CAPITULO 43. ALEJATE DE MÍ
Por fin era jueves. El día en que nos íbamos a Vancouver. Edward había podido gestionar para irnos un día antes, ya que era muy apresurado el marchar el viernes y volver el domingo.
Mi chico era un auténtico crack.
Los Cullen volvieron a alquilar el monovolumen y así ir todos juntos en un coche, ya que yendo en dos, había problemas para dividirnos.
- Sois como niños, en serio – nos regañó Esme a Alice, a Emmet y a mi. – Lo mejor que hacíamos era comprarnos el monovolumen y así estas discusiones absurdas se acababan. – Refunfuñó mientras nosotros tres aguantábamos la risa.
Cargamos el coche, y en menos de dos horas ya estábamos en el refugio de montaña de los Cullen. Una cabaña de tamaño XL, que cortaba la respiración solo de verla por fuera.
Y para no hacer deshonor, el interior te dejaba estupefactada.
Dos pisos, cinco habitaciones, seis cuartos de baño, una cocina enorme y un salón de medidas desorbitadas. Por su puesto, todo decorado en un estilo muy invernal y rural, pero de lujo y lleno de confort.
- Guauuu…! – Con eso basto para sacarles una sonrisa a toda la familia. – Es… increíble, en serio – Abrí los ojos deslumbrada.- Es un sitio mágico; espero que vengamos más a menudo.
- Vendremos siempre que quieras… - Me musitó Edward al oído – Otro fin de semana, vendremos tu y yo solos. – Asentí emocionadísima con la cabeza; y nuestras miradas se volvieron pícaras y atrevidas.
Ambos estábamos pensando lo mismo, respecto al porqué de venir solos.
Nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones para deshacer el equipaje, refrescarnos del viaje y ponernos ropa de más abrigo, ya que íbamos a dar un paseo por el pueblo para aprovechar el poco tiempo que teníamos.
- ¿Sabes? – Preguntó Edward – Es la primera vez que, por fin, voy a compartir esta habitación… Y la idea me encanta – Sonrió. – El saber que he encontrado a la persona con quien quiero compartir el resto de mi vida… Compartirlo todo y ser feliz con ello. – Se acercó a mí y me acarició la cara con el dorso de su mano. Yo incliné la cara para recibir su fría mano.
3ª PERSONA
Al cabo de media hora, toda la familia se reúne en el hall de entrada y se van dando un paseo hasta el pueblo, ya que la casa se encuentra a las afueras, pero es un paseo agradable y corto.
Y así van hablando entre todos y Bella puede disfrutar de la vista invernal.
Encargan comida en un restaurante del pueblo y mientras llega el repartidor, aprovechan para ponerse cómodos.
Todos están exultantes de alegría. Esta última temporada, Bella ha estado mucho más tranquila y no solo eso, sino que incluso más integrada, si cabe, en la familia.
Pero también son conocedores de que hay que revelarle a Bella su secreto. Su relación con todos es de intimidad total y con Edward… Bueno, viven juntos. Son una pareja estable y asentada. Así que ella debe ser conocedora de lo que son.
Explicarle lo que conlleva ser un vampiro y que tiene tiempo para escoger. Tanto si quiere seguir siendo humana como en convertirse. Que es lo que todos esperan que Bella elija.
Eso si ella les perdona el haberla tenido tanto tiempo engañada, claro.
Aunque están más que preparados para cualquier objeción que ella les proponga.
- Bueno, habrá que pensar en que hacer mañana, no chicos? – preguntó Carlisle. – Podemos hacer algo en grupo o cada cual a su aire.
- Yo he visto aquí al lado un establo para montar a caballo… - Comentó Bella – La verdad es que me gustaría, hace tiempo que no monto – Musitó ella.
- Edward! Cómo es eso de que Bella hace tiempo que no monta? – Preguntó exclamando exageradamente Emmet, haciendo una gracia del comentario de "su niñita".
- Emmetttt! – Lo regañó ofendida Esme.
