CAPITULO 36. REACCIONES
La táctica de la ducha no consiguió relajarme ni suavizar mi enfado. Y casi lo peor, mis dudas respecto a lo que pasaría entre esa rubia despampanante y Edward crecían por momentos.
Que sabía que él no era un mojigato… Ya lo tenía asumido. Tampoco yo era una santa; pero había algo raro en la cercanía entre ellos.
Ella estaba agarrada a su brazo como si le fuera la vida en ello, pero sin embargo él se estaba dejando hacer. Las últimas veces que lo había mirado, estaba como escondido entre sus hermanos; usándolos de protección frente a algo… o alguien.
Salí de la ducha con un dolor de cabeza terrible de tanto darle vueltas a las cosas. Porque aunque lo que más me dolía y molestaba era lo acontecido con Edward y esa Tania, los sentimientos que percibí en la cocina me dejaron trastocada.
Era muy similar a lo que sentí en las dos ocasiones en el bosque. Esa sensación de peligro, de ser acechada, de ser una presa frente a un depredador escondido en la maleza.
Pero ni en el bosque había pasado nada fuera de lugar, y mucho menos en la cocina de Carlisle, ya que sus familiares fueron de lo más agradables.
Deseché la idea de volver a ponerme la misma ropa de ayer, así que entré en el vestidor y me puse a revolver. Ellas serían unas rubias de escándalo, pero yo era una morena de armas tomar.
Recordé un maxi jersey que había visto no hacía mucho y que me había encantado, pero no me lo había puesto porque era de una firma carísima y me daba pena estrenarlo. Me pareció la ocasión idónea para hacerle los honores al carísimo y flamante jersey.
Lo acompañé con unas medias marrones tupidas, unos botines bajos estilo camperos y un abrigo beige oscuro de pura lana, precioso.
Cuando sacaba el abrigo de su percha, por supuesto también de firma, me encontré una estantería en la cual no me había percatado nunca. Un estante lleno de bolsos. Por supuesto de varias firmas, a cual más cara.
Seis maxi bolsos de distintos colores y formas, cinco de mano y tres estilo maletín.
Opté por uno de Carolina Herrera, precioso. Era lo más caro que había llevado en toda mí vida.
Me até el pelo en un moño estilo bailarina, pero despeinado, me di un ligero toque de maquillaje, unas gotas de perfume, cogí mi precioso abrigo y mi flamante bolso… Y así, hecha un pincel, me armé de todo mi coraje y mi dignidad y bajé a la cocina; de donde, al acercarme, pude volver a notar el bullicio de gente hablando.
Cogí aire un par de veces, y con una sonrisa muy natural… Entré.
Nada más aparecer a la vista de los allí presentes, todos enmudecieron y se me quedaron mirando.
La primera que vi en cuanto mi vista se centro fue a Alice, la cual me sonreía orgullosa y radiante.
El segundo, Edward, que estaba a su lado y se me quedó mirando embobado; reacción que quería desatar en él y que hizo que mi ego se alzara a las alturas.
Estoy guapa, eh? Pues quédate con tu resplandeciente rubia. Pensé con rabia.
- Cariño, estás guapísima… - Se me acercó Carlisle, el cual deposito un tierno beso en mi coronilla. – El pelo así recogido te queda precioso. Así se puede contemplar mejor tu bello rostro. – Me dedico con orgullo en la voz.
- Por fin… eh? Si no hay mejor cosa que una motivación, verdad? – Me picó Alice acercándoseme para abrazarme de forma cómplice.
Bueno, era normal que se notara. En parte eso era lo que quería. Así que ahora no valía cortarse, por lo que seguí con la cabeza muy erguida.
- Pues te has vestido idónea – Comentó Jasper. Yo alcé las cejas sorprendida por su comentario.
- Si, vaya… ni que lo hubieses adivinado – Sonrió Rose. Yo miré para Carlisle, el cual seguía sonriéndome con orgullo saliéndole a borbotones de los ojos.
