CAPITULO 34. LOS CULLEN – 3ªpersona


En la casa de los Cullen el silencio desde que se había ido Bella era insoportable. Se habían acostumbrado a tenerla entre ellos, sobretodo los últimos días en los que la chica ya estaba recuperada y se movía por la casa como antes.

Solo llevaba en su nuevo hogar unos pocos días y todos andaban como almas en pena. Una noche, estando todos juntos en la cocina, ritual que seguían haciendo aun no estando Bella, se pusieron a conversar; más bien a lamentarse de la ausencia de "su niña".

- Creo que no debimos hacerle esas reformas – Refunfuñó Emmet – Ahora estará cómoda en su casa y no aparecerá por aquí para nada. – Rose se acercó a su esposo y le dio una tierna caricia a modo de consuelo.

- Vamos Emmet, no digas eso… Aquella casa necesitaba esa reforma como un humano el respirar – Le contradijo Esme – Además ella necesita hacer su vida, encontrarse a sí misma.

- Comparto las dos opiniones – Añadió Jasper – Y aunque aquí ella se encontraba más que cómoda, empezar su nueva vida en una casa con siete vampiros… No es lo más conveniente.

- Bueno, pero ella no sabe que somos vampiros… - Contratacó Emmet.

Los siete, se sumieron en un silencio sepulcral. Se mencionó "el tema" de la discordia el cual había estado semanas apartado de sus cabezas y por consiguiente de dialogo.

Todos miraron hacía la misma persona: Carlisle.

- No empecéis con lo mismo… Solo hace unas semanas que lo hemos hablado y sigue sin ser oportuno revelarle nada a Bella. – Se defendió él – No es el momento, debemos darle tiempo a que vaya superando todo lo acontecido en su vida en estas semanas… Ella confía en nosotros y no podemos darle este mazazo ahora. Se hundiría inevitablemente. – Carlisle les habló de forma sincera; sus palabras revelaban lo que realmente sentía.

- Ya Carlisle, pero cuanto más tiempo pase, más confiará ella en nosotros… Y entonces llegara un día en que nunca vas a encontrar el momento. – Le contestó Jasper – Y créeme que algún día, será necesario decírselo.

- En eso estoy completamente de acuerdo con Jasper – Se sumó a la conversación Rose, ante el asentimiento de Emmet – Cuando el aborto, tanto Edward como Alice, se plantearon que si no eran capaces a detenerle la hemorragia, la morderían y la convertirían. – Relató ella – Si eso hubiese pasado… ¿Cómo crees que se sentiría Bella cuando despertara convertida en una vampira?

Carlisle arrugó el ceño y bajó la mirada. Se sentía perdido, confuso.

- Chicos, aunque no lo creáis estoy deseando decírselo… Puede que al principio a Bella le costará asumirlo, pero no quiero seguir engañándola por más tiempo; no me gusta traicionar su confianza en mí… Pero por otro lado, ha sufrido tanto en tan poco tiempo… Y ahora que parece que levanta cabeza, que vuelve a sonreír…

- Bueno, no es necesario tomar una decisión ahora mismo… - Esme se acercó a su marido y le acarició la cara para reconfortarlo.

Volvieron a sumirse en un silencio un tanto incómodo. Cada uno hacía sus cávalas sobre el tema. Hasta que Alice se pronunció.

- A ver… - Todos los presentes fijaron sus miradas en ella. – Ahora mismo no tengo visiones claras de ella. Está en un momento de su vida de transición, está haciéndose adulta y sus decisiones son bastante variables. – Explicaba – Comparto con Carlisle el que ahora mismo no es buen momento, pero no debemos retrasarlo en demasía. – Dijo con tono intencionado.

- Alice – La llamó Edward interviniendo al fin en la conversación. – Cuando tu dices eso, es que algo as atisbado, verdad? – Le preguntó clavándole la mirada con total intención.