- Siempre estás igual, Emmet… De verdad…Ya ni te escucho – Le contestó Bella con indiferencia.
- Pues para ignorarme, estás roja como un tomate. – Le contestó risueño con cara de niño travieso.
Ante el comentario de Emmet, todos, incluida la propia Bella, no pudieron hacer más que acabar riéndose.
- Bueno… Nosotros no somos muy dados a los caballos – Le contestó Edward. – Pero puedo acompañarte, si quieres. – Se ofreció gentil como siempre.
- Yo quiero hacer snob… Quién se apunta? – Propuso Emmet.
Ante el plan de Emmet se apuntaron Jasper y Alice.
- Por qué no vas con ellos? – Le ofreció Bella – El establo está aquí al lado, así yo montaré – Le dirigió una mirada de advertencia a Emmet – más tranquila, sin saber que me estás esperando aburriéndote.
- No te importa en serio? – A Edward le brillaban los ojos de emoción ante el plan de Emmet.
- Tranquilo Edward, yo voy a quedarme en casa – Agregó Rose – Quiero hacer unos planos para una pequeña reforma de la cabaña – Calmó a su hermano – Así que ante cualquier cosa, estaré cerca.
- Bueno… pues entonces nosotros podemos ir a esquiar. – Le sugirió Esme a Carlisle, ante el asentimiento de este.
Después de cenar, decidieron hacer la sobre mesa ante la chimenea, en el salón. Esme y Carlisle se retiraron pronto, alegando estar algo cansados.
Aunque el motivo real era el ir de caza. Así mañana podían ir el resto de los chicos.
Los "jóvenes" se quedaron en el salón, bajaron la intensidad de las luces y se pusieron a contar historias de terror. Aunque había sido algo propuesto de casualidad, la jugada les vino de perlas para ir tanteando a Bella sobre el tema.
El cual iba a hablarse al día siguiente después de cenar.
- Que buena, Emmet! – Alabó Bella a su "hermano oso", una vez finalizó su relato sobre un monstruo en un bosque. – Bufff… se me ha subido la adrenalina oyéndote… Pero porque eres genial narrando, no por la historia, que ha estado bien, por supuesto. – Rodo los ojos.
- No crees en monstruos, fantasmas y demás…? – Le preguntó Rose.
- Nooo… para nada. Eso son todo chorradas – Escupió con desdén. – Eso son cuentos para asustar a los niños. Tu crees de verdad, que en las profundidades de un bosque habita un monstruo? O que en el fondo de un lago hay otro con forma de dinosaurio?Jajaja! – Rió ella despreocupada.
- Pero… en ningún tipo de ser? – Recalcó la pregunta Alice. Bella se inclinó de hombros.
- Cómo cuales? – Preguntó curiosa. – Ahora fue Alice la que se inclinó de hombros.
- Vampiros, hombres lobo… Ese tipo de seres. – Remató la pregunta Jasper.
Bella abrió los ojos desmesuradamente, hasta que acabó echándose a reír.
- Vamosss! – Exclamó sorprendida. – No me dirás que tú si que crees en ellos? – Lo miró por unos segundos, hasta que se dio cuenta de que Jasper hablaba en serio y recuperó una postura más sobria. – A ver… Tú crees que realmente existen seres… vamos a centrarnos ahora en los vampiros… Que son inmortales, con poderes sobre naturales, y que beben sangre humana? – Bella rodó los ojos – Y para rematar… ¿qué saltan por los tejados, ocultándose en las sombras, duermen de día en ataúdes y atacan a bellas damas desvalidas? Venga… Por favor! Te creía mucho más serio e inteligente como para creer en estos cuentos. – Protestó con un desdén divertido.
- Bueno… suponte que existieran – Bella miró hacía Emmet con una ceja alzada - ¿Qué harías si te encontrarás con uno? – Toda la sala se sumió en un silencio absoluto.
Bella también se calló procesando la pregunta que Emmet le había hecho.
- ¿Intentar no cortarme? – Contestó chistosa, aguantando la risa.
- Muy buena… jajaja! – Le rió la gracia Rose.
