CAPITULO 35. VISITAS INESPERADAS


Estaba pletórica. Esa sería una muy buena palabra para definir mi estado de ánimo en esos momentos.

Parecía que poco a poco en mi vida, la buena suerte iba haciendo acto de presencia.

Y para que pudiera usar la palabra "perfecta", solo quedaba aclarar la situación con Edward; que ahora mismo, refiriéndome a mi estado de ánimo, podría describir como nervios a flor de piel.

Sabía que en esa "cita" iba a ser el todo por el todo. Y aunque Edward con sus palabras me había dado una gran pista de por donde iban sus intenciones, los nervios y la incertidumbre no abandonaban mi cuerpo y mi mente.

Ese día, como había acordado y después de recibir las mil y una felicitaciones por parte de Carlisle, Alice y yo nos fuimos a comer.

En un par de ocasiones salió el tema de Edward y yo lo esquive lo mejor que pude. Aunque al final tuve que acabar confesándole a la diablilla de Alice que en esa cita, entre su hermano y yo iba a quedar aclarado todo.

- Y tienes alguna duda de por donde va ir la conversación? – Me preguntó entre sorprendida y pícara. – No pude hacer más que encogerme de hombros. – Bellaaa! – Me llamó alzando un poco la voz – Por Dios! Cómo se nota que aun no conoces a Edward… pero yo que si que lo conozco muy bien y sé que está loquito por ti. Al igual que tu por él, por supuesto! –Sentenció sonriendo feliz.

Alice fue gentil conmigo y no le dio más bombo al tema; simplemente tuve que aguantar su sonrisa bobalicona durante el resto del día; el cual pasamos mirando escaparates y comprándonos algún trapito.

- Te dejo en tu casa, o vienes hasta la mía? – Me preguntó cuando estábamos casi entrando en el pueblo. – Luego te traeré… tranquila… - Se auto contestó ella misma con tono cansino.

- Bufff Alice, hoy han sido muchas emociones… - Comencé a negarme, pero cuando giré la cara hacía ella y la miré, pude ver la desilusión reflejada en su cara. – Esta biennn… Iré, pero solo me quedaré un ratito. – Alice sonrió triunfal y puso rumbo a su casa.

Nada más entrar por la puerta, Esme salió no sé muy bien de donde y se me abrazó dándome la enhorabuena.

- Oh Bella… No te haces una idea de lo contentos que estamos por ti – Me felicitaba – Ves como poco a poco la vida siempre vuelve a su cauce, igual que un rio cuando se desborda… Eso es lo que te pasó a ti. Que tu rio se desbordó – Me sonrió maternalmente.

- Buena metáfora Esme… Muy acertada – Afirmé con un levantamiento de cejas divertido.

- Enanaaaa… Así que la pobre gente de Forks va a ponerse en tus manos? – Entró bromeando Emmet – Me compadezco de ellos… jajaja! – Acto seguido estaba danzando en el aire entre sus enormes brazos.

- Antes o después, te harás una herida… y entonces tú, serás el que estés en mis manos… - Alcé las cejas misteriosa – Te llenaré de agujas… jajaja! – Reí. Emmet sonrió ante mi broma, pero otra vez vino a mí esa sensación de que me perdía algo.

Era un tema que estaba empezando a molestarme. Aun no teníamos la confianza para yo poder exigir que sus cosas se hablaran abiertamente delante de mi, pero podían disimular un poco; como al principio, que simplemente era una leve sensación.

Jasper y Rose también salieron a recibirme y felicitarme con besos y abrazos. Incluso Jasper, que era el más despegado, por así decir, de la familia, me abrazo y zarandeo un poco.

- Bueno enfermera Swan – Me dijo haciéndome sonreír – Así que trabajemos codo con codo, eh? – Me pico.

- Parece ser que sí… Vas a tenerme dando el coñazo por todas partes… En casa, en el trabajo… Vamos, vas a quedar de mi hasta el moño – Le seguí el pique ante la risa de todos los presentes.

Nos sumimos en una conversación, sobre todo preguntas tales como:

- Cuándo empiezas?

- Cuándo te dan el uniforme?

Cuando de pronto, apareció él. Edward. Y yo, dejé de escuchar y sentir a mí alrededor.

