseñártela. Cuando todo esté bien ordenado, os invitaré a todos a que vengáis a verla, de acuerdo? – Le pregunté más bien afirmándolo yo misma. – Y tú, algún día si te apetece, podías venirte y quedarte a dormir conmigo, si a Jasper no le molesta… Estaría bien hacer una pijamada y Rose también, por supuesto. – A Alice la idea le pareció perfecta.
Me monté en el coche, después de un gran abrazo, y salí rumbo a mi nueva casa… A mi nueva vida.
Holaaaaaaaa mis chicas... Veis que prontito he publicado?
Bueno, este capi ha estado cargadito, eh?
Hay esta Bella... jajajaja! Y este Edward... son tal para cual.
Espero que lo hayais disfrutado,
Un besazoooooo