- Si, he visto algo… Y la verdad espero que mis visiones cambien al cambiar el rumbo de sus decisiones. Aunque la visión no es muy clara, porque no sé muy bien el por qué, pero los lobos tienen cierto protagonismo y su gen licántropo sabéis que anula mis visiones… - Alice se había convertido en el centro de atención de todos sus oyentes. –Por lo poco que puedo deducir, es como si Bella se enterase ella sola, de alguna forma. Y eso, creo, que será mucho peor. Porque lo que si veo claro, es un distanciamiento con todos – Al decir todos, miró de reojo hacía Edward, el cual arrugó el ceño de preocupación ante las palabras de su hermana. – Creo que lo conveniente es esperar un tiempo a que se centre, que empiece a trabajar, ya que en un par de días la citaran para la entrevista y cuando pasen las navidades, decírselo. No podemos alargarlo más – Miró directamente hacía su padre, el cual asintió con la cabeza.

La decisión estaba tomada, en cuanto pasaran los festejos navideños, el secreto de los Cullen se le sería revelado.

Durante los primeros días del emancipamiento de Bella, los miembros de la familia fueron pasando por su casa. Por separado para tenerla entretenida y que se fuera adaptando a su nueva vida, pero sin sacarlos a ellos de la suya.

El único que no pasó por su casa fue Edward, y de ese detalle se dieron cuenta todos. Incluido Carlisle.

Un día, después de llegar de trabajar, Carlisle subió al dormitorio de Edward y lo invitó a ir de caza juntos; hacía tiempo que no salían solos y a ambos les pareció una estupenda idea.

Después de jugar y divertirse con la caza, Carlisle y Edward se sentaron plácidamente a contemplar el cielo estrellado y reposar "la cena".

- Edward, quería aprovechar a comentarte algo – Comenzó Carlisle con cautela.

- Sabía que querías que hablásemos de algo en privado… Intentaste esconder el motivo de tu invitación de caza, pero tu mente lo gritaba descontroladamente, jaja – Rió Edward divertido – Lo único que si supiste esconder fue el motivo de la charla.

- Bella – Respondió contundente Carlisle. Edward se tensó en el acto.

Carlisle le dio unos instantes para que reaccionara. Por un momento, al ver la cara de su hijo, tuvo que hacer esfuerzos para no echarse a reír, ya que el rostro de Edward era un completo poema.

Había sabido esconder perfectamente el motivo de su invitación de caza, tal y como le dijo él, por lo que lo pilló completamente de sorpresa, como era la intención de Carlisle.

- Desde que Bella apareció en nuestras vidas, tienes un comportamiento extraño… Y no digo con nosotros, si no con ella. – Comenzó poco a poco a entrar en tema; Edward miraba hacía el infinito, no se atrevía a mirar a su padre directamente. – No quiero que pienses que te he estado observando, - se excusó Carlisle – Simplemente que los primeros días de estar ella entre nosotros, me dediqué a ver como reaccionabais todos con ella. Si os caía bien, si os encontrabais agobiados con ella pululando por la casa… Esas cosas…

- Y cuando llegó la hora de fijarse en mí, notaste ese comportamiento… raro! – Lo interrumpió Edward.

- Efectivamente. Tú eras el que parecía, peor llevabas la intrusión de Bella y me apenaba por ello. Pero tu comportamiento se contradecía. Eras arisco con ella, pero querías estar al tanto de todo lo que aconteciese en su vida. – Carlisle intentaba esconder la sonrisa que amenazaba por asomar. – Entonces mi conjetura de que no soportabas a Bella comenzó a cambiar poco a poco, sobre todo cuando se fue aquellos días a New Hampshire, y pequeños detalles que hubiesen pasado desapercibidos, si no fuera que entonces si estaba observándote. Te delataste tú solo… Jajaja! – Carlisle acabó por reírse abiertamente.

Edward lo miraba desconcertado. No pensaba que él, después de lo que dijo sobre lo que quería para el futuro de Bella, admitiese tan bien que él, siendo vampiro, se hubiese enamorado de "su niña".

- Pero… - Edward no sabía exactamente que decir. La mente de su padre iba a tal velocidad que no era capaz de captar nada.

- Pero… ¿Qué? – Le preguntó aun con la risa en la garganta. – Te extraña que me alegre de que forméis pareja? – Ahora el asombrado era él mismo. – Edward… no podría ser más feliz de que hayas encontrado el amor, llevas desde tu conversión, hace casi un siglo, solo. A Esme le preocupa desde hace décadas que no tengas pareja… Y después de tantísimos años, te has enamorado de Bella… De mi niña. Mis dos tesoros más valiosos juntos! – Exclamaba emocionado.