- Si ha venido la nueva enfermera principal de urgenciasl! – Exclamó divertido – No pensé que hoy te dejarías engatusar por mi hermana para venir. – Eso me dejó trastocada, y él debió ver el desconcierto en mí cara porque rápidamente aclaró su comentario – Me refiero a porque creí que te dejaría exhausta de tiendas, quería decir. – Su tono y su mirada de volvieron dulces.

- Dudas de mis dotes de persuasión, hermanito? – Lo picó ella acercándose a él y dando con el codo en su brazo.

- No… y no te haces una idea de lo encantado que estoy de que tengas semejantes dotes, si con ellas traes a casa a nuestra nueva enfermera – Lo dijo tan tranquilo, mirándome sin contemplaciones, delante de toda la familia.

Yo no pude más que abrir los ojos como platos y morderme el labio de forma un tanto nerviosa. No me atrevía a mirar a nadie, porque sentía varios pares de ojos fijos en mi cara, la cual a esas alturas, ya estaba roja como un tomate.

- Bueno, pero pasemos al salón… - Interrumpió el momento muy oportunamente Esme – Que clase de anfitriones somos dejando a Bella en el hall? – Decía casi hasta ofendida.

- Mamá, con Bella a estas alturas ya no somos anfitriones – Comentó Rose – Ella ya es como de la familia, no necesita ser invitada para acomodarse en casa – Eso, proviniendo de Rose, y después de nuestra desavenencia por el tema "aborto", fue algo sorprendente; gratamente sorprendente.

Pasamos al salón y nos acomodamos en los sofás. Esme, tan gentil como siempre, me trajo un chocolate y unos bollos.

- Edward, porque no tocas algo? – Propuso Alice – Hace días que no te oímos. Además a Bella le gusta escucharte tocar. – Se giró muy discreta y me guiño un ojo cómplice. Edward asintió a la petición de su hermana y se levantó dirección al gran piano.

Entonces, una bombilla hizo "clik" en mi cabecita. Edward se había "mojado el culo" haciendo antes ese comentario delante de toda la familia. Ahora era mi turno de devolverle el gesto… y así ir limando el camino que iba a tomar nuestra cita. Para que no quedaron demasiadas dudas al respecto de lo que ambos queríamos.

- Si Edward… Porqué no tocas la que interpretaste aquel día… Era realmente preciosa. – Lo miré sin ningún tipo de disimulo. Directa e intensamente. – Además, creo que es una obra tuya, no? Eso la hace aun más especial. – Le sonreí angelical.

La sala que sumió en el silencio; pero no era uno incómodo. Era expectante más bien. Todos contenían la respiración ante nuestras indirectas… O más bien, directas.

- Pues si, es una creación mía. Pero no recuerdo haber comentado eso… - Edward miró a la nada como intentando recordar. – Bueno… mientras te guste, el resto da igual. – Dicho eso, y mandándome una sonrisa que pararía el mundo, se puso a interpretar mi nana.

Yo por un momento me quedé helada. Realmente él no lo había mencionado nunca, yo lo sabía porque había visto las notas en su diario.

Vaya fallo Isabella…! Me reñí mentalmente.

Cuando Edward no llevaba ni medio minuto interpretando "mi nana", Alice me habló bajo al oído.

- Ve… - Indicó con la cabeza en dirección a su hermano – Sé que está deseando que te sientes a su lado en la banqueta. No seas tímida. – Sonrió y meneó la cabeza – Nadie va a decir nada al respecto – Me miró abriendo los ojos; dándole sinceridad y veracidad a sus palabras.

Yo me mordí el labio y ella me empujó con su cuerpo fuera del sofá. El resto de la familia se sumió en una conversación tribal, por supuesto en susurros, apartando su atención visual de Edward y de mí. Creo que fue un gesto bastante intencionado, pero una vez Alice consiguió sacarme del sofá, y me quedé de pie como una tonta, Edward desvió su atención de las teclas, pero sin dejar de tocar, y me hizo un gesto con la cabeza de que me acercara.

Y así lo hice, ya que estaba muerta por sentarme a su lado. Mordisqueándome el labio y con el pulso a mil por hora, me arrimé y él se deslizó por la banqueta dejándome espacio para que me sentará junto a él.

Nos dedicamos sendas sonrisas cariñosas y Edward volvió su vista a las teclas, mientras yo no perdía ojo de como sus manos se movían por ellas con soltura, dejándome invadir por la dulzura de la composición. De mí, composición.

Después de esa, Edward toco dos melodías más, mientras a mi casi llegaron a secárseme los ojos de no pestañear contemplándolo.

