CAPITULO 44. UNA PELI DE TERROR
La impresión es tal, que no le sale de la boca ni el más mínimo de los sonidos. Se ha quedado completamente en shock. Dos lágrimas traicioneras escapan de sus ojos sin darse ni ella misma cuenta.
- ¡Joder… Bella! – Exclama Edward aterrorizado; tanto por la fortísima caída de Bella como por lo que acaba de presenciar. Aunque sobre todo por lo segundo.
Bella intenta levantarse pataleando entre la nieve, hasta que de pronto se para, se lleva la mano a la boca y se gira súbitamente hacía el lado contrario a donde están los cuatro chicos.
Va a vomitar.
Una vez vaciado el estómago, revuelto por los nervios y la impresión, se vuelve a girar y tiene a Edward al lado, y a los otros tres un paso por detrás del primero.
Bella lo mira horrorizada; intenta volver a levantarse y Edward alarga la mano para ayudarla, pero ella patalea hacía atrás para como si tuviese al mismísimo demonio a su lado.
- Aléjate de mí. – Le dice casi en un susurro; aún tiene la voz tomada por la impresión.
- Bella, cielo, soy yo, Edward. – Le dice él en tono conciliador.
- Noooo… Tú, tu… Tú… - Bella aprieta fuertemente los ojos intentando poner su mente en claro – No sé lo que eres… No quiero decirlo en voz alta… Ni siquiera quiero pensarlo.
Bella vuelve a retozar en la nieve intentando levantarse, Edward se acerca y la toma del brazo para ayudarla, pero ella se deshace de su agarre con un tirón.
- No me toques… No vuelvas a posar tus frías e inertes manos sobre mí… ¡Jamás! – Le grita; ahora ya empieza a reaccionar y la adrenalina fluye enloquecida por sus venas.
- Cariño, por favor… No me rechaces – Le suplica él.
- No me llames cariño… - Le escupe como veneno.
Bella consigue levantarse gracias al pequeño agarre de Edward y lo encara. No tiene sensación de miedo por ellos, es una mezcla entre desengaño, repulsa y desconcierto.
- Me habéis tenido todos estos meses engañada… - Y entonces una bombillita se enciende en su cabeza, mirando hacía Edward con odio – ¡Este era vuestro secreto! – Le grita – Los Quileuttes lo saben y por eso las rencillas – Cavila enlazándolo todo con una claridad pasmosa.
- Dejemos a los Quileuttes a un lado… Ellos deberían hablar contigo también, Bella – Añade Jasper. Bella lo mira con el ceño más fruncido aún.
Comienza a retroceder de espaldas, no tiene miedo, pero ahora se siente insegura. Sabe que en el momento en que le dé la espalda a Edward, él intentará agarrarla y ahora no se siente con moral para soportar su contacto.
- Bella… por favor… No te vayas, espera… - En el tono de voz de Edward no había más que suplica.
- Esta noche íbamos a contártelo, Bella – Le dice Alice poniéndose a la altura de su hermano.
- ¡Vaya casualidad! – Le espeta sarcástica.
- ¿Por qué crees que ayer sacamos ese tema por la noche? Para ir tanteándote a ver que pensabas sobre… nosotros – Añade Emmet también acercándose un poco.
- Claro, y lo que hicisteis fue reíros a mí costa – Bella bufaba como león enjaulado.
- No, no nos reímos para nada, al contrario. Vimos que iba a ser sumamente difícil hablarte de lo que somos. – Le aclara Jasper – Hoy, después de cenar, Carlisle iba a sacártelo y entre todos explicártelo.
- Cariño… Siento, sentimos haber tardado tanto tiempo en decírtelo, pero realmente nunca encontramos el momento… Y bueno, en estas semanas sí que es verdad que lo hemos ido dejando pasar de manera innecesaria. – Explicaba Edward – Pero… ¿Cómo exponerte semejante tema?
- No me vale… - Negaba mientras seguía su retroceso – He convivido con siete… - Pero ahí se calla abruptamente, abriendo los ojos desmesuradamente y cerrando la boca apretando los labios; no es capaz a pronunciar la palabra.