- Espera… Espera… Que me parece que te estás adelantando – Carlisle frunció el ceño no entendiendo a su hijo. – Conmigo has acertado de pleno - Sonrió – Pero… has hablado con Bella de esto? – Le preguntó.

- En serio, no. – Edward lo miró saliéndosele los ojos de las órbitas. – Cuando estuvo en casa estos días convaleciente, le he dejado caer en un par de ocasiones pequeños comentarios. Más bien para ver su reacción… y las suposiciones que hacía tiempo llevaba haciendo, ella con sus reacciones, me las confirmó. – Sonrió con ternura – Está loca por ti. – Sentencio tajante.

Carlisle le dio unos instantes a Edward para que recapitulase con calma la conversación y cuando estuviese preparado para proseguir, lo haría él mismo; como así fue.

- Pero, entonces… Aquello que dijiste sobre que querías que Bella encontrase un buen hombre, que la amase, la protegiese, le proporcionase un buen hogar… y le diese hijos? – Preguntó sin acabar de encajarle el puzle. Carlisle sonrió dulcemente.

- Y lo sigo diciendo… - Le contestó ante la mirada perdida de su hijo – Edward… tú, cumples sobradamente esos requisitos. – Edward abrió los ojos perplejo. – No encuentro hombre más perfecto para ella que tú mismo. – Sentenció tajante.

- Carlisle… Papá… Creo que estás alucinando, como dice Bella… - Ambos sonrieron ante el comentario – De veras crees que puedo darle "todas" tus exigencias? No crees que para una de ellas estoy algo… Cómo decirlo? Incapacitado? – Preguntó con sorna.

- A ver… No te pongas sarcástico… - Le respondió meneando la cabeza – Sé que no puedes darle hijos, no seas tonto, pero hay muchas maneras de que pudierais tenerlos… - Edward arrugó el ceño – El problema es cuando ella se convierta, mientras siga siendo humana, hay muchas técnicas de reproducción, y parece ser que ella es bastante fértil. – Arrugó la boca en un mohín de disgusto.

No porque Bella fuera fértil, por supuesto que no, sino por quien era el padre "irresponsable" del bebé.

- Bueno, si… - murmuró Edward meditabundo – De eso es de lo que se lamenta siempre Rose, de no haber podido permanecer humana el tiempo suficiente como para haber podido engendrar un hijo biológico – Carlisle asintió al comentario de su hijo.

Siguieron cavilando durante largo rato. Y en varias ocasiones Carlisle tuvo que repetirle a su hijo que estaba más que encantado con la idea de que ellos formasen pareja. Y que siendo así, la idea de convertir a Bella en uno de ellos, no le parecía tan aberrante como semanas atrás había dicho.

Ahora quedaba por confirmar si Bella realmente estaba enamorada de Edward. Aunque ambos estaban casi seguros de que la respuesta a esa incógnita era que si.

Pero lo peor de todo no era eso, si no el hecho de cómo se tomaría Bella de que fueran vampiros; de que estuviera enamorada de uno sin saberlo… Y ya puestos a seguir elucubrando, qué opinaría ella de convertirse en una de ellos.

Esas preguntas rondaban la cabeza de ambos vampiros, pero no tenían nada en claro. Bella era una persona algo escéptica, eso lo sabía Carlisle de sus charlas cuando fueran compañeros en Dartmouth y ese rasgo de su carácter empeoraba notoriamente el que ella se tomara bien la noticia.

- Carlisle, no quiero presionarte con el tema… pero… - Edward aspiró profundamente – No quiero seguir manteniendo a Bella engañada por más tiempo. – Edward miró con ojos casi hasta suplicantes a su padre - Cuanto más tiempo pase, será peor. De eso estoy completamente seguro – Afirmó seguro.

- Sí, sé que tienes toda la razón… pero es la primera vez que voy a revelarle a un humano lo que somos, y si te soy sincero, no tengo ni idea de cómo decírselo. – Confesó Carlisle preocupado. –

- Entre todos encontraremos la manera de contárselo… Ahora que ella está integrada con toda la familia, no tiene por qué ser responsabilidad únicamente tuya. – Intentó reconfortarlo Edward.