- Alice, se está haciendo tarde… - bostecé. – El recital de Edward había acabado y después de un rato, a mí se me caían los ojos de sueño.

- Cómo? – protestó Carlisle; ya sabía con lo que me iba a salir – Te vas a ir ahora? Si son casi las doce de la noche! – Exclamó ofendido – No voy a dejarte marchar a estas horas a tu casa. – Sentenció.

- Carlisle, siempre estamos con lo mismo… Conseguirás que dependiendo de la hora, no venga por tu casa. – Contrataqué.

- Oh… Bella… Pero porque te molesta tanto quedarte? Si nos encanta tenerte en casa… Realmente, si por nosotros fuera, no te hubieses ido a la tuya… Aunque entendemos que quieras tu espacio – Aclaró rápidamente Esme, en medio de sus pucheros.

- No es que me moleste quedarme… Para nada! Pero no sé… - Me encogí de hombros.

- Es todo porque tiene miedo a molestar, a abusar de nuestra hospitalidad – Añadió Jasper mis palabras mudas.

- Por favor Bella… no sigas con eso hija! – Protestó molesto Carlisle. Y molesto de veras. – Cariño, ya te lo ha dicho Esme, si por nosotros fuera, vivirías aquí entre la familia. – Me miró dulce, pero seguía estando molesto.

- Si, la verdad que estando tu por la casa, todo es mucho más divertido – Agregó Emmet ante el asentimiento de todos.

- Vale, vale… Al final acabareis haciéndome sentir mal… - Me defendí. – No protestaré más por quedarme a dormir, vale? – Me acerqué a Carlisle y le acaricié la cara dulcemente – Pero tú, cambia esa carita ahora mismo, ok? – Le dije poniendo unos simpáticos pucheros.

- Pasas demasiado tiempo con Alice. – Finalizó con ese comentario antes de estrecharme entre sus brazos. – Chicos, mamá y yo nos vamos a la cama, de acuerdo? Divertíos – Dicho lo cual, me soltó de entre sus brazos y me dio un sonoro beso en la coronilla.

Acción que repitió Esme una vez su marido me hubo liberado.

Nos quedamos en el salón un poquito más hablando de cosas de chicos, de cosas triviales. Hasta que sin querer me quedé sopa entre los cojines del comodísimo sofá.

Me sentí zarandeada, y abrí un ojo… Cual fue mi grandísima sorpresa cuando me vi en brazos de Edward. Una sonrisa traviesa surcó mis labios.

- Y esa sonrisa de niña revoltosa? – Me preguntó entre curioso y divertido.

- Estoy pensando que esto está convirtiéndose en una costumbre… - Sonreí más abiertamente – El que me cargues en tus brazos. – Aclaré.

- Y te disgusta? – Preguntó.

- Para nada… - Contesté meneando la cabeza – Al contrario… Cada día me gusta más. Y eso no se si es bueno o malo… - El frunció levemente el ceño – Claro! Cuando no estás, lo echo de menos… - Le dije con voz romántica. En el acto me di cuenta de mis palabras y de como habían sonado – Bueno… yo… quería decir… que… - No sabía como escaquearme; como excusarme de mis propias palabras. Habían salido directamente de mi corazón sin pasar ningún tipo de filtro.

- Shuu – Me acalló – Lo que querías decir era exactamente eso. No te sientas cohibida… Me ha encantado tu confesión – Su mirada se tornó traviesa – Será un secreto entre tu y yo. – Me guiño un ojo que por poco me hace necesitar reanimación médica.

Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en la puerta de mi dormitorio. Edward la empujo con el pie y entró dentro aun conmigo en brazos.

Se paró al borde de la cama, y con una sonrisa traviesa me dejó caer en el colchón. Pero no sé por qué, intuí lo que iba a hacer, así que cuando él me soltó, yo me agarré fuertemente a su cuello haciéndolo caer a él también en la cama encima de mí.

Yo comencé a reírme estrepitosamente, mientras Edward me acompañaba con su fantástica risa, la cual había oído poquísimas veces, quedando en una posición un tanto aparatosa, ya que él quedó encima de mí, a medias; las piernas liadas unas con otras y mis brazos por encima de mi cabeza, con sus antebrazos apoyados sobre mis codos.

- Eres un diablillo, lo sabes? – Me afirmó, más que preguntó, alzando la cabeza para quedar enfrente de mí.