- Si… que tonta eres! – La regañó Emmet, y Bella le bufó en respuesta.
- A ver… no te mosquees osote. ¿Pues qué haría? Veamos… Correr sería una estupidez, porque parece ser que son muy rápidos y de fuerza ilimitada, intentar esconderme… tampoco, porque tienen los sentidos súper desarrollados; suplicar por mi vida… no sé hasta qué punto se apiadarían de mí, porque los describen como seres sin sentimientos… Joder! Las posibilidades se me acaban, jaja! – Rió. Inhaló aire y continuo – Pues le rogaría que no me hiciese demasiado daño, que acabara rápido. – Todos se quedaron pasmados ante la respuesta, seria, de Bella.
- ¿En serio le dirías eso? – Le preguntó Edward
- No tengo posibilidades… Morir o morir… - Se encogió ella.
- Bueno, podría convertirte en uno de ellos – Dejó caer Jasper. – Eso estaría bien, ¿no?
- Si, en plan como "Entrevista con un vampiro", ¿no? Te daré la opción de elegir que yo no tuve – Recitó ella la famosa frase de la película. – Y luego no te lo quitas de encima por el resto de la eternidad… Eso es demasiado tiempo para soportar a alguien… jajajaja! – Edward se quedó estático - Os imagináis vivir para siempre? Además… ¿cómo mueren los vampiros? ¿Con una estaca en el corazón? – Todos se quedaron callados - ¿Veis? Eso no tiene lógica… si un vampiro no está realmente vivo, su corazón no puede latir… pero… ellos no tendrán sangre, aunque si se alimentan de ella… - Bella empezaba a hacer cavilaciones ella sola ante el asomo del resto. Si la dejaban seguir, acabaría dando ella solita con su secreto. - ¿O era quemándolos? Pero… ¿cómo quemas a un vampiro? Aunque la pregunta es… ¿Cómo consigues detenerlo? Me refiero, si tienen tanta fuerza y son tan rápidos… Bueno, poniéndoles una trampa – Musitó alzando la cabeza orgullosa de su deducción.
- ¿Una trampa? – Preguntó Emmet curioso. Edward le lanzó una mirada fulminante; no era bueno que le diera alas a su imaginación.
- Si… te haces un pequeño corte y esperas que el olor de la sangre fresca le llegue… de una arteria, que es sangre pura y limpia, seguro que esa huele mejor para ellos. – Bella relataba su plan emocionada, los demás la escuchaban estufepactados – y cuando lo tengas encima… ¡Zasss! Le clavas la estaca y luego con una antorcha, le prendes fuego. ¡Listo, soy un crack! – Se alabó ella dando saltitos en el sofá. De pronto se levantó la manga del jersey y se dio un golpe justo en la hendidura del codo, de donde te sacan sangre para las analíticas – Aquí. Este es el sitio perfecto para hacerte un corte; ¿veis cómo se hinchan las arterias? – Inconscientemente, a todos se le fueron los ojos; Bella tenía las venas abultadas y palpitantes –No te desangraras y en cuanto hagas un poco de presión, el corte cicatrizara solo. Pero bueno… seguramente me quedaría paralizada por el miedo – hizo un mohín gracioso con la boca y puso carita de pena.
- Bueno… y los hombres lobo… tampoco crees en ellos – Preguntó Alice, para cambiar de tema y que Bella no siguiera dándole vueltas al asunto.
- Aliceee… vamos a ver, eso es casi, si cabe, más fantástico todavía. Un hombre que cuando la luna está llena se convierte en un lobo y se pone a aullar… y reza por no encontrártelo, porque te comerá… Joder, qué triste es la existencia humana. Estamos expuestos a toda clase de peligros, ¿verdad? – Se mofó ella.
- Vamos, que eres una incrédula en estas cosas, ¿no? – Preguntó Jasper.
