CAPITULO 37. TU ERES MI ESPECTATIVA

Legamos a la casa Cullen y Carlisle y Esme salieron a recibirme entusiasmados con que no me hubiese negado.

- Ya verás como lo pasáis todos genial – Me dijo Esme abrazándome por los hombros – Y pasa de Tania, no le prestes demasiada atención… - Me susurró – Tiene un egocentrismo bastante alto – Me guiñó un ojo cómplice.

Al llegar, Tania estaba en la cocina ayudando con la cena a Esme y a Carmen, mientras Carlisle y Eleazar estaban en el despacho del primero.

Edward debía estar en su habitación. Echo que comprobé en seguida.

- Chicos, voy a subir a ponerme unas zapatillas y algo más cómodo. Si sigo de tacones, luego me reventaran los pies – Les informé.

- Claro… te esperamos en el salón, ya que Esme y Carmen no nos quieren en la cocina. – Sonrió Rose.

Hice lo dicho y subí a mi dormitorio para ponerme más cómoda. Aun faltaba tiempo para cenar y empezar a prepararnos, así que opté por eso, por ponerme ropa y calzado más ligero.

Nada más entrar en el hall de mi cuarto, la fragancia de Edward me llegó de golpe. Eso confirmaba mi suposición de que estaba en su dormitorio.

Cuando abrí la puerta de mi cuarto, noté como la suya se movía. Pero haciéndome completamente la loca, entré en mi habitación y cerré la puerta.

Me fui al vestidor y me quité la ropa que llevaba y me puse un chándal y unas zapatillas de andar por casa.

Salí, intentando hacer el menor ruido posible con la puerta; lo que menos me apetecía era encontrarme con Edward, ya que no sabía cómo reaccionaríamos ninguno de los dos.

Lo dicho, salí escopetada para abajo a reunirme con el resto de los chicos, y cual fue mi sorpresa que él, Edward, ya estaba allí con los demás.

- ¿Por qué no jugamos a algo? – Propuso Emmet – Todavía falta bastante para la cena.

Todos asentimos. Así que después de debatir un rato, optamos por jugar a las películas. Era uno de mis juegos favoritos.

Hicimos dos grupos, donde por supuesto Tania, escogió el grupo de Edward; yo, muy digna, escogí el contrario.

Durante más de una hora, estuvimos jugando pasándolo en grande; quitando alguna leve tensión entre Tania y yo, porque le adiviné todas las películas que ella representaba.

Esme y Carmen nos llamaron a cenar y todos muy obedientes, nos fuimos al comedor. Hoy éramos más y había invitados, así que por primera vez para mí, estrenamos el gran comedor que había junto al salón.

Rose lo había decorado con varios centros de flores y unas velas, dejando la mesa preciosa.

- Vaya Rose… Has decorado la mesa preciosa. Como en una revista de decoración – La felicité.

- Ese es mi trabajo, Bella. Decorar – Sonrió agradecida por el cumplido.

Cenamos en una gran armonía. Debía de reconocer que me encontraba bastante más cómoda entre la familia Denali que esta mañana. Menos con Tania, por supuesto, pero con ella había otros motivos muy distintos.

Ya no tenía esa sensación de peligro, de miedo… No estaba igual de placentera que con los Cullen, pero supuse que sería a consecuencia del cariño que a estas alturas ya les tenía, y que a los Denali no los conocía nada más que de unas horas.

Pero igualmente, nunca había sido una persona que destacara por tímida y retraída, por lo que me extrañaba mi comportamiento y mis sensaciones con ellos.

- Venga chicos… O mejor dicho, chicas, hay que ir preparándose. – Anunció Alice – Era bueno llegar antes de las doce, así podremos encontrar sitio para poder sentarnos.

Dicho y hecho. Las chicas nos levantamos y nos fuimos hacía el dormitorio de Alice, la cual había despejado su tocador para que entráramos todas.

Yo miraba para todos lados y me encontraba algo desubicada. Las demás cogieron sus neceseres y buscaron un huequito de espejo para poder maquillarse. Y yo me quedé plantada como una hortaliza sin saber como hacer.

- Ven Bella… tu y yo nos iremos a tu habitación – Rose me agarró de una mano y tiró de mí – Allí estaremos más cómodas. Te dejaré espectacular, ya verás. – Me sonrió – Esa… Tania – escupió con rabia – No te hará de menos… - Frunció la boca en un gesto de completa molestia

Primero nos metimos en mi vestidor. Lógicamente antes de maquillarte, es bueno saber que atuendo vas a llevar.