- Ajá – Le contesté acalorada por el sofoco de la risa.

Pero mis risas duraron muy poco, y mis sofocos cambiaron ligeramente, ya que Edward se puso serio y se quedó mirándome fijamente.

Entendí perfectamente lo que su silencio y la intensidad de su mirada me querían dar a entender.

Nada más que mi cara se relajó, él acercó su boca a la mía. Despacio, pero no tanto como otras veces; ya no había miedo al rechazo, ya no había intriga por lo que pasaría después.

Sabía perfectamente que sería bien recibido, muy bien recibido por mí.

El beso fue suave, lento, pero intenso. Los primeros segundos no pasó de ser un roce de labios; "piquitos" carnosos y cargados de sensualidad. Pero nuestras bocas pedían más. Y les concedimos el deseo.

Los labios ya no se despegaron más, se movían rítmicos los unos con los otros. Hasta que nuestras lenguas también pidieron protagonismo, como por supuesto, obtuvieron.

Mis piernas se enroscaron a la cintura de Edward y él se movió para quedar completamente encima de mí. Cuando la posición fue la idónea, ambos, al unísono, comenzamos a movernos… A restregarnos como gatos el uno en el otro. El sexo de uno, buscaba el sexo del otro.

Y cuando por fin se encontraron, fue algo glorioso!

De la garganta de Edward salió un bajo gruñido, y de la mía un gemido.

Al escucharnos, nos quedamos parados. Rompimos el beso y nos miramos durante unos segundos. Hasta que de pronto, ambos estallamos en carcajadas.

- Oídos? – Le pregunté aun riéndome, alzando las cejas.

- Exacto – Me contestó divertido.

Se levantó de la cama y me tendió la mano para ayudarme a incorporarme.

- Te dejaré dormir… - Me sonrió mirándome con picardía. Yo asentí con un movimiento divertido de ojos. – Y Bella… - Se acercó a mi oído y susurro – No sabes lo impaciente que estoy de que llegue esa invitación – Movió la cabeza para quedar enfrente de mí; alzó las cejas y me dio un liviano piquito en los labios. – Nos vemos por la mañana – Le despedí con la mano y me quedé allí plantada hasta que cerró la puerta de mi cuarto.

Me dejé caer en la cama. Feliz. Extremadamente feliz. Mi sonrisa era tan grande, que se salía de los bordes de mi rostro.

Era increíble, como en el transcurso de unas horas, toda tu vida puede dar un giro de 360 º tanto para malo, como para bueno.

Me preparé para irme a la cama, y una vez calentita entre las mantas, comencé a repasar mi vida en estos últimos meses.

Si cuando dicen que no hay mal que por bien no venga…

Si no hubiese sido por el accidente de mi padre, seguramente yo no hubiese pisado Forks en… Buff… Quién sabe cuánto tiempo.

Entonces no habría conocido a la familia de Carlisle. No habría hecho las paces con Jacob. No habría abortado. Pero sin aborto, no pasaría tanto tiempo seguido conviviendo con ellos, y la confianza no se habría adquirido tan rápido. Y entre Edward y yo, vete a saber cuanto tiempo hubiese pasado hasta que se diera otro acercamiento…

Todo era tan… perfecto! Pero en medio de la inconsciencia previa al sueño, tuve un mal presagio.

Es todo demasiado bueno… yo no suelo tener tanta buena suerte de golpe. Pero… Qué puede ir mal ahora?

No tardaría demasiado en comprobarlo. El tiempo justo y necesario de despertarme a la mañana siguiente.

Abrí los ojos, me desperecé y sonreí al recordar todas las cosas buenas del pasado día. Aunque he de reconocer que la mejor de mis sonrisas se las llevó el recuerdo de lo acontecido con Edward hacía tan solo unas horas.

Eso me dio ánimos para acabar de despertar y ganas de levantarme.

Me lavé la cara, hice mis cosas, y me acicalé el pelo. Mis costumbres matutinas.

Llevaba un pijama bastante normal, así que sin más atavió que ese, bajé a desayunar. Eran las 9 y 30 y sabía que hoy, Edward y Alice no trabajaban, ya que era sábado.

Mientras bajaba las escaleras, una idea vino a mi mente. Ese día me había levantado bastante espabilada.

Hoy era sábado y Edward no trabajaba los fines de semana… Así que uniendo los cabos… Hoy sería el día idóneo de llevar a cabo esa cita.

