CAPITULO 45. VAMPIROS

Cuando los cuatro vampiros llegan a la casa, Carlisle, Esme y Rose los están esperando ansiosos.

- Explícame detalladamente qué es lo que ha pasado, Edward – Le exige Carlisle al borde de una crisis de ansiedad.

Edward le relata todo lo ocurrido, como Bella, apareciendo de la nada, los vio alimentándose; la conversación con los lobos… todo.

- ¡Por Dios Bendito! – Exclama angustiada Esme – Pobrecita, ha debido de ser un shock – Se lamenta ante el asentimiento de Carlisle.

- Debí revelarle el secreto hace mucho… - Se reprocha – Teníais razón, el esperar no iba a traer nada bueno, como así ha sido. – Alza la cabeza hacía Alice – Debí hacerte caso, cuando me avisaste de que oteabas un mal desenlace, pero… al no ser una visión clara, no la tuve en cuenta. Lo siento muchísimo hija. – Se disculpa.

- No es conmigo con quien debes disculparte, papá. – Alice se queda sumida por unos segundos en uno de sus ya conocidos trances: Está teniendo una visión. – Bella llegará en cuestión de unos diez minutos. – Anuncia; todos reflejan alivio, pero su cara no muestra ningún rasgo de felicidad.

- ¿Alice? – Edward conoce perfectamente a su hermana, sabe que lo que ha visto no es algo bueno.

- Viene, sí… Pero porque se ha dado cuenta de que va sin dinero e indocumentada. Así que no le ha quedado otra opción que venir a casa, pero no lo ha hecho por voluntad propia. – Comenta con pesadumbre – Va a escucharnos; nos dejará explicarnos… pero al final se irá, no os emocionéis. – Los avisa. Sobre todo a Edward – Y es lo mejor… creedme. – Mira directamente hacía su hermano. – Intentar retenerla no hará más sino que complicarlo todo.

- Haremos como tú dices Alice. – Apoya Carlisle. – No volveré a dudar de ti. – La abraza.

Durante los minutos previos a la llegada de Bella, intentan calmarse y Jasper hace horas extras con su don, para que el ambiente de la casa esté lo más relajado posible para cuando la chica llegue.

Entre todos, deciden como va a ser el plan a seguir en cuanto Bella cruce por la puerta: Todos se quedaran en el salón y será Carlisle el que la recibirá. A él lo quiere y respeta como a un padre, y saliendo solo uno, la asustaran menos.

A los diez minutos exactos, ya sienten como Bella está aproximándose al refugio. Viene a pie desde la cuadra, que no está demasiado alejada; eso le ha dado tiempo para aclararse un poco.

Pero la única conclusión a la que llega es a que la han engañado vilmente y que son unos seres en lo que ella jamás había creído. Son personajes de películas de terror… Y ella, ha convivido con ellos. Incluso es pareja de uno, haciendo vida en común, acostándose… Hasta esa misma mañana había pasado por su mente el plantearse tener hijos con él; con un vampiro.

Todas esas ideas no hacen más que enojarla más y más por momentos. Llegando al punto de que el veneno que destila su cerebro no la deja razonar con lógica o lo que sería mejor, con sentimiento.

- Edward – Lo llama Alice – No intentes retenerla. Sé que será duro separarte de ella, lo será para todos. Pero hazme caso, a largo plazo es lo mejor. Necesita añorarnos, darse cuenta de que no le importa lo que somos… Además, algo está por pasar que hará a Bella doblegar sobre su repulsa por nosotros. – Le explica.

- Sabía que habías visto algo más y te lo habías callado – Le dice con la primera sonrisa de la tarde. Las palabras de su hermana lo alientan ante la desazón que siente ahora mismo.

- Con eso no quiero decir que cambie de idea sobre vosotros, Edward – Alice lo mira fijamente – Lo que más grima le da es haber mantenido sexo con un vampiro… y ahora mismo no veo un cambio de idea por su parte. Lo siento muchísimo, en serio – Lamenta sinceramente Alice.

- Preparaos, está a punto de entrar. – Anuncia.