Decidieron que sería mejor guardar su conversación en secreto todo el tiempo que les fuera posible, ya que Bella podría verse influenciada o molesta por pequeños detalles o comentarios que sin querer ser mal intencionados, se les pudiera escapar a la familia si se enteraban de esta noticia.

Una vez concluida la conversación con su padre, Edward se fue a su "nuevo hobby", velar los sueños de su amada.

Desde la primera noche que Bella pasó sola en su casa, Edward protegía su sueño. Había un par de árboles muy bien situados, para el beneficio de él, desde donde la podía contemplar, tanto estuviese en el salón como cuando se iba al dormitorio.

Casi siempre llegaba antes de que ella estuviese en la cama, y le encantaba ver como era en su intimidad. Como se organizaba, acomodaba su casa y se preparaba para irse a dormir.

Las primeras noches no, pero pasados unos días, Edward llegó a aventurarse a entrar en su casa. Tenía que hacerlo con sumo cuidado de no hacer ni el menor ruido, ya que ella antes de irse a dormir comprobaba que todas las ventanas estuviesen bien cerradas.

Pero una vez le hubo cogido el truco, no le resultaba para nada complicado colarse y velar su sueño mientras la contemplaba completamente embelesado.

Una de esas primeras noches, y ante la impaciencia de verla y la curiosidad de observarla durante más tiempo despierta, Edward se adelantó bastante de la hora acostumbrada en su visita.

Entonces sucedió algo que le hizo poner en práctica sus dotes y agilidades de vampiro. Fuera de todo lo esperado, Bella salió de casa; abrigada hasta las trancas y con una cesta.

No estaba disgustada ni salía forzada; ella estaba normal, aunque había algo que debía perturbarla de alguna manera, ya que su cara no estaba como siempre.

Se adentró en el bosque y Edward tuvo que andar saltando de árbol en árbol como un mono, para poder seguirla sin ser visto, por supuesto.

Todo iba bien, Bella recogía leños para, lo que rápidamente supuso, encender la chimenea. Ella tarareaba una canción y estaba entretenida con su tarea. Edward estaba completamente absorto observándola. Pero estaba lejos… demasiado lejos para su gusto. Quería verla desde más cerca, solo un poco más y podría hasta olerla.

Sin hacer ruido a sus oídos humanos, Edward se acercó; algo más de lo que había calculado en un primer momento. Calculó mal el salto y fue a posarse en el árbol que estaba junto a ella, aunque unos cuatro metros sobre su cabeza, como mínimo.

Pero lo que sorprendió a Edward fue la reacción de Bella:

Ella no había percibido ningún ruido y no lo había visto, ya que no mostró señal alguna de distracción, pero de una que él se asentó en la rama, escondido, Bella se petrificó y su pulso cardíaco se elevó en cuestión de dos segundos. Sin más.

Pero no era miedo. Aunque ella pudiera definirlo como tal, esa no era la sensación correcta para lo que estaba percibiendo.

- Hay… hay alguien ahí? – Tartamudeo mirando hacía todos lados.

El que se quedó petrificado entonces fue Edward. Estaba sintiéndolo a él. Al peligro. Al depredador acechando a su víctima, y su subconsciente le estaba advirtiendo de que ella, era la presa.

Edward, para corroborar su idea, se alejó un poco de ella. Ahora estaría como a unos 10 metros, entonces, puso atención y el corazón de Bella comenzó a danzar más tranquilo y ella salió de ese estado de "miedo" en el que había quedado sumida.

Intentó ser valiente, pero esa sensación "errónea" de miedo, la hizo echar a correr dejando la cesta caer. Y metiéndose en casa pasando todos los cerrojos y comprobando una a una, todas las ventanas de la casa.

¿Cómo podía ser posible que ella lo hubiese sentido?

Edward se fue a casa, pero Carlisle no estaba. En cuanto tuviesen ocasión, tendrían que hablar sobre eso. Podría darse el caso de que Bella tuviese algún tipo de don.

Cuando volvió a casa de Bella, ella estaba totalmente abstraída con un juego. Uno que a él le sonaba mucho, ya que era el preferido de su hermana Alice.

Seguro que fue ella quien se lo recomendó

Pensó Edward dejando ver una sonrisa tierna a la par que simpática.