- Si… lo siento, pero no creo en nada de esto. – Se encogió de hombros, casi disculpándose. – Pero bueno… Edward sí que tiene algo de vampiro, ¿verdad nene? – El nombrado se quedó pasmado. Bella se acercó a su cara y le cogió la barbilla con una mano – Te encanta morderme en el cuello. Lo único bueno es que no me chupas la sangre – Le alzó las cejas pícara y él respiro.
Al día siguiente, toda la familia fue a montar en el teleférico. Desde la altura se podía ver todo el pueblo y los alrededores; Bella estaba extasiada con las vistas disfrutando como una niña, sacándole fotos a todo. Los Cullen están maravillados contemplando la felicidad de "su niña".
Y por la mente de todos, simultáneamente, cruzo un pensamiento común:
A lo mejor este, es nuestro último viaje juntos
Como aún era pronto para comer, decidieron darle a Bella una clase de esquí, en la pista de principiantes. Después de caerse varias veces, consiguió deslizarse con cierta gracia; pero en sitios llanos.
- Bueno, para ser la primera vez, no está nada mal – La felicitó Carlisle. – Eres un portento para las actividades – No podía evitar que le saliera el orgullo a borbotones por "su niña".
- Carlisle, ¿necesitas un babero cariño? – lo pinchó Esme.
Bella sonreía complacida por las palabras de Carlisle. Jamás se había sentido tan querida, arropada y venerada. Aunque no tenían lazos sanguíneos, se portaban con ella como si fuera realmente de la familia. Ellos eran su familia ahora.
Y de pronto, una idea que jamás creyó le llegaría, le pasó por la cabeza:
Cuando Edward y yo tengamos hijos, sí que seremos familia de verdad
Ese pensamiento la dejó por un momento pasmada; nunca había tenido deseos de tener niños… Pero claro, tampoco había conocido al hombre de su vida. A su amor verdadero.
Después del shock inicial, una sonrisa surco sus labios.
- ¿Y esa sonrisa tan preciosa? – Le preguntó Edward abrazándola por un costado.
- Una idea que me acaba de venir… - Él la miró instándola a que se la contara. – Ya te la diré más adelante… ¿ok? – Edward alzó las cejas sorprendido, pero le sonrió dando por válida la contestación.
Decidieron comer en la estación de esquí, ya que supusieron que a Bella le haría ilusión rodearse del ambiente del local. A ella le gustaba hacer cosas rodeada de gente y así de paso, ellos podían disimular mucho mejor para esconder la comida.
Después de hacer un poco de shoping por las tiendas de la estación, era hora de ir cada uno a la actividad escogida la noche antes.
Rose acompañó a Bella a la cuadra, que estaba muy cerca de la estación, ya que el resto se quedaban allí.
- Te echaré de menos, preciosa – Se despidió Edward. – Pero no montes mucho, ¿eh? – La picó con una mirada lujuriosa.
- Cariño… yo solo te monto y montaré por el resto de mis días a ti. – Le declaró muy romántica ante una emotiva sonrisa de Edward – Y también te echaré de menos.
Se dieron un tierno beso en los labios y así se despidieron hasta dentro de un par de horas, cuando él la recogiera en las cuadras.
- Es increíble lo enamorados que estáis… Sois tan románticos, tan tiernos… pero a la vez muy independientes. – Alababa Rose, mientras caminaban hasta las cuadras – Para lo joven que eres, estas llevando la relación de forma muy adulta. – Bella se agarró del brazo de su hermana y apoyó la cabeza en su hombro a modo de cariño.
- Gracias Rose… la verdad es que estoy completamente loca por tu hermano. No sería capaz de seguir viviendo sin él. – Rose la miró mostrándole una gran sonrisa. Y rezando para su yo interno que Bella no cambiara de parecer después de la conversación que le esperaba al llegar a casa.
- Te puedo asegurar que él moriría sin ti. – Le giró la cara y la miró seria, pero con ternura en los ojos – Te lo digo completamente en serio… La vida de Edward gira única y exclusivamente en torno a ti. Si le faltas, no sé lo que sería de él. – Bella pestañeo seguido ante la declaración de Rose – Nunca pensé que fuera capaz de tener la capacidad de amar como te ama a ti.