Llega a la puerta y después de coger aire varias veces, se pone derecha y entra con paso firme. Pero su corazón le está dando sacudidas como si quisiera salirse de su pecho, atravesando sus costillas.

Entra y se queda unos segundos parada en el hall. En la casa reina un silencio sepulcral.

¿No habrán regresado? ¿Van a dejarme marchar en paz, sin entrometerse? Piensa casi hasta sorprendida.

Ella había imaginado que se encontraría a toda la familia y que intentarían convencerla para que se quedara, para que los escuchara; acción muy lejana a la realidad por su parte.

Cuando va a subir el primer peldaño de las escaleras, un poquito más tranquila, ya que supone la casa vacía, un ruido a sus espaldas la hace girar de golpe:

Carlisle está justo detrás de ella. Ha aparecido de la nada, sin hacer el más mínimo ruido. Eso hace a Bella soltar un gemido de sorpresa, llevándose la mano a la boca.

- ¡Joder…! – Exclama por la sorpresa.

- Siento haberte asustado… Pero ahora ya no hace falta que nos escondamos – Le dice en un tono dulce.

- ¿Esconderos? – La pregunta sale de su boca sin tan si quiera pensarla – Bueno… da igual – Dice mientras menea la cabeza negando.

Ella ha decidido que no quiere escucharlos, que no tiene nada que saber de ellos.

- Bella, no da igual pequeña… - Le responde Carlisle con el peso de la culpa tanto en la voz como en la mirada – Siento mucho… muchísimo no haberte dicho nada. La culpa de todo ha sido mía. Como patriarca, o como se dice en nuestro mundo, jefe del aquelarre, debería haberte desvelado nuestro secreto hace muchísimo.

Aunque Bella había tomado la decisión de no escuchar ni una sola palabra, en el fondo sabe que Carlisle es superior a ella. Lo adora tanto como a un padre biológico, ya que él ha hecho de padre en estos meses, más que el suyo propio en toda su vida.

Y ese sentimiento, que aunque ahora no ve, si está enraizado en lo más profundo de su corazón, por lo que la hace quedarse quieta; escuchándolo.

Carlisle se da cuenta de que el amor que le tiene Bella la supera, y eso le da un poco de ánimos; porque ella habrá cerrado la puerta, pero no la ventana a escucharle. Así que aprovecha esa ventaja, ya que supone que no tendrá otra oportunidad así con ella para poder explicarse.

- He de comenzar diciéndote que nosotros también nos regimos por unas leyes; más bien, por una que lo alberga todo: No podemos revelar nuestro secreto a los humanos. Esa fue de mano la primera causa para no decirte nada… Además, aunque yo deseaba que después de pasar lo de tú padre te quedaras en Forks, le tenías tanta repulsa a ese pueblo que llegue a pensar que no te quedarías… Pero pronto vi que el amor que yo sentía por ti, era más que recíproco – Le sonríe – Y con el resto de la familia habías encajado mucho mejor de lo esperado. Incluso con Edward y Rose, - solo con la mención de ese nombre, Bella necesita llenar sus pulmones - que son el hueso duro de roer, se notaba desde el principio que también teníais feeling, simplemente ellos necesitaban algo más de tiempo para hacerse a ti y a tu presencia por la casa… Bueno, eso en el caso de Rose. En el caso de Edward, es que estaba intentando disimular que se había enamorado de ti desde el principio. - Su sonrisa ahora es más notoria, y el gesto de Bella, en respuesta, es de dolor – Disimular por si tu no sentías lo mismo, y sobre todo por miedo a mi reacción, ya que todos en casa sabían cuan protegida te tenía… y te tengo.

- Bella hija… - Esme aparece con el rostro tomado por la desolación y se sitúa al lado de su esposo – Sentimos muchísimo no habértelo contado… pero es que cada vez que Carlisle se replanteaba el hablar contigo de nosotros, pasaba algo que nos hacía decidir esperar.

- Cuando sucedió lo del aborto – Agrega Jasper uniéndose a la conversación – Ya teníamos pensado decírtelo; solo era cuestión de unos días. Pero estuviste tan delicada, tanto física como psicológicamente, que no nos pareció buen momento.