- Rose… no quiero ir de zorrón – La avisé – Si ella lo es, es su problema… Yo quiero ir bonita, sexy… pero siendo yo misma. – Rose me miró y sin previo aviso me dio un abrazo; yo me quedé sorprendidísima por su reacción, pero en el fondo, complacida.

- Por eso me encantas… Porque eres natural. Porque no te dejas influir por nada ni nadie. Para ser tan joven, a veces parece que tengas una vida muy larga vivida – Meditó.

- Es que tengo mucho vivido, Rose – Le contesté frunciendo la boca en un gesto triste.

Nos pusimos a buscar entre las perchas hasta que di con el modelo escogido. Era perfecto.

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Un vestido a tres capas, plisado en un tono oro viejo muy oscuro, haciendo unos discretos visos negros. Lo justo de escotado, lo justo de corto. Tenía un movimiento perfecto y el tacto de la tela era como se esperaba al verlo, un suave y fino raso. Por su puesto, de firma y carísimo.

- Te doy la enhorabuena – Me felicitó Rose – Nunca te he visto salir de fiesta, pero no sé… creo que serás muy tú. El cambio en su justa medida que hacemos las mujeres cuando nos "preparamos en serio" – Asintió a sus palabras meneando su rubio pelo. Orgullosa de mi elección.

- Y ya tengo los zapatos – Le dije mostrándole mi elección.

- Perfectossss! Esos peet toes de Jimmy Choo, son preciosos. – Volvió a alabarme.

La verdad que los zapatos eran divinos. Dorados, un poquito más claros que el vestido, con un tacón de 9 cm y una plataforma de dos.

Y para rematar, una cartera de mano cuadrada, en negro. Para resaltar el conjunto.

- Dúchate y lávate el cabello con este champú – Me señaló un bote en concreto – No te des mascarilla ni nada, de acuerdo? – Yo voy a ir preparándome. Aplícate cremas y esas cosas… Así me darás a mí tiempo – Sonrió; y guiñándome un ojo salió por la puerta a todo correr.

Hice lo que me mandó, y la verdad que la ducha me sentó de fábula. El champú que me indicó olía exquisito, muy parecido a mi perfume, solo que un poco más floral; lo justo para el olor del cabello.

Me apliqué crema en la cara y en el cuerpo. Y una que tenía especial para los pies, que los ayudaba a estar descansados y relajados.

Justo cuando ya me estaba poniendo la ropa interior, Rose apareció en mi habitación otra vez.

- Guauuuu Roseeee! – La alabé – Estás espectacular, viéndote a ti… Quien va a fijarse en nadie más! – Exclamé orgullosa de mi Rose.

Llevaba un vestido corto, cortísimo, en encaje negro, haciendo un efecto de gris. El escote era en forma de corazón y no demasiado pronunciado. Y con hilo grueso negro, hacía sugerentes formas a lo largo del escaso vestido.

- Gracias… Eres muy amable – Sonrió casi con timidez – Pero hoy la que vas a destacar cuando acabemos entre las dos, vas a ser tu. – Me aseguró.

Nos miramos cómplices unos segundos y nos sonreímos compinches.

- Bien, ya estás duchadita y encremada, - Sonrió – Y ya tenemos el conjunto, así que sé perfectamente como maquillarte – Anunció Rose llevándome al baño. Oriento las luces del espejo del tocador y se puso manos a la obra. – No voy a darte mucho color… Solo un toque muy suave de dorado y lo que haré será remarcar tus preciosos ojos en negro ahumado. Estarás sensacional. – Me explicó emocionada.

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La verdad es que hay que reconocer que fue rapidísima. No me tuvo mil horas allí sentada muriéndome. En cuestión de una hora, me tenía maquillada y peinada.

- El peinado así… con la melena tan preciosa que tienes, debes lucirla de mil formas distintas. Hoy liso… que se vea lo largo y sedoso que lo tienes, pero con un toque de rizos abiertos en las puntas… para darle ese toque despeinado. – Me explicó. – Te dará un toque de dulzura que contrastará con lo felino del maquillaje. – Iba relatándome mientras me alisaba el pelo con gran soltura.

No me dejó verme hasta que estuve completamente lista. Con el vestido y los zapatos puestos.

Cuando vi el reflejo que me devolvía el espejo, me quedé estupefactada. Ya había salido muy puesta en otras ocasiones, con mis amigas de la universidad, pero tan exquisita como hoy, nunca.

A parte, claro está, que jamás había salido con una indumentaria de firma y tan cara.

- Estás preciosa, en serio – Me aduló Rose con el rostro lleno de ternura. – Y no porque yo te haya ayudado… Si el material base no es bueno… Por mucha chapa y pintura que le hagas… - Sonrió divertida.

- Gracias Rose, eres genial, en serio! – Y sin pensarlo, la abracé con un cariño infinito.