- Vampiros, Bella; somos vampiros – Jasper concluye la frase por ella, haciéndola casi hasta gemir.
- Pero… No lo entiendo… - Bella cambia la cara, mostrando desconcierto.
- Pregunta lo que quieras… Todo – Le insta Edward.
- Tu… Vosotros… - señala hacia él y Alice – Me atendisteis cuando pasó lo del aborto… Y… estaba bañada en sangre – Menea la cabeza incrédula. – No entiendo como…
- Bella, nosotros concretamente, somos vampiros vegetarianos – Bella abre otra vez los ojos, pasmada ante la explicación de Alice– Nos alimentamos de sangre de animales… como has comprobado – La vampira la mira con culpa en los ojos – y aunque el olor de la sangre humana nos tienta mucho… Nos puede más el amor que te tenemos, el cuidarte y el protegerte que tu sangre.
- ¡Para, paraaaa…! – Le grita Bella cubriéndose los oídos con las manos. – No quiero saber nada más… Sois… eso – dice con repulsa – No sois reales, no estáis vivos… Yo no… Yo no puedo con esto; pasa los límites de mi capacidad de razonar.
- Bella por favor… mis sentimientos son exactamente los mismos que hace diez minutos. Vamos a casa y te lo explicaremos todo – Vuelve a suplicar Edward.
- No, no, no… Déjame en paz… Apártate de mí. ¡No quiero volver a verte jamás! – Edward se lleva las manos al pelo en un gesto muy suyo de nerviosismo; está desolado ante la repulsa de Bella.
Bella comprueba que la yegua está a tan solo unos pasos de ella, esperándola. Así que echa a correr para alcanzar al animal y así huir, pero en su carrera desesperada se tropieza contra una raíz enredada en la tierra y cae estrepitosamente otra vez contra la nieve, raspándose las manos y por consiguiente, comenzando a sangrar.
Se mira las manos y al alzar la cabeza se encuentra a los cuatro vampiros a tan solo cuatro pasos de ella. Baja la cabeza a sus manos otra vez y mira hacía su sangre, por primera vez en su vida con horror y asco.
- No… - Gimotea. Ahora sí, una oleada de miedo le recorre la columna vertebral.
- No es la primera vez que sangras en nuestra presencia, no vamos a hacerte nada. – Expone Jasper apenado por la conducta de la chica – Te repito lo que ha dicho antes Alice, nos puede más lo infinitamente que te adoramos, Bella.
- Bella, déjame ver tu mano – Le pide Edward.
- Nooo… no te acerques… No me toques… - Le dice ahogada de angustia, ante la cara de sufrimiento de Edward.
Se levanta tambaleándose, y justo cuando se va a girar para ir a por la yegua, algo a la espalda de los vampiros la hace quedarse parada, estática y conteniendo el aliento:
El animal de pelaje rojizo que vio antes y supuso como un lobo, ahora se exponía ante ella. Pero aunque ahora podía asegurar que realmente era un lobo, era excesivamente grande, enorme; y fijándose detenidamente en su cara, más concretamente en sus ojos, parecía que tuviese comprensión humana, más que animal.
Detrás de él, otros tres enormes lobos se colocaban a modo defensivo a sus flancos.
- Joder… - Murmura; de ellos si siente miedo de forma instantánea.
- No te harán nada, estate tranquila – La calma Edward con el rostro contraído; sus ojos lanzan llamas de odio.
El lobo rojizo, seguido de los otros tres, se acerca con paso lento hacía la posición de Bella, la cual comienza a retroceder de espaldas, terminando otra vez en el suelo.
Los lobos gruñen de forma aterradora al pasar al lado de los cuatro vampiros y Bella se lleva las manos a la cara, ya que piensa que se van a atacar entre ellos. Cuando separa las manos de sus ojos, al no oír ningún sonido extraño, tiene al lobo a menos de un metro mirándola fijamente a la cara.