- Y después pasó lo de Edward… Después de esos meses disimulando mutuamente, o por lo menos intentándolo – Sonrió pícara Alice – Os decidisteis y bueno… Ahí la familia discrepó en si era el momento de decírtelo o no.

Rose y Emmet también aparecieron, colocándose al lado de los ya presentes, formando un semicírculo en frente de Bella. Había una separación de unos tres metros. No querían agobiar a Bella, por lo que ninguno hizo además de acercarse más.

Sabían que para ella ya era un logro estar escuchándolos sin interrumpirlos, y lo que era más importante, por su cara y posición corporal, estaba asimilando realmente lo que le estaban relatando.

- Y ahí, vuelvo a echarme la culpa – Esme acaricia el brazo de Carlisle reconfortándolo – Todos me presionaban para que te lo contara… Incluso Edward, cuando ya llevabais unas semanas juntos, me amenazó con revelártelo él mismo. Sufría y se sentía muy culpable por engañarte siendo pareja, y más aún cuando le propusiste que se fuera a vivir contigo. – Bella aprieta fuertemente los ojos. Le duele lo que le está diciendo; sobre todo la parte de Edward.

- ¿Por qué? – Se decide a intervenir Bella - ¿Por qué me ocultaste algo así durante tanto tiempo? No encuentro motivo que justifique tal engaño – Bella hablaba en susurros, ya que el nudo de su garganta no la dejaba alzar más la voz sin acabar llorando.

- Por miedo. – Le contesta Carlisle – Miedo a tu rechazo… a tu repulsa, a que huyeras de nosotros… Todos te queremos tantísimo… has completado nuestras vidas Bella – Todos asienten en silencio – Y después, tú y Edward, mis niños predilectos, os enamoráis. Era la perfección personificada. Y eso, me daba más miedo aún. Sobre todo porque ya creíamos que Edward no encontraría a nadie después de 90 años solo. – Bella abre la boca asombrada.

- Cielo, perdona a Carlisle… - Lo excusa Esme – No quería abrumarte.

- Todos somos muy antiguos, Bella. El más joven es Emmet – el nombrado sonríe tímido.

- Yo tengo 70 años de vampiro, más 20 como humano. – Le aclara él mismo.

- La siguiente soy yo, - Interviene Rose por primera vez – 75 de vampira, más 18 de humana.

- Aunque sea la matriarca, no soy de las mayores – Esme mira con dulzura a Bella – 80 años de vampira y 24 de humana.

- Luego yo… - Edward aparece posicionándose al lado de Alice, y esta le coge la mano con cariño – 90 de vampiro más 17 de humano. – Edward mira a Bella, con los ojos cristalinos. Es la primera vez que ella le ve los ojos así, casi aguados.

- Después yo– Dice Alice con tono cantarín – 100 de vampira y 19 de humana. – Bella abre los ojos asombrada.

- 205 años de vampiro más 23 de humano – Jasper usa un tono cauteloso, ya que sabe que su edad impresionará a Bella, como así es.

- Y yo, que soy el mayor con 300 años largos de vampiro, y 25 de humano. – Bella casi no puede respirar de la impresión –Menos a Jasper y a Alice, al resto los transformé yo. – Bella frunce el ceño, mientras intenta compasar la respiración y así evitar un colapso respiratorio.

Todos permanecen en el más estricto de los silencios; saben que deben darle a Bella un par de minutos de asimilación; su cara es un completo poema.

- Todos, fueron convertidos cuando estaban al borde de la muerte… No eran personas sanas y vitales como tú. – Le aclara Carlisle. Bella vuelve a fruncir el ceño, pero ahora en un gesto de curiosidad.

- Eso no significa que no puedas convertirte… No necesitas estar al borde la muerte para ser como nosotros – Le aclara Emmet. – Eso hace a Bella retroceder y subir un escalón, con el miedo reflejado en los ojos.