- Vaya… ¿momento abrazo y no me llamáis? – Esa era sin duda nuestra Alice.

Me giré para mirarla y se quedó completamente pasmada; con una grandísima sonrisa en los labios que le cruzaba su hermosa cara.

Ella vestía un vestido de flecos, en rosa palo, que ataba con un fino tirante al cuello, dejando su esbelta espalda al aire. Estaba encantadora, a la par que sexy.

- Estas guapísima Alice… - Le dije mirándola entusiasmada.

- La que está preciosísima eres tú… - Sonrió de forma traviesa mientras seguía sin apartar la mirada de mí – Sé de uno que va a quedarse muerto cuando te vea. – Alzó las cejas cómplice, mientras yo hice un mohín mostrando mi total desinterés. Gesto que ella acompañó meneando la cabeza.

Oímos a los chicos llamarnos desde abajo, diciéndonos que éramos unas tardonas, eso nos hizo reaccionar a la vez que echar unas risas cómplices.

- Venga, vamos… Están todos abajo esperándonos. – Rose me tendió un abrigo negro.

- ¿Pensabas ir sin esto? – Rió divertida ante mi cara rara. No había caído en el abrigo, todo sea dicho. – Antes miré en tu armario y no vi ningún abrigo que me pareciera oportuno para salir tan vestida, así que te dejo uno mio.

Doblé el abrigo en el antebrazo y las tres, listas para comernos el mundo salimos rumbo a pasar una velada que prometía de lo más entretenida.

Bajamos las escaleras, y justo, en la última tanda antes de llegar al hall, todos los presentes se giraron para mirarnos.

No te pongas nerviosa. Haz como si nadie te estuviera mirando. No te inmutes por su forma de mirarte. Saborea este momento. Pensé enfundándome ánimos a mí misma.

Y lo dicho, bajé las escaleras como una estrella de cine. Pude ver las miradas aprobatorias y llenas de orgullo de los Cullen incluso de los Denali, a excepción de una persona, la cual me miraba con soberbia… y ver como por un segundo, a Edward se le caía la baba.

Pues esa noche iba a sufrir… Ese era mi objetivo primordial.

- Guauuuu… hoy no te puedo llamar enana, porque sería estropear el momento – Me dijo Emmet ayudándome a bajar el último escalón. – Estás… preciosa – Y me miró con mucho cariño.

- Si Bella, Emmet no ha podido escoger un adjetivo más apropiado. Preciosa… Radiante – Me alabó dándome un beso en el dorso de la mano como un caballero, ante mi mirada sonriente y complacida.

- A mi se me ocurre otro… - Agregó Carlisle – Bella… Tu nombre lo dice todo – Carlisle siempre con las palabras apropiadas. Se acercó y me dio un beso en la frente. – Pasarlo bien… y cuidar de nuestra Bella. – Yo lo miré y menee la cabeza.

Los Denali también me echaron unos cuantos piropos, menos Tania, que yo les devolví gustosa. Cada vez me sentía más tranquila entre ellos. Ya que parecían tan agradables y cariñosos como los Cullen.

- Bueno, ¿llevamos dos coches o tres? – Preguntó Emmet. Antes de que le diera tiempo a contestar a nadie, Edward se adelantó.

- Tres… Así iremos más holgados. – Se explicó, algo tajante.

Nadie objetó nada al respecto.

Bajamos al garaje; Edward se acercó a su Volvo, Jasper cogió el mercedes y Emmet el Bmw. Por supuesto, yo esperé a ver donde iba Tania, aunque lo suponía más que de sobra, para ir en otro coche distinto al de ella.

Era una actitud algo infantil, pero los celos me podían. Y eso que Edward me había explicado que no le interesaba para nada… Que tenía otra chica en perspectiva. No le di más vueltas al tema para no avinagrarme la cara.

Antes de que llegara a dar ningún paso hacía ningún coche, Edward me habló; más bien me impuso.

- Bella… Tú conmigo – Ordenó.

Cuando iba a quejarme, me di cuenta de que los otros dos coches ya estaban arrancando. Esto había sido una estratagema de las chicas; al llegar, las mataría. Porque no solo iba a compartir coche con Edward, si no también con Tania.

Estupendo, los tres encerrados en un coche durante media hora… Empezamos bien la noche. Pensé fastidiada.

Y el gran dilema… Quien iba delante con Edward?

Sencilla solución: Yo.

Pasé al lado de Tania, la cual estaba llegando a la puerta del copiloto, la miré y con mi cara más angelical, le expliqué.