- ¡Diosss! – Exclama aterrorizada. Inconscientemente eleva su mirada hacía Edward, a modo de auxilio.
- No te va a atacar, no tengas miedo – Vuelve a decirle Edward. – Él te conoce, ¿verdad? – La expresión facial de Bella vuelve a cambiar, para mostrar un desconcierto total. – ¿Por qué no te muestras? Tanto que nos criticabas a nosotros, ahora ella ya sabe nuestro secreto – Le habla al lobo.
- Edward, ¡Por Dios bendito! ¿Le estás hablando a un lobo? – Le pregunta completamente alucinada.
- No Edward, es mejor mantener engañada a Bella… Pero… ¿No era eso por lo que siempre estaba en polémicas con nosotros? ¡Vaya! ¿Ahora entonces quien es el que oculta? – Pincha Jasper con tono sarcástico.
De pronto, el lobo rojizo da un salto hacía un lado, haciendo a Bella engurruñarse a modo de protección, pero el animal ni la roza. Se dirige a unos setos a escasos metros de allí, donde queda tapado a medias.
- Bella, creo que deberías mirar hacia donde está el lobo, hazme caso. – Le aconseja Alice – Vas a ver algo la mar de educativo – Añade con sorna, ante un bajo silbido de los otros tres lobos.
Y tal como le sugiere Alice, Bella se gira hacía el seto donde está el lobo medio escondido; pero el animal comienza a sacudirse, como si le estuviera dando un ataque, y de pronto, el animal ya no está; en su lugar se ve la espalda de un hombre. Cuando se gira, Bella siente otra vez nauseas.
Jacob está en frente de ella.
- No… puede… ser… - Tartamudea, sin poder apartar la mirada de su ex.
- Bella… - Jake se acerca con paso firme y decidido hasta su posición; aunque su fachada denota seguridad, por dentro está muerto de miedo por la reacción de ella.
- No se te ocurra acercarte, Jacob Black. – Le escupe con rencor.
- Vamos Bella… soy yo, no me vengas con que no quieres que me acerque, o te toque… No seas infantil. – Jake está usando un buen ataque como defensa, intentando desbancar a Bella.
- ¿Infantil? – Pregunta, más bien exclamando. – Si sigues acercándote gritare, gritare hasta quedarme afónica. – Lo amenaza.
- Puedes ir empezando, no vas a intimidarme porque grites. – Le dice en tono despreocupado y simpaticón, mientras continua su avance hacía ella.
Cuando está a poco más de un metro de ella, Bella se gira para escapar de él, pero Jake prevé la acción de ella y de una zancada larga la alcanza, y la abraza por la espalda, sujetándola fuertemente contra él.
Ella empieza a sacudirse y patalear para soltarse, pero él es muy fuerte y en seguida se da por vencida.
- Suéltame Jake, por favor… No quiero que me toques… No puedo soportarlo – Le dice casi en un susurro ronco, con el único propósito de molestarlo y herirlo.
- Bella, ya te has acostado conmigo siendo lo que soy, así que ahora no me vengas con remilgos, nena – Le contesta molesto, también con la intención de ofenderla.
Bella deja de patalear y entonces él afloja el agarre permitiéndole que se gire y lo encare.
Sin previo aviso, Bella le estampa una torta en la cara; pero lo único que consigue es hacerse daño ella misma.
- Uauuu… Joder… - Se queja agarrándose la mano y mirando de forma envenenada al chico.
- Siendo un licántropo, ¿piensas que una torta puede hacerme algún daño? – Se mofa. Intenta la táctica de ser gracioso para ir quitándole hierro al asunto y que así Bella se tranquilice.
- Quiero que me quites tus zarpas de encima… no me toques, eres un mentiroso… Era tu novia, prácticamente tu prometida y me tenías engañada… No sé por qué tantos problemas con ellos – señala hacía los vampiros que están observando en silencio la escena – Porque tú, has hecho exactamente lo mismo. Me has engañado. Traidor. – Eso ofende a Jake en lo más profundo de su alma.