- Vamos a ir a comer a Seattle. A un sitio precioso, seguro que te encantará… He pensado en él por ti… - Lo interrumpí.
- Lo siento… de verás – Fingí, y además de Oscar; porque me salió una voz y una carita de pena de lo más reales – Pero tengo unos recados que hacer y después he quedado en subir a la Push, y me quedaré a comer con Billy y Jake; hace tiempo que prometí subir y lo he ido posponiendo. – El golpe de gracia. Miré de soslayo a Edward y se le había desencajado la cara de golpe.
Sabía que le había molestado porque se pasó nerviosamente la mano por el pelo y su mandíbula estaba apretada y tensa.
Eso era lo beneficioso de habernos hecho tantas veces de rabiar; que sabías las reacciones del otro cuando algo le molestaba.
- A la Push? – Me preguntó con notoria molestia Emmet.
- Sí, a la Push. – Respondí sin dar más explicaciones.
- Pero no puedes subir más tarde… U otro día? – Me peguntó suavemente Esme.
- Es que después de comer, Jake bajará para ver como ha quedado la casa. Sé que tiene ganas de verla, así que lo he invitado – Recalqué con toda mi mala fe esa palabra en cuestión. – a pasarse y tomar un café.
Efectivamente, esa palabra dio los frutos esperados. Edward abrió los ojos y me taladro con la mirada, pero yo fui muy hábil y solo lo miré de pasada; pero lo justo y necesario para ver su reacción.
¿Con que te molesta, eh? A mí también me molesta tu oxigenada amiguita. 1 a 1, Señor Cullen. Pensé sonriendo en mi yo interior.
- Bueno… pues no os entretengo más, hay un paseo hasta Seattle. – Dije con total naturalidad.
- Bella, me da pena que no vengas… Lo íbamos a pasar genial – Se arrimó a mí Emmet como un gatito zalamero. Yo le acaricié la cara y arrimé la mía a su hombro.
- Lo sé osote… otro día, ¿ok? – Le alcé las cejas divertida. Por un momento sentí que mi determinación se venía abajo.
- ¿Pero hoy no se celebraba lo de tu trabajo? – Me preguntó Carmen – Espero que no hayas cambiado tus planes por nosotros… - Dijo con congoja – La verdad es que debimos haber avisado… pero fue todo improvisado, sobre la marcha. – Dijo acercándose un poco.
Inconscientemente, yo me arrimé a Carlisle, el cual frunció el ceño ante mi gesto. Pero no puso mala cara por yo acercarme, si no por algo que yo no veía. Algo que le rondaba la cabeza, como estudiando el ambiente.
- No te preocupes – Dije al fin – Yo ya tenía estos planes de antemano… Vosotros no habéis cambiado nada. Es bonito que la familia se visite – Sonreí con melancolía. Sin darme cuenta, agaché la cabeza con gesto triste.
- Cariño… Ahora, nosotros somos tu familia, no lo olvides. – Me susurró Carlisle levantándome la cara con un dedo.
Al fin conseguí despedirme, pero cuando iba a marcharme con toda mi dignidad intacta, un detalle que se me había pasado por completo, Alice me lo recordó muy oportunamente.
- Bella… Creo que no tardaremos más de dos minutos en volver a verte – Yo me giré, ya que estaba abriendo la puerta de la cocina para irme – Si… lo justo en salir a la calle y darte cuenta de que no tienes coche para volver – Hizo esfuerzos por aguantar la risa – El minuto y medio restante te lo doy para la sarta de maldiciones que van a pasar por tu cabecita. – Sonrió traviesa.
¡Mierda! El coche.
Apreté los ojos en un gesto de molestia absoluta.
- Vale… - Sonreí, pese a mi voluntad – Llévame a casa anda – Le dije fastidiada, pero divertida.
- Yo no puedo, porque voy a vestirme – La miré con los ojos entornados – Que te lleve alguno de los chicos, que ellos ya están listos. – Me recorrió un escalofrió por la espalda, porque veía venir a donde quería llegar.
- Edward... – Lo sabía – Lleva tu a Bella.