- Nada, Rose… No existe ningún motivo en este mundo para que yo deje de amar a Edward.
Y así, entre confesiones sinceras, llegaron a las cuadras. Rose se despidió de Bella en la entrada, ya que no quería alterar a los caballos, le dio sendos besos y le comunicó que estaría en casa.
- Ante cualquier problema, me llamas y vengo, ¿ok? Aunque imagino de un chico muy guapo, hermano mío, que hoy se ha ido a hacer snob con el móvil, jajaja! – Rieron ambas chicas.
Como antes de irse a la estación, Bella ya había pasado por la cuadra, ya tenían un precioso caballo preparado para ella. Completamente negro, brillante y con las crines grisáceas y largas. Una autentica hermosura.
- Es una yegua y se llama Isobel – Le comentó el cuidador. – Es muy mansa, y muy inteligente. No tendrás problema con ella. La yegua le dio un empujón a Bella en el hombro con su cabeza. - ¡Vaya!, le gustas… - Exclamó el cuidador satisfecho. – Os llevaréis bien.
- Si, yo también lo creo. Siempre me he llevado bien con los animales – Le explicó.
- Si no le marcas itinerario, te hará una ruta ella sola. Se la sabe de memoria, además le gusta ir por allí. – Bella gesticuló sorprendida – Es dentro del bosque, por el norte; se interna un poco, hacía una charca donde van a beber muchos animales, pero no te asustes, ya te digo que se sabe el camino de ida y vuelta. Es un sitio… mágico. Precioso. Además hoy que está despejado, podrás admirar la vista, y seguramente en la charca te encuentres con ciervos y conejos que van allí a beber. A ella le encanta refrescarse en esa charca. – Le informó el hombre.
- Pues genial… Dejaré que Isobel me haga de guía - sonrió complacida.
Después de darle algunos consejos y refrescar su mente sobre cómo montar, Bella, con la ayuda del hombre, se subió a lomos de su hermosa yegua. Habló un poco con ella, para que se hiciera a su voz, y poco a poco salieron de las cuadras.
La formidable yegua, al no marcarle ninguna dirección cogió rumbo a su ruta acostumbrada; en dirección a la charca.
Mientras, en la estación de esquí, y después de despedirse de Esme y Carlisle, Alice, Edward, Emmet y Jasper decidían que ruta tomar para la caza.
- ¿Vamos al sitio de siempre? – Propuso Jasper.
- Bella acabará en un par de horas de su clase de equitación, y quiero estar aquí con tiempo de sobra – Contradijo Edward. Jasper meneo la cabeza con una sonrisa.
- Podíamos ir a la charca. – Opinó Emmet. – Aunque solo hay ciervos, está cerca… así nos dará tiempo a practicar de verdad snob. Porque no sé si mañana se podrá. – Miró con circunstancia a Edward, el cual contrajo la cara.
- Si… yo apoyo la idea de Emmet. – Añadió Alice – Bueno, no nos preocupemos por la conversación de esta noche, ¿de acuerdo? La tenemos preparada, estamos listos para cualquier objeción que tenga Bella. Además Carlisle es el que va a empezar, ya que es el que mejor temple tiene con Bella. – Miró hacía los chicos mostrando entereza y cariño.
Jasper se encargó de mandar una oleada de calma, ya que captaba los nervios de todos los presentes; incluso los suyos propios.
- Pues venga, decidido. A la charca pues.
En unos diez minutos estaban allí, acechando, esperando a que sus víctimas se confiaran. Había varios ciervos bebiendo en la charca, pero habían olido piezas mayores y prefirieron esperar un poco, ya que las que estaban ahora refrescándose eran todavía crías algo pequeñas.
Realmente tampoco tenían una prisa excesiva y el resultado final sería mucho más satisfactorio.
A su vez, Bella iba tranquilamente a un trote ligero con su nueva amiga. Estaba encantada de la vida.
No puede ser posible ser tan feliz Pensaba despreocupada y eso, feliz.