- No me compares con ellos… Te lo pido por favor. Yo estoy vivo, mi corazón bombea, ¿no lo notas latir? – Le agarra, a la fuerza, la mano y se la pone en pecho, a la altura del corazón - ¿Lo notas? ¿Alguna vez has notado el corazón de él latir? – Se refiere por supuesto a Edward.
- Eso me es indiferente… Eres un monstruo al igual que ellos… - Todos, incluso los lobos, gimen ante sus palabras de rechazo.
Se pronto se forma un silencio sepulcral en el claro. Hasta que Bella vuelve a hablar; su mente va a diez mil revoluciones por segundo, rememorando su vida con Jake y con Edward, pensando en su convivencia y de pronto le viene a la mente algo que la deja helada: sexo.
- ¡Dios…! Me he acostado con un vampiro y con un hombre lobo… No puede ser… ¡Joder…! Lo mío no tiene precio… - Se lamenta. – Por eso… - Alza la mirada hacía Jake – Por eso lo del bebé resulto así… he llevado un bebé lobo en mis entrañas – Suelta sin pensar. Jacob abre los ojos aterrorizado.
- ¿Qué es lo que has dicho? – Le pregunta sujetándola por los brazos, incluso zarandeándola ligeramente.
- Nada… - Bella se da cuenta de lo que acaba de soltar, sin pensar.
- Se va a montar gorda, estoy viéndola venir – Susurra Alice, ante el asentimiento del resto. Edward no le quita los ojos de encima a Jacob, ante un mal movimiento no va a pensarse el saltar encima de él para proteger a Bella.
- ¡Nada no! – Grita él fuera de si – Estabas embaraza… ¿de mí? Bella… ¿íbamos a ser padres? – Le pregunta ahora más que enfadado, apenado.
- Esa es la palabra clave… íbamos. – Le dice mirándolo con una gran prepotencia. Los ojos de él muestran una gran tristeza, a la par que un tremendo enfado. – Ya me encargue yo de que ese "íbamos", no llegara a un "somos".
- ¿Te provocaste un aborto?¿Perdiste a propósito a mi hijo? – Le pregunta horrorizado.
- ¿Y qué querías que hiciera? ¿Qué lo tuviese? ¿Qué le ibas a decir a tu prometida? Era jodernos la vida a ambos… Ese bebé iba a nacer en un hogar previamente roto, y eso no lo quería para mi hijo. La decisión era mía, solo mía. – Le responde con un nudo en la garganta. Jamás pensó que el momento de hablar este tema con Jake llegara a sucederse.
- ¡Era mi hijo! Deberías habérmelo contado… Era mi primogénito… Por eso tú y yo seguíamos ligados, por eso aquella atracción irracional aquel día… Era lo que el anciano me había relatado hace tiempo. Tú eras la predestinada a tener a mi primogénito. – Murmura, más para él que para ella.
- No me cuentes historias Jacob, no iba a cargarme con un hijo de una infidelidad… Cuando su padre está enamorado de otra y yo de Edw… - Se calla de golpe, mira de reojo para Edward, el cual no le quita los ojos de encima, con mirada tierna. Ella cierra los suyos apretándolos fuertemente.
Estaba enamorada de un vampiro… Su mente, en esos momentos no puede asimilarlo.
Jacob la suelta, está desolado por lo que Bella acaba de revelarle.
Hoy era el día de las confesiones.
Bella se da cuenta de que es su ocasión de escapar; así que muy sigilosamente, se va alejando de Jacob y acercándose a la yegua, que fielmente la ha estado esperando.
- Bella… - La llama Edward. – No te vayas, espera… Hablemos, ahora que estamos todos. No creo que esta situación vuelva a repetirse.
- Me da igual vuestras rencillas de monstruos – Le dice mirándolo con repulsa – Os lo aviso, a ambos. A todos… - puntualiza – No quiero saber nada de vosotros, jamás. Seguiré con mi vida como si no existierais, porque realmente no existís. No podéis ser de verdad… - Menea la cabeza incrédula.