El mencionado se movió de forma instantánea. En el fondo, por mucho que me molestase reconocerlo, se veía a un kilómetro que él estaba tan a disgusto en aquella cocina como yo y que cualquier excusa para salir de allí le valdría.
Pasó a mi lado y con cierta timidez me miró y habló.
- ¿Vamos? Ya tengo las llaves aquí. – Me explicó.
Sujetó la puerta para dejarme pasar y nos encaminamos al garaje por la puerta interior.
Bajamos y nos montamos en el coche sin articular ni una sola palabra.
En cuanto estuvimos alejados de la casa, él fue quien rompió el hielo.
- Bella… yo quería comentarte una cosa… - Se le veía nervioso, apretaba el volante con tensión y no quitaba los ojos de la carretera.
- Claro, dime… - Le contesté con un deje de cinismo en la voz. El cual él pasó por alto.
- De mano quería decirte que hoy estas preciosa – Me miró de lado y me dedicó una tímida sonrisa torcida, la que sabía me encantaba.
- Gracias… - le contesté también con el mismo gesto tímido.
- Lo que quería comentarte… Cuando antes entraste en la cocina…
- Ajá…
- Vi que te habías fijado en que Tania tenía su brazo junto al mío…
- La palabra exacta sería enroscado. Atado, ligado, enlazado… esas también valen. Pero "junto", no es el término correcto, Edward – volví a hablarle en el mismo tono cínico de antes.
- Bien… enroscado. – Suspiró pesadamente – Entre ella y yo, hace tiempo hubo un tonteo… Un royo, como se dice hoy en día.
¿Hoy en día? ¿Y es que tu no eres de hoy en día? Si solo tienes cuatro años más que yo… Pensé extrañada.
Para cuando Edward empezó su explicación, ya había aparcado en frente de mi casa, por lo que paró el motor, se quitó el cinturón de seguridad y se giró para encararme.
- Bueno… lo dicho, un lio. Solo fue algo… - Me miró con disculpa en los ojos – Sexual. Entre ella y yo llevaba tiempo habiendo una ligera tensión por ese tema, pero yo nunca tuve miras románticas con ella. En su día, siendo más joven e inexperto, me deje encaramelar por su dulzura, aparente – recalcó – y su sensualidad. – Me observó unos segundos, tanteándome – Yo le deje claro desde el principio lo que había, y que no llegaríamos a nada más. Tenía y tengo clarísimo que nunca he sentido por ella un sentimiento que no fuera algo puramente hormonal. – Sonrió como recordando – Eso es lo que pasa cuando tienes 18 años y las hormonas piensan por ti. - Yo hice un amago de sonrisa, pero estaba seria y sobre todo tensa. – No voy a entrar ahora en detalles, pero bueno, eso fue el verano antes de ir a la universidad… Ellos y nosotros pasamos dos meses en una propiedad que tienen los Denali para las vacaciones, y cuando el día de despedirnos llegaba, ella… bueno, se empeñó en pensar que había algo más; que lo nuestro no se acababa ahí. Y el problema vino cuando yo le recordé lo que habíamos hablado al principio del verano. Solo un rollo, sin nada más.
Yo escuchaba atentamente; todo mi organismo estaba atenta a cada palabra y a cada gesto de Edward, el cual cuanto más se adentraba en la historia, más tranquilo se le veía. Pero exteriormente, intentaba mostrar un punto de indiferencia. No darle a entender que con su relato se me iba la vida. Sobre todo esperando impaciente el final.
- Ella se lo tomo muy mal. Involucro a la familia, la cual sospechaba que algo había, pero no sabían el qué; alegando que yo la había engañado. Que solo quise pasármelo bien y que la use como entretenimiento estival. – Edward meneo la cabeza con fastidio – No sabes la que se lio… Carlisle se tomo aquello muy mal y estuvo enfadado conmigo bastante tiempo, ya que me culpaba de lo ocurrido. Mis hermanos que sabían perfectamente lo que pasaba se pusieron de mi parte, incluso Rose y Tania llegaron a tener cuatro palabras sonaditas, sus hermanas salieron a defensa de ella… Bueno, que se lio buena! Por culpa de aquello, nuestras familias estuvieron mucho tiempo sin tratarse.