- ¡Emmet! – Lo reprende Rose – No le digas eso… No la asustes. Bella, no tengas miedo… Jamás te haríamos nada. Carlisle nunca te transformaría sin tu consentimiento. Ni él, ni ninguno de nosotros.

- A no ser que tu vida corriera un peligro de muerte… Entonces, siento decirte que lo haríamos. Cualquiera de nosotros; sin dudar. – Alice la mira seria, pero sus ojos están mandándole un mensaje subliminal, el cual Bella capta en seguida.

- Me quieres decir, que el día del aborto… - Alice asiente con un movimiento lento de cabeza.

- Iba a hacerlo yo – La informa Edward. Ambos cruzan la mirada, pero Bella baja la cabeza rápidamente. – Justo cuando iba a morderte, Alice te notó el pulso y entonces no hizo falta. Tú propio cuerpo comenzó a reaccionar y de forma convencional pudimos salvarte. – Edward también la está mirando serio; le está transmitiendo sinceridad. Pero por muy formal que se intentara mostrar, el amor que siente por la chica lo delata a través de los ojos, aunque Bella sigue con la mirada baja.

Está completamente alucinada con lo que le están contando. Demasiada información y muy poco tiempo de asimilación. A parte, claro está, que la historia que le están relatando pasa de largo lo fantástico.

Ellos para no asustarla, cambian de tema, ya que ven que esa particularidad asusta a Bella notoriamente y le hablan sobre sus potenciales físicos y sensitivos.

Lo rápido que pueden correr, lo lejos que pueden ver y oír, que no duermen…

Se están abriendo completamente para que ella los conozca; saben que es mucho para asimilar de golpe y que ella, aunque los está escuchando con bastante temple, sigue muy enfadada y dolida, a parte, claro está, de completamente asombrada por lo que acaba de descubrir.

Alice sabe que a corto plazo todo lo que le están contando no servirá de nada, ya que Bella no tardará en interrumpirlos, no queriendo escuchar más y que se irá. Que los sacará de su vida de un plumazo, pero también ve, y es lo que la alienta, que Bella va a pasarlo tremendamente mal sin ellos por ese distanciamiento.

Y gracias a ese sufrimiento, y a todo lo que le están contando ahora, mostrándose ante ella con naturalidad, la hace ver pequeños y lejanos atisbos de una reconciliación.

De lo que sí que está segura, es que sin tardar, volverán a encontrarse.

Pero ahora Bella está demasiado embotada, así que deben dejarla marchar. Que se aclare, que se airé y que el tiempo calme las cosas. Deben darle tiempo y espacio para que los sentimientos puros y verdaderos que ella siente por ellos, vuelvan a surgir y que su enfado, su decepción y su repulsa vayan desapareciendo de su corazón.

- ¡Ya está, basta! – Bella gesticula con las manos, alzando la voz - ¿Os estáis escuchando? – Les pregunta enfadada - ¿Cómo queréis que os crea? Esto es una auténtica locura… No puedo creer todo esto que me habéis contado – Bella respira jadeante; el enfado y el terror por todo lo que "su familia" le ha contado se está apoderando de ella sin piedad.

- ¿Crees que nos hemos inventado todo esto? – Le pregunta Jasper sorprendido por las preguntas sin sentido de la chica. – ¿Quieres más pruebas?

- Jasper… no – Le suplica Edward.

De pronto, Jasper prácticamente desaparece de la vista de Bella, la cual nota una brisa a su lado, cierra los ojos, y cuando los vuelve a abrir, Jasper vuelve a estar en su posición original.

Ella abre ojos y boca al mismo tiempo, dejando salir gimoteos de entre sus labios.

- Tómate el pulso – Le pide Jasper.

Bella obedece sin decir una sola palabra.

- 142 pulsaciones. ¿Me equivoco? – Le responde. Bella asiente con un solo movimiento de cabeza, y de sus ojos comienzan a brotar lágrimas descontroladas.

- Llora Bella… Desahógate – Le recomienda dulcemente Rose – Es normal que llores, lo que acabas de descubrir haría llorar a cualquiera.