- Yo voy delante. Lo siento, pero atrás me mareo, y más por la noche. – Ella iba a rebatirme, pero no la deje – Imagino que no querrás ir oliendo a vómito todo el camino, porque eso es lo que me pasa… Que siempre acabo vomitando, y encima sin darme tiempo a avisar… - Dejé la frase en el aire. Ella frunció el ceño y dio un paso atrás dejándome pasar a mí.

Abrí la puerta del copiloto con cara de satisfacción, la cual Edward me vio de lleno. Yo giré la cara hacía él, y sin cortarme lo más mínimo, le alcé una ceja de una forma muy cómplice a la par que le echaba la primera miradita de la noche.

Él me sonrió y me miró diciéndome claramente: Entro al juego.

Arrancamos y el silencio predominaba el ambiente, y según pasaban los segundos iba poco a poco cargándose de tensión. Se notaba que ninguno de los tres sabía de decir; que a nadie se le ocurría nada para romper un poco el ambiente.

Al cabo de unos minutos, viendo que nadie se decidía a decir nada, subí el volumen al equipo de música. Edward llevaba una música lenta y tranquila. Eso es lo que menos me apetecía escuchar ahora mismo.

- Edward… - lo llamé – ¿No tienes otra música? No vamos de funeral, vamos a bailar – Le dije mirándolo sonriente, con una "miradita" ladeada.

- Claro, dale a ese botón y vete pasando las carpetas. Es un equipo de memoria interna, no de CD's – Me explicó.

Sin cortarme, me puse a darle como una loca a todas las carpetas buscando alguna que tuviera música fiestera.

En mi búsqueda me encontré con una carpeta que me llamó la atención sobre las demás. La tenía identificada como "Bella".

Me quedé con el dedo clavado en el botón y mi corazón dio un brinco haciéndome casi hasta contraerme.

Sabía que Edward estaba mirándome, pero yo no tuve valor para girarme hacía él.

Pinché sobre "mi" carpeta y la abrí para ver que música tenía allí guardada.

La primera canción que sonó, fue mi nana. Tuve que apretar los ojos un segundo y controlar la respiración para no ahogarme.

Seguí pasando y allí tenía guardadas muchas de mis canciones favoritas. Canciones que yo había puesto en el equipo de música de mi dormitorio cuando estaba convaleciente por el aborto. Y otras muchas que había mencionado en algunas ocasiones.

Al final me giré, pero hacía la ventanilla y respiré profundamente. Estaba impactada y maravillada, a la par que sorprendida. No entendía que quería decir con eso. Si tenía otra chica en perspectiva, para que tiene una carpeta con mi música favorita…

Y como un jarro de agua fría… la respuesta llegó clara a mi mente.

Yo era su expectativa de esa noche

Como pude ser tan absolutamente obtusa de no darme cuenta… Sin poder contenerme, me giré en su dirección y con los ojos como platos, lo miré. Me lo comí, lo devoré, lo amé… todo con la intensidad de mis ojos.

Él, sin mirarme, sonrió. Torcido. Mi sonrisa por excelencia. Y me la estaba dedicando exclusivamente a mí.

- Vas a poner alguna… - Intervino Tania – O vas a seguir pasándolas? Porque a este paso llegaremos a Port Ángeles sin escuchar nada – Su tono tenía un cierto fastidio, pero he de reconocer que no lo dijo de malas formas.

Inhalé una gran bocanada de aire y le di al botón una vez más. La que saliese se quedaría.

Y cual fue?... Everything I do, de Bryan Adams.

En cuanto la letra comenzó, no lo pude evitar y acompañé la música haciendo un dueto cantando muy bajito.

Al poco, cual fue mi sorpresa cuando Edward me acompañó haciendo un trio. Una cosa más para enamorar a una mujer: Un hombre que se sabe la letra de una de las canciones más románticas de la historia.

Justo en la ultima frase, donde el cantante la recita con tanto sentimiento, ambos la cantamos de la misma forma, pero mirándonos.

Nuestros ojos se volvieron cristalinos y sensuales. Sin importarnos el hecho de que estábamos acompañados.

Al acabar la letra, yo no pude seguir aguantándole la mirada y tuve que bajar la cabeza. Los sentimientos que en ese momento se invadieron eran poderosos; capaces de mover mundos. Si hubiésemos ido solos en el coche, hubiera obligado a Edward a parar en el arcén y le hubiese dado un beso tan cargado de amor y sensualidad que lo habría echo estallar en llamas.

Pero no… No íbamos, desgraciadamente, solos en el coche.

Mientras pensaba eso, me pareció ver a Edward hacer un movimiento con la cabeza, como si asintiera a algo. Pero allí nadie había dicho nada. Que yo oyera, claro.

La siguiente canción era más movida, más acorde al momento y a la situación. Eso hizo que pudiera respirar tranquila y relajarme.