Era temprano, así que me daría tiempo a organizar una buena cena y preparar bien mi casa para su visitante.

Unas velitas, música de ambiente… y sobre todo, acondicionar mi cama para un nuevo ocupante.

Con esa idea, la cual me hacía llevar en la cara una sonrisa de oreja a oreja, entré en la cocina, de donde provenían más voces de las esperadas.

Según entré, lo primero que vi fue la cara de dos chicas despampanantes. Rubias y súper arregladas. Dos top models sacadas de la mismísima pasarela de Milán.

Me quedé pasmada. Esa era la palabra exacta. Agarrada a la puerta de la cocina, pestañeando varias veces, asimilando que hacían esos monumentos en la cocina de los Cullen.

Pero lo más impactante es que sentí una necesidad imperiosa de irme de allí. Tenía una sensación similar al miedo; con ese efecto paralizante.

- Bella, cielo – La voz de Carlisle me devolvió a la tierra de los vivos.

Giré la cara en dirección a su voz, y pude ver, de una pasada, que a parte de estar todos los miembros de la familia, y esas dos rubias, había más gente.

Un chico y una chica morenos, y lo que me impactó de lleno, haciendo que un estremecimiento, similar al pánico, recorriera todo mi organismo:

Otra chica, rubia y casi aun más guapa, por imposible que parezca, pegada a Edward con su bracito de modelo anoréxica, enroscado al de él.

No lo pude evitar, y mis ojos se quedaron congelados en esa dirección.

En mí campo de visión, vi como el cuerpo de Edward se removía incómodo; pero yo era incapaz de despegar los ojos de sus brazos enlazados.

- Bella… Bella cariño… - Carlisle tuvo que llamarme dos veces para sacarme de mi ensoñación.

- Sí? – Pregunté agitada.

- Tenemos visita, como has comprobado – Sonrió. Pero su sonrisa transmitía algo. Como miedo, tensión.

- Si… ya la veo – Contesté algo seca.

- Ya está el desayuno listo – Se acercó Esme abrazándome. – Ven, toma asiento – Me llevó medio arrastras hasta la barra americana.

Lo mejor de todo, véase la ironía, es que tenía al lado al zorrón rubio que estaba monopolizando a mi Edward… Bueno… en esos momentos lo de mí, empezaba a ponerlo en duda.

Sería su novia? Una ex? Un rollo?

Nos juntaríamos en la misma cocina dos de sus rollos a la vez?

Esas cuestiones empezaron a arremolinarse en mi cerebro haciéndome casi tener hasta arcadas de repulsa. Y mientras tanto, mi organismo seguía diciéndome: Vete. Peligro.

- Estos son nuestros parientes de Denali – Me informó Carlisle – Creo recordar haberte hablado alguna vez de ellos. – Yo asentí con la cabeza mientras tomaba el café que Esme me había servido. – Te los presentare…

- Querido, deja a Bella acabar de desayunar, no? – Lo miró Esme, y por vez primera, vi en sus ojos un sentimiento muy distante de ser dulce. Reprobatorio, molesto, tenso…

- Tranquila Esme… No pasa nada – Le contesté con una sonrisa.

Mientras esto sucedía, de reojo, pude comprobar como el resto de la familia me miraban a hurtadillas también tensos. Expectantes. Al que no pude mirar a la cara, fue a Edward.

Apuré el café, y me levanté de un salto del taburete. La verdad es que era la excusa perfecta para no comer nada más. Tenía el estómago completamente revuelto.

- Mira, estos son Eleazar y Carmen – Los nombrados se acercaron a mi posición, al lado de Carlisle.

Vi, por sus movimientos, que iban a darme sendos besos como saludo, pero mi cerebro me decía que no.

No dejes que se te arrimen. No dejes que te toquen. Vete.

Y cuanta más cerca lo tenía, más subían mis contantes, haciendo a mi pulso retumbar en mis venas.

Así que cuando lo tenía a dos pasos, y antes de que se inclinase, estiré el brazo y le entregué la mano.

- Encantada, soy Isabella Swan – Me presenté muy educada, pero fría y distante.

Educación. Eso es lo que me hacía no salir de allí corriendo como una loca.

Ambos se presentaron muy educadamente, sin cambiar ni arrugar el gesto por mi forma de saludarlos.