- Y Carlisle te perdono… ¿Así sin más? – Pregunté curiosa.
- Después de tiempo, Carlisle se enteró de como había sido realmente la cosa, y Eleazar y Carmen también, ambas familias nos volvimos a juntar y aquello quedó hablado y esclarecido, confesando Tania que ella había exagerado lo ocurrido… - Suspiro – Pensaba que sería capaz de enamorarme…
- ¿Y no lo hizo? – Pregunté mirándolo con una ceja alzada, arrogante.
- No… Su presunción y coquetería extrema no van conmigo para nada – Contestó seguro de si mismo.
- Bueno… su carácter no te gustará… Pero debe ser muy buena en la cama – Lo solté sin pensar; mi cerebro no atendía a razones. – Porque viendo como se te pegaba, y que tú no hacías nada por apartarla… - Notaba como de mis ojos salían llamaradas de pura rabia y celos.
Debía de reconocer que incluso cuando hace tres años, aquella tarde en la Push, había visto como delante de mis propios ojos, aquella chica se había llevado el amor de mi prometido, no me había dolido y enfurecido tanto como ver a Tania pegada al que yo ya consideraba mi chico.
Y eso me llevó a una rápida deducción: Estaba más enamorada de Edward de lo que creía. Estaba completamente loca por él.
Ese pensamiento, que inundó toda capacidad de raciocinio, me hizo inhalar una fortísima bocana de aire y ponerme nerviosa al extremo.
Edward se quedó completamente parado; abrió los ojos y pestañeó seguido varias veces mirándome fijamente; hasta que acabo dejando entre ver una tímida sonrisa.
- No compensa para nada lo buena que llegue a ser en la cama, lo estúpida e insulsa que es – Me contestó con total tranquilidad sonriéndome – Tengo en perspectiva a otra chica… Bastante más guapa y con un cerebro muy bien amueblado. – Si ya tenía el pulso disparado, en ese momento me quedé al borde del infarto. – Tenía grandes expectativas para esta noche… y la verdad que la visita de mi familia me las ha fastidiado. – Yo abrí los ojos como platos, y el pecho me subía y bajaba erráticamente.
Edward me miró con el rostro relajado. Mostrando esa seguridad que lo caracteriza, y que a mi me vuelve loca.
Pero yo en aquel momento, lo dicho, mi cerebro no razonaba de forma normal. No entendí su mensaje, el cual estaba bastante claro. Y encima de no ver que lo estaba diciendo por mí, yo lo entendí por otro lado, pensando que hablaba de otra persona. De otra mujer.
- ¿No dices nada? – Preguntó Edward después de un par de minutos donde solo se escuchaba mi respiración asmática.
- Que siento mucho que te hayan jodido los planes para echar un polvo esta noche. – Le contesté con rabia y rencor. Mirándolo casi hasta con asco y los ojos aguados.
Él abrió los ojos y su cara se descompuso en una mueca de desconcierto. Pero no le di ni un segundo a contestar, ya que me giré y abrí la puerta del coche con genio.
- Bella… - Me llamó sujetándome de un brazo.
- ¡Suéltame! – Casi le grité, girándome y echándole una mirada envenenada.
Edward me soltó en el acto.
- Me has entendido mal… - Intentó excusarse.
- Lo he entendido perfectamente. – Salí del coche airada y me dirigí a casa con paso ágil.
Puede escuchar como él salía del coche y venía detrás de mí también a paso apresurado.
Me intercepto abriendo la puerta de casa.
- Espera – Volvió a sujetarme del brazo haciéndome girar.
- ¡Qué no me toques! – Volví a casi gritar.
- No te soltaré hasta que no me escuches… Me has entendido mal… Pensé que había sido claro, tú eres una mujer lista y que pilla bien las indirectas – Me dijo meneando la cabeza turbado.