- Esta también os la sabéis o tendremos otro dueto? – Preguntó Tania… ¿sonriendo?

- Bueno, saber me la sé… Pero no estropearé la canción poniéndome a canturrear – Le contesté con voz divertida.

- Bueno mujer… no es que la hayas estropeado… La verdad es que tienes una voz muy dulce. Cántala si quieres, no me importa.

Iba con la vista puesta hacía delante, así que sabía que no me veía, por lo que pude gesticular mi sorpresa ante su piropo a gusto.

¿Tania regalándome un piropo? ¿Que había pasado que yo me había perdido?

Escuchamos otra canción más y cuando me quise dar cuenta, habíamos llegado a nuestro destino.

- Bajaros aquí – Pidió Edward – Voy a aparcar. – Y como un caballero nos dejó en la puerta del pub.

Allí nos encontramos con el resto de las chicas, a las cuales sus chóferes también las habían dejado en la puerta mientras ellos aparcaban.

En unos minutos, nos reunimos todos y entramos. La entrada al local, de todos, corrió por parte de Edward, que nos invitó sin dar opción a quejas.

El local era una pasada. Moderno, con varias barras, dos pistas, luz tenue, menos en las pistas que las luces brillan en movimiento y algo que me gustaba es que tenían aire acondicionado. Era enorme.

- ¡Es una pasada! – Le comenté a Alice – Me encanta.

- Si, la verdad es que está genial. Los anteriores dueños lo tenían algo distinto, menos aprovechado y moderno… Pero ahora, con la reforma que le han hecho ha quedado estupendo. – Comentó ella satisfecha.

Dejamos los abrigos y los bolsos en el guarda ropa y escogimos una mesa muy cerca de la pista; elegimos una amplia con sillones para todos. Ya que no eran sillas, sino una especie de butacones en cuero, unos blancos y otros negros. Todo muy coqueto y compasado.

Los chicos fueron a pedir y nos pusimos a charlar animadamente durante un rato. Poco a poco el local fue llenándose y la música animándose; y de paso animándonos a nosotros.

- Bueno, qué… pensáis quedaros ahí plantados, ¿o vamos a salir a mover el body? – Picó Emmet.

- Ya ves… La edad que no perdona… Jaja - Contesté yo riéndome.

- Pues tu, por hablar… Vas a estrenar la pista conmigo – Emmet tiró de mis manos levantándome de un golpe – Veamos la juventud de ese bonito cuerpo. – No me hice de rogar demasiado, ya que estaba muerta por salir a bailar y lucir el conjunto que me había puesto.

Justo cuando estábamos entrando en la pista, cambió la música; salsa. La primera, "Suavemente". Perfecta para bailar.

- Bueno enana… Veamos como te mueves – Emmet me guiñó un ojo y nos colocamos en posición.

Empezamos suave, como la canción, acompasándonos. Tanteándonos mutuamente, hasta que Emmet ya me cogió el ritmo y comenzamos a movernos con soltura.

Parecía que hubiésemos bailado juntos desde siempre. Nos complementábamos a la perfección. Los giros, los pasos… Todo. Y lo increíble era la fuerza y la soltura con la que él me cogía, infundiéndome valor en los giros. En poco tiempo, la gente se abrió para hacernos un círculo.

En uno de los giros, pude ver como los miembros de nuestro grupo, también estaban en la pista mirándonos y vitoreándonos.

Emmet y yo bailamos un par de piezas más, hasta que necesité un respiro y beber algo. Fuimos juntos a la mesa mientras el grupo seguía bailando, riéndonos y picándonos. Tenía tanta sed, que me bebí lo que me quedaba de copa de un trago. De la segunda copa que llevaba ya.

Comenzó a sonar una súper actual de Jennifer López y Alice me hizo gestos de que fuera con ellos. Habían echo un coro y bailaban suelto. Yo me puse entre Alice y Rose; justo enfrente de mí: Edward que no me quitaba ojo.

Como hacía tanto tiempo que no bebía nada, el haberme metido la mitad de la segunda copa de un trago comenzaba a hacerse notar. Me encontré desinhibida, coqueta y sexy. Y más, teniendo los ojos de Edward clavados en todo mi cuerpo.

¿Quería ver mi cuerpo? Pues empezaría por ver como me movía. Iba a calentarlo como una olla exprés.

Junto con Alice y Rose comenzamos a movernos súper sexis, pero sin pasarnos. Riéndonos y bailando a nuestro compás. Estábamos pasándolo genial.

Y para mi agrado extremo, comienza a sonar una de David Guetta, del cual me chiflaban todas sus canciones. Y esta, en particular, me parecía de lo más sexy.