- Estas son nuestras primas… En común con los Cullen – Me informó Eleazar. – Kate, Irina y Tania. – Las dos primeras se acercaron con sendas sonrisas sinceras y dulces, Tania, la que estaba encaramada a Edward se soltó de mala gana y se acercó con aires de suficiencia.

- Hola… Hemos ido hablar mucho de ti – Rompió el hielo Kate.

- Si, ya teníamos ganas de conocerte… - Sonrió Irina – Eres el ojito derecho de Carlisle… - Miró hacía el nombrado, el cual asintió con la cabeza sonriente – Bueno… eres la niña de todos – Su sonrisa se hizo más notoria, y miró de reojo a la última hermana, a Tania, lanzándole una mirada de advertencia.

- Hola… Pues si, la verdad que ya teníamos curiosidad por conocerte… - Dijo con tono de petulancia.

A ellas también les di las manos, educada y formalmente. Y aprovechando una ocasión idónea para girarme levemente, miré hacía donde estaba Edward, el cual había abandonado su posición para… Escudarse? Entre sus hermanas.

- Bueno… pues no sé a que viene tanta curiosidad, la verdad… Soy del todo normal. – Me incliné de hombros.

Ya no estaba tan tensa, pero la voz de alarma de mi inconsciente seguía advirtiéndome de algo. De algo… peligroso.

- Bueno… tan normal… no. – Añadió Eleazar a mi comentario. Haciéndome pestañear seguido.

Dicho lo cual, volvió a acercárseme con gesto cariñoso con intenciones de tocarme. Lo vi venir a un millón de metros, así que muy educadamente, lo esquivé cambiando de sitio. Intenté ser lo más discreta posible, pero mi gesto no pasó desapercibido ante nadie; aunque todos poseían educación y nadie abrió la boca.

- Bueno… - Comencé a disculparme, dando pequeños pasos hacía atrás. Dirección la puerta – Voy a subir a vestirme y marcharme… - dije sin mirar a nadie en concreto girándome para salir por mi vía de escape.

- Cómo a marcharte? – Protestó automáticamente Carlisle. – Porque tengamos visitas tú no tienes por qué irte.

- Claro! – Se acercó Alice a su padre – Justo cuando llegaste, estábamos hablando de organizar algo para hacer todos juntos. – Me miró abriendo los ojos; convenciéndome.

Pero esta vez a Alice no le iban a servir sus truquitos de convicción. Estaba deseando irme de allí. Era la primera vez que me sentía incómoda en la casa Cullen.

- Si Bella, sube a arreglarte y mientras iremos proponiendo actividades. – Agregó Jasper – Luego, entre todos, escogeremos las que más nos gusten. – Al acercarse un poco a mí, noté como me relajaba levemente. El efecto sedante que desprendía ese chico era de todo menos normal. O por lo menos, el efecto que ejercía sobre mí.

Todos me animaban a quedarme. Todos menos la persona que más quería yo que hubiese insistido: Edward.

El cual permanecía escondido entre sus hermanos con la cabeza orientada hacía el suelo, sin articular ningún movimiento ni palabra. Eso acabo por enfurecerme.

- No – dije tajante. Con los ojos entornados. – Luego paso a despedirme. Que países buen día.

Noté como toda la familia Cullen se quedaban helados ante mi negativa cortante e intransigible.

Justo cuando cogía la puerta para salir, la persona que menos pensé que fuese a intervenir, habló.

- Lo pasaremos bien – Dijo con voz dulce y falsa Tania; por lo que me giré y la miré directamente.

- De eso, no me cabe ni la menor duda. – Le clavé los ojos mostrándole toda la falsedad que fui capaz de transmitir.

Justo antes de volver a girarme para salir, mi mirada se cruzo con la de Edward que me miraba sorprendido. Pero pude ver de refilón, como de sus ojos salía una discreta pero a la par, divertida sonrisa.

Subí las escaleras con tanto ahínco, que llegué a pensar que rompería alguno de los escalones. Llegué a mi cuarto y tanta era la rabia y las sensaciones extrañas que había notado en la cocina, que se me fue el genio a la mano y cerré la puerta con un más que sonoro portazo.

Me metí en la ducha, para intentar sacarme el mal humor con el agua caliente y los geles perfumados.

LOS CULLEN - 3ª Persona

De madrugada.-

- Bonita despedida – Intercepto Alice a su hermano en las escaleras. – Siento informarte de que todos, hemos oído la manera tan… cómo decirlo… Fogosa, de daros las buenas noches – Sonrió pícara la vampira.