- Ya te he dicho que lo he entendido perfectamente… Y te repito que me sueltes. – Meneé el brazo intentando liberarme. – Vete con tu nueva "adquisición"… - Le solté con rabia.
Edward se quedó parado. Frunció el ceño y un amago de sonrisa cruzó por su cara, pero solo fue un microsegundo, ya que se mostró serio nuevamente, acompañando a su frente arrugada.
- Ahora mismo estás embotada y no entiendes a razones… Cuando te calmes, ya hablaremos… - Se acercó a mi, cortándome la respiración. – Y te aseguro que me vas a escuchar; que no te quepa la menor duda. – Sus palabras y su mirada penetrante no dejaban dudas al respecto.
Me soltó y se fue; dejándome allí plantada como una lechuga. Hasta que reaccioné y me di cuenta de que estaba mirando embobada para él y mi dignidad salió a relucir, así que alzando una ceja y levantando la cabeza entre en casa.
Como había dicho, subí a la Push; pero fui de improvisto. Lo de la invitación era un embuste solo con ánimo de molestar a Edward.
Pero aunque no había avisado, todos se alegraron de mi visita.
Pero cual fue mi sorpresa, que en casa de Billy también estaba su futura nuera.
Me quedé de piedra cuando al bajarme del coche, salió Jake a recibirme y justo detrás de él, salió ella. Nessy.
- Holaaa… Bellaaa… - Me saludó muy efusiva y cariñosa. Llegando a mi posición, adelantando a su prometido y tirándose a mis brazos – Qué bien que hayas subido.
- Hola Nessy… - Devolví el saludo y el abrazo.
Jacob que contemplaba la escena, sonreía complacido; pero en el trasfondo de su mirada podía ver una ligera tensión.
- ¿Qué tal? Te veo muy recuperada… - Me saludó él con sendos besos. Yo la verdad esperé a su reacción antes de dar ningún paso.
- Pues si, ya estoy perfectamente. Solo ha sido un susto. – Le sonreí.
Mientras, Nessy nos observaba intrigada. Ella no sabía nada de lo que le había contado a Jake; él había guardado en secreto lo de mi "enfermedad".
- He estado malita… - Sonreí divertida, dirigiéndome a ella – Me detectaron un bulto en la matriz y me lo han quitado. – Ella abrió los ojos sorprendida – Tranquila, solo ha sido un susto; al final tampoco era tan malo como parecía de principio. – Le expliqué, suavizando así su gesto.
- Bufff… Menos mal… Y vaya susto, ¿verdad? – Decía conmocionada. – Cómo no nos dijiste nada, hubiésemos ido a verte al hospital. ¿Has estado sola todo el tiempo? – Preguntó con el rostro desencajado.
- No… no he estado en el hospital. – Ella parpadeo seguido sorprendida – He pasado la convalecencia en casa del Dr. Cullen – Abrió los ojos como platos; miró de reojo a Jacob para acabar mirando hacía el suelo.
Yo fruncí el ceño sorprendida por su reacción. Hasta ella tenía algo en contra de los Cullen.
Carlisle me había dicho el día del funeral de mi padre que eran trifulcas arraigadas, temas hormonales de los chicos. Pero con veintitantos años y viendo que el problema abarcaba a la familia y a quien todavía no lo era, no me parecía que fuera una riña de chicos.
Esto traía cola, y tenía que descubrir lo que pasaba entre ambas familias.
Después de comer, el resto de los chicos se acercaron a saludarme. Pasamos un rato todos juntos de lo más agradable y divertido, contándonos anécdotas de estos tres años de distanciamiento.
He de reconocer que aun estando Nessy allí, me sentí bastante bien. De vez en cuando me venía algún pensamiento inoportuno a la mente, sobre todo del aborto, pero pude mantenerlos perfectamente a raya.
Ya se hacía de noche, así que comencé a despedirme.
- Espero que bajéis un día hasta casa y así veías como quedaron las reformas, ¿ok? – Los invité. Me acerqué un poco a Nessy, sonriente. – Y tú también estás invitada… Por si tenías alguna duda, ¿de acuerdo? – Ella me devolvió una sonrisa que podría iluminar un país entero.