Todas las chicas nos pusimos a contornearnos ante las miradas de los chicos; los nuestros y los que estaban a nuestro alrededor. Que empezaron a babear como caracoles.

Justo cuando uno de esos chicos se me acercaba con intenciones de cogerme para bailar, más bien, refrotarnos, ya que esa canción era muy propicia para ello, Emmet se interpuso y me cogió por atrás haciéndome bailar con él. Pero ralentice el ritmo, ya que me daba apuro siendo él.

- Que no te de corte… Somos como hermanos… Menea ese culo como antes – Me susurró al oído, ante mi sonrisa traviesa – Se de uno que se le estaban saliendo los ojos, jajaja! – Rió de su propia gracia.

Miré hacía Rose mordiéndome el labio, dudando. Y ella me dio su autorización para que me restregara contra su marido, sonriéndome y guiñándome un ojo cómplice.

Así que así hicimos. Comenzamos a movernos de forma sensual… tentadora y hasta lasciva. Seguía manteniéndome de espaldas a él, así que la forma de bailar no podía ser más morbosa.

De pronto, me dio la vuelta y me dejó caer de espaldas, alzándome una pierna, acariciándome el muslo que quedó completamente a la vista.

Aunque eran movimientos casi hasta íntimos… Los dos estamos pasándolo en grande, riéndonos a carcajadas.

Paramos un momento para tomar otra copa, la cual yo me bebí de tres tragos. El ejercicio físico me estaba haciendo acalorarme y tener una sed horrible.

- Guauuu Bella… como achicas – Me picó Jasper – Pero cuidadito… - Me advirtió alzando las cejas divertido. – Luego se hacen tonterías – Me picó carcajeándose.

Las chicas hicimos un descanso para ir al baño y retocarnos, menos Tania, que había ido a pedir junto con los chicos. Cuando las mire en la luz del baño, ellas estaban impolutas mientras yo tenía las mejillas coloradas y la raya negra se me había movido hacía las ojeras. ¿Cómo podía ser?

- Ven, que te voy a retocar un poco – Rose sacó un pequeño neceser de su bolso de mano y en cuatro pasadas me dejo prácticamente como cuando salimos de casa.

Volvimos a la pista donde nos esperaban los chicos haciendo el tonto. Ya eran más de las tres de la madrugada y el local estaba en su punto álgido.

Justo al llegar, sonó una de mis canciones favoritas… Preciosa, dulce, romántica y con un toque sensual. "Yo te esperaré"

No sé por qué, pero me quedé completamente parada; inmóvil como si me hubiesen pegado los pies al suelo.

Entonces, unos brazos que reconocí al instante, me rodeador la cintura por detrás.

- Me concederás esta, ¿verdad? – Me susurró Edward al oído – Creo que es idónea. – Noté su sonrisa en mi oreja. Su aliento me hizo estremecer. – Sé que te encanta… y a mí, también.

Sus manos, primeramente puestas en mi cintura, fueron deslizándose por mi cuerpo hasta mis caderas; las pegó a las suyas y comenzó a mecernos.

Fue bajándolas, acariciándome en su recorrido, por mis muslos, cadera, cintura, y costillas. Cuando conseguí reaccionar, yo eché las mías hacía atrás, y también le recorrí las caderas y los muslos.

Mientras, metía su cara entre mi cuello y clavícula, exhalando su aliento frío sobre mi piel caliente, haciéndome estremecer.

Justo cuando llegó el estribillo me dio la vuelta con un giro estudiado, y me rodeo la espalda con sus brazos, posando las manos donde la susodicha pierde su nombre. Yo fui subiendo las mías por su torso, por su pecho, ascendiendo hasta enroscarlas en su cuello, pegando mi cuerpo lo máximo humanamente posible al suyo, el cual se movió para que encajásemos perfectamente.

Nos mecimos al ritmo de la deliciosa canción, entrando en nuestra propia burbuja. Edward escondió su cara en mi cuello inhalando mi perfume, apretándome aun más contra él, mientras yo apoyaba mi cara en su pecho.

Justo cuando la canción estaba acabando, Edward movió la cara y me regaló un tierno beso en la frente, mirándome con una ternura infinita.

- Ya pillaste lo que te dije en el coche cuando te deje en casa, ¿eh? – Me susurró.

Yo alcé la cabeza y lo miré saliéndome el romanticismo por los ojos, meneando levemente la cabeza, afirmando.

Nuestra canción acabó y comenzó otra que me encantaba, en plan salsa. Iba a soltarme de Edward, ya que no lo veía bailando este tipo de música, cuando me sujetó y me atrajo hacía él otra vez.