- Ohhh… Diosss! – Se lamentó Edward llevándose las manos a la cara; pero no pretendía esconder la vergüenza, si no su enorme sonrisa. – Tenemos que solucionar esto cuanto antes. – Habló apartando sus manos del rostro. – Cualquier día se quedara a dormir aquí, y tendré que echaros de casa sin remedio, jaja!

- Es que te has buscado una mujer muy fogosa, Edward… Así que ahora toca dar la talla. – Lo picó Emmet que había ido al encuentro de sus hermanos, ya que no quería perderse esa conversación – No dejes el pabellón Cullen mal, eh? – Le dio unos codazos fraternales, alzando las cejas chistoso.

- No te preocupes hermanito… Eso no pasará. – Le contestó sonriendo.

- Con las ganas que se tienen… - Agregó Rose entrando a la conversación – Espero que tengas previsto comprarle otra cama a Bella, jaja! – Rió, haciendo a sus hermanos acompañarla en las risas.

- Mañana sería un día propicio para esa invitación – Comentó Edward. – Espero que Bella se dé cuenta de ello y que tenga tantas ganas de que se de lugar esa cita como yo – Medito en voz alta.

- Y todavía lo dudas…? – Preguntó divertida Rose – No sé como esta noche no ha estallado en llamas, jaja! – Volvió a reír la rubia vampira.

- Cómo lo ves tú cariño – Entró también en el grupo Jasper preguntándole que veía.

Alice se quedó pensativa, intentando ver el futuro próximo. Pero de pronto, su rostro sonriente y feliz, se torno serio. Abrió los ojos como platos y miró para Edward.

- Oh Dios…! – Gimió ante las caras de tensión de sus hermanos, sobre todo de Edward.

- Qué pasa Alice? Qué has visto? – Le preguntó él angustiado.

- Mañana recibiremos visita… Una visita inesperada. – En su voz se veía el lamento y en cierto modo el desagrado ante esa visita. – Los Denali vienen desde Alaska a pasar unos días.

El resto del grupo se quedó pensativo; con los ceños fruncidos por el desconcierto. No entendían el lamento y la irritabilidad de su hermana.

- Bella no va a llevar bien su visita. – Escupió después de unos segundos de silencio. – Y no entiendo por qué… Va a sentirse mal. Agobiada por ellos… Es como si… - Alice buscaba las palabras apropiadas para describir su visión – Como si Bella notase en ellos algo raro y la hiciese estar a la defensiva. Y ya sabéis como es ella de tajante. – Alice meneó la cabeza – Antes de correr el riesgo de no ser lo suficientemente educada y correcta, optará por irse y desaparecer los días que ellos estén aquí.

En aquel momento, Edward no se percató del hecho ocurrido con Bella en el bosque. Acto que comentó al día siguiente con Carlisle llegando ambos a la conclusión de que ella, tras su transformación tendría algún tipo de don.

- Bueno, pues tendremos que estar pendientes de que eso no pase. – Señaló Emmet – No porque ellos vengan, vamos a dejar tirada a Bella… Ni mucho menos – Todos asintieron.

- Yo me encargaré de relajar el ambiente… Aunque he de ser discreto, porque me he fijado de que Bella se ha dado cuenta de que cuando yo ando cerca ella se siente mucho mejor. – Frunció el ceño de preocupación – Ya os comenté que ella me llegó a dar las gracias en una ocasión por ayudarla a relajarse. Bella es muy perspicaz – Señaló de forma seria.

- Pero Alice… algo más as tenido que ver para haber exclamado Oh, Dios! - Recordó Edward. El cual no podía leerle la mente a su hermana, ya que la tenía bloqueada para que no indagase.

- Hay dos problemas… Uno, ella va a sentirse excluida, como si no encajara de pronto entre nosotros. Aunque es una mujer muy segura de si misma, el vernos a todos juntos… y sobre todo a las imponentes hermanas Denali, la van a hacer sentirse inferior. Y dos… - Ahora Alice miró directamente hacia Edward – Tú. – El nombrado pestañeó varias veces sorprendido. – Si… tú y Tania.

El resto de los hermanos miraron hacía Edward con el ceño fruncido.

- No me dirás que vas a acostarte con Tania? – Le recriminó Emmet – No le harás semejante putada a Bella! – Exclamó casi hasta enfadado.