Pero después de un rato, Bella volvió a sorprenderlo, saliendo de la casa con una linterna para ir en busca de la famosa cesta.

Ella tendría frío y la leña para encender la chimenea estaba fuera. Así que decidida y echándole valor, se fue a recogerla internándose en la oscuridad del bosque.

En dos minutos, ella apareció a la luz de las farolas de su calle, con una gran sonrisa de satisfacción personal por haberse tragado el miedo, ilógico, suponía que habría pensado ella, para recoger el material con el que poder calentar el frío salón de su casa.

El resto de la noche pasó sin mayores movimientos. Pero el simple hecho de verla, de conocerla en su intimidad y soledad, para Edward eran las horas más intensas y especiales del día.

Aunque moría por no acercarse a ella, ir a visitarla y conocer su nueva casa, ya que a esas alturas él era el único que aún no había hecho acto de presencia.

Pero sabía que su impaciencia pronto quedaría pagada, ya que Bella sería llamada para la entrevista que le abriría, por fin, uno de los aspectos más importantes para ella. El mundo laboral.

Edward, a escondidas de toda la familia, había movido Rusia con Catapusia para conseguirle a Bella ese puesto.

La mujer que lo ocupaba, era una enfermera veterana y muy bien calificada y reconocida entre compañeros y jefes, y para rematar ella iba a tener su tercer bebé, y por lo que Edward averiguo, su marido no ganaba un sueldo como para vivir desahogados, así que ella estaría aferrada a su puesto con uñas y dientes.

Unos días antes de que Bella abortase y se mudase de forma provisional a la casa Cullen, los siete vampiros en una de sus frecuentes reuniones familiares para ponerse al día sobre los quehaceres de la familia, habían estado hablando del tema laboral de Bella.

- Estoy haciendo todo lo que puedo por conseguirle un puesto… Pero es difícil. Este es un hospital pequeño y no hay incorporaciones. No hay excusas para solicitar otra enfermera. – Explicaba Carlisle a la familia, la cual, a excepción de Esme, lo increpaban acusándole de no haber "enchufado" ya a Bella. – Y lo que no puedo hacer es despedir a ninguna por puro capricho… Eso no es justo. Son mujeres que llevaban en sus puestos años y que no pueden prescindir de su sueldo por el bien de su economía familiar. – Se defendía Carlisle de las acusaciones de sus hijos.

- Ya, Carlisle lo entendemos… Pero y si la llaman de otro sitio? – Preguntaba exaltada Alice. – Ella se irá… - Se lamentaba.

- Bella quiere quedarse aquí, Carlisle le tira muchísimo y ahora que nos conoce, se siente a gusto y protegida entre nosotros. Pudiera ser que le costase decidirse, pero podría apostar, por los sentimientos que capto de ella, que al final rehusaría una oferta de trabajo lejos de aquí. – Agregó Jasper seguro de sus palabras.

- Además ella ahora tiene el dinero que le dejó su padre – Intervino Edward. – No está necesitada de fondos económicos para sobrevivir. Y aunque tiene que ser cuidadosa en cómo lo gasta, es una suma importante, la cual le garantiza poder vivir desahogada durante tiempo.

- Si… pero imaginaros que le saliera una oferta en Seattle – Puntillo Emmet – Creéis que se hará casi dos horas de coche todos los días para ir y venir de trabajar? – Preguntó retóricamente – No. Ella se mudaría allí, como sería lo lógico. Y haría su vida allí… y en cuatro días perderíamos contacto con ella. – Se lamentó.

- Lo único que os puedo asegurar, es que por ahora, no la van a llamar de ningún hospital. Eso si que he podido hacerlo. – Les recordó Carlisle. – Y en estos meses, cuento que pueda mover algunos hilos como para hacerle un hueco si no es en el hospital de Forks, en el más próximo. – Intentó calmarlos. – Además mi enfermera personal, está embarazada, así que podré meter a Bella en plantilla por lo menos las 16 semanas de baja maternal. – Les relató animado.

- Y después de esas 16 semanas? – Preguntó sarcástica Alice. Carlisle suspiró agobiado.

Edward escuchaba la conversación; las quejas y disculpas entre sus hermanos y su padre sin apenas intervenir, meramente lo justo. Pero él sabía que Bella acabaría trabajando en Forks y asegurándose de esta forma que ella no volvería a irse. O por lo menos no sin ellos.