- ¿Dónde crees que vas? – Me dijo divertido – ¿O piensas que yo no sé bailar esto? – Preguntó fingiendo molestia. Yo me encogí de hombros, picándolo.

Y con más soltura y cierta delicadeza que Emmet, sobre todo porque entre nosotros había una complicidad distinta, Edward me puso a danzar por la pista. Si con Emmet había sido genial, con Edward fue inigualable. Esta, estaba siendo una de las mejores noches de mi vida. Y no me había dado cuenta de cuanto necesitaba una noche de diversión así.

La noche pasaba, eran más de las cuatro y yo ya empezaba a estar rota. No habíamos parado prácticamente nada desde que habíamos llegado.

Las chicas salimos un momento a tomar el aire, y no se muy bien como, Tania y yo nos quedamos separadas de las demás. Aunque creo que fue sobradamente premeditado.

- Bella – Me llamó sobresaltándome – Quisiera hablar una cosa contigo, si me permites. – Venía de lo más mansa. Por un momento pensé que estaba borracha; pero no… Como el resto del grupo ni se había inmutado de la bebida, del calor, del esfuerzo físico… De nada.

- Claro, dime. – Le contesté cordial.

- Quisiera disculparme por mi comportamiento contigo cuando nos presentaron en la cocina. – Me quedé pasmada – Sé que Edward te ha contado lo que pasó entre nosotros aquel verano – Me miró esperando mi afirmación – Y como él supuso, vine a gastar mi último cartucho. Eleazar nos habló de ti por mediación de Carlisle… y en la última conversación que tuvieron, al colgar, mi tío conjeturó que entre vosotros podría surgir algo. Él soltero y tú joven, preciosa e inteligente… Y encima, la niña de los ojos de Carlisle. – Sonrió y yo le devolví el gesto – Eso me hizo saltar la alarma… tenía que veros con mis propios ojos. Por eso el viaje fue tan de improvisto. – Hizo una pausa para darme tiempo a asimilar toda la información. Después de un minuto, continuo su relato – Edward fue muy educado y cortés conmigo… Mucho más de lo que realmente merecía, la verdad. Dejó que me acercará a él y lo tanteara, pero cuando tú entraste en la cocina, fue como si lo que lo mantuviese en equilibrio en la tierra hubiese aparecido – Yo me quedé sin palabras, y sin poder evitarlo, una sonrisa se instaló en mis labios – Y la prisa que se dio por ser él quien te acompañara a casa… Y antes en el coche, pude comprobar la complicidad que tenéis… Bueno, que vi perfectamente que yo no tenía nada que hacer… Y solo conseguiría ponerme en evidencia, otra vez. Su corazón ya tenía dueña… Tú! – Ahí mi sonrisa se disparó – Tienes motivos para sonreír, te llevas a un gran hombre… Al mejor hombre que he conocido en toda mi vida. Cuídalo… Y amarlo no hace falta que te lo diga, porque se ve a un kilómetro que estás loca por él.

- Gracias – Le contesté sincera – No sabes lo mucho que agradezco tus palabras.

- Se ve que eres una gran chica. Seréis muy felices juntos… Y Bella, permíteme un consejo… Cuando descubras algún defecto en Edward, por muy terrible que te parezca, no dejes que afecte a lo que sientes por él. Recuerda siempre lo mucho que lo amas – Me miró seria, y yo, sin entender muy bien sus palabras, asentí.

Tiempo después descubrí a que "defecto" se refería.

Nos fundimos en un abrazo de amigas. Habíamos firmado la paz y estaba pletórica por ello.

Cuando nos giramos todo el grupo estaba en la calle, charlando entre ellos animadamente.

- Bueno chicos, volvemos a entrar a cerrar el chiringo – Animó Alice, ante el asentimiento del resto.

¿No se cansaban nunca? Yo estaba agotada.

- Bella – Me llamó Edward – ¿Quieres que nos vayamos? – Me miró con ternura, entendiendo que lo que menos quería yo era volver a entrar.

- ¿No te importa? – Le pregunté con cara de angelito. Él rió por mi cara.

- No… la verdad que a mi también me apetece irme ya. – Yo asentí encantada.

Nos despedimos y mientras yo hablaba con las chicas, él fue a recoger nuestros abrigos y posteriormente el coche.

- Bueno Bellita… - Me dijo Alice llevándome a un aparte – Espero que mañana tengáis algo "bueno" que contarnos. – Yo fruncí el ceño sin entenderla del todo. – ¿No pensarás dejar marchar a Edward? – Me preguntó casi ofendida – Supongo que hoy no dormirá en casa… Bueno, ni en la suya ni en la tuya… jajaja! – Rió de su propio comentario.