Ya llevaban un buen rato de ruta, así que Bella imaginaba que la famosa charca no tardaría en aparecer.
Justo estaba pensando eso, un claro en mitad del bosque se abrió ante sus ojos. Era un espectáculo maravilloso para los ojos. Arbustos, árboles caídos, troncos, flores de invierno… y haciendo una circunferencia alrededor, unos preciosos y altísimos álamos se erguían hacían las nubes, haciendo un pequeño pasillo en forma de vaguada que llevaba a la famosa charca, la cual estaba bordeada por varios tipos de árboles, como si fuera una piscina privada en mitad del bosque.
- Normal que te guste venir aquí… Tienes un gran gusto – Le susurró Bella a su yegua, la cual hizo un bajo relincho, como agradecimiento a sus palabras; o eso creyó Bella.
Los cuatro vampiros estaban agazapados como depredadores que eran, totalmente concentrados en su caza. Los ciervos grandes ya comenzaban a cercarse al agua; era cuestión de unos minutos.
- ¿No habéis sentido relinchar un caballo? – Preguntó Emmet en un murmullo.
- Será algún caballo que se ha despistado de la manada y vendrá a beber. Concéntrate Emmet. – Lo regañó Jasper.
- Bueno, pues si viene un caballo… A lo mejor podríamos esperar – Volvió a susurrar Emmet animado. – Mejor que un ciervo… – Añadió con cierta repugnancia.
- Ya tenemos juego – Propuso Edward – Después de cazar los ciervos, si el caballo se acerca, a ver quién es el que se lleva el premio. – Alzó las cejas emocionado por el posible reto.
Los cuatro vampiros se concentraron otra vez, poniendo todos sus sentidos en los ciervos que ya estaban a ras de la orilla. Era cuestión de unos segundos lanzarse a por ellos; sus sentidos de cazadores estaban completamente alerta, atentos a esos pobres animales. En esos momentos, no sentían nada más que el corazón bombeando de esos ciervos.
La yegua de Bella volvió a iniciar la marcha en dirección a la charca, para aprovechar el viaje y beber. Bella la dejó seguir el camino que el animal marcaba sin problemas, además tenía curiosidad de acercarse por si podía ver algún ciervo desde tan cerca.
Pero cuando estaban empezando a salir del circulo de álamos encaminándose hacía el pasillo que llevaba a la charca, la yegua comenzó a hacer movimientos con la cabeza; nerviosa. Algo la había sobresaltado.
- Tranquila pequeña… ¿Qué pasa? – La intentaba calmar Bella con voz dulce.
Bella le dio a las riendas e Isobel anduvo unos pasos más, ya se podía apreciar el agua desde esa distancia, pero la yegua volvió a menearse inquieta, negándose a continuar en esa dirección.
- ¿No quieres ir a beber? Bueno, pues bajaré yo sola. – Refunfuño fastidiada.
Justo cuando Bella iba a descabalgar la yegua hizo un giro brusco, relinchando asustada, corriendo hacía la charca.
- Sooo… Quieta, Isobel, paraaaa – Le pedía Bella. Intentaba mantener un tono suave, bajo, para no asustar más a la yegua.
Se giró para intentar ver lo que la había asustado y de refilón le pareció ver un pelaje rojizo; como de un lobo, saltando tras unos setos a unos metros de distancia.
- Joder… ¿lobos? – Exclamó empezando a asustarse ella.
Justo cuando encaminaban la vaguada que llevaba a la charca, la yegua se agitó aún más, como si hubiese algo extremadamente peligroso allí abajo, se gira y se alza sobre las patas traseras completamente enloquecida, tirando así a Bella al suelo; la cual cae rodando, deslizándose hasta el final de la cuesta, a pocos pasos del agua.
Cuando Bella gira la cara hacía la orilla del agua, se encuentra, a unos tres o cuatro metros, la escena más desagradable e inesperada de toda su vida:
Edward, Jasper, Alice y Emmet, están encima de cuatro ciervos, con su boca manchada de sangre y los cuerpos inertes de esos cuatro animales en sus regazos.