Edward investigo todo sobre la vida de esa enfermera, incluyendo su marido. Movió hilos y sobornó a quien le molestaba, pero consiguió que a su marido le ofrecieran un ascenso en la capital, con un salario superior al que ganaban entre él y su mujer juntos y con un contrato fijo.

Pocos días después, le llegó a su despacho la notificación de la baja maternal de la mujer y su carta de renuncia a su puesto de "enfermera asistente principal".

En una semana, Bella sería la enfermera personal de Carlisle.

Y después de esperar, el gran día de la entrevista de Bella llegó.

Como bien había supuesto Edward, y no se equivocó, Bella pasó primero por el despacho de su padre; en cierta forma para recriminarle de que la hubiesen llamado. Pero ella estaba completamente equivocada respecto a la persona original que había movido los hilos necesarios para que esa oferta de trabajo viera la luz.

Entre Carlisle y Alice le explicaron que todo, había sido cosa de él. Y por supuesto, ella se quedó sorprendida, pero satisfecha. Le había gustado que el protagonista de la "trama", fuese él.

Todo esto lo supo en el transcurso de Bella subir y acudir a su entrevista, por mediación de una esperada llamada telefónica de Alice.

- Se quedó con una cara de boba… de tonta enamorada – Dijo con retintín su hermana – Cuando le dije que había sido cosa tuya… Vamos, para haberle sacado una foto, jajaja! – Rió ella feliz – No supo ni qué contestar. Se quedó muda y dos divertidos coloretes le empezaron a brillar en las mejillas.

Todos estaban encantados con que Bella y Edward se hubiesen enamorado. Tantas dudas y miedos que tuvo hacía tan solo unas pocas semanas… Y todo había sido muchísimo más fácil de lo esperado.

Ya que con sus hermanos varones también tuvo "la charla". Y aunque Emmet llevó la conversación un par de veces al lado divertido y pícaro, o sea al campo sexual, la conversación fue de adultos. Tanto él como Jasper estuvieron encantados con que se hubiera enamorado de Bella hasta el tuétano y por lo que parecía, ella de él también.

Incluso Rose, con la que no solía tener ningún tema transcendental, lo felicitó y dejó ver su propia felicidad por la noticia.

- En serio Edward… No te imaginas lo feliz que me siento por ti. Bella es una chica estupenda y creo que hacéis una pareja encantadora. – Era raro, pero Rose no usaba nada más que palabras bonitas y bien sonantes. Realmente estaba feliz con la noticia – Y de verdad hermano, no tengas miedo de que ella no te corresponda, porque se ve a una legua que está loquita por ti. – Sentenció tajante con una enorme sonrisa, para acabar dándome un gran abrazo fraternal.

Y caso a parte fue cuando Carlisle le reveló a Esme que Edward se había enamorado de "su niña". Aquel día, nada más entrar por la puerta, Esme se echó a los brazos de su "primogénito" y empezó a gimotear de felicidad.

Eso pasó el día antes de la entrevista de Bella.

Y volviendo a ese día, Alice lo avisó de que le había sugerido a ella que debería pasar por su despacho al acabar su entrevista para darle las gracias, y que Bella asintió, pero que se había puesto nerviosísima por tal acción.

Supongo que ella estaría más que intranquila por su ausencia en esos días. Pero aunque el enfado se le había pasado rápido, tan rápido que cuando aquella noche salió de su habitación nada más atravesar el umbral de su puerta ya se le había disipado, debía hacerse el ofendido; sobre todo para ver por donde respiraba ella. Y cuando al día siguiente al llegar a casa, vio su nota en su habitación pensó que levitaba de felicidad.

Si no le importara lo suficiente, no se hubiese arriesgado a entrar en la habitación corriendo el riesgo de que alguien la viera, y sus palabras denotaban una gran sinceridad y arrepentimiento.

A parte de dejar la nota, Edward notó que ella estuvo cotilleando su cuaderno, las páginas que había tocado estaban impregnadas de su fragancia. En sí no le molestó, más bien le preocupó, ya que con lo avispada que era ella, seguro que se había dado cuenta de que estaba escrito en 1ª persona; o sea que eran vivencias propias… Pero… Que pensaría leyendo acontecimientos de principios del siglo XX escritos de su puño y letra?