- No… no voy a acostarme con Tania… Ni mucho menos. – Se defendió Edward. - Aquello pasó hace casi una década, y se lo dejé muy claro a ella. Era un rollo de cama, nada más. Ella lo aceptó encantada, pero el problema fue cuando después de unos meses no vio ningún progreso entre nosotros. – Explicaba Edward molesto – Ya sabéis la historia… Ella creía que sería capaz de enamorarme y que formalizaríamos la relación como pareja formal; pero no fue así.

- Si… recuerdo que estuvo muy enfadada durante años… Y no solo contigo, a mi no me podía ni ver – Agregó Rose frunciendo la boca – No le gustó nada que saliese a tu defensa, y que le dijera que te dejara en paz… Que no siguiera poniéndose en evidencia como una cualquiera. – Rose meneo su preciosa cabellera en señal de fastidio al recordar aquel hecho.

- Yo solo te digo – Volvió a intervenir Alice dirigiéndose a Edward – Que tengas cuidado. Algo con Tania no le va a gustar nada a Bella. Algún gesto, alguna palabra… Algo va a ver ella entre tú y esa rubita que la va a hacer encresparse como una gata. – Rodó los ojos dándole intensidad a sus palabras.

- Pero igualmente debes tener cuidado con Tania, que no se sienta ofendida y vuelva a pasar lo que aquella vez. – Agregó.

- Sí bueno… a Carlisle no le pareció bien mi actitud para con ella. – Suspiró cansinamente.

- Yo sigo diciendo que el comportamiento de Tania, involucrando a la familia y haciéndonos enfadar entre todos fue infantil. Y mucha culpa la tuvo Carlisle al recriminarte a ti tu comportamiento, cuando tú le dejaste muy claro que solo sería un asunto de cama. – Jasper apoyaba totalmente a su hermano; él había captado de forma sensitiva todo aquel embrollo – Di que te lo advertí, Edward, que captaba de ella sentimientos más románticos de lo que mostraba en realidad.

- Si, lo sé… Y desde entonces he sido mucho más cuidadoso en mis temas de amoríos. – Rodó los ojos fastidiado.

- Bueno, pero en que tiene que tener cuidado Edward? – Preguntó Emmet, ya que el tema había quedado en el aire.

- Tania viene muy zalamera… muy cariñosa. No sé si es que busca volver a enrollarte, o es que va a usar su último cartucho. Un todo por el todo. – Explicaba Alice – Lo que sí sé, es que si te libras de ella, y lo haces bien, te dejará en paz para siempre; eso si te lo puedo decir. Pero para actuar bien con ella, te vas a tener que dejar hacer… - Edward abrió los ojos asustado – Haber… me explico… Ser un poco considerado, dejarte coger por el brazo, hablarle suavemente, ser… agradable con ella, hasta que puedas explicarle a solas que tu corazón está ocupado.

- Bufff… No quisiera estar en tu pellejo – Se burló Emmet. – Veremos a ver como se toma esa arpía el que le des calabazas y encima le digas que te has enamorado de una humana… - Abrió los ojos y alzó las cejas en señal de meditación extrema.

- Si Edward actúa suave con ella, la veo tomándoselo bien. Los Denali saben de Bella por Carlisle, y sé que Eleazar ha comentado a nuestro padre su curiosidad por ella. Así que uniendo cabos, supongo que por eso Tania venga a eso, a usar su último cartucho. En cuanto vea el feeling ente vosotros – Se dirigió a su hermano – Ella se dará cuenta sola, por eso se tomará tan bien las calabazas.

Los hermanos se desperdigaron por la casa, mientras Alice y Jasper anunciaban a sus padres la visita de la mañana.

Si tan solo llegaran unas horas más tarde, Bella no se encontraría de sopetón con ellos, sino que sería de otra forma. Ella iría invitada a conocer a los parientes de los Cullen y se sentiría honrada; especial por ser una comensal de honor.

Pero no, las cosas tenían que complicarse hasta el último extremo. Sobre todo con Edward y Bella, entre los cuales, parecía que ya estaba todo listo. Pero ahora estaba la presencia de Tania de por medio, y después de lo que había sufrido Bella en su momento por Jacob, y posteriormente con el aborto…

En las mentes de los hermanos Cullen, pululaban esas ideas torturándolos y tensándolos hasta el extremo.

Pero no tendrían que esperar mucho, ya que en unas horas, el pastel saldría del horno.