- ¿Y tú…? – Rose la mira sin entender - ¿Tú puedes llorar Rose? ¿De tus ojos brotan lágrimas? – Le pregunta gimoteando consternada. La vampira niega con cara apenada. - ¿Puedes sonrojarte? – Vuelve a negar – Y ahora va la mejor… ¿Si te pinchas, puedes sangrar? ¿Puedes morir, Rose? – Le pregunta alterándose en la última cuestión. – Mientras la nombrada no deja de negar con la cabeza, visiblemente afectada.

-Bella, hija – La llama Carlisle – Sé que tienes muchísimas dudas, curiosidades, mitos por desmentir… Quédate y te las solventaremos entre todos… - Bella negaba con la cabeza.

- No… no pienso quedarme ni un minuto más, y os agradecería que me dejarais marchar – Pidió casi como una súplica.

- Bella, ¡Por favor! – Exclamó Esme alterada – No eres una prisionera, claro que puedes marcharte cuando quieras, solo te estamos pidiendo que te quedes y acabes de escucharnos. – La miró con cierto reproche.

- Ya os he escuchado… y bastante más de lo que tenía pensado. ¡Pero ya! Me voy y punto. – Sentencio.

- Cámbiate de ropa, cielo. O cogerás una pulmonía. – le aconsejó Esme.

Bella se giró con genio y subió dos escalones, pero de pronto se paró y se volvió. Y por vez primera desde lo acontecido en el bosque, miró directamente a Edward a los ojos.

- Si no duermes… ¿Qué hacías mientras dormía yo? – Le preguntó entre curiosa y molesta.

- Verte dormir a ti – Le contestó con voz dulce. – Otras veces salía a cazar – Bella puso cara de asco y Edward calló. – Me encanta verte dormir, no sabes lo que me relaja.

- Por eso aquella vez dijiste que tú casa tenía oídos… - Murmuró más para sí misma que para el resto. Edward le sonrió tímidamente en respuesta.

- ¿Ves cómo tienes muchas dudas? – La pico Emmet – Quédate y te las solventaremos encantados.

Por vez primera desde hacía ya horas, a Bella se le dulcificó ligeramente la mirada al contemplar la cara triste de Emmet, pero no podía. Todo esto la superaba con mucho.

Sabía que si se quedaba, no estaría tranquila; al más mínimo gesto que tuvieran, ella se echaría a temblar y por la noche no tendría escapatoria, ya que no habría medio de transporte hasta la mañana.

Subió rápida las escaleras y se metió en su cuarto; el cuarto de Edward, dando un sonoro portazo.

Mientras sacaba la maleta para empaquetar sus cosas, las lágrimas le rodaban por las mejillas sin control. Intentaba no emitir ningún sonido ya que, ahora, sabía que la escuchaban.

En menos de 15 minutos, ya lo tenía todo listo, y se había cambiado de ropa. Salió de la habitación rodando la maleta, pero el problema vino cuando se encontró con las escaleras.

De la nada, Edward apareció y le cogió la maleta gentilmente. Pero sin mediar ni una sola palabra.

Bella se sobresaltó levemente ante la presencia inesperada de Edward y dio un paso atrás. Él no hizo ninguna mención ante su movimiento.

Pero en esos momentos, Bella no podía dejar de pensar en que había compartido cama con un vampiro. Con alguien "muerto". Y aunque amaba a Edward desesperadamente, no podía evitar sentir cierto asco por haberse entregado a alguien como él; alguien salido de una película de terror.

Edward le cargó la maleta hasta la calle. Bella al darse cuenta de que él también salía, por un momento creyó que la iba a llevar en coche hasta la parada del autobús; y cuando iba a protestar, se fijó que aparcado justo en frente del refugio había un taxi esperándola.

Cargó el equipaje en el maletero y le abrió la puerta de atrás a Bella; justo cuando pasó por su lado, aparte de inhalar su olor y cerrar fuertemente los ojos, memorizándola, no pudo evitar hablarle.

- Si tienes cualquier problema… Por favor, llámanos – Le rogó. Bella se paró unos segundos e hizo un amago de girarse, pero al final desistió y sin decir ni una sola palabra, se metió en el taxi.