- No sé que prisas tienes… Aunque es de noche todavía no son ni las siete de la tarde. – Se quejó Quil
- Ya lo sé… - Sonreí – Pero mira… – Alcé la cabeza al cielo.
- ¿Qué? – Preguntaron varios de los chicos a la vez mirando al infinito. - Está la noche totalmente despejada.
- Si… pero hay luna llena – Sonreí traviesa – Hoy salen los hombres lobo… ¡Uhhhh! – Gesticulé con sorna. – A ver si me voy a topar con uno… Porque dicen que te embrujan para seducirte y luego morderte… jajaja! – Reí de mi propia broma.
- Eso son los vampiros… No los hombres lobo – Contestó Jacob muy serio.
- Bueno… pues también, que los vampiros salen de noche. – Contesté airada, siguiendo la nota bromista.
- No todos salen de noche… - Contestó Seth, ante la mirada de reproche de Jacob.
Aquí se me estaba escapando algo. Jake no miraba así sin motivo. Era una mirada muy particular de él.
Lo dicho, tendría que indagar porque la curiosidad estaba empezando a matarme.
Al fin nos despedimos y yo me fui cavilando como una niña curiosa y traviesa cual sería el motivo de la enemistad entre ambas familias, y porqué el comportamiento extraño de Jacob en determinados momentos.
Llegué a casa y la calefacción ya había arrancado gracias al temporizador. Estos avances eléctricos eran increíbles. Ya estaba empezando a saborear el ponerme cómoda, en el calor de la casa, con mi cenita devorándome el ordenador jugando a ese juego que me había recomendado Alice hacía unos días.
Cuando subía las escaleras dispuesta a ponerme el pijama, alguien picó en mi puerta sobresaltándome.
- Bella… Abre, soy Alice – Anunció desde la calle.
- Qué haces… - Tuve que cambiar el tiempo verbal ya que no estaba sola. Allí estaban también Rose, Emmet, Jasper y las primas de ellos, Irina y Kate. Tania no, por supuesto. Y Edward tampoco – Hacéis aquí? – Pregunté.
Todos pasaron dentro de casa. Era una noche cálida, pero no los iba a dejar fuera, básicamente por educación.
- Pues venimos a proponerte una cosa… - Comenzó Alice con cara de ratón. Yo alcé una ceja en respuesta – Y como sabía que por teléfono iba a costarme un riñón convencerte… Pues dije que venía… Y al final se han apuntado todos para hacer más presión. – Sonrió divertida.
- Bufff Alice… - Empecé a quejarme.
- Buff nada! – Me cortó Emmet. – Ya verás como el plan te mola un montón. – Decía animado.
- Verás… Cenamos en casa, hacemos una buena sesión de chapa y pintura y después nos vamos a bailar a un pub nuevo que hay en Port Ángeles. Nos lo vamos a pasar geniallll! – Exclamó divertida, ante la cara sonriente de todos.
- No te negarás, ¿verdad? ¿No nos dejaras plantados como hoy al medio día? – Preguntó Emmet con una cara de angelito que rompería el corazón de una estatua.
Todos comenzaron a decir lo bien que lo íbamos a pasar, que nos divertiríamos muchísimo y que nos prepararíamos las chicas juntas…
La verdad es que el plan sonaba genial. Así que no pude ni quise negarme.
- Está bien… iré. – Dije sonriente.
Dicho y hecho. Alice no me dio tiempo más que a coger el bolso. Ni siquiera me dejó llevar el coche, ya que ellos habían venido en dos y había sitio más que de sobra.
Y justo cuando Jasper arrancó en dirección a la casa Cullen, el corazón me palpito haciéndome sentir que esa sería una gran noche.
No hay mayor motivación que los celos, ¿verdad?
Y al final han convencido a Bella para una noche de fiesta...
En el próximo capi, veremos a ver que ocurre con esa noche "loca".
Besosssssss y gracias por los rewies