Eso es lo que le preocupaba.

Pero volviendo al día de la entrevista… Por fin después de estos días, iba a poder verla… Vamos, que se iban a ver, ya que Edward a ella la veía todas las noches velando sus sueños.

Sintió el ascensor abrirse y como la administrativa de la planta le decía que pasase, que la estaba esperando. Con toda su atención puesta en ella, pudo sentir como el corazón le dio un golpeteo en el pecho.

Entró haciéndose la simpática y le siguió la broma, pero ella estaba ansiosa por pedirle explicaciones las cuales Edward zafó respondiéndole que Alice ya se lo había contado todo.

Ella estaba nerviosa, lo sabía por su pulso algo acelerado y por la transpiración de su piel; aunque ella disimulaba lo mejor que podía, y era bastante buena actriz.

Debía de reconocer que él estaba también bastante atacado, pero su naturaleza los dejaba fingir y esconder cualquier clase de sentimiento.

Alice la llamó para invitarla a comer y decirle que Carlisle estaba esperándola para felicitarla con un gran abrazo. Ella sonrió feliz relatándole sus planes, pero de pronto su sonrisa se esfumo, dejándole un semblante triste.

Y esa tristeza repentina? Por qué se había disgustado así?... Edward odiaba no poder leerle la mente.

Podría ser porque no quisiera dejarle aun? Porque esperaba de él algún acto de acercamiento?

Le echó valor, como le había sugerido Jasper en la conversación de la pasada noche y cuando ella se disponía a irse, se acercó a ella de forma seductora, mencionándole su nota. Ella se puso nerviosa y comenzó a disculparse por haber entrado en su dormitorio sin permiso; estaba encantadora cuando se alteraba así y sus mejillas se sonrosaban de esa forma tan inocente.

La forma seductora de acercarse y hablarle, hicieron su efecto… Y confirmaron sus sospechas de que ella tenía tantas ganas de alejarse de él como él de ella. Ninguna.

Sus últimas palabras fueron… - Te llamaré – Ante la insinuación de que tendría que recompensarle por su "favor" y que iría a su casa cuando le invitase formalmente.

Sabía que lo haría. Edward sabía que intentaría organizar algo bonito… al igual que sabía que iba a tener que comer, ya que en los humanos, es gesto de buen gusto y educación el hacer una buena cena a sus invitados.

Sus miradas estaban enlazadas, en su burbuja personal. Edward sabía su capacidad de "hipnotismo" cuando intensificaba su mirada, por lo que era perfectamente conocedor que Bella no sería capaz de apartar la mirada por si sola.

Así que aprovechando que la tenía "atrapada", le echó un poco más de valor y dejó hablar a su corazón.

- Va a encantarme tenerte pululando por aquí – Susurro, que era el tono adquirido por ambos desde hacía varios minutos. Bella le dedicó una sonrisa tímida pero sincera, de la que llegan a los ojos. – Te quiero en todos los planos de mí vida – En ese momento todo el aire que la chica tenía en los pulmones le salió de golpe, emitiendo un bajo suspiro. Él se acercó a su oído, para que su aliento rozara su oreja y le susurró aun más bajo – Estaré esperando impaciente esa invitación. – Pudo percibir el estremecimiento que causó en ella, y su ego masculino y su corazón, brincaron al unísono.

Con esa última insinuación, apartó la mirada de Bella, liberándola del hechizo, y así que pudiese reaccionar normalmente. Por su puesto, Bella se quedó en shock, pestañeando seguido hasta que su cerebro se aclaró lo suficiente como para despedirse, no antes de lanzarse una mirada cargada de lujuria y una sonrisa angelical; ese contraste entre "demonio y ángel" que tanto le encandilaba y ponía.

Esa cita, sería el momento crucial para aclarar las cosas entre ellos, ya que él había dado muestras más que de sobra de su alto interés por ella, y ella en respuesta, con su reacción corporal, le había mandado señales claras de lo mismo.

Ummmm... Una cita! Por fin!

Veremos a ver como les va...

Espero que os haya gustado, por lo menos, el capi fue largo.

Besosssssssss