- Nena… Sé que estás enfadada, lo entiendo – Intenta conciliar Jasper – Pero solo te pido que rememores lo bien que te sentías con nosotros hasta hace una hora. Lo mucho que nos querías… ¿Es que eso no importa nada? – Le pregunta atormentado.
- No… Ahora ya no. – Le contesta ella sin dudar.
De un salto se sube a la yegua y dándole un fuerte toque con la correa sale al trote, que pronto se convierte en galope, dejándolos atrás; y allí parados se quedan los cuatro vampiros y los cuatro licántropos, sumidos en sus cavilaciones de lo que acaba de pasar.
Solo se oyen débiles gimoteos; es Alice llorando.
Hasta que Jacob, acercándose hasta los vampiros, le dirige la palabra concretamente a Edward.
- ¿Por eso estuvo en vuestra casa todas esas semanas, verdad? – Le pregunta. Ahora es un hombre, preguntándole, o incluso rindiéndose, a otro.
- Si, así es. – Le responde – Se tomó unas pastillas abortivas; en un embarazo normal no hubiese pasado nada, pero al ser hijo tuyo, el bebé era fuerte, muy fuerte y se resistía a… morir – pronuncia con cuidado esa palabra, en estos momentos quiere tener tacto, ya que es un tema muy delicado. – Y lo que hizo fue rasgarle una arteria uterina a Bella, provocándole una fortísima hemorragia. – Jake alza la mirada hacía Edward horrorizado por lo que le cuenta – Ella al darse cuenta de que algo iba mal, consiguió marcar mi número y Alice y yo fuimos lo más deprisa que pudimos. Al llegar, la encontramos casi muerta tirada en el hall de su casa. Pero pudimos salvarla, por los pelos.
- Si no hubieses llegado a tiempo… ¿La habrías convertido? – Le pregunta de forma tranquila.
- Sí, sin dudar – Así es como Edward le responde, sin la más mínima duda. – La amo, Jacob, más que a nada en este mundo. Ya ves que ha convivido con nosotros, que ella y yo, llevamos siendo pareja unos meses… Y nada ha pasado. Hemos tenido muchísimo cuidado; además todos somos muy antiguos, el tema de la sangre lo tenemos muy controlado. – Jake asiente a las palabras de Edward
- A parte, el amor que todos, no solo Edward, le tenemos a Bella, nos ayuda a llevar ese tema mucho mejor y a tenerlo más controlado. – Añade Emmet. – Es nuestra niña – Dice con una tímida sonrisa en los labios.
- Entiendo que ahora esté enfadada y no quiera vernos… Pero si no me perdona, si esto es el fin entre ella y yo, prefiero más morir, que vivir sin ella. – Le confiesa sincero.
- Joder… mira que yo la he llegado a querer muchísimo… Pero solo oyéndote, tú no la quieres, no la amas… La veneras. – Le dice sorprendido el chico lobo. – Aunque seáis nuestros enemigos naturales, y no dejareis de serlo… He de reconocer que estaba equivocado con vosotros. – Le confiesa con una sonrisa tímida asomándose.
Lo único bueno de esta situación ha sido el buen entendimiento al que han llegado lobos y vampiros. Algo positivo tenía que salir de semejante catástrofe.
- Debeís ir en su búsqueda – Sugiere Jake – Tiene un genio demoledor y ahora está enfadada y dolida… Puede hacer cualquier bobada.
- Lo sabemos – Contesta Edward rodando los ojos. – Daré aviso en casa para que esten preparados. Ella pasara por allí, no tiene dinero ni documentación. Es una mujer lógica, y eso hará, actuar con lógica. – El lobo asiente a las palabras de Edward.
Jacob vuelve a entrar en fase y con el resto de su manada, salen corriendo bosque a través, dejando a los cuatro vampiros en el claro.
Edward llama a Carlisle y a Rose para avisarlos de lo que ha sucedido en el bosque. Y ellos, después de despedirse de una forma bastante amigable con los licántropos, salen disparados en dirección al refugio. Posiblemente llegarán antes que Bella, ya que tiene que pasar por la cuadra a dejar a la yegua.