Y yo, de pronto me sentí asustada. Asustada de la veracidad de sus palabras. Hoy, al final, se celebraría la cita. Un poco transformada, pero hoy sería el gran día. Sería el momento de descubrir de una vez si íbamos a comenzar algo juntos, o no.

Entre esas, Edward llegó y me monté en el coche. La adrenalina del momento, me habían echo despejar de los efectos de alcohol, y ahora me sentía cohibida. Maldije a Alice.

No necesitaba que me dijera nada; en el transcurso del viaje de vuelta, yo solita habría caído en el detalle de invitarlo a entrar. Pero sus palabras ahora retumbaban en mí mente haciendo a mi pulso atronar en mis venas.

- Vas muy callada… ¿Estás bien? – Me preguntó después de unos minutos de silencio.

- Sí, claro… Estoy disfrutando de lo bien que suena la música en tu coche. – Le dije apoyando la cabeza en el respaldo. En ese momento sonaba una melodía lenta – ¿Así que una carpeta con mi nombre? – Le pregunté girando la cabeza hacía él. En respuesta, me sonrió.

- Ajá… fui recopilando las canciones que más te gustaban. Fue fácil porque tus favoritas, siempre eran de las primeras que ponías y repetías todos los días.

- Me gusta lo observador que eres… No se te pasa nada por alto. – Le adulé.

- Bueno… alguna cosa sí. Mira que error cometiste hoy cuando te dije que tenía a alguien en perspectiva… - Me mordí el labio por mi forma de actuar. – No fui fino mezclándote la historia de Tania con ese comentario… Te enfadaste muchísimo. Y bueno… realmente no te culpo, por eso, porque no fui cuidadoso a la hora de decírtelo. Tampoco mis maneras fueron las adecuadas – Se disculpo.

- Bueno… yo también saqué las cosas de contesto… Y como siempre, no te doy tiempo a que te expliques… Debo corregir eso – Le prometí.

- Por cierto… Que hablabais Tania y tú antes… Si puedes contármelo, claro – Me pidió muy cortes.

Le comenté lo que Tania me había dicho… Por supuesto no todo. No iba a ponerme en evidencia justamente en ese momento. Más adelante, si las cosas salían bien… Que eran como debían salir, le contaría la conversación entera.

Justo al acabar de contarle, llegamos a mi casa. Entonces, el brote de nervios y timidez de hacía un rato, volvió a embargarme.

No seas cobarde. Es el momento y lo sabes. Pensé enfundándome valor.

- Te apetece… entrar – Dije intentando esconder los nervios de mi voz. – Por si tienes alguna duda, te estoy invitando… - Le guiñe un ojo.

- Por supuesto… Las cinco de la madrugada me parece una hora estupenda para hacer una visita – Me contestó divertido.

Se bajó y me ayudo a salir del coche, como un caballero. Yo iba delante, muerta de nervios. Justo cuando llegamos a la puerta y saqué la llave, no era capaz de atinarla en la cerradura.

- Trae… tienes las manos entumecidas del frio – Me ayudó gentilmente. Pero algo me decía que él sabía que no solo era por el frio mi temblor.

- Ummm… que calor… - Ronronee como un gatito, entrando ambos en casa – Pero… qué raro que el temporizador no se haya apagado… Lo tengo programado para que se apague a la una – Pensé frunciendo el ceño.

Sacudí la cabeza alejando ese pensamiento, me quite el abrigo, y Edward me tendió el suyo. Los colgué juntos en la percha de la entrada y lo encaré.

- Bueno, ¿empezamos el recorrido? – Le sonreí. Parecía que los nervios iban bajando posiciones en mi organismo. Pero me sentía a la expectativa; no sabía muy bien que hacer… Esto realmente era nuevo para mí.

Edward se me acercó suavemente, sensualmente; puso sus manos una a cada lado de mi rostro y acercó el suyo al mio, besándome lento. Muy lento e intenso.

El beso fue adquiriendo intensidad por segundos, pero seguía con la misma connotación lenta y suave. Yo posé mis manos en sus brazos de igual modo. Acariciándolos.

- Parece que mis expectativas, van cumpliéndose – Me susurró en el oído, dejando que su aliento rozara el lóbulo de mi oreja, haciéndome estremecer. – Porque… tú eres mi expectativa… pero no para hoy, no solo para esta noche… Empecemos con un para siempre… - Yo, incapaz de articular palabra, asentí con la cabeza, pero sin apartar mis ojos de los suyos.

Sus palabras entraron en mis oídos como la más hermosa de las melodías.

Nos miramos con ojos enamorados. La parte más difícil estaba dicha y afirmada…

Nuestros labios volvieron a unirse para firmar y sellar ese… "Empecemos con un para siempre…"